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La descomposición

La primera muestra de una descomposición se atisba en el rostro. La tez se torna blanquecina, los sudores fríos comienzan a humedecer las sienes y se empiezan a descolgar las pieles. Una descomposición es imposible de ocultar, la degradación es palpabl…

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Rajoy se despide

Toda la bancada popular, en pie, aplaude la última intervención del presidente del Gobierno. Mariano Rajoy se sienta. Sus diputados y diputadas siguen aplaudiendo en pie. Coge la cartera bordada con su cargo y su nombre. La bancada sigue aplaudiendo en…

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Ficción de miseria

Mariano Rajoy, durante su investidura como presidente el 29 de octubre de 2016. Foto: CONGRESO.ES

La moción de censura me pilla lejos, aunque, probablemente, esto sea problema mío. No teman, no voy a emplear ese argumento populista tan del gusto de los tertulianos de derechas de aludir a lo tedioso de las formas parlamentarias cuando lo que se dice en el hemiciclo no interesa a los oídos satisfechos con lo que hay. Seguí la sesión de ayer de forma fragmentada, más pendiente de mi incertidumbre que de la de todos, que al final es lo que ha impulsado esta reprobación al partido del Gobierno que, como su presidente, dormita a ratos y a ratos monta bronca, calla cínico o responde con ironía de farmacéutico redicho al chico que le sirve los cafés.

Irene Montero, de la que no soy admirador, sorprendió con una gran intervención donde fue capaz de mantener por dos horas una dureza fría sin caer en la astracanada, bajando a tierra los conflictos del país, esto es, poniéndoles caras y contextos. La respuesta, que ya se da tanto en redes sociales y medios como en sede parlamentaria, fue la de un Rajoy que solo pasaba por allí o que veía todo como una exageración radical, mientras que sus diputados y periodistas en una confusión que empieza a resultar dolorosa aludieron a la relación sentimental de Montero en un gesto que, además de machista, está ya manido y carece por completo de interés. A menudo nuestras formas de criticar definen nuestro universo ideológico, en este caso se diría uno muy reducido, como de portero cotilla que mira de arriba a abajo a la nueva vecina que no se pliega a las expectativas.

Iglesias sacó su lado pedagógico y tranquilo, en un intento de quitarse el manto de extremista, que es eso que los señores que escriben editoriales te echan por encima cuando sacas los pies de su tiesto. Le vino bien porque así se desprende de cierta bravuconería que le sale al saberse por encima, y probablemente estarlo, de gran parte de la bancada popular. Pero también le hizo perder algo de ese brillo arrogante que hay que sacar cuando los torpes con pasta te miran por encima del hombro confundiendo capacidades con posición.

Es el eterno problema, posiblemente irresoluble, de quien necesita limpiar un campo de malas hierbas pero no puede permitirse incendiar el bosque. De Rajoy, de nuevo, habría que destacar más las alabanzas recibidas por hacer su trabajo que su trabajo en sí. Parece, para los cronistas de lo inevitable, que el paso del plasma y la madriguera a la tribuna es de por sí digno de mención para dar figura de estadista a alguien que, siendo inteligente, ha jugado a hacerse el tonto con gran maestría.

A mí, sin embargo, que no soy muy aficionado a la dialéctica como juego, sobre todo si ésta es refranero más lugar común, me hizo levantar la vista una frase del presidente. “Ficción de miseria”, dijo Rajoy, refiriéndose al bloque de cuestiones laborales y sociales que Iglesias le planteó desglosando los problemas cotidianos a los que los ciudadanos, concretamente esos que venden su fuerza de trabajo, se enfrentan cuando carecen de él o están sumidos en la precariedad. Y me hizo levantar la cabeza, de la forma en que un perro se gira brusco al ver a una paloma, porque reconocí, más que una excusa, una falta de respeto.

Entiendo que haya quien no confíe en Iglesias y Montero, entiendo que ser de derechas puede ir más acorde con una tradición personal de conservadurismo incompatible con lo que se percibe como un cambio brusco, entiendo hasta el mal gusto de ser un número en las cifras de los que se han quedado atrás y seguir empecinado en el voto a los de la gaviota por las más variopintas razones. Lo que no entiendo, ni admito, ni soporto, es que alguien al que suponemos sobradamente informado sobre la situación del país hable de ficciones de miseria. Porque lo peor de los discursos de Iglesias y Montero no fue si ellos lo harían mejor y perdonen la estupidez esa de gobernar para todos o si disponen de soluciones eficaces para hacer frente a los enormes problemas que relataban, sino que, simplemente, todos esos problemas eran tan ciertos como el paso de los días.

Las cifras económicas, que se pretenden infalibles e imparciales, no suelen ser más que un arte para adaptar lo que ocurre a los intereses de quien maneja el estudio. Así, cuando Rajoy maneja sus cifras construye ficciones de lujo y esplendor, que quizá sean ciertas para esa parte pequeñísima de la población que decide sobre nuestras vidas entre copas y miradas al escote de las azafatas en los palcos de los grandes estadios, que quizá sea inaprensible para esos exitosos y adaptados periodistas que comparten también miradas, copas y palco, pero que resultan hirientes para quien sabe lo que es manejarse cada mes con cifras en la cuenta del banco que nunca sobrepasan los tres dígitos y que acaban al final del mes, a menudo, en dos o ninguno.

Lo que jode, y perdonen la expresión, no es si Montero es novia de Iglesias, si su intervención fue tediosa para el repentino gusto retórico de los analistas, si esta moción de censura es apropiada para la estabilidad del país. Lo que jode es vivir, efectivamente, en una inestabilidad constante, dando tumbos como una peonza, incapaces de saber dónde nos caeremos muertos no dentro de 30 años sino tan sólo de 30 días. Lo que jode es escuchar hablar con soltura de la escasez a tu gente, a esa que no se puede permitir el lloro porque las lágrimas no cotizan ni suman días para el siguiente paro.

Lo que jode es ver la alegría por la aspiración conseguida al mileurismo y que te entreguen un papel de menú del día y repares en que el precio, unos 20 euros, corresponde a la ficción de seguridad con la que la clase media pasa sus sobremesas mientras que a ti te toca manta y bocadillo en el césped porque hasta en eso hay clases. Lo que jode es ver los anuncios de créditos rápidos protagonizados por señoras andaluzas con acentazo que están en esa edad donde, en vez de disfrutar de su jubilación, tienen que andar haciendo piruetas para echar una mano a hijos y nietos.

Lo que jode es conocer a gente que mientras que se prepara una oposición se saca unas perras con esta chamarilería posmoderna de hazme una rebajita, guapi. Lo que jode es ver a alguien a quien quieres comerse kilómetros y dolores y encima que te lo cuente con una media sonrisa. Y eso que ni se nos ha ocurrido citar a los que se quedan sin casa, a los que tienen que ir a la beneficencia o a los que tapizan con sus cuerpos entre cartones el centro de las grandes ciudades. El ahora qué, la Balsa de la Medusa cotidiana, joden, sobre todo, porque ya nos hemos acostumbrado a ellas, más que por abnegación porque no nos queda otra mientras que sigamos siendo disciplinados aprendices del consenso. Jode porque no son ficciones de miseria, jode porque son pedazos de realidad.

 

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¿Qué es España?, según Pablo Iglesias

Pablo Iglesias ha hablado por primera vez desde la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados. PODEMOS

MADRID // Extracto del discurso de Pablo Iglesias en la moción de censura de este martes a Mariano Rajoy en la que desgrana cuál es para él su noción de patria y de lo que verdaderamente es España.

Pablo Iglesias:

“-¿Qué es España? ¿Una marca? ¿Un palco lleno de millonarios con banderas españolas y cuentas suizas? ¿España son ministros o fiscales con empresas en Panamá?

-España no es eso…

-España es la gente trabajadora que madruga y se esfuerza para sacar a los suyos adelante.

-España es una camarera de piso con dolores de espalda y que cobra una limosna por cada habitación que limpia.

-Una taxista que echa 16 horas cada día y se enfrenta a Uber.

-Una joven con licenciatura, idiomas, máster y doctorado que se tuvo que ir a trabajar a Alemania o a EEUU porque su patria no tenía nada que ofrecerle.

-Un empresario que cumple los plazos de pago a proveedores mientras los privilegiados del Ibex disfrutan de todas las ventajas.

-Una chica que sirve copas para pagarse la carrera.

-Un chico que busca trabajo todo el año y sólo encuentra empleo de camarero los veranos.

-Una teleoperadora que cobra 700 euros al mes.

-Una jubilada que estira la pensión para ayudar a los suyos y que tiene que pagar por sus medicamentos.

-Un bombero que trabaja en precario.

-Una médica que ve a sus pacientes apilados en pasillos.

-España es un autónomo que con lo que factura no le llega para pagar la cuota y que no se puede permitir ponerse enfermo.

-Un guardia civil sin derecho a sindicarse.

-Una agente de policía sin chaleco antibalas.

-Un mozo de mudanza que nació en Ecuador.

-Una limpiadora que nació en Rumanía.

-Un albañil que nació en Marruecos.

-España es la hija de cualquiera de los tres anteriores que logró una beca para estudiar en la universidad pública.

-Una ganadera a la que ignora su gobierno.

-Un jornalero que tiene que mendigar el PER.

-Un pescador traicionado por su gobierno en Europa.

-Una mujer de 20 años que busca trabajo.

-Una mujer de 50 años que sabe que nunca encontrará trabajo.

-España es un profesor de secundaria que da clases en barracones.

-España no es este Parlamento, señorías…

Si este Parlamento se pareciera algo más a nuestro país, les aseguro que el Partido Popular no estaría en el Gobierno…

-Pero España es también la gente orgullosa que llenó las plazas hace poco más de 6 años.

-España son las generaciones más preparadas, listas para protagonizar los cambios necesarios.

-Es la sociedad tolerante que supo aplastar el oscurantismo de los fanáticos que pretendían decir quién podía casarse y quién no.

-Son las espartanas orgullosas que defienden los puestos de trabajo en Coca-Cola.

-Son los pequeños y medianos empresarios organizados frente a la morosidad de los grandes.

-Son los trabajadores que hacen funcionar los servicios públicos.

-Son los fiscales que defienden el Derecho frente a las presiones de un partido que parasita el Gobierno.

Jueces y juezas valientes que ponen el Derecho por delante de cualquier presión política.

-España es la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil investigando corruptos.

-Son técnicos e inspectores de Hacienda investigando a los defraudadores.

-Son millares de vecinos organizados para frenar desahucios.

-España es la marea blanca defendiendo la sanidad y la marea verde defendiendo la educación.

-Son los ciudadanos que se organizan en un sindicato de inquilinos.

-Y España habla castellano, pero también catalán, euskara, gallego, asturianu…Y se emociona con banderas y símbolos diferentes que expresan nuestra pluralidad nacional”.

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Irene Montero desmonta al PP con un discurso terriblemente duro y contundente

Sobrevolaba el miedo de que pudiera convertirse en un espectáculo lamentable, como ocurrió con las intervenciones de los miembros del PP en la moción presentada contra Cristina Cifuentes en la Asamblea de Madrid. La sesión comenzó a las 9 de la mañana y fue Irene Montero, portavoz de Podemos en el Congreso, la que abrió, con un discurso que dotó de dignidad a la Cámara, la tercera moción de censura contra un presidente del Gobierno de esta democracia.

“Orden, unidad y aguantar”. Con esas tres palabras iniciaba Montero cada bloque para dirigirse al PP. Una triada que incidía en la actitud que el presidente del Ejecutivo, Mariano Rajoy, y sus acólitos tienen cada vez que un caso de corrupción –enumerados por Montero en una larga lista– salta a la opinión pública. El discurso de más de dos horas, perfectamente hilvanado, muy documentado y con numerosas referencias personales que concretaban cada caso de corrupción ha sido una enmienda a la totalidad del PP y su acción política. Más de 120 minutos de reproches sobre la corrupción, sobre el modo de actuar en política y por hacer de los servicios públicos un banco de dinero que expoliar: “La clave de sus privatizaciones no es que desde lo privado se gestiona mejor, sino que desde la privada se roba mejor”.

Machismo contra Irene Montero

La participación de Montero ha sido contestada desde la bancada popular con comentarios machistas, que incluso llegaron a contagiarse en la tribuna de prensa. Las continuas alusiones a su relación con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, eran continuas entre los populares. La diputada del PP por Ourense Ana Vázquez llegó a escribir varios mensajes machistas en Twitter despreciando el cometido parlamentario de la portavoz.

“Hoy es un día importante para los novios de Podemos, la novia Irene Montero con zapatos de tacón, y el novio Pablo Iglesias con chaqueta”. La periodista de Radio Nacional de España Marta Pastor,ha incidido en esta misma línea: “Una pena que la primera vez que una mujer defiende una moción de censura en el Congreso lo haga por el hecho de ser novia del líder de Podemos”.

El tuit borrado por la diputada del PP @anadebande que ha escrito desde su escaño del Congreso pic.twitter.com/94ymVbXv8i

— Antonio Maestre (@AntonioMaestre) 13 de junio de 2017

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Miles de personas se concentran en Madrid para apoyar la moción de censura de Unidos Podemos

Los líderes de Unidos Podemos defendieron su moción de censura ante miles de personas concentradas en Sol (Madrid).

Una veintena de intervenciones de miembros de la sociedad civil y representantes de Unidos Podemos defendieron el pasado sábado 20 de mayo la moción de censura impulsada por esta coalición de partidos. Su líder, Pablo Iglesias, pronunció el discurso final, en el que repitió múltiples veces las palabras “patria” y “España”.

Los miles de personas -6.000, según la Delegación del Gobierno, y “entre 40.000 y 50.000″, según la organización”- escucharon a Iglesias hablar de “dos Españas”. La que él defiende es la “que viene”. En este sentido, cerró su parlamento hablando de la España en marcha, el lema empleado por el hoy presidente francés Emmanuel Macron durante su campaña electoral.

“Nos van a tratar de callar y de invisibilizar. Pero hay una España que viene a demostrarles que queremos construir el futuro, que hay una España en marcha que quiere construir un nuevo país. Adelante, que sí se puede. El futuro se llama España en marcha. ¡Sí se puede!”.

Minutos antes, el coordinador general de Izquierda Unida, Alberto Garzón, había hecho un alegato en la misma línea. “Para mejorar las cosas se actúa. Basta de hablar. Y la moción de censura es una forma de actuar”.

Iglesias también denunció las dificultades para luchar contra la corrupción: “Sabemos que el PP es poderoso, intimida al PSOE y a Ciudadanos. A nosotros no nos compra el PP. Nos podremos equivocar muchas veces, pero no tenemos precio”.

El acto concluyó con la versión musical de Paco Ibáñez del poema de Gabriel Celaya ‘España en marcha’.

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Una moción de censura populista

La labor de un partido político es conectar con el sentir popular y trasladar a las instituciones las necesidades de la ciudadanía. El tan denostado término populista no tiene siempre por qué ser utilizado de forma despectiva ni negativa y esta es una de las ocasiones. La moción de censura es populista porque conecta con el pueblo. Por eso es acertada. La opinión pública, y la publicada, coincidían de una forma mayoritaria en que el último caso de corrupción precisaba de una respuesta extraordinaria que la oposición había eludido.

La proliferación de casos de corrupción pone cada vez más difícil a los investigadores encontrar una palabra que dé nombre a la operación. Esta vez la que ha puesto en cuestión a nuestras instituciones se llama Lezo, y afecta a todos y cada uno de los pilares fundamentales del estado surgido de la transición: la política, los medios de comunicación, las empresas y la judicatura. Lezo ha sido uno de los casos más relevantes para entender el sistematismo de la corrupción en España y al que hay que responder de un modo excepcional con medidas excepcionales. Unidos Podemos ha cumplido con su deber político y ético afrontando el caso con la gravedad que merece.

La inoperancia, cuando no connivencia, de la oposición del PSOE y Ciudadanos con el Partido Popular ha dejado huérfana a la ciudadanía que no votó a los conservadores. El único partido que ha mostrado beligerancia con el PP es Unidos Podemos, aunque últimamente se había perdido en actitudes inocuas para los implicados – el tramabús – que trasladaban un mensaje de incapacidad preocupante, por más que pudiera tener un sentido pedagógico. Es por eso que la moción de censura es un cambio necesario que incide en el papel de oposición y en el control efectivo del gobierno. Posiciona al partido como único contrincante de un ejecutivo que, estando en minoría, ve cómo PSOE y Ciudadanos no complican su mandato y apoyan, cuando es preciso, su labor legislativa.

El tripartito ha llegado al pacto tácito de no permitir a Unidos Podemos apuntarse ningún tanto en el Parlamento y evitar que pueda sacar adelante cualquier propuesta aunque la compartan. Han empujado al partido de Pablo Iglesias a la marginalidad parlamentaria y eso imposibilita un ejercicio ordinario de la oposición. De poco hubiera servido intentar reunirse con las otras formaciones antes del anuncio. La consigna es arrinconar a Podemos y discriminar cualquier iniciativa que salga de sus filas, una táctica que no es nueva y que Bildu ya conoce bien. Por eso, no resignarse y utilizar todas las armas que estén a su disposición es el mandato que le dieron los ciudadanos en las urnas. Hacen bien en cumplirlo.

La posición de la oposición

No sorprende que PSOE y Ciudadanos se hayan negado a apoyar la moción de censura con tanta celeridad. No hace ni seis meses que dieron el gobierno a este PP y por diferentes motivos no van a tolerar que salga del gobierno dándole a Podemos ese tremendo trofeo. Ciudadanos hace mucho que se despojó de esa falsa etiqueta de transversalidad ideológica y está dispuesto a enterrar su promesa de regeneración para soportar en el poder a los conversadores frente a opciones limpias de corrupción. Son de derechas y ejercen como tal. Por su parte el PSOE y la gestora prosusana no puede hacer nada sin el beneplácito de la presidenta de la Junta de Andalucía. Primero les toca ganar el 21 de mayo la secretaría general, y después dedicarse a minar al que consideran su verdadero enemigo, que no es Rajoy y lleva coleta.

Aunque por esperada, no deja de sorprender la vehemencia de ciertas reacciones. En particular la mostrada por Alfredo Pérez Rubalcaba y El País, que ya funciona únicamente con criterios políticos y no periodísticos. Rubalcaba amagó con una moción de censura cuando Mariano Rajoy se negaba a acudir al Congreso a dar explicaciones por la corrupción del caso Bárcenas. El PSOE se encontraba en minoría y por lo tanto era imposible que saliera adelante. Fue solo un instrumento más que la oposición utilizó para cumplir con su papel. Decía Javier García Fernández, catedrático de Derecho Constitucional, en el diario El País al respecto:

“Lo principal, en definitiva, es que la Constitución ha definido teleológicamente la moción de censura, cuya finalidad es exigir la responsabilidad política al Ejecutivo. Que además se elija a un presidente alternativo es importante pero jurídicamente secundario, porque si no hubiera moción de censura constructiva no se dejaría de ejercitar la moción de censura que es un instrumento al servicio de la relación de confianza que vincula al Gobierno con el Parlamento. Por todo ello, si llega a presentarse, será para juzgar a Rajoy, no a Pérez Rubalcaba”.

En aquel momento El País se mostró muy conforme con la propuesta de la moción de censura de Rubalcaba, que a diferencia de hoy estaba abocada al fracaso por la distribución parlamentaria, porque según su editorial del 17 de julio de 2013 la propuesta podía “ofrecer a la Cámara, y por ende a los ciudadanos, la oportunidad de recuperar una cierta dignidad”. El diario de Cebrián aseguraba que la moción de censura era “el único medio legal de someter a debate la responsabilidad política del Gobierno y también el único cuya tramitación no puede ser bloqueada por el PP”.

Pero también es cierto que en aquel momento el proponente era Alfredo Pérez Rubalcaba, que ahora forma parte del consejo editorial del periódico. Y ahora el proponente es Pablo Iglesias, su némesis. Es por esto que el editorial de El País, que en esta ocasión tituló “Sigue el espectáculo”, cambió su forma de analizar para qué sirve una moción de censura:

“Una moción de censura, recordemos, es un mecanismo constitucional extremadamente tasado en sus requisitos y procedimientos cuyo objeto es, si no conformar una mayoría parlamentaria alternativa a la actual que desaloje al Gobierno y lo reemplace por otro, por lo menos hacer visible ante la ciudadanía la existencia de una formación política con solidez y prestancia suficiente como para ofrecer esa alternativa en las urnas”.

En tan solo cuatro años la moción de censura ha perdido el poder de dar dignidad a los ciudadanos y de someter a debate la responsabilidad política del gobierno que tenía cuando la presentó Alfredo Pérez Rubalcaba. Empieza a ser práctica habitual tener la sensación de que existe un acuerdo de las élites políticas y mediáticas para convertir a Pablo Iglesias en un apestado al que arrinconar. Censurar sus iniciativas no por lo que son, sino por quien las propone, es un ejercicio deshonesto que esconde sepultar a quien con algunos errores de procedimiento ha puesto en cuestión a una oligarquía que venía dictando sin oposición efectiva el futuro de todo un pueblo.

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