Joan Josep Nuet: “El Gobierno usa el Constitucional y, ahora, una parte del independentismo el Parlament”

Esta entrevista a Joan Josep Nuet está incluida en #LaMarea48

Joan Josep Nuet (Reus, 1964) es coordinador general de Esquerra Unida i Alternativa (EUiA) y miembro de la dirección de Izquierda Unida. Diputado en el Parlament en representación de Catalunya Sí que es Pot, coalición que incluye a Podemos, Nuet es partidario del derecho a decidir pero no de la independencia. Y reprocha a las formaciones que apoyan el actual proceso soberanista que sigan adelante con una hoja de ruta que rechazan muchos catalanes.

La Fiscalía se querelló contra los cuatro miembros independentistas de la Mesa del Parlament por autorizar la tramitación parlamentaria del referéndum de secesión. Usted también votó a favor, pero el Ministerio Público le perdonó la querella porque no apoya la independencia.

La Fiscalía dice que ellos lo hicieron con una intención y yo con otra, porque he votado en contra de la declaración del 9-N y de las conclusiones de la comisión del proceso constituyente y me abstuve en la última resolución sobre el referéndum. Para la Fiscalía, eso demuestra que no quiero ‘subvertir el orden constitucional’. De hecho, viene a decir que no me merezco la querella porque no soy independentista.

¿Cómo acabará todo esto?

No estamos ante un calentón. La crisis ha puesto la luz sobre las costuras del pacto constitucional de 1978 y ha reventado. El Estado de las autonomías es un cadáver político. La situación económica ha mejorado pero ha dejado unas marcas evidentes, y el bipartidismo ya no funciona como antes. Estamos en una nueva fase constituyente. Hay una parte de la sociedad catalana que quiere la independencia y existe el fenómeno de fondo que es la soberanía.

Desde la Europa oficial no han llegado mensajes de apoyo al independentismo catalán.

Europa tiene tantos problemas, que el catalán es uno más. Están agobiados con el Brexit, los refugiados, la crisis de la institucionalidad europea, Trump… Algún diputado belga o finlandés puede mostrar simpatías pero ninguna institución europea reconocerá la independencia de Cataluña.

La izquierda ha sido siempre internacionalista. Sus ideales han trascendido históricamente las reivindicaciones nacionales, independentistas.

Sí, pero mucha izquierda vuelve a buscar la expresión de la soberanía del Estado-nación para plantar cara al capitalismo. La Unión Europea toma decisiones y envía directivas a los Estados diciéndoles lo que tienen que hacer. Le Pen o el Brexit dicen no a la UE y reclaman la vuelta al autogobierno de franceses o ingleses. La pregunta es: ¿tiene la izquierda una propuesta?

Los independentistas catalanes apuestan por un nuevo Estado-nación.

En Cataluña hay una tendencia a volver al Estado-nación del siglo XIX. Se dice que tendremos un Estado propio y que viviremos bien. Pero hoy eso no es ninguna garantía. La garantía de la soberanía no es tener una bandera en la ONU, como lo ha demostrado Grecia. Puedes ser un país independiente, pero no tener soberanía monetaria, económica, etcétera. Hay gente que piensa que con la independencia vivirá mejor. No forzosamente. La Unión Europea ha fracasado. Hay que construir un proyecto alternativo con el pueblo francés, italiano, alemán, portugués o griego. ¿Por qué no hacemos lo mismo con el resto de pueblos de España?

¿Eso es federalismo?

Nosotros utilizamos mucho la palabra ‘fraternidad’ como idea política. Un Estado español gobernado por los pueblos hará políticas fraternales hacia el resto de pueblos, incluida Cataluña; igual que una Cataluña gobernada por los sectores populares hará políticas fraternales respecto a otros pueblos de Europa y España. La palabra ‘federalismo’ se ha prostituido. Yo me declaro federalista, pero tengo que explicarlo porque la declaración de Granada del PSOE prácticamente la ha matado y la ha convertido en minoritaria en Cataluña.

¿Qué le parece que el Parlament haya modificado su reglamento para que se pueda votar sin apenas debate la Ley de Desconexión?

Es un error profundo porque reproduce lo que estamos criticando. El PP no quiere que se hable de independencia en el Parlament y los independentistas quieren hacer leyes de independencia-exprés, a escondidas no solo del pueblo de Cataluña sino también de su Parlament. No se puede aprobar esta Ley de Desconexión con el apoyo de solo el 36% del censo electoral. El 64% restante no podría decir nada. El Gobierno de España utiliza el Tribunal Constitucional y, ahora, una parte del independentismo utiliza el Parlament para colocar por sorpresa una ley en dos horas y decir, al final del debate, que ya somos independientes.

Con la Guardia Civil esperando en la puerta del Parlament.

Una cosa que funciona así no puede acabar bien. No porque no sea legal sino porque se hace al margen de la gente. Dirán que convocarán aquel día a la puerta del Parlament a 50.000 personas. Pero hay una parte de Cataluña que existe y estará en contra, que verá por Telecinco lo que está pasando. Son catalanes y catalanas. ¿Qué plan hay para ellos?

Otra decisión inesperada ha sido el nombramiento de Vicent Sanchis, un hombre vinculado de siempre al pujolismo y CDC, como director de TV3.

Mi relación personal con él es positiva pero es una decisión que no augura nada bueno. Todos los casos de corrupción que afectan al PDeCAT y la tensión que el proceso provocará necesitan un director político que imponga el modelo ideológico de este partido. Sin TV3, el PDeCAT no es nada. Sin el machaqueo de TV3 y Catalunya Ràdio –donde hay excelentes profesionales–, el proceso del PDeCAT y la CUP no existiría. Han colocado un comisario político para que, en un momento de tempestad, tengan en TV3 un bastión que reme para casa.

¿Qué ha dado más alas al independentismo, TV3 y Catalunya Ràdio, o la actitud cerrada del Gobierno del PP ante el Estatut y la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010?

Desde 2003 hubo una campaña previa del PP contra el Estatut de Autonomía. Tenemos la manifestación del 2010 y la del 2012, con un millón largo de personas tras la conversión de CDC en un partido independentista. Todo ha ido sumando. El contexto internacional y el propio, con una sentencia del Tribunal Constitucional contraria a lo que votó el pueblo de Cataluña en referéndum. Esto no lo ha creado TV3. En 2012, el gobierno de los mejores de Artur Mas tenía todos los números para ser castigado por las políticas de recortes que aplicó ante la crisis, como pasó en muchos países europeos. Resistió gracias al proceso. No se lo inventaron pero se pusieron encima para cabalgarlo. Y TV3 y Catalunya Ràdio han jugado un papel esencial, con el apoyo del PDeCAT, ERC y la CUP.

Se acusa al proceso de tapar la corrupción de dirigentes de CDC y del PDeCAT.

Por eso media Cataluña no quiere saber nada del proceso. ¿Cómo puede Bellvitge, en L’Hospitalet, vibrar con el proceso cuando sabe que sus líderes le han cerrado el servicio de Urgencias en el ambulatorio? Ese barrio no ve el proceso como una oportunidad sino como una forma de esconder la corrupción y los recortes. La hoja de ruta de Junts pel Sí y la CUP está superada y agotada. No va a ningún lado. Va a la derrota.

¿Y qué papel deben jugar los comunes en este proceso?

Los comunes reconectan la Cataluña popular con el proceso. Y lo hace sin los componentes de identidad vinculados a la lengua, la bandera, el territorio, la historia… que definen solo una parte de lo que somos. Hacen ese puente negando el proceso de Junts pel Sí y la CUP y le dan savia nueva.

¿La CUP es recuperable para ese nuevo proceso? 

Si saben profundizar su apuesta por el cambio social, sí. Si no, no. El liderazgo del proceso es de las élites y de una parte de las 400 familias que siempre han gobernado Cataluña. La CUP tiene que decantarse por un proceso liderado por esa identidad catalana recreada o por la Cataluña popular que habla diversas lenguas, incluida la catalana, y que tiene sobre el futuro una visión diferente a la de esas 400 familias.

Los comunes, de todos modos, no son una balsa de aceite. La creación de un nuevo partido en Cataluña está planteando muchos problemas.

Los resolveremos. Es un proyecto muy ambicioso, con partidos diferentes, personas diferentes, culturas políticas diferentes… La asamblea constituyente del 8 de abril será un éxito. Podemos estará allí. Será un nuevo objeto político, no una coalición o un pacto electoral. Pablo Iglesias necesita el acuerdo en Cataluña para mantener el proyecto conjunto con Ada Colau.

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