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Retirada de licencias a los taxistas que increparon a Susana Díaz

El pasado jueves en San Juan de Aznalfarache la secretaria general de la federación andaluza del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Susana Díaz, tuvo que suspender un mitin a causa de que un grupo de taxistas  le increpó y le gritó “te va a votar tu puta madre”. Los taxistas fueron identificados por la Policía …

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Rajoy activa el 155 y exige a Puigdemont que aclare si declaró la independencia

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy | La Marea

MADRID // El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha requerido este miércoles al Govern de la Generalitat para que confirme “si ha declarado la independencia de Cataluña, al margen de la deliberada confusión creada de su entrada en vigor”. Este anuncio, alcanzado tras un Consejo de Ministros extraordinario, se solicita “al amparo del artículo 155 de la Constitución”.

“En la respuesta que el president de la Generalitat dé a este requerimiento”, ha añadido Rajoy, “se marcará el futuro de los acontecimientos en los próximos días. Si el señor Puigdemont manifiesta su voluntad de respetar la legalidad y restablecer la normalidad institucional se pondría fin a un periodo de inestabilidad, tensiones y quiebra de la convivencia”. El presidente del Gobierno ha insistido que actuará “como hasta ahora, con prudencia y responsabilidad, teniendo siempre presente el bienestar de los catalanes y del conjunto de los españoles”.

El anuncio de Moncloa es el paso previo a la posible activación del artículo 155 de la Carta Magna, que habilita al Gobierno, “previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado” a “adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.

Rajoy anunciará este miércoles por la tarde en el Congreso el plazo exacto que ha otorgado al president Puigdemont para obtener una respuesta.

Por su parte, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, ha admitido en rueda de prensa que “es evidente la activación del artículo 155”, una medida que apoyan los socialistas. “El bloque nacionalista puede estar buscando un poco más de tiempo para seguir adelante. Por eso compartimos que es necesario aclarar qué dijo exactamente el presidente Puigdemont ayer… por ello corresponde requerir negro sobre blanco qué ocurrió ayer en el Parlament”, ha afirmado Sánchez. “Acompañamos a Rajoy en su requerimiento. Los catalanes no pueden vivir con esta angustia. Puigdemont tiene que aclararlo”, ha insistido.

Sánchez, además, ha avanzado que ha alcanzado un pacto con el presidente del Gobierno para iniciar “en seis meses” un proceso de conversaciones encaminado a una reforma constitucional. “Tenemos que debatir cuáles son los pros y los contras de nuestro modelo territorial. Ha llegado la hora de la reforma constitucional. Queremos hablar no de cómo Cataluña se va, sino de cómo se queda”, ha concluido.

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El PSOE y Podemos inician un cortejo desconfiado

MADRID // La moción de censura contra Mariano Rajoy se ha acabado convirtiendo en una moción de reconciliación a la izquierda de la tribuna de oradores. En el discurso que dio el martes, Pablo Iglesias lanzó un guante al nuevo PSOE de Pedro Sánchez para lograr el entendimiento y acabar con los enfrentamientos que propiciaron el triunfo electoral del PP. La debilidad del adversario, que atomizado no supo crear un mayoría alternativa, instaló de nuevo a Rajoy en Moncloa.

José Luis Ábalos, portavoz socialista en el Congreso de forma temporal, fue este miércoles el responsable de fijar la posición del nuevo PSOE liderado por Sánchez. Ábalos se mostró conciliador con Podemos y recogió el ofrecimiento de Pablo Iglesias: “Agradezco las palabras, y recojo la invitación”. No sin antes reprochar a la formación morada sus críticas feroces al régimen del 78 y de defender a la facción del PSOE con la que se enfrentó en las primarias de los comentarios del líder de Podemos.

Sin embargo, el tono entre ambos partidos se notaba teatralizado, desconfiado pero consciente de que solo el entendimiento podrá en un futuro desalojar del Gobierno al PP y Ciudadanos. Iglesias adoptó una posición conciliadora, disculpándose por exabruptos anteriores y emplazando al PSOE a conformar entre ambos una mayoría alternativa a Rajoy. Una postura que se notó forzada, pero que sin duda dejó paso a una nueva relación entre las formaciones progresistas del Congreso.

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La victoria de Pedro Sánchez

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez I La Marea

Indudablemente lo primero es celebrar esa victoria. Susana Díaz representaba lo más degenerado del Partido Socialista. Con ella estaban los antiguos líderes que metieron en España una política económica claramente neoliberal. Por otro lado el tema de los avales, más numerosos que los votos, nos hablan claramente de una práctica clientelar y corrupta.

El que, a pesar de las presiones del aparato, una clara mayoría de la militancia se haya decantado por el actual discurso de Pedro Sánchez nos hace ver que las bases del PSOE, en su mayoría siguen sintiéndose nítidamente de izquierdas. El problema es ver si esa izquierda que representa Pedro Sánchez tiene futuro o no.

Es evidente que va a tener muchas dificultades para llevar adelante su programa. Dificultades que vienen, en primer lugar, del aparato perdedor de las primarias. Algunos ?sinceramente o por oportunismo? se pasarán a su lado, pero otros mantendrán una oposición más o menos encubierta. Habrá que ver también hacia dónde se decantan muchos votantes del PSOE, los que no se sentían a disgusto con ese socialismo neoliberal de Felipe González y compañía.

Luego está la situación social e ideológica en España. A pesar de toda la imponente mole de corrupción que le aplasta, el PP no se derrumba en las encuestas. Además ahí está Ciudadanos para sustituirle si llega a ser necesario. Y  para que le echen una mano, el PP siempre puede contar con los nacionalistas vascos, los canarios. Incluso si se tratara de algo que afectara seriamente a la estructura económica del país, no sería demasiado raro que le apoyaran también los catalanes.

Pero lo más grave es que la socialdemocracia, y más si es una socialdemocracia con un claro carácter social, de izquierdas, hoy no se puede sostener. Esa socialdemocracia ya existía en Europa hace más de medio siglo. Y en bastantes países era claramente dominante, pero llegó la revolución conservadora y se la llevó por delante.

La socialdemocracia parte de la creencia de que puede haber un capitalismo bueno, que acepte moderar sus beneficios para que el bienestar llegue a todos. Pero el capitalismo bueno es una pura quimera. No niego que puede haber capitalistas que personalmente sean buenas personas. Pero los principio básicos del capitalismo ?la búsqueda incansable del mayor beneficio económico y la competencia implacable? no permiten concesiones a la bondad. Pasado el peligro que suponía el bloque soviético, emprende el camino la vuelta al capitalismo decimonónico.

Prácticamente todas las socialdemocracias europeas han sido arrasadas por el huracán neoliberal. Las que resisten lo hacen mientras no incordien demasiado… a ¡los mercados! Y, desgraciadamente, no se ve por ningún lado un proyecto para recuperar una verdadera democracia que suponga la superioridad de lo político sobre el poder económico.

Además ocurre que ninguno de nuestros políticos parece tener en cuenta que estamos en una profunda crisis de civilización. Crisis multidimensional, pues engloba la crisis ecológica, la social y la individual, que es una crisis de valores humanos y de sentido de la vida.

La unión de civilización industrial y sistema capitalista forma un tumor canceroso que, si no crece, se hunde, y si crece, arrasa el planeta en el que tenemos que vivir.

Nuestro estilo de vida, nuestra manera de producir y consumir no es sostenible. Pero de esa insostenibilidad pueden venir  las razones y las energías que impulsen el cambio radical y profundo que el mundo necesita.

Un cambio que podemos y debemos empezar en la vida personal de cada uno. Empezar ahora, cuando la publicidad nos empuje a consumir algo que realmente no necesitamos.

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El hundimiento del PSOE de Suresnes

La victoria de Pedro Sánchez contra Susana Díaz tiene más valor por lo que entierra que por lo que aflora. El nuevo secretario general no es más que una creación involuntaria de todos sus adversarios, que en su empeño por masacrar su figura la han engrandecido desarrollando una especie de héroe de la militancia. Con cada embestida furibunda del aparato, el político y el mediático, ha construido su relato contra las oligarquías del extremo centro socialista que tan bien representaba él antes de ser laminado por La Brunete de pana en el golpe palaciego del pasado mes de octubre. El hombre que pactó con Ciudadanos, llamaba populista a Podemos de la mano de Cebrián, Felipe y Susana, y defendía de forma entusiasta la reforma del artículo 135 de la Constitución, ha acabado erigido en un referente de la izquierda y las bases por el descrédito de sus detractores y en comparación con los que combatía.

Sánchez es lo que fue, no lo que ahora aparenta ser por un interés sobrevenido, ni siquiera calculado, que le ha servido en bandeja el aparato socialista. El relato del “no es no” era tremendamente poderoso entre la militancia del PSOE y todos parecían empeñados en dotar a Pedro Sánchez de un arma de construcción masiva de apoyos, que él supo instrumentalizar de manera efectiva. Todos los movimientos que realizó tras su salida como secretario general pudieron haberle hecho explotar entre las manos la carga del arma dada, pero supo convertirla en la clave de bóveda del edificio de su renacimiento.

A Pedro Sánchez le ofrecieron un relato, una historia, un argumento de movilización y de unión efectiva, racional y emocional. Lo aprovechó y arrasó a quien solo tenía como herramienta discursiva la responsabilidad institucional de darle el gobierno a su enemigo histórico, a un partido imputado por una corrupción que alcanza hasta su médula, y a cambio de nada. ¿Qué podía salir mal?

El PSOE histórico ha sido vapuleado por todos los militantes que antes habían tenido como referentes políticos, vitales, y emocionales a Felipe González, Alfonso Guerra, o Jóse Luis Rodríguez Zapatero. La victoria de  Sánchez ha sido el hundimiento del PSOE hasta ahora conocido. La derrota de Susana Díaz es la del PSOE de siempre -como ella remarcaba en sus mítines-, significa el derrumbe de un imaginario construido con los mimbres del relato de la cultura de la transición. Suresnes ha colapsado y ha sepultado a Isidoro. El mito del PSOE de 1982 se ha esfumado, Felipe González ha dejado de ser el obrerista de chaqueta de pana para convertirse en el lobista de las eléctricas y defensor de las oligarquías latinoamericanas. Se acabó la posverdad prisaica.

El otro gran derrotado, el cebrianismo. El País fue el gran arquitecto del armazón ideológico y propagandístico del PSOE que servía como garante institucional del modelo que preservaba los privilegios del sistema surgido de la transición. De las manos de Polanco, el diario de Prisa construyó todo un imaginario que ha cincelado el armazón de la hegemonía cultural en España. Su poder de influencia a la hora de establecer el discurso aceptado como referente del progresismo ha marcado la historia de estos 40 años de democracia. Eso se terminó.

El diario, antaño referente, ha perdido la capacidad de influir incluso entre la militancia del PSOE. Su último editorial es el epílogo de una deriva incalificable trufada de insultos y descalificaciones a todo aquel que ose no seguir los designios marcados desde sus páginas. Las letras cebrianas califican la victoria de Pedro Sánchez como la rendición al populismo de los más de 70.000 militantes que han optado por su opción frente a la racional, moderada y constructiva candidatura de Susana Díaz:

“La propuesta programática y organizativa de Sánchez ha recogido con suma eficacia otras experiencias de nuestro entorno, desde el Brexit hasta el referéndum colombiano o la victoria de Trump, donde la emoción y la indignación ciega se han contrapuesto exitosamente a la razón, los argumentos y el contraste de los hechos. En este sentido, la victoria de Sánchez no es ajena al contexto político de crisis de la democracia representativa, en el que se imponen con suma facilidad la demagogia, las medias o falsas verdades y las promesas de imposible cumplimiento”.

Las elecciones a secretario general del PSOE han supuesto el desplome de la edificación mediática que permitía desde las columnas del diario independiente de la mañana influir de manera determinante en la opinión pública. Se ha construido un nuevo discurso que funciona como contrahegemonía y en el que El País ahora opera como referente a combatir. Sus páginas funcionan como elemento de contraste que permite vislumbrar lo que piensan y quieren los enemigos de quienes combaten el statu quo.

El derrumbe del PSOE histórico ha arrastrado consigo el poder de influencia que las élites han manejado desde los editoriales de su propio diario desde que nació en 1975. La guerra por sostener el sistema conocido continúa, pero la próxima batalla no se dará en ningunas elecciones, sino en una junta general de accionistas; y el general cuestionado se llama Cebrián.
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Donde no hay harina… el PSOE

Es muy conocido, y bastantes veces comprobado, el viejo refrán “donde no hay harina, todo es mohína”. Mohína, según el diccionario de la RAE viene a significar enojo, disgusto, tristeza, y también pendencia o reyerta. Pues, según los medios de comunicación, actualmente todo eso se da con abundancia en el llamado Partido Socialista Obrero Español. En el reciente debate entre los candidatos a la Secretaría General del partido pudimos comprobar que esta vez los medios de comunicación no nos engañan.

Y es que, según mi modesta opinión, en el PSOE hay muy poca harina. Claro que no nos referimos a ese producto con el que se elabora el pan. Naturalmente aquí significa otra cosa, lo que pasa es que dentro del PSOE el significado de harina es muy distinto para unos y otros. Para las bases, harina sería un gobierno de izquierdas que nos retornara al Estado de Bienestar pasado, que devolviera los derechos laborales perdidos e impulsara fuertemente la creación de empleo. Para los dirigentes del partido harina serían los sillones de ese gobierno. Unos opulentos sillones de ministro para unos cuantos elegidos y elegidas, y miles de silloncitos y silloncetes para una legión de vividores que sueñan con esos sillones, o por lo menos con una cómoda silla, que por ahí fuera hay mucho paro y la vida está muy achuchada. Y de lo que piden las bases, pues lo que se pueda, que no será mucho estando como están los de Bruselas y ¡los mercados!

Lo que parece muy poco probable es que en el PSOE  vuelva a abundar la harina, porque el partido socialdemócrata-neoliberal que fundó Felipe González sobre los restos del viejo partido socialista está totalmente agotado. El PSOE se sigue presentando como un partido de izquierdas, pero creo que los términos de socialdemócrata-neoliberal lo definen mejor. Tuvo una primera época en la que lo de socialdemócrata brillaba bastante. En España se salía de la nube gris del franquismo, así que todo resultaba novedoso y positivo. Además la socialdemocracia todavía se paseaba triunfante por Europa, resultaba fácil unirse a un carro vencedor. Pero ya entonces se sembraron las primeras semillas del neoliberalismo: privatización de empresas y venta a multinacionales del tejido industrial español. Y, por otro lado, con la práctica del pelotazo urbanístico, una forma rápida y fácil de hacerse rico, se impulsó el culto al beneficio económico, con la consiguiente pérdida de valores éticos.

Podemos ver que el PSOE tiene un discurso socialdemócrata y una política neoliberal, pero esos dos términos son radicalmente contradictorios. La socialdemocracia aspira a un bienestar general, mientras que el neoliberalismo defiende el enriquecimiento sin límites de los triunfadores en una competencia despiadada. Y los perdedores “que se jodan”.

Intentar mantener esas dos posturas forzosamente lleva a la ruptura de cualquier grupo. Además en la pugna que hay actualmente en el PSOE creo que tampoco serviría el triunfo claro de una de las dos tendencias. La socialdemocracia está en franco declive en toda Europa, parece utópico pensar que en España sí va a triunfar. Si, por el contrario, de estas primarias resultara un PSOE todavía más inclinado al neoliberalismo, tampoco el panorama resulta alentador. Perdería todavía más votantes, y poco puede esperar del poder económico que hoy no necesita para nada al PSOE.  Ya tiene a un fiel y sumiso PP para defender sus intereses, y si el PP se quema demasiado con el tema de la corrupción, ahí tienen a Ciudadanos como recambio. No parece, pues, que el PSOE pueda tener esperanza de mucha harina, y en ese caso seguirá o se acentuará la mohína.

Los que aspiramos a un mundo mejor, más justo, tenemos que buscar caminos nuevos, que indudablemente existen. Tenemos que trabajar para encontrarlos porque lo viejo no sirve. Y que no nos digan que no puede haber alternativa a un sistema tan irracional y bárbaro como el capitalismo.

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