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Pablo Iglesias no quiere la bandera de la República española

Pablo Iglesias, el secretario general de Podemos, asegura en una serie de conversaciones con el periodista Enric Juliana recogidas en el libro Nudo España, que cuando España sea una república como él defiende, “la bandera tricolor, los símbolos de la Segunda República y del bando perdedor de la Guerra Civil no van a resurgir”, ya …

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El famoso chalet

Me ha llamado más la atención la ardorosa defensa de Pablo Iglesias que algunos de sus partidarios han realizado. Se han volcado en rechazar con virulencia cualquier clase de crítica, viéndola como un elemento más en la campaña de descrédito de Podemos…

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Pablo Iglesias: “El daño en Cataluña puede ser irreparable”

pablo iglesias

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El secretario general de Podemos admite que el debate sobre el conflicto catalán es complicado para su formación, que en algunas encuestas recientes se sitúa por debajo de Ciudadanos en intención de voto. Pablo Iglesias (Madrid, 1978) es consciente de que no todos sus votantes entienden la apuesta por un referéndum pactado. “Nos sentimos más cómodos cuando el tema es la corrupción del PP o la agresión a la soberanía por parte de instituciones transnacionales o no democráticas”, argumenta. Sin embargo, asegura que Podemos no puede renunciar a su posición y confía en vencer la “incomprensión” con pedagogía. Una vez más, denuncia que sus rivales y los principales medios hacen campaña en su contra. En esta ocasión, al tildarles de aliados del independentismo.

M.B. ¿Cómo valora la situación actual en Cataluña?

La activación del artículo 155 de una forma tan severa revela la incapacidad manifiesta del bloque monárquico, que no tiene propuesta política viable para Cataluña, algo que quedará de manifiesto si al final se convocan elecciones. La activación supone la destrucción de los acuerdos del 78 y una dinámica inaceptable de atrincheramiento que deja fuera a importantes núcleos de ciudadanos en regiones como el País Vasco o Cataluña. España está viviendo una crisis sin precedentes sobre la que no se atisba una solución política a corto plazo. Estamos en un terreno inexplorado. Hemos dichos muchas veces que la Transición es un proceso político exitoso, sin que nos identifiquemos políticamente con ese proceso. Decimos exitoso porque se construyó sobre acuerdos políticos muy importantes. La Constitución española fue votada con gran apoyo en Cataluña porque respondía a un acuerdo político con Cataluña. Eso ha terminado y ahora estamos en una fase de crisis de régimen en la que, seguramente, las formaciones políticas que podemos encarnar el cambio no contamos con las fuerzas suficientes para desarrollar o implementar desde el Gobierno esos cambios, pero las que encarnan la restauración tampoco tienen fuerza para dictar el sentido de esa restauración.

A.M. ¿Es posible construir una España plurinacional bajo una bandera de España como la actual, con toda la simbología que representa?

Creo que no queda más remedio. Los colores oficiales del Estado apelan emocionalmente a una amplia mayoría de españoles. Y debemos asumirlos, aunque algunos de nosotros, por nuestro origen político, durante muchísimo tiempo nos identificáramos más con otra bandera española.

A.M. El periodista Enric Juliana habla de las mayorías superpuestas. ¿Está de acuerdo en que, fuera de Cataluña, existe un sentimiento mayoritario que se identifica con el nacionalismo español?

Absolutamente. Y cuando decimos que en España hay múltiples naciones no decimos solamente que hay una nación catalana o una nación vasca, hay también una nación española. Esa plurinacionalidad es compleja. Parecen evidentes las cuestiones vasca, catalana y gallega. Pero también existe la andaluza, que se ganó el 4 de diciembre [de 1977] la mención a ser reconocida como nacionalidad. Entre todas las identidades políticas y naciones que componen el mosaico de la realidad española, una claramente es España.

A.M.¿Cómo se conjuga ese sentimiento nacional español, construido bajo el precepto de la unidad del territorio, con un referéndum de autodeterminación en Cataluña?

Yo separaría lo que moviliza la derecha en torno a la bandera, que es mucho, de España. Ese no es el único sentimiento nacional español. Hay muchos que se sienten españoles y que, sin embargo, ven con cierta distancia, con extrañamiento, lo que significan las movilizaciones de la derecha, que siempre se envuelven en la bandera de todos para criticar las leyes de igualdad con los homosexuales, los avances en materia de género y, en este caso, para criticar a Cataluña. Nosotros no queremos que Cataluña se vaya de España. Queremos convencerla de que siga en un proyecto colectivo con nosotros, precisamente porque nos gusta nuestro país. Creo que no miento cuando digo que problablemente lo único que puede garantizar que España siga existiendo como proyecto de país unido es que los catalanes decidan mayoritariamente en un referéndum seguir formando parte de ese proyecto. Y creo que se ganaría.

M.B. ¿Le sorprende cómo desde sectores progresistas se está justificando la represión en Cataluña?

Hay razones para estar muy decepcionados y muy tristes. Fundamentalmente, con el PSOE y el contraste que hay entre el discurso de hoy de Pedro Sánchez y el que le llevó a ganar las primarias. Un discurso amable, situado en la izquierda, que hablaba de plurinacionalidad, que reconocía que Podemos tenía que ser su aliado de gobierno. Pero la realidad es que finalmente parece un ventrílocuo de las voces más conservadoras de su partido. Lo que han dicho Alfonso Guerra o [Juan Carlos] Rodríguez Ibarra son barbaridades que entran en contradiccción con sus propias briografías. El partido socialista de Guerra era el que defendía el derecho de autodeterminación, y durante mucho tiempo ese señor construyó una bandera que representaba una suerte de izquierdas del partido. Creo que, más allá de etiquetas, una visión progresista y moderna implica reconocer dos cosas: que hay que construir un proyecto de país social que es incompatible con mantener en el gobierno al PP, y que la realidad de España es plurinacional.

A.M. En la actual coyuntura, y con lo que ustedes llaman triple alianza –PP, PSOE y Ciudadanos– comandando la reforma constitucional, ¿esta será expansiva o regresiva en cuanto a derechos?

Ellos verán. Desde luego, nosotros podemos garantizar una cosa: somos una fuerza política constitucional, porque tenemos el poder y los diputados suficientes para hacer que cualquier pacto de reforma de la Constitución que cocinaran entre ellos la decidan los españoles votando. Por lo tanto, el debate sobre el cambio constitucional no se va a producir ni en una reunión a puerta cerrada ni en una limitadísima comisión parlamentaria. Va a ser un debate en toda España que van a decidir todos los ciudadanos. Nosotros hablaremos de todo, de cambio en el sistema electoral, de la regeneración democrática, de blindar derechos sociales. ¿Es posible hacerlo con el nuevo-viejo PSOE, el PP y Ciudadanos, que parece una suerte de Frente Nacional de Le Pen en España? Eso es un intento de restauración que no cuenta con los números suficientes para ser hegemónico.

M.B. La sensación es que la declaración de Zaragoza sobre Cataluña llegó tarde. ¿Va a ser un hecho aislado?

La declaración de Zaragoza es el espacio político que fijó una situación política que, por ahora, no ha sido superada por ninguna otra. Definió que la solución a este problema es un referéndum legal, no lo que ocurrió el 1-0. Eso es una solución política, puede haber otras, pero de momento las que se nos han puesto encima de la mesa parecen menos viables porque están alejadísimas de lo que desea la mayoría social catalana, incluidos los votantes del PP, PSOE y Cs en Cataluña.

M.B. Pero esa declaración no está teniendo suficientes apoyos y ahora nos encontramos en un escenario en el que se suprime la autonomía de Cataluña. Ante esa nueva situación, ¿qué debe hacerse?

Nosotros proponemos una solución política, pensamos que la represión y la excepcionalidad solo van a dañar de manera irreparable la convivencia en Cataluña. Irreparable, que es muy importante. La política sirve para coser los conflictos. Lo que está haciendo el Gobierno es la antipolítica, es ulsterizar Cataluña y provocar que la solución política se vea cada vez más lejos.

A.M. Ustedes han apelado muchas veces a la patria intentando resignificar un concepto en manos de la derecha. Pero ha ocurrido lo contrario y se ha vuelto a reafirmar el carácter identitario en manos de la derecha más reaccionaria. ¿Hay riesgo de que se solidifique a través de discursos de extrema derecha como los que estamos viendo en Ciudadanos?

Ya está ocurriendo. Estamos en un contexto en el que la extrema derecha ha salido del armario. Hemos vuelto a ver nazis en las calles, dando palizas, y a Ciudadanos apostando por colocarse a la derecha del PP. El espectaculo de Toni Cantó en su discurso sobre el adoctrinamiento en las escuelas catalanas mereció una reprobación masiva por parte del Congreso, con intervenciones memorables de representantes de diferentes fuerzas políticas. Nosotros vamos a seguir reivindicando la patria. ¿Que es un término en disputa? Claro que sí, pero se lo vamos a disputar. Les vamos a llamar antipatriotas e hipócritas. Porque estamos en un contexto en el que la extrema derecha se siente cómoda y en el que incluso hemos visto a [Josep] Borrell marchando al lado de lo más parecido a un fascista con cargo público, como es el señor [Xavier García] Albiol. No les vamos a permitir que nos digan que son más patriotas que nosotros.

M.B. ¿Es necesario usar la palabra patriota?

Es una de las señas de identidad de Podemos en su relación con la izquierda tradicional. Si se renuncia a determinados significantes, se pierden. Eso puede permitir soluciones individuales o microcomunitarias, de quien decide exiliarse dentro de su propio país: “Vamos a ser una minoría culta y esnob, con distancia frente a la gente pobre y hacia las mayorías sociales que ven un tipo de cultura distinta a la nuestra. Pero yo me coloco por encima de lo que significan palabras como patria y palabras como España, y cultivo mi pequeña comunidad más ilustrada y más elevada”. No queremos una izquierda así. Estamos orgullosos de ser españoles y vamos a disputar los significantes que sirven para ganar en política. Porque si no ganas, no transformas. Una izquierda que renuncie a la patria, a la identidad, es una izquierda que no aspira a transformar la sociedad. Y respetaremos que haya quien quiera construir una micromunidad más cómoda, pero si hacemos política es para cambiar las cosas y no vamos a regalar al adversario la patria.

A.M. ¿Por qué no han sido más contundentes con las élites independentistas que hasta hace poco eran punta de lanza de los recortes económicos y sociales? ¿No significa eso dejar huérfano a su electorado?

Creo que hemos sido durísimos históricamente con el mundo pujolista, que sigue teniendo mucho peso en el procés. De hecho, le hicimos lo que más le ha dolido y una herida por la que siguen sangrando, como es arrebatarles el Ayuntamiento de Barcelona.

A.M. Me refiero en especial al último acelerón del procés.

Estamos en contra del PdCat de la misma manera que estamos en contra del PP. Sí, sus programas económicos son muy parecidos, y estamos frente a los dos. Pero en un contexto en el que hay algunos que van a la cárcel y otros que aplican la fuerza para impedir una solución política que podría pactarse también con sectores de la derecha, creo que hubiéramos sido enormemente oportunistas si no hubiéramos dicho la verdad. Hemos demostrado históricamente ante quién hemos estado enfrente. ¿Quién ha pactado con el PdCat hasta hace pocos meses? Eso lo dije en TV3, con la señora [Pilar] Rahola enfrente: “Cuando nosotros propusimos que Xavi Domènech fuera el presidente del Congreso, ustedes, señores del PdCAT, prefirieron a Ana Pastor, del PP”. Y, como Roma no paga traidores, luego dejaron al PdCAT sin grupo parlamentario. Y lo denunciamos. Hemos sido enormemente duros pero hubiera sido injusto poner al mismo nivel a los que recibían balas de goma en los ojos y a los que daban las órdenes de disparar contra votantes.

M.B. Ha dicho la frase Roma no paga traidores. Esa fue la expresión que usó la diputada de la CUP Mireia Boya en el mítin de cierre de campaña del 1-O. ¿Cómo vivieron que pidiera a los amigos de los Comuns que no les robaran el referéndum de ese modo?

Bueno, hay respeto, pero hay muchísimas diferencias. Y creo que nosotros hemos sido muy elegantes, aunque no siempre hemos sido objeto de la misma elegancia, en particular en las redes sociales. Pero prefiero que sigamos siendo dueños de nuestra elegancia que prisioneros de salidas de tono que, por nuestra parte, no han existido. No son ni muchísimo menos nuestros enemigos y nosotros no vamos a gastar tweets ni tinta en criticar a la CUP.

M.B. Cada vez más voces alertan del riesgo que corre la CUP de ser ilegalizada. Si fuese así, ¿cómo reaccionaría Podemos?

Nos estamos oponiendo a cualquier escenario de excepcionalidad. Y me duele decir esto, pero creo que vamos anticipando siempre los acontecimientos. Nosotros decimos cosas por las que inmediatamente se nos regaña y luego ocurren: “Cuídese, señor Sánchez, de los que tenían el pasado manchado porque esos le cortarán la cabeza”. Ocurrió: le cortaron la cabeza. Dijimos: “Las élites económicas están trabajando para buscar una solución política que, sea cual sea, implique que Podemos no pueda estar en el gobierno”. Ocurrió. Cuando empezó la fase más tensa de lo que está ocurriendo en Cataluña y ya se hablaba del artículo 155, dijimos en los pasillos del Congreso que no querríamos vivir en un país en el que hubiera presos políticos, y ya tenemos a dos señores que están en la cárcel por haber convocado una manifestación pacífica…

A.M. ¿Son presos políticos?

Evidentemente, evidentemente. No están en la cárcel por haber robado. Cuando la gente dice “son políticos presos”, no, mire usted, estos señores no ocupan cargo público. Les han llevado a la cárcel por haber organizado una protesta pacífica y hay una clara voluntad política, porque incluso si aquella protesta pacífica hubiera implicado un ilícito administrativo o algún tipo de ilícito jurídico había fórmulas que podían perfectamente impedir que dos representantes de dos movimientos sociales muy importantes en Cataluña acabaran en la cárcel. Es impresentable, en términos de estándares internacionales, lo que se ha hecho con estos dos señores. El nivel de hipocresía, además, de los discursos a propósito de estas detenciones, es absoluto. Nosotros lo anunciamos hace muchas semanas, igual que tuvimos el oído muy fino cuando Casado llegó a sugerir “hombre, a lo mejor la solución política en Cataluña es ilegalizar unos cuantos partidos políticos y entonces a lo mejor Arrimadas sí puede ser presidenta de la Generalitat”. Claro, ilegalizando a la mitad de la ciudadanía catalana. ¿Podemos ir a un escenario que nos recuerde a Turquía? Lo dijimos, y nos contestaron que era imposible. Pues vamos a ver, porque en Turquía se sancionó y se encarceló a muchos funcionarios. Vamos a ver cuántos mossos y funcionarios van a la cárcel. Hay un proyecto de extrema derecha de restauración que incluso podría incluir entre sus objetivos quitarse de enmedio a Rajoy y apostar por una vía más radical de derechas . Como esta no puede avanzar con los votos, la única manera que tiene de hacerlo es mediante mecanismos autoritarios. Y no pienso que descarten ilegalizar formaciones políticas.

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El PSOE y Podemos inician un cortejo desconfiado

MADRID // La moción de censura contra Mariano Rajoy se ha acabado convirtiendo en una moción de reconciliación a la izquierda de la tribuna de oradores. En el discurso que dio el martes, Pablo Iglesias lanzó un guante al nuevo PSOE de Pedro Sánchez para lograr el entendimiento y acabar con los enfrentamientos que propiciaron el triunfo electoral del PP. La debilidad del adversario, que atomizado no supo crear un mayoría alternativa, instaló de nuevo a Rajoy en Moncloa.

José Luis Ábalos, portavoz socialista en el Congreso de forma temporal, fue este miércoles el responsable de fijar la posición del nuevo PSOE liderado por Sánchez. Ábalos se mostró conciliador con Podemos y recogió el ofrecimiento de Pablo Iglesias: “Agradezco las palabras, y recojo la invitación”. No sin antes reprochar a la formación morada sus críticas feroces al régimen del 78 y de defender a la facción del PSOE con la que se enfrentó en las primarias de los comentarios del líder de Podemos.

Sin embargo, el tono entre ambos partidos se notaba teatralizado, desconfiado pero consciente de que solo el entendimiento podrá en un futuro desalojar del Gobierno al PP y Ciudadanos. Iglesias adoptó una posición conciliadora, disculpándose por exabruptos anteriores y emplazando al PSOE a conformar entre ambos una mayoría alternativa a Rajoy. Una postura que se notó forzada, pero que sin duda dejó paso a una nueva relación entre las formaciones progresistas del Congreso.

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Ficción de miseria

Mariano Rajoy, durante su investidura como presidente el 29 de octubre de 2016. Foto: CONGRESO.ES

La moción de censura me pilla lejos, aunque, probablemente, esto sea problema mío. No teman, no voy a emplear ese argumento populista tan del gusto de los tertulianos de derechas de aludir a lo tedioso de las formas parlamentarias cuando lo que se dice en el hemiciclo no interesa a los oídos satisfechos con lo que hay. Seguí la sesión de ayer de forma fragmentada, más pendiente de mi incertidumbre que de la de todos, que al final es lo que ha impulsado esta reprobación al partido del Gobierno que, como su presidente, dormita a ratos y a ratos monta bronca, calla cínico o responde con ironía de farmacéutico redicho al chico que le sirve los cafés.

Irene Montero, de la que no soy admirador, sorprendió con una gran intervención donde fue capaz de mantener por dos horas una dureza fría sin caer en la astracanada, bajando a tierra los conflictos del país, esto es, poniéndoles caras y contextos. La respuesta, que ya se da tanto en redes sociales y medios como en sede parlamentaria, fue la de un Rajoy que solo pasaba por allí o que veía todo como una exageración radical, mientras que sus diputados y periodistas en una confusión que empieza a resultar dolorosa aludieron a la relación sentimental de Montero en un gesto que, además de machista, está ya manido y carece por completo de interés. A menudo nuestras formas de criticar definen nuestro universo ideológico, en este caso se diría uno muy reducido, como de portero cotilla que mira de arriba a abajo a la nueva vecina que no se pliega a las expectativas.

Iglesias sacó su lado pedagógico y tranquilo, en un intento de quitarse el manto de extremista, que es eso que los señores que escriben editoriales te echan por encima cuando sacas los pies de su tiesto. Le vino bien porque así se desprende de cierta bravuconería que le sale al saberse por encima, y probablemente estarlo, de gran parte de la bancada popular. Pero también le hizo perder algo de ese brillo arrogante que hay que sacar cuando los torpes con pasta te miran por encima del hombro confundiendo capacidades con posición.

Es el eterno problema, posiblemente irresoluble, de quien necesita limpiar un campo de malas hierbas pero no puede permitirse incendiar el bosque. De Rajoy, de nuevo, habría que destacar más las alabanzas recibidas por hacer su trabajo que su trabajo en sí. Parece, para los cronistas de lo inevitable, que el paso del plasma y la madriguera a la tribuna es de por sí digno de mención para dar figura de estadista a alguien que, siendo inteligente, ha jugado a hacerse el tonto con gran maestría.

A mí, sin embargo, que no soy muy aficionado a la dialéctica como juego, sobre todo si ésta es refranero más lugar común, me hizo levantar la vista una frase del presidente. “Ficción de miseria”, dijo Rajoy, refiriéndose al bloque de cuestiones laborales y sociales que Iglesias le planteó desglosando los problemas cotidianos a los que los ciudadanos, concretamente esos que venden su fuerza de trabajo, se enfrentan cuando carecen de él o están sumidos en la precariedad. Y me hizo levantar la cabeza, de la forma en que un perro se gira brusco al ver a una paloma, porque reconocí, más que una excusa, una falta de respeto.

Entiendo que haya quien no confíe en Iglesias y Montero, entiendo que ser de derechas puede ir más acorde con una tradición personal de conservadurismo incompatible con lo que se percibe como un cambio brusco, entiendo hasta el mal gusto de ser un número en las cifras de los que se han quedado atrás y seguir empecinado en el voto a los de la gaviota por las más variopintas razones. Lo que no entiendo, ni admito, ni soporto, es que alguien al que suponemos sobradamente informado sobre la situación del país hable de ficciones de miseria. Porque lo peor de los discursos de Iglesias y Montero no fue si ellos lo harían mejor y perdonen la estupidez esa de gobernar para todos o si disponen de soluciones eficaces para hacer frente a los enormes problemas que relataban, sino que, simplemente, todos esos problemas eran tan ciertos como el paso de los días.

Las cifras económicas, que se pretenden infalibles e imparciales, no suelen ser más que un arte para adaptar lo que ocurre a los intereses de quien maneja el estudio. Así, cuando Rajoy maneja sus cifras construye ficciones de lujo y esplendor, que quizá sean ciertas para esa parte pequeñísima de la población que decide sobre nuestras vidas entre copas y miradas al escote de las azafatas en los palcos de los grandes estadios, que quizá sea inaprensible para esos exitosos y adaptados periodistas que comparten también miradas, copas y palco, pero que resultan hirientes para quien sabe lo que es manejarse cada mes con cifras en la cuenta del banco que nunca sobrepasan los tres dígitos y que acaban al final del mes, a menudo, en dos o ninguno.

Lo que jode, y perdonen la expresión, no es si Montero es novia de Iglesias, si su intervención fue tediosa para el repentino gusto retórico de los analistas, si esta moción de censura es apropiada para la estabilidad del país. Lo que jode es vivir, efectivamente, en una inestabilidad constante, dando tumbos como una peonza, incapaces de saber dónde nos caeremos muertos no dentro de 30 años sino tan sólo de 30 días. Lo que jode es escuchar hablar con soltura de la escasez a tu gente, a esa que no se puede permitir el lloro porque las lágrimas no cotizan ni suman días para el siguiente paro.

Lo que jode es ver la alegría por la aspiración conseguida al mileurismo y que te entreguen un papel de menú del día y repares en que el precio, unos 20 euros, corresponde a la ficción de seguridad con la que la clase media pasa sus sobremesas mientras que a ti te toca manta y bocadillo en el césped porque hasta en eso hay clases. Lo que jode es ver los anuncios de créditos rápidos protagonizados por señoras andaluzas con acentazo que están en esa edad donde, en vez de disfrutar de su jubilación, tienen que andar haciendo piruetas para echar una mano a hijos y nietos.

Lo que jode es conocer a gente que mientras que se prepara una oposición se saca unas perras con esta chamarilería posmoderna de hazme una rebajita, guapi. Lo que jode es ver a alguien a quien quieres comerse kilómetros y dolores y encima que te lo cuente con una media sonrisa. Y eso que ni se nos ha ocurrido citar a los que se quedan sin casa, a los que tienen que ir a la beneficencia o a los que tapizan con sus cuerpos entre cartones el centro de las grandes ciudades. El ahora qué, la Balsa de la Medusa cotidiana, joden, sobre todo, porque ya nos hemos acostumbrado a ellas, más que por abnegación porque no nos queda otra mientras que sigamos siendo disciplinados aprendices del consenso. Jode porque no son ficciones de miseria, jode porque son pedazos de realidad.

 

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¿Qué es España?, según Pablo Iglesias

Pablo Iglesias ha hablado por primera vez desde la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados. PODEMOS

MADRID // Extracto del discurso de Pablo Iglesias en la moción de censura de este martes a Mariano Rajoy en la que desgrana cuál es para él su noción de patria y de lo que verdaderamente es España.

Pablo Iglesias:

“-¿Qué es España? ¿Una marca? ¿Un palco lleno de millonarios con banderas españolas y cuentas suizas? ¿España son ministros o fiscales con empresas en Panamá?

-España no es eso…

-España es la gente trabajadora que madruga y se esfuerza para sacar a los suyos adelante.

-España es una camarera de piso con dolores de espalda y que cobra una limosna por cada habitación que limpia.

-Una taxista que echa 16 horas cada día y se enfrenta a Uber.

-Una joven con licenciatura, idiomas, máster y doctorado que se tuvo que ir a trabajar a Alemania o a EEUU porque su patria no tenía nada que ofrecerle.

-Un empresario que cumple los plazos de pago a proveedores mientras los privilegiados del Ibex disfrutan de todas las ventajas.

-Una chica que sirve copas para pagarse la carrera.

-Un chico que busca trabajo todo el año y sólo encuentra empleo de camarero los veranos.

-Una teleoperadora que cobra 700 euros al mes.

-Una jubilada que estira la pensión para ayudar a los suyos y que tiene que pagar por sus medicamentos.

-Un bombero que trabaja en precario.

-Una médica que ve a sus pacientes apilados en pasillos.

-España es un autónomo que con lo que factura no le llega para pagar la cuota y que no se puede permitir ponerse enfermo.

-Un guardia civil sin derecho a sindicarse.

-Una agente de policía sin chaleco antibalas.

-Un mozo de mudanza que nació en Ecuador.

-Una limpiadora que nació en Rumanía.

-Un albañil que nació en Marruecos.

-España es la hija de cualquiera de los tres anteriores que logró una beca para estudiar en la universidad pública.

-Una ganadera a la que ignora su gobierno.

-Un jornalero que tiene que mendigar el PER.

-Un pescador traicionado por su gobierno en Europa.

-Una mujer de 20 años que busca trabajo.

-Una mujer de 50 años que sabe que nunca encontrará trabajo.

-España es un profesor de secundaria que da clases en barracones.

-España no es este Parlamento, señorías…

Si este Parlamento se pareciera algo más a nuestro país, les aseguro que el Partido Popular no estaría en el Gobierno…

-Pero España es también la gente orgullosa que llenó las plazas hace poco más de 6 años.

-España son las generaciones más preparadas, listas para protagonizar los cambios necesarios.

-Es la sociedad tolerante que supo aplastar el oscurantismo de los fanáticos que pretendían decir quién podía casarse y quién no.

-Son las espartanas orgullosas que defienden los puestos de trabajo en Coca-Cola.

-Son los pequeños y medianos empresarios organizados frente a la morosidad de los grandes.

-Son los trabajadores que hacen funcionar los servicios públicos.

-Son los fiscales que defienden el Derecho frente a las presiones de un partido que parasita el Gobierno.

Jueces y juezas valientes que ponen el Derecho por delante de cualquier presión política.

-España es la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil investigando corruptos.

-Son técnicos e inspectores de Hacienda investigando a los defraudadores.

-Son millares de vecinos organizados para frenar desahucios.

-España es la marea blanca defendiendo la sanidad y la marea verde defendiendo la educación.

-Son los ciudadanos que se organizan en un sindicato de inquilinos.

-Y España habla castellano, pero también catalán, euskara, gallego, asturianu…Y se emociona con banderas y símbolos diferentes que expresan nuestra pluralidad nacional”.

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Miles de personas se concentran en Madrid para apoyar la moción de censura de Unidos Podemos

Los líderes de Unidos Podemos defendieron su moción de censura ante miles de personas concentradas en Sol (Madrid).

Una veintena de intervenciones de miembros de la sociedad civil y representantes de Unidos Podemos defendieron el pasado sábado 20 de mayo la moción de censura impulsada por esta coalición de partidos. Su líder, Pablo Iglesias, pronunció el discurso final, en el que repitió múltiples veces las palabras “patria” y “España”.

Los miles de personas -6.000, según la Delegación del Gobierno, y “entre 40.000 y 50.000″, según la organización”- escucharon a Iglesias hablar de “dos Españas”. La que él defiende es la “que viene”. En este sentido, cerró su parlamento hablando de la España en marcha, el lema empleado por el hoy presidente francés Emmanuel Macron durante su campaña electoral.

“Nos van a tratar de callar y de invisibilizar. Pero hay una España que viene a demostrarles que queremos construir el futuro, que hay una España en marcha que quiere construir un nuevo país. Adelante, que sí se puede. El futuro se llama España en marcha. ¡Sí se puede!”.

Minutos antes, el coordinador general de Izquierda Unida, Alberto Garzón, había hecho un alegato en la misma línea. “Para mejorar las cosas se actúa. Basta de hablar. Y la moción de censura es una forma de actuar”.

Iglesias también denunció las dificultades para luchar contra la corrupción: “Sabemos que el PP es poderoso, intimida al PSOE y a Ciudadanos. A nosotros no nos compra el PP. Nos podremos equivocar muchas veces, pero no tenemos precio”.

El acto concluyó con la versión musical de Paco Ibáñez del poema de Gabriel Celaya ‘España en marcha’.

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Una moción de censura populista

La labor de un partido político es conectar con el sentir popular y trasladar a las instituciones las necesidades de la ciudadanía. El tan denostado término populista no tiene siempre por qué ser utilizado de forma despectiva ni negativa y esta es una de las ocasiones. La moción de censura es populista porque conecta con el pueblo. Por eso es acertada. La opinión pública, y la publicada, coincidían de una forma mayoritaria en que el último caso de corrupción precisaba de una respuesta extraordinaria que la oposición había eludido.

La proliferación de casos de corrupción pone cada vez más difícil a los investigadores encontrar una palabra que dé nombre a la operación. Esta vez la que ha puesto en cuestión a nuestras instituciones se llama Lezo, y afecta a todos y cada uno de los pilares fundamentales del estado surgido de la transición: la política, los medios de comunicación, las empresas y la judicatura. Lezo ha sido uno de los casos más relevantes para entender el sistematismo de la corrupción en España y al que hay que responder de un modo excepcional con medidas excepcionales. Unidos Podemos ha cumplido con su deber político y ético afrontando el caso con la gravedad que merece.

La inoperancia, cuando no connivencia, de la oposición del PSOE y Ciudadanos con el Partido Popular ha dejado huérfana a la ciudadanía que no votó a los conservadores. El único partido que ha mostrado beligerancia con el PP es Unidos Podemos, aunque últimamente se había perdido en actitudes inocuas para los implicados – el tramabús – que trasladaban un mensaje de incapacidad preocupante, por más que pudiera tener un sentido pedagógico. Es por eso que la moción de censura es un cambio necesario que incide en el papel de oposición y en el control efectivo del gobierno. Posiciona al partido como único contrincante de un ejecutivo que, estando en minoría, ve cómo PSOE y Ciudadanos no complican su mandato y apoyan, cuando es preciso, su labor legislativa.

El tripartito ha llegado al pacto tácito de no permitir a Unidos Podemos apuntarse ningún tanto en el Parlamento y evitar que pueda sacar adelante cualquier propuesta aunque la compartan. Han empujado al partido de Pablo Iglesias a la marginalidad parlamentaria y eso imposibilita un ejercicio ordinario de la oposición. De poco hubiera servido intentar reunirse con las otras formaciones antes del anuncio. La consigna es arrinconar a Podemos y discriminar cualquier iniciativa que salga de sus filas, una táctica que no es nueva y que Bildu ya conoce bien. Por eso, no resignarse y utilizar todas las armas que estén a su disposición es el mandato que le dieron los ciudadanos en las urnas. Hacen bien en cumplirlo.

La posición de la oposición

No sorprende que PSOE y Ciudadanos se hayan negado a apoyar la moción de censura con tanta celeridad. No hace ni seis meses que dieron el gobierno a este PP y por diferentes motivos no van a tolerar que salga del gobierno dándole a Podemos ese tremendo trofeo. Ciudadanos hace mucho que se despojó de esa falsa etiqueta de transversalidad ideológica y está dispuesto a enterrar su promesa de regeneración para soportar en el poder a los conversadores frente a opciones limpias de corrupción. Son de derechas y ejercen como tal. Por su parte el PSOE y la gestora prosusana no puede hacer nada sin el beneplácito de la presidenta de la Junta de Andalucía. Primero les toca ganar el 21 de mayo la secretaría general, y después dedicarse a minar al que consideran su verdadero enemigo, que no es Rajoy y lleva coleta.

Aunque por esperada, no deja de sorprender la vehemencia de ciertas reacciones. En particular la mostrada por Alfredo Pérez Rubalcaba y El País, que ya funciona únicamente con criterios políticos y no periodísticos. Rubalcaba amagó con una moción de censura cuando Mariano Rajoy se negaba a acudir al Congreso a dar explicaciones por la corrupción del caso Bárcenas. El PSOE se encontraba en minoría y por lo tanto era imposible que saliera adelante. Fue solo un instrumento más que la oposición utilizó para cumplir con su papel. Decía Javier García Fernández, catedrático de Derecho Constitucional, en el diario El País al respecto:

“Lo principal, en definitiva, es que la Constitución ha definido teleológicamente la moción de censura, cuya finalidad es exigir la responsabilidad política al Ejecutivo. Que además se elija a un presidente alternativo es importante pero jurídicamente secundario, porque si no hubiera moción de censura constructiva no se dejaría de ejercitar la moción de censura que es un instrumento al servicio de la relación de confianza que vincula al Gobierno con el Parlamento. Por todo ello, si llega a presentarse, será para juzgar a Rajoy, no a Pérez Rubalcaba”.

En aquel momento El País se mostró muy conforme con la propuesta de la moción de censura de Rubalcaba, que a diferencia de hoy estaba abocada al fracaso por la distribución parlamentaria, porque según su editorial del 17 de julio de 2013 la propuesta podía “ofrecer a la Cámara, y por ende a los ciudadanos, la oportunidad de recuperar una cierta dignidad”. El diario de Cebrián aseguraba que la moción de censura era “el único medio legal de someter a debate la responsabilidad política del Gobierno y también el único cuya tramitación no puede ser bloqueada por el PP”.

Pero también es cierto que en aquel momento el proponente era Alfredo Pérez Rubalcaba, que ahora forma parte del consejo editorial del periódico. Y ahora el proponente es Pablo Iglesias, su némesis. Es por esto que el editorial de El País, que en esta ocasión tituló “Sigue el espectáculo”, cambió su forma de analizar para qué sirve una moción de censura:

“Una moción de censura, recordemos, es un mecanismo constitucional extremadamente tasado en sus requisitos y procedimientos cuyo objeto es, si no conformar una mayoría parlamentaria alternativa a la actual que desaloje al Gobierno y lo reemplace por otro, por lo menos hacer visible ante la ciudadanía la existencia de una formación política con solidez y prestancia suficiente como para ofrecer esa alternativa en las urnas”.

En tan solo cuatro años la moción de censura ha perdido el poder de dar dignidad a los ciudadanos y de someter a debate la responsabilidad política del gobierno que tenía cuando la presentó Alfredo Pérez Rubalcaba. Empieza a ser práctica habitual tener la sensación de que existe un acuerdo de las élites políticas y mediáticas para convertir a Pablo Iglesias en un apestado al que arrinconar. Censurar sus iniciativas no por lo que son, sino por quien las propone, es un ejercicio deshonesto que esconde sepultar a quien con algunos errores de procedimiento ha puesto en cuestión a una oligarquía que venía dictando sin oposición efectiva el futuro de todo un pueblo.

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Febrero, por Dios Tuitero

Pablo Iglesias, junto a los miembros del Consejo Ciudadano elegido en Vistalegre II. Foto: PODEMOS

Febrero es mi mes favorito porque es el más corto del año, así tengo que aguantaros menos días. Estas semanas hemos descubierto que, según un amigo de Donald Trump, “París ya no es más París”, que a saber lo que era antes para estos tipos. Desde luego, para el Barça, después del 4-0, ya es otra cosa. Nosotros podríamos decirle al Señor Naranja que, tras su elección, “América ya no es más América”. ¿Y sus declaraciones hablando del inexistente atentado en Suecia? Ya veréis cuando se entere de que, en Ecuador, Lenin ha ganado las elecciones.

En España, todo en orden. Ha sido un mes de convenciones políticas, ya sabéis, Vistalegre y Pepelandia, mientras en el PSOE a Susanita se le rebela el ratón. El estado de la cuestión es más o menos así, a ver si coincidís conmigo (y si no, me da igual, que para eso soy Dios):

– El PP. La organización criminal conocida como Partido Popular vive días de gloria. Con la izquierda más dividida y desorientada que nunca, no necesitan ni disimular. Tienen muy fácil batir su propio récord de permanencia en el poder, establecido en 36 años por su padre político y guía espiritual Francisco Franco, al que homenajean siempre que pueden.

Este mes han celebrado su Congreso de Adoración Mariana, con gran éxito de crítica y público. Es decir, crítica, ninguna, como siempre en el PP, y público, lo justo, los asistentes, que a ellos lo que les gusta es privatizar. Este febrero además nos han deleitado otorgándole a Santa Rita Barberá, patrona del pitufeo, la “Llave de Oro del Municipalismo”, y con la creación del hashtag #YoConPedroAntonio, el primer Trending Topic de apoyo a un imputado por corrupción en España, en relación al presidente de Murcia, qué hermosa eres. ¡Enhorabuena!

– Podemos. ¿Qué os voy a contar que no se haya dicho ya? Del ¡Sí se puede! al ¡Unidad, unidad! Pablo ha entendido lo de la unidad, como referido a uno, él. El partido “de la gente” ha pasado a ser el partido de Pablo Iglesias. Errejón, desterrado a la Comunidad de Madrid 2019, y la transversalidad, el eje del tablero y el núcleo irradiador al trastero. ¿Cómo se pretende llegar a gobernar algún día España sin atraer nuevos votantes y sin pactar con otras fuerzas políticas? Misterio. A lo mejor es que ya no se trata de gobernar, sino de otra cosa.

– PSOE. En el PSOE hay un chico nuevo en la oficina. Se llama Pdr Snchz y ha pegado un giro a su vida. El amigo de Ciudadanos y matarife del artículo 135 es ahora más rojo que nadie, y va por ahí diciendo que sus rivales en el partido no son de izquierdas. Si medio partido te detesta, todos los exsecretarios generales echan pestes de ti, tus antiguos colaboradores te repudian y prácticamente ni una sola figura del socialismo español te apoya, intenta engañar a la militancia diciendo que eres como ellos. Es la única opción que te queda antes de volver a tu puesto de dependiente de El Corte Inglés. ¡Ay, Pedro, si no hubieses mentido a todo el mundo y no hubieses tratado de saltarte a la torera las directrices del Comité Federal a lo mejor te querrían más! Las otras dos opciones no enamoran: un Patxi López que no molesta, pero que tampoco ilusiona, y la versión femenina de Felipe González, la baronesa por excelencia, la mandamás de Andalucía, algo conspiradora y partera de esa criatura que ahora se ha vuelto en su contra: el Lenin de Pozuelo, Pdr Snchz.

– Ciudadanos. La marca blanca del PP, la nada, el cuñadismo hecho política, se ha cubierto de gloria esta semana al no pedir la dimisión del imputado presidente de Murcia, incumpliendo así su famoso “Pacto por la regeneración y contra la corrupción”. Tampoco esperábamos otra cosa, la verdad. Y por si era poco, han votado junto al PP para impedir que se revisen los privilegios de mi Iglesia. Da gusto con estos chicos tan modernos. ¡Ah, y han tenido un congreso también, creo, porque no se ha enterado nadie! Ahora dicen que no son socialdemócratas, sino liberales. O algo así, qué más da.

Del resto de partidos hablaremos… la semana que viene. Sed buenos.

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