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Cebrián, la sombra eterna de PRISA

Juan Luis Cebrián. FOTO: ÁLVARO MINGUITO.

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Cuando, en 1988, el entonces presidente del Grupo PRISA, Jesús de Polanco, apostó por Juan Luis Cebrián (Madrid, 1944) como consejero delegado de la compañía, el empresario cántabro justificó este nombramiento por la necesidad de dotar al conglomerado de medios de comunicación de una organización adecuada a la estrategia de crecimiento. “El País y la SER son un éxito profesional y económico; ahora se necesita dar respuesta eficaz a las oportunidades nacionales e internacionales que se presentan de desarrollar un grupo de comunicación”, explicó Polanco. Cebrián, que hasta aquel momento dirigía el diario El País, se convertía así en el número dos de PRISA.

Casi tres décadas después, el veterano periodista se mantiene, a sus 73 años, al timón de un grupo mediático devorado por las deudas, acuciado por los acreedores y en causa de disolución financiera, tal y como advertía la consultora Deloitte en su última auditoría. El último episodio de su polémica y cuestionada presidencia se vivió a mediados de octubre, cuando el que iba a ser su sustituto al frente de PRISA, Javier Monzón, declinó el puesto ante la falta de consenso de los principales accionistas.

El expresidente de Indra, un alto ejecutivo de extensa trayectoria en el Ibex 35, muy próximo al rey Juan Carlos I y a la presidenta de Banco Santander, Ana Botín, era el recambio elegido por los bancos acreedores de PRISA (Santander, La Caixa y HSBC), con el apoyo de Telefónica, que posee el 13% de la compañía. El propio Cebrián dio el visto bueno a su sucesor, pero algo falló a última hora. “Los bancos cometieron el error de no comunicar a Moncloa su acuerdo […]. La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría conoció la noticia por la prensa mostrando su enfado a sus más cercanos. […] Quienes conocen a la vicepresidenta indican que no tiene demasiado apego a Juan Luis Cebrián, pero con él se asegura el control del grupo PRISA, su ‘coto privado de caza’, según ella misma ha comentado a sus más cercanos”, recogía El Español sobre la espantada de Javier Monzón. Tras enterarse del acuerdo para aupar al expresidente de Indra, Sáenz de Santamaría frenó la operación y logró su objetivo. Otro match ball salvador que mantiene a Cebrián en el cargo, por lo menos, hasta finales de 2018.

“Por un lado, está el Cebrián periodista, todo un mito en la profesión: el hombre que fundó y dirigió El País en la Transición, un periódico que fue durante años una referencia en la prensa mundial. Y luego está el Cebrián empresario, y ahí la cuenta de resultados es peor. Más allá de la crisis del papel y de los medios de comunicación, su gestión en PRISA es más que cuestionable”, explica un exveterano periodista de El País, hoy en otra cabecera, que prefiere no dar su nombre. Las desastrosas cifras de PRISA avalan esta afirmación. La actual deuda del grupo asciende a casi 1.500 millones de euros y en 2018 afronta un vencimiento de 956,5 millones. Ante tal panorama, la compañía se ha visto obligada a llevar a cabo una nueva ampliación de capital de 450 millones.

Una empresa vulnerable

Precisamente la deuda mastodóntica del grupo, que alcanzó los 5.000 millones de euros en 2008, explica en parte por qué Cebrián aún conserva el sillón más codiciado de la compañía. “Esta deuda tan enorme hace que PRISA sea muy vulnerable, y para mantenerse a flote necesita del poder político. Ahí está la clave de Cebrián: no solo ha conseguido pactar con las altas esferas de la política, sino que ha logrado su aval”, prosigue este redactor.

Desde hace algunos años, los bancos, Telefónica y fondos buitre como Amber Capital son los máximos accionistas de PRISA. Cuando la compañía comenzó a cotizar en bolsa, en el año 2000, las acciones rozaron los 30 euros. Al cierre de esta edición, el precio apenas superaba los 3 euros. La compra de Sogecable, en 2007, fue el inicio de la debacle del grupo que fundó Polanco. Esta decisión personal de Cebrián, muy cuestionada en su día, supuso el desembolso de 3.000 millones de euros para hacerse con el control total de Digital + y del canal de televisión Cuatro. Un precio inasumible para las finanzas de la compañía, que se asomaba de cabeza al abismo y sin paracaídas para amortiguar el golpe. Con PRISA abocada a la bancarrota, la entrada en el accionariado de los hedge funds era cuestión de tiempo. Hoy, el 70% del pasivo del grupo está en manos de estos desguazadores profesionales de empresas en apuros.

En su libro Papel Mojado. La crisis de la prensa y el fracaso de los periódicos en España (Debate, 2013), el periodista Pere Rusiñol, exredactor jefe de El País y buen conocedor de los entresijos de PRISA, dedica un extenso capítulo a los avatares del presidente ejecutivo del grupo. “La evolución de Cebrián tras la muerte de Polanco [falleció en 2007] es comparada entre redactores de El País con Nerón y Calígula. Las víctimas abundan: la vieja guardia empezó a ser purgada de forma inmediata tras la muerte del empresario cántabro y el hombre fuerte de la empresa –que ha ido apartando de puestos ejecutivos a los directivos con apellido Polanco– se ha atrevido a reescribir la propia historia minimizando el papel del empresario clave ahora que ya no puede responder”, escribe Rusiñol.

Numerosos trabajadores de PRISA coinciden en que el revanchismo es una de las señas de identidad de Cebrián. Todos ellos quieren mantener el anonimato. “El Países su cortijo, y ¡ay de aquel que le lleve la contraria! Monta en cólera y amenaza con medidas de todo tipo”, explica una periodista con larga trayectoria en el diario. Varios trabajadores de PRISA también recuerdan el enorme malestar que se vivió el año pasado, cuando Cebrián prohibió a sus trabajadores colaborar con El Confidencial o La Sexta a raíz de varias informaciones sobre sus presuntos vínculos con la petrolera Star Petroleum, perteneciente al empresario iraní Massoud Zandi, y que aparecía en los papeles de Panamá. No solo eso: PRISA denunció a El Confidencial por competencia desleal, y le exigió una indemnización de 8,2 millones de euros.

“Un quiero y no puedo”

Algunos, en cambio, no se muerden la lengua y denuncian en público lo que otros callan por miedo. “La historia de El País es la de Saturno devorando a sus hijos. Cebrián nunca asumió no ser el hijo carnal de Polanco. Es rencoroso y pijo, pero un pijo sin conciencia. Decía que estaba salvando el periodismo, que había un cambio de paradigma. Mentira. Perdió 5.000 millones de euros jugando al capitalismo de casino, comprando radios en Miami y teles latinoamericanas que no valían nada. Quería ser un tiburón de Wall Street pero era una sardinita que todo lo hizo mal. Se pulió las ganancias del trabajo de todos nosotros en la aventura del mejor diario de la democracia española. Cebrián era un quiero y no puedo, un cateto”, denunció en una conferencia Maruja Torres durante el ERE que, en 2012, culminó con 129 despidos. Poco después, el periódico prescindió de la escritora.

Rusiñol ahonda en esta idea: “Su comportamiento sigue el patrón clásico de la tecnoestructura que tan bien definió Galbraith: altos cargos directivos que se hacen con los resortes del poder y lo utilizan en función de sus intereses, por encima de los accionistas, los trabajadores y los objetivos de la empresa. Creo que Cebrián es en este sentido un gran leninista: domina los mecanismos para conseguir y conservar el poder”.

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Macri, el Ibex 35 y el orden natural de las cosas

El presidente de Argentina, Mauricio Macri I La Marea

“No se sale del populismo de un día para el otro. Es un proceso de purificación”. Con esta contundencia se manifestaba el viernes pasado el presidente de Argentina, Mauricio Macri, en el foro organizado por el Grupo PRISA en Madrid con el título Invertir en Argentina. Toda una declaración de intenciones por parte de quien ha demostrado una férrea voluntad de devolver a su país a la “correcta y respetable” senda del neoliberalismo desregulado. Senda que, sin ir más lejos, ya mostró su verdadero rostro en la crisis de 2001, motivando la irrupción en nuestras vidas del término “corralito”, el desempleo galopante o la defunción por colapso de algunos de los principales ejes de protección social.

La purificación, en este contexto, parece pasar por devolver a Argentina a un contexto de dominación indisimulada por parte de las grandes corporaciones extranjeras, en connivencia con las élites locales. Los negocios, lo primero, como algunos piensan que está establecido en el orden natural de las cosas. El resto, el abismo. Asistimos así al intento de revancha de las derechas más reaccionarias de América Latina, que vuelven reclamando lo que consideran que les pertenece por derecho propio.

En busca de inversión extranjera
El presidente argentino ha estado de gira por el Estado español tratando de vender a las instancias político-empresariales del país las virtudes de su Gobierno de cara a la atracción de inversión extranjera. Para ello, ha utilizado un discurso muy explícito: ha decretado el fin de la era de la inseguridad jurídica, las nacionalizaciones y lo que ha llamado el “despelote que armamos tantos años”. El diario El País reseña en su edición digital las risas cómplices de las personas asistentes ante la expresión pretendidamente  jocosa del mandatario. No en vano, tanto el público como los ponentes que compartieron panel con Macri a lo largo de estas jornadas son distinguidas personalidades de la política y de algunas de las principales multinacionales de matriz española: BBVA, Indra, Albertis, Telefónica y lo más granado del Ibex 35.

La confluencia de intereses y voluntades es clara: Macri desea fervientemente reavivar el desembarco transnacional en Argentina, y las multinacionales españolas esperan como agua de mayo un retorno al “orden natural de las cosas”. Un orden en el que la acción de gobierno, el ejercicio democrático, la defensa de la soberanía o la preservación, tímida incluso, de las condiciones de vida de las mayorías sociales se subordinen al plácido discurrir de los negocios entre élites. En palabras de Francisco González, presidente del BBVA, quien no ha ocultado su optimismo: “Lo importante es que este Ejecutivo tenga el tiempo suficiente para hacer las cosas. El destrozo de los últimos años ha sido muy grande y necesita tiempo. Es importante que el próximo Gobierno, sea este u otro, se incorpore a esa política”.

El Gobierno español tampoco es ajeno a este renovado estado de ánimo que parece acompañar las relaciones con el país sudamericano. Junto al presidente argentino, en las jornadas han participado los ministros Luis de Guindos y Alfonso Dastis, conformando una representación de primer nivel. Lejos quedan los tiempos en los que José Manuel Soria atacaba furiosa y públicamente al Gobierno argentino por la nacionalización de YPF en 2012. Entiende el Ejecutivo de Rajoy que los intereses de las empresas españolas están garantizados con Macri, y quiere hacerlo valer. Por cierto, no es este el único nexo que une a Soria con el presidente argentino: ambos figuran como titulares de sociedades offshore en “los papeles de Panamá”.

Recuperar el acuerdo UE-Mercosur
Uno de los elementos fundamentales que está sobre la mesa en la agenda de estas nuevas derechas latinoamericanas es la reversión radical de la institucionalidad para la integración regional impulsada, en sus diferentes variantes, por los gobiernos progresistas de la región los últimos 15 años. Macri se encuentra en primera línea de esta batalla, preconizando el retorno a aquel “regionalismo abierto” que dominó durante la década de los 90 del siglo pasado, y que tenía como principal objetivo la profundización en la apertura y la desregulación de los flujos de inversión transnacional hacia los países de la zona. Se trata de articular vías de consolidación de una arquitectura jurídico-política cada vez más presente en el debate internacional, con ejemplos como el TTIP, el TISA y el CETA, acuerdo recientemente aprobado por el Parlamento Europeo con el voto a favor de la gran coalición de conservadores, liberales y socialdemócratas.

En América Latina, uno de los principales ejes de articulación de los tratados de comercio e inversión pasa por la ya dilatada trayectoria de negociación del Acuerdo de Asociación UE-Mercosur. Este proceso se detuvo en seco en 2004 con la asunción de la presidencia de Brasil por parte de Lula da Silva, que no aceptó algunos de los elementos de asimetría más marcados en los términos del acuerdo. Desde entonces, el proceso ha languidecido bajo una situación de congelación de facto, hasta que Mauricio Macri y Michel Temer, en Brasil, han irrumpido en escena. El carácter flagrantemente antidemocrático del actual Ejecutivo brasileño no parece suponer un obstáculo para la reactivación de las negociaciones, que ya se van anunciando públicamente, aún de manera muy embrionaria. Por su parte, para facilitar el camino, el Gobierno argentino ha apostado fuerte por la exclusión de Venezuela del Mercosur.

La visita del presidente argentino al Estado español tiene entre sus principales objetivos acelerar la puesta en marcha de este proceso, para lo cual el Gobierno español, como no podía ser de otra manera, ya ha mostrado una disposición favorable. Las nuevas derechas comprenden el rol fundamental que juegan este tipo de tratados a la hora de conformar las relaciones económicas —y también políticas— a nivel global, y buscan avanzar lo más rápido posible en su imposición con el fin de evitar posibles pasos atrás derivados de eventuales cambios en la correlación de fuerzas en la región. Nada que no conozcamos en Europa: la entrada provisional en vigor de la práctica totalidad del CETA tras su aprobación por la Eurocámara el pasado 15 de febrero —pese a estar pendiente la fase nacional de ratificación por parte de cada uno de los Estados miembros—, responde a esta misma lógica de hechos consumados y ausencia de criterios democráticos.

Ante ello, el panorama que ejemplifica la visita de Macri nos obliga a defender con más ahínco la construcción de alternativas y la generación de redes aquí y allá. Señalar al Gobierno español y a unas empresas multinacionales que avalan un proceso político manifiestamente regresivo; denunciar la visita oficial, tal y como se ha hecho, en la calle y en las instituciones, exigiendo a su vez la libertad de Milagros Sala como icono del carácter antipopular del actual Gobierno argentino. En definitiva, luchar por no normalizar lo que no puede ser normalizado, explicitar que el estado natural de los negocios conculca derechos y que, lejos de asumirlo, hay que trascenderlo.

* Gorka Martija (@TMcMartiman) es investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) – Paz con Dignidad.

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Telefónica y PRISA: un matrimonio leal

Telefóinca

Artículo publicado en el número 44 de la revista mensual de La Marea, a la venta aquí.

A finales de octubre, tres días después de su dimisión como secretario general del PSOE ante la rebelión interna instigada por los barones del partido, Pedro Sánchez desahogaba sus penas en el prime time del domingo en La Sexta sentado en una mesa junto a Jordi Évole. El exlíder socialista desgranaba en Salvados las razones que, a su juicio, habían servido para descabalgarle del sillón de mando en Ferraz. En líneas generales, señalaba a la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, a otros barones del PSOE y a un anónimo establishment económico-mediático como actores reaccionarios en respuesta a su empeño por defender el Partido Socialista como “alternativa” al PP e intentar armar un Gobierno con Podemos, basado en el apoyo de las fuerzas nacionalistas.

Una y otra vez Sánchez se esforzaba en dejar claro que no era “su estilo” dar nombres, pero al final hubo dos personalidades que irrumpieron en su relato para dejarlo todo patas arriba: el expresidente de Telefónica César Alierta, y el presidente de PRISA –editor entre otros medios del diario El País y propietario de la Cadena Ser–, Juan Luis Cebrián.

En la extensa entrevista, el exsecretario general de los socialistas lanzó de vuelta las tintas que el periódico de cabecera de PRISA había cargado contra él semanas antes. El País llegó a calificar a Sánchez de “insensato sin escrúpulos” en un editorial incendiario justo en el momento de mayor tensión previo a la revuelta de los barones del PSOE. Tras el artículo, el director del diario, Antonio Caño, pidió disculpas en una carta a los lectores que se habían quejado del tono y la dureza del escrito.

Esa línea “abusiva e insultante” contra él, en opinión de Sánchez, no fue fruto del posicionamiento puramente periodístico sino consecuencia del “problema” de que algunos medios estén en manos de “muy pocas empresas” y que en su accionariado se sienten bancos y compañías de telecomunicaciones. Sánchez subrayó que César Alierta “y otros” empresarios trabajaron “para que hubiera un Gobierno conservador“, y que esa posición se materializó primero en advertencias y más adelante en las propias páginas de un diario otrora referente de la izquierda española. Todo el relato acusador de un derrotado Pedro Sánchez se hubiese quedado en el universo de las teorías conspiranoicas si no fuera porque Telefónica posee un 13,05% de PRISA.

La historia dio un giro espectacular unos días después de la entrevista con Évole cuando el diario El Mundo reveló que el propio Sánchez había acudido a José María Álvarez-Pallete, quien en abril sucedió a Alierta en la presidencia de la compañía, para pedirle apoyo ante el acoso sufrido por los medios de PRISA. La noticia nunca fue desmentida y el propio diario El País se hizo eco de la información de su competidor, añadiendo que en aquella reunión Álvarez-Pallete dejó claro a Sánchez que Telefónica “nunca se entromete en los medios de comunicación y que el objetivo de la multinacional que dirige es estrictamente empresarial”.

La relación entre Telefónica y PRISA viene de lejos, cuando ambas se asociaron en la filial de televisión Sogecable. Finalmente, el año pasado la teleco se quedó con el 100% del negocio televisivo y convirtió al antiguo Canal Plus en Movistar +. Después de cerrar esta operación ya no está muy claro qué valor estratégico puede tener una participación del 13% en PRISA, más aún porque la empresa de Cebrián lleva tiempo sin ofrecer una retribución atractiva a sus accionistas y el valor de sus acciones no levanta cabeza. En los primeros nueve meses del año, PRISA obtuvo un beneficio neto de tan sólo 14 millones de euros frente a los 2.225 millones de una de las principales telecos del mundo.

El pasado febrero, en la que sería su última presentación de resultados de Telefónica como presidente, César Alierta fue preguntado por la razón de permanecer en el capital del grupo mediático. “La participación en PRISA se remonta a la magnífica relación que tenemos desde que estábamos juntos en Sogecable, una relación que se mantiene”. Para entender las implicaciones de esa “magnífica relación” hay que retroceder unos años en el tiempo.

Corría la segunda mitad de los años 90. El Gobierno de José María Aznar, que había asaltado el poder tras 14 años de felipismo, completaba la obra privatizadora que el socialismo había iniciado unos años antes y colocó a sus afines al frente de las enormes –y muy rentables– empresas estatales. Aznar puso al frente de Telefónica a su entonces amigo y compañero de pupitre Juan Villalonga. Comenzó la complicada y costosa tarea de crear un grupo de comunicación afín al Partido Popular que actuara como contrapeso del todopoderoso Grupo PRISA, en manos de la familia Polanco y muy cercano al PSOE.

Conglomerado de medios
Para ello, Aznar tiraría del músculo económico de Telefónica. En 1997, la teleco compraba Antena 3 al Grupo Zeta de Antonio Asensio; dos años más tarde se hacía con la cadena de radio de la ONCE, Onda Cero; y finalmente en 2000 se concretaba la adquisición de Endemol, la productora de Gran Hermano, por un precio abultado. A todo esto había que añadir la plataforma de televisión por satélite gubernamental, Vía Digital, que ya estaba controlada por Telefónica y que completaba un conglomerado mediático al que se asignó el nombre de Telefónica Media. Sin embargo, la relación de Aznar con Villalonga se fue al garete y éste último dejó Telefónica en el mismo año 2000 tras un escándalo bursátil en el que el empresario se benefició al utilizar información privilegiada. Se abría así el reinado de César Alierta, un mandato personalista que duró 16 años.

Si no puedes con el enemigo, cómpralo. Alierta llegaba a la presidencia de Telefónica desde la también privatizada Tabacalera respaldado por Rodrigo Rato, el poderoso vicepresidente económico de Aznar. Se encontró entonces con el lastre de un grupo mediático que generaba pérdidas millonarias y cuyo propósito esencial era controlar la información en favor del gobierno del Partido Popular. Dicho conglomerado, que pasó a llamarse Admira, fue vendido al Grupo Planeta en 2003. Alierta también ordenó deshacerse de la productora Endemol, que fue traspasada a Mediaset, y fusionó Vía Digital con Canal Plus, propiedad del Grupo PRISA a través de Sogecable, para fundar Digital Plus. Aquel fue el primer paso en la “magnífica relación” entre ambos gigantes de la comunicación.

Alierta pensaba que se había quitado de encima el muerto con la venta de Admira. Sin embargo, años después el directivo se dio cuenta de la necesidad de ofrecer contenidos propios para su expansión digital. Muchas grandes telecos apuntalan su desarrollo tecnológico mediante la oferta de paquetes integrales de servicios que combina telefonía móvil, Internet y entretenimiento, como Movistar.

Aprovecharse del débil
En cuanto hubo ocasión, Alierta y su consejo de administración buscaron la oportunidad de hacerse con el control total de Sogecable aprovechando la debilidad económica de PRISA, ahogada por las deudas. Tras librar la consiguiente batalla con Competencia y una cruenta lucha por los derechos televisivos del fútbol con Mediapro, Movistar + vio la luz en 2015 y pasó a convertirse en la plataforma televisiva 100% al servicio de la teleco. Un gigante de la comunicación que esta vez sí parece que está basado en criterios de rentabilidad económica pura y dura.

Pero la relación de Telefónica con PRISA no acaba ahí, básicamente porque había empezado tiempo atrás. En mayo de 2008, Telefónica acudió por sorpresa a la ampliación de capital de PRISA y entró por vía directa en su accionariado. Tras ejecutar unas opciones de compra, la teleco elevó su participación en febrero pasado al actual 13,05%, y se convirtió así en el primer accionista del principal grupo de medios de comunicación del país.


Reducción de costes, subidas de tarifas y una demanda colectiva

Hace unos meses, Telefónica decidió subir unilateralmente las tarifas de sus clientes de Movistar Fusión, el producto estrella que combina servicios de telefonía fija y móvil, Internet y televisión en una única factura. Fue un aumento de tres euros por usuario que reportará al gigante de las telecomunicaciones unos 550 millones de euros más en su cuenta anual de resultados, según estimaciones del banco estadounidense Citi. La reacción de los clientes no se hizo esperar y la organización de consumidores Facua interpuso una demanda colectiva firmada por más de 4.000 usuarios contra una subida considerada abusiva. Sin embargo, a pesar de la importancia jurídica y de las altas probabilidades de éxito de la demanda, la noticia apenas tuvo relevancia informativa en los medios de comunicación, tal y como denuncian los representantes de Facua.

Para los críticos, detrás de episodios como la subida de tarifas de Movistar está el siempre polémico control de los medios a través de la inversión en publicidad y su dependencia económica de un grupo reducido de anunciantes (casi siempre los mismos). En el caso de Telefónica, la inversión publicitaria en los medios nacionales se ha reducido aproximadamente un 67% en los últimos cinco años. Según datos de Infoadex, Telefónica era el anunciante individual que más dinero inyectaba en los medios de comunicación de España en el año 2010, con una inversión de 130,9 millones de euros. La posición de Telefónica en el ranking se ha reducido de manera paulatina hasta ocupar un discreto décimo puesto en 2015, con 42,3 millones de euros invertidos.

En estos últimos años, la compañía del Ibex 35 ha acometido un fuerte recorte de gasto en sus operaciones en España con ajustes de plantilla incluidos. La Marea ha preguntado a representantes de Telefónica si la caída en gasto en publicidad tiene que ver con esta reducción de costes. Al cierre de esta edición, no hemos obtenido respuesta.

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Felipe González y las élites: Quien tiene un amigo tiene un tesoro

Artículo incluido en el especial sobre Felipe González, publicado en La Marea 43. A la venta aquí.

En los catorce años que estuvo al frente del Gobierno, Felipe González forjó una amplia red de contactos con personalidades importantes en todo el mundo. Después de la “dulce derrota” electoral de 1996, el exdirigente socialista ha sabido administrar su patrimonio y su influencia tal y como habitualmente hacen muchos antiguos mandatarios: en conferencias, mediante la participación y creación de fundaciones de estudios y como autor de libros y artículos, sobre todo en El País, su diario de cabecera. Nunca entró en el Consejo de Estado, el órgano consultivo del Gobierno, aunque goza de privilegios como expresidente. Un ejemplo reciente es su viaje en el avión oficial de la Fuerza Aérea, junto al ministro de Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo, a la ceremonia de la firma de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, el 26 de septiembre en Cartagena de Indias.

Colombia es uno de los destinos favoritos del antiguo líder socialista. González goza de la nacionalidad del país suramericano, que le fue otorgada en 2014 por el presidente Juan Manuel Santos. También cultiva excelentes relaciones con personajes y líderes políticos de otros países en Latinoamérica y con la Casa Real de Marruecos. De hecho, en 2008 organizó un encuentro entre el empresario multimillonario mexicano Carlos Slim y el rey Mohamed VI.

En el caso de Slim no consta que hubiera contraprestaciones, aunque González es agasajado por su amigo cuando visita México. El expresidente abre puertas, como muestra también su intervención a favor del empresario hispano-iraní Farshad Zandi ante el régimen dictatorial de Sudán. Felipe es un conseguidor a quien, más que el dinero, le gusta moverse en las esferas de la élites globales. Otros jefes de Gobierno jubilados, en cambio, han puesto más empeño en rentabilizar su fama e influencia para el bolsillo propio, como Tony Blair, Bill Clinton y José María Aznar.

Esto no quiere decir que González tenga aversión a los negocios. Estuvo cinco años en el consejo de administración de Gas Natural Fenosa y ha montado varias empresas que gestionan sus ingresos por libros y conferencias, además de administrar inversiones inmobiliarias y financieras. Comparte negocios con sus tres hijos, especialmente con su hija María y su marido, Eric Bergasa, que figura como administrador de varias compañías. Además del núcleo familiar, alrededor del antiguo secretario general del PSOE hay muchas personas que de una forma u otra se han beneficiado de su relación con el expresidente. A cambio, le han hecho favores como dejarle inmuebles de lujo a precio de ganga o sufragar los gastos de la boda de su hija.

Con todo, es en América Latina donde González es más activo. “Felipe, como figura de intelectual referente de la socialdemocracia europea, ha ido perdiendo peso. Antes se le requería en la Internacional Socialista, pero ya no”, explica Inmaculada Sánchez, directora de la revista El Siglo. “Donde ha mantenido su estrella es en Latinoamérica. Y ahí es donde es tan importante su relación con el Grupo PRISA”, añade. La empresa editora de El País hace tiempo que apuesta por expandirse al otro lado del Atlántico. Y contar con el aura del respetado expresidente socialista, sin duda, es un plus.

JESÚS DE POLANCO
Fundador del Grupo PRISA

Jesús de PolancoFue el empresario de comunicación más importante de la Transición, fundador del mayor grupo mediático de España y uno de los principales contactos de Felipe González a nivel político. La cercanía con el líder socialista le resultó fructífera a PRISA, también en la esfera económica. Un caso paradigmático fue el de la empresa pública Focoex, que entre 1983 y 1984, a través de los Fondos de Ayuda al Desarrollo, obtuvo negocios para la adquisición de material educativo y sanitario muy beneficiosos para algunas empresas de Polanco, como Eductrade y Sanitrade. La participación de Focoex para favorecer los intereses del empresario madrileño en América Latina fue muy contestada, pero no se exigieron responsabilidades a ningún dirigente del Gobierno del PSOE. Santillana, perteneciente a PRISA –ahora dirigida por Juan Luis Cebrián (exdirector del diario El País e íntimo del expresidente)– propuso a González un puesto en su dirección, pero éste lo rechazó.

MOHAMED VI
Rey de Marruecos

Mohamed VI, rey de MarruecosFelipe González fue amigo del difunto rey Hassan II y hoy lo es de su hijo, Mohamed VI, hasta el punto de que el actual monarca marroquí le dejó construir una mansión en una playa exclusiva de la realeza en Tánger. Cuando llegó al poder en 1982, el dirigente socialista abandonó las críticas hacia el autócrata del reino alauí. Vio en Marruecos, aliado de Estados Unidos y Francia, una oportunidad para “lanzar un mensaje de calma” en plena guerra fría y acercarse a las potencias occidentales, según critica el diplomático saharaui Hach Ahmed. González fue el primero en autorizar la venta de armas a Marruecos, en pleno conflicto bélico con el Frente Polisario, y estableció los primeros contratos pesqueros que incluían las aguas del Sáhara Occidental. Este acuerdo le vino bien a Amador Suárez, amigo del presidente y propietario de una gran flota en España. Hoy González hace presión a favor de la marroquinidad de la antigua colonia española.

CARLOS ANDRÉS PÉREZ
Expresidente de Venezuela

Carlos Andrés PérezEl hombre que presidió Venezuela durante dos mandatos (1974-1979 y 1989-1993) conoció a Felipe González de la mano del empresario Enrique Sarasola. El mandatario venezolano granjeó muy pronto su amistad con el líder del PSOE como una inversión de futuro. Ya en la década de 1970, cuando su país era conocido como Venezuela Saudita, Pérez dejaba a González su propio avión presidencial. En los años en los que la corrupción campaba a sus anchas por territorio venezolano, la relación de amistad de González con Pérez era inquebrantable. El líder del PSOE llegó a ofrecer a su amigo vía telefónica, según informaba El País, un préstamo inmediato de 600 millones de dólares tras el caracazo, la revuelta popular que se desencadenó por las duras medidas de austeridad y en la que murieron 200 personas por la represión policial del gobierno de Pérez.

GUSTAVO CISNEROS
Empresario venezolano

Gustavo CisnerosEl compromiso de González con la oposición venezolana –presta apoyo en la defensa de Leopoldo López, el líder opositor encarcelado– nace a través de su amistad con Gustavo Cisneros. El multimillonario, uno de los empresarios más ricos de América Latina según la revista Forbes, saltó a las portadas españolas en 1983 cuando el Gobierno socialista expropió las empresas de Rumasa a José María Ruiz-Mateos. Entre ellas estaba Galerías Preciados. El Consejo de Ministros aprobó la venta de estos grandes almacenes por 1.500 millones de pesetas (9 millones de euros) a una empresa de Cisneros, un precio irrisorio comparado con lo que cobró el venezolano cinco años después por su venta: 30.600 millones de pesetas (casi 184 millones de euros). El holding Cisneros tiene a la madre de Leopoldo López, María Antonieta Mendoza de López, como vicepresidenta de Asuntos Corporativos desde el año 2000.

LUIS GARCÍA CERECEDA
Promotor inmobiliario

Luis García CerecedaAmigo íntimo de Felipe González. Como confirma el periodista Javier Chicote, el expresidente le pidió permiso para iniciar una relación con su expareja, Mar García Vaquero, hoy actual esposa del sevillano. Cereceda, fallecido en 2010, fue consejero de Tagua Capital SA, la empresa de capital riesgo que organizó González hace unos años. En ella, se encargó de la construcción de la mansión de Felipe en Tánger, a quien también le alquilaba un piso de lujo en el centro de Madrid a precio de amigo. Entre los variados negocios de Cereceda estaba Pachá, la discoteca insignia de la beautiful people, muy frecuentada por el círculo cercano de González, como Enrique Sarasola. García Cereceda también pagó la boda de la hija del expresidente, María González, con Eric Bergasa, en su restaurante Zalacaín, uno de los más cotizados de Madrid. Otro de sus negocios era la Urbanización La Finca, en las afueras de la capital, donde residen el futbolista Cristiano Ronaldo o Francisco Correa, presunto cabecilla de la trama Gürtel, y donde puso a disposición de Felipe un estudio para que pudiera realizar sus esculturas.

FARSHAD ZANDI
Empresario hispano-iraní

Farshad Zandi“El motivo por el que me dirijo a usted es para hacerle saber que conozco personalmente al señor Zandi, chairman y CEO de Star Petroleum, y puedo asegurar que es una persona honorable, seria y trabajadora y con relaciones internacionales al más alto nivel”. Este es un extracto de la carta de recomendación, publicada por El Mundo, que Felipe González envió a Omar al-Bashir, dictador de Sudán, para ayudar al empresario hispano-iraní a conseguir la concesión de unos yacimientos petrolíferos. Finalmente lo logró. El iraní Farshad Massoud Zandi obtuvo la nacionalidad española en 1997. Fue presidente de la Fundación Atman para el Diálogo entre Civilizaciones, auspiciada por el expresidente del Gobierno y Juan Luis Cebrián en 2005. La entonces mujer de Cebrián, Teresa Aranda, fue la vicepresidenta. Zandi y Aranda aparecen en los Papeles de Panamá. González visitó al presidente iraní Mahmud Ahmadineyad en 2006, tras la mediación de Zandi, cuya empresa Trade Petroleum se dedica a la importación de crudo. La versión oficial dice que González lo hizo para “agotar el diálogo”.

CARLOS SLIM
Magnate mexicano

Carlos SlimEl cuarto hombre más rico del mundo, según Forbes, es también amigo de Felipe González. Se conocieron a finales de los 1970 cuando González, recién nombrado secretario general del PSOE, viajó a México para recibir el visto bueno de la vieja guardia socialista exiliada allí. Con los años,la relación entre estos dos poderosos se ha intensificado. Felipe González es asesor para asuntos políticos internacionales del magnate, que ha invertido grandes cantidades de dinero en España en los últimos tiempos, en los que se ha hecho con el control de la constructora FCC o el club de fútbol Real Oviedo. En 2006 Felipe le presentó a Mohamed VI. Cada vez que González viaja a México, dispone de un avión privado cortesía de Slim, así como de una habitación todos los días del año y en exclusiva –en ella no duerme nadie más– en el mítico Hotel Geneve de la capital azteca, también propiedad del millonario.

JESÚS BARDERAS
Empresario

Jesús BarderasAmigo íntimo de Felipe González, Jesús Barderas es un polémico empresario que en los años 80 huyó a República Dominicana para esquivar sus problemas con la Justicia española. En los Papeles de Panamá aparecieron 50 empresas a su nombre. También se han relacionado negocios suyos en la República Dominicana con el caso de los ERE en Andalucía.

Barderas es dueño de uno de los resorts más lujosos del planeta: el Cap Cana de Santo Domingo, cuyo nombre es un guiño a los iniciales del expresidente venezolano Carlos Andrés Pérez, íntimo amigo de González hasta su muerte en 2010. El exlíder del PSOE acude con frecuencia al Cap Cana a relajarse.

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Dos empresas a su nombre: TAGUA e IALCON

Felipe González tiene dos empresas a su nombre, aunque participa en otras como el despacho de abogados que comparte con su hija María. En 2001, el expresidente creó la consultora Ialcon y, diez años después, el fondo de capital riesgo Tagua Capital SA. A través de Ialcon Consultoría SL González, el accionista mayoritario con el 78,2% del capital, compra y vende fincas, incluida su mansión de Tánger, y además factura informes, estudios, cursos y sus obras literarias y artísticas. Sus tres hijos se reparten el resto del pastel con casi el 7,3% de las acciones de Ialcon, que facturó 1,86 millones de euros en 2014. La sede de la consultora está en Pozuelo de Alarcón (Madrid), en la misma dirección que Itzaya SL, una empresa de gestión de derechos propiedad de Eric Bergasa, yerno de González y administrador de Tagua Capital. Esta empresa fue en su origen una sociedad anónima presidida por Felipe González, pero en 2013 abandonó la actividad de inversión financiera, al parecer porque los resultados no eran los esperados. Ese año se transformó en una sociedad limitada dedicada a servicios de gestión, intermediación y asesoría financiera y fiscal. Actualmente Felipe González es accionista mayoritario, pero en el registro figura Bergasa como administrador único y accionista minoritario. La sede de Tagua es propiedad de Pedro Trapote, cuñado y amigo del expresidente. Hasta, al menos, 2013 contó entre sus asesores con Santiago de Torres Sanahuja, exalto cargo socialista durante el último mandato de González y consejero asesor de Indra.

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