You are here

Sonia Gatius: “O recuperamos la conciencia del ‘juntos sí se puede’ o el sindicalismo pasará a la historia”

La entrevista a Sonia Gatius forma parte del dossier Sindicatos para el siglo XXI, que puedes descargar por 1,90 euros o adquirir en kioscos por 4,50

“Quienes hemos intentado hacer nuestro trabajo más allá de intereses políticos sabemos a la perfección que nos coartan el camino por temor. Hay que empoderar a la clase trabajadora”, afirma Sonia Gatius, exresponsable de Justicia de UGT Lleida. Ella se autodenomina sindicalista sin sindicato.

¿Cómo tiene que ser en líneas generales un sindicatos del siglo XXI?

Así como la economía se ha globalizado, debe existir un sindicalismo globalizado, presente y  fuerte en sociedades en las que ahora el mundo del trabajo es similar a la esclavitud, donde no existe regulación laboral alguna. La deslocalización empresarial tiene como eje fundamental de su existencia la mano de obra barata. Hay que conseguir que esos países donde ahora mueren cada día personas por su precariedad laboral, exista un sindicalismo fuerte. Puede parecer algo complejo de llevar a cabo, pero si los derechos de los trabajadores y trabajadoras se extienden, los grandes ricos que gobiernan este mundo puede que empiecen a perder un poco de su poder. Creo que desde aquí tenemos una enorme responsabilidad en conseguir eso.

Antes nos era a todos muy fácil denominarnos “trabajadores”, hoy parece que el concepto de clase trabajadora y las connotaciones que tenía en los años ochenta se haya desinflado y esa visión no es del todo errónea. El trabajo está tan fragmentado que tenemos personas pobres sin trabajo y personas pobres con trabajo y el modelo hacia el que apunta el mercado es generalizar la existencia del segundo grupo. Tener un sueldo de miseria, saber que puedes ser sustituido en cualquier momento y tener que seguir pagando tus deudas es ahora aprovechado por las empresas para intentar negociar a la baja, pero lo que los sindicatos no han entendido todavía es que no pueden participar, como lo están haciendo, en procesos de sustitución de unos trabajadores bien pagados por otros mal pagados y eso está sucediendo en la actualidad. Por tanto o se recupera una fuerte conciencia social del “juntos sí se puede” o bien el sindicalismo pasará a la historia en unas pocas décadas.

Existen críticas sobre la dependencia del poder.

Es necesario también desligarse de una vez de los partidos políticos “madre” y de los sindicalistas que están en la política y viceversa. Hoy en día hay demasiados matices que unen a los sindicatos de clase con los viejos partidos y al final si levantas la cabeza te das cuenta de que son el reflejo unos de los otros en un espejo roto. Estas relaciones están además fuertemente ancladas desde las ejecutivas sindicales y quienes hemos intentado hacer nuestro trabajo más allá de intereses políticos sabemos a la perfección que nos coartan el camino por temor. Ahí se produce un ciclo de recambio de determinados delegados descontentos sin que eso transcienda de lo interno. En mi caso no ha sido así pero la gente suele marcharse sin hablar porque otra cosa que no han aprendido los sindicatos de clase es que la libertad de expresión es un derecho constitucional, pero ellos están completamente cerrados a cualquier tipo de crítica. A mí se me ponían los pelos de punta cuando quienes tomaban la palabra siempre en los congresos eran políticos del PSC, de CiU o del PP. “Cortesía institucional” me decían, yo solía levantarme ante tanta hipocresía. Cuando hablo de sindicatos de clase quiero que se entienda que me refiero a lo que tienen la consideración de representativos en las mesas de negociación y en los comités de empresa y en este país esa dualidad está repartida entre UGT y Comisiones Obreras.

¿Qué necesitan para volver a conectar con la sociedad?

Los sindicatos son ahora simples gestorías de necesidades individuales de una persona trabajadora, la pérdida de masa industrial en este país ha sido un cataclismo para el sindicalismo de clase que ha visto como los sectores más fuertes, como la minería o la siderurgia se han difuminado y muchas veces han sido esos sindicatos de clase los que han acabado pactando sin contar con el trabajador. Actuando de ese modo no es fácil volver a tener credibilidad. Aunque la legislación española les dé la capacidad de negociar en nombre de todos y todas, ellos saben que no cuentan con consensos porque llevan tiempo firmando acuerdos que suponen una pérdida general de derechos para todos. Así que habría que empezar por cambiar la Ley Orgánica de Libertad Sindical para que los grandes acuerdos se firmen únicamente con el consenso de la clase trabajadora. Por otro lado, tras tres huelgas generales fallidas algunas mentes pensantes deberían empezar a darse cuenta de que la huelga de un día no es útil, tampoco está resultando útil darse un paseo por las calles con unas pancartas cada uno de mayo.

¿Cómo se llega a los pequeños autónomos, al camarero del bar de la esquina?

Resulta imprescindible por dichos motivos el cambio de legislación. Es curioso y paradójico pero ese papel de los sindicatos de asumir y monopolizar los derechos de la clase trabajadora ha convertido precisamente a los trabajadores y trabajadoras en elementos pasivos porque el conocimiento de sus derechos lo tienen otros en exclusiva. Sales a las calles y preguntas a la gente por su convenio y lo desconocen, preguntas por el Estatuto de los Trabajadores y apenas conocen su contenido porque en teoría ya hay “otros” que se ocupan de estas cuestiones. Por eso hay que devolver al trabajador lo que es suyo y eso debe hacerse extensible a todos los sectores. Se habla mucho hoy día de empoderamiento, pues bien, se debe empoderar a la clase trabajadora y hacerla partícipe de todo. El monopolio sindical debe finiquitarse precisamente para ser más fuertes todos.

Las pequeñas empresas no son todavía conscientes de que un trabajador bien pagado y contento de ir cada mañana a su puesto de trabajo es un trabajador que rinde más. Lo que ahora están haciendo con los contratos por horas es absolutamente indignante. Ahora resulta que hay trabajadores que no saben cuánto cobrarán a fin de mes porque un día les llamarán para hacer cinco horas, al día siguiente no les llamarán pero trabajarán doce horas el  sábado. Lo primero para poder actuar es concienciar y para poder hacerlo hay que forzar un cambio en la legislación pero parece ser que los sindicatos de clase no están dispuestos a buscar formas alternativas de lucha y es lamentable porque en este país cuando se ha luchado de verdad siempre ha tenido que ser por encima de leyes injustas, con un alto coste para muchos y muchas pero hoy día cuesta mucho ver en las caras de los dirigentes sindicalistas ni una mota de polvo de lo que sus antecesores fueron e hicieron.

¿Recetas para las nuevas situaciones de precariedad y el desempleo?

La precariedad y el desempleo no la han creado las personas trabajadoras de este país y habría que empezar teniendo eso muy presente. La precariedad la han creado las grandes empresas, la burbuja inmobiliaria y la vampirización que se ha hecho de la clase trabajadora junto con la imprescindible colaboración del Gobierno y la legislación. Los ricos siguen aumentando sus ingresos cada año, del bolsillo de cada uno de nosotros se ha rescatado a la banca y donde antes teníamos plantillas de cincuenta trabajadores ahora hacen el mismo trabajo la mitad. El problema no es la crisis, el problema es que algunos han creado precariedad y desempleo para enriquecerse. Un nivel alto de desempleo genera una competencia entre la clase trabajadora que es difícil combatir y eso los grandes del IBEX 35 lo saben perfectamente y por eso se están adueñando de parte del trabajo que existe en lo público. Solo hace falta ver las adjudicaciones que desde las distintas administraciones se están dando a empresas como ACS, Ferrovial, Revaloriza o FCC. Por tanto, ante la precariedad y el desempleo hace falta una oferta pública de ocupación de grandes dimensiones. Solo por poner un ejemplo, si por cada dependiente creáramos un puesto de trabajo tendríamos ya reducido un 30% del actual desempleo. Lo que no debemos aceptar es que el tercer sector ahora se esté convirtiendo en la nueva fuente de generación de riqueza para los de siempre. ¿Qué hace un tipo como Florentino Pérez a cargo de miles de puestos de trabajo en el sector de la dependencia? Es más que preocupante esta situación y no veo que nadie haga nada para impedir esas intromisiones. Los sindicatos están bien calladitos y los gobiernos  están vendiendo lo que es de todos a este tipo de empresas. Ahí radica uno de nuestros grandes problemas: la privatización de lo público.

¿Debería abordar un sindicato luchas como las de la PAH con los desahucios?

Yo misma como responsable de Justicia por UGT en Lleida estuve en movilizaciones de la PAH. Realmente era la única sindicalista de mi sector que participó en encierros en bancos y en algún desahucio. Sé que ahí ha habido miembros del sindicato que han estado presentes, al menos en Lleida, no sé lo que ha pasado en otros lugares pero el problema luego me lo encontraba al volver a toparme con algunas funcionarios afiliados que había o tenían que formar parte de estas lamentables comisiones de lanzamiento. Porque la prensa sigue llamándole desahucio pero el acto en sí se denomina brutalmente como he dicho, lanzamiento. Estos trabajadores a los que yo representaba no tenían ningún interés en mi presencia en esos actos así que resultaba complejo hacerles entender que lograr que la gente mantuviera una vivienda y que consiguiera la dación en pago era una realidad a la que incluso ellos podían enfrentarse y que yo no estaba solo defendiendo a la PAH sino a todo un futuro de personas que podían verse de un día para otro en una situación similar. Solo hace falta tener una hipoteca y que uno de los miembros de la pareja pierda su trabajo para verse en poco tiempo inmersos en un procedimiento hipotecario. Algunos lo entendían y otros no, la realidad es que sucedió así, algunos compañeros que trabajan precisamente en la Administración de Justicia se han visto en esta situación.

¿Tendrían que ser grandes o pequeños? ¿Generales o específicos?

Hoy día prolifera el sindicalismo específico o de sector en muchos lugares y para mí eso es un debilitamiento de la lucha colectiva. Un sindicato para médicos, otros para enfermeras, otro para auxiliares y así sucesivamente. Es cierto que son colectivos con distintas responsabilidades pero fragmentarse en pequeños sindicatos no les da más poder ni más fuerza para negociar sus condiciones laborales, en todo caso los trabajadores pueden tener la percepción de que es así pero a la hora de conseguir mejoras colectivas que nos conciernen a todos esos sindicatos no están teniendo la capacidad de unirse y trabajar juntos.

¿Cómo tendrían que organizarse y financiarse?

No se trata ya únicamente de financiarse, que creo que debería llevarse a cabo a través de las cuotas de cada afiliado, de ahí la necesidad de independencia respecto al gobierno de turno. Depender de subvenciones te debilita pero de esta cuestión ni UGT ni CCOO están por la labor puesto que perderían parte de sus ingresos. Hoy día estos sindicatos ofrecen seguros médicos, seguros de hogar, de coche, descuentos en grandes empresas, pisos y un sinfín de simplezas que desdibujan por completo su sentido.

La jerarquía sindical hoy es una de las principales barreras para el cambio. Dígale usted a un señor o señora de la ejecutiva que lleva veinte años liberado que vuelva a su puesto de trabajo. La respuesta es que no vuelven, que se quedan anclados a los sillones y que impiden la renovación con la entrada de gente joven sin miedos ni favores a devolver al entorno político. Mi renuncia a continuar estando en UGT vino precisamente por esa jerarquía porque pasaba más tiempo teniendo luchas internas con ellos que dedicándome a mi labor sindical. ¿Alguien puede creerse que cuando los empleados públicos catalanes hemos recibido los mayores recortes en derechos laborales UGT te prohíba manifestarte ante la sede de CIU? Pues imagínate hasta qué punto hay que tener vínculos con CIU para que quien se autodenomina “sindicato” acabe prohibiéndote tu labor. No entiendo cómo algunos pueden dormir con la conciencia tranquila.

Mucha gente prefiere la lucha individual…

Te pondré un ejemplo que explica a la perfección cómo se consiguen ganar pequeñas batallas y eso responde a la pregunta y es vía es el futuro o debería serlo. Esto ocurrió ya en mi etapa final como sindicalista. Cayó en mis manos un escrito del TSJ de Catalunya en el que pretendían aniquilar los juzgados de Violencia sobre la Mujer de la mayor parte de Catalunya, proyecto que pretendía llevar a cabo también el propio Departament de Justicia. Cuando leí aquello empecé a pensar qué hacer. Contacté con una de las personas en Lleida que para mí es un ejemplo de lucha absolutamente envidiable, Victoria Pacheco, miembro de diferentes mareas. Junto con ella nos reunimos en un bar con Jaume Moya, actual portavoz de Justicia en el Congreso por las distintas confluencias de Podemos. Luego empecé a distribuir el escrito entre miembros de la marea lila, otros partidos que sabía que apoyarían la iniciativa, como la CUP, y llegó también a las manos de UGT en Catalunya. Entre todos llegamos a hacer una presión de tal calado que el conseller, Carles Mundó, tuvo que salir a rectificar y remitir un escrito en el que decía que no se iba a llevar a cabo el proyecto de reducción de juzgados de Violencia sobre la Mujer en Catalunya. Ahí tenemos partidos políticos comprometidos, asociaciones de mujeres, los movimientos de las mareas y sí, también tenemos el sindicato. Este es el camino, cada uno de nosotros dejó atrás nuestras banderas o nuestras siglas y nos pusimos todos y todas al servicio de una causa. Creo que no tardamos una semana en conseguir la rectificación.

¿Cómo se puede afrontar el cambio de modelo inevitable ante amenazas como el cambio climático?

Esta es la cuestión esencial y es que estamos hablando de trabajo y de futuro, sabiendo que o bien cambiamos de modelo productivo o bien en breve no quedará nada, ni trabajo, ni futuro. En eso la resistencia de la gente es enorme, cuando se plantea el cierre de una central nuclear las presiones son enormes por parte de la gente que vive de ella pero no son conscientes de que ni sus nietos ni sus bisnietos vayan a estar ahí cuando ellos hayan desaparecido, probablemente no exista ya nada más que desertificación y una enorme chimenea resultado de la arqueología industrial. Y ante esta cuestión no hay sindicato que se atreva a posicionarse pero deben hacerlo, aquí ya no estamos hablando de unos cuantos puestos de trabajo, estamos hablando de nuestra supervivencia, algo que ni las grandes potencias quieren afrontar. El cooperativismo y la ecología deben integrarse en nuestro futuro como clase trabajadora, si las grandes empresas están dispuestas a dejarnos sin nada, habrá que organizarse para volver a tener el poder que nos han sustraído. De ahí la importancia -que quiero recalcar de nuevo- de empoderar a la clase trabajadora y esa labor se debe llevar a cambio desde muy temprano y no debemos olvidarnos de la educación como trampolín para llegar a esa finalidad. 

¿Cuál es entonces el principal reto?

Su principal reto quizás no quieran asumirlo y es el de abandonar el mando y convertir las decisiones en colectivas. Y el reto está también ahí para la clase trabajadora. Me sentí muchas veces criticada por pertenecer a UGT pero luego me fijaba en los resultados electorales y UGT y CCOO son los sindicatos más votados, por tanto algo tendrá la propia clase trabajadora de responsabilidad en que sigan siendo ellos quienes decidan. De igual forma que esta sociedad tiene también responsabilidad en que un partido como el PP siga gobernando a pesar de los escándalos de corrupción y de llevarnos a situaciones extremas de pobreza y exclusión social.

¿Tenemos que asumir que hay derechos que no se van a recuperar?

Yo misma he asumido ese mantra que repetido una y otra vez, parece una gran verdad. No obstante y a pesar de mi enorme decepción con el sindicalismo de clase, no quiero dejar de creer que habrá un “estallido” de presión social en algún momento que revierta la actual situación que vivimos. No hay nada más triste que asumir como lo estamos haciendo, de una forma tan natural, que “nuestros hijos no vivirán mejor que nosotros”. Seguramente estamos errando en lo que significa “vivir mejor” porque, y eso es una opinión personal, vivir mejor no es trabajar más horas, ni ganar mucho dinero, ni comprar un coche cada cinco años; vivir mejor es ser el dueño de tu destino y en este sentido me niego a dejar de tener esperanza aunque viva momentos de flaqueza. Ese mantra nos ha sido inculcado de tal modo que en este punto creo que todos debemos asumir nuestra responsabilidad y nuestra indiferencia. Es fácil sentarse a esperar que alguien cambie las cosas, yo lo he vivido durante estos años cuando intentaba hablar con la gente “porque los sindicatos debéis…”. ¿Perdón? Yo soy una trabajadora como tú que ha asumido únicamente una responsabilidad distinta a la tuya pero tu barco y el mío son los mismos. El Estado del Bienestar entendido como un pacto de la socialdemocracia para evitar el comunismo nos ha acostumbrado a dar las cosas por hechas.

Así es lógico que la gente considere que las vacaciones, las horas extra, los descansos, un buen sueldo, una educación de calidad o una sanidad universal son cosas que han surgido de la nada pero eso no es así. Han costado sudores, han costado la sangre de muchas personas, la represión, la tortura y la cárcel y arreglar esas mentalidades burguesas de un simple trabajador pasa por un trabajo enorme e intenso de educación y conocimiento pero personalmente no acepto el victimismo como excusa para no hacer nada. Yo sueño con volver a recuperar el espíritu de la CNT y la FAI que tanto hicieron por los derechos sociales en este país. Hoy día puede que solo nos quede la esperanza de que la CGT vuelva a reforzarse y a ganar más afiliación porque desde mi perspectiva es el único sindicalismo de clase que podría agrupar el actual descontento social. 

Donación a La Marea

1. Joaquín Pérez Rey: “Los sindicatos deben aprender de los movimientos sociales”

Más en lamarea.com

Read More

Carta de despedida de UGT: una sindicalista sin sindicato

ugt

SONIA GATIUS LÓPEZ*// Escribo estas líneas desde la decepción más profunda y después de unos años en que las acciones sindicales que he llevado a cabo con buenos resultados no han superado las trabas con las que me he topado por partes de los cuadros sindicales de UGT, de lo que denominamos “las ejecutivas”, así en plural, porque he topado con casi todas ellas, a nivel local, autonómico y nacional.

Encontré tardíamente mi vocación en el sindicalismo hace casi seis años  -aunque si a los 16 años en tu primer trabajo en una fábrica te niegas a limpiar baños por no corresponderte esa labor, supongo que eso es tener ya inculcado el sentido de reivindicar tus derechos laborales- y vi en el ofrecimiento que me hizo UGT la posibilidad de cambiar pequeñas cosas en el sector de justicia al que pertenezco. No hubo en mi aceptación a la liberación sindical principios ligados al sindicalismo de UGT, si en esos momentos CCOO me hubiera propuesto la liberación, también la hubiera aceptado. Yo quería cambiar cosas y eso era todo. Los delegados de UGT de justicia imagino que algo vieron en mí, pero lo que sí es cierto es que desde el primer día que pisé un juzgado como trabajadora sentí esa losa de la jerarquía y del mutismo por parte de los funcionarios de los que me distancié de inmediato. Así que nos encontramos a una licenciada en historia, trabajando en un juzgado desde el año 2004 y al que se le propone hacer acción sindical en 2010. Iba a poder aligerar esa losa y esa posibilidad fue suficiente para que aceptara sin pensarlo demasiado la propuesta de UGT.

No necesito la aceptación ajena para saber que desde el inicio realicé una acción sindical más propia de la que tenía en mi imaginario histórico que la que realmente existía en el mundo del empleado público que se caracteriza por sindicatos corporativos, sin conciencia de clase alguna ni preocupación por lo que ocurra fuera del sector, y que responden a la pregunta de su o sus afiliados que suele ser siempre la misma “¿Cómo va lo mío?”. Ese carácter de gestoría sindical no era la que yo quería practicar, mi ambición era conseguir que un día los empleados públicos de justicia se interrogasen acerca de “¿Cómo va lo nuestro?”.

No he conseguido lograr ese objetivo, aunque soy consciente de que  mi acción sindical diferenciada se ha hecho notar en toda la provincia en estos años y me siento satisfecha por ella y sé a ciencia cierta que UGT también lo está, pero la brecha que se ha ido creando entre lo que las ejecutivas dicen a lo que las ejecutivas hacen, hace ya tiempo que ha instaurado una disfunción demasiado grande como para poder seguir haciendo mi trabajo teniendo mis principios intactos.

La clase trabajadora

Desde los ochenta aproximadamente la lucha obrera dejó paso al sindicalismo de concertación y diálogo, se consiguieron avances importantes en derechos laborales y sociales pero paulatinamente se fue dejando de lado a quien era el objeto mismo de nuestra existencia: la clase trabajadora. Fuimos tomando las riendas del diálogo social, tomando decisiones no consensuadas ni por delegados ni por afiliados ni por el resto del mundo del trabajo y así, gota a gota, se fue perdiendo el contacto con los principios del sindicalismo de clase para dejar paso a otra cosa. Demasiados políticos en el sindicalismo y demasiados sindicalistas en la política han llevado -y no sólo a UGT- a perder y seguir perdiendo todos los días. Las ejecutivas se han convertido en estructuras casi tan rígidas como las de los partidos políticos, viviendo cada uno de sus cargos en un peldaño a la espera de que el peldaño superior quede vacío para ocupar su puesto.

Me consta que no soy la única delegada descontenta pero por lo común los delegados y delegadas vamos pasando y renunciando en silencio, el sindicato nos reemplaza y todo sigue igual. En varios congresos he alzado mi voz crítica ante cualquiera que estuviera delante, ya fuera el actual secretario general, Pepe Álvarez, o Camil Ros, actual  secretario general de UGT en Catalunya. He intentado por activa y por pasiva cambiar  esas estructuras e, ingenua de mí, me doy cuenta de que están demasiado soldadas a sus actuales puestos como para querer cambiar nada. He recibido felicitaciones de compañeros y compañeras tras mis discursos, siempre en petit comité no vaya a ser que las discrepancias se notaran demasiado. A esas personas que se acercaban a mi tras los congresos les decía “¿y por qué no has alzado tu voz también tú?“. Silencios…

Hasta ahora he sido la responsable de Justicia en Lleida, he visto nombrar a mi responsable autonómico desde arriba sin que se nos hubiera consultado a los delegados de justicia, ni mucho menos a los afiliados. Desde arriba me dicen que así está contemplado en nuestros estatutos, la democracia está en los estatutos lo mismo que los derechos fundamentales está en la Constitución de 1978 (sic). He visto cómo esos cargos están estrechamente vinculados al PSC o bien al PSOE y he visto mi derecho a la protesta coartado por esas ejecutivas prohibiéndome manifestarme ante la sede de CIU cuando los empleados públicos catalanes hemos sufrido los peores recortes de todo el Estado y he recibido muchas veces llamadas por hacer público este debate “invitándome” a que callara y que únicamente mostrara mi descontento hacia dentro. No he callado ni seguiré callando y puede que algún mando se alegre de quitarse de encima a la oveja negra de Lleida pero yo me voy con la conciencia bien tranquila, sabiendo que he hecho un buen trabajo y que no solo en USA se alzan muros. Muros tan altos como intentar explicar lo que ocurre con una empresa de mantenimiento, escribir un buen artículo sobre ello y verme amenazada por ni más ni menos el IBEX-35  con una querella y tener que aceptar una rectificación humillante que cuestiona mi trabajo como delegada de prevención, sin que esas históricas siglas que tanto tiempo he representado no tuvieran más que decirme que “o rectificas tú o lo hace UGT”. (Ver aquí y aquí). Una no deja de ser sindicalista por dejar de pertenecer a unas siglas, el sindicalismo es un sentir por la justicia social que va más allá de un cargo.

Creo poder decir sin sonrojarme que he hecho una acción sindical en justicia como no se había hecho antes en Lleida y que mi despacho no ha sido una “asesoría” sino un lugar en el que intentar despertar conciencias. Debo decir que en este punto tampoco me siento satisfecha, puesto que seguramente no hay colectivo más inmovilista e indiferente que el empleado público. Somos trabajadores por cuenta ajena, aunque la mentalidad dista mucho de ser la de clase obrera y contra eso, créanme, es muy difícil luchar.

El sindicalismo de clase suele acudir a sus logros históricos para reivindicarse hoy día pero, queridos mandos, no podéis escudaros eternamente en la lucha de otros que ya murieron para seguir en este inmovilismo tan cómodo. Las últimas tres huelgas generales os dejaron rotos, los medios y los ataques no han ayudado a levantaros pero sois parte del problema mientras sigáis teniendo miedo por apostar a la valentía, mientras tengáis que seguir devolviendo favores al entorno político y mientras consideréis que seguir en esta “paz social” es el camino. No soy yo la que va a decir que no somos necesarios, al contrario, somos imprescindibles pero no si seguimos siendo tan condescendientes. Hay que unirse a las mareas de todo el Estado, a los partidos de la verdadera izquierda que quieren devolver al pueblo lo que el bipartidismo y la globalización les ha quitado, hay que dejar de firmar acuerdos que supongan pérdidas de derechos y no, un mal acuerdo no es mejor que ningún acuerdo. Un mal acuerdo es y será siempre una pérdida irrecuperable y ante el sinsentido que tienen hoy las mesas de negociación hay que reaccionar con contundencia.

En el último congreso que tuve la oportunidad de escuchar a Pepe Álvarez en Lleida, cuando nos anunció su cargo como secretario general de UGT, dijo algo que ni me impresionó, ni me sorprendió pero que no he olvidado y era algo más o menos así: “Seguiré siendo el mismo en Madrid, yo seguiré siendo “moderado”. Pues bien, no son épocas de moderación y como no puedo evitar ni quiero evitar ser moderada, desde hoy mismo abandono unas siglas cuyo fundador seguramente vería ahora con gran tristeza.

*Sonia Gatius López ha sido responsable de Justicia de UGT en Lleida.

Más en lamarea.com

Read More