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Retirada de licencias a los taxistas que increparon a Susana Díaz

El pasado jueves en San Juan de Aznalfarache la secretaria general de la federación andaluza del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Susana Díaz, tuvo que suspender un mitin a causa de que un grupo de taxistas  le increpó y le gritó “te va a votar tu puta madre”. Los taxistas fueron identificados por la Policía …

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Comparan a Susana Díaz con un personaje de Juego de Tronos por esta foto

Susana Díaz ofreció el pasado su tradicional discurso de fin de año grabado en esta ocasión en la ciudad califal de Medina Azahara (Córdoba), tras las críticas por considerar aberrante y tremendamente hipócrita realizar su discurso el año anterior desde Doñana. Muchos tuiteros quisieron comentar su discurso en la red social pero no encontraron mucho […]

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La victoria de Pedro Sánchez

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez I La Marea

Indudablemente lo primero es celebrar esa victoria. Susana Díaz representaba lo más degenerado del Partido Socialista. Con ella estaban los antiguos líderes que metieron en España una política económica claramente neoliberal. Por otro lado el tema de los avales, más numerosos que los votos, nos hablan claramente de una práctica clientelar y corrupta.

El que, a pesar de las presiones del aparato, una clara mayoría de la militancia se haya decantado por el actual discurso de Pedro Sánchez nos hace ver que las bases del PSOE, en su mayoría siguen sintiéndose nítidamente de izquierdas. El problema es ver si esa izquierda que representa Pedro Sánchez tiene futuro o no.

Es evidente que va a tener muchas dificultades para llevar adelante su programa. Dificultades que vienen, en primer lugar, del aparato perdedor de las primarias. Algunos ?sinceramente o por oportunismo? se pasarán a su lado, pero otros mantendrán una oposición más o menos encubierta. Habrá que ver también hacia dónde se decantan muchos votantes del PSOE, los que no se sentían a disgusto con ese socialismo neoliberal de Felipe González y compañía.

Luego está la situación social e ideológica en España. A pesar de toda la imponente mole de corrupción que le aplasta, el PP no se derrumba en las encuestas. Además ahí está Ciudadanos para sustituirle si llega a ser necesario. Y  para que le echen una mano, el PP siempre puede contar con los nacionalistas vascos, los canarios. Incluso si se tratara de algo que afectara seriamente a la estructura económica del país, no sería demasiado raro que le apoyaran también los catalanes.

Pero lo más grave es que la socialdemocracia, y más si es una socialdemocracia con un claro carácter social, de izquierdas, hoy no se puede sostener. Esa socialdemocracia ya existía en Europa hace más de medio siglo. Y en bastantes países era claramente dominante, pero llegó la revolución conservadora y se la llevó por delante.

La socialdemocracia parte de la creencia de que puede haber un capitalismo bueno, que acepte moderar sus beneficios para que el bienestar llegue a todos. Pero el capitalismo bueno es una pura quimera. No niego que puede haber capitalistas que personalmente sean buenas personas. Pero los principio básicos del capitalismo ?la búsqueda incansable del mayor beneficio económico y la competencia implacable? no permiten concesiones a la bondad. Pasado el peligro que suponía el bloque soviético, emprende el camino la vuelta al capitalismo decimonónico.

Prácticamente todas las socialdemocracias europeas han sido arrasadas por el huracán neoliberal. Las que resisten lo hacen mientras no incordien demasiado… a ¡los mercados! Y, desgraciadamente, no se ve por ningún lado un proyecto para recuperar una verdadera democracia que suponga la superioridad de lo político sobre el poder económico.

Además ocurre que ninguno de nuestros políticos parece tener en cuenta que estamos en una profunda crisis de civilización. Crisis multidimensional, pues engloba la crisis ecológica, la social y la individual, que es una crisis de valores humanos y de sentido de la vida.

La unión de civilización industrial y sistema capitalista forma un tumor canceroso que, si no crece, se hunde, y si crece, arrasa el planeta en el que tenemos que vivir.

Nuestro estilo de vida, nuestra manera de producir y consumir no es sostenible. Pero de esa insostenibilidad pueden venir  las razones y las energías que impulsen el cambio radical y profundo que el mundo necesita.

Un cambio que podemos y debemos empezar en la vida personal de cada uno. Empezar ahora, cuando la publicidad nos empuje a consumir algo que realmente no necesitamos.

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El hundimiento del PSOE de Suresnes

La victoria de Pedro Sánchez contra Susana Díaz tiene más valor por lo que entierra que por lo que aflora. El nuevo secretario general no es más que una creación involuntaria de todos sus adversarios, que en su empeño por masacrar su figura la han engrandecido desarrollando una especie de héroe de la militancia. Con cada embestida furibunda del aparato, el político y el mediático, ha construido su relato contra las oligarquías del extremo centro socialista que tan bien representaba él antes de ser laminado por La Brunete de pana en el golpe palaciego del pasado mes de octubre. El hombre que pactó con Ciudadanos, llamaba populista a Podemos de la mano de Cebrián, Felipe y Susana, y defendía de forma entusiasta la reforma del artículo 135 de la Constitución, ha acabado erigido en un referente de la izquierda y las bases por el descrédito de sus detractores y en comparación con los que combatía.

Sánchez es lo que fue, no lo que ahora aparenta ser por un interés sobrevenido, ni siquiera calculado, que le ha servido en bandeja el aparato socialista. El relato del “no es no” era tremendamente poderoso entre la militancia del PSOE y todos parecían empeñados en dotar a Pedro Sánchez de un arma de construcción masiva de apoyos, que él supo instrumentalizar de manera efectiva. Todos los movimientos que realizó tras su salida como secretario general pudieron haberle hecho explotar entre las manos la carga del arma dada, pero supo convertirla en la clave de bóveda del edificio de su renacimiento.

A Pedro Sánchez le ofrecieron un relato, una historia, un argumento de movilización y de unión efectiva, racional y emocional. Lo aprovechó y arrasó a quien solo tenía como herramienta discursiva la responsabilidad institucional de darle el gobierno a su enemigo histórico, a un partido imputado por una corrupción que alcanza hasta su médula, y a cambio de nada. ¿Qué podía salir mal?

El PSOE histórico ha sido vapuleado por todos los militantes que antes habían tenido como referentes políticos, vitales, y emocionales a Felipe González, Alfonso Guerra, o Jóse Luis Rodríguez Zapatero. La victoria de  Sánchez ha sido el hundimiento del PSOE hasta ahora conocido. La derrota de Susana Díaz es la del PSOE de siempre -como ella remarcaba en sus mítines-, significa el derrumbe de un imaginario construido con los mimbres del relato de la cultura de la transición. Suresnes ha colapsado y ha sepultado a Isidoro. El mito del PSOE de 1982 se ha esfumado, Felipe González ha dejado de ser el obrerista de chaqueta de pana para convertirse en el lobista de las eléctricas y defensor de las oligarquías latinoamericanas. Se acabó la posverdad prisaica.

El otro gran derrotado, el cebrianismo. El País fue el gran arquitecto del armazón ideológico y propagandístico del PSOE que servía como garante institucional del modelo que preservaba los privilegios del sistema surgido de la transición. De las manos de Polanco, el diario de Prisa construyó todo un imaginario que ha cincelado el armazón de la hegemonía cultural en España. Su poder de influencia a la hora de establecer el discurso aceptado como referente del progresismo ha marcado la historia de estos 40 años de democracia. Eso se terminó.

El diario, antaño referente, ha perdido la capacidad de influir incluso entre la militancia del PSOE. Su último editorial es el epílogo de una deriva incalificable trufada de insultos y descalificaciones a todo aquel que ose no seguir los designios marcados desde sus páginas. Las letras cebrianas califican la victoria de Pedro Sánchez como la rendición al populismo de los más de 70.000 militantes que han optado por su opción frente a la racional, moderada y constructiva candidatura de Susana Díaz:

“La propuesta programática y organizativa de Sánchez ha recogido con suma eficacia otras experiencias de nuestro entorno, desde el Brexit hasta el referéndum colombiano o la victoria de Trump, donde la emoción y la indignación ciega se han contrapuesto exitosamente a la razón, los argumentos y el contraste de los hechos. En este sentido, la victoria de Sánchez no es ajena al contexto político de crisis de la democracia representativa, en el que se imponen con suma facilidad la demagogia, las medias o falsas verdades y las promesas de imposible cumplimiento”.

Las elecciones a secretario general del PSOE han supuesto el desplome de la edificación mediática que permitía desde las columnas del diario independiente de la mañana influir de manera determinante en la opinión pública. Se ha construido un nuevo discurso que funciona como contrahegemonía y en el que El País ahora opera como referente a combatir. Sus páginas funcionan como elemento de contraste que permite vislumbrar lo que piensan y quieren los enemigos de quienes combaten el statu quo.

El derrumbe del PSOE histórico ha arrastrado consigo el poder de influencia que las élites han manejado desde los editoriales de su propio diario desde que nació en 1975. La guerra por sostener el sistema conocido continúa, pero la próxima batalla no se dará en ningunas elecciones, sino en una junta general de accionistas; y el general cuestionado se llama Cebrián.
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Susana Díaz: nostalgia del viejo PSOE

susana díaz

Cuando los partidos emergentes estaban a punto de hacerse un hueco a codazos, uno de los viejos, el PSOE, abrió paso a uno de sus últimos productos arquetípicos. Criada en las Juventudes Socialistas, donde se graduó en la intriga interna, crecida cargo tras cargo en el ejercicio del poder, Susana Díaz (Sevilla, 1974) se convirtió en presidenta de la Junta de Andalucía sin mediar elecciones en septiembre de 2013, tras ser ungida por José Antonio Griñán. En noviembre, sin rival que lograra avales para las primarias, conquistó la secretaría general del PSOE andaluz, el poderoso bastión de la vieja escuela socialista. Con un pedigrí tan incompatible con los cánones de la nueva política, Díaz es inevitablemente una nostálgica de la antigua, que deparaba unos éxitos al PSOE que no se resigna a dar por perdidos. Sobre esa aspiración ha sostenido un prolongado empeño en marcar el rumbo a su partido, al que cree desorientado en una batalla por la izquierda que lo aparta de una victoria únicamente posible desde una orgullosa “centralidad”.

Ahora, Díaz quiere convertirse en secretaria general del PSOE con la intención, difícil de cumplir por los cambios sociales a raíz de la crisis, de convertirlo en opción mayoritaria, en la estela de los tiempos de Felipe González o incluso de Zapatero. Como requisito, ha de mandar a Podemos al rincón de las minorías y volver a conectar a los socialistas con las salas de máquinas del gran poder económico español, porque es allí donde se gestan –también– las operaciones políticas determinantes.

Por su fama de maniobrera, se habla más de sus planes que de sus orígenes, pero es aquí donde hay que bucear para entender quién es y qué representa Díaz. Así lo explica el sociólogo del CSIC Eduardo Moyano: “Ella nace del PSOE andaluz. No es solo una mujer de partido, es que su identidad se forma en un partido que gobierna en Andalucía desde hace más de 30 años, un partido muy vinculado a las instituciones, con un discurso y una estrategia que, al margen de su eficacia, están fosilizados. Díaz no sabe lo que es fajarse como oposición, ni ha tenido que buscar espacios políticos nuevos. Su partido es el que gana y el que manda”.

El “gran partido regionalista andaluz”

El doctor en Ciencias Políticas por la Universitat Pompeu Fabra Pablo Simón la describe como “un producto típico de los partidos españoles”, con un currículo netamente político y un ascenso aplastante al liderazgo interno. Al igual que Moyano, explica sus rasgos distintivos por su origen más que por su ideología. Más que tendente a la derecha, como la dibujan sus críticos, Simón ve a Díaz inclinada a la actividad orgánica –”aparatera”, dice– y a la cultura de un “partido del poder” con rasgos “peculiares”. “El PSOE es el gran partido regionalista andaluz, con una vocación de representar al conjunto de los andaluces”, añade.

Esa vocación mayoritaria desdibuja las aristas ideológicas, simplifica los mensajes y aconseja evitar los debates de ideas en temas en los que el pensamiento conservador es hegemónico. Este socialismo institucional predispone contra la reivindicación en la calle, considerada en sí misma más como un desafío que como una expresión de vitalidad. “En Andalucía no hay mareas”, presumía Díaz hasta que empezó la revuelta sanitaria. Al haber gobernado el PSOE durante toda la autonomía, una autocrítica genuina sería una autoenmienda a la totalidad. Por lo tanto, Andalucía no debe cambiar, sino “seguir avanzando” en la misma línea. El escenario social óptimo en este imaginario es el de una sociedad aquietada, satisfecha o incluso orgullosa de lo que tiene, que sabe agradecer las diferencias entre un PSOE sensible y un PP cruel, y que tiene memoria para reconocer la obra de Felipe (en servicios públicos y modernización social) y de Zapatero (en derechos sociales). Un escenario opuesto al que propugna en España la izquierda rupturista.

Hija de familia trabajadora –”casta de fontaneros”–, fiel a Triana, casada “con un tieso” y madre de un hijo, la presidenta ha cultivado la imagen de una mujer apegada a costumbres populares –Betis y Semana Santa–, sobria en lo personal, que se arremanga ante los problemas sin que se le caigan los anillos. Un cierto maternalismo impregna su discurso social, con el que se presenta en primera persona como guardiana de servicios y derechos. “Mis parados”, “mis jóvenes”, “mis hospitales”, dice para irritación de sus críticos, que la acusan de cesarismo. Conocedora al dedillo de las reglas del rifirrafe diario, se maneja en el mitin como en el canutazo, subrayando ideas con pegada y vocación de titular: “El PSOE es mucho PSOE”; “Me encanta ganar”. Se ponga donde se ponga, sale en la foto.

¿Puede exportarse a España el liderazgo de Díaz? Manuel Jiménez, profesor de Sociología de la Universidad Pablo de Olavide, lo duda. Advierte que “el proceso de cambio electoral está protagonizado por un sector creciente de ‘ciudadanos críticos’, como los denomina Pippa Norris, que en Andalucía tiene un menor peso relativo”. “Podemos exportar al líder, pero no las condiciones que explican su rendimiento electoral. Las circunstancias que la han hecho ganadora en Andalucía pueden hacerla incapaz de la remontada en España”, reflexiona.

Entre esas circunstancias favorables a Díaz en Andalucía, cita Jiménez, están “la potente infraestructura organizativa del PSOE” y también el poder institucional. “El papel de ejecutor subalterno de los recortes le ha permitido un discurso contrario [al PP] al mismo tiempo que bastante inacción para modificar el statu quo“, añade el sociólogo de la Olavide, que sí aprecia “intentos tibios de abordar problemas concretos”, como los desahucios, y para “mantener las rentas de los perfiles que configuran su masa electoral”. Díaz ha logrado así evitar en buena medida el desgaste de los recortes. Eso sí, Jiménez aclara: “No creo que haya un modelo alternativo o una vía andaluza” distinta a la que marca Bruselas y ejecuta Rajoy.

Como presidenta, afirma Eduardo Moyano, Díaz es “inmovilista”. “A pesar de su juventud y de que Griñán se saltó una generación” al apostar por ella, “no ha revitalizado el proyecto socialista”, concluye. Manuel Jiménez cree que, por su imagen de “continuidad”, “difícilmente va a conectar con un perfil joven y urbano”.

Andaluza y mujer

Díaz ha sido concejala (1999), diputada nacional y andaluza (2004 y 2008 respectivamente), senadora (2011), consejera (2012) y presidenta (2013). En lo orgánico ha estado en todos los cargos que cuentan en Sevilla y Andalucía. Es una dirigente metódica, que trabaja con datos. Intenta dirigirse a las mayorías sabiendo que hay una amplia mayoría callada que no desahoga sus frustraciones en Twitter. Fiel a los códigos tradicionales, evita cualquier manifestación de debilidad. Y planifica y ejecuta sus maniobras con determinación, como comprobó IU –que la había hecho presidenta en el Parlamento en 2013– cuando rompió el Gobierno bipartito en 2015 pillando debilitado al PP y desprevenido a Podemos. Aquella victoria en las autonómicas, manteniendo diputados pese a Podemos y Ciudadanos, es aún hoy su gran aval.

Con la oposición es inclemente. A Moreno Bonilla (PP) lo desdeña como una mala copia de Arenas. A Teresa Rodríguez (Podemos) y Antonio Maíllo (IU) les da donde cree que más duele, ya sea hurgando en heridas de sus partidos o acudiendo a las mismas caricaturas ideológicas que usa el PP: Venezuela para Podemos, la URSS para los comunistas. En un pleno, Maíllo aludió al pasado como catequista de Díaz y esta le preguntó si acaso debía reformarse en un “centro de reeducación”. Y a Podemos e IU juntos les lanza la acusación de la pinza, eficaz para acomplejar a los rivales por la izquierda del PSOE desde tiempos de Anguita. “Cuando a una mujer se la ve fuerte y poderosa, se dice que es una trepa manipuladora”, lamenta la politóloga Dunia Alonso, experta en Comunicación. Este traje le va a ser difícil quitárselo, opina Alonso, porque además se la ha visto como la muñidora de la caída de Pedro Sánchez, su rival ahora, junto a Patxi López, en la carrera de las primarias socialistas. En cuanto a su oratoria, cree que Díaz “ha trabajado mucho y se nota”, aunque el resultado es “forzado”. Y advierte: “Por los estereotipos sobre Andalucía, su estilo algo populista, mezclado con el habla andaluza, puede generar en ciertos sectores una imagen de falta de preparación”.

Siguiente parada: las primarias

Podemos es fundamental para entender la estrategia de Díaz. El partido liderado por Pablo Iglesias nació a primeros de 2014 con un discurso que no solamente impugnaba el entero sistema en el que la presidenta socialista había prosperado, sino que propugnaba un modelo de dirigente desprofesionalizado que era la antítesis de la mujer que en las tertulias serias de Madrid ya era vista como la garantía de un PSOE sin veleidades rupturistas en los terrenos económico o territorial. Consciente de la amenaza morada, Díaz ha convertido la salvación de su partido en su horizonte político. En ese camino, que según sus planes debe convertirla en secretaria general y después en presidenta del Gobierno, rompió un acuerdo con IU, adelantó las elecciones, pactó con Ciudadanos, maniobró para poner a Pedro Sánchez y luego para quitarlo, favoreció la abstención de su partido para hacer presidente a Mariano Rajoy…

Ahora afronta las elecciones en el propio PSOE, para las que cuenta como activo, según Pablo Simón, con que se puede presentar como “la única capaz de cicatrizar las heridas del partido” y “ofrecer un liderazgo fuerte que canalice su actividad interna”. Su lastre, sobre todo para comunidades como Cataluña, Euskadi y el País Valenciano, es “pertenecer a la federación más centralista de España”. En cualquier caso, afirma el profesor Simón, ahora está ante el escenario “que más teme”: unas primarias frente a un adversario, Sánchez, que ejerce de mesías de las bases frente a una gestora retratada como figurante de la derecha.

Su imagen, en la cumbre en 2014, está tres años después tocada. Su aura de imbatibilidad se debilitó en las últimas elecciones generales, cuando el PP fue el partido más votado en la comunidad autónoma. La última Encuesta General de Opinión Pública de Andalucía revela un desgaste apreciable. La batalla interna le ha pasado factura. Está pagando la abstención ante Rajoy. Puede decir que durante su presidencia no se han producido casos de corrupción como los que llevarán a Chaves y Griñán al banquillo, pero no que su gestión haya supuesto un salto cualitativo para Andalucía, que sigue anclada en los últimos puestos de los indicadores socioeconómicos clave y –esto es más grave– ha interrumpido su proceso de convergencia con la media española, como ha advertido el Observatorio de Desigualdad.

Las fotos con el Ibex

Su empeño por desembarazarse de la imagen de referente del “ala derecha” del PSOE ofrece resultados tibios. Un ejemplo: Andalucía ha aprobado una ley de memoria histórica que desborda en ambición a la estatal de 2007, pero los medios –a los que tanta atención presta– no la han visto como una “ley de Díaz”. En cambio, sus fotos con los gerifaltes del Ibex 35 sí serán siempre las “fotos de Díaz”. Ella las buscó. Con Emilio y Ana Patricia Botín (Santander), con Isidro Fainé (CaixaBank), con César Alierta (Telefónica), con Marta Ortega y Flora Pérez (Inditex)… Sonrisas, firmas, apretones de manos y proyectos compartidos. ¿Qué pretendía la lideresa?

Por supuesto, en su voluntad estaba presentarse como una líder influyente, bien conectada, que cuenta para los poderosos, intentando marcar contraste con Sánchez e Iglesias. Pero además hay –obviamente– una búsqueda de aliados financieros, escasos tras la caída de las cajas, así como un estrechamiento de vínculos de interés mutuo. Ahí quiere Díaz a su partido. No solo cerca del poder, sino como parte del poder.

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Susana Díaz en la feria: ¡A todo trapo, jefe!

Sevilla. Soleada tarde de primavera. Susana Díaz, presidenta de Andalucía, y Verónica Pérez, la que fuera máxima autoridad del PSOE durante unos instantes a las puertas de Ferraz, se dirigen hacia el Real de la Feria.

Por Dios, qué bonita es Sevilla en primavera, Verónica, cómo voy a echar de menos yo esto cuando gobierne España hacia un futuro mejor. Y pasearla en coche de caballos ni le cuento, presidenta, siempre podrá usted volver. Arranque el carro, jefe, que nos vamos a la caseta del PSOE. Qué bien manda usted. Mando obedeciendo al pueblo y al interés general, Verónica. Como tiene que ser, presidenta. Qué gusto de paseo, hija, igualito que el trampabús ese de los populistas, o el otro fantoche dándole vueltas a España en coche, qué poca clase… Pero poca, presidenta, no hay color. Color, mira qué color, mira, mira, mira, Verónica, qué amarillo albero, mira, mira, mira, qué rojos los trajes de gitana, gloria bendita, es como una bandera de España hecha de tierra y pueblo, me entiendes el símil, ¿no? A usted siempre se le entiende, presidenta, no como a otros. Gracias, hija, mira, mira, mira, qué flores, qué bonita Sevilla y Andalucía y España, esa España que tanto queremos los socialistas andaluces, porque Andalucía es España y España es el PSOE y el PSOE es España y España es Europa y los socialistas… Pare un momento, presidenta, que vienen unos ciudadanos a hacerse una foto con usted. ¡Frene el carro, jefe! Clic, clic, clic.

Cómo la quiere la gente… La gente me quiere porque soy una de ellos, de la casta de fontaneros. Y que usted lo diga, presidenta. Mira lo que te digo, niña, si me dieran un aval para las primarias por cada foto que me hago con un ciudadano, aun así tendría menos avales de los que ya tengo, porque tengo avales como para llenar diez casetas. Qué graciosa es usted, qué arte. De Triana, Verónica, hija. Se nota que es usted puro pueblo. ¡Arranque, jefe! Cómo controla usted los tiempos, presidenta. En eso te voy a dar la razón, Verónica, y por eso te digo que es tiempo de hacer al PSOE grande otra vez, no como lo dejó el otro. Como usted dijo, es hora de coser ese roto. ¿A quién se le ocurriría poner al frente a semejante fantoche? Ehm, bueno, ehm…. Qué te pasa, que te has puesto blanco color azahar, Verónica, ¿estás bien? Habrán sido las curvas, presidenta, que el caballo de ahí se escora un poco.

¡Esas riendas, jefe, que me marea a la chiquilla! Gracias, presidenta. Escorada está España, por la derecha Rajoy y por la extrema izquierda los amigos de Trump, por eso estamos todos mareados. Así es, presidenta. El otro día lo comentaba con Felipe, Alfonso y Juan Luis y me daban la razón: tenemos que construir el PSOE del futuro. Más razón que una santa tiene usted. Mira, hablando de santos y de futuro, me está llamando Corcuera, eso es que estará llegando a la caseta, que le mandé una invitación. Qué buena anfitriona es usted. ¡Queme pezuña, jefe, que vamos con prisa! Qué poderío, presidenta. Mira, mira, mira, cómo levantamos albero, lo que voy a echar yo esto de menos…

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Cultura del esfuerzo susanista, premios por derechos

MADRID// La hegemonía cultural conservadora ha conseguido vincular que el esfuerzo pertenece a la derecha y que la izquierda está en contra de ese concepto. Las palabras y los términos esconden un relato cuando se utilizan en un contexto político. No son inocentes. La meritocracia liberal es la que se encuentra detrás de la educación cuando se asocia la palabra esfuerzo a la concesión de becas universitarias como valor supremo sobre el que basar este derecho.

Susana Díaz vinculó en una entrevista en la Cadena SER las becas al esfuerzo sin mencionar en ningún caso la necesidad económica o los recursos. Cualquier persona de izquierdas diría cuando el tema de las becas llega a un debate que las ayudas para estudiar son para aquellas personas que lo necesitan. Ese tiene que ser el pilar fundamental sobre el que sustentar un discurso sobre política de becas desde una posición progresista. Sin añadidos.

No, señora Díaz. Las becas no tienen que ser un premio al que se esfuerza sino un elemento de cohesión social que facilite la igualdad de oportunidades. Es una trampa discursiva interesada decir que conceder becas con el precepto principal de la renta implica dejar de lado los resultados académicos. Es mentira que en España se concedan becas a quien no tiene buenos resultados. Sin aprobar no hay posibilidad de ser becado. Si a alguien se la conceden y suspende pierde el derecho. Cuando se habla de premiar el esfuerzo se difunde un relato ideológico que considera que la política de becas tiene que ser un premio para el que mejor expediente académico tenga y no un elemento de cohesión que permita el acceso a la Universidad a las clases populares.

Susana Díaz transmite en su discurso los valores predominantes de las élites de este país cuando vincula las becas al esfuerzo. No es casualidad que sea la preferida de todos ellos porque es una correa de distribución de su pensamiento. La fundación de Juan Roig tiene como precepto fundamental irradiar la cultura del esfuerzo para así inculcar en la sociedad la idea prevalente de que el origen no importa y sólo el empeño. Que los que se esfuerzan triunfan y los que no llegan a final de mes no trabajan lo suficiente aunque metan 15 horas al patrón. De Juan Roig se espera algo así, pero es verdaderamente dramático que la que aspira a ser la secretaria general del Partido Socialista Obrero Español compre el discurso de las grandes empresas.

Vincular el esfuerzo a la concesión de las becas, como si ahora no se hiciera, es un posicionamiento ideológico que busca consolidar el recorte de derechos que durante la crisis se ha llevado a cabo para establecer un sistema universitario que cada vez segregue más a los hijos de la clase obrera. Siempre la concesión de una beca ha llevado aparejada un requisito académico. El Gobierno del PP bajo el mandato en Educación de José Ignacio Wert endureció los requisitos porque son conocedores que eso solo afecta a aquellos que no tienen recursos económicos y dependen de la beca para estudiar. Son únicamente los que tienen más posibilidades y recursos los que pueden permitirse estar diez años en la universidad sin compaginarlo con un trabajo. Son los estudiantes de clase obrera que tienen que trabajar y estudiar para costearse los estudios los que tienen más posibilidades de tener unos resultados académicos inferiores al no poder dedicarle a la universidad las horas suficientes. Saben a qué clase afecta endurecer estos requisitos. Lo saben, y por eso lo hacen.

No es la primera vez que Susana Díaz utiliza el mensaje ultraliberal de la cultura del esfuerzo y no será la última. Ni siquiera creo que Susana Díaz defienda el mensaje del adversario ideológico como una estrategia interesada para homogeneizar el pensamiento y someter aún más a la clase obrera frente a la patronal. Es tan solo que su simpleza política y básico nivel discursivo e ideológico le hacen adoptar los marcos establecidos por la ideología conservadora sin ser consciente de ello. Susana Díaz es como el caballo de Troya del extremo centro en España. Un instrumento del sistema para tratar de liquidar lo poco que queda de la justicia social y del pensamiento progresista en España.

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El postsocialismo de Susana Díaz

MADRID// “En el PSOE somos todos socialistas y de izquierdas”, decía Susana Díaz respondiendo a Pedro Sánchez a las acusaciones de derechización. Algunos discrepamos. El sociólogo Alain Touraine escribió en 1980 un tratado llamado El postsocialismo. El texto tenía como elemento transversal que el socialismo no podía realizarse dentro de las instituciones integradas en cualquier democracia representativa. Era necesario centrarse en los movimientos sociales y culturales que sustituirían el papel del obrero como elemento reformista de los Estados ya que los partidos acaban imbuidos por el sistema. Elías Díaz, catedrático de Filosofía del Derecho, hablaba de la falacia de la identidad para referirse al callejón sin salida que significa la lógica del capitalismo en un democracia representativa para los socialistas democráticos. ¿Se puede ser socialista sin cuestionar el sistema capitalista?

Los socialistas críticos con esa falacia consideran que sí se pueden cambiar las lógicas del capital desde dentro del sistema y que el socialista que considera que eso no es posible, o simplemente no quiere hacerlo, no lo es aunque se autodenomine socialista. Según este razonamiento no puede existir un socialista en las instituciones que no quiera cambiar las reglas del capitalismo.

En una tribuna en 1985 el ahora azote de Podemos, el catedrático Antonio Elorza, definía así en El País al PSOE postsocialista que, tras ganar las elecciones, había mutado acomplejado abandonando la izquierda para mantener el poder: “Al precio de asumir por parte socialista el papel de fuerza subalterna respecto al poder capitalista, bajo el signo de la modernización”. En el análisis del catedrático sobre las renuncias se incluía una frase atribuida a Carlos Solchaga, entonces ministro de Hacienda de Felipe González, que resulta reveladora: “La función del Gobierno socialista será olvidarse de la distribución y mirar al aumento de la producción”, decía Elorza.

La tercera vía de Anthony Giddens que tomarían Tony Blair y Jose Luis Rodríguez Zapatero es una exaltación de las ideas postsocialistas. Una asimilación completa de las reglas del mercado y la lógica capitalista con medidas de maquillaje que intenten aumentar la cohesión social.

Sin embargo, al postsocialismo de Susana Díaz se le podía añadir una definición alternativa que poco tiene que ver con los elementos teóricos y académicos que los sociológos definieron. Su ideología tiene una visión mucho más novedosa. La definición del postsocialismo que incluye a la lideresa andaluza se basa en el término estrella usado para comprender la relevancia de los populismos y que tanto es enarbolada por el periódico que más ha hecho para acabar con Pedro Sánchez. La posverdad.

Según una definición dada en El País son “Las circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales”. El postsocialismo, aplicando la palabra de moda, sería la ideología en la que los hechos objetivos y las políticas llevadas a cabo cuando se ocupan las responsabilidades de gobierno son menos influyentes en la militancia que las emociones, las creencias y el peso de la adhesión al líder.

Es la ideología de Susana Díaz, aquella que le lleva a declararse de izquierdas a pesar de haber puesto al PSOE al borde de la destrucción para dar el Gobierno a Mariano Rajoy con tal de evitar que Sánchez pudiera llegar a gobernar con Podemos y los nacionalistas. Los hechos los firmaría cualquier conservador, la emoción infunde a sus seguidores a autoproclamarse de izquierdas.

Susana Díaz es el PSOE

Díaz es un fiel exponente del PSOE. Del único PSOE que ha gobernado. El PSOE socialista jamás lo hizo, murió en Suresnes. El partido que ha aupado a la presidenta de la Junta de Andalucía como salvadora es el que realizó la dolorosa reconversión industrial, y que fue alabada por Matilde Fernández en el acto del sábado. El que propició la entrada del capital privado a la sanidad pública y aprobó la regla de oro del artículo 135 de la constitución. El que promulgó una reforma laboral que recortó drásticamente los derechos de los trabajadores. Fue Felipe González el que realizó una privatización de las empresas públicas más ambiciosa, en sus propias palabras, que la de Margaret Thatcher. Hechos históricos que son el legado del PSOE que enarbola orgullosa la dirigente andaluza.

Susana Díaz anunció su candidatura a la secretaría general del PSOE en un acto de exaltación al líder. No quedó en Andalucía un solo cargo, asesor o liberado de la Junta [permítanme la hipérbole]. Todos estaban en IFEMA defendiendo lo suyo y apoyando a quien se lo provee. Todo un baño de masas. Algo que ya estaba puesto en marcha desde el pasado mes de octubre cuando la “Brunete de pana dio el golpe en Ferraz”. Felipe González narró el momento de comenzar la asonada desde los micrófonos de la Cadena SER y los generales de la lideresa andaluza llegaron a Madrid con las firmas que fulminarían en un golpe, que preveían rápido, a Pedro Sánchez. Pero que acabó siendo muy doloroso para los intereses de todos en un congreso federal que rompió el partido de forma dramática.

La fotografía de Susana Díaz con el aparato al completo es clave. Toda la vieja guardia del PSOE. Felipe y Guerra, Rubalcaba y Zapatero. Con todo aquello que Podemos combate, y que ahora de forma interesada finge combatir Pedro Sánchez. Una imagen que provoca un fuerte rechazo fuera del partido pero que apela a la emoción de la militancia, una estampa muy poderosa en clave interna. Los militantes históricos del PSOE, que son los que votan, están orgullosos de su legado. Los que no, ya lo abandonaron. No hay que despreciar el poder de esa foto, tan denostada de forma generalizada, para lograr el poder en Ferraz.

El postsocialismo de Susana Díaz lo es por aceptar las reglas del juego capitalistas de forma entusiasta. Algo que conlleva jugosas contraprestaciones por parte del sistema y que están expuestas de forma gráfica en esa fotografía con todos los históricos a su lado. Despreciar la importancia de los poderes fácticos es algo que le costó caro a Pedro Sánchez. El PSOE es una parte indispensable del establishment y Susana Díaz es el PSOE. La izquierda tiene que dejar de mirar al partido que comande como una opción viable de izquierdas, es tan solo una ilusión del capital. Susana Díaz es la elección del sistema para mantener sus privilegios. No dejarán que caiga porque eso supondría la destrucción de uno de los pilares de la cultura de la transición. No pasará.

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Febrero, por Dios Tuitero

Pablo Iglesias, junto a los miembros del Consejo Ciudadano elegido en Vistalegre II. Foto: PODEMOS

Febrero es mi mes favorito porque es el más corto del año, así tengo que aguantaros menos días. Estas semanas hemos descubierto que, según un amigo de Donald Trump, “París ya no es más París”, que a saber lo que era antes para estos tipos. Desde luego, para el Barça, después del 4-0, ya es otra cosa. Nosotros podríamos decirle al Señor Naranja que, tras su elección, “América ya no es más América”. ¿Y sus declaraciones hablando del inexistente atentado en Suecia? Ya veréis cuando se entere de que, en Ecuador, Lenin ha ganado las elecciones.

En España, todo en orden. Ha sido un mes de convenciones políticas, ya sabéis, Vistalegre y Pepelandia, mientras en el PSOE a Susanita se le rebela el ratón. El estado de la cuestión es más o menos así, a ver si coincidís conmigo (y si no, me da igual, que para eso soy Dios):

– El PP. La organización criminal conocida como Partido Popular vive días de gloria. Con la izquierda más dividida y desorientada que nunca, no necesitan ni disimular. Tienen muy fácil batir su propio récord de permanencia en el poder, establecido en 36 años por su padre político y guía espiritual Francisco Franco, al que homenajean siempre que pueden.

Este mes han celebrado su Congreso de Adoración Mariana, con gran éxito de crítica y público. Es decir, crítica, ninguna, como siempre en el PP, y público, lo justo, los asistentes, que a ellos lo que les gusta es privatizar. Este febrero además nos han deleitado otorgándole a Santa Rita Barberá, patrona del pitufeo, la “Llave de Oro del Municipalismo”, y con la creación del hashtag #YoConPedroAntonio, el primer Trending Topic de apoyo a un imputado por corrupción en España, en relación al presidente de Murcia, qué hermosa eres. ¡Enhorabuena!

– Podemos. ¿Qué os voy a contar que no se haya dicho ya? Del ¡Sí se puede! al ¡Unidad, unidad! Pablo ha entendido lo de la unidad, como referido a uno, él. El partido “de la gente” ha pasado a ser el partido de Pablo Iglesias. Errejón, desterrado a la Comunidad de Madrid 2019, y la transversalidad, el eje del tablero y el núcleo irradiador al trastero. ¿Cómo se pretende llegar a gobernar algún día España sin atraer nuevos votantes y sin pactar con otras fuerzas políticas? Misterio. A lo mejor es que ya no se trata de gobernar, sino de otra cosa.

– PSOE. En el PSOE hay un chico nuevo en la oficina. Se llama Pdr Snchz y ha pegado un giro a su vida. El amigo de Ciudadanos y matarife del artículo 135 es ahora más rojo que nadie, y va por ahí diciendo que sus rivales en el partido no son de izquierdas. Si medio partido te detesta, todos los exsecretarios generales echan pestes de ti, tus antiguos colaboradores te repudian y prácticamente ni una sola figura del socialismo español te apoya, intenta engañar a la militancia diciendo que eres como ellos. Es la única opción que te queda antes de volver a tu puesto de dependiente de El Corte Inglés. ¡Ay, Pedro, si no hubieses mentido a todo el mundo y no hubieses tratado de saltarte a la torera las directrices del Comité Federal a lo mejor te querrían más! Las otras dos opciones no enamoran: un Patxi López que no molesta, pero que tampoco ilusiona, y la versión femenina de Felipe González, la baronesa por excelencia, la mandamás de Andalucía, algo conspiradora y partera de esa criatura que ahora se ha vuelto en su contra: el Lenin de Pozuelo, Pdr Snchz.

– Ciudadanos. La marca blanca del PP, la nada, el cuñadismo hecho política, se ha cubierto de gloria esta semana al no pedir la dimisión del imputado presidente de Murcia, incumpliendo así su famoso “Pacto por la regeneración y contra la corrupción”. Tampoco esperábamos otra cosa, la verdad. Y por si era poco, han votado junto al PP para impedir que se revisen los privilegios de mi Iglesia. Da gusto con estos chicos tan modernos. ¡Ah, y han tenido un congreso también, creo, porque no se ha enterado nadie! Ahora dicen que no son socialdemócratas, sino liberales. O algo así, qué más da.

Del resto de partidos hablaremos… la semana que viene. Sed buenos.

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