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La Audiencia Nacional falla contra Atento por vulnerar derechos laborales

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MADRID // La Audiencia Nacional (AN) ha anulado el cambio de turno impuesto hace unos meses por la compañía Atento Teleservicios España —una empresa de marketing subcontratada por Telefónica— a 1008 trabajadores, que supuso la modificación sustancial de sus condiciones de trabajo por causas organizativas y productivas. La medida incluso provocó que 107 personas tuvieran que extinguir su contrato laboral, al no poder hacer frente a los cambios de turno impuestos. Ahora, una sentencia de la AN declara nula esta reorganización por vulnerar el derecho de igualdad y la no discriminación por sexo de centenares de trabajadoras que tenían reducción de jornada.

El fallo deja claro que no se acreditan las causas para llevar a cabo la modificación de las condiciones de trabajo, que la información facilitada por Atento a las autoridades laborales era farragosa y no objetivable, y que “no hubo criterios de afectación ni buena fe negociadora”. La Sala de la Social de la Audiencia Nacional también reprocha la “falta absoluta de criterios selectivos, especialmente para trabajadores con jornada reducida por guarda legal o violencia de género”. Por todo ello, Atento Teleservicios España deberá reponer a todos los empleados en sus anteriores condiciones laborales.

Fue el 16 de octubre cuando la empresa comunicó a la plantilla que, debido a la decisión de Telefónica de reducir el horario de atención al cliente —de 8 a 24 horas se pasó de 9 a 22 horas—, se veía obligada  a modificar los turnos. La negociación con los sindicatos finalizó sin acuerdo, y durante dos días hubo paros y movilizaciones en contra de la medida. Los sindicatos decidieron presentar una demanda colectiva ante la AN, que ahora les da la razón.

 

 

 

 

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El lobby del Ibex 35 echa el cierre

César Alierta, presidente de Telefónica hasta abril de 2016, también presidía el 'Club del Ibex'.

Los directivos de las mayores empresas del país disolvieron este miércoles el Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC), más conocido como el ‘club del Ibex’. Este lobby, creado en febrero de 2011, nació en el momento más duro de la crisis al margen de a la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), la patronal española que entonces enturbiaba y presidía Gerardo Díaz Ferrán, a quien nadie se atrevía a echar a pesar de la lluvia de escándalos y crímenes que caían sobre él. Además, la creación del CEC puso en guardia al Círculo de Empresarios, otro foro de la industria, que vio en este nuevo grupo una intromisión directa en su terreno. Tras varios años tratando de ejercer una la influencia directa sobre el Gobierno -ha habido reuniones de sus miembros con el presidente Mariano Rajoy en La Moncloa- el CEC ha echado el cierre.

“Es una buena noticia porque realmente el CEC era una especie de cámara de la plutocracia, la madre de todos los lobbies”, explica José García Abad, veterano periodista fundador de El Nuevo Lunes y El Siglo. En este lobby las riendas las llevaba César Alierta, expresidente de Telefónica, la empresa más grande de España con Inditex. A su alrededor se sentaban 15 presidentes y consejeros delegados de las mayores empresas españolas, que juntas representan aproximadamente el 35% del PIB español. Los presentes en el Consejo forman parte de 28 empresas del Ibex 35, entre ellos caras nuevas como José María Álvarez-Pallete, que sustituyó a Alierta al frente de Telefónica en abril pasado, Ana Botín, presidenta del Banco Santander tras la muerte de su padre, o Pablo Isla, sucesor de Amancio Ortega al frente de Inditex, además de veteranos como Isidro Fainé, ex presidente de La Caixa (ahora dirige Gas Natural Fenosa), Florentino Pérez (ACS) y Juan Roig (Mercadona).También formaba parte del CEC el Instituto de la Empresa Familiar, un ente que reconoce que su misión es obtener ventajas, mayormente fiscales, para las empresas que lo conforman.

La crónica del fin del CEC estaba anunciada desde que su presidente, César Alierta, dejó la presidencia de Telefónica. Antes de la reunión celebrada este miércoles, el directivo zaragozano había intentado convocar a los miembros del CEC hasta en ocho ocasiones, sin resultado, según fuentes citadas por El Mundo. Con Alierta fuera de la dirección de Telefónica, la creciente animadversión hacia la influencia de las compañías del Ibex, las dificultades del CEC para pasar desapercibido y la muerte de algunos de sus miembros fundadores y defensores, como Emilio Botín o José Manuel Lara (Grupo Planeta), este grupo de “15 machos alfa”, tal y como los define García Abad, dejaba de tener sentido.

El toque de gracia que puso fin al lobby este miércoles lo dieron, con tanta o más discreción, los nuevos rostros que ahora ocupan lo más alto de la élite empresarial española: Álvarez-Pallete, con un perfil más técnico que su predecesor, y Ana Botín, de maneras más discretas que su padre Emilio, y hasta el propio Francisco González, un veterano al frente del BBVA, ahora consciente de la mala imagen que provoca ver a las empresas del Ibex unidas para influir en el gobierno.

Las grandes corporaciones mediáticas de España recordaron que las empresas del CEC “dan empleo a más de 1,7 millones de trabajadores”, según recogía El País. Varios de sus miembros “reconocen que sí se ha hablado de política y de medios de comunicación en diversas reuniones”, pero “siempre sin montar conspiraciones u operaciones políticas”, según publica El Mundo en un artículo que cita a nueve fuentes, todas anónimas. De lo que ninguno habla es de la tensa relación entre el lobby clausurado y la CEOE.

Díaz Ferrán dejó la CEOE poco antes de entrar en la cárcel, coincidiendo con la quiebra de su empresa, Viajes Marsans. Lo sustituyó el barcelonés Juan Rosell, que nada más llegar a la CEOE se tuvo que acostumbrar a compartir poder con el CEC, concebido unos meses antes durante la Junta Directiva del Instituto de la Empresa Familiar, el lobby que agrupa a las grandes firmas familiares (Grupo Barceló, Prensa Ibérica, etc.). Pero, ¿por qué los empresarios más poderosos del país decidieron seguir adelante con el CEC cuando la CEOE, el órgano que los representaba desde hacía décadas, había renovado a su controvertido presidente?

Por su forma, tamaño y discreción, el CEC ofrecía muchas más posibilidades que la burocrática CEOE. Rosell, recién nombrado presidente de la patronal y procedente de la juguetera Congost -la que vende las Barbies en España-, no tenía fuerza ni potestad para dirigirse de forma directa a, por ejemplo, jefes de Estado extranjeros, algo que el CEC sí podía permitirse al estar bajo la batuta de César Alierta, presidente de la que por entonces era una de las compañías más grandes de Europa. Además, Rosell es catalán y, aunque no oculta sus simpatías por el PP, su discurso ambiguo en materia catalana planteaba dudas en las altas esferas -“cada vez somos más los que creemos que Cataluña tiene que volar por su cuenta”, llegó a decir-, interrogantes que no pesan sobre el antiguo presidente de Telefónica. Así lo recoge José García Abad en su último libro, Malvado Ibex, que define al CEC como un ente con vocación “suprapatronal” y que recuerda que Juan Rosell obtuvo el puesto gracias a, en parte, el apoyo del Instituto de la Empresa Familiar y del propio Fainé de La Caixa, uno de los pesos pesados del CEC. Aun así, Rosell tenía la puerta abierta en todas las reuniones formales del Consejo.

En su época de más esplendor, el CEC llegó a mandar un documento al gobierno instando a la reforma laboral antes de que fuera promovida por la ministra Fátima Báñez. Tras la disolución del CEC, varias fuentes del ámbito empresarial creen que la plana mayor del mundo empresarial español tratará de formar un grupo dentro de la CEOE, algo así como un gran consejo asesor. Tras un periodo de seis años compartiendo poder, la CEOE recupera el monopolio de representación empresarial. “Podemos sentirnos satisfechos del trabajo realizado”, remata Alierta en el último comunicado de prensa de la historia del CEC.

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¿Qué precios aumentarán y cuáles disminuirán en 2017?

gasolina

Comienza un nuevo año y los precios de productos y servicios que utilizamos cotidianamente se encarecerán, se abaratarán o se quedarán igual. En este artículo ofrecemos las previsiones más generalizadas sobre la evolución de los precios más destacados para una familia media. Los precios de algunos productos están fuertemente regulados o están condicionados por una serie de factores sujetos a decisiones políticas y podemos saber más o menos cuál será su comportamiento; otros responden más a factores volátiles de mercado y por lo tanto cualquier previsión podrá errar notablemente.

Combustibles

Casi todas las opiniones coinciden: el petróleo será más caro en 2017 que en 2016. De hecho, ya los primeros días de enero el precio del barril Brent de petróleo ha superado los 57 dólares, algo que no ocurría desde abril de 2015.

Este ascenso comenzó el pasado 30 de noviembre de 2016 debido a que los países de la Organización de los países exportadores de petróleo (OPEP), bajo el liderazgo de Abu Dhabi, Kuwait y Catar, acordaron reducir en un millón de barriles la producción diaria de petróleo. Con menos oferta, el precio tiende a aumentar. No obstante, está por ver cuánto aumentará el precio del petróleo; difícilmente veremos en 2017 unos precios tan elevados como los de 2011, 2012 y 2013 porque hay serias dudas de que el acuerdo de la OPEP llegue a implementarse adecuadamente (algunos países importantes como Libia no firmaron el acuerdo; Arabia Saudí recortará la producción en febrero en vez de en enero como estaba acordado, etc), porque todavía hay elevados stocks de petróleo, porque los hidrocarburos no convencionales (como el obtenido a través de fracking) empujan a la baja los precios, y porque este invierno se prevé menos duro y por lo tanto habrá menos consumo de energía.

Como todo el mundo sabe, el precio del petróleo afecta al de los combustibles de una forma directa, aunque mucho más cuando los precios suben (efecto cohete) que cuando bajan (efecto pluma). La gasolina cuesta ya de media 1,21 euros el litro, cuando hace un año rondaba los 1,14.

Electricidad

Es imposible saber cuánto, pero el precio de la luz también subirá; lo dan por hecho tanto el sector eléctrico como los expertos. Y ello a pesar de que la parte regulada del precio (en torno a un 60%) ha vuelto a ser congelada por el Gobierno. Esto es así porque la parte no regulada depende del precio de la climatología y de la materia prima (gas y petróleo, fundamentalmente), que ya hemos visto que ya se está encareciendo.

Además, la desconexión de varias centrales nucleares francesas ha provocado que le vendamos energía al país vecino, lo que empuja al alza su precio. En las últimas semanas el precio del megavatio ha pasado de 40 euros a más de 60. De hecho, este incremento tan acelerado ha conllevado que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) investigue el fenómeno por si han existido irregularidades. Por otro lado, es muy probable que se produzca una leve subida del margen de las comercializadoras de mercado regulado por una sentencia del Tribunal Supremo.

Gas

Existe consenso en creer que el precio del gas aumentará en 2017. Aunque, como en el caso de la luz, el gobierno ha congelado la parte regulada del recibo, el aumento del precio de la materia prima (que ha aumentado más de un 14% desde septiembre) acabará trasladándose previsiblemente al coste del gas. Aquellas familias que tengan contratada una tarifa de último recurso (TUR) verán incrementar su recibo en torno a un 3%.

Agua

Con casi toda probabilidad, el precio del agua se mantendrá inalterado en 2017 en la mayoría de regiones del país. No hay motivos a la vista para pensar que el precio del agua sufrirá alteraciones importantes. El precio depende fundamentalmente de la orografía, ergo hay diferencias notables entre un territorio y otro. De hecho, según un reciente estudio de Facua realizado en 28 ciudades españolas, hay localidades donde el precio es el triple que en otras. Los importes llegan a pasar de los 10,82 euros al mes de Valladolid, la ciudad más barata, para un consumo de diez metros cúbicos mensuales en contador de 15mm, hasta los 48,62 euros en Alicante, que posee la factura más cara encontrada por el estudio, y que llega a suponer importes anuales que alcanzan los 453 euros. En el año 2015, en algunas ciudades el precio disminuyó, en otras quedó igual, y en otras aumentó.

En Barcelona y Madrid las tarifas se han congelado para 2017. En el caso del área metropolitana de la ciudad condal, la factura debía subir un 4,6%, pero el Govern rechazó el aumento, por lo que la situación seguirá igual. En Madrid, además del mantenimiento de las tarifas, se ampliará el alcance de la tarifa social.

Hipoteca

El precio de las hipotecas suscritas a tipo de interés variable no aumentarán en 2017, y puede incluso que experimentan una nueva aunque reducida bajada. Esto es así porque el Banco Central Europeo (BCE) ha dejado claro que no aumentará el tipo oficial del dinero durante todo 2017, y cualquier otro tipo de interés (como el Euribor) depende de ese tipo oficial. De hecho, el Euribor puede incluso que continúe descendiendo este año, aunque en todo caso lo haría en una proporción muy reducida pues no tiene mucho margen para ello.

Telefonía

El precio medio de la telefonía aumentará en 2017. Esto es así porque la principal compañía operadora, Telefónica Movistar, ha anunciado un incremento en sus servicios (algunos acompañados de mejoras, otros no) como es el caso de su paquete convergente –móvil, fijo e internet- a partir de febrero en un 5%, y también en servicios como el desvío de llamada, mantenimiento o identificación de llamada.

Transporte público

No hay previsto incrementos en el precio del transporte público en 2017, aunque depende de cada región. En las dos ciudades más grandes (Madrid y Barcelona) los precios de todo el transporte público seguirán congelados. En el caso del metro se cumplen ya cinco y tres años con los precios inalterados en Madrid y Barcelona, respectivamente.

Vivienda

Está previsto que el precio de las viviendas se mantenga o aumente ligeramente en 2017. El incremento se producirá en las grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla, San Sebastián o Alicante, mientras en otras localidades menos pobladas la evolución podría seguir a la baja.

Peajes

Por segundo año consecutivo, los precios de las autopistas de peaje dependientes del Estado bajarán. En 2017 caerán de media un 0,4%, frente al 0,6% de este ejercicio. Aunque llama mucho la atención que después del enorme esfuerzo económico que va a realizar el Estado por rescatar muchas de estas autopistas quebradas los peajes no se vuelvan gratuitos como tantas organizaciones están reclamando.

Vuelos

No está previsto que el precio de los billetes aéreos vayan a aumentar en 2017. A pesar de que uno de los costes de producción más importantes de las aerolíneas es el petróleo y que éste previsiblemente aumentará, en el sector las empresas se suelen cubrir de la volatilidad de los precios de los hidrocarburos. El informe American Express Global Business Travel prevé que los precios de los billetes se mantengan en España. Por otro lado, en marzo se deben negociar las tasas aeroporturarios y está previsto que el resultado sea un descenso en las mismas, lo que en teoría debería presionar a la baja en los precios de los billetes.

Los precios de los vuelos aumentaron hasta 2013 por regla general, pero con el abaratamiento del petróleo comenzaron a descender (entre 2013 y 2015 cayeron un 1% los precios de los destinos nacionales, un 13% los de los destinos europeos, y hasta un 30% en el caso de destinos extranjeros no europeos).

Sellos

El precio de los sellos aumentará un 11,1% en 2017, su mayor incremento de la última década. El sello ofrecido por Correos para su servicio postal público a un destino nacional pasará a costar de 45 céntimos a 50. En el 2015 aumentó un 10,5%, y en 2016 un 7,1%. Los sellos destinados a países europeos también aumentan, un 8,7%, de 1,15 a 1,25 euros. Aquellos sellos para envíos más allá de Europa aumentarán un 3,8%, de 1,30 a 1,35 euros.

Tabaco

El precio del tabaco aumentará en 2017. El gobierno ha incrementado el tipo específico que grava el tabaco un 2,5% para los cigarrillos y un 6,8% para el tabaco de liar, y las compañías ya lo han repercutido en el precio (Altadis ha encarecido diez céntimos el envase blando del Fortuna, Philip Morris ha encarecido sus marcas Marlboro y Chesterfield, también en 10 céntimos de euro).

Alcohol

Las bebidas de alcohol de mayor graduación se encarecerán en 2017. El Gobierno ha incrementado un 5% el impuesto que recae sobre el alcohol, aunque quedan fuera el vino y la cerveza.

Bebidas azucaradas

El precio de la bebidas azucaradas se incrementarán en 2017. El Gobierno ha anunciado un incremento del impuesto sobre este tipo de productos, aunque no ha concretado cuándo lo ejecutará ni en qué proporción. La Organización Mundial del Comercio (OMC) recomienda incrementarlo en un elevado 20%.

Salario mínimo y pensiones

Frente a los citados incrementos de los precios, las pensiones sólo se revalorizarán un 0,25% y el salario mínimo que afecta al 12,9% de los trabajadores aumentará un 8%.

 

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Telefónica y PRISA: un matrimonio leal

Telefóinca

Artículo publicado en el número 44 de la revista mensual de La Marea, a la venta aquí.

A finales de octubre, tres días después de su dimisión como secretario general del PSOE ante la rebelión interna instigada por los barones del partido, Pedro Sánchez desahogaba sus penas en el prime time del domingo en La Sexta sentado en una mesa junto a Jordi Évole. El exlíder socialista desgranaba en Salvados las razones que, a su juicio, habían servido para descabalgarle del sillón de mando en Ferraz. En líneas generales, señalaba a la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, a otros barones del PSOE y a un anónimo establishment económico-mediático como actores reaccionarios en respuesta a su empeño por defender el Partido Socialista como “alternativa” al PP e intentar armar un Gobierno con Podemos, basado en el apoyo de las fuerzas nacionalistas.

Una y otra vez Sánchez se esforzaba en dejar claro que no era “su estilo” dar nombres, pero al final hubo dos personalidades que irrumpieron en su relato para dejarlo todo patas arriba: el expresidente de Telefónica César Alierta, y el presidente de PRISA –editor entre otros medios del diario El País y propietario de la Cadena Ser–, Juan Luis Cebrián.

En la extensa entrevista, el exsecretario general de los socialistas lanzó de vuelta las tintas que el periódico de cabecera de PRISA había cargado contra él semanas antes. El País llegó a calificar a Sánchez de “insensato sin escrúpulos” en un editorial incendiario justo en el momento de mayor tensión previo a la revuelta de los barones del PSOE. Tras el artículo, el director del diario, Antonio Caño, pidió disculpas en una carta a los lectores que se habían quejado del tono y la dureza del escrito.

Esa línea “abusiva e insultante” contra él, en opinión de Sánchez, no fue fruto del posicionamiento puramente periodístico sino consecuencia del “problema” de que algunos medios estén en manos de “muy pocas empresas” y que en su accionariado se sienten bancos y compañías de telecomunicaciones. Sánchez subrayó que César Alierta “y otros” empresarios trabajaron “para que hubiera un Gobierno conservador“, y que esa posición se materializó primero en advertencias y más adelante en las propias páginas de un diario otrora referente de la izquierda española. Todo el relato acusador de un derrotado Pedro Sánchez se hubiese quedado en el universo de las teorías conspiranoicas si no fuera porque Telefónica posee un 13,05% de PRISA.

La historia dio un giro espectacular unos días después de la entrevista con Évole cuando el diario El Mundo reveló que el propio Sánchez había acudido a José María Álvarez-Pallete, quien en abril sucedió a Alierta en la presidencia de la compañía, para pedirle apoyo ante el acoso sufrido por los medios de PRISA. La noticia nunca fue desmentida y el propio diario El País se hizo eco de la información de su competidor, añadiendo que en aquella reunión Álvarez-Pallete dejó claro a Sánchez que Telefónica “nunca se entromete en los medios de comunicación y que el objetivo de la multinacional que dirige es estrictamente empresarial”.

La relación entre Telefónica y PRISA viene de lejos, cuando ambas se asociaron en la filial de televisión Sogecable. Finalmente, el año pasado la teleco se quedó con el 100% del negocio televisivo y convirtió al antiguo Canal Plus en Movistar +. Después de cerrar esta operación ya no está muy claro qué valor estratégico puede tener una participación del 13% en PRISA, más aún porque la empresa de Cebrián lleva tiempo sin ofrecer una retribución atractiva a sus accionistas y el valor de sus acciones no levanta cabeza. En los primeros nueve meses del año, PRISA obtuvo un beneficio neto de tan sólo 14 millones de euros frente a los 2.225 millones de una de las principales telecos del mundo.

El pasado febrero, en la que sería su última presentación de resultados de Telefónica como presidente, César Alierta fue preguntado por la razón de permanecer en el capital del grupo mediático. “La participación en PRISA se remonta a la magnífica relación que tenemos desde que estábamos juntos en Sogecable, una relación que se mantiene”. Para entender las implicaciones de esa “magnífica relación” hay que retroceder unos años en el tiempo.

Corría la segunda mitad de los años 90. El Gobierno de José María Aznar, que había asaltado el poder tras 14 años de felipismo, completaba la obra privatizadora que el socialismo había iniciado unos años antes y colocó a sus afines al frente de las enormes –y muy rentables– empresas estatales. Aznar puso al frente de Telefónica a su entonces amigo y compañero de pupitre Juan Villalonga. Comenzó la complicada y costosa tarea de crear un grupo de comunicación afín al Partido Popular que actuara como contrapeso del todopoderoso Grupo PRISA, en manos de la familia Polanco y muy cercano al PSOE.

Conglomerado de medios
Para ello, Aznar tiraría del músculo económico de Telefónica. En 1997, la teleco compraba Antena 3 al Grupo Zeta de Antonio Asensio; dos años más tarde se hacía con la cadena de radio de la ONCE, Onda Cero; y finalmente en 2000 se concretaba la adquisición de Endemol, la productora de Gran Hermano, por un precio abultado. A todo esto había que añadir la plataforma de televisión por satélite gubernamental, Vía Digital, que ya estaba controlada por Telefónica y que completaba un conglomerado mediático al que se asignó el nombre de Telefónica Media. Sin embargo, la relación de Aznar con Villalonga se fue al garete y éste último dejó Telefónica en el mismo año 2000 tras un escándalo bursátil en el que el empresario se benefició al utilizar información privilegiada. Se abría así el reinado de César Alierta, un mandato personalista que duró 16 años.

Si no puedes con el enemigo, cómpralo. Alierta llegaba a la presidencia de Telefónica desde la también privatizada Tabacalera respaldado por Rodrigo Rato, el poderoso vicepresidente económico de Aznar. Se encontró entonces con el lastre de un grupo mediático que generaba pérdidas millonarias y cuyo propósito esencial era controlar la información en favor del gobierno del Partido Popular. Dicho conglomerado, que pasó a llamarse Admira, fue vendido al Grupo Planeta en 2003. Alierta también ordenó deshacerse de la productora Endemol, que fue traspasada a Mediaset, y fusionó Vía Digital con Canal Plus, propiedad del Grupo PRISA a través de Sogecable, para fundar Digital Plus. Aquel fue el primer paso en la “magnífica relación” entre ambos gigantes de la comunicación.

Alierta pensaba que se había quitado de encima el muerto con la venta de Admira. Sin embargo, años después el directivo se dio cuenta de la necesidad de ofrecer contenidos propios para su expansión digital. Muchas grandes telecos apuntalan su desarrollo tecnológico mediante la oferta de paquetes integrales de servicios que combina telefonía móvil, Internet y entretenimiento, como Movistar.

Aprovecharse del débil
En cuanto hubo ocasión, Alierta y su consejo de administración buscaron la oportunidad de hacerse con el control total de Sogecable aprovechando la debilidad económica de PRISA, ahogada por las deudas. Tras librar la consiguiente batalla con Competencia y una cruenta lucha por los derechos televisivos del fútbol con Mediapro, Movistar + vio la luz en 2015 y pasó a convertirse en la plataforma televisiva 100% al servicio de la teleco. Un gigante de la comunicación que esta vez sí parece que está basado en criterios de rentabilidad económica pura y dura.

Pero la relación de Telefónica con PRISA no acaba ahí, básicamente porque había empezado tiempo atrás. En mayo de 2008, Telefónica acudió por sorpresa a la ampliación de capital de PRISA y entró por vía directa en su accionariado. Tras ejecutar unas opciones de compra, la teleco elevó su participación en febrero pasado al actual 13,05%, y se convirtió así en el primer accionista del principal grupo de medios de comunicación del país.


Reducción de costes, subidas de tarifas y una demanda colectiva

Hace unos meses, Telefónica decidió subir unilateralmente las tarifas de sus clientes de Movistar Fusión, el producto estrella que combina servicios de telefonía fija y móvil, Internet y televisión en una única factura. Fue un aumento de tres euros por usuario que reportará al gigante de las telecomunicaciones unos 550 millones de euros más en su cuenta anual de resultados, según estimaciones del banco estadounidense Citi. La reacción de los clientes no se hizo esperar y la organización de consumidores Facua interpuso una demanda colectiva firmada por más de 4.000 usuarios contra una subida considerada abusiva. Sin embargo, a pesar de la importancia jurídica y de las altas probabilidades de éxito de la demanda, la noticia apenas tuvo relevancia informativa en los medios de comunicación, tal y como denuncian los representantes de Facua.

Para los críticos, detrás de episodios como la subida de tarifas de Movistar está el siempre polémico control de los medios a través de la inversión en publicidad y su dependencia económica de un grupo reducido de anunciantes (casi siempre los mismos). En el caso de Telefónica, la inversión publicitaria en los medios nacionales se ha reducido aproximadamente un 67% en los últimos cinco años. Según datos de Infoadex, Telefónica era el anunciante individual que más dinero inyectaba en los medios de comunicación de España en el año 2010, con una inversión de 130,9 millones de euros. La posición de Telefónica en el ranking se ha reducido de manera paulatina hasta ocupar un discreto décimo puesto en 2015, con 42,3 millones de euros invertidos.

En estos últimos años, la compañía del Ibex 35 ha acometido un fuerte recorte de gasto en sus operaciones en España con ajustes de plantilla incluidos. La Marea ha preguntado a representantes de Telefónica si la caída en gasto en publicidad tiene que ver con esta reducción de costes. Al cierre de esta edición, no hemos obtenido respuesta.

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