Rajoy, Junqueras y sus curas

Mariano Rajoy, en una foto de archivo - PP

Se nos informa de que Mariano Rajoy se ha reunido, a las puertas de la batalla, con el cardenal de Barcelona, Juan José Omella, y el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro. No se sabe si antes o después, Oriol Junqueras se ha reunido también con Omella, y ha sustituido al madrileño por el Abad de Montserrat, Josep Maria Soler, més de casa i Morena de la Serra.

Mariano Rajoy es un hombre que va a misa.

Oriol Junqueras es un hombre que va a misa.

Ambos tienen –además de la cruz, el cuerpo y la sangre del crucificado, la idea de una Eva bien puta y una paloma para una virgen– un mundo mental construido en monedas, himno y banderitas. Ambos se sienten guerreros y, como tales, se encomiendan a un dios y un trapo. Líbreme dios de restar importancia a los símbolos patrios, de cualquier patria. Suelen ondear a la cabeza de todo dolor común.
A lo que iba. Que son dos hombres que van a misa. O sea, amigos de rituales. Dos hombres que, en cuanto se han visto a las puertas de “la batalla” –en esta ocasión llamada Declaración unilateral de independencia, pero podría llamarse Manolo–, han acudido al calor de la sotana. Eso, se pongan como se pongan, retrata su altura política, y miren si es corta que cabe bajo una casulla. Eso sí, bordadita en oro fino.

Ambos, Rajoy y Junqueras, conocen bien la Iglesia católica, no en vano se arrodillan en su suelo. Ambos saben, pues, de sobras que si de algo no se puede calificar a la Iglesia es de dialogante.

Si hay algo no dialogante es la Iglesia católica.

Si hay algo intransigente es la Iglesia católica.

Si hay algo fetichista y supersticioso es la Iglesia católica.

La Iglesia católica es una construcción económica macho con una jerarquía macho cuyo mayor esfuerzo macho ha consistido en acumular dinero y propiedades, y para ello acumular poder propio e ignorancias ajenas. Todo ello sin pensar jamás en los derechos etcétera. Sé de qué hablo, soy mujer.

Así que las cosas están como sigue: los jefes de ambas tribus, a las puertas de gran batalla, se han reunido con sus respectivos chamanes. O sea, hombres, guerras, rituales, himnos, banderas, batallas, iglesias, cruces y monedas.

O sea, nada nuevo.

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