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Dos soldados marroquíes condenados a cadena perpetua por ayudar a saharauis

Hombre saharaui con turbante cerca del campamento de refugiados de Dajla, Tindouf. Foto: José Bautista.

El Tribunal Militar de Rabat ha condenado a cadena perpetua a dos soldados del Ejército marroquí por “incorporarse al enemigo” e incurrir en delitos de alta traición al ayudar a que civiles saharauis huyeran hacia los campos de refugiados de Tindouf, situados al sur de Argelia y gestionados por el Frente Polisario.

Según la información del diario local Assabah y que difundió la Agencia EFE, los militares, con rango de sargento y sargento primero, están destinados en Bir Ganduz, en la zona sur del Sáhara Occidental. El Tribunal Militar de Rabat afirma, además, que estos soldados son culpables de “incitar a la incorporación a grupos rebeldes”, en alusión al Frente Polisario, considerado grupo terrorista en el Reino de Marruecos. Los condenados fueron espiados durante varios meses por la Gendarmería Militar, que finalmente los arrestó en marzo. Entre las pruebas aportadas por este cuerpo de policía político-militar hay mensajes de redes sociales que los soldados condenados enviaron a “partes cercanas al enemigo fuera del territorio nacional”, así como banderas de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

En 1975, tras la fugaz salida de España de la provincia del Sáhara Occidental ordenada por el entonces príncipe en funciones Juan Carlos de Borbón, Marruecos y Mauritania se anexionaron el territorio y dieron comienzo a una guerra que se prolongó 16 años. En 1991 Marruecos y el Frente Polisario, representante oficial del pueblo saharaui, firmaron el alto el fuego e iniciaron conversaciones en aras a un referéndum de descolonización organizado por Naciones Unidas que hasta el día de hoy no se ha celebrado.

Actualmente la población saharaui vive dividida entre los territorios ocupados por Marruecos y los campamentos de refugiados de Tindouf, Argelia. En junio el expresidente de Alemania Horst Köhler asumió la responsabilidad de desbloquear esas negociaciones después de que en 2016 se vivieran varios sucesos que estuvieron a punto de poner fin a la paz entre ambas partes. Actualmente entre los principales puntos de fricción de Marruecos y el Frente Polisario están los acuerdos comerciales con la Unión Europea y el macrojuicio contra 24 saharauis por las protestas de Gdeim Izik, entre otros.

El juicio contra los soldados marroquíes que ayudaron a ciudadanos saharuis no contó con la presencia de periodistas internacionales. La labor informativa es especialmente compleja en los asuntos relacionados con el conflicto saharaui, así como en el territorio del Sáhara Occidental bajo control marroquí. En 2016 la policía alauí expulsó a almenos 100 extranjeros de la antigua colonia española, según la Agencia EFE.

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La dignidad y el desierto

Campamento de Dajla I La Marea

Este texto está elaborado a partir de reflexiones conjuntas con otros miembros de la comisión sanitaria de APSS con que viajé a los campamentos.

Breve historia de la indignidad para con el pueblo saharaui

En el sudoeste argelino, cerca de Tinduf, alrededor de 200.000 refugiados saharauis sobreviven en cinco campamentos desde hace más de 40 años. Son los supervivientes y los descendientes de la huida posterior a la ocupación del Sáhara Occidental por parte del Estado marroquí. Cabe recordar que esta huida por el desierto fue dificultada por los frecuentes ataques militares con armamento convencional y químico del ejército de Marruecos, sin olvidar los cientos o miles de desapariciones forzadas efectuadas por el gobierno marroquí.

El enquistado conflicto del Sáhara Occidental es responsabilidad, en gran medida, de la falta de firmeza del gobierno español desde los últimos días de Franco hasta la actualidad. De hecho, el Sáhara Occidental es el último territorio por descolonizar que queda en África. Según Naciones Unidas, la potencia colonizadora continúa siendo España; es, por tanto, la responsable del proceso de descolonización de este territorio. Continúa pendiente el referéndum de autodeterminación acordado por Marruecos y el Frente Polisario en 1991, solución avalada por la ONU y obviada por la comunidad internacional.

La fragilidad actual de los campamentos saharauis

Esta primavera he tenido la oportunidad de estar en los campamentos saharauis en una comisión sanitaria con APSS, una pequeña asociación catalana. Pude comprobar que su población sobrevive gracias a la ayuda internacional de multitud de ONG y de —la allá a menudo cuestionada— ACNUR. Las ayudas internacionales que reciben son cada vez más escasas, lo cual aumenta aún más la fragilidad de la población refugiada. El enquistamiento y la pérdida de actualidad del conflicto estarían llevando a una disminución progresiva de la ayuda humanitaria.

Las remesas exteriores de familiares saharauis (y de las familias no saharauis) con las que han establecido vínculos, por ejemplo, mediante los programas de vacaciones en paz conforman otra parte muy importante de la economía de los campamentos, así como el establecimiento de pequeños negocios (tiendas de comida, de electrodomésticos y móviles, ropa, reparaciones…) y las corruptelas en que participan algunas personas. Desgraciadamente, todas estas formas actuales de subsistencia llevan a búsquedas individuales de solventar las necesidades básicas y a diferencias sociales cada vez más marcadas entre los refugiados.

Estas personas viven en un territorio cedido por el gobierno de Argel, en el que las posibilidades para desarrollar actividades de economía productiva, más allá del pastoreo de dromedarios, cabras y ovejas, son bastante escasas. Todo esto ha llevado a que gran cantidad de ellas, a menudo con formación universitaria, se habitúe a vivir sin realizar trabajos productivos. Esta habituación al asistencialismo lo fomentamos las personas que visitamos los campamentos: lo comprobamos en pequeños detalles como que los niños nos pidieran con frecuencia caramelos o incluso euros. Quienes realizamos tareas de ayuda humanitaria debemos reflexionar sobre las contradicciones en las que caemos, como ocurrió en mi caso: di caramelos y dulces a los niños y adultos mientras participaba en una acción sanitaria para el control de la diabetes.

Respecto a mi anterior visita hace seis años, tengo la sensación de que una parte probablemente minoritaria pero quizá cada vez mayor de la población saharaui está adoptando estéticas y maneras del integrismo islámico. Esta preocupante tendencia la encontramos más entre gente joven, incluso recién llegada de sus estudios en Cuba. De aumentar, esta moda puede aislar a una población acogedora y tradicionalmente abierta al mundo, al espantar la cooperación.

Una población que era nómada hasta hace sólo 50 años se ha ido sedentarizando y consolidando su residencia en esta región argelina, especialmente seca y calurosa. Por ejemplo, en los últimos años ha llegado la electricidad de forma generalizada, así como Internet. Asimismo, a raíz de las lluvias torrenciales de octubre de 2015, muchas casas reconstruidas y construidas ex-novo están utilizando el cemento en mayor o menor medida (en función del dinero que la familia puede invertir). Así, se sedentarizan aún más alojamientos que tenían vocación de provisionalidad, hasta regresar a la tierra anhelada. Al mismo tiempo, los pocos recursos económicos de que disponen las familias refugiadas pueden verse colapsados el día en que el gobierno de Argel deje de regalarles la electricidad y tengan que pagarla.

La dignidad y el desierto

Pese a todas estas dificultades, la población saharaui refugiada me mostró la dignidad de saber vivir en el desierto y de querer volver a su tierra sin la amenaza constante a sus derechos humanos que padecen los que viven en los territorios ocupados por Marruecos. Los saharauis han construido y consolidado su identidad nacional en menos de 50 años, con valores internacionalistas y de solidaridad.

Recibí de ellos la generosidad y la hospitalidad de quienes saben de la importancia de la solidaridad para sobrevivir en un territorio tan inhóspito como es el desierto.

Me transmitieron la paciencia de continuar viviendo allá con esperanza, si bien percibí el riesgo de continuar sobreviviendo sine die de la asistencia internacional, en un territorio que no es el suyo, desierto de posibilidades de economía productiva más allá del pastoreo. Dicha esperanza puede, por tanto, ir truncándose en desidia y apatía.

Admiré su tenacidad de haber construido ciertos servicios educativos, sanitarios y sociales, pese a la precariedad y las grandes dificultades para mantener a largo plazo lo que construyen. En una parte significativa, dichos servicios se han desarrollado gracias a la solidaridad de los pueblos (español, italiano…) y a la formación de varias generaciones saharauis en el exterior (Cuba, Argelia, Libia…).

Visitar los campamentos es un aprendizaje humano inolvidable. Allá he aprendido un poco del lenguaje de la gente del desierto, que tiene semántica de persistencia, fonética de orgullo y gramática de calma.

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Marruecos retoma el macrojuicio a 24 saharauis del campamento Gdeim Izik

Desmantelamiento del campamento protesta Gdeim Izik, cerca de El Aaiún (Sáhara Occidental).

A las 17 horas de este lunes las autoridades marroquíes volvieron a sentar en el banquillo de los acusados a 24 saharauis por su presunta relación con la muerte de once gendarmes a finales de 2010, durante los disturbios que ocurrieron tras el violento desmantelamiento del campamento protesta Gdeim Izik.

Tras más de seis años en prisión, los 24 imputados se enfrentan de nuevo a las acusaciones de “formación de banda criminal, violencia contra la fuerza pública con resultado de muerte y mutilación de cadáveres”. Ya en 2013 un tribunal militar de Rabat condenó a los inculpados a penas de entre 20 años de cárcel y cadena perpetua, pero el juicio fue declarado nulo por incompatibilidades -los 24 acusados son civiles-, la falta de pruebas y la presión internacional. En diciembre de 2016 se reabrió el caso por la vía civil, dando lugar a una primera vista que duró seis horas y que estuvo plagada de momentos de tensión. Aquella sesión fue aplazada por orden del juez después de que los imputados y sus familiares esgrimieran lemas a favor del referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental.

Tal y como sucedió en ocasiones anteriores, las autoridades marroquíes pusieron trabas a la presencia de observadores internacionales. Francisco Serrano, uno de los cuatro abogados españoles enviados por el Consejo General de la Abogacía Española para observar el juicio, fue retenido a su llegada en Tánger, pero finalmente la policía le dejó asistir al macrojuicio.

De momento el tribunal no ha aceptado las denuncias de organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, que destacan el carácter político de este juicio y aseguran que los 21 encarcelados -uno de los tres acusados en libertad condicional, el joven Hassana Aalia, vive en España, aunque el Ministerio del Interior rechazó su petición de asilo político- son víctimas de múltiples violaciones y torturas físicas y psicológicas en la cárcel con las que habrían forzado sus confesiones.

La Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS) convocó manifestaciones frente a los consulados del reino alauí en quince ciudades de España. En Madrid, decenas de personas se congregaron frente a la Embajada de Marruecos para pedir la liberación de los presos políticos saharauis. Frente a la puerta de la delegación diplomática marroquí les aguardaba un saharaui que lleva en huelga de hambre desde el pasado 16 de diciembre para reivindicar “derechos sociales y económicos”.

A finales de 2010 más de 20.000 saharauis residentes en el Sáhara Occidental ocupada por Marruecos erigieron sus haimas a 15 kilómetros de El Aaiún y crearon un campamento protesta bautizado como “Dignidad” (“Gdeim Izik”) para protestar contra las malas condiciones de vida y la discriminación laboral que sufre la población autóctona de la antigua provincia española. Cuando las autoridades marroquíes enviaron a la policía y el ejército a desmantelar el campamento, los saharauis enarbolaron consignas independentistas y se iniciaron los enfrentamientos violentos en los que murieron 11 gendarmes y dos saharauis. En aquel momento, Marruecos expulsó del territorio a todos los periodistas.

El campamento Gdeim Izik fue el precursor de la Primavera Árabe, según varios analistas y pensadores, incluido Noam Chomsky, y el episodio más violento entre marroquíes y saharauis desde que el Frente Polisario y Rabat firmaron el alto el fuego en 1991 para organizar un referéndum de autodeterminación que dirima el futuro del último territorio africano pendiente de descolonización y cuya soberanía, en términos legales, sigue correspondiendo a España.

El juicio se enmarca en un contexto de creciente tensión militar entre ambas partes. Este lunes un diario marroquí filtró que el general Fatalah Uarrak, que la semana pasada fue nombrado máximo jefe militar del país por el rey Mohamed VI, no tendrá entre sus funciones la comandancia de la Zona Sur (Sáhara Occidental), donde el ejército tiene desplegado el grueso de sus tropas. Se trata de un hecho sin precedentes, informa EFE.

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