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Aznar: “La elección de Pablo Casado es un gran acierto”

José María Aznar, el expresidente del Gobierno, declara en un programa de televisión confíar plenamente en Pablo Casado Blanco, el político español actual presidente del Partido Popular (PP) y diputado en el Congreso por Ávila. Aznar ha visitado ‘El programa de Ana Rosa’ para analizar las últimas noticias de la actualidad política y con motivo …

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Robaron (presuntamente) perteneciendo al Partido Popular

Cuando Francisco Granados robaba (presuntamente), lo suyo no se llamaba Púnica, eso vino después. Lo suyo se llamaba PP y él era nada más y nada menos que consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid presidida por Esperanza Aguirre.

Cuando Francisco Correa robaba (presuntamente), lo suyo no se llamaba Gürtel, eso vino después. Lo suyo se llamaba PP y él era quien, tras reinar en la boda de la hija del presidente Aznar, manejaba millones de euros propiedad de los ciudadanos y los repartía entre políticos del PP.

Cuando Luis Bárcenas robaba (presuntamente), lo suyo no se llamaba caso Bárcenas ni Gürtel, eso vino después. Lo suyo se llamaba PP y él era quien repartía dinero negro entre altos cargos del partido, dinero procedente de todos los ciudadanos. Entre otras lindezas.

Cuando Ignacio González robaba (presuntamente), lo suyo no se llamaba Lezo, eso vino después. Lo suyo se llamaba PP y él era el presidente de la Comunidad de Madrid, además de secretario general del partido allí.

Cuando los miembros del Partido Popular arrugan la nariz y reniegan de, entre otros, los anteriores señores, tratan de vender la idea de que entre sus robos (presuntos) y el partido no hay ninguna conexión. La forma que tienen los medios de comunicación de representar los casos de corrupción, haciendo suyo el nombre que los investigadores les dieron, contribuye a marcar distancias con el partido al que pertenecían cuando cometieron sus tropelías. Pero no. Granados, Correa, Bárcenas o González –por ser breve— no robaron (presuntamente) mientras pertenecían a la Púnica, Gürtel o Lezo. Robaron (presuntamente) perteneciendo y representando al Partido Popular.

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Gürteliana

Pablo Crespo (izquierda) y Francisco Correa, en el banquillo de los acusados de la trama Gürtel. POOL

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“Yo estaba trabajando con la mujer de Paco [Francisco Correa], y luego conocí a Paco más profundamente y empezamos a trabajar en Majadahonda. En ese momento, yo pensé que alguien que había estado en la boda del presidente [Aznar], que era amigo del presidente, que todo el mundo se lo rifaba como amigo y como todo… pues jamás pensé que podía ser una persona corrupta”. Al teléfono, José Luis Peñas recuerda el arranque de todo. Él fue el primer denunciante, el que puso en marcha la Gürtel.

A estas alturas, justo diez años después de que, en noviembre de 2007, arrancara el proceso, la Gürtel viene a ser tan popular como La Lola de España. Nadie necesita muchas más explicaciones para saber lo básico: que el Partido Popular utilizó el dinero público de forma fraudulenta. ¿Para qué? Eso es algo más borroso. Para financiar elecciones cuyos resultados ya sabemos dudosos, para untar a miembros de la dirección del partido, para repartir sobres con dinero negro, para premiar a empresarios amigos, para corromper a presidentes/as autonómicos o alcaldes y alcaldesas… Se podría escribir un abecedario: A de Aznar, B de Bárcenas, C de Correa, e incluso darle dos vueltas.

Corría diciembre de 2005, y Peñas, a la sazón concejal del PP en el ayuntamiento de la localidad madrileña de Majadahonda, estaba a punto de enterarse de algo que iba a cambiar la política española. O al menos, la imagen que los españoles tienen de lo que significa la corrupción. “Empezamos a tener más confianza Paco [Correa] y yo”, continúa, y jadea porque ha respondido a la llamada en mitad de una ruta en bicicleta con su esposa.

“En diciembre de 2005, él estaba viviendo en un hotel porque se había ido de su casa. Estábamos allí juntos y le llamó Martín Vasco, concejal de Arganda del Rey. Tuvieron una conversación larga con el teléfono en manos libres. En esa conversación fue la primera vez que oí… Bueno, Benjamín [Martín Vasco] le dijo a Correa que si no le daban sus 300 kilos, nada de nada… En ese momento, uno, por muy pueril que sea, se da cuenta de que ahí hay un lío importante. Y te digo la verdad, lo pensé mucho esa noche con mi mujer, porque yo soy funcionario y lo más fácil habría sido quitarme de en medio, teníamos que tomar una decisión, pero tenemos hijos, sabía que iba a afectar de una manera clara al resto de nuestras vidas… Ella no lo dudó en ningún momento y me dijo que ya sabía lo que íbamos a hacer. Tras una noche intranquilo me dije: voy a hacerlo, voy a denunciar, pero lo que no puedo hacer es ir mañana a comisaría y decir, ‘es que hay unos tíos muy malos aquí’. Esa misma noche me vino a la cabeza que tenía una memoria USB antigua que usaba básicamente para oír música…”.

Aquel 15 de diciembre de 2005, siempre según su versión, José Luis Peñas decidió no solo denunciar, sino tomarse el tiempo necesario “para que nadie echara atrás esa acusación”. Nada menos que 80 horas de conversaciones grabadas en aquella USB. “Entonces decidí, juntamente con mi mujer, que íbamos a cambiar nuestra vida. Lo que no sabíamos es que íbamos a cambiar también muchas cosas en el país”.

Dos años después de ese momento, en 2007, se presentó con sus documentos ante la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía. Y poco después, a la Fiscalía. “Fue una de las tres decisiones más importantes de mi vida… si no la más importante”, resopla. “Y me siento muy orgulloso por haber logrado sentar al Partido Popular en el banquillo, que se haya descubierto cómo se ha dopado durante años y años y años, y cómo ha ganado de manera ilegal e ilegítima elecciones. Ese es el gran logro. Haberle visto la cara al verdadero PP”.

Grandes logros

La abogada Lara Carrasco, presidenta de Lucha Contra la Corrupción (Corruptil) y una de las primeras profesionales implicadas en la denuncia, suele asegurar que la Gürtel es “un milagro”. Afirma: “Somos un gran país capaz de hacer cosas como esta”.

No resulta demasiado frecuente oír alabanzas a la llamada Operación Gürtel, muesca negra en el saqueo de lo común, de lo público y de la idea democrática de lo político. Sin embargo, aquellos que han hecho posible el proceso ofrecen una visión positiva. Yendo hasta el momento más feroz, aquel 26 de julio de 2017, cuando Mariano Rajoy Brey se sentó ante el tribunal para declarar como testigo en la causa.

El responsable de que el presidente del Gobierno de España se sentara ante los magistrados que juzgan la Gürtel y, de paso, ante decenas de periodistas internacionales, es Mariano Benítez de Lugo, al frente de la Asociación de Abogados Demócratas por Europa (ADADE). El mismo letrado que el 28 de junio de 2013 recibió una amenaza de Luis Bárcenas por mandarlo a la cárcel. “El socialista me va a encontrar”, desafió entonces el extesorero del Partido Popular. Hoy, Benítez de Lugo se cuenta entre los que celebran la Gürtel. “Ha puesto muy de manifiesto una trama de corrupción que podía no haber sido desvelada”.

A falta solo de los informes finales y de la sentencia, que previsiblemente llegará a finales de la primavera de 2018, el abogado no puede sino sentirse satisfecho. Valgan los jalones de su satisfacción para dibujar uno de los posibles retratos positivos de la Gürtel.

La satisfacción

Para empezar a enumerar méritos, Benítez de Lugo rinde un homenaje al juez Baltasar Garzón, condenado en 2012 por prevaricación y apartado del ejercicio judicial. “El primer mérito en la Gürtel hay que atribuirlo al juez Garzón”, asegura, “que rápidamente tomó conciencia del caso y ordenó una serie de registros que supusieron la obtención de importantísima documentación de cara a la estructuración del caso”.

En segundo lugar está Bárcenas. ADADE consiguió que se revocara el sobreseimiento sobre el extesorero y, por lo tanto, en 2009, el caso no terminara sin pena ni gloria. Algo más de tres años después, el 27 de junio de 2013, Benítez de Lugo pidió prisión para Bárcenas, a lo que se sumó la Fiscalía. Sin ese paso, resulta difícil pensar que en julio de 2013 el propio extesorero reconociera la autoría de los llamados Papeles de Bárcenas. “Yo pido su cárcel y se adhiere el Ministerio Fiscal”, explica el letrado. “Entonces, él cambia de abogado y quiere declarar y el 10 de julio, cuando había dicho que los papeles eran fotocopias que no eran suyos, reconoce la autoría”. En esos papeles figuraban las entregas de dinero en efectivo a toda la plana mayor del Partido Popular.

Después llegaron la aceptación de la exministra Ana Mato y el PP “como beneficiarios a título lucrativo de los delitos de otros”. Y, por fin, la petición con éxito de la declaración del presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, como testigo pese a las negativas por parte del juez instructor.

Decepciones, ruina y dolor

Si bien aquellos que han hecho posible la Gürtel celebran los resultados y, más allá de eso, la existencia misma de los juicios que han puesto en evidencia la corrupción existente en diversos gobiernos del PP, nacionales y autonómicos, también ha habido decepciones.

“La reciente negativa del careo ha sido una gran decepción”, manifiesta Mariano Benítez de Lugo. “Si hay una persona, como es Bárcenas, que dice que ha entregado dinero en efectivo, en concreto y entre otros, a Mariano Rajoy, y este, cuando yo le pregunto, lo niega, lo lógico, y así está previsto en la ley, es que se confronten ambas personas para que el tribunal decida cuál de los dos considera que tiene una versión más fiable. Ese es el objetivo del careo”. Sin embargo, el presidente del tribunal consiguió que dicho careo no tuviera lugar y dejó la participación de Rajoy en la de un mero testigo.

Por su parte, el denunciante José Luis Peñas considera que “ha habido grandes líneas rojas”. Explica: “Llevo mucho tiempo denunciándolas. A los investigadores se les impusieron grandes líneas rojas que no podían traspasar, y desde luego a las fiscales”. Y se pregunta: “¿Por qué no ha declarado José María Aznar? ¿Por qué no se ha imputado a gran cantidad de dirigentes del PP que sí están en las cuentas? ¿Por qué a Francisco Álvarez Cascos no se le interpeló después de que Correa declarara que Cascos le había dado la cuenta de Aena? En este país las cuentas públicas no se dan, se ganan por concurso. Ese es el gran fallo, un fallo político hecho de líneas rojas…”.

Sin embargo, no solo han existido decepciones, sino altísimos costes para las vidas de aquellos que han denunciado y, por lo tanto, hecho posible que esta causa que ahora termina haya sido posible. El caso más sangrante es el de Ana Garrido.

Siendo Garrido funcionaria del Ayuntamiento de Boadilla del Monte, en enero de 2009 denunció una trama de corrupción que acabó manchando al PP en todo el territorio español. Así lo recuerda: “Yo conocía la corrupción que ocurría en mi ayuntamiento. Cuando empecé a hacer una labor de investigación antes de denunciar, pensaba que afectaba solo a Boadilla del Monte. A medida que fui avanzando esta investigación, en la que me ayudaron compañeros aportando expedientes, a medida que fui cruzando empresas… También había nombres conocidos que no han sido imputados, por ejemplo, exministros de la época de Aznar como Acebes y Michavila, que yo no me imaginaba al principio lo que suponía. Cuando denuncié ya sí vi que era algo muy gordo que afectaba, sobre todo, a alcaldes de otros municipios y a empresarios importantes, pero nunca llegué a imaginar que era una trama de corrupción de un partido entero y a nivel nacional”.

A partir de entonces, empezó una cacería contra ella, como denunciante, que incluye incluso amenazas de muerte. Al teléfono, valora si ha valido la pena: “Qué pregunta más difícil. Para mí, no, en el sentido de que me han arruinado la vida. Antes de denunciar era una persona con una vida profesionalmente estable, feliz, me encantaba mi trabajo, no podía pedir más. Ahora no tengo tiempo para salir de la miseria, a día de hoy todavía me paso el tiempo de juicio en juicio… A nadie le compensa pasar por esto porque no hay nada que lo pague”.

Sin embargo, Garrido asegura que volvería a hacerlo. “En mi cabeza no cabe hacer otra cosa: o entras en la rueda o denuncias. Yo tenía una responsabilidad profesional como técnica municipal”. Sin embargo, puntualiza: “Volvería a denunciar, sí, pero lo haría porque no tengo hijos”.

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Se han quitado las máscaras

Francisco Correa I La Marea

A la fiscal Concepción Sabadell no le cabe ninguna duda: la Gürtel suponía un “sistema” organizado por políticos y gobernantes del Partido Popular para robar fondos públicos, o sea de todos. “Se han confirmado los indicios y se han comprobado los hechos con una abrumadora y contundente prueba”, ha afirmado Sabadell. “Esquilmaron arcas públicas”, ha añadido.  Y más: “Fue un modo de vida duradero de esta organización constituida para delinquir”.

La noticia ha pasado casi desapercibida, cuando no ha sido descaradamente omitida, en la mayoría de los medios de comunicación españoles. Después de diez años de Gürtel, cuando por fin llega el momento de las conclusiones, demoledoras conclusiones, tenemos la información tan cubierta de banderas que no se ve nada más.

Hay quien ve en asuntos como este una de las razones por las que no se ha querido dar solución al asunto catalán. Sostienen que a los corruptos, sobre todo al PP y la antigua CiU, les ha venido muy bien el jaleo. Sea intencionado o no, no cabe duda de que, efectivamente, la bandera tapa. Sin embargo, me interesa más algo menos obvio, algo que también ha quedado en evidencia, ligado al cinismo político.

Durante muchos años, al menos los que van desde los primeros 80 hasta el 15-M, nos hemos ido acostumbrando a ver el ejercicio de la política como una cadena de actos de cinismo. Sabíamos que el político decía A, pensaba B y hacía C, para que el medio de comunicación de turno publicara Z. No es cierto que nos engañaran. Había un pacto implícito donde todos sabíamos que el otro sabía: que Fraga era franquista, como Gallardón y toda la panda, que miembros del gobierno de Felipe González organizaron los GAL, que Jordi Pujol y sus secuaces acumulaban dinero en el extranjero sin contemplaciones, que entre todos se opusieron a juzgar a los criminales de la dictadura, que gran parte de la judicatura roza la extrema derecha, que los jefes tocan a las chicas, y los políticos, y los directores, y los curas, etc.

Después, con el 15-M, parecía que a ese cinismo se le había abierto una brecha y que era posible ejercer la política con franqueza y honestamente. Parecía, y quién sabe… Pero lo más interesante ha llegado ahora, con el Procés y su espectacular –de espectáculo– final. Ese pacto tácito por el que los partidos políticos vendían una moto y nosotros/as la comprábamos y aquí no ha pasado nada, se ha roto. No es que ahora denunciemos sus artimañas y tejemanejes. No es que ellos hayan dejado de ponerlos en práctica. Sencillamente, nuestros gobernantes han dejado de disimular, de inventar una realidad y aplicar otra, se han quitado la máscara y observan, seguramente con cierta estupefacción, que no pasa nada de nada. Ahora pueden decir las barbaridades que piensan, llegar a los acuerdos más vergonzosos, sonreír antes sus propias propuestas de ignorancia, y la población hace lo mismo que cuando fingía no saber: nada.

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El congreso de los enjuiciados y el congreso de los peleados

Algunos de los principales líderes del Partido Popular durante el 18º congreso de esta formación. Foto: PP

Como de todos es sabido, este fin de semana se celebran dos congresos, el del Partido Popular y el de Podemos. Cada uno de ellos está envuelto en unas determinadas circunstancias, muy diferentes. En el Partido Popular la unidad es absoluta, las discusiones y debates serán en torno a asuntos de segundo orden: por ejemplo la situación burocrática de compatibilidad de cargos de Dolores de Cospedal y la posición del partido frente a la maternidad subrogada. En cambio, en Podemos el enfrentamiento entre el número uno y el número dos, con sus correspondientes partidarios, es muy virulento y probablemente se escenifique en Vistalegre, el lugar del encuentro.

Pero existen más circunstancias relacionadas con estos partidos. Precisamente el día anterior del comienzo de los congresos, los jueces valencianos han condenado a once personas por delitos de malversación de caudales públicos, tráfico de influencias, cohecho, falsedad y asociación ilícita. Su modo de actuar era la coordinación entre empresarios, mediadores y cargos públicos del Partido Popular para manipular la adjudicación de obras y servicios a determinadas empresas burlando los mecanismos legales a cambio de comisiones con las que lucrarse o financiar ilegalmente las campañas electorales del Partido Popular. No solamente ha sucedido eso los días anteriores a los congresos. Nueve empresarios admitieron ante la justicia que financiaron de forma ilegal al PP en la campañas electorales de las municipales y autonómicas de 2007 y en las generales de 2008.

Huelga decir que nada de esta índole sobrevuela en el congreso de Podemos, donde no existe sombra alguna de corrupción, cobro de comisiones o financiación ilegal. Sin embargo, estoy convencido, y como yo muchos más, de que el desarrollo de este fin de semana de congresos será más duro y desagradable para los dirigentes de Podemos que para los del Partido Popular. Es decir, habrá en nuestra sociedad un mayor ambiente de sanción, condena, enfado y castigo contra Podemos por su discusión, diferencias y debate que contra aquellos políticos del PP que han robado nuestro dinero público y han ganado elecciones ilegalmente. Nadie discutirá que la sombra de pérdida de apoyos se cierne hoy más sobre Podemos por su confrontación que sobre el Partido Popular a pesar de todo lo que sucede en los juzgados.

Evidentemente, hay muchas cosas de las que acusar a los de Podemos por el modo en que están manejando su crisis, pero quizás lo más grave sea una sociedad que termina siendo más permisiva con los políticos corruptos que contra los peleados.

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