La ideología dominante la defienden los más pobres




Es patético observar la forma en cómo se manipula a las personas y cómo las mismas personas se dejan manipular. Estamos viviendo una de las épocas más nefastas en el mundo y Costa Rica no es la excepción, todos los avances que se lograron después de la Segunda Guerra Mundial han venido en franco retroceso y el futuro no se muestra diferente.

El dominio ideológico que ha impuesto los grupos dominantes ha sido muy eficaz. A pesar que sus acciones han dado como resultado un proceso real de inequidad en la distribución de la riqueza, la ideología imperante hace que los principales afectados con estas acciones, crean o consideren que la responsabilidad de ellas es de quienes abogan por una mayor igualdad.

La clave de este dominio ideológico está en la acaparación que han hecho grupos económicamente poderosos de los medios de comunicación. Acá nos referimos desde los medios tradicionales hasta los más novedosos asociados al avance tecnológico, la monopolización de los medios de comunicación ha sido la piedra de toque del dominio ideológico y para ello se han utilizado los holdings empresariales que invisibilizan a los capitales y a las personas que están detrás de ellos.

Hay varias ideas que han calado en el imaginario colectivo. Por ejemplo, la idea que las personas tienen la libertad de decidir es defendida hasta por aquellas que no tienen esa posibilidad. Hay bienes y servicios que no están al alcance de muchas personas y, a pesar de ello, se defiende que la decisión no depende del poder adquisitivo sino del proceso interno de toma de decisión del individuo.

La idea de una competencia en igualdad de condiciones, es otra que la ficción que la ideología dominante ha logrado imprimir en la mente de muchas personas. Aunque pueda parecer obvio que los actores económicos, sociales y políticos no están en igualdad de condiciones, hay personas que defienden la existencia de este mito y con ello legitiman las acciones que generan grandes ganancias a los que tienen mayores ventajas a lo interno de cada sociedad.

La posibilidad de evidenciar las mentiras de la ideología tiene como principal obstáculo el desinterés de las personas por estos temas. La dinámica de la sociedad actual hace que el interés esté centrado en el ocio, en lo que Guy Debord denominó “La sociedad del espectáculo”. El ser humano al estar sometido a jornadas extenuantes, busca divertirse y distraerse de su rutina laboral, es decir, el entretenimiento y no el conocimiento, se ha convertido en el principal objetivo de las personas en la actualidad.

En síntesis, tenemos una sociedad preocupada por lo superfluo. Los que intentan o intentamos evidenciar esta situación, son considerados o calificados de las más diversas formas, claro está, con adjetivos negativos. Lo más triste es ver a las personas más afectadas defender a aquellos que propician su pobreza, esta realidad es el triunfo más acusado de la ideología dominante.

Andi Mirom es Filósofo