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La libertad de prensa en Estados Unidos: amenazas y defensas (y II)

¿Qué pasaría si el presidente Trump decidiera movilizar al FBI y el aparato judicial para espiar y enjuiciar a funcionarios que contacten con los medios para denunciar abusos, o a los periodistas que les escuchen? Nada; simplemente sería business as usual. Como recordaba el periodista James Risen en el New York Times en diciembre, durante los ocho años que Barack Obama lideró el país hubo más investigaciones y persecuciones de periodistas y denunciantes internos —nueve en total— que durante todas las administraciones anteriores. Más sorprendente todavía es que el gobierno invocara para tal fin una ley anticuada, pensada para controlar el espionaje comunista en los años de la Revolución Rusa.

Bajo Obama hubo escuchas a teléfonos de reporteros, tentativas por enjuiciar a periodistas como cómplices o co-conspiradores e intentos por obligar a reporteros a revelar sus fuentes confidenciales. El gobierno de Obama se mostró particularmente duro con las filtraciones en torno a la seguridad nacional, que llegaron a nuevas alturas por el trabajo de Edward Snowden (acusado de espionaje) y Chelsea Manning (condenada a 35 años de cárcel, aunque al final se conmutó la sentencia).

Los otros casos incluyen el de Shamai Leibowitz, un traductor judío del FBI condenado a 20 meses de cárcel por revelar que los Estados Unidos espiaban a diplomáticos israelíes; y de John Kiriakou, un analista de la CIA condenado a 30 meses por revelar el programa secreto de torfturas.

Ante las fuertes críticas de los medios, en 2015, el fiscal general Eric Holder anunció que el Departamento de Justicia adoptaría pautas más estrictas para limitar las posibilidades de que se requirieran materiales de periodistas. Pero el nuevo fiscal general de Trump, Jeff Sessions, ha dicho que “no sabe” si seguirá esas pautas y que es posible que intente encarcelar a periodistas simplemente por hacer su trabajo.

La verdad es que el afán persecutorio del gobierno de Obama —que fue también uno de los menos transparentes de las últimas décadas— ha logrado expandir el poder del Ejecutivo para limitar la libertad de prensa, al mismo tiempo que ha erosionado la protección judicial a los periodistas. Así, en su intento por obligar a Risen a revelar sus fuentes, forzó una decisión judicial que negaba que los reporteros tengan un “privilegio de periodista”: el derecho a no testificar sobre sus fuentes en casos criminales.

Todo parece indicar que la administración de Trump sólo intensificará los intentos por cercenar la libertad de prensa. En enero, Alexandra Ellerbeck, del Comité de Protección a Periodistas (CPJ), una organización sin fines de lucro afincada en Nueva York, predijo que habrá aún menos transparencia y aún más vigilancia. Las amenazas son múltiples. Muchos reporteros creen que Trump “ha creado un ambiente que fomenta el acoso a los periodistas”, incluidos frecuentes ataques racistas y antisemitas.

En vista del panorama de las primeras semanas de la presidencia de Trump, sin embargo, los medios no están dispuestos a dejarse intimidar sin más. Y no les falta apoyo. Además de organizaciones como el CPJ, la prensa tiene un importante aliado en la centenaria American Civil Liberties Union (ACLU), que cuenta con un millón de miembros reunidos en grupos locales por todo el país; un ejército de voluntarios; una plantilla profesional de 200 personas; y un presupuesto de más de 100 millones de dólares al año.

La ACLU trabaja, entre otras causas, por proteger la libertad de expresión independientemente del signo político que tenga (notoriamente defiende que el Klu Klux Klan se pueda manifestar en público) y por defender la libertad de prensa. Más que mera mosca cojonera, la ACLU es un agente influyente en la opinión pública y una poderosa máquina de presión judicial. Las primeras decisiones de Trump han provocado una oleada de afiliaciones y donaciones: desde noviembre, su número de afiliados se ha doblado (de medio millón a un millón) y el fin de semana que Trump anunció su veto a inmigrantes musulmanes —que la ACLU llevó a juicio esa misma noche—, la organización recaudó 24 millones de dólares, más de seis veces lo que suele recaudar en línea por año.

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Trump aplica sus medidas más polémicas en su primera semana en la Casa Blanca

Donald Trump, presidente electo de EEUU. FOTO: Facebook de DT .

Una semana le ha bastado al presidente de los EEUU, Donald Trump, para demostrar al mundo que sus promesas electorales iban en serio. Desde su toma de posesión en Washington, el pasado 20 de enero, el nuevo mandatario estadounidense se ha encargado, a golpe de decreto y de órdenes presidenciales, de comenzar a aplicar sus medidas más polémicas.

Pocas horas después de asumir su cargo, y ya en el despacho oval, Trump firmó la orden ejecutiva para “aliviar las cargas” del Obamacare, la reforma sanitaria aprobada por el expresidente Barack Obama para ampliar la cobertura médica a la población más vulnerable. El desmantelamiento de este plan de salud, no obstante, no será inmediato, ya que debe ser el Congreso con mayoría republicana— quien en última instancia derogue la reforma. 

Otro de los objetivos puestos en el punto de mira de la nueva Administración de EEUU ha sido el aborto. Su segunda orden al frente de la Casa Blanca fue recuperar el programa conocido como Política de Ciudad de México, mediante el cual se prohíbe a ONGs y asociaciones en el extranjero que utilicen fondos del Gobierno estadounidense para asesorar, apoyar o participar en abortos.

Ese mismo día, el pasado lunes, Trump firmó un decreto para retirar a Estados Unidos del TPP, un acuerdo comercial firmado por Obama con 11 países del área del Pacífico, entre ellos con China. Algunas voces republicanas críticas con Trump, como el senador John McCain, han tildado de “error grave” la retirada de EEUU del TPP, ya que “tendrá consecuencias duraderas para la economía americana” y permitirá que “China reescriba las normas económicas a expensas de los trabajadores americanos”. Trump también ha congelado, por decreto, las nuevas contrataciones en la administración federal, excepto en las fuerzas armadas.

Un día después, el martes, Trump ordenó también por decreto el arranque del proyecto de construcción de dos gigantescos oleoductos que atravesarán EEUU: Keystone XL y North Dakota Pipeline. Obama había paralizado estas dos infraestructuras debido a su impacto en el medio ambiente, una de las cuestiones que menos parecen interesar al negacionista Trump, quien ha dado órdenes de eliminar la página dedicada al cambio climático en la web de la Agencia para la Protección del Medioambiente de EEUU, según ha publicado Reuters.

Las últimas víctimas de Trump en esta primera semana al frente de la Casa Blanca han sido los inmigrantes y México. Por un lado, el nuevo presidente ha recuperado el programa “comunidades seguras”, aprobado por George W. Bush en 2001, que permite que cualquier miembro de las fuerzas de seguridad de EEUU pueda actuar como un agente de inmigración con un objetivo: detener y deportar al mayor número de indocumentados posible.

Además, ha anunciado la construcción de 2.000 kilómetros de muro en la frontera con México, y ha anunciado la posible aplicación de un arancel de un 20% en las importaciones mexicanas (que superan cada año los 500 mil millones de dólares) para costear esta inmensa infraestructura. Estos anuncios han provocado una crisis diplomática con el gobierno mexicano, que llevaron al presidente Peña Nieto a cancelar su viaje a Washington. El pago de estos aranceles, además, implican de facto la derogación del Tratado de Libre Comercio (NAFTA, por sus siglas en inglés) entre EEUU, México y Canadá.

En los próximos días, Trump ya ha anunciado que prepara órdenes ejecutivas para reducir los compromisos económicos de EEUU con la ONU y a otras organizaciones internacionales, y que anunciará su candidato a ocupar un puesto de magistrado en el Tribunal Supremo . La prensa estadounidense también ha publicado que prepara otro decreto para mantener abierta la prisión de Guantánamo y para recuperar los centros clandestinos de la CIA.

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El largo calvario de la denunciante Chelsea Manning

En abril de 2010, WikiLeaks publicó en su sitio web un vídeo militar estadounidense clasificado, grabado desde la cámara de un helicóptero Apache. La grabación muestra una masacre de civiles en una calle de Bagdad, en Iraq. El vídeo, que WikiLeaks tituló “Asesinato colateral”, documenta en un granulado blanco y negro y con detalles gráficos el ataque perpetrado desde el propio helicóptero de combate el día 12 de julio de 2007. El helicóptero dispara metralletas contra un grupo de hombres, entre los que se encuentran Namir Noor-Eldeen, fotógrafo de la agencia de noticias Reuters, y su chófer, Saeed Chmagh. La mayoría de los hombres mueren al instante. Noor-Eldeen huye pero las miras lo siguen, disparando sin parar, hasta que cae muerto.

La transmisión de radio que aparece en el vídeo registra las voces de los soldados: “Muy bien. Ja ja ja. ¡Les di!”. Y después sigue: “Sí. Tenemos a uno arrastrándose por ahí abajo”. Justo en ese momento se puede observar a Saeed Chmagh, gravemente herido, que se aleja de los otros cuerpos arrastrándose por el piso. Una voz en el helicóptero, que busca una razón para disparar, dice: “Vamos, amigo. Todo lo que tienes que hacer es tomar un arma… Si vemos un arma, vamos a proceder”. Llega una camioneta y varios hombres, claramente desarmados, salen y levantan a Chmagh para llevarlo a que reciba asistencia médica. Los soldados del Apache buscan y obtienen permiso para “proceder” con la camioneta y abren fuego, con lo que destrozan el frente del vehículo y matan a todos los hombres.

Cuando toda la gente a la vista está aparentemente muerta, llegan vehículos blindados estadounidenses. Cuando uno de los vehículos pasa por encima del cadáver de Noor-Eldeen, uno de los tripulantes del helicóptero dice entre risas: “Creo que acaban de pasarle por arriba a un cadáver”.

Democracy Now! entrevistó al responsable de la filtración en 1971 de los Papeles del Pentágono, un archivo secreto de Estados Unidos sobre la guerra de Vietnam. Se trata de Daniel Ellsberg, un veterano del Cuerpo de Infantería de Marina estadounidense que instruía a los soldados en las leyes de guerra. Ellsberg dijo sobre el vídeo: “Artilleros de un helicóptero persiguiendo y disparándole a un hombre desarmado que vestía de civil, claramente herido, en un área donde estaba por llegar un escuadrón de soldados estadounidenses para tomar custodia de cualquier persona que siguiera viva, lo cual era sabido por los artilleros del helicóptero… Ese tiroteo fue asesinato. Fue un crimen de guerra”.

Durante años, Reuters intentó acceder al vídeo, pero no logró obtener la autorización. Fue un joven analista de la inteligencia estadounidense con base en Iraq quien lo extrajo de los archivos y lo envió a WikiLeaks. Además del vídeo, el analista también filtró cientos de miles de documentos secretos, como bitácoras de acciones militares en Iraq y Afganistán y cables clasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos. Finalmente, el analista fue traicionado por un confidente en Internet y fue arrestado.

El soldado era conocido en ese momento como Bradley Manning. Tuvo que sufrir duras condiciones de aislamiento en la Base del Cuerpo de Infantería de Marina de Quantico, en Virginia, por casi un año, en circunstancias que impulsaron una investigación por parte de Juan Méndez, en ese entonces relator especial de la ONU sobre tortura. Méndez concluyó: “Creo que Bradley Manning fue sometido a un tratamiento cruel, inhumano y degradante en el aislamiento excesivo y prolongado donde fue colocado durante los ocho meses que estuvo en Quantico”.

El soldado raso Manning fue juzgado por un consejo de guerra, condenado a 35 años de cárcel y transferido a la cárcel militar estadounidense de Fort Leavenworth, Kansas. Inmediatamente después de anunciarse el veredicto, Manning declaró públicamente que había iniciado un tratamiento de cambio de género y cambió su nombre a Chelsea Manning.

Manning ya ha cumplido siete años de su condena, durante los que padeció dificultades extraordinarias por ser una persona en procura de tratamiento de reasignación de género encarcelada por el Ejército estadounidense. Ha luchado para obtener tratamiento médico y para ser transferida de la cárcel de hombres, y ha intentado suicidarse en dos ocasiones. En Leavenworth, el castigo por intento de suicidio es más aislamiento.

Día a día fue creciendo a nivel mundial una campaña que solicitaba al presidente Barack Obama que indultara a Manning, la denunciante retenida en prisión por más tiempo en la historia de Estados Unidos. Obama ha otorgado más conmutaciones de penas e indultos que cualquier otro presidente, más que nada a reclusos condenados por delitos no violentos relacionados con drogas. El martes emitió más de 209 conmutaciones y 64 indultos. Las conmutaciones reducen o eliminan lo que resta de la condena de una persona encarcelada, mientras que el indulto borra el antecedente del individuo, retirando por completo el veredicto de culpabilidad. Los indultos y las conmutaciones presidenciales no se pueden retractar. Entre las conmutaciones otorgadas el martes, una fue la de Chelsea Manning.

Con solo dos días restantes en el cargo de presidente, Barack Obama dio su conferencia de prensa final en la Casa Blanca. La primera pregunta, planteada por un periodista de Reuters, fue sobre su decisión de liberar a Manning. Obama respondió: “Chelsea Manning ha cumplido una dura condena a prisión. En cuanto al concepto de que una persona que considere revelar información vital clasificada pudiera pensar que eso no se castiga, con la sentencia que ha cumplido, no creo que Chelsea Manning tenga esa impresión. Según mi punto de vista, dado que fue enjuiciada, que se llevó a cabo el debido proceso, que asumió la responsabilidad por su delito, que la condena que recibió fue muy desproporcionada en comparación a lo que otros denunciantes han recibido y que había cumplido un tiempo importante de su condena, me parecía que tenía sentido conmutar, aunque no perdonar, su condena”.

La liberación de Chelsea Manning está prevista para el 17 de mayo.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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Obama conmuta la pena a Chelsea Manning y Óscar López Rivera

La exsoldado Chelsea Manning, que filtró cientos de miles de documentos estadounidenses a WikiLeaks para promover “discusiones, debates y reformas en todo el mundo”, será liberada el 17 de mayo. El presidente de EEUU, Barack Obama, también conmutó la sentencia del activista puertorriqueño Oscar López Rivera, que saldrá el mismo día. Ambos se encuentran entre las 200 personas que han recibido conmutaciones e indultos en lo que algunos analistas dicen que será el último acto del mandatario. Falta de la lista el activista indígena Leonard Peltier, de 71 años, informa DemocracyNow!, que cifra en 1.385 las sentencias conmutadas por Obama, más que cualquier otro presidente en la historia de los Estados Unidos. Sobre Edward Snowden, que ha agradecido a Obama la decisión, la Casa Blanca alega que “no ha cumplimentado los papeles para pedir clemencia” a esa administración.

Manning fue condenada en 2013 a 35 años de prisión por filtrar más de 700.000 archivos clasificados y vídeos a WikiLeaks sobre las guerras en Irak y Afganistán y la política exterior de Estados Unidos. En este tiempo, ha sido sometida a largos periodos de confinamiento solitario y se le negó el tratamiento médico relacionado con su identidad de género. El fundador de Wikileaks, Julian Assange, recluido en la Embajada de Ecuador en Londres, llegó a decir que si la liberaban acordaría su extradición a Estados Unidos.

López Rivera fue condenado en 1981 por cargos federales de conspiración sediciosa y conspirar para oponerse a la autoridad estadounidense sobre Puerto Rico por la fuerza. También fue acusado de ser miembro de las FALN, las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, que se atribuyó la responsabilidad de más de cien bombardeos para llamar la atención sobre el caso colonial de Puerto Rico. En 1999, el presidente Clinton conmutó las sentencias de 16 miembros de la FALN, pero López se negó a aceptar el acuerdo porque no incluía a dos compañeros activistas que han sido puestos en libertad.

 

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La amenaza global de la nueva inestabilidad nuclear de Trump

Donald Trump

La semana pasada, Donald Trump, presidente electo de Estados Unidos, hizo volar por los aires medio siglo de la política de armas nucleares del país en un solo tuit: “Estados Unidos debe fortalecer y ampliar considerablemente su capacidad nuclear hasta que el mundo entre en razón con respecto a las armas nucleares”. Con ese mensaje ambiguo, Donald Trump, que aún no ha asumido el cargo, puede haber iniciado una nueva carrera armamentista mundial.

La declaración de Trump generó alarma en todo el mundo y forzó a que los principales referentes de su círculo más íntimo debieran salir a dar explicaciones –a esta altura, algo de rutina– de lo que su jefe “realmente quiso decir”. En MSNBC, Rachel Maddow confrontó a Kellyanne Conway, exdirectora de campaña de Trump y recientemente nombrada asesora presidencial, sobre este impactante tuit. Maddow dijo: “Él está diciendo que vamos a ampliar nuestra capacidad nuclear. Dijo literalmente que debemos ampliar nuestra capacidad nuclear…”. A lo que Conway respondió: “No necesariamente está diciendo… Lo que dice es que… debemos ampliar nuestra capacidad nuclear; nuestra preparación nuclear, en realidad. Nuestra capacidad de estar preparados para aquellos que también tengan armas nucleares”.

A la mañana siguiente, durante una pausa comercial en el programa Morning Joe de MSNBC, Trump habló por teléfono con Mika Brzezinski, mientras ella y su copresentador, Joe Scarborough, estaban en pijama en el estudio decorado con temática navideña. La llamada no fue transmitida, pero cuando el programa regresó de la pausa, Brzezinski citó parte de la conversación que tuvieron. Según Brzezinski, las palabras de Trump fueron: “Que haya una carrera armamentista… los superaremos en cada movimiento y los venceremos a todos”.

Minutos después de que esto saliera al aire, Annie Leonard, directora ejecutiva de Greenpeace USA, declaró a Democracy Now!: “Todos los días Trump dice algo que nos deja preocupados, pero esto es lo más aterrador hasta el momento. Una carrera de armas nucleares es lo último que necesita el mundo. Pienso en el cambio climático. Pienso en la desigualdad económica. Pienso en todas estas grandes amenazas que enfrentamos como país y como mundo. ¿Por qué vamos a sumarles una amenaza innecesaria y totalmente fabricada?”.

El presidente Barack Obama pronunció su primer discurso sobre el arsenal nuclear estadounidense el 5 de abril de 2009 en Praga: “Hoy en día, la Guerra Fría ha desaparecido, pero miles de aquellas armas aún no. En un extraño giro de la historia, la amenaza de una guerra nuclear mundial ha disminuido, pero el riesgo de un ataque nuclear ha aumentado. Más países han adquirido armamento de este tipo”. Más adelante, en 2016, el presidente Obama propuso un programa de modernización de arsenales nucleares con un costo de un billón de dólares y 30 años de duración. Cuando le preguntamos sobre el historial de Obama con respecto al desarrollo armamentista, Annie Leonard nos dijo: “Greenpeace y muchos de nuestros aliados han luchado contra el gasto militar del presidente Obama, y lucharemos contra el gasto militar del presidente Trump”.

Mientras que el gasto nuclear del presidente Obama continúa el desarrollo de lo que Albert Einstein llamó, en 1946, “la deriva hacia una catástrofe sin parangón”, su gobierno todavía adhiere al tratado de reducción del arsenal nuclear entre Estados Unidos y Rusia, llamado New START. Esto exige la reducción de la cantidad de ojivas en los arsenales de ambos países, de la cantidad actual de aproximadamente 7.000 ojivas cada uno, hasta llegar a 1.550 ojivas cada uno para febrero de 2018. Las declaraciones de Trump sugieren que planea desestimar el New START y relanzar una nueva carrera de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia. Esto, a su vez, podría desencadenar fácilmente el deseo de aumentar las reservas en otros estados nucleares existentes, como India, Pakistán e Israel. Trump también declaró reiteradamente durante su campaña presidencial que apoya la adquisición de armas nucleares por parte de otros países, como Japón, Corea del Sur y Arabia Saudí. En otras ocasiones ha dicho lo contrario, lo cual enfatiza el carácter volátil e impredecible del futuro comandante en jefe. En un mundo tan inestable, con cada vez más cantidad de armas nucleares, aumenta la probabilidad de que alguien, en algún lugar, presione el botón.

Alarmado ante los acontecimientos recientes, un grupo ha lanzado una petición instando al presidente actual a tomar medidas. Joe Cirincione, presidente de la organización Ploughshares Fund, una fundación dedicada a la seguridad mundial, afirmó: “Hay algo que el presidente Obama puede hacer al respecto, para darnos más tiempo. Puede poner fin a la práctica de la Guerra Fría de tener los misiles en alerta máxima, listos para lanzarse en pocos minutos. En su campaña había prometido hacerlo, dijo que lo haría al asumir el cargo y nunca lo concretó. Tiene 22 días para intentar corregir ese error. En 22 días, Donald Trump tendrá la capacidad de lanzar misiles nucleares con la misma velocidad con la que tuitea. Cuatro minutos después de dar la orden, esos misiles volarán. Nadie puede detenerlo. Nadie puede revertir los lanzamientos”.

Obama debe sacar a los misiles nucleares del estado de alerta máxima, pero eso no es suficiente. El dedo de Donald Trump en el disparador nuclear es una perspectiva aterradora. El movimiento antinuclear es el que debe estar en alerta máxima para asegurarse de que el disparador no sea accionado jamás.


© 2016 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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