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Las grandes compañías españolas apoyan y aprovechan las privatizaciones en Brasil

Mariano Rajoy junto al presidente Michel Temer. Foto: Mercosur.

Difícil de construir, fácil de destruir. Brasil vive uno de los periodos más convulsos de las últimas décadas, pero la magnitud de los hechos y la velocidad con que se suceden dificultan la visión del conjunto. El gobierno –no electo– que preside el conservador Michel Temer avanzó en septiembre el paquete de privatizaciones más grande en la historia reciente del país, que afecta a 57 empresas públicas e infraestructuras. Este martes fue más allá al anunciar que sopesaba privatizar también Petrobras, la petrolera semiestatal de Brasil que es, además, la compañía más grande de América Latina.

Varias de estas privatizaciones coinciden con distintas peticiones formuladas por empresarios españoles en los últimos años. Un gesto que, según el periodista brasileño Pericles Carvalho, revela la desesperación del gobierno de Temer por recuperar la desconfianza ante los inversores.

Varias privatizaciones coinciden con peticiones formuladas a Temer por empresarios españoles. De las 57 empresas públicas en venta, la mayoría corresponden a los sectores del transporte, la construcción, la energía y las telecomunicaciones, en los que las multinacionales de España (entre ellas, varias antiguas compañías públicas) se hicieron fuertes en los años 90. Destacan el rol y la presencia de las constructoras Abertis, Sacyr, ACS, Ferrovial y OHL, que ya han mostrado interés por un lote de ocho autopistas y otras infraestructuras; Telefónica, que estudia hacerse con el control del primer satélite nacional de Brasil (su principal mercado, por delante de España); en el sector energético, Iberdrola, Gas Natural Fenosa, Repsol y Red Eléctrica de España estudian pujar por varias centrales hidroeléctricas, empresas de distribución (incluida Eletrobras, la mayor eléctrica del país), líneas de transmisión y pozos petrolíferos.

El presidente Michel Temer con Ana Botin, presidenta del Grupo Santander. Foto: Beto Barata/PR.

Aena, Adif y Renfe podrían hacerse con el control de algunos de los aeropuertos más rentables y transitados del país, además de la autopista Ferrovia Norte-Sur, la “espina dorsal del transporte ferroviario en Brasil”. Algunos analistas apuntan a que el Banco Santander (tercera mayor entidad bancaria de Brasil), será uno de las que sacarán más provecho al financiar concesiones y privatizaciones en ese país, mientras aguarda la reforma financiera prometida por el gobierno de Temer.

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Huelva-Almería: el tren de los pobres

PEDRO BLANCAS // “¿Sabes lo que tienes que hacer para ir a Almería?”. No me encuentro en mi coche preguntando en una gasolinera, ni mi interlocutora es un municipal de ningún pueblo aceitunero de Jaén. Me lo pregunta, a bocajarro, la revisora del tren Sevilla Santa Justa con destino a Almería.

Sorprendido, pienso  que lo que tenía que hacer para ir a Almería ya lo había hecho: comprar el billete y montarme en el tren. Pero mi ingenuidad, o la mala praxis de Renfe, me ha regalado tres viajes en uno. La revisora, con muy buena voluntad y poca cualificación, al tiempo que me explica la odisea andaluza, pide ayuda para que traduzcamos en inglés a los turistas que ocupan medio vagón.

“En este tren hay que bajar en Antequera. Out this train in Antequera. Luego hay que subir a un autobús hasta Granada. Go Granada in bus. Y allí subir a otro tren para llegar a Almería…”. Ya no tuve interés para en escuchar la repetición en inglés.

A pesar de que el tren arriba en Málaga y los pasajeros con destino a Almería debíamos abandonarlo en Antequera, la grabación de la megafonía del vagón insiste en cada pueblo: Tren con destino a Almería, próxima estación, Marchena.

Seis horas y cinco minutos de transiberano andaluz. Cualquier turista de selfie disfrazado de explorador presumiría de intrépido si esta aventura la viviese en un país exótico… ¡Guau! Sin bar, ni personajes engolados cerrando negocios por teléfono, sin preferente… Solo guiris despistados y pobres incautos.

Sí, pobres muy pobres. Tanto que no merecemos ni el paripé del escáner en el andén ni un vigilante que venda seguridad. No hace falta con gente que viaja en un ave zancuda con baypass en bus. Si hoy nos atentaran, mañana ondearían pancartas con reyes y presidentas proclamando: todos somos pobres.

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