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Las noticias climáticas de la semana: Mirando a la Antártida

Imagen satelital del deshielo de la Antártida. Foto: NASA.

La Antártida: Bomba de relojería

Los glaciares de Pine Island y Thwaites son los que más rápidamente se están derritiendo en la Antártida. Y eso es un problema de dimensiones catastróficas: Si ambos glaciares colapsan (lo que es muy posible), el nivel del mar subiría, en cuestión de unos cuantos años, entre tres y cuatro metros. O lo que es lo mismo: La práctica totalidad de las ciudades costeras del mundo desaparecerían bajo las aguas. Cientos de millones de refugiados climáticos en los cinco continentes quedarían sin hogar.

Eric Holthaus publicaba este reportaje el martes en Grist, e inmediatamente sonaban todas las alarmas. Su trabajo se merece encabezar el resumen de la semana, y no sólo porque Holthaus es uno de los mejores periodistas sobre cambio climático, sino por la urgencia del asunto: Hablamos, como es habitual, de finales de este siglo como escenario, pero también de la posibilidad de que este colapso llegue antes de 2050.

El regreso de Keystone XL

Mientras tanto, en Estados Unidos, siguen mejorando las condiciones para que el colapso de la Antártida y otros desastres climáticos sigan su curso. El lunes, los legisladores del estado de Nebraska aprobaron la instalación del oleoducto Keystone XL, que abriría la ruta para que los hidrocarburos de Alberta, en Canadá, lleguen a las refinerías de Texas y el Golfo de México. La obra, que costará unos 8.000 millones de dólares, fue desechada en 2015 por el gobierno de Barack Obama tras enfrentarse el proyecto a continuas manifestaciones y protestas. Sin embargo, Donald Trump la reactivó poco después de llegar a la presidencia.

Pero no todo en la decisión de Nebraska es malo. El oleoducto ha sido aprobado, pero con modificaciones en su recorrido, por lo que los promotores del mismo tendrán que conseguir ahora nuevos permisos de los propietarios de las tierras que atravesará la obra, que en general se han mostrado en contra de la obra desde su arranque. No es una derrota para la industria de los combustibles fósiles, pero sí un regreso a la casilla de salida.

Y en la UE…

Un estudio de la consultora Artelys asegura que la Unión Europea podría obtener un 61% de su energía de fuentes renovables para 2030, superando con creces el 49% actualmente proyectado por Bruselas. El descenso en el coste de las renovables. Según el informe, esto evitaría la emisión anual de 265 millones de toneladas de CO2, al tiempo que ahorraría 600 millones de euros cada año, creando 90.000 puestos de trabajo.

Esto va en contra de la actual estrategia de la UE, que planea sustituir el carbón y el petróleo por el gas, al que considera un combustible de transición, en contra de la opinión de científicos y ecologistas. El informe de Artelys afirma que, de instalarse la potencia renovable adicional, el consumo de gas se podría reducir en un 50%.

Alemania, carbón y nuevas elecciones

Las negociaciones entre la CDU de Angela Merkel y los verdes para formar gobierno han fracasado. La canciller no ha hecho oficial que Alemania vaya a votar de nuevo en unos meses, pero eso parece lo más probable. El carbón ha sido uno de los principales escollos para el intento de coalición, que también incluía a los neoliberales del FDP. Según el diario británico The Guardian, los verdes exigían que se redujese el consumo de carbón entre 8 y 10 gigavatios, lo que no ha sido aceptado por la CDU y la FDP.

Así, a pesar de la retórica anticontaminación del gobierno alemán (el mayor productor de carbón y el país con las plantas eléctricas más contaminantes del continente), las diferencias en las estrategias contra el cambio climático se ha convertido en una cuestión de estado.

Dimisiones en las renovables

El miércoles dimitieron el director de la Plataforma Solar de Almería, Sixto Malato, y el responsable de la Unidad de Sistemas Solares de Concentración, Eduardo Zarza. Ambos señalan a las trabas burocráticas impuestas por el gobierno a los organismos públicos de investigación. La PSA, el mayor centro de investigación en energía solar de concentración de Europa y uno de los mayores del mundo, inició la semana pasada una recogida de firmas para denunciar las medidas del gobierno, que no les permite utilizar parte de los fondos que tienen asignados tanto desde Madrid como desde Bruselas. La medida responde a la estrategia de contención del déficit.

En declaraciones a El País, Zarza lamentó no tener “la capacidad para seguir con la marcha de este centro, es una instalación que está en el top mundial y se está hundiendo por desidia”.

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Medio millón de firmas contra el BBVA

Protesta contra el oleoducto de Dakota.

MADRID // Una de las primeras órdenes ejecutivas del presidente de EEUU, Donald Trump, fue reactivar el proyecto de construcción de dos gigantescos oleoductos que atravesarán el país: Keystone XL y North Dakota Access Pipeline. El expresidente Obama había paralizado estas dos infraestructuras debido a su impacto en el medio ambiente, una de las cuestiones que menos parecen interesar al negacionista Trump.

El oleoducto Dakota Access (DAPL, por sus siglas en inglés) es un proyecto de 1.770 kilómetros de extensión, valorado en 3.800 millones de dólares de invresión, que tiene como objetivo transportar 500.000 barriles diarios de petróleo obtenido mediante fracturación hidráulica (fracking) desde los yacimientos petroleros de Bakken, en Dakota del Norte, pasando por Dakota del Sur y Iowa hasta Illinois, donde se conectaría con otro oleoducto para trasladar el petróleo al golfo de México. Los opositores al DAPL entre ellos, la tribu sioux de Standing Rock junto a otros 280 colectivos, muchos de ellos indígenas temen que una ruptura del oleoducto pueda contaminar el aire y envenenar el río Missouri, que abastece de agua potable a 17 millones de personas, según denuncian periodistas como Amy Goodman.

Una de las entidades que integran el consorcio que financian la construcción del DAPL es el BBVA, que este jueves ha recibido de manos de Ecologistas en Acción un manifiesto con más de 500.000 firmas para exigir a la entidad bancaria que se retire del proyecto. Además de BBVA, otros 16 bancos (entre ellos Citogroup, BNP Paribas, ING, Société Générale y Wells Fargo) participan en la financiación del polémico oleoducto que ha generado numerosas protestas en EEUU. Más de 500 organizaciones civiles enviaron hace pocos meses una carta a los máximos responsables de estas entidades exigiéndoles su retirada del consorcio, y llamando a los clientes a desinvertir en estos bancos en caso de que prosigan con el proyecto.

El North Dakota Access Pipeline no es la única infraestructura energética en el que está inmersa la entidad que preside Francisco González. Junto a Natixis y Scotiabank, BBVA financiará la inversión necesaria (6.522 millones de euros) para la puesta en marcha del Gasoducto Sur Peruano (GSP), el proyecto de energía más importante de América.

El banco, que ha ganado 3.475 millones de euros en 2016 un 31,5% más que en el anterior ejercicio, también financió los gasoductos Ramones Sur (México), el proyecto gasítico de Camisea (Perú) y otros oleoductos e infraestructuras similares como el OCP (Oleoducto de Crudo Pesado) en Ecuador, el Bicentenario en Colombia y el Gasyrg de Bolivia, según denuncia la asociación Ekologistak Martxan. También tiene inversiones en empresas de petróleo y gas, algunas de ellas del Ibex 35, como Repsol YPF, Iberdrola, Gas Natural, Endesa, REE y Enel, y en otras como Petrobras (Brasil), Ecopetrol (Ecuador) y Pemex (México).

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Tribu siux de Standing Rock a Trump: “Crear otro Flint no hará grande a EEUU otra vez”

Desde que asumió el cargo, y ya no solo a través de Twitter, el presidente Donald J. Trump no ha dejado de emitir órdenes ejecutivas y memorandos presidenciales. El martes, sus pronunciamientos se refirieron a los oleoductos Keystone XL y Dakota Access. Ambos proyectos fueron rechazados o retrasados por el gobierno de Barack Obama, tras grandes protestas de la población en ambos casos. Ahora, con las acciones del gobierno de Trump, respaldadas por un Congreso servil con mayoría republicana, los megaproyectos de combustibles fósiles están recibiendo luz verde otra vez.

Sin embargo, se necesita algo más que la acción veloz de la pluma de Trump para sofocar la vigorosa resistencia a estos dos oleoductos y al creciente movimiento mundial que demanda medidas urgentes para combatir el cambio climático.

El oleoducto Dakota Access (DAPL, por su sigla en inglés) es un proyecto de 1.770 kilómetros de extensión, valuado en 3.800 millones de dólares, que tiene como objetivo transportar petróleo obtenido mediante fracturación hidráulica desde los yacimientos petroleros de Bakken, en Dakota del Norte, pasando por Dakota del Sur y Iowa hasta Illinois, donde se conectaría con otro oleoducto para trasladar el petróleo al golfo de México.

Los opositores al oleoducto Dakota Access temen que una ruptura del oleoducto pueda envenenar el río Missouri, que abastece de agua potable a 17 millones de personas. El núcleo base de la oposición se encuentra en los campamentos instalados dentro de la Reserva Siux de Standing Rock y sus alrededores, donde está planificado que el oleoducto cruce por debajo del río.

El proyecto del oleoducto Keystone XL (KXL) propone transportar los combustibles fósiles más sucios del mundo, arenas alquitranadas, desde Alberta, Canadá pasando por la frontera hacia Estados Unidos, también culminando en el golfo de México. El 6 de noviembre de 2015, tras cinco años de protestas contra el KXL, el presidente Barack Obama declaró que el oleoducto “no era de interés nacional para Estados Unidos”, y acabó definitivamente con el proyecto. El 5 de diciembre de 2016, en una segunda victoria para los ambientalistas de base, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense le negó el permiso a la propietaria del Dakota Access para perforar debajo del río Missouri, lo que detuvo ese proyecto de oleoducto.

“La orden ejecutiva de Trump sobre el oleoducto Dakota Access viola la ley y los tratados tribales. Tomaremos medidas legales”, dijo el jefe de la tribu siux de Standing Rock, David Archambault II, en un comunicado de prensa. “Crear otro Flint no hará a Estados Unidos grande otra vez”. El memorando presidencial de Trump sobre el Dakota Access instruye al secretario del Ejército a “evaluar y aprobar de forma expedita… las solicitudes de aprobación para construir y poner en funcionamiento el oleoducto Dakota Access”. El mismo tipo de redacción se puede ver en el memo respecto al oleoducto Keystone XL, dirigido al secretario del Ejército, así como a los secretarios de Estado y del Interior. La persona designada por Trump para el cargo de secretario de Estado, Rex Tillerson, anteriormente fue director ejecutivo de ExxonMobil, una empresa que cosecharía enormes ganancias mediante la explotación del petróleo de las arenas alquitranadas canadienses. El nominado de Trump para el puesto de secretario de Energía y ex gobernador de Texas, Rick Perry, poco tiempo atrás integraba la junta de la empresa Energy Transfer Partners, propietaria del Dakota Access.

La orden ejecutiva de Trump titulada “Acelerar las evaluaciones ambientales y aprobaciones para proyectos de infraestructura de alta prioridad”, emitida junto con los dos memorándums, incluye la declaración de que “muy a menudo, los proyectos de infraestructura en Estados Unidos han sido retrasados de forma rutinaria y excesiva por los procesos y procedimientos de las agencias”. Junto con un cuarto memo que exige –sin tener fuerza de ley– que los proyectos de construcción y reparación de oleoductos “usen materiales y equipos producidos en Estados Unidos”, esta oleada de decretos prepara el terreno para el resurgimiento acelerado de ambos oleoductos.

Winona LaDuke, activista indígena estadounidense y directora ejecutiva del grupo “Honor the Earth”, dijo en una entrevista en Democracy Now!: “Es prácticamente una declaración de guerra contra todos nosotros aquí, no solo contra los pueblos indígenas sino contra cualquier persona que desee beber agua. [Trump] definitivamente quiere forzar la construcción de estos oleoductos como sea”.

Bobbi Jean Three Legs, miembro de la nación sioux de Standing Rock, comenzó las protestas contra el Dakota Access antes del surgimiento del primer campamento de resistencia el pasado mes de abril. La joven, de 24 años de edad, ayudó a dirigir una carrera con relevo de 3200 kilómetros para los jóvenes indígenas, desde el campamento Sacred Stone en Cannon Ball, Dakota del Norte hasta Washington DC, con el objetivo de atraer la atención a su lucha contra el oleoducto. Su principio básico es “El agua es vida” o, en lengua lakota, “Mni Wiconi”. Bobbi declaró en Democracy Now!: “[Trump] está despertando a mucha gente. Ahora mucha gente realmente le está prestando atención al cambio climático. No vamos a retroceder jamás”.

A Bobbi Jean Three Legs y Winona LaDuke les preocupa el aumento de la violencia por parte de la policía y la Guardia Nacional. Bobbi describió la situación: “Aún estamos sufriendo brutalidad policial. Reprimen a la gente con gas. Les disparan. Nuestra hermana Red Fawn sigue en la cárcel. Más de 600 personas han sido arrestadas al momento, y esta cifra sigue aumentando”. Los ojos de Bobbi Jean se llenan de lágrimas mientras habla. “Ahora mismo les pido a todos los jóvenes del país que nos apoyen. Les pido a todas las personas del mundo que nos apoyen, dondequiera que estén… Me temo que quieren matarnos”.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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