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Así es la obra por la que los titiriteros fueron a la cárcel

titiriteros

Hace un año fueron detenidos como terroristas. No les dio tiempo a terminar la obra que estaban representando. Los periódicos y las televisiones dijeron que habían exhibido un cartel con la leyenda “Gora Alka-ETA” y que en aquel teatro de cachiporra se violaba a una monja y se ahorcaba a un juez. Habían sido contratados para el carnaval de Madrid. Un responsable del Ayuntamiento llegó a poner una denuncia en los juzgados de Plaza Castilla, según afirma su abogado. Hace un año, los titiriteros Raúl García y Alfonso Lázaro dieron con sus huesos en la cárcel por representar la obra que denunciaba justamente lo que les pasó aquel día: el abuso del poder frente a las personas que quieren ser libres.

Este domingo no vino la policía. “Que es de necios confundir la ficción con la realidad”, dijeron los componentes de Títeres desde abajo al inicio de La Bruja y don Cristóbal, en el Teatro del Barrio de Madrid. Lleno. Hubo gente que se quedó fuera. Los dos titiriteros volvieron a representarla. “Una obra de la que mucha gente ha hablado pero muy pocas han visto”, recordaron. Ahora sí completa. Con nuevos decorados y nuevos títeres. Los que usaron hace un año siguen bajo custodia del Estado. Ellos están pendientes del sobreseimiento definitivo del delito de incitación al odio, como ya dictó la justicia sobre el delito de enaltecimiento del terrorismo.

A quien violan es a la bruja, a la que un señor usurero le pide dinero por ocupar una casa que dice ser de su propiedad. En uno de los primeros cachiporrazos ríe sonoramente un niño en la sala. La bruja golpea a la monja porque ésta quiere llevarse a su bebé. Suenan fuertes aplausos cuando sale el cartel de Gora Alka-ETA. Lo saca la Policía, que fabrica pruebas contra la bruja, a quien fotografían junto al cartel y una albóndiga bomba. “Esta madrugada ha sido desarticulado un importante comando terrorista al que se le imputan diversos hechos horribles. Una operación realizada por la Policía Nacional en colaboración con los Mossos d’Esquadra”, locuta una voz radiofónica.

La bruja es acusada de brujería, terrorismo, feminismo, anarquismo y antisistema. La noticia sale en las portadas de los periódicos. Es condenada a la horca. Cuando el juez le explica cómo debe colocar su cabeza, ella aprovecha para tirar de la cuerda. “Los poderes aquí representados, algunos de ellos de cuerpo presente -en referencia al juez ahorcado- no dejan impunes a aquellos que osan desafiarles”, concluyeron los titiriteros, que lanzaron esta dedicatoria: “A todas las personas que luchan cada día por vivir un poquito más en libertad, y nuestra bruja es una de estas personas”. El público se pone de pie. Hoy apenas salen en las portadas.

Estrategia del miedo

Con el juez ahorcado de fondo, el Teatro del Barrio -que ya representó la obra en señal de apoyo cuando aún pesaba la imputación sobre los titiriteros- acogió después un debate sobre el recrudecimiento de los ataques a la libertad de expresión y acusaciones enmarcadas en el terrorismo. Además del abogado de los titiriteros, Eric Sanz, participaron el cantante César Strawberry, el grupo de rap La Insurgencia, la tuitera Cassandra, Elena Ortega, madre de Alfon, y la Plataforma Nahuel Libertad. Todos denunciaron la institucionalización del miedo y la criminalización de los movimientos activistas como estrategia del Estado para mantener “el orden”.

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‘La sección’, teatro para saber por qué somos como somos

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Ocurre después de un conflicto que son los vencedores los que escriben la historia y la ajustan a su visión del mundo. En algunos casos, el afán por borrar todo legado de los vencidos es tal que estos tienen que exiliarse para sobrevivir o evitar las represalias. Esta máxima se puede aplicar a un gran número de contiendas. Ahora bien, si nos fijamos, la mayoría de los nombres que quedan en la memoria, tanto de un bando como del otro, son de personajes masculinos. ¿Qué pasó con las mujeres? Sencillamente, no se las tiene en cuenta, salvo pocas excepciones. Siendo la mitad de la población, ¿cómo es esto posible? La invisibilidad de la mujer en la historia, debido al rol que la sociedad le ha impuesto a lo largo de las distintas épocas -ser madre, esposa y mujer de la casa sin los mismos derechos y privilegios de los que disfruta un hombre-, es el tema que Ruth Sánchez González y Jessica Belda tratan en La sección (mujeres en el fascismo español), su último trabajo que, con la ayuda de Teatro del Barrio, se representa todos los jueves y viernes de febrero.

La obra se centra en La sección, creada en 1934, dos años antes del comienzo de la Guerra Civil en España, por Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española. El objetivo de esta unidad femenina del partido era crear un ideario que situara a la mujer española como pilar fundamental de la familia y custodia de los valores tradicionales españoles.

La obra tiene como protagonistas a la propia Pilar Primo de Rivera, a Carmen Polo, esposa de Franco, y a Mercedes Sanz-Bachiller, fundadora de Auxilio Social, una fundación benéfica de gran relevancia durante la dictadura. “Fueron unas mujeres muy importantes en la cotidianidad del día a día del 50% de la población española. Los libros de historia, que además cuentan la perspectiva de los vencedores, las ningunea. Influyeron muchísimo e hicieron mucho daño, por eso vimos que era importante hablar sobre lo que hicieron”, explica Belda, quien además de firmar el texto es una de las actrices.

Aunque la relación que hay entre estas tres mujeres en la obra es ficción, sí que hay una labor de documentación de las autoras. “Buceamos a partir de un montón de libros, biografías, transcripciones de discursos, de leyes,… teníamos una estructura cronológica y a partir de ahí fuimos buscando documentos que necesitábamos para la creación dramatúrgica”, asegura la dramaturga.

“La sección femenina impuso una forma de vivir a todas las mujeres de su generación: las educó para ser buenas esposas, buenas madres… Además, editaban revistas en las que enseñaban cómo obedecer a tu marido. Fue una forma de represión contra nuestro género”, añade. La mayoría de las que vivieron la represión franquista son nuestras madres o nuestras abuelas. Ellas nacieron con esa visión católica y costumbrista de la familia, y de alguna forma esos valores se han trasmitido a nuestra generación.

Y aunque la sociedad actual dicta mucho de aquella, sí es cierto que todavía quedan reductos que se resisten a ceder esa parcela de igualdad que corresponde a las mujeres por derecho. “En la transición parece que se consiguieron muchos derechos. No hay que olvidar que lo que se hizo fue restaurar los que hace 50 años ya se tenían y que se cargaron durante este periodo tan oscuro que es la dictadura. Hasta 1981, ya en democracia, no se equiparan sendos cónyuges y sigue habiendo muchas causas por las que luchar. No estamos igual que en el periodo de la sección femenina pero hay mujeres que todavía arrastran esta carga política, religiosa y moral de que son ellas las que tienen que hacerlo todo”, se queja Belda.

Son muchas las parcelas en las que la mujer ha quedado relegada a un segundo plano, la ciencia, la política… “En teatro “hay autoras trovadoras que nadie conoce y en literatura algunas escribían libros de caballería y eso no se recoge. Hay más de las que se puede imaginar pero nadie las ha estudiado”, explica. Hoy escuchamos en los medios de comunicación y en conversaciones con amigos palabras como micromachismos, que vienen a ser conductas de la vida cotidiana que reflejan el evidente machismo en el que hemos sido educados tanto hombres como mujeres y que nos enseña que todavía queda mucho por lo que luchar. Esta obra trata de arrojar algo de luz para explicar el por qué, hoy, somos como somos.

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