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Palabras de Ceausescu antes de ser ejecutado el día de Navidad de 1989

Por Un Vallecano en Rumanía.

Sin embargo, cuando le dejamos frente al muro, su actitud fue sorprendentemente digna. En voz alta, gritó “Viva la República Socialista de Rumania y la independencia! !Muerte a los traidores! !La historia nos vengará!”, después de lo cual comenzó a cantar un fragmento de “La Internacional”.

Se cumplen hoy 28 años de la ejecución sumarísima a manos de los golpistas que tomaron el poder en Rumania en diciembre de 1989 de Nicolae Ceausescu y su esposa Elena. La suerte del presidente de la República Socialista de Rumania estaba echada desde que, pocos meses antes, había rechazado las peticiones-órdenes de Gorbachov para implementar las reformas aperturistas, para facilitar la restauración total del capitalismo, que el líder soviético había iniciado en la Unión Soviética, conocidas en Occidente como Glasnost o Perestroika.

Imagini pentru ejecucion de los ceausescu
Imágenes de la ejecución sumarísima de los Ceausescu
A pesar de que no se puede olvidar la responsabilidad del propio Ceausescu durante su gobierno, pues era el máximo responsable del Partido Comunista de Rumania, en la restauración del capitalismo con este golpe de estado contra la clase trabajadora rumana, tras de un proceso de reformismo y abandono de los principios marxistas a partir del XX Congreso de la URSS y la sustitución de la República Popular Rumana por la República Socialista Rumana en 1965 (“la república de todo el pueblo”, según su propia definición constitucional, aparcándose ya la lucha de clases o la dictadura del proletariado), lo cierto es que en sus últimos años destacó frente a líderes de otros paises por oponerse con determinación a las reformas impuestas desde Moscú; hay que subrayar, por ejemplo, la decisión de reparar el error de endeudarse con el FMI en los años 80, devolviéndose la deuda en los últimos años del socialismo rumano a marchas forzadas, lo que hizo que los rumanos tuvieran que apretarse el cinturón, aunque en ningún caso se pudiera hablar de pobreza, hambre o desempleo, algo que es habitual, sin embargo, en todo régimen capitalista (tal y como pueden comprobar hoy en sus propias carnes los rumanos después de 28 años de dictadura del capital).

La necesidad de eliminar por la vía rápida a los Ceausescu surgió de esa “cabezonería” del presidente rumano en defender el socialismo (por muy desviado que estuviera del marxismo-leninismo o sui generis que este fuera) frente a los que intentaban, como en Rusia, restaurarlo con la complicidad del propio Partido Comunista; la élite del PCR, que ya vivía desde los años 60 una vida privilegiada, aunque ceñida con el corsé de la economía y legislación socialista, estaba encantada con la idea de romper las limitaciones y poder enriquecerse sin obstáculo alguno, así que veían al líder rumano como una piedra en el camino; una piedra demasiado grande, pues el pueblo rumano, o al menos gran parte de él, los trabajadores, le hubieran apoyado si este hubiera aparecido ante ellos como defensor del socialismo y negándose a aceptar los cambios impuestos por el imperialismo, Rusia y la élite del partido rumano.
El testimonio de los soldados que cumplieron las ordenes de ejecutar a los Ceausescu deja claro que, en ningún momento, el presidente rumano perdió la dignidad ni abandonó sus principios:

Nuestro camino hacia el paredón hizo que ellos (Nicolae y Elena Ceausescu) perdieran a veces las fuerzas, en tramos fueron llevados en volandas por mis compañeros. En un principio, ellos creían que les llevábamos al helicóptero, hasta que han comprendido la situación. Entonces vi a Nicolae Ceausescu como un hombre, no como al presidente, y sus ojos estaban humedecidos por las lágrimas. Sin embargo, cuando le dejamos frente al muro, su actitud fue sorprendentemente digna. En voz alta, gritó “Viva la República Socialista de Rumania y la independencia! !Muerte a los traidores! !La historia nos vengará!”, después de lo cual comenzó a cantar un fragmento de “La Internacional”.

En el anterior testimonio, Dorin Cârlan, soldado del pelotón de ejecución, cuenta también como la ejecución fue sin contemplaciones, prácticamente a bocajarro, y que el capitán Boierul Ionel y el sargento mayor Gheorghiu Octavian dispararon sin aviso previo, a una distancia de un metro, un metro y medio, y el resto de los soldados les siguieron: “No me di cuenta, pero en los pantalones y en las botas tenía al terminar huellas de huesos y sangre“.
Imagini pentru rumania socialista

Previamente, antes de la ejecución, durante la farsa de juicio que se les preparó a los Ceausescu en la Base Militar de Tirgoviste, el que hizo de fiscal preguntó a Nicolae Ceausescu: “Debería decirnos por qué no responde a nuestras preguntas. ¿Qué le impide hacerlo?”. Y Ceausescu respondió, con total claridad: “Responderé a cualquier pregunta, pero sólo en la Gran Asamblea Nacional, ante los representantes de la clase obrera. Digan al pueblo que responderé todas sus preguntas. Todo el mundo debe saber lo que está pasando aquí. Sólo reconozco a la clase obrera y a la Gran Asamblea Nacional, a nadie más“.

Precisamente eso era lo que pretendían los traidores golpistas: que nadie supiera lo que estaba pasando allí, evitar que Ceausescu siguiera negándose, como era claro que iba a hacer, a la restauración del capitalismo de mercado.

28 años después aquel crimen sigue impune, la élite del PCR que apoyó el golpe de estado hoy conforma la gran burguesía nacional y dirige todos los partidos políticos (los partidos comunistas están prohibidos) y la clase trabajadora has ido condenada a la emigración (3 millones de rumanos han huido del país para poder ganarse la vida), a la pobreza (el 50% de los trabajadores vive con menos de 250 euros al mes) y un 25% de los rumanos sobreviven en los límites de la miseria.

No es de extrañar que en todas las encuestas realizadas en estos casi treinta años los rumanos confirmen que prefieren el sistema socialista al capitalista, y que vivían mejor antes del golpe de estado de diciembre de 1989 que con el desastre y saqueo generalizado sufrido por la clase trabajadora en los 28 años siguientes de dictadura del capital; algo que en los últimos años también se puede decir de los más jóvenes, que han vivido siempre bajo un sistema de explotación y desigualdad y a los que sus abuelos y padres cuentan con nostalgia cómo vivían los trabajadores en la Rumania Socialista.

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Rumanía espera en el comedor

sieranevada rumanía

En La muerte del señor Lazarescu (2005), Cristi Puiu narraba la historia de un anciano que llama a una ambulancia porque se siente mal y cuando llega al hospital deciden trasladarlo de centro. La historia se repite en el nuevo hospital, y en el siguiente, y en el siguiente… Su salud se va deteriorando poco a poco en una noche angustiosa y absurda. En sus películas, Puiu trabaja a menudo el mito de Sísifo, condenado por Hades a empujar eternamente una roca ladera arriba; cuando está a punto de llegar a la cima, la roca cae y Sísifo debe empezar otra vez su tarea desde cero. Los personajes de Puiu viven el mismo drama y se convierten en epítomes de todo un país.

En su último filme, Sieranavada, Puiu elabora un minucioso retrato de Rumanía a partir de una situación cómica pero perturbadora: Lary, el protagonista, es un médico que regresa al hogar familiar para asistir a un homenaje fúnebre dedicado a su padre. Todo está dispuesto para que se sienten a comer, pero no pueden hacerlo hasta que llegue el pope, que debe rezar un responso. Ese será el primer impedimento, pero no el único, para que la reunión se desarrolle con normalidad. Puiu coloca la cámara en el estrecho recibidor de la casa y la asoma por las puertas, que se cierran y se abren para contar los pequeños conflictos cotidianos de unos personajes que resumen la tragedia nacional. Ya en la primera escena, un larguísimo plano secuencia en el que una zanja impide avanzar a los coches, se expresa la idea central de la historia de Puiu: cualquier movimiento requiere un esfuerzo enorme, y no parece que vaya a haber recompensa después de todo. Y como ocurre frecuentemente en los velatorios, la tristeza da paso a la risa, una carcajada irrefrenable, trágica y, paradójicamente, vivificadora.

El pueblo rumano se parece al español en muchas cosas: el humor fue fundamental para sobrevivir al régimen de Ceausescu y lo mismo ocurre hoy, cuando la corrupción mantiene literalmente secuestrada a la población civil. En 2015, más de 1.250 sospechosos de corrupción acudieron a declarar a los tribunales, entre ellos un primer ministro, cinco ministros, 16 diputados y cinco senadores. Alrededor de estos casos se ha organizado una floreciente comunidad de activistas que utiliza el humor para desnudar a sus representantes políticos: hay tours por Bucarest para contar la historia de la corrupción, imprimen álbumes de cromos de los políticos condenados y hasta han desarrollado páginas webs a modo de comparador de sobornos. Allí pueden consultarse las mordidas que hay que pagar en los diferentes hospitales, ventanillas públicas o comisarías. A pesar de todo este esfuerzo (una de las plataformas más activas en este sentido es la del colectivo Funky Citizens), del encomiable trabajo de la Dirección Nacional Anticorrupción y de las continuas manifestaciones populares, 50 alcaldes procesados fueron reelegidos por abrumadora mayoría en las elecciones municipales de 2016. La historia les suena, ¿verdad?

Rumanía soñó con un porvenir dorado tras la revolución de 1989, pero no ocurrió. Volvió a pensar que la regeneración era posible cuando entraron en la Unión Europea en 2007, pero siguen esperando. En Sieranevada, Puiu reproduce con maestría toda esta frustración a través de una serie de personajes que nunca ven colmadas sus aspiraciones, especialmente Lary, el doctor que abandona su profesión para sobrevivir como comercial médico, que se equivoca al comprar el disfraz de su hija para la fiesta del colegio, que le regala una bicicleta estática a su madre pero que no funciona porque la tensión eléctrica en Rumanía es diferente, que no puede avanzar en coche debido al tráfico, que no puede aparcar… El antihéroe de Puiu es un hombre atrapado hasta la cintura en arenas movedizas y su tragedia se desarrolla, a lo largo de casi tres horas de metraje, en un minúsculo apartamento atestado de gente en el que se oyen los ecos de Samuel Beckett, de El ángel exterminador de Buñuel, de Robert Altman y hasta de los hermanos Marx.

El filme, que compitió por la Palma de Oro en Cannes, no es cine convencional. Se mueve en otros parámetros. Algunos de los críticos más conservadores no han sabido (o no han querido) comprender todo lo que esconde la arriesgada apuesta de Puiu. Otros, como Nando Salvà, dicen de ella que es “el tipo de película para el que el calificativo obra maestra fue inventado”.

Según su director, el título Sieranevada pretende desconcertar a los espectadores, porque en realidad no significa nada. Curioso pero, en el fondo, lógico: el cineasta rumano ha firmado un exquisito tratado de la condición humana que habla de casi todo. ¿Cómo demonios se titula eso?

*Sieranevada se estrena en España el viernes 21 de julio

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