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Que la cobertura mediática sobre las víctimas de Manchester sea un modelo para la cobertura de todas las víctimas de guerra

Donald Trump y el rey Salman de Arabia Saudí. FOTO: GOBIERNO DE EEUU.

En su primera gira oficial como presidente, Donald Trump, el pretendido líder del mundo libre, visitó a una monarquía absoluta, el Reino de Arabia Saudí, un Estado petrolero conocido por la ausencia de instituciones democráticas y las flagrantes violaciones de los derechos humanos. El principal acontecimiento en materia de política exterior que Trump anunció el fin de semana en Riad fue un amplio acuerdo para la venta de armas a Arabia Saudí por 110.000 millones de dólares. Muchas personas morirán como consecuencia de este flujo de armamento. Sin embargo, el acuerdo aún no es una realidad. La afinidad de Trump con autócratas, hombres poderosos y matones afronta resistencia. Mientras el mundo procesa el horror del ataque suicida ocurrido esta semana en Manchester, Inglaterra, en el que la mayoría de las víctimas eran adolescentes que asistieron a un concierto, deberíamos prepararnos para una ola similar de muertes inocentes, esta vez en Yemen, el blanco de los incesantes bombardeos lanzados por Arabia Saudí, con el apoyo de Estados Unidos.

Partamos de la premisa de que matar niños está mal, y punto. Tanto en Manchester como en Saná, Yemen. Está mal matar niños como parte de un acto de guerra, ya sea que la matanza sea perpetrada por un soldado estadounidense, un avión Predator de Estados Unidos controlado en forma remota, un piloto saudí de un F-35 proporcionado por Estados Unidos, o, para utilizar el término actual, por un terrorista.

Cuando un atacante suicida hizo estallar una bomba en el concierto de Ariana Grande en Manchester esta semana, las víctimas mortales fueron casi en su totalidad sus fans: chicas jóvenes, pre-adolescentes, y sus padres. Los medios de noticias etiquetaron el ataque acertadamente de “salvaje”. Pero recordemos un acontecimiento ocurrido durante la primera semana de gobierno de Trump. En aquel entonces, con característica soberbia, Trump y sus funcionarios calificaron de “exitoso” a un ataque contra Yemen, a pesar de que murió un miembro de la Armada y se perdió un helicóptero. Sin embargo, inicialmente no se informó de la muerte de 30 civiles en el ataque, muchos de ellos mujeres y niños, entre los que se encontraba la niña de 8 años de edad Nawar Anwar al-Awlaki. Su nombre es conocido porque era la hija de Anwar al-Awlaki, un clérigo musulmán que fue asesinado en 2011 en un ataque con un avión no tripulado de Estados Unidos. El hermano mayor de Nawar, Abdulrahman al-Awlaki, un joven de 16 años de edad nacido en Denver, murió en otro ataque de un avión no tripulado dos semanas después de que su padre fuera asesinado. Abdulrahman no sabía que habían asesinado a su padre y estaba intentando ubicarlo cuando las fuerzas estadounidenses mataron a Abdulrahman.

El ataque fallido de enero tuvo lugar tras el desastroso ataque de Arabia Saudí contra un funeral en Saná el 8 de octubre de 2016, en el que más de 140 personas murieron, en su mayoría civiles. Tras el ataque, el Presidente Barack Obama, que había autorizado una venta de armas a Arabia Saudí por 115.000 millones de dólares, retiró las municiones de precisión de la venta, dado que muy probablemente serían utilizadas contra civiles. Donald Trump levantó la restricción a esas armas. El Rey de Arabia Saudí, un dictador, ahora posee armamento de última generación para lanzar contra la población de Yemen.

En respuesta al ataque en Manchester, Tariq Ali, comentarista político, escritor, editor de la New Left Review y un activista pacifista británico de gran trayectoria, declaró en el noticiero “Democracy Now!”: “Estos ataques terroristas no solo ocurren en Europa. Ocurren cada día en Irak, Siria, Afganistán, Pakistán, Yemen y Bahrein. Todos deploramos la pérdida de vidas inocentes. Es así. Todos lo hacemos. Pero no podemos tener un doble discurso según el cual sostenemos que si alguien muere en Europa, su vida es más valiosa que las vidas de las personas que mueren en gran parte del mundo musulmán. Y a menos que Occidente comprenda que este doble discurso provoca y enoja cada día a más personas, esto seguirá sucediendo”.

Así como han cubierto las historias de las víctimas del ataque de Manchester, los medios de comunicación deberían cubrir las conmovedoras biografías y la historia de vida de cada joven fallecido en Yemen, Siria, Irak y Afganistán. Tenemos que conocer los nombres, tenemos que escuchar las historias de estas personas que también perdieron sus vidas.

El acuerdo armamentístico de Trump con Arabia Saudí es un error. Exacerbará la situación en una región que ya ha sido devastada por la guerra y afectará a Yemen de manera muy severa. Debido a la terrible destrucción del país, Yemen sufre una epidemia de cólera, hambruna y un colapso casi absoluto de su infraestructura de saneamiento, agua y de asistencia médica y hospitalaria. Se trata de una crisis humanitaria de gran magnitud.

Después de haber vendido este nuevo arsenal al rey de Arabia Saudí, el Presidente Trump se dirigió a Israel y luego se reunió con el Papa. Tras la reunión, Trump tuiteó: “Me voy del Vaticano con mayor determinación que nunca de lograr la PAZ mundial”. Algunos quizá tengan la esperanza de que Trump realmente haga lo que tuitea. Mientras tanto, millones de personas en todo el mundo se están organizando para poner fin a las guerras y detener las ventas de armas que las promueven.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro «Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos», editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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Poliedros políticos y religiosos

Procesión LA MAREA

En los primeros días de abril, la Agencia Tributaria (AT) inicia la campaña de liquidación del impuesto de la Declaración de la Renta (IRPF) de 2016. Según el último informe de la AT (2015), la recaudación por el IRPF supuso unos ingresos del 6,86% del PIB. De esos ingresos, aproximadamente unos 250 millones de euros van a parar, año tras año, a las arcas de la Conferencia Episcopal Española (CEE), y alrededor de otros 150 millones (de la casilla de fines sociales) se destinan a diversas entidades de la Iglesia católica y, también, de otras religiones para programas de contenido religioso y social, aunque también para propaganda y proselitismo.

Las casilla de la Iglesia católica (Ic) la vienen señalando aproximadamente uno de cada tres contribuyentes, a pesar de la enorme y embustera campaña publicitaria que cuesta varios millones de euros y que la Conferencia Episcopal, con el apoyo del Gobierno (y de algunos medios de comunicación), montan cada año por estas fechas. Eso sí, la hacen con el dinero de todos, es decir público. Algo realmente aberrante.

Ya le gustaría a Europa Laica poder gastar una muy pequeñísima parte de ese costo para explicar sus razonamientos.

Hacienda (con la complicidad del Parlamento) sustrae aproximadamente unos 250m€/año del Impuesto de la Renta y los entrega (a plazos) a la Conferencia Episcopal. Es decir los quita del impuesto de la Renta que paga toda la ciudadanía (católicos o no, que quieran o no financiar a la Iglesia católica…) y que lo emplean en pagar los salarios de curas y obispos, los gastos corrientes de las Diócesis, sus eventos y liturgias, sus propios medios de comunicación, en sus empresas, en inversiones en bolsa, en el proselitismo católico, en sus campañas de propaganda (entre ellas algunas contra diversos derechos civiles)… y, si hay sobrante de caja, va a parar engordar las arcas vaticanas. Esa sustracción ilegítima del IRPF elimina la posibilidad de hacer inversión pública, como hospitales escuelas, carreteras, medio ambiente…

Y eso es sólo una pequeña parte. El Estado español pone a disposición de la Iglesia católica más de ONCE MIL MILLONES de euros/año (*) a través de subvenciones, donaciones, colaboraciones, ayudas, cesiones, restauraciones…  o a través de las enormes exenciones tributarias de las que disfruta. Con ese 1% del PIB, la corporación católica actúa como un potente lobby ante los partidos políticos, el Gobierno y el Parlamento. También ante otros poderes del Estado, ante los ayuntamientos, ante los Cabildos y Diputaciones y ante los órganos legislativos de los diversos territorios. Son como una enorme tela de araña que se incrusta en los espacios del poder económico, político y mediático, con la intención de continuar con privilegios ancestrales. Ello nos cuesta a cada ciudadano y ciudadana (católicos o no) unos 240€/año – como verán: una muy buena cuota, eso sí, obligatoria.

Del Estado criptoconfesional al Estado laico o ¿al Estado multiconfesional?

Si «ninguna confesión tiene carácter estatal» (art. 16.3), si «todos somos iguales ante la ley», (art. 14) de la Constitución, ¿por qué toda la ciudadanía hemos de contribuir al sostenimiento de las religiones? Porque estamos ante un grave incumplimiento constitucional que se alarga en el tiempo. Un grave delito político del Parlamento (y los diferentes Gobiernos desde 1978), con políticas y políticos cómplices que lo estimulan y lo consienten.

Y en vez de rectificar sacando la casilla del impuesto de la Renta y hacer que las religiones se autofinancien (la Santa Sede se comprometió a ello en 1979); en vez de eliminar los enormes privilegios fiscales de los que disfruta; no financiar una educación religiosa y dogmática… por ejemplo… ahora se observa que se están sacando de la «chistera política» que toda la ciudadanía (a través del IRPF) financiemos a musulmanes, evangélicos, mormones, budistas, testigos de Jehová, judíos, cristianos ortodoxos… Vamos, una «feria».

Si no quieres chocolate, ¡toma dos tazas, o tres o cuatro…! Y así todos y todas contentos. Y así extender (como ya se viene haciendo, poco a poco) exenciones tributarias, donación de suelo público, subvenciones para sus saraos, liturgias, mantenimiento de imanes, pastores, etc. y financiar otras enseñanzas dogmáticas, caridad y beneficencia… Mientras, el Estado (los Estados y la Res pública) se va achicando y el Vaticano y otras corporaciones religiosas van engordando sus arcas y ocupando poder político, económico, jurídico y simbólico. Además de propiciar diversidad de colectivos fundamentalistas e integristas.

Existe una nefasta, torticera e interesada interpretación política de la «libertad religiosa»: la libertad religiosa NO tiene como finalidad que la ciudadanía financie las religiones o que el Estado asuma e interprete la cuestión religiosa como algo público y, además, les conceda privilegios. NO.

La libertad religiosa forma parte de la LIBERTAD DE CONCIENCIA, el derecho que tiene cada persona para creer o no creer, para manifestar públicamente o no unas determinadas creencias o no creencias. Y por ello el Estado está obligado a fomentar y proteger la «libertad de conciencia». El Estado ha de ser rigurosamente neutral ante las religiones. Las corporaciones religiosas se han de autofinanciar y no deben disponer de privilegios específicos, por encima de cualquier otro tipo de asociacionismo y de la sociedad en general.

Las religiones (todas) como la política, son enormemente poliédricas, por ello, tanto se compenetran (política y religión), apoyándose para ejercer un determinado control social al servicio del poder de turno.

Muestran sus caras más nefastas y duras y sus caras más «amables». Por ejemplo, la Iglesia católica muestra a su clero y seglares más necios, misógenos, homófobos, pederastas, incautadores, integristas… y, también, sus lados —aparentemente— caritativos, benévolos y benéficos… e, incluso, ahora a un «papado» abierto, comprensivo, tolerante, indulgente, ecológico y, en extremo, populista, al que alaban políticos y políticas poliédricos de casi todos los colores. Pero el poliedro es el mismo, sólo que cambia de cara en según qué intereses y momentos.

En España, por ejemplo, los mismos (polític@s) que se escandalizan por las tropelías que la Iglesia católica oficial y algunos de sus seguidores más fundamentalistas desarrollan, al mismo tiempo jalean a ciertos clérigos y a un papado (que con sus obispos) NO sólo no están dispuestos a perder ninguno de sus privilegios, sino que si, pueden, intentarán «saquear» aun más. Ya no digamos de la inmersión política de otras religiones cristianas o de otras naturalezas, que en España se materializa en tratar de avanzar, políticamente, hacia un Estado de corte multiconfesional, en vez de hacia un Estado laico.

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El Papa admite que hay “corrupción” en el Vaticano

El papa Francisco I La Marea

El papa Francisco ha admitido que en el Vaticano «hay corrupción», pero que él vive «en paz», al contestar a algunas preguntas de los superiores de las órdenes y congregaciones de religiosos cuya transcripción publicará en su próximo número la revista Civiltà Católica. En esa conversación con los religiosos, de la que el diario Corriere della Sera publica este jueves una pequeña parte, el papa se ha referido también al uso del cilicio, instrumento que causa dolor o incomodidad, sin rechazar su uso.

«Cuando entré en el noviciado de los jesuitas, me dieron el cilicio. Esta bien el cilicio, pero atención: no tiene que ayudarme a demostrar que soy bueno y fuerte. La verdadera ascesis tiene que hacerme más libre», afirma el pontíficie. En esta cita con los religiosos del pasado 25 de noviembre, Francisco explicó que en las congregaciones generales previas al cónclave «se hablaba de reformas». «Todos las querían. Hay corrupción en el Vaticano. Pero yo vivo en paz», admitió.

«No tomo tranquilizantes», bromea Francisco, quien asegura que en «Buenos Aires era más ansioso», pero que tras ser elegido papa sintió una paz interior que todavía le acompaña. Cuando hay un problema, relata, escribe un mensaje en un papel y lo coloca bajo la estatua de San José durmiente que tiene en su habitación. «Ahora él (San José) duerme bajo un colchón de mensajes de papel. Por esto yo duermo bien. Duermo seis horas y rezo (…). Esta paz es un regalo del Señor. Espero que no me la quite», afirmó.

Según el papa, para vivir en paz se necesita un poco de «pasotismo», pero «nunca lavarse las manos de los problemas», aunque «sí, en la Iglesia hay muchos Poncios Pilatos que se lavan las manos para estar tranquilos, y un superior que se lava las manos no es padre y no ayuda». A Jorge Bergoglio no le importan las críticas pues explica «que hace bien que le critiquen a uno» y que «la vida está llena de incomprensiones y de tensiones, y cuando son críticas que sirven a crecer, las acepto, respondo».

En la entrevista, el papa admite que las preguntas más difíciles no las hacen los religiosos sino los jóvenes, que logran ponerle en aprietos en algunas ocasiones. También ha señalado que en las estructuras de la Iglesia se puede encontrar «una atmósfera mundana y principesca», y ha admitido que los religiosos «tienen que contribuir a destruir este ambiente nefasto«. «Y no hay necesidad de convertirse en cardenales para creerse príncipes. Basta ser clericales. Esto es lo peor en la organización de la iglesia», añade.

Respecto a los abusos sexuales por parte de religiosos, Francisco ha señalado que «al parecer dos de cada cuatro abusadores han sufrido abusos y esto es devastador». «En el caso de que estén implicados curas o religiosos está claro que está presente el diablo, que destroza la obra de Jesús a través de quien la tendría que anunciar», ha agregado. Sobre la pederastia, Francisco ha dicho que hay que tener claro que «es una enfermedad» y ha reclamado «atención al recibir a candidatos a la formación religiosa sin verificar su adecuada madurez afectiva». «Por ejemplo, nunca recibir en la vida religiosa o en una diócesis candidatos que han sido rechazados en otra sin pedir información detallada sobre por qué fueron alejados», concluye.

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