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Dueños de nada. De nada de lo que dices

Querido Antonio,

Hoy te hablo en nombre de la gran mayoría de esa generación a la que has apuntado con el dedo y has acusado de desganada, falta de valores y pasota. De esa generación que, visto lo visto, no comprendes demasiado y que queremos hacer el favor de que entiendas. Porque al contrario de la mayoría de rupturas de pareja, en este caso sí que eres tú y no nosotros.

Nos hace gracia ver cómo culpas a los millennials de haber fragmentado el mundo cuando, hace años, escuchaba a mi abuelo contar lo mismo de la generación de mis padres. Y estoy seguro que mi bisabuelo tenía un discurso sospechosamente similar sobre mi abuelo. Un fundamento comodín ligeramente repetitivo, que, si bien busca infundir el miedo, lo que crea es bostezos.

Podríamos hacer un repaso sencillo sobre como el mundo a día de hoy es mucho más que software, pero tampoco queremos abrumarte con las bondades de esta nueva era, que visto lo visto parecen ser pocas y escasamente aportadas por los millennials.

Lo único que sí queremos recomendarte es que tengas cuidado con lo que escribes. No ya por nosotros, que total según tú no escuchamos, sino por la creciente preocupación de los medios y canales digitales por las noticias falsas y su consecuente veto. No vaya a ser que otro día tengas otra genial idea para escribir sobre la Generación Z y los Alfa (insertar en Google para tener más información), y nadie te lo publique.

Pero oye, que también tenemos buenas noticias para ti y una felicitación. Porque si lo que querías conseguir era una noticia morbosa y viral en Redes Sociales, lo has conseguido. No es que mucha gente te apoye, pero oye… ¡que ser viral no es nada sencillo! Que te lo decimos por experiencia, que nosotros inventamos los filtros de Instagram.

No obstante, querido Antonio, los millennials creemos que eres un valiente. Un valiente por señalar como los sistemas políticos y alternativos que hemos planteado no valen para nada y se quedan todo en palabrería. Pero lo que también es una pena es que ser valiente no sea sinónimo de llevar razón, ya que, si alguien se ha replanteado los sistemas de poder actuales, esos somos nosotros. Pero por más comentarios que le dejamos a los gobiernos en Facebook, nada, que no nos hacen caso. Y claro, ya no sabemos qué hacer.

Antonio, háztelo mirar. Porque como bien dicen nuestros compañeros de Vanity Fair, la efebofobia y tú sois, como poco, pareja de mus. Pero tranquilo, que hemos consultado a nuestro primo el otorrino y dice que cree que tiene cura, pero solo si se detecta en los primeros grados de la patología. Pero vete tú a saber, que mi primo el otorrino es millennial, y lo mismo no estaba escuchando ese día en clase. ¡La vergüenza de la familia!

Ahora ya en serio, hablas de nosotros como si supieras. Y, aun siendo seres deplorables sin valores algunos, nuestros padres nos han explicado que no se debe hablar de lo que uno no sabe. Que podíamos meter la pata y llegar hasta a escribir un artículo algún día que no tuviera sentido alguno donde pudiéramos quedar retratados. Nosotros creemos que lo que dicen es un poco exagerado, pero al fin y al cabo son los que mandan en casa, esa de la que no pensamos irnos hasta los 45 porque no sabemos ni cocinar ni planchar ni nada de nada. Todo el día viendo Netflix y dejándonos el pulgar en Instagram.

Nosotros aquí en la oficina hemos estado haciendo un recuento de los principales hitos que han dañado a España (la falta de concentración no nos daba para hacerlo de Europa), y la verdad es que hemos podido contar pocos casos en los que nuestra generación haya estado implicada. Y quizá haya sido por nuestra desidia y vaguería para estar al día, pero la realidad es que hemos encontrado más tropelías al respecto relacionadas con las generaciones anteriores que con la nuestra. Pero tampoco queremos señalarles a ellos con el dedo, que es otra de las cosas que nuestros padres nos explicaron que no se debía hacer.

También hemos estado pensando si hacerte una lista con jóvenes que estaban dedicando su vida a cambiar el mundo con proyectos, iniciativas o voluntariado. Pero finalmente Siri nos ha recomendado que no lo hiciéramos. Y como no tenemos criterio propio, lo que dice Siri va a misa. Pero desde Pangea, lo que sí nos gustaría ofrecerte es un periodo de prácticas para que pudieras ver con tus propios ojos la realidad de esta generación, que igual te da para dos o tres artículos más. ¡Y quién sabe si hasta para un libro!

También podríamos comentarte que las estadísticas de las elecciones estadounidenses dicen que, precisamente, los millennials no fueron el factor desencadenante para que ganara las elecciones… este…si hombre el rubio este del Twitter. Ya que precisamente y como dice El Mundo Today (Antonio, tienes que leerlos, son buenísimos) cuatro de cada tres millennials pensaban que las elecciones de ese día eran para elegir la nueva bebida de Starbucks. Y pasaron de ir a votar.

Y ya que tú nos pones deberes generacionales, hemos decido también recomendarte nosotros tus particulares Cuadernillos Rubio de verano. Le recomendamos que indague un poco más en la generación de la que escribe para entender que ésta está conformada de personas de lo más variopinto y que es complicado inferir con una muestra tan limitada como la que usted (imaginamos) tiene. También le pedimos que deje su pluma, lápiz, bolígrafo o herramienta no tecnológica con la que escriba y salga de su realidad paralela, para ver el mundo tal y como es.

Porque y, ahora nos ponemos todavía más serios, es verdad que los millennials somos dueños de absolutamente nada. Pero de absolutamente nada de lo que dice.

Si nos quieres contestar, estaremos encantados de mantener esta relación epistolar tanto tiempo como te apetezca. Que, aunque nosotros somos más de whatsappearnos y mandarnos e-mails, desde que no mandamos cartas a los Reyes Magos tenemos morriña del papel.  Te mandaríamos una despedida con un GIF o un emoji, pero quizá sería exceder lo adecuado del protocolo renacentista que pareces añorar.

Así que, un cordial abrazo Antonio.

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Aquí un ‘millennial’ con “una sola idea”

Estudiantes en la UAM I La Marea

Dice Antonio Navalón, en un bochornoso artículo publicado este lunes en El País: “Me encantaría conocer una sola idea millennial que no fuera un filtro de Instagram o una aplicación para el teléfono móvil”. Sirva el presente artículo como respuesta a una pregunta que solo puede tener origen en la ignorancia del que ha olvidado que hay vida e inteligencia más allá de su cortijo.

Podría ponerme a su altura y concluir que este tipo de textos son cosas de la edad, pero lo cierto es que no. Muchas personas de su edad (nació en 1952) entienden que cada generación llega al mundo con unos condicionantes que trascienden la capacidad de elección de la misma y que, además, son el resultado de la acción o inacción de generaciones anteriores. Aquí un millennial con “una sola idea” y unas cuantas más. Un millennial sin Instagram, por cierto, algo que, irónicamente, el autor sí usa para promocionarse: “Sígueme en #Instagram como antonio_navalon”, se puede leer en su cuenta de Twitter.

¿Por dónde empezar, Antonio? Quizás por desmontar la idea de homogeneidad que deseas transmitir en tu texto. Dices que los millennials son estos jóvenes nacidos entre 1980 y 2000. Una persona nacida a principios de los 80 y otra nacida a finales de los 90, si nos fijamos en su perfil tecnológico, que es el ámbito en el que centras tu crítica, nada tienen que ver.

La brocha gorda es uno de los principales problemas del periodismo de hoy y tu artículo es un clarísimo ejemplo. Internet llegó a mi casa cuando tenía 19 años, y soy del 86. Los que nacieron antes que yo aún se entretenían con los prehistóricos Spectrum. En general, los hijos de los 80 crecimos con el walkman como tecnología punta del momento y llegamos a la adolescencia con móviles que parecían zapatos para enviar mensajes de texto, llamar a nuestros padres o jugar a la serpiente. Nada que ver con los nacidos a finales de los 90, que desde pequeños han mamado de la conexión a Internet y de la revolución tecnológica que se popularizó durante la primera década de este siglo.

Resumiendo, la infancia de un treintañero como yo y la de un chaval que acaba de llegar a su mayoría de edad no se parecen lo suficiente como para que nos reconozcamos mutuamente como miembros de una misma generación. En tu análisis, el millennial es un individuo sin arraigo a contexto social o económico alguno, es caricaturizado como una especie de robot de producción global, falto de sensibilidad humana y de interés por las ideas del pasado, del presente y del futuro. Prosigues con un ataque feroz e inaceptable, según el cual “no existe constancia de que ellos hayan nacido y crecido con los valores del civismo y la responsabilidad”. Nos reprochas que tengamos “todos los derechos, pero ninguna obligación”.

¿A qué derecho te refieres, Antonio? ¿Al derecho a una vivienda? ¿Al derecho a un trabajo y un sueldo digno? ¿Al derecho a una educación para todos? ¿Al derecho a participar en la toma de decisiones que condicionan nuestro futuro? ¿Al derecho a la libertad de expresión? ¿Al derecho a un medio ambiente saludable? ¿Al derecho a un mundo sin guerras?

Vivimos en sociedades en las que cada vez es más difícil acceder a un alquiler digno, en las que el trabajo precario es la norma, en las que acceder a la universidad es un privilegio, en las que la democracia se basa en votar una vez cada cuatro años a uno de los dos o tres líderes que otros han escogido, en las que los medios con más audiencia están controlados por la banca, en las que la contaminación asfixia nuestras ciudades y pulmones, y en las que el miedo a una futura guerra nuclear es un rumor constante. ¿A eso le llamas tener todos los derechos?

Ante la situación descrita, si alguna cosa elaboramos son ideas. El presupuesto no nos llega para mucho más. No voy a caer en el mismo error que cometes, haciendo, en este caso, una defensa generalizada a un sector de la población tan heterogéneo. Nuestra lucha, además, no es puramente generacional, que también, sino que muchos de los movimientos sociales e ideológicos de los que formamos parte son intergeneracionales. Preguntas por “una sola idea” millennial. Pues bien, la principal: queremos y vamos a luchar por un mundo mejor. 

No nos queda otra, es puro instinto de supervivencia. Pero no de boquita, como en los 80 y los 90. No queremos el mundo mejor de Thatcher y Reagan y su revolución neoliberal que tuvo lugar cuando yo aprendía a hablar y que ha marcado nuestra vida irremediablemente: nací en Barcelona y ahora tengo que vivir y trabajar en Reykjavík gracias a las ocurrencias y la pasividad de generaciones anteriores. Nuestra idea, y ten por hecho que habrá excepciones, es lo colectivo. En nuestras manos está arreglar lo heredado. ¿Te parece poca obligación?

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