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El padre de uno de los detenidos de Alsasua: “no pedimos impunidad, pedimos justicia”

Interior de una celda. Foto: Jorge González.

El proceso sigue abierto y pendiente de juicio, así que todo son supuestos. La instrucción del caso sostiene que el 15 de octubre de 2016 dos guardias civiles (un sargento y un teniente) que no estaban de servicio y sus respectivas parejas fueron agredidas durante una pelea en un bar de Alsasua, una pequeña localidad de Navarra. Uno de los agentes terminó con una fractura de tobillo y las otras tres personas sufrieron policontusiones y magulladuras de carácter leve. Un mes después de los hechos, fueron detenidas ocho personas. En total hay 11 imputados, entre ellos dos menores de edad.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional ha solicitado penas de 50 años de prisión por lesiones terroristas para seis de los detenidos; 62 para otro de ellos, al que suma la acusación de amenaza terrorista, y 12 para otro acusado, al que solo imputa este último delito. Las familias de los acusados y quienes les conocen no dan crédito a lo que está pasando. La Marea conversa con el padre de uno de los tres jóvenes que siguen detenidos horas después de la multitudinaria concentración de apoyo que tuvo lugar este viernes en Pamplona. Pide que no revelemos su nombre para no restar protagonismo a las familias de los demás acusados.

¿En qué momento del proceso se encuentran?

El día 4 de este mes salieron las peticiones de penas, que son estrambóticas. Piden 375 años para los ocho imputados, desde 62 años para el que más, hasta 12 y medio para el que menos. Estamos desencajados ante la desproporcionalidad con la que se ha tratado el tema desde el principio. Ahora estamos a la espera de juicio, se espera que sea en otoño.

¿Por qué están tardando tanto?

Nos están diciendo que las cosas suelen ir más lentas pero que en principio lo están acelerando. Aquí hay tres encarcelados. Se llegó a decir que fue un linchamiento de 20, 40 personas, pero después imputaron a 11 personas, entre ellas dos menores, y seguimos sin entender el tratamiento que se le ha dado a todo esto, una pelea de bar a altas horas de la madrugada.

¿Cómo están los detenidos?

Bueno, uno es hijo mío. Ellos en principio están en régimen FIES [Ficheros Internos de Especial Seguimiento], con tratamiento de terrorismo y las condiciones que ello requiere. Está todo intervenido, las comunicaciones, las cartas… Cuando vas a la visita en el auditorio, están encerrados con llave. En el caso de mi hijo estamos hablando de un chaval de 21 años al que se trata de terrorista. Es muy dura esta situación. Al principio estuvieron en la prisión de Soto del Real los tres, en módulos diferentes, pero hace poco más de un mes los trasladaron a cárceles diferentes de Madrid.

¿Qué ha cambiado en el pueblo desde que empezó todo esto?

Lo criminalizaron. Este es un pueblo muy dinámico, toda la vida ha venido gente de otras partes del estado, de Extremadura, de Castilla… Este es un pueblo variopinto que siempre ha recibido con los brazos abiertos a la gente, un pueblo que está totalmente unido. Han conseguido el efecto contrario de lo que querían. Estamos desbordados por el despliegue de solidaridad, se respira en la calle. Se creó una plataforma de apoyo a los detenidos, y ayer en Pamplona esta plataforma organizó una manifestación y llenó la Plaza del Castillo, que no es un trabajo fácil.

¿Cómo ha cambiado Alsasua desde aquella noche de octubre?

Esto lo han sacado de madre los medios de comunicación. Pensamos que esto puede estar orquestado desde antes. Una pelea de barrio, a las cinco de la mañana, con alcohol… Eso ha ocurrido en todas partes cada dos por tres. Hace poco hubo una en Lugo y otra en los sanfermines. Cuando en esos casos hay atentado contra la autoridad, se dirime en un juicio rápido, cuatro o seis meses de cárcel, la denuncia correspondiente y no va a más. En este caso le han dado todo el matiz político que han querido. Aquí cuando ETA dejó la actividad armada, se respiraba un clima normal, no había ese distanciamiento que han querido mostrar. Una de las novias de los guardias civiles llevaba 15 días en el pueblo y habló de Alsasua como si llevara toda la vida, poniendo en boca de gente del pueblo actividades que no se han dado ni en la época más difícil de Alsasua. Es terrible el tratamiento que se le ha dado este tema, las mentiras que se han vertido sobre el pueblo… Por ejemplo, aquí hay una carretera que divide el pueblo por la mitad. Muchos medios dijeron que uno de los márgenes, la parte del casco viejo, era la zona abertzale y la otra la nacional, cuando la realidad es que aquí en cualquier parte del pueblo se respira tranquilidad y normalidad. Es estrambótico.

¿Cómo ha enturbiado esto la percepción en el pueblo hacia los cuerpos de seguridad?

El temor está ahí. Han implicado a chavales por el hecho de estar ahí, y en este caso podría haber sido cualquiera que estuviera en el bar o fuera. Imagino que ahora levantarán el pie del acelerador en montajes de este tipo porque la gente no es tonta y se da cuenta de que esto está totalmente fuera de sitio, porque se les ha ido de las manos.

¿Alguien del entorno de la Guardia Civil se ha solidarizado con ustedes?

Sí. Mira, incluso el coronel jefe de la Guarda Civil en Navarra, cuando pasó toda esta vorágine a finales de noviembre, hizo una intervención pública que no trascendió a nivel nacional. Estamos hablando del coronel jefe de la Guardia Civil en Navarra. Dijo que Alsasua no es territorio hostil, que es un pueblo normal, con convivencia normal con la Guardia Civil.

El juez Baltasar Garzón, que ejerció en la misma Audiencia Nacional que ahora juzga este caso, volvió a repetir hace unos días que había una actuación desorbitada por parte de la Justicia. El fiscal Perlas pide en total 375 años de cárcel. En opinión de ustedes los familiares, ¿qué sería lo justo?

Nosotros no somos jueces. Lo primero que pedíamos era presunción de inocencia, que no la hubo en ningún momento. Desde el principio se criminalizó a los chavales. También pedimos que se haga una investigación real de los hechos, porque la instrucción de este caso se hizo basándose únicamente en el testimonio de los guardias civiles y sus compañeras. Pedimos justicia, proporcionalidad, que se juzgue esto en la verdadera medida de lo que fue. No pedimos impunidad. Estamos hablando de una pelea a las cinco de la mañana que acaba con un tobillo roto. Llegaron a decir que fue un linchamiento de 50 personas, pero si así hubiera sido, los habrían matado.

Los imputados son personas jóvenes sin antecedentes. ¿A qué se dedicaban? ¿Cómo les está afectando todo esto?

Imagínate. El mayor tiene 30 años, ese salía de trabajar y se asomó allí por casualidad. Le marcaron y ahora está imputado y podrían caerle 60 años encima. El resto son chavales, la menor tiene 17 años. Son estudiantes. Te puedo hablar de todos porque esto es un pueblo de 7.000 habitantes. Mi hijo es estudiante, aficionado al deporte, hacía una vida normal. No estaba metido en política, a pesar de lo que han dicho. Chavales normales, cada uno con su ideología, que están estudiando, haciendo vida normal. No les dan libertad porque, según el auto, son hijos de familias arraigadas, y el propio arraigo dicen que puede provocar que les facilitemos la huida. Antes eran los desarraigados los que podían huir en un caso así, pero en nuestro caso dicen que nosotros podríamos facilitar su huida. Es totalmente desproporcionado. Aquí la concentración de ayer fue tan multitudinaria porque la gente ve lo que está pasando. Por desgracia eso no se ve fuera, no trasciende más allá de los medios locales.

Muchos medios han difundido una versión caricaturizada de ustedes: familias sombrías, ultranacionalistas, del entorno de ETA… ¿Usted cómo responde a eso?

A mí me produce risa. Yo no soy ultranacionalista ni mucho menos. En el grupo hay gente de ideologías totalmente diferentes. Lo estamos llevando en grupo porque todo esto no es más que una pelea de barrio y no lo estamos politizando como lo han querido politizar ellos. Cada uno tiene su forma de pensar, pero eso no es un crimen. Otra cosa es que actúes de forma violenta. No hay nadie del grupo que sea una persona violenta, nadie ha estado nunca detenido… Que nos criminalicen así no es más que otra parte del relato que están generando sobre este tema.

¿Han recibido alguna amenaza?

No. Más allá de lo que se ha publicado en algunos medios, no hemos recibido amenazas personales.

¿Destacaría alguna muestra de solidaridad que le haya marcado de forma especial?

Las más cercanas. Todas esas muestras son muy importantes y las agradecemos todas. El 26 de noviembre a la primera manifestación que se hizo acudieron 20.000 personas. Imagínate 20.000 personas manifestándose en silencio en un pueblo de 7.000 habitantes. Vas por la calle y te están dando abrazos, el apoyo de decir “esto hay que desmontarlo, es una vergüenza”. La solidaridad de todo el mundo es muy importante, desde la más cercana hasta la que viene de Europa, pero ese apoyo cálido y cercano de un abrazo es el que te llega más.

¿A que se agarran en estos momentos para mantener la esperanza?

A la justicia. No pedimos otra cosa que justicia. Viendo cómo se están desarrollando las cosas, tenemos miedo, pánico. Estamos totalmente desamparados. Se ha establecido un relato totalmente diferente al real y no sabemos a qué obedece todo esto. El apoyo de la gente es lo que hace que podamos tirar para adelante y seguir luchando. Solo pedimos justicia.
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Clemente Bernad: mirar desde el otro lado

Esta entrevista el fotoperiodista Clemente Bernad está incluida en #LaMarea46

Clemente Bernad (Pamplona, 1963) es uno de los pocos fotoperiodistas que han intentado reflejar el “conflicto” vasco desvelando las partes más opacas de esta historia y, por tanto, las menos fotografiadas [“conflicto” entendido según la tercera y/o cuarta acepción del DRAE: “3. m. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.; 4. m. Problema, cuestión, material de discusión]. En su serie Basque Chronicles, que el fotógrafo está ahora preparando para su publicación, muestra una historia compleja en la que incluye una variedad de ángulos y representaciones (víctimas de atentados de ETA, la kale borroka, funerales de etarras muertos en “acción”, familiares de presos, actuaciones policiales, etc.). En 2007, el Museo Guggenheim le invitó a exponer algunas de estas imágenes. Bernad quiso incluir una fotografía de la radiografía del cráneo de Miguel Ángel Blanco (el concejal del PP de Ermua asesinado por ETA en 1997) que había tomado durante la rueda de prensa que ofreció el médico que atendió al joven. En una entrevista anterior, Bernad me explica por qué quiso incluir esta fotografía: “Es una foto brutal, delicada. Enseño que este hombre fue asesinado de forma brutal. Te hace parar y reflexionar. Yo comprendo que ver la radiografía tiene un punto de salvajismo. Pero esa brutalidad es la que es; estaba antes de que yo tomara la foto”.

unspecified-12Bernad pidió permiso a la familia de Blanco para incluir la fotografía en la exposición. La negativa fue rotunda y Bernad respetó su deseo. La foto de la radiografía nunca llegó al Guggenheim. Pero esta negativa no quedó ahí; la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Partido Popular y el Colectivo de Víctimas del Terrorismo amenazaron a Bernad con una demanda. Santiago Abascal, entonces parlamentario del PP en la Cámara vasca, interpuso una proposición no de ley —que no fue aprobada— para que el Guggenheim retirara las fotos de Bernad de la exposición. Conozco su obra porque para mí fue esencial a la hora de entender la representación visual del “conflicto” y de escribir mi libro El eco de los disparos, donde hago un tratamiento en profundidad de algunas de estas fotografías. En una reseña reciente publicada por ABC, Rogelio Alonso rebate mi defensa de Bernad distorsionando lo sucedido en torno a esa exposición al reducir el problema a la negativa de la familia Blanco, y al minimizar la persecución política y mediática que sufrió el fotógrafo y que tuvo graves consecuencias para su carrera.

En El eco de los disparos hago una reflexión sobre la incomodidad que causan las fotos de Bernad, remitiéndome al ámbito de la representación. Pero hay algo más que suscita este tipo de reacciones extremas, no solo en personas afines al PP. Clemente Bernad es sospechoso de proetarra porque ha entrado en su mundo para fotografiarlos. ¿Pero no es la labor de un fotoperiodista sacar a la luz aquello que no conocemos, informándonos a través de la imagen? En esta entrevista, Bernad nos apunta algunas claves sobre su posicionamiento ético y profesional.

Eres un fotoperiodista de Pamplona y has vivido el “conflicto” de cerca. ¿Cómo dirimes a la hora de hacer esta serie lo que puedas sentir emocionalmente o pensar políticamente con la necesidad de guardar distancia como fotoperiodista?

Hay historias a las que me acerco con curiosidad, otras como un encargo profesional. En realidad, yo no quiero tomar distancia, sino reconocer cómo me acerco al “conflicto”, y la palabra que mejor lo resume es la estupefacción. Esto no lo he sentido en ningún otro trabajo. Igual porque ocurría a gente de mi generación, de mi entorno, porque me tocaba de cerca. Entonces, cuando me meto a hacerlo sé que no puedo alejarme de la historia pero no actúo como militante de nada. Lo intento hacer de la forma más correcta posible.

¿Cuál te parece que es la forma correcta, desde el punto de vista ético?

Es querer mirar a una parte de la historia que no se contaba y a mí me apetecía contarla: todo lo que tiene que ver con la izquierda abertzale. A mí eso me parecía que era un silencio atronador, incluso por parte de ellos.

¿Lo dices desde el punto de vista visual?

Sí, hablo visualmente. Igual viene de que enseñar el dolor y los muertos propios es enseñar tu propia debilidad.

Es curioso porque en el discurso no visual hay una narrativa de victimización muy fuerte.

Es como si no hubiese control sobre lo visual y fuera arriesgado ofrecerlo, como si hubiese miedo a presentarse como vulnerable. ETA y la izquierda abertzale han desarrollado una especie de opacidad. Yo lo que veo de ese “lado” son imágenes policiales, de los detenidos y demás. Están hechas por un policía, no hay nada más antiperiodístico que eso, que fotografías hechas en la Audiencia Nacional. Incluso en sus medios han tirado de imágenes de agencias españolas. Entonces, eso fue lo que desde el principio quise mirar: ese otro mundo opaco y, al mismo tiempo, muy cercano.

Frente a la dimensión pública de la fotografía de los medios, tú vas a lo privado.

Claro, es lo que más me interesa, la dimensión privada, lugares y espacios invisibles, como funerales, familiares de presos, etc.

También incluyes escenas de la kale borroka.

Sí, quería mirar a la kale borroka desde otro sitio. El fotógrafo normalmente se pone del lado de la policía porque es normal, está protegido. Pero ¿qué pasa cuando miras desde el otro lado?

¿Y cómo conseguiste meterte en ese lado?

Mira, a mí me han roto cámaras tanto la Guardia Civil como gente de la kale borroka. Hasta que al final decidí negociar, hasta donde me dejaron, para hacer fotos. Yo habría ido mucho más lejos si hubiese podido, pero hay cuestiones difíciles de gestionar. Una de ellas, uno de los puntos clave, es que yo soy de aquí. Esto es decisivo.

Pero también el ser de aquí te proporciona otra visión, ¿no?

Sí, claro. Pero esto me ha dado muchos problemas después. Sólo por mostrarlo me acusan de simpatizante.

¿Porque se confunde la política con la representación?

Sí, y por mostrar la humanidad de esa parte del “conflicto”. Yo no soy un militante, solo pretendo mostrar. Nadie puede ser tan anormal como para decir, ‘esto no lo voy a mirar aunque esté pasando porque entonces me convierto en uno de ellos’. El problema está ahí y eso hay que contarlo. Yo quise hacerlo.

Fotografía perteneciente a la serie Basque Chronicles. C. B.

Entonces te acusaron de ser uno de ellos, por el simple hecho de que les fotografiabas.

Claro, es que te implicas mucho, pero yo simplemente negocié estar ahí. Es lo que hacen los periodistas: negocian. Tienes que tener muy claritas tus líneas rojas. En un momento alguien ve las fotos y me dice: ‘¿Igual no sería mejor que tú estuvieses encapuchado?’. Vamos a ver… ¡yo soy fotógrafo! Tengo que ser alguien que mira y ya está. Pero estás en la línea de fuego y en estas situaciones no todo es controlable. Con la kale borroka aquí en Pamplona yo iba corriendo a la vez que ellos; yo asumí un riesgo que ahora no lo haría por pudor. Pudor de que me vieran; yo vivía en Pamplona e iba a cara descubierta con una cámara que apenas se veía. Cualquiera que te ve, piensa, ‘¿qué hace este ahí?’.

¿Y  cómo has conseguido fotografiar funerales de etarras?

Por ejemplo, en el caso del funeral de los etarras del asalto de Morlans [San Sebastián] había unos espacios reservados a la prensa oficial, aunque yo entré hasta dentro. Pero sin engañar, simplemente diciendo estoy aquí y quiero hacer esto. Por otra parte, cuando detuvieron a Santi Potros, veías en la tele que eso estaba lleno de periodistas. Hay otros fotógrafos que tienen el canal de información directo de la Policía. Al final lo que genera eso es que el discurso visual sea ese, el policial. A mí me parece muy raro que en la detención de alguien así esté todo lleno de periodistas. Hay que ser consciente de cómo fluye la información.

¿Han cambiado durante estos últimos cinco años las posibilidades de representación del “conflicto”?

Los medios aún demandan estereotipos, pero ahora creo que ha variado un poco, en buena medida por el lavado de discursos sobre el pasado. El tono opresivo de mis fotografías no satisface y no sé si en algún momento satisfizo. La estética, la mirada, sigue resultando difícil de asumir. Pero ¿ha pasado esta mierda? Claro que ha pasado; y ahora queremos el sol, todos queremos el sol ahora. Pero esto fue así, esto es así.

El nuevo número de La Marea está dedicado al deterioro de la libertad de expresión tras las reformas legislativas del PP. 

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Los protagonistas vascos de los ‘Papeles de Panamá’: “Su bandera es el dinero”

El periodista Ahoztar Zelaieta, autor de "Evasores, morosos y millonarios vascos. Panamá Connections". FOTO: HIRUKA.

Los Papeles de Panamá, que salieron a la luz el año pasado, pusieron en entredicho la aparente diversidad de la élite económica mundial. Entre los 2,6 terabytes de documentos confidenciales recopilados durante 40 años por la firma de abogados Mossack Fonseca en Panamá, el país caribeño aparece como denominador común para fortunas de todo el mundo, desde aristócratas europeos hasta filántropos millonarios y empresarios.

Como viene haciendo desde sus primeras aventuras periodísticas, Ahoztar Zelaieta permaneció lejos de los focos tras la filtración de esos documentos e inició una labor de cirujano para diseccionar y contrastar cada detalle acerca de las fortunas vascas que aparecen en los Papeles de Panamá. El resultado es el libro Evasores, morosos y millonarios vascos. Panamá Connections (Hincapié), una obra detallada que repasa las conexiones de cientos de nombres y apellidos de Euskadi con cuentas opacas en Panamá, desde fontaneros y empresarios evasores a destacados políticos, aristócratas, e incluso miembros de la familia real. Ahoztar responde desde el País Vasco a las preguntas de La Marea:

¿Cómo se las apañó para obtener fuentes de tanto nivel?

Son ya 25 años de trabajo, aunque soy un desconocido para el gran público. Mi abanico de fuentes es fruto de la paciencia, la tolerancia y mucho trabajo. Prefiero hablar con, más que hablar de. Y eso pese a mi estigma de periodista del gueto con el síndrome del Norte. Me empeño en conocer a las víctimas de la corrupción, en lugar de hacer una marca de negocio con ellas solo para ganar dinero y prestigio. Además, cuento con un abanico de fuentes documentales: registros mercantiles, boletines oficiales, sentencias judiciales… Este trabajo de investigación también ha consistido en cruzar nombres entre varias listas: vascos en el registro mercantil de Panamá, grandes adjudicatarios de la administración vasca y navarra, grandes morosos de las haciendas y defraudadores investigados o condenados por evasión fiscal.

En su libro aparece hasta el padre de Mariano Rajoy y el propio presidente…

La saga de los Rajoy ha tenido responsabilidades en el encubrimiento de diversos asuntos que salpicaban al régimen de Franco, como el caso Redondela, y a la financiación del PP en el caso del actual presidente. Soy portador de esas malas noticias gracias al periodista gallego Pepe Rei, mi maestro en el oficio.

¿Qué hace diferente a la élite económica vasca de, por ejemplo, la catalana, la madrileña o la andaluza?

La élite vasca de las cuatro últimas décadas puede radiografiarse a partir de 60 apellidos. No ha cambiado mucho, es un club exclusivista. No admite con facilidad el ingreso de nuevos miembros, muy pocos nuevos ricos consiguen penetrar en ese círculo. Gran parte de este grupo opera desde Suiza, Alemania, Londres o Madrid. Hay diferencias entre las castas. Juegan en distintas ligas y a la champion solo llegan apellidos con pedigrí. Pero son más relevantes los parecidos: tienen conciencia de grupo, van por libre y se intercambian los contactos de su agenda oculta. Su bandera es el dinero y han terminado por fagotizarse: son evidentes las puertas giratorias de la casta política, la casta financiera, la casta energética, la casta de los mass media…

¿Qué nombre destacaría de entre todos los que cita en el libro?

En la base del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (CIPI) encontré muchos registros vinculados a contribuyentes vascos, navarros y del denominado “País Vasco francés”. Es contrastable la presencia en los Papeles de Panamá de Donaldo Nicosia, testaferro de Berlusconi, asociado en el registro a una asesoría bilbaína dirigida por Mikel Mendizabal Ibarrondo, hermano del Bárcenas del PNV, según el diario Gananzia. Añado que Iñaki Otaegui, gerente del club de fútbol Real Sociedad, entidad ligada a los papeles de Panamá, ha sido definido como Iñaki el Bárcenas por el diario Extraconfidencial.

¿Qué rol desempeña la élite vasca en Panamá?

La historia de “lo vasco en Panamá” no comienza con los famosos papeles. Desde la década de los 1970, jesuitas y miembros del PNV y Euskadiko Ezkerra (hoy PSE) han tejido en este país una importante red de influencias políticas y económicas. Muchas grandes fortunas de la diáspora vasca fueron labradas en tiempos de las dictaduras de América Latina, apoyadas por la CIA. Incluso colaboraban en tareas de vigilancia sobre movimientos de izquierda. En la actualidad, esta red de contactos de la diáspora se utiliza como trampolín para la nueva colonización: la internacionalización de las empresas vascas.

Allí los vascos han establecido relaciones variopintas. Un ejemplo lo encontramos en mercantiles panameñas controladas por Enrique Guzmán Gandarias, un empresario afín al PNV conocido como el Florentino Pérez vasco, con la ayuda de Jesús Barderas, un empresario español amigo del expresidente Felipe González que fue condenado por el caso Filesa del PSOE. En Panamá operan empresas con influencias políticas en el PNV, PSOE o UPN. Un matrimonio navarro que figura en los papeles de Panamá ejerce como mecenas millonario del Opus Dei, y entre los vascos también hay desde “empresarios del año” hasta importantes familias de consejos de administración de bancos, mass media…

La élite vasca acude a los mismos despachos de abogados y asesores, ¿por qué?

Miembros del PP, PSOE, PNV, CiU, la Casa Real, la familia Franco y las oligarquías vasca, navarra, catalana, española, inglesa… Acudieron a los mismos abogados para operar en Panamá. Desde narcos de Galicia hasta industriales del sector armamentístico vasco. Varios vascos optaron por el bufete de los Papeles de la Castellana, elegido también por Rodrigo Rato, entre otros, para operar en Panamá. Además, hay registros de vascos en Bahamas Leaks. Las “cañerías de las fontanerías” de las élites vasca y española son comunicantes, igual que las “fontanerías” y redes clientelistas de los partidos. Las élites de Euskadi, Navarra y el Estado español comparten “fontaneros”, asesores e intermediarios porque la endogamia determina estas relaciones y porque prefieren delegar la gestión de su patrimonio en consultores de banca y bufetes de abogados antes de que la dilapide su propia familia. La avaricia puede más que la sangre.

¿Resaltaría alguna anécdota que haya vivido mientras escribía el libro?

La anécdota de este libro, para mí, es la actitud del PNV frente a la presentación pública de los datos sobre contribuyentes vascos en los Papeles de Panamá. El PNV vetó una charla que iba a impartir en la biblioteca de la Diputación de Álava. Y vetó otra presentación en Mundaka, municipio del que fue alcalde el Diputado General de Vizcaya. En cambio, el Gobierno de Navarra sí tuvo a bien recoger la información sobre contribuyentes navarros recabada en la base de datos del CIPI. Tanto en Vizcaya como en Navarra hay expedientes abiertos por Hacienda para esclarecer la existencia de contribuyentes en Panamá que habrían eludido o evadido impuestos.

Durante el franquismo se consolidó buena parte de la élite vasca, ¿qué rol jugaron los grandes empresarios vascos durante la dictadura?

Muchas familias filo-nazis y franquistas de Euskadi han desarrollado un poder camaleónico acercándose a partidos como el PP o PNV. En Navarra siguen con el mismo traje del Opus de siempre. Es curioso que algunos de ellos estafaron al régimen como evasores fiscales ya en los 1950. A algunos los encontré en los Papeles de Panamá y en el registro mercantil de Panamá. Para los empresarios vascos lo importante no era el régimen franquista, sino su propia supervivencia. Muchos fueron expropiados por las dos repúblicas, y algunos participaron en intentonas golpistas pro-monárquicas. Franco premió su actividad con responsabilidades en la dictadura. La patronal de Euskadi está compuesta en gran medida por los herederos de esta élite colaboracionista.

¿Qué tienen que ver las grandes fortunas del País Vasco con el tráfico de armas?

Hay familias vascas que hicieron fortuna exportando armas por doquier. Nuestra industria armera diversificó sus beneficios en sectores como la energía, la aeronáutica e incluso la fabricación de bicicletas. Los Sendagorta de la armamentista Sener manejan varias mercantiles en Panamá, la empresa BH Bicicletas montó una firma en Panamá cuando se dedicaba a traficar con armas… De hecho se apoyó en el bufete de los Papeles de Panamá, pero su registro no figura en la base de datos del CIPI. Tampoco figura la firma Apóstoles, creada por el citado despacho por orden de Iñigo Sagarduy, empresario ligado al Obispado de Bilbao.

Hay grandes nombres del poder vasco desempeñando un papel clave en medios como La Razón e incluso en el Grupo PRISA o Vocento, ¿qué rol juegan las fortunas vascas en los grandes medios de comunicación de España?

En los registros vascos de los Papeles de Panamá encontré a Sulquisa y Minersa, dos empresas en cuyo consejo de administración figuran importantes personalidades del barrio de Neguri: léase BBVA, Vocento… Estos dos consejos de administración cuentan con miembros destacados de la sociedad vasca. Uno de ellos es un eminente columnista de Vocento, Ignacio Marco-Gardoqui. Los consejeros de Sulquisa y Minersa son la casta premiun de Euskadi, que manda más de lo que mandan los partidos. De hecho, manda más que el PNV en su propio partido. En el Olimpo financiero español, la comunidad de banqueros vascos fue y sigue siendo la más influyente del Estado español. Sucede igual en la voz de los bancos: los mass media. El peso del lobby mediático vasco se puede medir en Vocento, Recoletos, Telecinco, Cadena Ser… No hay que olvidar que Berlusconi aterrizó en Bilbao antes que en Madrid de la mano del hermano del exsenador del PNV Iñaki Anasagasti.

La Comunidad Autónoma Vasca encabezó la lista de sanciones por delitos fiscales en 2016, ¿estamos ante el declive de la impunidad de la élite vasca?

Los delitos fiscales y de corrupción han ido acumulándose bajo la alfombra del oasis vasco. Habíamos tolerado y normalizado estos factores criminógenos. Con la crisis económica se desató una indignación cuya demanda para la transparencia ha sido expuesta a una sobredosis de información sesgada. Existe el imaginario de que hemos tocado techo en la denuncia contra la impunidad, pero vuelven a ganar las elecciones los más sospechosos. Las élites tienen bajo control la reacción social y jurídica contra su impunidad. La mayoría de las denuncias por evasión fiscal o corrupción no tienen repercusión mediática. Son un número inmenso de casos sin los focos de fiscalías anti-corrupción (en Euskadi no existe esa figura) o de la Audiencia Nacional. Es un número ingente de casos dilucidados en administraciones de justicia provinciales infiltradas por la corrupción de los caciques locales. Hablamos de fiscalías sin unidad anti-corrupción y sin herramientas para combatir la impunidad. Se han incrementado las investigaciones contra los abusos de poder de la élite, pero son pocos los condenados y algunos terminan indultados. Su poder no se cuestiona.

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