Huelva-Almería: el tren de los pobres

PEDRO BLANCAS // “¿Sabes lo que tienes que hacer para ir a Almería?”. No me encuentro en mi coche preguntando en una gasolinera, ni mi interlocutora es un municipal de ningún pueblo aceitunero de Jaén. Me lo pregunta, a bocajarro, la revisora del tren Sevilla Santa Justa con destino a Almería.

Sorprendido, pienso  que lo que tenía que hacer para ir a Almería ya lo había hecho: comprar el billete y montarme en el tren. Pero mi ingenuidad, o la mala praxis de Renfe, me ha regalado tres viajes en uno. La revisora, con muy buena voluntad y poca cualificación, al tiempo que me explica la odisea andaluza, pide ayuda para que traduzcamos en inglés a los turistas que ocupan medio vagón.

“En este tren hay que bajar en Antequera. Out this train in Antequera. Luego hay que subir a un autobús hasta Granada. Go Granada in bus. Y allí subir a otro tren para llegar a Almería…”. Ya no tuve interés para en escuchar la repetición en inglés.

A pesar de que el tren arriba en Málaga y los pasajeros con destino a Almería debíamos abandonarlo en Antequera, la grabación de la megafonía del vagón insiste en cada pueblo: Tren con destino a Almería, próxima estación, Marchena.

Seis horas y cinco minutos de transiberano andaluz. Cualquier turista de selfie disfrazado de explorador presumiría de intrépido si esta aventura la viviese en un país exótico… ¡Guau! Sin bar, ni personajes engolados cerrando negocios por teléfono, sin preferente… Solo guiris despistados y pobres incautos.

Sí, pobres muy pobres. Tanto que no merecemos ni el paripé del escáner en el andén ni un vigilante que venda seguridad. No hace falta con gente que viaja en un ave zancuda con baypass en bus. Si hoy nos atentaran, mañana ondearían pancartas con reyes y presidentas proclamando: todos somos pobres.

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