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El juez Andreu propone juzgar a la antigua cúpula de Bankia por la salida a Bolsa

El expresidente de Bankia, Rodrigo Rato. I La Marea

MADRID // El juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu ha dado por concluida la investigación abierta del “caso Bankia”, que investiga la salida a Bolsa de la entidad, y ha procesado a 34 personas, entre ellas al expresidente Rodrigo Rato; al exconsejero delegado, Francisco Verdú y a los exconsejeros José Luis Olivas y José Manuel Fernández Norniella. A todos ellos, el juez les imputa los delitos de falsedad en las cuentas anuales de los ejercicios 2010-2011 y fraude de inversores por incluir datos falsos en el folleto informativo para la salida a Bolsa.

El juez ha sobreseído el procedimiento para la auditora Deloitte y para los directivos de la CNMV y del Banco de España (BdE), cuya imputación había solicitado la acusación popular. Quedan fuera de la causa, entre otros, el exgobernador del BdE, Miguel Ángel Fernández Ordóñez y el exvicepresidente Javier Aríztegui.

A lo largo de 253 folios, el magistrado resume los cinco años de investigación penal. Además de los interrogatorios practicados, Andreu se ha basado en los informes periciales recabados, que le permiten concluir que los estados financieros individuales y consolidados de BFA (la matriz de Bankia) a 31 de diciembre de 2010 y a 31 de diciembre de 2011, así como las cuentas anuales de Bankia de 2011, no reflejaban la imagen fiel de la situación económica de la entidad.

“Cuentas maquilladas”

En su escrito, el magistrado sostiene que los administradores de BFA y Bankia “aprobaron unas cuentas maquilladas sobre la verdadera situación de las entidades que administraban, que no reflejaban la imagen fiel de las mismas, de manera que no mostraban la verdadera situación económica de la Entidad con el consiguiente perjuicio tanto para los que posteriormente suscribieron acciones de la mercantil cotizada, como para el Estado”.

Por ese motivo, el juez argumenta que debe procederse contra los miembros del Consejo de Administración que adoptaron las decisiones, en tanto que tenían un deber especial de actuación y datos suficientes para conocer la conducta de sus subordinados que podría crear un riesgo jurídicamente desaprobado, como así ocurrió, “Debían adoptar cuantas cautelas y medidas de prevención fueran necesarias”, escribe el juez.

El magistrado de la Audiencia Nacional también considera que los consejeros investigados falsearon la información económica que contenía el folleto informativo elaborado para la salida del banco a Bolsa. Según Andreu, no sólo se produjo una falsa información al inversor, sino que “se llegó a producir un perjuicio para los nuevos accionistas, quienes basaron su inversión en una información y unos datos que resultaron ser falsos”.

Reflejo irreal de Bankia

Por ese reflejo “irreal” de la situación de Bankia que mostraba el folleto informativo, el juez imputa el delito de fraude de inversores a Bankia y BFA S.A. como personas jurídicas y a Rato, Verdú, Olivas y Fernández Norniella en tanto que participaron en la  reunión del Consejo de Administración de Bankia que aprobó la inclusión de esa información en el folleto. El mismo delito se imputa también al auditor externo como cooperador necesario,  por analizar, verificar y dictaminar la corrección y veracidad de las cuentas de Bankia que se presentaron en ese folleto de emisión para su salida al parqué bursátil.

La Comisión Intersindical de Crédito, personada como acusación popular, atribuyó a varios directivos de la CNMV y del Banco de España su responsabilidad en la comisión de los hechos investigados. Sin embargo, el juez ha descartado su responsabilidad penal. En el caso de la CNMV, Andreu explica que su labor era la de adoptar las medidas necesarias legalmente establecidas para la protección de los inversores, “y no parece razonable exigirle que constatara por sus propios medios que los estados financieros incluidos en el folleto y avalados por el auditor representasen la imagen fiel de la entidad”. Respecto al Banco de España, el juez reitera que no fue decisión suya la salida a Bolsa, aunque no se opusiera a ella, y que “no ha participado en la ficción de aparentar solvencia donde no la había”.

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Simona Levi: “Estamos satisfechos con la sentencia de las ‘black’ pero no hay que bajar la guardia”

La activista Simona Levi I La Marea

MADRID // Si el Tribunal Supremo no rebaja las penas impuestas por la Audiencia Nacional, los dos expresidentes de Caja Madrid y Bankia, Miguel Blesa y Rodrigo Rato, pueden acabar en la cárcel por el escándalo de las tarjetas black (los sobresueldos opacos que 65 directivos de la entidad percibieron entre 2003 y 2012). La sentencia, emitida este jueves, condena a seis años de prisión a Blesa, y cuatro años y seis meses a Rato por un delito continuado de apropiación indebida. El tribunal también ha impuesto al resto de exconsejeros y exdirectivos unas penas de entre tres meses y cuatro años de cárcel.

“Estamos satisfechos pero no hay que bajar la guardia. Vamos a velar para que los condenados cumplan la pena impuesta en el juicio”, advierte la activista Simona Levi, cofundadora de 15MpaRato. Esta plataforma ciudadana ha jugado un papel fundamental en todo el proceso judicial que sentó a Rato y Blesa en el banquillo de los acusados. Su labor ha sentado un precedente que va más allá de la revelación de un caso de corrupción concreto, ya que ellos también persiguen que se haga justicia.

Levi reconoce que la rapidez con que ha se ha conocido el fallo judicial le ha pillado por sorpresa. De hecho, el juicio concluyó el pasado 2 de febrero. En tres semanas, la Audiencia Nacional ha redactado una sentencia de 259 folios que ha sido “contundente”, con una aplicación “muy precisa” de la ley, pero que exculpa a los dos expresidentes de la entidad del delito de administración desleal. “Y esto deja la puerta abierta a una posible absolución o a una rebaja de las penas en instancias judiciales superiores”, apunta Levi. Por ese motivo, reclama a la sociedad civil que sea muy vigilante y mantenga la presión para que el caso no caiga en el olvido ni se relajen las condenas.

La sentencia, dice la activista del Partido X, habla con claridad de apropiación indebida, “o sea, robar”. “Lo que hemos querido demostrar es que los que han robado no son ladronzuelos ni se trata de manzanas podridas. Aquí ha habido un diseño criminal de Estado, con una clara intencionalidad de saqueo institucional”, prosigue Levi, quien recuerda que de los 12 millones de euros saqueados de las arcas del banco, por el momento solo han devuelto 4.600.000 euros.

Además de que, finalmente, se ha hecho justicia en el caso de las black, Levi se muestra muy satisfecha por la lucha que miles de ciudadanos anónimos han hecho durante los últimos cinco años a través de 15MpaRato. “Han sido años muy duros en los que hemos tenido muy poco reconocimiento y poco respeto por parte del sistema, pero ha quedado claro que la lucha vale la pena. Si la sociedad civil se implica activamente, todo es posible. Ahora debemos trabajar para que todo ese esfuerzo permanezca”, concluye.

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La AN condena a seis años de cárcel a Blesa y cuatro a Rato por el caso de las ‘tarjetas black’

El expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa. I La Marea

La Audiencia Nacional (AN) ha condenado este jueves a seis años de prisión a Miguel Blesa y a cuatro años y medio a Rodrigo Rato, por un delito continuado de apropiación indebida entre los años 2003 y 2012 por el caso de las tarjetas black de Caja Madrid y Bankia. Los dos expresidentes de la entidad financiera han recibido las condenas más elevadas por parte de la Sección Cuarta de la AN, que también ha condenado al exdirectivo Ildelfonso Sánchez Barcoj a dos años y seis meses de cárcel, al considerarlo colaborador y cómplice de la trama. El tribunal sí ha absuelto a los tres del delito de administración desleal.

En su sentencia, la AN deja claro que fue en 1996, con la llegada de Blesa a la presidencia de Caja Madrid, cuando se adjudicó una segunda tarjeta “al margen” de las retribuciones habituales del consejo de administración, lo que propició que el resto de consejeros tuvieran una. Todos “les dieron un uso particular que tuvieron por conveniente contra el caudal de Caja Madrid, contribuyendo a la merma del mismo”. Rato dio continuidad a este sistema de retribuciones opacas cuando llegó, en 2012, a la presidencia de Bankia.

También este jueves la Audiencia Provincial de Palma ha decidido poner en libertad sin fianza a Iñaki Urdangarín, condenado a más de seis años de prisión por prevaricación, malversación, fraude, tráfico de influencia y dos delitos fiscales por el caso Noos. El fiscal Horrach solicitaba para Urdangarín prisión eludible con el pago de una fianza de 200.000 euros, pero los magistrados de la Audiencia han desestimado esta petición.

Los jueces sostienen que “el arraigo” y “la conducta” hasta ahora observada por los acusados permite estimar que “el incremento del riesgo de fuga” que puede suponer la sentencia puede ser “conjurado” con medidas cautelares “menos gravosas” que garanticen su sujeción al control del tribunal. Hasta que el Tribunal Supremo decida sobre los recursos presentados, el marido de la infanta Cristina seguirá viviendo en Ginebra con su pasaporte. El tribunal también ha dejado en libertad sin fianza a Diego Torres, socio de Urdangarín en Noos y condenado a ocho años de prisión, aunque en su caso sí le ha retirado el pasaporte.

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“Mal rato”, un relato de ficción política de Isaac Rosa

Desde el primer número, nuestra revista mensual incluye un relato de ficción. Se trata de otra más de nuestras apuestas atípicas. Isaac Rosa ha sido, durante casi todos los meses, el responsable de invitarnos a usar la ficción para ensanchar los límites de la realidad. Como él mismo afirma, “no es un ejercicio de fantasía, es solo un poco de imaginación. De imaginación política, sí, esa de la que andamos tan faltos”.

En diciembre hemos publicado sus últimos 16 relatos en un libro titulado Welcome, en el que el autor sevillano parte de una de las preguntas más fructíferas: ¿qué pasaría si…? Ahora liberamos el primero de estos cuentos, titulado “Mal rato“, que da respuesta a esta sugerente idea: ¿Qué pasaría si un ex presidente de Bankia (sí, ese que estás pensando) saliese a la calle solo, sin coche ni escolta?

Puedes leerlo completo a continuación. Además, y sólo hasta el domingo 12 de febrero a las 23:59 horas, te ofrecemos un 15% de descuento al comprar el libro Welcome, tanto en formato digital como en papel. Para disfrutarlo, simplemente tienes que aplicar el código MALRATO al iniciar la compra en nuestra tienda online.

Si tienes alguna duda, escríbenos a pedidos@lamarea.com o llámanos a los teléfonos 91 531 36 06 / 633 601 207.


Ilustración de Diego Quijano para "Mal rato", un relato de Isaac Rosa.

Ilustración de Diego Quijano.

Mal rato

Eres Rodrigo Rato. Sí, tú. Querrías no serlo, en este momento más que nunca. Pero eres Rodrigo Rato. Si te giras, ahí está tu reflejo en la puerta acristalada del restaurante. No es que necesites comprobar tu propia identidad, sólo quieres ver tú también lo que ven quienes ahora pasan por esta calle. Ahí estás, inconfundible, con cara de apertura de telediario, un rostro demasiado conocido y con ese aura magnética propia de todo famoso, que atrae las miradas incluso cuando no lo reconocen. No es tu caso: claro que te reconocen. Has olvidado las gafas de sol en la mesa, y no es buena idea volver a entrar. Mejor que en la puerta del restaurante, puedes verte reflejado en los ojos de quienes al pasar ralentizan la marcha, te miran sin disimulo, giran la cabeza, comentan con sus acompañantes, señalan, te señalan. “¡Es Rodrigo Rato!”

¿Dónde está el coche? Y sobre todo, ¿dónde está tu escolta? Lo del chófer lo disculpas, es una calle con un solo carril y no hay aparcamiento a la vista, estará en una calle próxima, o en un parking, escuchando el fútbol o haciendo esos estúpidos sudokus. Pero el escolta, qué hace que no está en la puerta, o en la acera de enfrente, o como muy lejos en un bar próximo del que ya debería haber salido al verte ahí, detenido en la puerta del restaurante, con la gabardina en el brazo y esa expresión de urgencia. No es la primera vez que se despista, que da por hecho que una comida durará lo suficiente como para acercarse a un centro comercial próximo, a comprar cualquier mierda, y te obliga a llamarlo como ahora. Llamarlo. El teléfono. ¿Dónde…? ¿Quedó ahí dentro, sobre la mesa? Te giras para buscar tu mesa, la que acabas de dejar a la carrera y sin haber probado ni el primer plato, pero el cristal te devuelve tu mirada nerviosa.Volver adentro no es buena idea, ni siquiera estás seguro de que el teléfono esté ahí, que siga ahí, que no lo haya cogido al descuido algún camarero o uno de esos hijos de puta que te jodieron la comida antes de empezar. En cuanto aparezca el escolta llamarás a la compañía para que bloqueen el terminal, pero para eso primero debe regresar tu protector, y no lo distingues entre los muchos que circulan por esta calle comercial y te miran con incredulidad, incluso sacan el teléfono para fotografiarte. Tienes que moverte cuanto antes, pasmarote. Como no ves el interior del restaurante, imaginas a los clientes también fotografiándote desde sus mesas, tuiteando la imagen del gran hombre desvalido en la pecera, los camareros y hasta el maître uniéndose a la chanza.

Empezaron apenas entraste, confirmando la inquietud que sentiste cuando el coche te dejo hace unos minutos a la puerta y viste la fachada, la calle, el barrio. Un restaurante que no conoces, muy recomendado pero territorio inexplorado para ti, mal lugar para una cita, sobre todo cuando el maître te dijo que no disponían de reservado, que la mesa a tu nombre era esa, en un lateral de un comedor lleno. Te tranquilizó ver tanta corbata, gente de negocios, no tan proclive a la fácil demagogia y al linchamiento como aquellos cretinos que hace unas semanas te persiguieron por el aeropuerto al bajar de un avión. Unos graciosos, que se cobraron como trofeo varios vídeos pronto viralizados, en los que aparecía el gran hombre acelerando el paso como un cervatillo. Aquí no, en principio no te pareció un territorio hostil, pese al silencio que atronó a tu llegada: todas las cabezas se giraron hacia ti, con asombro, sonrisas de reconocimiento, codazos. Te sentaste a la mesa y, mientras esperabas a tu compañero de almuerzo, te refugiaste en el teclado del teléfono para no cruzar la mirada con quienes murmuraban el único tema de conversación posible. No sabes quién fue el primero, qué más da. De pronto un tipo levantó la voz y soltó, con entonación graciosa: “Alguien ha arruinado un banco… Y no me gusta señalar”. Todos se unieron en carcajada, y para confirmar que conocían el viejo chiste de Gila, en seguida hubo réplicas desde otras mesas: “Alguien ha defraudado a Hacienda… Y no me gusta señalar.” “Alguien viaja mucho a Suiza… Y no me gusta señalar”. Así siguieron otras ocurrencias, apenas audibles bajo las carcajadas, mientras tú fingías absurdamente estar pendiente del teléfono. “Camarero, ¿aquí se puede pagar con tarjeta Black?”, preguntó un chistoso, y ya no tenía sentido aguantar más, era el momento de retirarse, no sin antes dar un sorbo de dignidad al vaso de agua, para después levantarte despacio y caminar hacia la salida sin apariencia de fuga, con paso calmo entre los abucheos. Y ahí sigues, en la puerta.

Descartado buscar refugio en el restaurante, das unos pasos cortos hacia la derecha. No piensas alejarte, el conductor y el escolta te buscarán en el restaurante, es sólo moverte, dejar de ser el pez en la pecera para burla de los comensales e intentar que en movimiento tu rostro sea menos reconocible para quienes no sólo te señalan y comentan, sino que han empezado a seguirte. Mientas caminas despacio por la acera, de reojo un escaparate te descubre que ya hay una decena en espontáneo tropel tras tus pasos, con los teléfonos preparados para cuando te gires.

Ya no eres tú quien toma las decisiones, son tus piernas las que reciben la atávica descarga de adrenalina desde el sistema nervioso, la orden para preparar la huida, por ahora contenida en una aceleración del paso, espaciar la zancada, lo que sólo sirve para convencer a los indecisos, los que aun dudaban de si tú eres realmente quien pareces o es sólo un desdichado parecido físico, pero sí, es él, Rodrigo Rato, qué hace aquí, a dónde va, espera granuja, que no te hacemos nada, cuidado con las carteras que hay un ladrón cerca. Risas. Giras la primera esquina y esos dos segundos en que dejan de verte te anima a correr, pero correr hacia dónde, sólo empeoraría la situación, alimentaría más sus ganas de seguirte, no corres pero aprietas un poco más el paso, la nueva calle tiene más tráfico y buscas una luz verde de taxi. La calle tiene también más peatones, que al cruzarse contigo, ahora además alertados por el revuelo a tu espalda, se detienen pasmados, buscan deprisa la cámara del teléfono, algunos se unen a la comitiva mientras tú prosigues tu caminata ya al límite de la carrera. Sigue sin aparecer el taxi que te salve.

No tiene sentido prolongar la persecución, ni alejarte aún más del punto de recogida, así que al girar otra esquina te cuelas en el primer local. En un primer vistazo reconoces una de esas tiendas de conveniencia que llaman “chinos”. Al menos confías en que la nacionalidad del propietario lo tenga al margen de la actualidad española. Que no te conozca. Avanzas hacia el fondo, das los buenos días al chino, que no ha levantado la vista del televisor, y te detienes en un estante como quien busca algo que necesita. Son productos de limpieza, detergentes baratos, imaginas la foto resultante si alguno de los perseguidores entrase móvil en mano: el gran hombre, rodeado de chismes de plástico y juguetes made in China, mira con atención un friegasuelos de menos de un euro la botella.

Te tranquilizas al ver que nadie más entra en la tienda. Hay revuelo a la puerta, oyes voces, cuánto aguantarán, se darán por vencidos o pedirán refuerzos, avisarán a las televisiones, lo que daría un productor de informativos por estas imágenes: el exministro, el padre del milagro español, el jefazo del Fondo Monetario Internacional, el ex banquero, el juguete roto, el chivo expiatorio que todos necesitan, el enemigo público, el gran villano, mírenlo ahí, acorralado en un chino, como un animalito asustado.

“¿Puede dejarme usar su teléfono?”, preguntas al dueño, que se ha girado hacia ti con una bolsa de plástico en la mano, el gesto mecánico con que pensaba recibir la litrona o la bolsa de patatas. “Teléfono, por favor”, vocalizas con claridad, ayudando la comunicación con un gesto universal de mano haciendo auricular en la oreja. El chino te señala unas tarjetas de prepago colgadas de la pared, en el momento en que entra una mujer en la tienda. Es joven, no tiene aspecto de linchadora sino de madre que ha bajado a buscar el ingrediente que le falta para la comida. Sin embargo, tras un vistazo a la nevera, saca en gesto rápido el teléfono y apunta hacia ti, mientras desde la calle llegan gritos de aprobación. “¿Hay alguna puerta trasera?”, urges al chino, y qué tonterías se te ocurren, una puerta trasera peliculera que dé a un callejón con cubos de basura, desde el que trepar por una escalera de incendios y huir por los tejados. Claro que no, ni siquiera hace falta que te conteste el de la tienda, la chica ya ha salido y habrá compartido tu pregunta con los demás, esas risas lo confirman.
¿Y ahora qué? ¿Cómo sales de aquí? ¿Echas a correr hacia la calle y no paras hasta encontrar a tu chófer, a tu escolta, a un taxi, hasta alcanzar tu portal o caer antes infartado en la acera? ¿Te quedas aquí hasta que se aburran y se vayan? ¿Hasta que te saquen a rastras? ¿Llamas a la policía? ¿Y qué les dices, si nadie te ha puesto un dedo encima, nadie te ha empujado a entrar, nadie te ha amenazado? ¿Les dices que tienes miedo?

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Hacienda acusa a Rodrigo Rato de defraudar 6,8 millones de euros

Rodrigo Rato I La Marea

El exvicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato defraudó hasta 6,8 millones de euros entre los años 2004 y 2015. La acusación procede de la Oficina Nacional de Investigación del Fraude (ONIF), según consta en el informe de 600 páginas que este organismo dependiente del Ministerio de Hacienda ha remitido al juzgado. Según la ONIF, durante ese periodo de tiempo Rato obtuvo unas rentas no declaradas superiores a los 14 millones de euros. A través de una maraña societaria, el expresidente del FMI y de Bankia podría haber defraudado casi siete millones de euros. No obstante, si se excluyen los ejercicios anteriores a 2009 y fiscalmente prescritos, el supuesto fraude sería de unos 5,4 millones de euros, con cantidades superiores a los 120.000 euros que se consideran delito fiscal en todos los años, según recoge la agencia EFE.

Rato, cuya fortuna está siendo investigada desde hace dos años, habría cometido el fraude mediante “ganancias de patrimonio no justificadas derivadas del tráfico de dinero con el extranjero y no declarado fiscalmente; ganancias de patrimonio sin previa transmisión de rentas, rendimientos de actividades económicas como conferenciante y gastos de la actividad empresarial que no son deducibles”.

El informe de la ONIF, clave para seguir avanzando en la investigación judicial, habla de tráfico de dinero a través de las sociedades panameñas Red Rose Limited y Westcastle, la británica Vivaway y la española Kradonara, que habrían sido utilizadas para ocultar rentas y cuyo beneficiario habría sido el propio Rato.

El inicio de las pesquisas sobre el origen de la fortuna del exvicepresidente del Gobierno comenzó en abril de 2015, cuando la ONIF alertó a la Fiscalía de Madrid de irregularidades en el patrimonio de Rato e inició un proceso que empezó con el registro de su domicilio y su despacho particular, la incautación de documentación y su detención televisada.

La denuncia de Antifraude se producía apenas 24 horas después de que el 14 de abril trascendiera que el exministro estaba siendo investigado por la unidad de inteligencia financiera, el Sepblac, dependiente del Ministerio de Economía, por un posible delito de blanqueo de dinero tras acogerse en 2012 a la amnistía fiscal a la que se adhirieron 30.000 contribuyentes.

Esta nueva acusación de la ONIF llega pocos días después del final del juicio contra la antigua cúpula de Bankia por el uso de las tarjetas black, que ha quedado visto para sentencia tras 28 sesiones orales. Por este caso, Rato se enfrenta a una petición fiscal de 4,6 años de prisión y una indemnización de 2,6 millones de euros.

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