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80 años de la masacre franquista de Navidad

Se habla mucho del fascismo, de como la vida de los que piensan y actúan de forma diferente no tiene ningun derecho, pero la Memoria Histórica si tiene, para todos los trabajadores, el derecho de no olvidarla, pues la Dictadura Franquista, por sus hechos, si era un Régimen basado en el Terror y el Fascismo como forma de imponerse a la población, mediante la muerte y el miedo, con la complicidad de la Iglesia.
Por eldiario.es.
 
* 196 hombres y mujeres fueron fusilados por las tropas franquistas en una operación que comenzó el día de Navidad de 1937.
* Para desencadenar la matanza el gobernador militar utilizó como excusa un falso complot republicano.
* “A mi abuelo Matías y a muchos otros les apresaron en plena cena de Nochebuena. Así era la cruel pasta de los asesinos”, declara a eldiario el nieto de una de las víctimas.
Matías Escalera, fusilado el 25 de diciembre de 1937, fotografiado junto a su esposa Lucía.
Matías Escalera, fusilado el 25 de diciembre de 1937, fotografiado junto a su esposa Lucía. Carlos Hernández de Miguel

Fue el día de Navidad más sangriento de la historia de Cáceres. El 25 de diciembre de 1937 un piquete compuesto por 60 guardias civiles fusiló a 34 hombres en el campo de tiro adyacente al cuartel del regimiento de Infantería Argel 27. Entre las víctimas se encontraban maestros, sindicalistas, militantes de partidos democráticos y hasta cargos públicos como el alcalde de la ciudad, el socialista Antonio Canales, y el presidente de la Diputación, Ramón González Cid, de Izquierda Republicana. La ejecución masiva conmocionó a la ya de por sí atemorizada población extremeña. Sin embargo, la orgía de sangre no había hecho más que empezar. En los días siguientes se multiplicaron los fusilamientos en la capital cacereña hasta completar la escalofriante cifra de 196 ejecutados.
El cerebro de esta operación represiva fue el gobernador militar Ricardo de Rada, un general africanista que se sumó desde el primer minuto al golpe de Estado contra la República liderado por Mola y por Franco. Prácticamente toda la provincia de Cáceres estaba bajo control de los golpistas desde el 22 de julio de 1936, pero según ha documentado el historiador José Hinojosa, los mandos militares franquistas siempre se sintieron amenazados por las unidades guerrilleras republicanas que se infiltraban en su retaguardia desde la vecina Badajoz: “Hubo una intensa actividad guerrillera dirigida por el comandante de milicias y exlíder comunista cacereño Máximo Calvo Cano que llegó a instalarse clandestinamente en la ciudad. De Rada, que había sido destinado a Cáceres en julio de 1937, en contacto con sus superiores y especialmente con el general Saliquet, denunció en diciembre la existencia de un complot republicano para recuperar el control de la provincia. Como represalia por esa supuesta amenaza empezó todo. Los estudios históricos han demostrado que ese complot nunca existió”.

Los propios franquistas también reconocieron, años más tarde, que se trató de un burdo montaje. El dirigente de la Falange cacereña José Montes fue uno de los que lo dijo con total claridad: “No hubo complot, entre otras cosas porque no había nada organizado, siendo una cosa inventada por los militares de mayor graduación, caso del gobernador militar Rada, para demostrar su autoridad”. La invención se llevó por delante a 182 hombres y 14 mujeres. Sus nombres aparecen en un macabro documento en el que los verdugos hicieron el recuento final de su operación. Por si alguien tenía dudas, en el encabezado del mismo puede leerse: “relación nominal de personas fusiladas con motivo del abortado complot del 23 de diciembre en Cáceres dirigido por el cabecilla rojo Máximo Calvo”.

196 vidas truncadas

“A mi abuelo Matías y a muchos otros los detuvieron durante la cena de Nochebuena. Sabían que estarían en sus casas con sus familias. Así era la cruel y endurecida pasta de los que ordenaron sus asesinatos”. Matías Escalera comparte nombre y apellido con su abuelo, uno de los primeros en ser fusilados: “Mi abuela envió a mi padre, que aunque era el mayor de cuatro hermanos solo tenía doce años ¡doce años!, a seguir de lejos al grupo que le llevaba detenido. Quería saber a dónde le trasladaban. Y mi padre les siguió hasta el mismo cuartel, en donde estuvo esperando, a la intemperie, hasta que le echaron de allí los centinelas. Mi abuela Lucía fue también una víctima más desde aquel día. Representa a miles de mujeres que se vistieron de negro siendo jóvenes y murieron de negro, ancianas, guardando una silenciosa memoria de sus maridos asesinados, con una dignidad imbatible…”
Memorial erigido en el cementerio de Cáceres en recuerdo de las víctimas del franquismo
Memorial erigido en el cementerio de Cáceres en recuerdo de las víctimas del franquismo
“Buena parte de los que fueron fusilados el día de Navidad junto a Matías —señala José Hinojosa—, como el alcalde de Cáceres, el presidente de la Diputación o un grupo de trabajadores ferroviarios de la UGT, llevaban meses en prisión y habían sido condenados a muerte en consejo de guerra. A partir de ahí, y hasta el 21 de enero, no pararon de fusilar. Entre las víctimas destacan algunos colectivos como los 40 militares del ejército franquista que fueron acusados de tener ideología republicana, los 16 mineros ejecutados la noche de Reyes o los 47 vecinos de Cáceres vinculados a organizaciones republicanas”.
En Navas del Madroño, un pueblo de apenas 3.000 habitantes, fueron asesinadas 54 personas en un solo día. 
En Malpartida de Cáceres fusilaron a una decena, entre ellos al popular tabernero Juan Doncel que pudo despedirse de su familia en una emotiva carta: “Escribo a mi esposa e hijos para despedirme de ellos. No podréis dudar de la conducta de vuestro padre que siempre ha sido bueno, honrado y trabajador. Os lo juro por la ceniza de mi padre. Querida esposa, a ti te toca con la ayuda de nuestros hijos defender el pan del día. De lo que disponemos tú dispondrás. ¿Qué más os voy a poner? tengo en la imaginación tanto que no puedo poner más. Un adiós para todos, para ti Josefa y María, Víctor, Dionisia, Rafael, Luisa, mi Alfonso y mi Antoñita, qué pequeñitos y sin padre. Recuerdos a mi hermana y a todos en general. Se despide tu esposo para siempre. Adiós a todos”. Pero Josefa no pudo “defender el pan del día”. Poco después de recibir la carta fue también detenida y, finalmente, fusilada el 2 de enero junto a otras 26 personas. Sus hijos fueron internados en orfanatos franquistas.
El documento en el que el ejército hizo balance de su acción terminaba con una “suma total”: 34+12+1+6+11+27+9+16+16+54+7+3=196. En el frío listado aparecen apellidos repetidos que indican la ejecución de padres e hijos o de hermanos. Entre los fusilados el 4 de enero pueden leerse los nombres de Ángeles, Antonio y Asunción Brú Casanova, cuyo hermana Rafaela ya había “desaparecido” a manos de los franquistas en agosto de 1936. “Esta gran masacre empezó en una fecha muy simbólica, la Navidad, y la Iglesia no hizo absolutamente nada para evitarlo —recuerda José Hinojosa—. Y eso que entre las víctimas había personas como el propio alcalde de Cáceres que habían tenido buenas relaciones con el estamento eclesiástico durante su mandato. La Iglesia se limitó a intentar que los reos aceptaran la extremaunción antes de ser fusilados”.
Documento en el que el ejército franquista hizo recuento de los 196 hombres y mujeres que fusilaron con la excusa del falso complot republicano.
Documento en el que el ejército franquista hizo recuento de los 196 hombres y mujeres que fusilaron con la excusa del falso complot republicano.
Tras más de 40 años de olvido, en 1979 fueron exhumados los primeros cuerpos de las víctimas. Historiadores como Manuel Veiga, Julián Chaves y José Hinojosa han ido sacando a la luz los documentos oficiales y los testimonios que revelan la magnitud y la crueldad de la matanza. 
Desde 2010, la Asociación Memorial en el Cementerio de Cáceres lucha por recuperar la memoria de las víctimas y ha logrado que el ayuntamiento cacereño erija un monumento que recoge los nombres de 675 hombres y mujeres asesinados por el franquismo, entre ellos las 196 personas que perecieron mientras sus verdugos celebraban la Navidad de su “segundo año triunfal”.

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El brigadista de Lviv

Por Slaviangrad.

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Yury Dmitriyevich Velikanovich nació el 9 de abril de 1910 en Ilnik, un pueblo que es ahora parte del distrito Turchovsky de Lviv, entonces parte del Imperio Austrohúngaro. Era hijo del profesor Dmitro Velikanovich, miembro de la Unión Nacional Democrática de Ucrania (UNDO) y que llegó a participar en la Dieta polaca entre los años 1928 a 1938.

Velikanovich realizó sus estudios básicos en la escuela ucraniana de Lviv. Mientras estudiaba filología (derecho según otras fuentes) en la universidad Jana Kazimierza de Lviv, a finales de los años veinte, se integró en las juventudes del movimiento de liberación nacional ucraniano. Fue parte activa de la sociedad Prosbita (la “Ilustración”), desde cuyos balcones Stetsko intentó proclamar el nuevo estado ucraniano tras entrar en Lviv junto a las tropas nazis. A partir de 1928, sin embargo, Velikanovich empezó a cooperar con la resistencia izquierdista y el Partido Comunista de Ucrania Occidental (CPWU). Como activista comunista, desarrolló entonces tareas de propaganda en las cooperativas campesinas de Volinia y en la región de Ternopil.

En el otoño de 1936, Velikanovich atendió la llamada del Komintern y se implicó como voluntario en la Guerra Civil española. Pasó a la clandestinidad y se dirigió a Checoslovaquia, donde siguió un entrenamiento militar secreto. A continuación, a través de Francia (donde estuvo detenido unos meses), llegó a Madrid en julio de 1937. Ahí se incorporó a las fuerzas republicanas.

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Combatientes de la Brigada Dombrowski prometen lealtad a la República española.

En España, el activista de Lviv se encargó inicialmente de la edición del boletín militar ucraniano-polaco. Posteriormente, luchó en el frente en la compañía conocida como los Cientos de Taras Shevchenko (o Shevchenkovtsy), impulsada por el CPWU. Junto al Batallón polaco Dombrowski, la compañía ucraniana fue parte de la constitución, en julio de 1937 en Albacete, de la XXIII Brigada de las Brigadas Internacionales.

A pesar de su dimensión mayoritariamente ucraniana, el primer comandante de la Brigada (y al mismo tiempo comisario político de la compañía Shevchenko) fue el bielorruso Stanislav Tomashevic. Según éste, desde el punto de vista de la formación de combate, la compañía ucraniana tenía un nivel muy alto gracias a la experiencia de una gran parte de sus miembros que habían servido previamente su servicio militar en otros ejércitos. Formaban la compañía Shevchenko voluntarios ucranianos y bielorrusos, además de polacos y españoles.

velik bandera

Escudo y bandera de la XIIIª Brigada Internacional

El bautismo de fuego de la Taras Shevchenko se produjo el mismo mes julio de 1937 en el frente cercano a Brunete. Allí, después de haber abortado el ataque de la caballería marroquí, junto con la compañía Adam Mickiewicz, sus miembros participaron en el ataque a las posiciones de las brigadas franquistas fortificadas entre Villafranca del Castillo y Romanillos de Atienza. En las feroces batallas que tuvieron lugar salieron finalmente vencedores, aunque perdiendo a la mitad de sus hombres. Las bajas fueron cubiertas por otros efectivos ucranianos procedentes de la zona de Galizia o Volinia.

En el frente de Aragón, en torno al 25 de agosto de 1937 en Belchite se enfrentaron con gran heroísmo, faltos de municiones, a las tropas italianas regulares, con la captura de varias de sus fortificaciones.

En este periodo, Velikanovich editaba, además, el periódico Borotba (Lucha). A finales de 1937, en el periódico aparecían obras de Shevchenko o artículos sobre el escritor o los kobzar, los bardos ucranianos itinerantes ciegos.

Entre diciembre de 1937 y febrero 1938, la XIIIª Brigada participó en las operaciones militares de la Sierra del Quemado (Peñalosa), una de las áreas de batalla en un frente que se extendía hasta Teruel. En marzo de 1938, la compañía participó en batallas defensivas pesadas en torno a Lleida donde por cuatro veces llegaron a romper el cerco nacionalista. También repelieron los ataques franquistas en las alturas cerca de la localidad de Caspe.

En marzo de 1938, el grupo Shevchenko retornó al frente de Aragón. En junio de ese año, Velikanovich cayó herido en la batalla por Cataluña. Después de recuperarse, combatió en el batallón especial de artilleros del 15ºCuerpo del Ejército de la República. Velikanovich murió, como comandante, el 7 de septiembre de 1938 (el 4 según otras fuentes) durante la Batalla del Ebro. Según puede leerse, durante la batalla los ucranianos mostraron su alta eficiencia en el combate, una evidente capacidad para atacar y contraatacar y la habilidad para hacer frente a los ataques de la caballería.

velik guada
Combatientes de la Brigada Dombrowski después de la batalla de Guadalajara

La muerte de Velikanovich en el frente precedió, en unas pocas semanas, a la retirada de las Brigadas Internacionales. La guerra de la compañía Shevchenko terminó el 28 de septiembre de 1938, cuando el Gobierno republicano de Juan Negrín aceptó la retirada de los internacionalistas. En su desfile del 28 de octubre en Barcelona, el pueblo presente en las calles les despidió con flores. Al retornar a Polonia, los ucranianos fueron detenidos por los gendarmes polacos y fueron encerrados en el campo de concentración de Beresa Kartuskaya (en la Bielorrusia actual).

A diferencia de Polonia, la URSS honró a la Taras Shevchenko. Durante el periodo soviético, el comandante Velikanovich fue considerado como un héroe internacionalista. Una calle de Lviv fue nombrada en su honor (antes de ser renombrada en 1990 con la primera “descomunización”). En 1982, en la zona del Nuevo Lviv, se erigió en uno de los parques un monumento a Velikanovich en recuerdo de su participación como Brigadista en España. El monumento no sólo recuerda su compromiso militar con la República sino también su amor por la cultura. Lleva un libro de notas en la mano, recordando así su papel como periodista y su afición por la literatura y la poesía. En 2010, unos vándalos trataron de cortarle la cabeza. Pero el monumento fue luego restaurado.

Con una UNDO radicalmente opuesta a la URSS, el padre de Velikanovich, en cambio, fue arrestado en 1940 por el NKVD y deportado a Kazajistán, donde murió. Fue rehabilitado en 1998 por las autoridades judiciales de Kazajstán.

La historia de Yuri Velikanovich muestra que ucranianos étnicos de la Galicia polaca, residentes fuera del territorio de la Ucrania soviética, se integraron en el combate a favor de la España republicana, una circunstancia que hoy podría sin duda sorprender. Pero no fue el único caso. Ya en agosto de 1936 consiguieron llegar a Madrid llegar 37 nativos de Ucrania occidental que se ganaban la vida como mineros y metalúrgicos en Bélgica y Francia. Tras ellos, a través del paso Javornik de los Cárpatos, en lo que era entonces la frontera entre Polonia y Checoslovaquia, viajaron ilegalmente de Galicia y Volinia a España otros 180 voluntarios, entre ellos Velikanovich. Algunas fuentes, citando al general soviético Alexander Rodimtsev, señalan que el número de nativos de Ucrania occidental en las Brigadas Internacionales llegó a ser de miles de personas.

Parte de ellos eran izquierdistas que habían huido de la represión polaca pero que no compartían la posición de los comunistas soviéticos y el proceso de sovietización de Ucrania. Las discrepancias terminaron con la decisión del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista de disolver en 1938 el CPWU. La lucha por la libertad y la cultura de Velikanovich, así como los conflictos entre Stalin y los partidos comunistas de la zona fronteriza con la Unión Soviética, dominada por Polonia, son una muestra de las contradicciones de la época. Unas contradicciones de las que las fuerzas más reaccionarias se aprovecharían, tras la caída de la URSS, para allanar el terreno del nacionalismo derechista y silenciar toda oposición izquierdista en el este de Europa.
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El brigadista de Lviv

Por Slaviangrad.

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Yury Dmitriyevich Velikanovich nació el 9 de abril de 1910 en Ilnik, un pueblo que es ahora parte del distrito Turchovsky de Lviv, entonces parte del Imperio Austrohúngaro. Era hijo del profesor Dmitro Velikanovich, miembro de la Unión Nacional Democrática de Ucrania (UNDO) y que llegó a participar en la Dieta polaca entre los años 1928 a 1938.

Velikanovich realizó sus estudios básicos en la escuela ucraniana de Lviv. Mientras estudiaba filología (derecho según otras fuentes) en la universidad Jana Kazimierza de Lviv, a finales de los años veinte, se integró en las juventudes del movimiento de liberación nacional ucraniano. Fue parte activa de la sociedad Prosbita (la “Ilustración”), desde cuyos balcones Stetsko intentó proclamar el nuevo estado ucraniano tras entrar en Lviv junto a las tropas nazis. A partir de 1928, sin embargo, Velikanovich empezó a cooperar con la resistencia izquierdista y el Partido Comunista de Ucrania Occidental (CPWU). Como activista comunista, desarrolló entonces tareas de propaganda en las cooperativas campesinas de Volinia y en la región de Ternopil.

En el otoño de 1936, Velikanovich atendió la llamada del Komintern y se implicó como voluntario en la Guerra Civil española. Pasó a la clandestinidad y se dirigió a Checoslovaquia, donde siguió un entrenamiento militar secreto. A continuación, a través de Francia (donde estuvo detenido unos meses), llegó a Madrid en julio de 1937. Ahí se incorporó a las fuerzas republicanas.

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Combatientes de la Brigada Dombrowski prometen lealtad a la República española.

En España, el activista de Lviv se encargó inicialmente de la edición del boletín militar ucraniano-polaco. Posteriormente, luchó en el frente en la compañía conocida como los Cientos de Taras Shevchenko (o Shevchenkovtsy), impulsada por el CPWU. Junto al Batallón polaco Dombrowski, la compañía ucraniana fue parte de la constitución, en julio de 1937 en Albacete, de la XXIII Brigada de las Brigadas Internacionales.

A pesar de su dimensión mayoritariamente ucraniana, el primer comandante de la Brigada (y al mismo tiempo comisario político de la compañía Shevchenko) fue el bielorruso Stanislav Tomashevic. Según éste, desde el punto de vista de la formación de combate, la compañía ucraniana tenía un nivel muy alto gracias a la experiencia de una gran parte de sus miembros que habían servido previamente su servicio militar en otros ejércitos. Formaban la compañía Shevchenko voluntarios ucranianos y bielorrusos, además de polacos y españoles.

velik bandera

Escudo y bandera de la XIIIª Brigada Internacional

El bautismo de fuego de la Taras Shevchenko se produjo el mismo mes julio de 1937 en el frente cercano a Brunete. Allí, después de haber abortado el ataque de la caballería marroquí, junto con la compañía Adam Mickiewicz, sus miembros participaron en el ataque a las posiciones de las brigadas franquistas fortificadas entre Villafranca del Castillo y Romanillos de Atienza. En las feroces batallas que tuvieron lugar salieron finalmente vencedores, aunque perdiendo a la mitad de sus hombres. Las bajas fueron cubiertas por otros efectivos ucranianos procedentes de la zona de Galizia o Volinia.

En el frente de Aragón, en torno al 25 de agosto de 1937 en Belchite se enfrentaron con gran heroísmo, faltos de municiones, a las tropas italianas regulares, con la captura de varias de sus fortificaciones.

En este periodo, Velikanovich editaba, además, el periódico Borotba (Lucha). A finales de 1937, en el periódico aparecían obras de Shevchenko o artículos sobre el escritor o los kobzar, los bardos ucranianos itinerantes ciegos.

Entre diciembre de 1937 y febrero 1938, la XIIIª Brigada participó en las operaciones militares de la Sierra del Quemado (Peñalosa), una de las áreas de batalla en un frente que se extendía hasta Teruel. En marzo de 1938, la compañía participó en batallas defensivas pesadas en torno a Lleida donde por cuatro veces llegaron a romper el cerco nacionalista. También repelieron los ataques franquistas en las alturas cerca de la localidad de Caspe.

En marzo de 1938, el grupo Shevchenko retornó al frente de Aragón. En junio de ese año, Velikanovich cayó herido en la batalla por Cataluña. Después de recuperarse, combatió en el batallón especial de artilleros del 15ºCuerpo del Ejército de la República. Velikanovich murió, como comandante, el 7 de septiembre de 1938 (el 4 según otras fuentes) durante la Batalla del Ebro. Según puede leerse, durante la batalla los ucranianos mostraron su alta eficiencia en el combate, una evidente capacidad para atacar y contraatacar y la habilidad para hacer frente a los ataques de la caballería.

velik guada
Combatientes de la Brigada Dombrowski después de la batalla de Guadalajara

La muerte de Velikanovich en el frente precedió, en unas pocas semanas, a la retirada de las Brigadas Internacionales. La guerra de la compañía Shevchenko terminó el 28 de septiembre de 1938, cuando el Gobierno republicano de Juan Negrín aceptó la retirada de los internacionalistas. En su desfile del 28 de octubre en Barcelona, el pueblo presente en las calles les despidió con flores. Al retornar a Polonia, los ucranianos fueron detenidos por los gendarmes polacos y fueron encerrados en el campo de concentración de Beresa Kartuskaya (en la Bielorrusia actual).

A diferencia de Polonia, la URSS honró a la Taras Shevchenko. Durante el periodo soviético, el comandante Velikanovich fue considerado como un héroe internacionalista. Una calle de Lviv fue nombrada en su honor (antes de ser renombrada en 1990 con la primera “descomunización”). En 1982, en la zona del Nuevo Lviv, se erigió en uno de los parques un monumento a Velikanovich en recuerdo de su participación como Brigadista en España. El monumento no sólo recuerda su compromiso militar con la República sino también su amor por la cultura. Lleva un libro de notas en la mano, recordando así su papel como periodista y su afición por la literatura y la poesía. En 2010, unos vándalos trataron de cortarle la cabeza. Pero el monumento fue luego restaurado.

Con una UNDO radicalmente opuesta a la URSS, el padre de Velikanovich, en cambio, fue arrestado en 1940 por el NKVD y deportado a Kazajistán, donde murió. Fue rehabilitado en 1998 por las autoridades judiciales de Kazajstán.

La historia de Yuri Velikanovich muestra que ucranianos étnicos de la Galicia polaca, residentes fuera del territorio de la Ucrania soviética, se integraron en el combate a favor de la España republicana, una circunstancia que hoy podría sin duda sorprender. Pero no fue el único caso. Ya en agosto de 1936 consiguieron llegar a Madrid llegar 37 nativos de Ucrania occidental que se ganaban la vida como mineros y metalúrgicos en Bélgica y Francia. Tras ellos, a través del paso Javornik de los Cárpatos, en lo que era entonces la frontera entre Polonia y Checoslovaquia, viajaron ilegalmente de Galicia y Volinia a España otros 180 voluntarios, entre ellos Velikanovich. Algunas fuentes, citando al general soviético Alexander Rodimtsev, señalan que el número de nativos de Ucrania occidental en las Brigadas Internacionales llegó a ser de miles de personas.

Parte de ellos eran izquierdistas que habían huido de la represión polaca pero que no compartían la posición de los comunistas soviéticos y el proceso de sovietización de Ucrania. Las discrepancias terminaron con la decisión del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista de disolver en 1938 el CPWU. La lucha por la libertad y la cultura de Velikanovich, así como los conflictos entre Stalin y los partidos comunistas de la zona fronteriza con la Unión Soviética, dominada por Polonia, son una muestra de las contradicciones de la época. Unas contradicciones de las que las fuerzas más reaccionarias se aprovecharían, tras la caída de la URSS, para allanar el terreno del nacionalismo derechista y silenciar toda oposición izquierdista en el este de Europa.
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