You are here

Descubrir lo que se sabe: un estudio sobre la desigualdad en los premios de poesía

De los 1.468 premios de poesía otorgados en España entre 1923 y 2016, solo 257 fueron entregados a mujeres. En todas las ediciones analizadas hubo hombres en los jurados, pero en 414 de ellas no hubo ninguna mujer. Y de las 1.060 plazas ocupadas por mujeres en los jurados en esos años, 162 (el 15,66%) lo fueron por secretarias sin voto. La única excepción encontrada ha sido la del Premio Tardor. Son algunas conclusiones recogidas en el informe Descubrir lo que se sabe (Estudio de género en 48 premios de poesía), publicado por Ediciones Tigres de Papel.

En el estudio han sido analizados 48 premios de poesía con una dotación igual o superior a 5.000 euros. 39 de ellos pertenecen a instituciones públicas y otros nueve a fundaciones públicas o privadas sin ánimo de lucro. Los datos serán presentados este jueves en la librería La Central de Callao de Madrid. En el acto participarán Nieves Álvarez, directora del informe, vicepresidenta de la asociación Genialogías y miembro del Team Europe de la Comisión Europea; Julieta Valero, coordinadora en la Fundación Centro de Poesía José Hierro, poeta y miembro de Genialogías; y la periodista Cristina Fallarás.

Con este estudio, la asociación Genialogías denuncia el incumplimiento de la Ley de Igualdad Efectiva en los premios públicos de poesía española, “una ley promulgada por el Gobierno de España en el año 2007 que obliga a las instituciones públicas a proponer jurados paritarios”.

Más en lamarea.com

Read More

Después del fin

"Como el fin del mundo". Foto: X. Klima.

Cuando todo se acaba es cuando empieza todo. La idea de destrucción del mundo sería insoportable sin la de su regeneración. Desde las primeras fantasías apocalípticas ha sido así: después del diluvio se retiran las aguas, unos pocos elegidos pueden escapar al fuego en Sodoma y Gomorra, y los movimientos milenaristas serían incomprensibles sin la promesa de los mil años de paz, virtud y bienestar que seguirían a la violencia revolucionaria de los soldados de Dios; las profecías milenaristas auguraban décadas de pobreza, violencia y pecado antes del advenimiento de la Nueva Jerusalén, y por eso los signos de catástrofe eran acogidos con temor, pero también con esperanza: si la peste se extendía por Europa y aniquilaba ciudades enteras era porque se acercaba el milenio, la tormenta bestial era signo de que ya no estaba lejos la calma beatífica. También después del fin del mundo, en la concepción cristiana, llega la salvación de los justos. Y en la literatura y en el cine apocalípticos de las últimas décadas se observa una fantasía similar, aunque por supuesto limitada a la vida material, no del espíritu: da igual que un meteorito saque a la tierra de su eje o que se inicie una nueva glaciación o que un virus extermine a la humanidad. Lo que de verdad interesa es lo que viene después. Los supervivientes.

Tiene su lógica esa fantasía a la vez destructora y creadora. El mundo es inmenso y resulta casi imposible oponer algo a su inercia, frenarlo, cambiar el sentido de su marcha. Las reformas y las buenas intenciones parecen ridículas ante la maldad y la brutalidad que nos zarandean. Hay por eso un placer innegable en la destrucción de un mundo que se nos aparece como injusto, cruel, irreformable. Destruirlo y empezar de (casi) cero. Dar una nueva oportunidad a la evolución y a la civilización. El apocalipsis es romántico, hay en él un deseo purificador de perfección. El marxismo revolucionario era entonces, en cierto sentido, romántico y milenarista: serían necesarias décadas de sangre y sufrimiento, poner el mundo patas arriba, antes de llegar al paraíso del proletariado. El sufrimiento debía anteceder a la felicidad, y ese sufrimiento era imprescindible porque no había esperanza de que el mundo se autorreformase.

Hoy, cuando muy pocos creen en paraísos terrenales ni ultraterrenales, cuando la misma palabra revolución se ha convertido en palabrota –salvo como eufemismo: la revolución tecnológica-, cuando la idea de cambiar brusca y violentamente la realidad ha cedido ante la constancia de que las revoluciones pasadas no lograron nunca sus objetivos y, a pesar de avances y mejoras, no acabaron con la explotación, con el reparto injusto de las riquezas, con la impunidad de los más fuertes, sólo el cataclismo, natural o inducido, parece un heraldo fiable del cambio. Acabar con el mundo porque no podemos cambiarlo.

Y lo que viene después no es tampoco la imposición de un orden social justo, sino la supervivencia, más o menos casual, de unos pocos afortunados. A ellos les tocaría la regeneración de la especie.

Los futuros postapocalíticos son sólo para unos pocos elegidos: el padre y el hijo de La carretera (Cormac McCarthy), que mantienen un mínimo de humanidad y afecto en un mundo devastado y devuelto a la supervivencia más salvaje; el hombre que en Espejos Negros (Arno Schmidt), se cree único superviviente tras una catástrofe nuclear y dedica sus conocimientos a garantizar su subsistencia, casi alegremente, porque de todas maneras la humanidad siempre le había parecido insoportable: el mundo, según él, no debía albergar a más de cien mil personas; también en la sociedad autoritaria y estéril de Hijos de los hombres (P. D. James) al final hay esperanza de que la humanidad vuelva a reproducirse lejos de la opresión; y, por citar a un autor español, Juan Carlos Márquez deja en Los últimos a un puñado de personajes supervivientes a una catástrofe mundial, con la difícil tarea no de repoblar la Tierra sino de poblar Marte. Hay, en muchas de estas historias, un deseo de regreso al momento de expulsión del paraíso, empezar de nuevo, una vida adánica que no conduzca a Caín y Abel.

Lo postapocalíptico tiende a ser asocial y apolítico; la supervivencia se limita a una pequeña élite de personas con más coraje o más suerte que los demás. Hay un reconocimiento previo de que la catástrofe es inevitable y uno sólo puede velar por sí mismo, por su familia, por los cercanos. Lo demás se hunde y no podemos hacer nada. Los valores individualistas y de glorificación de la familia nunca están muy lejos de esas fantasías de supervivencia en medio del caos y del mal. Papá –el padre omnipotente armado con un rifle que defiende a sus hijos y a su esposa- vela por nosotros. El protagonista anarcoliberal de tantas películas que defiende su libertad contra un Estado injusto, cambia sólo de escenario y se enfrenta, no a la ley, sino al caos. Pero el personaje es sospechosamente parecido.

Otro aspecto que vuelve sospechosas las fantasías de redención postapocalípticas es que funcionan como metáforas pero no inducen a cambio alguno. Al haber perdido la fe en la actuación frente a eso que podemos llamar el capitalismo, el sistema, o sencillamente la realidad, parece razonable esperar a la debacle para que merezca la pena pasar a la acción. Sólo entonces, cuando las estructuras de poder que conocemos hayan sido desmanteladas, saldremos a la calle, héroes, supervivientes, seres morales dispuestos a construir un mundo nuevo.

Caigan, las altas torres; el mar
se hinche como un gato rabioso;
tiemble la tierra, y las estrellas
se apaguen, horaden la noche
con agujeros aún más negros.

Pero no. No llegará
el fin del mundo. Nadie vendrá
a separar los justos de los malvados
-tarea difícil-
no habrá condenas, y mucho menos
la salvación eterna.
Lentos penachos de humo treparán
la tarde; unos mirarán esperanzados,
igual que colonos arribando
a una tierra prometida. Otros, como siempre
cerrarán los ojos.

¿Eso fue todo?
Eso será todo. Un mero temblor,
un sueño -sólo era un sueño- de torres derrumbándose,
el leve malestar de quien despierta y no sabe
en qué cama dormía. A lo sumo, la tormenta
que se aleja.

¿Cómo empezar, entonces, el mundo nuevo?
Sería más fácil después
del diluvio,
de Sodoma y Gomorra envueltas en fuego
de la matanza de los inocentes,
de la batalla de Armagedón,
de Babel hecha pedazos.
Porque, si todo sigue igual,
si se acabó la Historia
y el futuro sólo provoca bostezos
o la rabia viscosa de quien nada espera,

¿de dónde sacar fuerzas
para construir la nueva ciudad?

Hace casi veinte años resumí así la situación en un poema (en El estado de la nación) antes de haber reflexionado sobre estos asuntos. Releo lo que escribí entonces y veo que sigo, seguimos, ahí. Ante la disyuntiva de esperar a un acontecimiento extraordinario para intentar cambiar la realidad, o de levantarnos, escépticos, escarmentados, sin una fe sólida que nos sostenga, conscientes de lo limitado de nuestras fuerzas, para salir a la calle y construir la nueva ciudad. Aquí. Ahora. Ya.

Más en lamarea.com

Read More

Elvira Sastre: “El amor puede salvar un mal día. ¿No es eso ya algo asombroso?

elvira sastre

Escritora, traductora y filóloga. Elvira Sastre (Segovia, 1992) escribió su primer poema a los 12 años. Hoy encabeza las listas de los libros de poesía más vendidos del país y prepara su primera novela con la editorial Seix Barral.

¿Qué es el amor para ti?

Un motor vital.

¿Quién o qué te inspira amor cada día?

Los detalles pequeños, la gente buena.

¿Por qué amamos?

Porque el sentimiento, ya sea el amor, el dolor, la rabia, es algo inherente al ser humano. Nos hace movernos, crecer, evolucionar.

¿Puede el amor salvar algo?

Puede salvar un mal día, ¿no es eso ya algo asombroso?

¿Cómo contribuye el amor a la poesía?

Le da motivos.

¿Y la poesía al amor?

La poesía utiliza un lenguaje intimista que pone nombre a las cosas que damos por hecho. El amor es una de estas cosas y la poesía le da la importancia que merece.

¿Por qué escribes poemas de amor?

Escribo poemas llenos de sentimientos porque están ahí conmigo y mi cuerpo y mi mente me pide que los escuche.

¿Existe amor en Twitter? 

Existe en todas partes.

¿Estás enamorada de algún poema en particular?

Conversación en la isla, de Benjamín Prado.

¿Te has enamorado de algún libro a primera vista?

La delicadeza, de Foenkinos, a primera lectura.

¿Qué no harías nunca por amor al arte?

Aprovecharme.

Más en lamarea.com

Read More

Un siglo de demora para reivindicar a Gloria Fuertes

A la hora de plantarse ante la figura de Gloria Fuertes, cien años después de su nacimiento, vale la pena plantearse dos modos de abordar la situación. El primero: qué asco. Qué asco que hayamos tenido que esperar todo este tiempo para poder reivindicar a Gloria Fuertes en toda su magnificencia. Qué asco que deban ser las fechas señaladas las que nos lleven a este punto. El segundo: qué bien. Qué bien, qué maravilla poder reivindicar ahora a Gloria en toda su magnificencia. Poder airear el secreto a voces de su homosexualidad. Poder leer sus poemas prohibidos y censurados. Poder ver sus fotos acompañando a su amante, como la mujer libre que siempre fue. Poder liberarla, por fin, del sambenito de “la poeta de los niños” y rescatar su obra para adultos sin pudor alguno.

¿Qué hubiera sido de nosotros sin figuras como las de Gloria? Siempre criticamos (y con razón) la costumbre de nombrar a las figuras femeninas por su nombre de pila (algunos, incluso, con diminutivo) y por el apellido a los varones (Lorca, Machado, Picasso, en contraste con Gloria, Rosalía, “Isabelita”). Pero a Gloria no hay más forma de mentarla que por su nombre. Gloria. Como la que siguen destilando sus poemas. Un nombre del que ella misma presumía. Porque fue nuestra, nuestra Gloria, desde que los libros de texto para niños empezaron a incluir la palabra “poesía”. Y todo ello, sin que muchos de los esforzados censores y mutiladores de la historia supieran siquiera de su condición sexual o sentimental. ¿Qué hubiera sido de esta figura de saberse aquello?

Quizás una de las injusticias históricas más grandes de la de la literatura sea haber dejado callada a una figura como Gloria, abandonarla en el apartado de literatura infantil en un país que no da importancia a la infancia. Quizás el punto más importante de la exposición que tan cariñosa y emotivamente se desarrolla actualmente en el Fernán Gómez – Centro Cultural de la Villa (Madrid), hábilmente dirigida por la Fundación Gloria Fuertes; sea precisamente la de dejar hablar a la propia Gloria. Porque nadie conoce mejor a Gloria que ella misma. Y nadie mejor que ella habló de su vida. Así, el detallado recorrido cronológico por la biografía de esta poeta, se dirige gracias a someros apuntes en carteles metálicos en los que se nos relatan las circunstancias históricas que acompañaron y marcaron a la poeta: la Guerra (in) Civil, la Posguerra… acompañados en ocasiones por unas pocas fotografías documentales que nos permitan visualizar el salvajismo del que Gloria nos habla, con mejor humor que la realidad, en sus poemas.

“En Madrid llovía metralla
llovían muertos.
Me regalaron un cordero.
– Tienes para comer un mes -, me dijeron.
Los ojos del cordero me dijeron otra cosa.
Yo, por poco me muero de hambre.
El cordero se murió de viejo.
Nos cogimos cariño,
él y yo solos bajo los bombardeos.
Después iba a por hierba a los solares
para mi cordero.
Le enseñé a comer papel
con los partes de guerra
a mi cordero.”

(“Mujer de verso en pecho”).

El resto, material de la propia poeta – para los fetichistas resultará inspirador poder reconocer la letra de la propia Fuertes en su infinidad de cuadernos -, dibujos, fotografías y, por supuesto, poemas. Fragmentos con los que se irá narrando la vida de la poeta. E incluso un apartado final en el que poder leer todos los libros de la poeta. Llama la atención, pese a todo, lo poco que sabemos de una de las poetas más importantes de nuestra literatura. Ignorancia que esta exposición suple a conciencia, invitándonos y regalándonos a la verdadera Gloria, libre ya – libre siempre -, de cualquier habladuría o rechazo.

Esperamos que no tengan que pasar tantos años para seguir reivindicando a Gloria Fuertes.

Más en lamarea.com

Read More

Cien años de Gloria Fuertes

La poeta Gloria Fuertes I La Marea

MADRID // Esta semana arrancan las actividades con motivo del centenario del nacimiento de la escritora Gloria Fuertes, que se celebra este año. El primer acto tendrá lugar la tarde de este lunes (19.30 horas) en el Ateneo de Madrid, en un encuentro entre profesores, periodistas y poetas. En el evento intervendrán la escritora Elena Medel, el profesor Miguel Losada y el poeta Javier Lostalé, entre otros, quienes recordarán las aportaciones de Fuertes a la poesía española contemporánea. Asimismo, el Ateneo ha destacado un poema de la escritora: “Escribo como escribo, A veces deliberadamente mal, Para que os llegue bien”.

A lo largo de este año, la Fundación Gloria Fuertes ha previsto citas y diferentes encuentros realizados directamente o en colaboración con asociaciones, colegios, bibliotecas y centros culturales, con el objetivo de que tanto la obra de la poeta, como su vida estén al alcance de todos.

Este mismo martes se inaugurará la exposición “Gloria Fuertes” en el Centro Cultural Fernán Gómez, en la plaza de Colón (Madrid). Será la muestra más completa realizada hasta el momento sobre la poeta nacida en el madrileño barrio de Lavapiés. Durante la misma se realizarán actividades diversas y una lectura continuada de su poesía, el día 1 de abril, abierta a todas las personas que quieran participar. Ese mismo mes, la Biblioteca Nacional abrirá, hasta finales de junio, sus puertas a Fuertes. Además, el día 21 de abril, en La Noche de los Libros se enlazará su poesía social con la de los
jóvenes de la conciencia crítica, mientras que en el centro de la ciudad se unirán poesía y rap.

Ya en julio, los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial o los Veranos de la Villa dedicarán actividades a la poeta, y el barrio donde nació la recordará con una plaza con su nombre. También se sumará al recuerdo a la escritora la Sala Clamores de Madrid, a partir de los poemas de La Oca Loca. Y en Bilbao, los versos de El domador mordió al león resonarán en el homenaje de la Sala LuzGas.

Más en lamarea.com

Read More

‘Memorial’, por Belén García Nieto

belén garcía nieto poesía

[Belén García Nieto reivindica la poesía crítica, a la que apelan en esta entrevista Antonio Orihuela y Alberto García Teresa]

El primero ocurrió el cuarto día de empezar el año,
era lunes.
Despierto con la desgana de inaugurar un año
al que no elijo dar comienzo.
Se llamaba Mariana,
fue estrangulada por su marido. 

El segundo ocurrió el quinto día de empezar el año,
era martes.
No hay nada distinto al día anterior,
sólo más frío y el puño más cerrado.
Se llamaba Silvia,
fue apuñalada por su expareja. 

El tercero ocurrió el séptimo día de empezar el año,
era jueves.
Entrecruzo mi pelo para una trenza,
es difícil que sea el rostro el que hoy dibuje mi sonrisa.
Se llamaba Mirella,
fue asesinada por su expareja. 

El cuarto ocurrió el undécimo día de empezar el año.
era lunes.
Mis oídos zumban.
No distingo la hierba que permanece con vida.
se llamaba Isabel,
fue apuñalada por su marido. 

El quinto ocurrió el decimotercer día de empezar el año,
era miércoles.
Al corazón le faltan latidos, se deshace en el perfil del ojo.
Cada día mis brazos recogen la misma leña.
La lengua rota.
Se llamaba Lucinda,
fue asesinada a tiros por su exmarido. 

El sexto ocurrió el vigésimo primer día de empezar el año,
era viernes.
Se extiende bajo mi piel el fuego que congela los músculos.
No sé qué haré hoy,
se apagan las noches tan rápido.
Se llamaba María,
fue degollada por su marido. 

El séptimo ocurrió el vigésimo tercer día de empezar el año,
era sábado.
Deshilacho las sábanas,
abrazo el cuerpo que duerme conmigo.
Enero cubre de hielo todos sus días, parecen nada.
Se llamaba Lisa,
fue estrangulada por su marido. 

El octavo ocurrió el vigésimo séptimo día de empezar el año,
era miércoles.
Parece que este mes fuera eterno, no termina,
y aún quedan once más.
Se llamaba Ascensión,
fue asesinada a golpes por su marido. 

El noveno ocurrió el cuadragésimo segundo día de empezar el año,
era jueves.
Me pesan los restos de horas invisibles,
las que no estoy frente a un teclado escondiendo las sombras.
se llamaba Ana,
fue asesinada de un tiro por su pareja. 

El décimo ocurrió el cuadragésimo cuarto día de empezar el año,
era sábado.
Me asomo a la ventana antes de salir de casa,
los pájaros picotean como escarcha la frente.
se llamaba Francisca,
fue estrangulada y acuchillada por su marido. 

El undécimo ocurrió el quincuagésimo tercero día de empezar el año,
era lunes.
Comienzo la semana con la fuerza suficiente para encarar febrero
pero se queda entre las manos perdida,
como agua que se cuela entre las grietas.
Se llamaba Soraya,
fue asesinada a tiros por su exnovio. 

El duodécimo ocurrió el septuagésimo primer día de empezar el año,
era viernes.
El mundo se queda sin brazos,
sin pupilas que alcancen,
sin hueco para esconder las lágrimas,
no se pueden esconder más las lágrimas.
El mundo se queda con la muerte.
se llamaba Victoria.
fue asesinada por su pareja. 

El décimo tercero ocurrió el septuagésimo cuarto día de empezar el año,
era lunes.
Pierdo la cuenta de mi pulso,
de los cañones a golpes contra mi cuerpo.
tantas son las bocas calladas hasta ahora,
tantas las figuras destrozadas,
las manos que las atraviesan,
como tantos los cómplices,
ausentes en este silencio.
Y aún no asoma la primavera.
se llamaba Silvia,
fue apuñalada por su marido. 

En el centésimo tercero se llamaba María del Carmen.
En el centésimo quinto Cristina.
En el centésimo octavo Yolanda.
En el centésimo trigésimo segundo María Candelaria.
En el centésimo trigésimo tercero Nombre no conocido.
En el centésimo quincuagésimo Lucía.
En el centésimo quincuagésimo tercero Jana.
En el centésimo sexuagésimo tercero Aranzazu.
En el centésimo sexuagésimo quinto Johana.
En el centésimo octogésimo cuarto Teresa.
En el centésimo nonagésimo segundo Karla.
En el centésimo nonagésimo tercero Alexandra.
En el centésimo nonagésimo noveno Benita.
En el dos centésimo segundo Krisztina.
En el dos centésimo quinto Arantzazu.
En el dos centésimo vigésimo primero Xue.
En el dos centésimo trigésimo quinto Jane.
En el dos centésimo quincuagésimo noveno Flori.
En el dos centésimo sexuagésimo primero Ada.
En el dos centésimo octogésimo Mónica.
En el dos centésimo nonagésimo Estefanía.
En el dos centésimo nonagésimo cuarto Isabel.
En el tres centésimo segundo Jaqueline.
En el tres centésimo sexto Yolanda.
En el tres centésimo vigésimo Celia.
En el tres centésimo vigésimo primero Juana.
En el tres centésimo vigésimo octavo Alia.
En el tres centésimo quincuagésimo segundo Ana.
En el tres centésimo quincuagésimo tercero Elena.
En el tres centésimo quincuagésimo tercero Mari Carmen.
En el tres centésimo quincuagésimo cuarto Victoria 

Y ahora, ¿quién se atreve a borrar sus nombres?


103 feminicidios y asesinatos España 2016

Listado de feminicidios y otros asesinatos de mujeres cometidos por hombres en España 2016:

Feminicidios íntimos oficiales  44
Feminicidios íntimos no oficiales  13
Feminicidios no íntimos  10
Feminicidios infantiles  4
Feminicidios familiares  13
 Feminicidios por prostitución  5
Asesinatos de mujeres por robo  4
Asesinatos de mujeres por violencia comunitaria  1
Feminicidios/asesinatos de mujeres sin datos suficientes  7
Asesinatos de mujeres por violencia económica  1

Fuente: www.feminicidio.net

Belén García Nieto es programadora de aplicaciones informáticas. Colabora en la revista de poesía Caja de Resistencia. Ha participado en Algarabía, proyecto colectivo junto con otras seis mujeres. Activista a tiempo completo.

Más en lamarea.com

Read More

‘Hieden las vértebras rotas’, por Alberto García-Teresa

Alberto garcía-teresa

[Alberto García-Teresa reivindica la poesía crítica, a la que apela en esta entrevista junto a Antonio Orihuela]

Hieden las vértebras rotas

por el tacto entintado de las detenciones,

los labios amoratados de miedo

por el óxido de las multas,

los ligamentos podridos con focos y escobas,

los cráneos limpiamente fracturados

a base de medios de información

y decorados invisibles.

Tiesos de polvo los deseos,

sin esquirlas de dudas ni de caminos

alternativos a la ruta electrificada,

nos han barnizado de alfileres las lenguas,

nos han enguantado las pupilas,

nos han sepultado nuestras aspiraciones

bajo una bandera, una toga, un expediente

y el peso

de una derrota

que hemos hecho nuestra

con sus palabras.


Alberto García-Teresa (Madrid, 1980) es doctor en Filología Hispánica con Poesía de la conciencia crítica (1987-2011) (Tierradenadie, 2013), y ha publicado también Para no ceder a la hipnosis. Crítica y revelación en la poesía de Jorge Riechmann (UNED, 2014), Disidentes. Antología de poetas críticos españoles (1990-2014) (La Oveja Roja, 2015) y Novo mondo en kiaj koroj (Calumnia, 2016);  Pertenece a la asamblea editora de Caja de Resistencia. Revista de poesía crítica. Ha sido codirector y redactor jefe de varias revistas de literatura.

Es autor de los poemarios Hay que comerse el mundo a dentelladas (Baile del Sol, 2008), Oxígeno en lata (Baile del Sol, 2010), Peripecias de la Brigada Poética en el reino de los autómatas (Umbrales, 2012), Abrazando vértebras (Baile del Sol, 2013) -traducido al macedonio (Slovo ljubve, 2015)- y La casa sin ventanas (Baile del Sol, 2016), así como de la plaqueta Las increíbles y suburbanas aventuras de la Brigada Poética (Umbrales, 2008). También ha publicado el libro de microrrelatos Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos (Amargord, 2013). Poemas y ensayos suyos han sido traducidos al inglés, al francés, al serbio, al rumano y al macedonio.

Más en lamarea.com

Read More