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Quien pone la bala

Casquillo de bala. Foto: Katesheets.

Manel Soler Cases* // DAESH define una forma singular de terrorismo global, de sesgo muy particular. Una amenaza líquida que no necesita apoyo logístico ni organización. Cualquiera puede fabricar una bomba casera, armarse con un cuchillo o arrollar a una multitud con un camión. Ha habido, por consiguiente, un cambio de paradigma, que tenemos que procesar y digerir para poder contener el estado de psicosis colectiva y dar una respuesta proporcionada al problema. Un nuevo concepto de terrorismo exige una capacidad de organización y de respuesta distintas. Y por ahora, debemos asumir que no existe.

Tras los primeros atentados yihadistas en París, para combatir a DAESH, la confluencia de fuerzas que forman el “eje del bien”, es decir occidentales, decidió jugar su mejor baza: echar más gasolina al fuego para apagarlo. Montar en cólera para aplacar la ira. Política de hechos consumados. Y es que cuando la insensatez humana cronifica la tendencia –también muy humana– a plantear respuestas inútiles a problemas del mayor calado, rebasando incluso la necia actitud de quienes decidieron conjurarse contra nuestros valores más sagrados, lo único verdaderamente certero es el drama de las víctimas. ¿Y cuál es el balance de resultados? Lógicamente, más atentados. Los últimos, este año, en el Reino Unido, Francia, Suecia, Pakistán, Afganistán, Somalia y, recientemente, Barcelona.

Por supuesto, DAESH trae a nuestra conciencia una certidumbre incómoda, de praxis intricada y bronca: el problema no se soluciona con bombardeos pero tampoco sin ellos. Una encrucijada, que no es poco. En ambos polos se sitúan paradójicamente los defensores de la causa común de la cruzada contra el islam, esa que amenaza con su ruido de sables y hunde sus raíces en el medievo, que no agoniza por más espanto. Los primeros, ateos, agnósticos practicantes que confunden correosamente credo y religión con fanatismo, orillan el análisis sistémico y se atollan en el enfoque supuestamente aconfesional de las causas, en la sacralización del “tópico religioso”, en el apéndice dramático del número de cadáveres, en el vasallaje impuesto por unos medios de ‘infoxicación’ masiva instrumentados, a menudo, por el poder.

En el otro extremo, los ultracatólicos, de moral domesticada y febril, estupidizados por la sobreexposición a las bondades de la Iglesia tanto como a la voracidad, cativa, del islam. Integristas que se incautan de una supuesta probidad cristiana para despistar la herencia criminal de la Inquisición o la abominación que encierra el abuso a menores –ese lastre moral que acarrea la peor tragedia a la Iglesia de nuestro tiempo, la ejercida sobre los más indefensos. Personajes siniestros pero fortalecidos por un sesgo acrítico, que fulmina de raíz cualquier intento de abordar los acontecimientos con la asepsia necesaria y de una manera factual. Así es: nada hay más parecido a un fundamentalista islámico que un fundamentalista católico.

Por otro lado, como organización, DAESH –como Al Qaeda o Boko Haram– constituye un subproducto extremo de nuestra cultura bélica, un aserto más sobre la miseria infamante y el fracaso del desencuentro de civilizaciones. Una concepción marginal, residual y temporal del desafío, pero en la que se fundan la eficiencia de un odio irracional y el acerbo de una fe multisecular sometida a diversos procesos de mistificación histórica. DAESH supone un proceso lógico de idiotización y radicalización de la periferia maniquea y marginal, pero también un exabrupto que sacude y espolea nuestra conciencia. Al dato: parte de occidente es aliado estratégico y comercial de, entre otros países, Arabia Saudí, que supuestamente provee a DAESH con el armamento que luego la organización terrorista utiliza para acudir a matarnos. Francia está entre los países que más armamento provee, en una lista encabezada por los EEUU y en la que también aparece España. Así de cínico. Y así de sencillo. Las reglas del juego fijadas por un poder mezquino y lleno de atavismos. La pata de mono de Jacobs. La fortuna que sale cara. En otras palabras: lo que ceba al tipo que luego nos pone en su punto de mira y dispara.

Frente a esta realidad palmaria, que nos compromete, que nos señala, que nos estalla en la cara, se proyectan tanto los ecos de una escasa voluntad crítica como las sombras, fantasmagóricas y erráticas, del tópico y del prejuicio. Pero sobretodo, la necedad y la apoplejía intelectual de quién imputa, a la religión entera, el sesgo y el delirio de los que invaden miserablemente el dominio y la virtud de una fe por otro lado aceptable. Porque condenar una religión es condenar, también, a los que jamás estarían dispuestos a matar ni a morir por ella. Y porque condenar una religión, solo porque algunos decidieron orquestarla para sus fines criminales, sería tan injusto como condenar la ciencia al completo por la locura de aquellos que nos trajeron los experimentos con cobayas humanas o las bombas atómicas que masacraron Hiroshima y Nagasaki.

El escritor y semiólogo italiano Umberto Eco dijo en una ocasión: “El fin del terrorismo no es solamente matar ciegamente, sino lanzar un mensaje para desestabilizar al enemigo”. El mayor acto de resistencia frente a la barbarie, el odio y la ignorancia es una apuesta decidida por la normalidad. Tras ella está el efecto reconstituyente de nuestro firme compromiso con la defensa de los valores cívicos y humanos, de la ética como norma moral, para el restablecimiento de la convivencia y de la paz. Por otro lado, erramos, y mucho, si sometemos el islam al arbitrio de aquellos que jamás lo comprendieron ni respetaron. Si señalamos también al inocente por el culpable.

*Manel Soler Cases es filólogo, lingüista y profesor.

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Rubén Juste: “El Ibex ha arriesgado demasiado y está muy metido en todas las tramas”

Rubén Juste, autor de "Ibex 35, una historia herética del poder en España".

“Esto es interminable, no se agota con un libro”. Ruben Juste tiene el don de hablar del Ibex, un tema aparentemente complejo y aburrido, con la pasión contagiosa de alguien que ama el fútbol. Sus seis años de investigación se han materializado en Ibex 35, una historia herética de poder en España” (Capitan Swing), una obra de relojero que deshila cada conexión política y económica de las empresas del selectivo de referencia de este país hasta formar una panorámica completa que recorre cada rincón de la historia reciente del poder en España.

Juste analiza cómo las grandes familias patrias se conjugaron con los principales partidos políticos y los grandes medios de comunicación hasta rediseñar la posición privilegiada que asentaron durante el franquismo.

¿Podría resumir la historia del Ibex 35?

El Ibex nace en 1992 en un momento en que el catedrático Gabriel Tortella decía que no había grandes empresas. No había grandes empresas, pero había grandes estatales, como Telefónica, Endesa, Cepsa… A partir de ahí viene la evolución, que consiste por un lado en la desindustrialización de España, que da como resultado al propio Ibex y que con Aznar en el poder pasa del liderazgo absoluto de esas empresas españolas a la privatización, y una mayor concentración de las compañías de construcción, residuales al inicio del Ibex. En segundo lugar se da la expansión internacional del Ibex, primero con Felipe González -sobre todo Telefónica con Luis Solana, que se expande a Latinoamérica- y después con Aznar, en una etapa en la que el Ibex se hace trasnacional pero también gobierno.

Aunque la mayoría son privatizadas, en ese momento se estrecha la relación entre el partido y el Ibex. Más tarde viene la etapa del crecimiento económico y del boom inmobiliario, la “centralización del franquismo”, porque la centralidad de esas constructoras significa que las familias del franquismo que estaban agonizando en cierta medida, vuelven a resurgir de nuevo y se convierten en grandes constructoras con un poder inédito gracias al apoyo financiero de las cajas de ahorro.

El siguiente paso, tras la privatización de esas empresas, es la privatización de servicios públicos que heredan esas mismas constructoras y que abarca desde la etapa de Aznar hasta la de Zapatero, que continúa la misma política y además la amplía. Con Zapatero en el gobierno las constructoras no solo son un Estado paralelo sino que se convierten en productoras de kilovatios, en un entramado enorme que abarca hasta las empresas de energía. El punto de inflexión es 2010, cuando el Ibex se hace totalmente gobierno, cuando los recortes no solo no le afectan sino que además recibe inversiones por parte del Estado.

Por último, llega Rajoy y el Ibex se hace extranjero con la llegada de los fondos de inversión internacionales tras la caída de las cajas de ahorro. De esta forma el entramado se sofistica aún más y ahora los beneficios se canalizan en el extranjero.

Incluso La Caixa, la última pieza grande de este proceso, abrió recientemente la puerta a uno de esos fondos internacionales…

En La Caixa habían entrado capitalistas extranjeros como Carlos Slim. La Caixa es el único poder que coincide con una persona, a la que yo llamo “El Patriarca” [Isidro Fainé], que tiene poder político y poder económico. Estaba a salvo de los fondos de inversión que se comían el resto del entramado del Ibex, con la excepción de Telefónica. En 2016, La Caixa tuvo problemas para compatibilizar la Ley de Cajas, que establece límites a las participaciones, y se hizo un trasvase de acciones de Criteria [holding industrial de La Caixa] a la Fundación [propietaria de La Caixa]. Ahora ese modelo es insostenible y es minoría dentro del Ibex. Repsol, por ejemplo, no tiene capacidad de financiación sino que se basa en los dividendos de esas empresas. Están en una encrucijada que llevará a buscar aliados. Antes el gran aliado era la gran coalición, pero ahora no me extrañaría que hubiera alianzas entre fuerzas antagónicas. CaixaBank tiene una larga tradición en el sector industrial y le interesa conservarlo. Los grandes fondos no son almas caritativas sino que vienen aquí a desmontar las empresas. Necesita un aliado que le permita mantener eso, un aliado político.

¿Es el principio del fin del “capital patrio”?

Estamos en el punto de inflexión. Las grandes familias que siempre han gobernado y que se quedaron con toda la soberanía económica tras las privatizaciones, ahora empiezan a perderlo en favor del capital extranjero. Lo único que queda es La Caixa junto con Villar Mir [ex ministro de Hacienda, presidente del Grupo Villar Mir] en menor medida. Florentino no puede sostener esa empresa [Grupo ACS] totalmente endeudada. Ninguna de las grandes constructoras puede sostener tal nivel de deuda. ¿Hasta qué punto el Estado puede seguir subvencionando el capital nacional? El último caso fue el de Abengoa, a la que el Estado le condonó el 70% de la deuda, más de 250 millones de euros, el equivalente a lo que se exige que recorte el Ayuntamiento de Madrid. Es un punto problemático porque subvencionar a esa industria nacional puede llevar a un nivel de conflicto social insostenible.

¿Qué rol juega el Ibex en la desindustrialización de España?

El Ibex 35 es en realidad las personas que lo controlan. El Ibex 35 era un proyecto, algunos le llaman trama, pero al fin y al cabo una estructura de poder que se reinventa. Es una relación social entre el Estado y las familias que vienen desde la restauración hasta ahora. El Ibex es el clan Solchaga con las familias tradicionales, sobre todo las banqueras, que buscan un modelo más financiarizado donde la industria ya no tiene sentido. Solchaga incluso da ejemplos en su libro.

Solchaga mercce que alguien escriba un libro sobre él…

Es la persona más importante en la historia política y económica reciente, pero apenas se ha escrito sobre él. Pudo hacer y deshacer a su antojo toda la estructura económica, desde la productiva hasta la financiera, incluso el Estado también.

Pero logra mantenerse en segundo plano…

Claro. Cuando en 2015 Jordi Sevilla hizo el programa económico del PSOE, el primero que le dio directrices fue Solchaga, que se reunió con todos los empresarios del Ibex para trazar una línea común y transmitírsela a Jordi Sevilla. Desde el origen de la democracia hasta ahora la misma persona está dando pautas sobre a dónde hay que ir.

Esta semana el BBVA fichó a Jordi Sevilla…

Jordi Sevilla entra y sale sin pudor y sin problema. Tiene un libro escrito con Luis de Guindos antes de que cayeran las cajas de ahorros en el que ya hablaban del fin de las cajas. Apenas tienen diferencias en materia económica.

¿Qué resortes mantienen hoy en el poder a estas familias del Ibex 35?

El control del Estado a través principalmente de los partidos, que son los que les permiten financiarse. También, a modo de salvavidas, lo logran a través de los altos cuerpos del Estado, la burocracia que ejerce de segundo sostén y les da conexiones privilegiadas a la hora de obtener concesiones, ventajas fiscales y otros trámites a corto plazo. Si el Titanic se hunde, siempre les quedarán los botes salvavidas, que son esos cargos.

Hace unos años el Ibex 35 gozaba de una relativa aceptación, hasta crearon el “Club del Ibex”. Ahora sucede lo contrario, ¿qué ha cambiado?

Escribí un artículo en CTXT al respecto. Lo que está sucediendo es que está emergiendo una red que conecta demasiados sitios controvertidos que pueden llevar a plantearse el propio sistema, el modelo de país. Aparecen en todo el entramado, sea la trama Gürtel u otra. Ahí están Aznar, la Casa del Rey, las empresas del Ibex… Siempre aparece alguien: Urdangarín, la Infanta, su abogado Miquel Roca, que está en ACS y es uno de los padres de la Constitución… El Ibex ha arriesgado demasiado y está muy metido en todas las tramas. Por ejemplo, todos los empresarios que financiaron al PP recibieron trato de favor por parte de Bankia. Hay un entramado que tiene al Estado de salvavidas a través de financiación, subvenciones, nacionalización tapada…

El ejemplo de por qué esto no puede salir a la luz es Abengoa. El gobierno la rescató tres días antes de la investidura de Rajoy. Abengoa tiene una deuda de unos 6.000 millones y el Estado le ha acotado el 70% a través de Bankia, una entidad nacionalizada. ¿Quién estaba en Abengoa? Un diputado del PSOE, un diputado del PP, un ex jefe de la Casa Real, un secretario de Estado y un ministro socialista. Tienen que nacionalizar para que no emerja la trama que hay detrás de todo ello.

A menudo nos centramos en ministros y presidentes para hablar de puertas giratorias, pero olvidamos a los secretarios de Estado, directores generales…

Yo diferencio seis niveles: gobierno nacional, gobierno local, parlamento, altos cuerpos del Estado, mandos medios como los entes reguladores, y gobiernos extranjeros. Los burócratas dicen que puede haber una lenta transformación del Ibex y que este podría ser menos político que antes. Lo que sucede es que las puertas giratorias se reinventan porque la cuestión se ha convertido en un problema para ellos. En 2016 había 29 abogados del Estado en el Ibex, y al menos 14 economistas del Estado… en total 49 altos funcionarios de la élite del Estado en el Ibex 35. Toda una administración que ha traspasado al propio Estado.

También hay cargos de la administración y políticos que montan consultoras que viven de los contratos con empresas del Ibex, ¿cómo están evolucionando las puertas giratorias?

Por ejemplo una innovación del Ibex que es ya casi una norma es la captación de gente de la UDEF [Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía]. Los inspectores de la UDEF son muy codiciados y curiosamente han entrado en varios bancos coincidiendo con un momento en el que hay muchas inspecciones por blanqueo de capitales. También están las contratas y subcontratas que funcionan como el Ibex, es decir, a modo de guardaespaldas del poder político sin aparecer en primera línea.

Ana Botín en el Banco Santander, José María Álvarez-Pallete en Telefónica… ¿Qué líneas definen a la nueva generación del Ibex 35?

El Ibex no es impermeable a los cambios sociales. Ahora están en la disyuntiva de tecnificar más o politizar más. Sucede que tecnificar significa que estas empresas dejen de ser españolas, porque su condición de españolas se basaba en su estrecha relación con el poder político, que les permitía endeudarse hasta niveles insostenibles y les daba la posibilidad de ser rescatadas por el Estado. Ahora con los nuevos canales hay menos conexión, pero es como una petrificación del Ibex, una práctica que necesitan de cara a los accionistas, sobre todo los fondos extranjeros, que exigen cosas que jamás se habían planteado en el Ibex, como tener auditorías fiables. Eso va a generar dinámicas que no se habían conocido y una fuerte contradicción en la estructura de poder española. Habrá una pugna entre la renovación y la continuidad de esos canales. Pallete no va a evitar que suban más ministros al consejo de administración de Telefónica. Hacer lo mismo pero de forma más discreta.

¿Qué papel desempeñan hoy Felipe González y José María Aznar frente al Ibex 35?

Ellos son como sacerdotes, conciliadores de intereses entre el Estado y el Ibex. Entran en acción en momentos en que la relación entre ambos empieza a flaquea. Eso se ha demostrado en política y economía. González interviene en el Ibex como consejero, trayendo incluso a un inversor como Carlos Slim, y en política, como cuando amenazó a Pedro Sánchez. Y ojo, que Felipe González no sería nada sin la capacidad de articulación de Solchaga.

Habla de la agenda secreta del Ibex 35 de cara a la última investidura para formar gobierno. ¿Por qué el Ibex quería que PP y PSOE formaran gobierno?

Créditos, deuda. Bankia es la principal acreedora de las grandes fortunas del gobierno. ¿Quién controla Bankia? El gobierno. ¿Y si de repente el gobierno es Podemos y le dice a las Koplowitz que tienen que pagar ahora y no en 2020, como les ha concedido el gobierno? ¿Qué hubiera supuesto no rescatar Abengoa? ¿Qué habría pasado en la multitud de casos en los que Bankia echó una mano a empresas con créditos muy sustanciales?

Parece que Pedro Sánchez podría volver. ¿Qué crees que pasaría si retomara las riendas del PSOE?

Yo siempre he visto dos niveles en el PSOE. Está el clan, con Solchaga, Boyer y Felipe González, y está el resto del partido, que tiene dinámicas diferentes desde la transición hasta ahora. No podemos poner en el mismo nivel a un alcalde del PSOE y a los miembros de esta trama. Las contradicciones en el PSOE son enormes y eso se ve en las tensiones entre la militancia y la gestora. Pedro Sánchez se ha dado cuenta del poder del Ibex y quizás merezca una segunda oportunidad. Puede ser interesante ver otro PSOE capaz de decir las verdades, y debería revelarlas el propio Pedro Sánchez, que sabe más de lo que dice.

¿Qué pasa con la miopía de las autoridades encargadas de velar por la competencia en España frente al Ibex 35?

Con frecuencia cometemos el error de confundir a las personas con las empresas. Deberíamos tener claro que cualquier ingeniero de este país es tan válido como el presidente de Ferrovial o ACS para gestionar esa empresa. De esa forma no tendríamos miedo a exigir una gestión más transparente de esas empresas, hasta permitir que por ejemplo esas personas vayan a un juzgado. Villar Mir ha pasado de largo, y va a pasar lo mismo con Florentino y con cualquiera que tenga ese nivel de conexiones. No solo por la falta de capacidad de la Justicia, sino también por la respuesta ciudadana, por la falta de exigencia hacia estas empresas.

¿Qué siente cuando lee reseñas o entrevistas en las que sus palabras aparecen al lado de la publicidad de Repsol o del Banco Santander?

Pienso en la gran contradicción que hay en este país. Vivimos de un padre que nos quiere matar. Sucedía con la nobleza y la aristocracia, que hicieron que todos pensaran que ellos trabajaban por el interés colectivo. A la sociedad española le toca reflexionar sobre si esta élite responde al interés colectivo. Es ahí donde quizás veremos que nos conviene exigir más, y no limitarnos a sobrevivir de lo que nos den. Hablo de “historia herética” del Ibex porque tenemos que desafiar esa forma tradicional de ver la realidad, que está impregnada por la capacidad del Ibex para meter miedo a los cambios.

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