You are here

Los tibios y colaboracionistas que ascendieron a Marine Le Pen

MADRID// Marine Le Pen no lo ha conseguido. Los que han posicionado su ideología al frente del Elíseo lo celebran con alborozo. Aunque la realidad es más desoladora. La simple posibilidad de que el neofascismo haya tenido la opción es una derrota, y los millones de votos que ha logrado son una derrota sin paliativos de la democracia y de los derechos humanos. Durante estos días, ha habido muchos antifascistas sobrevenidos que han intentado culpar de su posible victoria a aquellas gentes de izquierdas que más sufren la crisis y, conscientes de que su situación poco mejorará, o empeorará también con Emmanuel Macron, han abogado por el voto nulo o la abstención haciendo el análisis de que la victoria de Macron solo pospondrá la victoria de Le Pen, y por eso se puede arriesgar y que otros paren por ti la llegada del fascismo. No comparto este posicionamiento y así lo he expresado, pero es ofensivo ver cómo aquellos tibios y colaboracionistas con los neofascistas dan lecciones a los que siempre pierden. Aquellos que han mirado a otro lado cuando la extrema derecha ponía la bota sobre el cuello de alguna minoría, los que han compartido trincheras con neofascistas, como Ciudadanos, para lograr cuotas de poder, los que han aupado gobiernos neonazis como en Ucrania para hacer negocio, o los que comparten filas en el PP europeo con totalitarios magiares. Todos ellos quieren ahora dar lecciones u otorgar culpas a aquellos que siempre han luchado contra lo que Le Pen y sus creadores representan.

Los medios de comunicación y políticos con un nulo historial antifascista, y el relato hegemónico que durante mucho tiempo ha compartido políticas con los que ahora dicen combatir, han utilizado algunas referencias históricas para criticar el tremendo error de Jean Luc Mélenchon al no ser claramente diáfano contra Le Pen en la situación dilemática que se encuentra Francia, y por ende toda Europa. Desde medios como El País, que hace tiempo dejaron de hacer política editorial contra el fascismo español que hace honores a Franco y gobierna en España, pidieron al líder de la izquierda insumisa que se quitara el triángulo rojo antifascista que luce en su solapa. Ha habido que esperar a que lo utilicen contra alguien que lo usa para que expliquen el significado de un emblema que políticos como Alberto Garzón llevan años luciendo.

El modo más deshonesto de utilizar la historia de aquellos que han descubierto estos días el antifascismo ha sido la instrumentalización de la figura de Ernst Thälmann y el papel que jugó como líder del KVD (Partido Comunista Alemán) en el periodo de la República de Weimar y que culminó con la llegada al poder de Adolf Hitler. En un editorial del diario Le Monde se explica cómo el líder comunista consideraba a los socialdemócratas algo tan nocivo como el partido nazi para ubicar en el mismo lugar la posición de Mélenchon en la segunda vuelta de las elecciones. Una referencia histórica descontextualizada y falsaria que solo funciona por las elusiones intencionadas para que el relato y la comparación tenga algún efecto sobre el lector. La historia ayuda a comprender la actualidad si no se utiliza de forma revisionista como trinchera para favorecer discursos interesados.

La posición del KVD y Ernst Thälmann con respecto a al SPD alemán en el año 1931 era esa. Eso es completamente innegable. Es un hecho histórico. Pero antes de culpar a los comunistas del ascenso de Adolf Hitler por no compartir posiciones con los socialdemócratas alemanes de la época habría que conocer unos cuantos hechos que contextualizan y sirven para ver quiénes fueron los verdaderos artífices y cuáles fueron las causas del ascenso del nazismo, y por elevación extraer referencias para el presente sin necesidad de equiparar hechos históricos incomparables.

Los enfrentamientos entre los socialdemócratas y comunistas venían de mucho antes de que Adolf Hitler apareciera en escena en el panorama alemán. La separación entre ambas formaciones se hizo irreconciliable a partir de la Revolución de Noviembre de 1918. El ministro de Defensa del SPD, Gustav Noske, se alió con los Freikorps (un grupo de extrema derecha que alimentaría a los camisas pardas nazis) para reprimir de forma violenta el levantamiento espartaquista. La coalición del SPD de Noske y los cuerpos libres acabó con el asesinato de Karl Liebknech y Rosa Luxemburgo, los dos principales líderes del partido comunista alemán.

La brecha de odio y rencor entre ambas formaciones se siguió alimentando durante los años posteriores a la República de Weimar y con la gran depresión. Los comunistas eran represaliados en los centros de trabajo por parte de los sindicalistas socialdemócratas, como cuenta Richard J.Evans en su monumental obra sobre los años previos al nazismo. Lo que provocaba que el KVD de Ernst Thälmann creara comités de parados y manifestaciones masivas que acababan en enfrentamiento con la policía y represión durante el gobierno del socialdemócrata Friedrich Ebert. Esta situación se vio agravada por la posición de la jefatura del Comintern en 1928 que, a través de su “tercer periodo”, comenzó a considerar a los socialdemocrátas social-fascistas porque entendían que era la expresión política del capitalismo y su principal apoyo. Ernst Thälmann consideraba que Heinrich Müller del SPD no era mejor que el nazismo, pero lo mismo pensaba Müller del KVD de Thälmann. Estos enfrentamientos y la posibilidad, real en aquel momento, de que los comunistas pudieran tomar el poder acercaron las simpatías burguesas y empresariales al nazismo que, además de no poner en cuestión el sistema capitalista, era la punta de lanza contra el comunismo.

Utilizar la posición del partido comunista con respecto a la socialdemocracia durante la república de Weimar es un ejercicio que puede resultar provechoso para los que quieren sacar partido del error que la izquierda de Mélenchon tuvo tras la primera vuelta al no ser más contundente en su posicionamiento de voto. Pero lo será a cambio de realizar un ejercicio deshonesto que instrumentaliza la historia sesgando los hechos, porque si hay algún consenso generalizado que ha proporcionado alianzas en Europa con la extrema derecha es el anticomunismo. Durante la República de Weimar y en la actualidad.

Marine Le Pen ha estado cerca de la victoria después de que Emmanuel Macron, ‘el liberador’, comandara la economía durante el gobierno de François Hollande. Los que han liderado la vida de los nadie y les han abandonado a su suerte ahora dicen preocuparse por su futuro. El extremo centro, que no es más que el consenso económico generalizado, intenta vender que los liberales que abogan por las bondades de la desigualdad son la solución a la brecha. Un discurso que no duda en luchar retóricamente contra los neofascismos llamándoles populismos para integrar de forma despectiva a la izquierda que sí ha sido siempre antifascista y lleva años luchando en la calle y combatiendo el discurso que blanquea a opciones como las de Marine Le Pen por si deben ser activadas para vencer al verdadero enemigo de los liberales y burgueses; que no es otro que la izquierda. Todos estos liberales que dudan del antifascismo de la izquierda jamás han llamado fascistas a las opciones como las de Marine Le Pen. La extrema derecha ha crecido en Europa con la connivencia y colaboración de la Unión Europea, con Jean Claude Juncker recibiendo a Viktor Orban, llamándole dictador entre risas y bromeando con el saludo nazi. Con el gobierno de Ucrania prohibiendo el partido comunista sin una sola protesta de las instituciones europeas. Los colaboracionistas de nuevo cuño que han utilizado a estos neofascistas para gobernar y subyugar a la izquierda ahora exigen pureza antifascista cuando son los únicos responsables de la dramática coyuntura en la que se encuentra Europa.

Más en lamarea.com

Read More

“El orgullo nacional se ha convertido en piedra angular de la campaña holandesa”

wilders campaña holandesa

El miércoles, cuando los holandeses vayan a las urnas, tendrán que desplegar un boleto electoral que tiene más de sábana que de otra cosa: mide un metro por 70 centímetros para dar cabida a las listas de candidatos de los 28 partidos que compiten en los comicios nacionales. Desde la Segunda Guerra Mundial no ha habido elecciones en que hayan participado más formaciones. Las encuestas indican que unos 15 partidos ganarán al menos un escaño de los 150 que tiene la Segunda Cámara holandesa. También se prevé que hasta entre un 16% y 20% de los votantes usará su tradicional lápiz rojo para marcar su preferencia por Geert Wilders, el líder del Partido por la Libertad (PVV), formación xenófoba y antiislámica que puede resultar la más votada.

La perspectiva de una victoria electoral de la extrema derecha ha sumido al país en un estado de confusión. También ha suscitado el interés de los medios globales, para quienes el ascenso del partido de Wilders —menos de un año después del referéndum del Brexit en Reino Unido y la victoria de Donald Trump en Estados Unidos— es sintomático de una tendencia global. Las elecciones holandesas se leen como un augurio preocupante para los comicios inminentes en Francia y Alemania. 

campaña holandesa

Pocos en Holanda conocen al PVV mejor que Koen Vossen. Politólogo de la Universidad de Nimega y especializado en la historia de los partidos menores, Vossen ha seguido al partido de Wilders desde sus inicios. Su libro sobre el PVV, El poder del populismo, acaba de ser traducido al inglés. Como máximo experto en la materia, en los últimos meses no ha parado de atender a periodistas. “Me han llamado desde China, Rusia, Argentina…”, dice. “Y el otro día hasta hablé ¡con La Razón! Muchos periodistas tienen la impresión de que Wilders está a punto de hacerse con el poder. Intento poner las cosas un poco más en perspectiva”. Porque en Holanda ganar las elecciones no significa, ni mucho menos, poder gobernar. Desde la Segunda Guerra Mundial, ningún partido se ha hecho con la mayoría absoluta, por lo que el país siempre es gobernado por coaliciones entre varios partidos. A pesar del posible éxito electoral de Wilders, la mayoría de los partidos ha dicho que nunca entrarán en coalición con él. El actual primer ministro, Mark Rutte, cuyo partido liberal (VVD) gobierna con el partido obrero (PvdA), ha dicho que la posibilidad de que acabe gobernando con Wilders es “cero coma cero”.

Dado este cordón sanitario preestablecido, ¿cuánto importa que, el miércoles, el PVV de Wilders salga o no como el partido más votado?

Importa simbólicamente más que nada. Si el PVV sale el más grande pero los otros partidos se niegan, desde el comienzo, a dejarle gobernar, Wilders se podrá quejar de que sus votantes quedan excluidos del proceso.

¿La posibilidad de que el PVV llegue a gobernar es realmente cero?

Si la demoscopia actual se mantiene, sí. Hace algunos meses los sondeos vaticinaban hasta 40 escaños para Wilders. En ese caso, mantenerlo fuera del gobierno habría sido muy difícil. Sin embargo, ahora parece que Wilders puede hacerse con unos 22 escaños y el VVD de Rutte con unos 25. Lo más probable es que el PVV no entre. Incluso si Wilders acabara ganando las elecciones con un margen más pequeño, creará un problema simbólico, pero superable: no sería la primera vez que la formación más votada acabara en la oposición.

¿Wilders de verdad aspira a gobernar?

Todo indica que no. El propio Wilders se ha hecho cada vez más imposible.

Ni Wilders ni su partido, del que él es el único afiliado oficial, parecen muy preparados para gobernar el país.

En efecto. Su partido casi no existe como tal. Y no ha sido capaz, o no ha querido, reunir a un equipo de gobierno. Su programa electoral se limita a una sola página. Y se empeña en ofender a sus rivales de tal forma que parece difícil que después colabore con ellos. En fin, son todo señales de que no pretende gobernar de verdad.

¿Sus votantes se dan cuenta de ello?

Una parte de ellos, sin duda.

De las muchas entrevistas e investigaciones que han salido, queda claro que muchos que dicen que le van a votar no están de acuerdo con todo lo que proclama Wilders.

Es verdad; muchos le votan no porque crean en todo lo que dice, sino porque lo ven como palanca que pueda sacudir el mundo político. En realidad, es un deseo bastante primario. Un deseo de cambio, nacido de una sensación de profundo hartazgo con las élites. Muchos de sus simpatizantes, por ejemplo, no creen de verdad que el Islam esté a punto de “conquistar” a Holanda, como mantiene Wilders.

Aun así, parece que la mera presencia de Wilders ha derechizado a los demás partidos, para empezar el VVD, el tradicional partido liberal de centroderecha.

Estilísticamente, eso ha ocurrido sin duda. Antes, el VVD representaba una derecha digamos patricia. Ahora se ha decantado por un derechismo directamente populista. Pero la tendencia también ha afectado al CDA, el partido democristiano. Su líder, Sybrand Buma, ahora se perfila como defensor a ultranza de la identidad nacional, definida por lo que llama “los valores judeocristianos”. Es curioso: el orgullo nacional se ha convertido en piedra angular de esta campaña. También entre los partidos de izquierda. En Holanda, eso sorprende. Tocar el tambor nacionalista de esa forma —ese apelar constante a las emociones— habría sido impensable hace veinte años. Pero a los políticos les está funcionando, como le funcionó a Obama en Estados Unidos también, por cierto.

Entre las emociones, además del orgullo, también se apela al miedo.

Sí, y ese miedo existe: la gente teme un atentado terrorista, la pérdida de la identidad nacional… Y sin duda contribuyen a ese miedo incidentes como el conflicto diplomático con Turquía este fin de semana. Eso sí, donde hay menos temor que hace algunos años es en el ámbito económico. Allí las cosas han mejorado. Lo trágico, sin embargo, es que los dos partidos que conforman el gobierno actual, el partido obrero (PvdA) y los liberales de Rutte, no puedan casi ufanarse de sus éxitos en ese campo. Son otros temas los que se han convertido en las piedras de toque de la campaña. Y eso también es sintomático. Antes, era normal que los partidos gobernantes pudieran sacar cierto crédito por sus logros. Hoy, la tendencia es más bien al revés: los ciudadanos quieren ajustar cuentas: castigar a los políticos por sus errores.

¿No es también es un problema de legitimidad de la política parlamentaria? El electorado no solo da por sentado que los políticos mienten, sino que lo hacen por puro interés propio.

Es verdad. Claro que no es nuevo; esas ideas también las había en los años treinta. Pero sí parecen haberse reforzado, por varios factores. Los ciudadanos se han hecho mucho más asertivos, por ejemplo. Eso se ve en todos los ámbitos: también ha disminuido el poder institucional de otras figuras de autoridad, como médicos, periodistas y académicos. En segundo lugar, influye el hecho de que los medios han dejado de hacer pedagogía. Su papel principal ya no es tanto informar sino entretener. ¿Y qué es más entretenido que confrontar a un político con ciudadanos mosqueados? Un factor final es que la política nacional es cada vez menos importante. En un mundo globalizado, ¿qué poder tiene un país sobre su propio destino? Dado que a los políticos no les gusta admitir esa falta de importancia, fingen que siguen teniendo el poder de antes. Cuando resulta que no es el caso —y cuando además carecen de una clara narrativa ideológica para explicarlo— sus votantes se vuelven cínicos.

Wilders ha sido la figura más influyente de la política holandesa en lo que va de siglo. En el caso hipotético de que acabe ganando y entre a la oposición, ¿seguirá empujando la política holandesa hacia la derecha?

Es difícil predecirlo, pero yo no lo creo. De hecho, no me sorprendería que el país se cansara de Wilders. Por otro lado, conociendo a Wilders, hará lo posible por mantener el foco sobre él. Mucho dependerá también de la coyuntura. Si la inmigración —y conflictos como el de Turquía que acaba de estallar— se mantienen como problemas graves, la posición de Wilders se reforzará.

La izquierda holandesa se encuentra fragmentada entre cuatro partidos medianos que, según los sondeos, pueden sacar entre un 8% y un 12%: la Izquierda Verde (GroenLinks), que puede cuadruplicar su presencia en el parlamento gracias a su joven líder, Jesse Klaver; el Partido Socialista (SP), que se mantiene más o menos estable; el partido obrero (PvdA), antes uno de los tres grandes partidos del país, que va camino de una derrota histórica; y los liberales progresistas de D66, que parece que pueden sacar un 12%. Ahora, durante la campaña, la competencia mutua es feroz. Pero una vez pasadas las elecciones, ¿intentarán formar un amplio frente progresista? Al fin y al cabo, entre los cuatro tendrían más de un 40% del voto.

No lo creo. Para empezar, ese bloque necesitaría el apoyo de los democristianos, que están profundamente opuestos a la idea. Además, a los partidos de izquierda los divide una profunda desconfianza. Ya nadie se fía del partido obrero (PvdA), y razón no les falta. Lo más seguro es que haya una coalición de los liberales centroderechistas (VVD), los democristianos (CDA) y los liberales progresistas (D66). Necesitarán a otro partido, o quizás dos, para llegar a una mayoría parlamentaria. Allí veo entrar a la Izquierda Verde. Es lo que busca su líder, Jesse Klaver, en parte porque su partido nunca antes ha entrado a gobernar. Pero no me parece probable que haya un gobierno progresista.

Puedes leer nuestro dossier Antídotos de izquierdas contra el neofascismo.

Más en lamarea.com

Read More

“La socialdemocracia no ha sido capaz de generar ilusión”

Xavier Sabaté I La Marea

Histórico del Partit del Socialistes de Catalunya (PSC) y ex consejero de la Generalitat catalana, Xavier Sabaté es uno de los impulsores de la corriente crítica Roj@s. Al presentarla públicamente el pasado noviembre, reivindicaron su deseo de dar “un giro radical hacia la izquierda”. Con motivo del especial de La Marea dedicado al auge del neofascismo, Sabaté contestó a nuestras preguntas por e-mail.

¿A qué atribuye el auge de los neofascismos en Europa y EEUU?
La crisis económica ha provocado una crisis politica y de confianza en las instituciones, una renuncia a afrontar la crisis desde la política que se ha reducido a obedecer normas y tratados, con una gestión tecnocrática. Todo ello ha conducido a la quiebra del espacio público. Esta retirada de la política impide expresar la indignación con propuestas de esperanza. Se imponen propuestas basadas en el rencor, el odio, la desconfianza hacia el otro. Esa es la base de ese radicalismo de derechas basado en propuestas antipolíticas populistas.

¿Qué parte de responsabilidad tiene la socialdemocracia en este ascenso? ¿La ciudadanía ve sus postulados como una alternativa a la derecha?
La socialdemocracia no ha sido capaz de generar ilusión y ha basado las respuestas en ideas defensivas, de repliegue, esperando que el descenso sea menos brusco. A los ojos de la ciudadanía queda como defensora del establishment, al que los ciudadanos culpan de la crisis. La socialdemocracia ha podido cometer errores, incluso hace políticas no distintas de la derecha. Pero el error principal, más que la sobriedad programática, está en no pensar en la dimensión transformadora. Cuando eso ocurre, uno se acaba adaptando y renuncia a transformar.

En el contexto de crisis económica, la izquierda nunca lo tuvo más fácil para ser una fuerza hegemónica, ¿por qué no conecta con su potencial electorado?
No se puede decir que no sea hegemónica. Lo que pasa es que esa hegemonía se expresa en una sociedad cada vez más diversa y plural que está fragmentada en lugar de articulada. La tarea pendiente es ser capaz de articular, de tranformar esa fragmentación en alternativas capaces de generar un horizonte de futuro esperanzador para amplias capas de la sociedad y ser mayoritaria. Y no conecta con su potencial  electorado porque las personas han cambiado sus demandas y ya no se conforman con representantes sino que buscan aliados permanentes que se sitúen a su lado en las luchas por unas condiciones dignas de vida

¿Ha renunciado la izquierda a cambiar el sistema y se conforma con reformarlo?
El sistema está obsoleto. El mismo Sarkozy lo dijo en 2008. El propio sistema se ha autodestruido. Hace falta ejercer una acción reformista, no basada en aplicar reglas sino en cambiar dichas reglas.

¿Por qué han creado Roj@s? ¿Qué hace distinta a esta formación?
Nace para reivindicar el debate de ideas. Busca fortalecer el debate de cuestiones incómodas para los equilibrios de poder en estructuras territoriales. Es una forma de situar un ala izquierda que permita incluir en la agenda política del partido debates y nuevos enfoques. Y, al mismo tiempo, es una forma de ampliar el espectro de la izquierda representando a más ciudadanos descontentos con las líneas oficiales del partido.

La palabra “rojos/as” está estimagtizada en España. ¿Por qué la “recuperan”?
Coca-Cola usa el rojo en sus anuncios. El color de Trump es el rojo frente el azul demócrata. Esperamos que el rojo sea también el color de la izquierda. También confiamos que Alemania tenga un gobierno sin complejos que sea rojo al cuadrado, por la coalición SPD y Die Linke con Los Verdes.

¿Creen que la fragmentación de la izquierda es su principal debilidad? ¿Por qué cuesta tanto “unirla”?
Se piensa más en la suma agregada de esa diversidad. Acabas sumando debilidades en lugar de una integración superadora que requiere un esfuerzo para pasar de esas diferencias del pasado hacia los desafíos del futuro. Eso no significa pensar que una parte de la izquierda se imponga sobre otra. Ni que la diversidad desaparecerá. Se trata de entender el nuevo escenario, que no será una vuelta al pasado.

Más en lamarea.com

Read More

Renovarse o morir

Renovarse o morir. capitalismo

Cuando oigo o leo lo malo que es el capitalismo, las barbaridades que hace en un sitio y otro, o la amenaza que supone para todo el género humano el desarrollo del sistema capitalista (y los que nos movemos por los medios de comunicación alternativos lo oímos y lo leemos una y mil veces) no puedo por menos de preguntarme: ¿Y si el capitalismo es tan nefasto para la mayoría de la humanidad, cómo es que las fuerzas de izquierda, que llevan más de siglo y medio luchando contra él, no han logrado derrotarlo? Porque la realidad es que el capitalismo, por lo menos en apariencia, está cada día más boyante.

¿No nos sorprende lo ocurrido a partir de la crisis de los últimos años? La crisis económica supuso un cataclismo para el sistema capitalista, de tal manera que incluso algunos de sus más cualificados representantes reconocían la necesidad de refundar el capitalismo. Pero el capitalismo no se ha refundado sino que se ha reforzado; y mientras que la izquierda está en un acelerado declive, resurge la extrema derecha.

¿No se nos ocurre preguntarnos la razón de todo esto? ¿Es consecuencia de la habilidad del capitalismo para presentar un rostro atractivo y amable que ha seducido incluso a sus propias víctimas? Ciertamente eso ha ocurrido. El Monstruo Amable, un excelente libro de Raffaele Simone, describe muy bien este proceso.

¿Y por qué la izquierda no ha sido capaz de presentar un proyecto que además de resultar atractivo estuviera fundado en la realidad y no en el engaño y la ilusión?

¿Vamos a seguir con el discurso de siempre? ¿Podemos seguir hablando y presentando programas y proyectos sin plantearnos estas cuestiones? ¿No se nos ocurre pensar que la izquierda tiene que hacer una autocrítica muy profunda de todos sus planteamientos? 

Una autocrítica que llegara hasta sus fundamentos últimos. Desde mediados del siglo XIX la izquierda mayoritaria se ha apoyado en la filosofía marxista y, según Marx, el objetivo de la filosofía era transformar el mundo. ¿Lo ha transformado realmente?  ¿Tenemos motivos para suponer que apoyados en esa filosofía, ¡ahora sí que vamos a transformar el mundo!?

¿No habría que buscar nuevos fundamentos, un nuevo aliento que permitiera remontar el vuelo con fuerza y con ilusión?

Antonio Zugasti es socio cooperativista de La Marea.

Más en lamarea.com

Read More

Vergiat: “Hay que construir una nueva vía que devuelva la esperanza a la gente”

La eurodiputada Marie-Christine Vergiat. FOTO: Parlamento Europeo.

Versión ampliada de la entrevista publicada en La Marea 44, dedicada a las soluciones que ofrecen las izquierdas para frenar el neofascismo. A la venta aquí.

Plantear y enfrentarse a los debates más difíciles. Eso es lo primero que tiene que hacer la izquierda para plantar cara al auge del neofascismo y la extrema derecha en Europa, según Marie-Christine Vergiat, eurodiputada francesa del Front de Gauche, que pertenece al Grupo Confederal de la Izquierda Europea. “La izquierda debe partir de lo que le da sentido común: el rechazo a las políticas de austeridad, un verdadero reparto de las riquezas, más equitativa, el sentido de solidaridad, el respeto por los demás… Construir un nuevo proyecto político, una nueva vía que devuelva la esperanza a la gente, una nueva hegemonía cultural”, defiende esta política, cuya última intervención en el pleno del Parlamento Europeo se centró en la denuncia de la situación a la que se enfrentan los periodistas en Turquía.

Vivimos un periodo caracterizado por el aumento de las desigualdades y el desempleo, y con una creciente precarización del trabajo. ¿Por qué la izquierda no es capaz de canalizar el descontento en un contexto que parece ideal para sus postulados?

Es una buena pregunta. Creo que el principal problema reside en la división, tanto en la forma como en el fondo. La izquierda europea aún no digiere la caída del Muro de Berlín. Después del fracaso del comunismo de Estado, la izquierda europea debería haber sido capaz de proponer una “tercera vía”. Pero quienes pretendieron hacerlo, los socialdemócratas, se han convertido mayoritariamente al liberalismo económico.

¿Por qué la extrema derecha es cada vez más fuerte?

Es tanto consecuencia de las políticas neoliberales como del miedo que genera un mundo que está cambiando, que se trasforma a toda velocidad y en el que faltan respuestas, faltan alternativas de izquierda. Dichos partidos captan votos entre las clases populares pero un número creciente de mujeres y hombres de izquierda se refugia en la abstención. El fracaso de Hillary Clinton es una gran demostración de esto. A menudo se caricaturiza a los electores y partidos de extrema derecha.

¿Cree que esta visión elitista refuerza el rechazo de esos votantes hacia la izquierda?

Caricaturizar y diabolizar no sirve para nada, al contrario. Esto crea un sentimiento de victimización que refuerza la idea de asedio y la de fractura entre los ‘demagogos’, que supuestamente entienden a las clases populares y los demás. En Francia, el Frente Nacional ha matizado su discurso y hace lo necesario para parecer abierto en cuanto a las preocupaciones sociales, un poco como Donald Trump. Y esto funciona porque es un mensaje sencillo que parece dar soluciones fáciles en un mundo cada vez más complejo. Los dos principales partidos de Francia han dado un giro hacia la derecha en varios asuntos para, aparentemente, despertar más simpatía entre los electores que optan por la extrema derecha.

¿Qué piensa de esta estrategia?

Pienso que es mortífero para ellos. Al acercarse cada vez más a las tesis y las propuestas de la extrema derecha, lo que se consigue es fortalecer su legitimidad y la credibilidad de su discurso. Entonces, lejos de combatirla, se la refuerza. En Francia conocemos bien este fenómeno desde hace treinta años. En cada elección, se usa a la extrema derecha como espantapájaros pero, en vez de retroceder, ésta no deja de crecer.

¿Percibe la lucha contra el cambio climático como una oportunidad para redefinir el sistema y combatir las desigualdades sociales y económicas?

Claro que sí. Porque esto cuestiona muchas certidumbres aprendidas a la fuerza a través de un marketing publicitario sobre los modos de producción y de consumo. Obliga a cada ser humano a pensar en su lugar en el mundo, en lo que necesita y lo que no, en lo que podríamos producir más cerca y lo que no. Permite imaginar otras relaciones internacionales basadas en la cooperación y que tomen en cuenta las necesidades de cada uno y su impacto sobre el medio ambiente. Esto cuestiona todos los preceptos de la economía globalizada.

Más en lamarea.com

Read More

Baldoví: “No se pueden destruir los puentes de entendimiento entre los partidos de izquierdas”

El diputado de Compromís Joan Baldoví analiza en esta entrevista realizada por correo electrónico las respuestas que puede ofrecer la izquierda ante el auge del neofascismo.

¿Cuál es el motivo principal del crecimiento de opciones neofascistas como las de Trump o Le Pen?

En un contexto de crisis generalizada, en la que la gente tiene la sensación de que los partidos clásicos no tienen nada más que ofrecer y que son el resultado de los problemas que acontecen, los partidos de extrema derecha están jugando mucho con el sentimiento identitario y tratan de dar respuestas sencillas a una ciudadanía desamparada y miedosa, que se siente social y económicamente vulnerable, que teme al futuro. Los discursos simplistas de Trump o de Le Pen convencen a mucha gente que antes no habían reparado demasiado en política.

¿Cuál es la responsabilidad de los partidos progresistas en este crecimiento?

La responsabilidad recae sobre todo en el cortoplacismo y en permitir que se polarice el panorama político. No se pueden destruir los puentes de entendimiento entre los partidos de izquierdas, es una alianza más que necesaria para frenar los neofascismos.

¿Qué está haciendo la izquierda para frenar ese ascenso y qué le falta por ofrecer?

La izquierda pretende frenar este ascenso combatiendo la desafección política a través de la participación ciudadana y en saber generar acuerdos. Con la irrupción y el ascenso de nuevos partidos, como es el caso de Compromís, se han roto esquemas y se ha creado otra manera de hacer política: la coalición es la vía para alcanzar acuerdos, lograr consensos y formar gobiernos.

¿Crees que la fractura de las izquierdas ha alimentado a la extrema derecha?

Creo que la izquierda está trabajando en los últimos tiempos para tratar de construir un frente común para desplazar a las fuerzas políticas que trabajan por mantener el establishment. En Compromís sabemos muy bien lo importante que es dialogar. Es gracias a la política de pactos que hemos logrado desalojar la política rancia y corrupta que gobernaba en el País Valenciano y en ciudades tan importantes como la ciudad de Valencia, que se esforzaban a diario en representar a la extrema derecha. Yo creo que Compromís, en cierta medida, ha sabido captar muy bien esa idea, y lo más importante es que ha sabido iniciar el camino que está sirviendo de inspiración a otros proyectos políticos.

¿Crees que la izquierda ha abandonado a la clase obrera?

No, creo que los partidos progresistas estamos en política para conseguir la igualdad de derechos de la ciudadanía. Sin embargo, gran parte de las formaciones de izquierdas hemos dejado de hablar de clases por dos motivos: la sociedad se identifica mucho menos con este concepto y tiende a considerarse clase media pese a sus ingresos y, por otro lado, pretendemos poner el foco en los individuos y en sus derechos. Una de las máximas en Compromís es rescatar personas.

¿Cómo influye el nacionalismo en el crecimiento de estas nuevas opciones de ultraderecha? 

La ultraderecha a veces utiliza ideas que pueden parecer nacionalistas porque la “supuesta grandeza de un territorio” es lo único que tienen en común con la gente más humilde. Por suerte el nacionalismo del siglo XXI es integrador, se centra en las personas y en la diversidad cultural y se preocupa, día a día, por el bienestar y la sostenibilidad de los territorios.

¿Por qué en España no ha surgido una opción neofascista teniendo además tan presente todavía el franquismo?

Precisamente por ello. Al tener todavía, a día de hoy, heridas por sanar creadas por el franquismo, es intolerable la opción neofascista. Somos un país democráticamente joven, y en este caso, el Partido Popular, nacido de la dictadura franquista, contiene todavía el voto de aquellos votantes que pueden definirse como ultraderechistas.

¿Crees que Trump va a hacer bueno a Rajoy?

Es muy difícil hacer bueno a Mariano Rajoy pero puede que haga olvidar lo malo que ha sido. A mí los binomios no me gustan porque obligan a elegir con resignación a un mal menor y me niego a otorgarle el título de “bueno” a quien retiró la sanidad universal, firmó la Ley Mordaza, la reforma laboral y la LOMCE, elimina el acceso gratuito a la justicia y ha hecho los recortes más antisociales de la historia de este Estado.

¿Crees que el triunfo de Trump hará reaccionar a la izquierda en la medida en que la necesitamos? ¿O reviviremos de nuevo el capítulo Bush, ocho años completos?

En el imaginario colectivo no se suele asociar a los EEUU con la izquierda y apenas nos llegan noticias de reivindicaciones y fuertes movimientos sociales liderados por ella. Sin embargo, no podemos olvidar que los resultados de las primarias en el Partido Demócra estuvieron muy ajustadas y que situó a Bernie Sanders en muy buena posición. Ahora, son impresionantes las protestas que nos llegan tras el 8-N que demuestran la disconformidad de los estadounidenses. Creo que los medios de comunicación hacen un papel en todo esto. Si a ellos les gusta el rumbo que emprende Trump, entonces probablemente tendremos Trump para rato.

Más en lamarea.com

Read More

Yolanda Díaz: “Europa es una soga para los pueblos”

La coordinadora de IU en Galicia desde 2005 y diputada en el Congreso de los Diputados en esta nueva legislatura, Yolanda Díaz (A Coruña, 1971) reclama estar en la calle y solucionar los problemas de la gente como el único camino para frenar los neofascismos.

¿Cuál es el motivo principal del crecimiento de las opciones neofascistas?

En Europa en particular, por ponerle un marco teórico, creo que lo define muy bien el profesor Boaventura de Souza Santos, cuando señala que las diferencias que tenemos en el fascismo actual con el de los años 30 se redefinen con el fascismo financiero. El profesor señala muy bien que no sólo el fascismo es el rostro y el imaginario que hay tras Hitler, Mussolini o Franco, sino que es algo más complejo. Pero lo más grave es la disputa de la democracia que no existe, que es lo que permite que hablemos de un fascismo financiero. La ciudadanía tiene la sensación de que da igual lo que hagamos porque hay unos señores que son una minoría social que se quedan absolutamente con todo. Lo que ha pasado en la Europa de esta época es que se ha convertido este proyecto europeo en una pesadilla para la ciudadanía. Porque han sentido en los procesos de toma de conciencia que Europa no sólo no ayuda sino que es una soga para los pueblos.

¿Ha habido una homogeneización del pensamiento económico en Europa en el que la socialdemocracia ha asimilado el pensamiento neoliberal?

El problema que tenemos es que la socialdemocracia está en crisis. Está muerta. Ocurre lo que en el libro de Hayek, El camino de la servidumbre. Lo que escribió sobre la existencia de una teoría superior que era la economía y que la toma democrática de decisiones se iba a expropiar a la ciudadanía. Aquello que era una locura, hoy es real. La izquierda a través de las terceras vías aceptó que daba igual quién gobernara porque las recetas eran las mismas. ¿Tiene la izquierda un proyecto claro ante la crisis civilizatoria que estamos viviendo? Tengo mis dudas. No sólo una alternativa programática, que sí creo que la tenemos. Debemos garantizar un modo de vida que enganche a la ciudadanía, y no desde la teoría. Tenemos que hacer pedagogía, sí, pero de la pedagogía no se vive. Tenemos que ser útiles. El fascismo se convirtió en los años 30 –esto es tremendo decirlo–, pero se convirtió en los barrios más golpeados en una red útil. Le solventaba sus problemas, de manera real. A nosotros nos falta avanzar mucho más en esa dirección: en todos los barrios, las distintas izquierdas tenemos que ser una alternativa de vida para la gente. Un alternativa real. Crear redes de solidaridad popular. Estamos muy lejos de esto.

¿Cuál es la principal dificultad que tiene Unidos Podemos para acercarse a esa mayoría social?

Somos muy jóvenes. Porque Unidos Podemos no es una confluencia al uso, es más compleja, le queda camino, debate y teorización. Si queremos aspirar a la mayoría social tenemos que hacer muchas cosas. Lo primero es trabajar trasversalmente en todos los sectores sociales. Desde el mundo jurídico a los sindicatos de clase. Donde algo se mueva, hay que estar ahí y con la gente. Y no hablo del Parlamento. En el Parlamento podemos dar voz a los conflictos sociales pero hay que gobernar para poder cambiar las cosas. ¿Por qué no empezamos a trabajar en el cooperativismo? Imprescindible como un modelo de vida no sólo en lo económico y social, sino en lo cultural. Como un modo de vida.

Hay diferentes visiones en Podemos. ¿Considera que es más necesaria la pedagogía o la propaganda?

Lo que creo es que debemos tener muy claro lo que queremos y dejar de tener discusiones académicas entre nosotros. Yo en mi casa leo cosas muy interesantes de filosofía que me apasionan, están muy bien, pero no nos van a servir para ayudar.

¿Cómo se llega a la praxis sin tener clara la línea teórica? Hay gente que cree que es más práctico para mejorar la vida de las personas haber pactado con el PSOE y otra gente que no.

No hace falta que diga mi opinión sobre el PSOE. Yo vengo de una cultura política en la que lo que importa realmente es lo que se escribe en los papeles y las medidas políticas que vamos a apoyar. Sinceramente creo, y formé parte del grupo de negociación del fallido acuerdo con el PSOE, que si nos hubiéramos abstenido [en la investidura de Pedro Sánchez], nuestras gentes nos estarían tirando tomates.

¿Es un problema para llegar al electorado rural ese clasismo con el que a veces la izquierda ve a los votantes?

Yo soy gallega y no comprender lo que hace el Partido Popular o caricaturizar es equivocarnos. El problema es nuestro. Tenemos que ser pueblo.

Más en lamarea.com

Read More

David Fernàndez: “La extrema derecha cala porque azuza el malestar”

Esta entrevista a David Fernàndez está incluida en el dossier sobre neofascismos de #LaMarea44

Pese a que hace meses que se ha retirado de la primera línea política, David Fernàndez (Barcelona, 1974) es uno de los nombres de referencia de la CUP. Fernàndez enumera tres causas que explican el “inquietante” auge de personajes como Donald Trump, Marine Le Pen o Nigel Farage: “La gestión populista y securitaria del miedo, la ausencia y autoderrota de la izquierda y la voluntad sistémica de que nada cambie”. El paisaje devastado que deja la crisis, sumado a las tensiones inherentes al modelo (racismo, clasismo, sexismo) hace que los mensajes de odio se multipliquen. “La extrema derecha utiliza discursos salvadores, éticamente terribles, que calan hondo porque azuzan el núcleo del malestar: son como gasolina al fuego”, advierte el periodista de La Directa.

Fernàndez se muestra muy crítico con la actitud de buena parte de las fuerzas progresistas, especialmente de la socialdemocracia europea, por dar alas al crecimiento ultra. “[Los sociólogos] Offe y Wallerstein lo han abordado a fondo hace años: esa izquierda soberbia, arrogante y prepotente; negligente con los sectores desposeídos; institucionalizada y connivente con los poderes fácticos; vertical, clientelar y jerárquica, y con escasa sensibilidad ante cuestiones emergentes”, denuncia el exdiputado de la CUP. Y añade: “Los partidos progresistas no sólo han olvidado la defensa de los sectores más vulnerables y precarizados sino, y sobre todo, han gestionado una salida neoliberal a la crisis”.

La solución al problema pasa, en opinión de Fernàndez, por “reconstruir lo político cotidiana, recomponer lo comunitario y rehacer el vínculo social tan deteriorado por años de neoliberalismo”. Porque de toda crisis se sale por “vías democráticas” o por “vías regresivas”.  Y recuerda a Gramsci, al afirmar que todo modelo autoritario es el post de intentos democratizadores fallidos. “Antes Trump que Sanders. Antes reproducir el sistema que transformarlo. Como si no hubiéramos aprendido nada: el fascismo fue el modo de gestión del capitalismo en tiempos de crisis”, concluye.

Más en lamarea.com

Read More

“Las concertinas estaban antes de Trump. ¿Las puso el populismo o la demagogia?”

trump

El neoliberalismo ha creado vencedores y vencidos. Y los vencidos han apostado por opciones neofascistas ante la insuficiente respuesta de la izquierda. No hay frontera para el capital, pero sí para las personas. Trump no es el inicio de ninguna ola. La ultraderecha lleva fermentando años en Europa. Estas son, básicamente, las ideas en las que han coincido todos los ponentes del debate Antídotos de izquierda contra el neofascismo, organizado por La Marea en Sevilla. En este vídeo puedes ver las principales intervenciones.

“No se están practicando políticas en clave antifascistas en los barrios”, denunció José Chamizo, exdefensor de Pueblo Andaluz, quien apeló a los políticos a llevar su discurso de izquierda a los rincones donde siguen votando al PP. La coordinadora de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, reivindicó el papel del 15-M y las protestas en la calle como arma para frenar las políticas de ultraderecha. “Si en Francia hubiera habido 15-M Le Pen no estaría donde está”, dijo. En respuesta a Antonio Hurtado, diputado del PSOE por Córdoba en el Congreso, que propuso más derechos, acabar con el miedo al otro, a los musulmanes, y hacer políticas que no sean ni “demagogia ni populismo”, Rodríguez afirmó que las concertinas en España estaban antes de Trump: “¿Y quiénes las han puesto, la demagogia o el populismo?”.

Tras realizar una autocrítica sobre la izquierda pero también denunciar “el degüello” a todo lo que va en contra del establishment -en referencia a Unidos Podemos-, el coordinador general de IU en Andalucía, Antonio Maíllo, denunció las políticas de la UE con los refugiados y abogó por construir la política desde el pueblo. “España está rota socialmente”, aseguró. Maíllo también recriminó al diputado del PSOE que hubiera votado a favor de la reforma del artículo 135 de la Constitución. Hurtado justificó que esa modificación no había afectado a la vida de las personas y reivindicó su posición como persona de izquierda por su defensa de la libertad, derechos y la justicia distributiva. “El Estado del Bienestar es posible”, aseguró. La defensa del 135 generó un sonoro revuelo en el espacio Tramallol, donde se celebró el acto. Numerosos asistentes desaprobaron sus palabras.

Lina Gálvez, catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide, argumentó la necesidad de construir la democracia “derribada por el neoliberalismo” con profundos cambios culturales y económicos: “Porque si no, no vamos a llegar a amplias capas de la población que pueden permitir precisamente esos cambios”. Y como Chamizo, insistió en la necesidad de estar en los barrios y “recuperar a esas clases desposeídas”.

Las intervenciones duraron más de dos horas y varias personas del público se quejaron de los escasos minutos que tuvieron para participar. La Marea se comprometió a organizar un debate en el que los protagonistas sean los asistentes.

Más en lamarea.com

Read More