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Banco Santander y la quiebra de Puerto Rico

Un grupo de estudiantes sostiene una pancarta contra el Banco Santander en San Juan, Puerto Rico. Foto: David Galarza.

Esta semana miles de personas de Puerto Rico, Estados Unidos e incluso Brasil celebraron el Día Internacional contra los Bancos con manifestaciones frente a las sedes del Santander y el Popular puertorriqueño (ninguna relación con la entidad española) para protestar contra las supuestas maniobras de estas entidades financieras para lucrarse de la frágil situación económica que atraviesa Puerto Rico.

Los convocantes acusan a dos ejecutivos del Santander de ser los responsables de que la colonia estadounidense alcanzara niveles de deuda insostenibles en beneficio de la entidad española, al mismo tiempo que implementaban un duro programa de austeridad cargado de privatizaciones, recortes sociales y privilegios fiscales para inversores con perfil especulador y grandes fortunas. ¿Qué ha pasado exactamente?

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Música nocturna entre túneles de historia

Manifestación del 15-M I La Marea

Esto tiene varios comienzos. Uno es en 1780. Boccherini, el compositor italiano, se ha puesto al servicio de la corte española. Su valedor, el hermano del rey Carlos III, es exiliado de la capital a Arenas de San Pedro por asuntos de matrimonio y familia. El músico cumple su contrato y parte a la villa abulense donde, entre la contemplación y el aburrimiento, compone un centenar de piezas. Entre ellas Musica notturna delle strade di Madrid, un quinteto para cuerda que describe sus recuerdos de la ciudad al caer la noche.

En ese tiempo que transcurre entre mayo y junio, ya vencido definitivamente el invierno pero aún sin los rigores del verano, las calles del centro, quizá un espacio imaginario que va del Prado a Oriente y de Embajadores a Bilbao, se alfombran repentinamente de vida, ya caído el sol, en una suerte de celebración espontánea y diaria de algo tan sencillo como la existencia. Quien sea de oídos atentos y de mirada curiosa, al participar aunque sólo sea un día de esta floración, no le costará entender qué quiso decir Boccherini con su música. Hay algo profundamente vital en ser parte de la reclamación de un espacio ocupado casi todo el año por la tristeza, el andar apresurado y el gesto torcido.

Nos trasladamos a otro de los posibles inicios, esta vez cien años después, a 1870, cuando Galdós está escribiendo su primera obra, La fontana de oro, en la que recordaba el Trienio Constitucional. La temática no es casual. La Primera República está a un paso, Isabel II ha perdido la corona tras la Gloriosa. El cronista de nuestro siglo XIX noveliza el periodo revolucionario en un folletín donde un joven liberal —en el sentido originario del término, no el actual, esa suerte de ética de tendero sociópata venido a más— busca el amor de una muchacha secuestrada por su tío absolutista. La acción transcurre en las mismas calles que Boccherini musicalizó salvo que, esta vez, la alegría popular ha pasado del vitalismo a la acción política.

El escritor toma el café centenario de la Puerta del Sol para dibujarnos un fresco de oradores que en asamblea permanente discuten sobre el derrocamiento del Rey Felón, sobre cómo sacar al país de un atraso inducido por una corte procaz, corrupta e inútil. El libro cuenta, en un valioso pasaje, cómo los ciudadanos eran una mera comparsa en las celebraciones patrióticas oficiales: «En aquellas fiestas, el pueblo no se manifestaba sino como un convidado más, añadido a la lista de alcaldes, gentileshombres, frailes y generales; no era otra cosa que un espectador, cuyas pasivas funciones estaban previstas y señaladas en los artículos del programa». En un arranque de costumbrismo situacionista, Galdós explica que «las cosas pasaron de diferente manera en el periodo del 20 al 23 (…) Entonces la ceremonia no existía, el pueblo se manifestaba diariamente, sin previa designación de puestos en la imprenta de la Gaceta, poniendo en movimiento a la Villa entera, haciendo de sus calles un gran teatro de inmenso regocijo o ruidosa locura; turbaba con un solo grito la calma de aquel que se llamó el Deseado, por una burla de la historia».

Esta narración vuelve a comenzar de nuevo el 19 de mayo del 2011. Esa noche tres personas presentan sus libros en un café no muy distante de La fontana de oro. Han decidido compartir las alegrías igual que comparten la desdicha. Trabajan en una histórica librería del centro pero desde hace siete meses apenas han recibido sueldo alguno. Esa noche, con un pequeño adelanto que arrancan al editor, acaban tarde, a la hora en la que el cielo clarea y los que se recogen se mezclan con los que van a trabajar, que por las fechas van siendo cada vez menos.

En Sol lleva sucediendo algo desde hace unos días, una multitud ha ocupado la plaza y, por entonces, aquello ya ha tomado aspecto del campamento de los niños perdidos. Los carteles con ocurrentes lemas empiezan a sustituir a las lonas publicitarias, han surgido unos plásticos azules que seccionan los espacios con diferentes funciones, la policía vigila con distancia y cautela, tras una desastrosa operación de desalojo que no ha hecho más que multiplicar a los allí congregados, que discuten con diferentes palabras pero exactamente de los mismos temas que los protagonistas del libro de Galdós 200 años antes. Aunque algunos lo intuyen, la mayoría no se imagina que aún queda lo peor. Tres, cuatro años, en los que el pueblo se vuelve a manifestar sin previa designación de puestos en ningún boletín, contra otro felón, esta vez vendido a algo llamado la Troika.

El nudo de esta historia sucede ayer mismo, 16 de mayo de 2017. Álex Portero, una de las tres personas del párrafo anterior, vuelve a presentar libro, La habitación de las ahogadas. Una audiencia se congrega en otro bar del centro de la misma ciudad. El poeta ha cambiado y ya no aparece con ropa oscura aunque formal, esta vez se transmuta en un sacerdote de alguna religión olvidada del Creciente Fértil. Invoca palabras que conmueven a los presentes. Me quedo con un verso: «Tan triste como besarle los pies al mentiroso o al torturador».

Más tarde me encamino por calles que conozco mejor que mi anatomía, por las que anduve cientos de veces, algunas alegre, otras extenuado. Es extraño volver a los sitios que te pertenecieron pero que ya no son tuyos, es como andar por un decorado donde temes siempre encontrarte con un fantasma que se parezca a ti. Me pongo la Musica notturna para atenuar la sensación de vacío y comienzo a pensar en qué es la normalidad y qué lo excepcional. Nadie diría que en esta ciudad, en este país, pasa nada extraño, pero esa misma tarde el enésimo caso aislado de corrupción se ha destapado dejando al aire las vergüenzas de una corte procaz, corrupta e inútil. Terrorismo de autor, un colectivo de cineastas sin rostro, ha estrenado La gran ilusión, una pieza que me ha agitado por enlazar, una vez más, con una serie de referentes que son los que te mantienen en pie cuando todo flojea. Al final, una conversación cierra una reflexión de diez minutos sobre la normalidad:

-Ahí tienes tu acontecimiento.
-¿Dónde? No veo que pase nada.
-Por eso mismo, el acontecimiento es que no hay acontecimiento, amiga.
-¿Ni siquiera que uno de esos pescadores saque una bota del agua, o un cocodrilo?
-Ni siquiera, amiga. Así de sencillo: como ver crecer la hierba, como este falso Super-8, o como la naturalidad con que se normaliza hoy el fascismo.

Al llegar a Sol, llena de gente pero sin gente, miro al edificio que preside la plaza y me vuelvo a acordar del verso, porque ahí hubo torturadores y ahí hay hoy mentirosos. Siento una arcada porque casi huelo sus pies. En ese momento Boccherini ha llegado a la retreta, que es cuando su composición alcanza, no sé si en una interpretación personal, un aire de confianza en el progreso, en que nada se detiene, en los múltiples inicios. Leo las palabras del pronunciamiento de la Revolución Gloriosa de 1868:

«Españoles: la ciudad de Cádiz puesta en armas con toda su provincia niega su obediencia al gobierno que reside en Madrid, segura de que es leal intérprete de los ciudadanos y resuelta a no deponer las armas hasta que la Nación recupere su soberanía, manifieste su voluntad y se cumpla. Hollada la ley fundamental, corrompido el sufragio por la amenaza y el soborno, muerto el Municipio, pasto la administración y la hacienda de la inmoralidad, tiranizada la enseñanza, muda la prensa…».

Esta historia aún está buscando su final. No puede ser escrito porque no ha sucedido. Dense prisa, estamos impacientes por teclear uno.

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Grecia, Alemania y el fondo monetario europeo

La Unión Europea tiene muchos frentes estos días: el Brexit, la crisis de los refugiados, el auge de la ultraderecha ante las elecciones de Holanda, Francia y Alemania este año o la incertidumbre sobre el rumbo de la administración norteamericana de Donald Trump. Quizás por ello no se está prestando la debida atención a la vuelta de un viejo fantasma que había provocado la mayor crisis de la UE hace poco tiempo: el rescate internacional de Grecia. Estos días, en Atenas se están revisando las condiciones del tercer programa de ayuda entre el gobierno heleno y sus deudores: la famosa troika de Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional (FMI), que se ha convertido en un cuarteto al sumarse el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), un vehículo creado por los europeos para coordinar las ayudas.

Son negociaciones muy duras al pie de la Acrópolis. El cuarteto quiere imponer al Ejecutivo de Alexis Tsipras, del partido de izquierda Syriza, una nueva vuelta de tuerca en las políticas de austeridad –como recortes en las pensiones y más impuestos– a cambio de autorizar un nuevo tramo de dinero sin el cual Grecia no sería capaz de devolver los más de 7.000 millones de euros de créditos que vencen en julio. Sin embargo, en el cuarteto de acreedores han emergido serias diferencias en cuanto a cómo proceder con Grecia. Recientemente, el FMI constató que la deuda pública helena era “insostenible”, algo en que coinciden la mayoría de economistas, ya que llega a casi el 180% del Producto Interior Bruto del país, unos 311.000 millones de euros. Por ello, el organismo de Washington exigió una condenación parcial de la deuda a Atenas como condición de seguir participando en el rescate.

Esta demanda del FMI ha chocado frontalmente con la posición de los europeos, especialmente Alemania. El gobierno conservador de Angela Merkel no quiere ni pensar en aligerar la carga a Grecia, a pocos meses de las elecciones parlamentarias alemanas de septiembre. La canciller tiene por delante una dura batalla para mantenerse en el poder ante el inesperado auge de los socialdemócratas liderados por Martin Schulz. Cualquier concesión a Atenas sería inaceptable para buena parte del electorado de Merkel y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, ya ha subido el tono contra Tsipras.

Ante este escenario parece que el FMI ha cedido y se pospondrá la decisión sobre una posible condonación de la deuda para el año que viene, cuando caduque el tercer programa del rescate. En un más que probable cuarto programa, el Fondo ya no participaría. Por ello, los alemanes ya están trabajando en convertir el MEDE en una especie de Fondo Monetario Europeo, un organismo que coordinaría y supervisaría las crisis en el continente en vez de la Comisión Europea, como ahora. En Berlín, al parecer, se plantea que el presidente del MEDE, el alemán Klaus Regling, pueda continuar al frente de este nuevo FME. Eso si los socios europeos se tragan un plan tan germánico.

Artículo publicado en El Heraldo (Colombia)

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El BCE da la espalda a la deuda portuguesa y su prima de riesgo se dispara

Draghi BCE

Desde que el 26 de julio de 2012 el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, declarase que iba a hacer “todo lo que fuese necesario para salvar al euro”, las primas de riesgo de todos los países europeos detuvieron su tendencia ascendente y comenzaron a descender. Se acabó así la etapa de crisis marcada por primas de riesgo disparadas para dar paso a una nueva fase caracterizada por primas de riesgo reducidas y controladas gracias a las intervenciones monetarias del organismo europeo. Muchos se preguntaron entonces: ¿por qué no había actuado antes el BCE? ¿Por qué había dejado que los inversores financieros presionasen con tipos de interés cada vez más altos? ¿Por qué había abandonado a los países del sur a costes de financiación tan elevados?

La respuesta la conocimos tan sólo unos cuantos meses más tarde, cuando el BCE decidió apoyar con sus compras los bonos públicos de todos los países del Eurozona salvo Grecia, como forma de presionar a un gobierno que se había mostrado rebelde frente a las directrices y deseos de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). De ahí que la prima de riesgo griega nunca haya caído a niveles razonables como en el caso de sus vecinos y se haya mantenido en niveles estratosféricos.

Es un ejemplo evidente de utilización de la política monetaria europea como forma de condicionar las decisiones de un gobierno democráticamente elegido. Exactamente lo mismo que había ocurrido antes del 26 de julio de 2012 con el resto de países del sur de Europa: el BCE les dio la espalda a sus bonos públicos para que los gobiernos se viesen obligados a recortar el déficit público de la forma más rápida posible. No fue hasta que la presión se hizo insoportable y el termómetro social se disparó (ascenso de Syriza en Grecia y del Frente Nacional en Francia, el surgimiento del 15M, etc) cuando el BCE decidió aliviar la soga. Draghi aprieta pero no ahoga.

Pero ya han pasado casi cinco años desde aquel punto de inflexión y nos encontramos con un panorama político muy diferente. Ahora el gobierno de Syriza parece controlado y no supone ninguna amenaza al statu quo de la Eurozona, el movimiento del 15M en España no ha sido capaz todavía de desbancar al bipartidismo del régimen, las tensiones en Italia no están desembocando en un polo de poder político capaz de rebelarse frente al proyecto de la zona euro…

Todo parece seguir los cauces diseñados por el proyecto neoliberal de la zona euro, con una excepción: queda un pequeño país que está gobernado por un gobierno nítidamente de izquierdas cuyas políticas están desafiando en buena medida las directrices de la Troika: Portugal. El Ejecutivo socialista apoyado en el Partido Comunista Portugués y en el Bloco de Esquerda ha revertido en buena medida las políticas de austeridad implementados por gobiernos anteriores: ha aumentado el salario mínimo y las pensiones, ha recuperado muchas ayudas sociales que fueron suprimidas, ha eliminado el impuesto extraordinario sobre las nóminas, ha perdonado determinadas deudas fiscales a pequeñas empresas y familias, y ha aprobado unos presupuestos que mejoran notablemente el gasto social. Y todo ello a pesar de no contar con el visto bueno de Bruselas.

deuda Portugal

Quizás todo esto sea lo que explique que recientemente el BCE haya modificado los criterios en los que se basa su programa de compra de activos, priorizando aquellos que tienen mejor rating y perjudicando a los que tienen menos, que casualmente son mayoritarios en el caso del Tesoro Público portugués. Esta decisión política del BCE que perjudica al bono público portugués ha conllevado que en tan sólo unas semanas la prima de riesgo se haya disparado: el interés de la deuda soberana portuguesa a diez años superó el pasado 5 de enero la barrera del 4% y se situó en niveles máximos desde principios de febrero de 2016. La prima de riesgo (el diferencial con el bono alemán) ha superado por vez primera en mucho tiempo los 375 puntos básicos.

Es más, es la primera vez que un bono público presenta un diferencial más elevado que el de empresas con calificación similar, debido a esta distorsión provocada unilateralmente por el BCE, como ya destacó Reuters.

¿Se tratará simplemente de una curiosa anomalía no perseguida por el BCE o estaremos hablando una vez más de una decisión que busca condicionar las políticas de un gobierno soberano que se ha mostrado rebelde con el proyecto neoliberal de la Eurozona?

 

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