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Macron roza la mayoría absoluta en la primera ronda de las legislativas francesas

Emmanuel Macron, presidente de Francia I La Marea

“Un paisaje inédito”, según el diario Libération. Los candidatos de La República en Marcha (LRM), el partido liberal con pinceladas socialdemócratas del presidente Emmanuel Macron, han sido los más votados en la primera ronda de las elecciones legislativas francesas celebradas este domingo, obteniendo el 32,2% de los sufragios, según el sondeo Ipsos, realizado a pie de urna.

Apenas un mes después de ser elegido presidente, Macron vuelve a salir victorioso de unos comicios en los que la abstención marcó un nuevo récord histórico (en torno al 51,2%), más sonora entre los electores del partido de ultraderecha y de la formación de izquierdas La France Insoumise, según la misma medición. Habrá que esperar hasta el próximo domingo para conocer la composición definitiva de la Asamblea Nacional, equivalente al Congreso de los Diputados en España.

La primera ronda de las legislativas confirma la renovación en el sistema de partidos de Francia que comenzó en las presidenciales, cuando las dos formaciones que tradicionalmente ejercieron el poder (los conservadores de Les Républicains, antigua UMP, y los socialistas) quedaron fuera de la segunda vuelta presidencial. El segundo partido con más votos en esta ocasión es el conservador Les Républicains (21,5%), mientras que el Frente Nacional de Marine Le Pen queda en tercer lugar con el 14% de los sufragios. El partido izquierdista La France Insoumise, liderado por Jean-Luc Mélenchon, quedó en cuarta posición (11%) y se mantuvo por delante del Partido Socialista francés (10%), al igual que sucedió en las presidenciales de mayo.

A espera del recuento oficial, los primeros sondeos indican que la estrategia de comunicación de Macron durante su primer mes en la presidencia habría surtido efecto, con momentos clave como sus sutiles desplantes ante Donald Trump, sus reproches retóricos ante Vladimir Putin, o el nombramiento de un gabinete de gobierno con perfiles mixtos, y solo estaría empañada por la elevada abstención.

Según los datos de Ipsos, los resultados de esta primera ronda darían a la formación de Macron un total de entre 390 y 430 escaños, lo que pondría fin a la mayoría que gozan actualmente los diputados socialistas, que perderían casi el 90% de sus asientos en la cámara legislativa. Un partido obtiene mayoría absoluta en la Asamblea Nacional cuando consigue más de 314 diputados de los 577 que componen la cámara baja gala. Les Républicains optarían a entre 85 y 125 escaños y el Frente Nacional obtendría entre 3 y 10, por detrás de La France Insoumise (entre 12 y 21), a pesar de haber logrado una mayor proporción de votos.

El partido del exbanquero y ex ministro de Economía tuvo que elaborar su lista de candidatos a contrarreloj, lo que explica que la mitad de sus posibles diputados no haya ejercido aún un cargo electo. Independientemente de las oscilaciones que puedan producirse de aquí al próximo domingo, todo apunta a que la próxima Asamblea Nacional francesa será más joven y estará más sujeta al liderazgo de los cabezas de partido en lugar de a la tradicional estructura de las formaciones tradicionales que desde hace décadas ostentaron el poder político en Francia.

Francia es una república presidencialista en la que el jefe de gobierno (primer ministro) y el propio jefe de Estado (presidente) han de negociar con la Asamblea Nacional para sacar adelalante sus proyectos, reformas y leyes. Entre los nombres sorpresa de esta primera vuelta de las legislativas francesas también está el de François Ruffin, uno de los impulsores del movimiento indignado Nuit Debout, que logra pasar a segunda vuelta tras presentarse por su circunscripción, Amiens (norte del país). Tras las legislativas, cuyo resultado definitivo saldrá a la luz el próximo domingo en segunda vuelta, la próxima cita electoral en Francia tendrá lugar en septiembre de este año para designar la composición del Senado.

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François Ruffin: “Un discurso populista de izquierdas puede servir para canalizar la cólera”

Concentración de la Nuit Debout en la Plaza de la República de París. Foto: Luna Gámez.

ENRIC BONET, PARÍS // De Michael Moore a Pablo Iglesias francés. Con su documental satírico ¡Gracias jefe!, que vieron más de 500.000 franceses en las salas de cine y que recibió el premio César (el equivalente de los Goya) al mejor documental, François Ruffin (Calais, 1975) fue uno de los principales impulsores del movimiento de los indignados Nuit Debout de la Plaza de la República en París. Este periodista militante, que dirige la revista Fakir, pretende canalizar ahora la cólera popular presentándose como candidato en Amiens (norte de Francia) en las elecciones legislativas francesas, cuya primera vuelta se celebrará este domingo y la segunda el 18 de junio.

Ruffin explica a La Marea las motivaciones principales de su candidatura. Bautizada como Picardie Debout, la “Picardía en Pie”, esta ha recibido el apoyo de los insumisos de Jean-Luc Mélenchon, los verdes y los comunistas franceses. Esta unión de la izquierda francesa, inexistente en el resto del país, espera que le sirva para ser elegido diputado en una circunscripción de la que es originario el presidente Emmanuel Macron y donde el Frente Nacional obtuvo el 28% de los sufragios en la primera vuelta de las presidenciales.

Usted participó el año pasado en la creación de Nuit Debout, un movimiento inspirado en el 15M español y que se mostró crítico con la política representativa. ¿Por qué ha decidido presentarse ahora como candidato a las legislativas?

Inicié el movimiento Nuit Debout y lo hice porque estaba en contra de la reforma laboral [del gobierno socialista de Manuel Valls]. Pero siempre he pensado que la lucha debe llevarse a cabo al mismo tiempo en la calle y las urnas. Mi modelo es el Frente Popular francés de 1936. Entonces, una victoria en las urnas dio lugar a un amplio movimiento popular. En el caso de Nuit Debout, vi rápidamente cuáles eran sus límites en términos de implantación popular. Nunca hubo Nuit Debout en localidades obreras como Flixecourt y el movimiento estuvo demasiado aislado en la Plaza de la República en París. ¿Cómo podemos volver a entusiasmar a la gente? Quizás las elecciones son un arma entre otras.

¿Por qué el movimiento de indignación Nuit Debout no consiguió implantarse en Francia? El 15M en España dio lugar a las mareas ciudadanas…

En España la situación económica era mucho más catastrófica que en Francia. En vuestro país alcanzasteis unos niveles de paro y una crisis inmobiliaria catastróficos. Las contrarreformas que se han llevado a cabo en Francia son como un puntito en comparación con las que se hicieron en España. Además, los países tienen historias distintas. En Francia las reivindicaciones sociales todavía pasan por los sindicatos. Cuando se produjo la reforma de las pensiones de Sarkozy, se produjeron manifestaciones gigantes en Francia. Cuando emergió Nuit Débout, defendí una convergencia entre el movimiento y los sindicatos.

Uno de sus mantras políticos es la lucha en contra de la indiferencia. ¿Cómo intenta hacerlo a través de su campaña en las elecciones legislativas?

Intento poner fantasía y energía en la política. Tenemos un gran equipo haciendo campaña. Hacemos proyecciones del documental Merci Patron! (¡Gracias Jefe!) en los salones de casas de particulares. Tenemos un camión que nos acompaña durante la campaña en el que hacemos crêpes. Pienso que es un estilo que funciona y hay un montón de gente que se ha revitalizado por lo que hacemos.

Además, queréis promover vuestra campaña a través de la cultura popular…

Yo formo parte de esta cultura popular, no me hace falta hacerlo ver. He estado en las puertas de las fábricas desde que tengo 18 años vendiendo mi diario Fakir. Juego a fútbol cada domingo con un equipo que hace una gira por los pueblos de la región. He comido como mínimo un millar de salchichas en las puertas de las fábricas. Podría hacer una guía gastronómica comparando las salchichas de las fábricas de Goodyear, Whirlpool…

En las últimas elecciones presidenciales, se produjo una fractura evidente entre las clases obreras que votaron mayoritariamente por el Frente Nacional y las clases medias, sobre todo aquellas con un nivel de estudios más elevado, que lo hicieron por Macron. ¿Cómo la izquierda puede volver a unir las clases medias y las clases populares?

Primero de todo, hay que reanudar el vínculo con las clases populares y mostrarles que hay otra voz distinta a la del Frente Nacional para expresar su cólera. Luego, debemos mostrarles a las clases medias y las obreras que existen unos intereses convergentes. Cuando los funcionarios, los profesores o los enfermeros lamentan los recortes del gasto público, estos son golpeados por el mismo mal que el mundo obrero. Así que debemos mostrarles que existen causas comunas como el rechazo a la Europa del librecambio y la austeridad. Pero es cierto que actualmente se produce una división social muy fuerte en Francia en función de las desigualdades educativas. Es decir, si uno dispone de un nivel de diploma suficientemente elevado para sentirse protegido ante la globalización.

Reivindica la necesidad de difundir un discurso populista. ¿Qué puede aportar el populismo de izquierdas?

Un discurso populista de izquierdas puede servir para canalizar la cólera. Conseguir que la rabia de la gente no se dirija hacia los refugiados o los asistidos, sino hacia aquellos que dirigen la sociedad. Puede servir para volver a politizar aquellas personas que se sienten abandonadas. En cualquier caso, aquellas personas que lo pasan mal siempre necesitan un adversario. Así que es mejor que les designemos un adversario justo.

El 37% de los electores de condición obrera apostó por el Frente Nacional en la primera vuelta de las presidenciales. ¿Por qué las clases populares francesas dirigen mayoritariamente su cólera hacia los inmigrantes?

El voto al FN no se debe sólo al racismo. Por desgracia, cuando la gente lo pasa mal en Francia, suele votar por Marine Le Pen. El FN ha sido durante mucho tiempo el partido más visible en el terreno contestatario del tablero político. Pero actualmente vemos como emerge la figura de Mélenchon.

Además, las élites económicas resultan menos visibles que los inmigrantes o los refugiados.

Tenemos la ventaja ahora de que Macron mostrará una cara política de estas élites. Pero es cierto que las élites económicas no son visibles. Ha habido unos 800 reportajes sobre el cierre de la fábrica de secadoras de Whirlpool en Amiens y en ninguno de ellos se ha hablado de Jeff Fettig, propietario de Whirlpool. Tampoco ninguno de ellos cita el fondo Vanguard Group, que es el máximo accionista de Whirlpool y Monsanto.

Para combatir la desindustrialización y las deslocalizaciones industriales defiende la necesidad de aplicar medidas proteccionistas. ¿Por qué?

El proteccionismo sirve en el plano industria, agrícola, pero es necesario sobre todo en el plano democrático. Cuando un país tiene un modelo de economía abierta, sólo puede aplicar políticas liberales. Porque si prefiere aplicar políticas de progreso social, de transformación ecológica o de justicia fiscal, terminarán diciéndole que este país no es suficientemente competitivo. La palabra competitividad la entendemos todo el tiempo. Así que debemos ponerla entre paréntesis. Las tasas fronterizas, las barreras aduaneras o las cuotas de importación resultan buenas herramientas para amortiguar esta exigencia de competitividad.

¿Pero no teme que este proteccionismo favorezca una guerra entre los pueblos?

No debemos decir que estamos en contra de Polonia, sino de las multinacionales que se instalan en Polonia para aprovecharse del dumping fiscal, medioambiental y social. Pero actualmente ya nos encontramos en una guerra económica. Hemos permitido que los trabajadores se confronten entre ellos. No es una guerra que se lleve a cabo con las armas, sino en las fábricas donde los obreros son abatidos.

¿Qué se puede hacer para que esta guerra económica resulte comprensible para las clases trabajadoras y las clases medias?

Las clases populares en Francia ya son hiperconscientes de esta guerra económica. Si miras todos los sondeos sobre el amor al libre comercio o a la UE, las respuestas de las clases trabajadoras siempre son negativas. El 90% de los obreros franceses votó que no en el referéndum sobre la Constitución europea en 2005. Fue un verdadero voto de clase. Pero en cambio los que no son conscientes de esta guerra económica son las clases superiores o los intelectuales. Pero por una simple razón: a ellos no les afecta.

Los sondeos pronostican que Macron obtendrá una holgada mayoría absoluta y que la oposición parlamentaria será muy heterogénea. ¿La verdadera oposición al programa neoliberal del joven presidente, como su reforma laboral, se encontrará en la calle?

No creo que durante los primeros meses del quinquenio de Macron haya una movilización social fuerte. Soy escéptico respecto a ello. El gobierno estará legitimado por su resultado en las urnas y esto amenaza con deslegitimar a la movilización social. Tras una victoria electoral, el poder no puede ser contestado. En la cabeza de la gente, este es legítimo y hay que darle su oportunidad. No tengo ninguna duda de que aprovechará este estado de gracia para aprobar su reforma laboral durante los primeros meses de su mandato.

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Francia rompe con el bipartidismo y elegirá entre Macron y Le Pen

Primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, celebradas el 23 de abril de 2017. MIGUEL EGEA

PARÍS // La primera vuelta de las elecciones francesas deja como vencedores a Marine Le Pen (23,2%) y Emmanuel Macron (23,04%) y, con el 75% del voto escrutado, en torno a las 23h. El tercer puesto es para François Fillon, con aproximadamente un 19.71%, seguido muy de cerca de Jean-Luc Mélenchon con el 18,79% y Benoît Hamon (5,97%). La participación ha alcanzado el 77,3% de los 47 millones de franceses llamados a votar. La presencia policial, con más de 60.000 policías y militares desplegados sobre el territorio, se ha dejado sentir alrededor de los colegios electorales, sobre todo en París. La incertidumbre sobre el resultado pesaba en el ambiente tras el cuasi empate a cuatro que se deducía de las últimas encuestas. Nadie se atrevía a pronosticar quién pasaría a segunda vuelta y solo podían cruzar los dedos para que fuera su candidato.

Muchos de los candidatos perdedores han expresado ya su voluntad de voto para la segunda vuelta apoyando a Emmanuel Macron, que cuenta a sus espaldas con una buena parte de la clase política. Desde el ex primer ministro Manuel Valls, que ya le expresó su apoyo hace unas semanas, hasta el actual primer ministro, Bernard Cazeneuve, que ha pedido el voto por él minutos después del anuncio de los resultados. Si se cumplen de nuevo los sondeos para la segunda vuelta será el próximo presidente de Francia.

Casi todos los analistas esperan una movilización de voto contra Le Pen en la segunda vuelta, como ya pasó cuando su padre pasó a la segunda vuelta contra Chirac en 2002. La última encuesta electoral publicada por el Instituto de Estudios Políticos sitúa a Emmanuel Macron con un 61% de votos frente a un 39% para Le Pen en la segunda vuelta. A nuestras preguntas sobre esta posibilidad casi todos los entrevistados dijeron inclinarse por votar a Macron para frenar a Le Pen, que al menos en París, parece la peor de las opciones para la gran mayoría.

Ambos candidatos se han dirigido a sus simpatizantes tras el anuncio de los resultados. El discurso de Marine ha sido breve y conciso, agradeciendo a sus electores “haber hecho la elección de la alternancia política, la verdadera, no esa que ha visto los gobiernos sucederse sin que nada cambiara”. También ha avisado de que esa alternancia no se dará con “el heredero de François Hollande y de su catastrófico quinquenio”, refiriéndose a la época de Macron como ministro socialista.

Macron, por su parte ha hablado como si ya fuera presidente, y ha incidido sobre la caída del bipartidismo: “En un año hemos cambiado el rostro de la vida política francesa”. Asimismo, ha hablado de “la voluntad de cambio del pueblo francés que ha conducido a apartar de sus responsabilidades a los dos partidos que nos han gobernado durante más de 30 años”. También ha defendido los valores europeos y se ha autoproclamado “el presidente de los patriotas frente a la amenaza de los nacionalistas”.

Estas elecciones han demostrado una ruptura con el tradicional bipartidismo francés entre el Partido Socialista y los Republicanos. El hundimiento del Partido Socialista tras el quinquenio de Hollande ha desplazado al electorado más a la izquierda a votar a Mélenchon, el candidato de la Francia Insumisa. Sin embargo, la división de candidaturas, a pesar de la cercanía ideológica con Benoît Hamon, ha supuesto que ninguno de los dos llegue a la segunda vuelta.

Por otra parte Fillon ha conseguido un resultado bastante alto teniendo en cuenta los escándalos de corrupción en los que se le ha implicado, pero insuficiente para alcanzar la presidencia. Los vencedores esta vez han sido por un lado la extrema derecha, cuyo discurso ha calado enormemente sobre una gran parte de la población, y del otro la tecnocracia, un experto de las finanzas que predica la puesta en marcha del país y la renovación de la política a través de la liberalización económica. En cualquier caso, ahora se abre una nueva campaña que durará dos semanas y que culminará el 7 de mayo con un nuevo inquilino en el Elíseo.

Las razones de los votantes

En una pequeña escuela situada en el 19º distrito de París, un barrio popular en el que tradicionalmente ha vencido el Partido Socialista, Christine, sindicalista de 40 años, explicaba sus razones para votar a Benoît Hamon: “es el que tiene el programa más social y realista, aunque desgraciadamente no creo que tengas posibilidades”. Estela, de 20 años y estudiante en Comercio, tomó su decisión hace tiempo. En su caso, ha votado a Emmanuel Macron “porque comparte sus ideas”. Phillipe, publicista de 54 años, también lo hecho ya que busca “algo nuevo de la política y para bloquear a la derecha de Fillon y Le Pen”. Denis, un poco más joven, no opina lo mismo, él lo ha votado para “mantener la continuidad de la política de Hollande” ya que no entiende “el paisaje apocalíptico que dibujan los medios de comunicación”.

Fedra, de 18 años y estudiante en arte vota por primera vez, y también lo hace por su madre a través de la procuración. Su voto es para Mélenchon. Lo mismo ocurre en su entorno, muchos de ellos por convencimiento pero otros tantos por el voto útil de la izquierda. Es el caso de Elías, que ha venido con su madre a votar; la ha conseguido convencer de cambiar el sentido de su voto. “Dudaba, quería votar a Hamon, pero al final he hecho caso a mi hijo”, contaba.

Roger, de 32 años, se ha decantado por Philippe Poutou, trabajador de la fábrica de Ford y candidato de los anticapitalistas. Poco después de hacerlo, bromeaba sobre sus nulas posibilidades de victoria, y a pesar de no haber  votado a Mélenchon le gustaría verle en la segunda vuelta. Finalmente, añade que su hermano, “que vota en un barrio popular, ha visto que las papeletas de voto de Macron eran las que antes se acababan”.

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La izquierda en Francia: ‘ménage à trois’

izquierda en francia:

Muchos veranos, el candidato socialista a la presidencia de Francia, Benoît Hamon, asiste a una discreta ópera en un aún más discreto pueblo de alta montaña con participación de estrellas internacionales que trabajan de incógnito. En contadas ocasiones y en privado, Jean-Luc Mélenchon, candidato presidencial de Francia Insumisa (FI) apoyado por el Partido Comunista Francés (PCF) y los alterglobalistas, explica que su apellido viene de los melenchones, cante y baile tradicional popular de Jaén que, como la ópera, habla de amores picantes y de enredos.

No es de extrañar, pues, que la izquierda real francesa aborde el largo proceso de elecciones presidenciales y legislativas de abril, mayo y junio en ese país clave de la UE con una formación de combate inédita que mucho se parece a un ménage à trois o a un triángulo amoroso de opereta: PCF, Mélenchon y Hamon.

La conquista de poder político, gracias a esa formación imprevisible, podría estar a tiro. Pero los progresistas también se juegan a cara o cruz una exterminación  en las instituciones. Porque esta vez, la oligarquía y los medios dominantes apuestan como un solo hombre por un caballo ganador también inédito, que quiere entrar a matar: Emmanuel Macron, banquero y exministro supuestamente postmoderno. El sistema electoral francés, escrutinio mayoritario a dos vueltas, le regala muchas bazas de antemano.

Los preparativos para las presidenciales de abril y mayo han estado plagados de sorpresas. El presidente saliente, François Hollande, tras un quinquenio catastrófico, tuvo que renunciar a la reelección. En sus primarias, los ecologistas eliminaron a la favorita, la exministra Cécile Duflot. Last but not least, un personaje que era casi totalmente desconocido hace solo tres años, Macron, traicionó en directo a Hollande y al PS, que le habían colocado a la cabeza del Ministerio de Economía e Industria. Dio un portazo al Gobierno y anunció que iba a ser candidato presidencial en solitario, sin pasar por las primarias.

De esas primarias del PS, salió otro bombazo: el joven líder del ala izquierda socialista, Benoît Hamon, aplastó literalmente al que se suponía que era el delfín de Hollande y hombre mejor posicionado en el centro gravitacional de un partido cada vez más centrista: el exprimer ministro Manuel Valls.

Problema: Hamon, con su programa recolocado en el corazón de la izquierda, irrumpe como un enano primerizo en un espacio político nuevo, el de la izquierda altereuropea renovada, que estaba siendo sabiamente construido desde 2008 por Jean-Luc Mélenchon, el dirigente que aquel año abandonó el PS al observar su deriva derechista y sus políticas de austeridad.

Tras fundar su Partido de la Izquierda (PG), y con ayuda del PCF y de extrotskistas, Mélenchon generó un espacio político nuevo, basado en la planificación ecológica, la “Regla Verde”, contra la “Regla de Oro” euroortodoxa. Diseñó un programa que conjuga keynesianismo tradicional con fiscalidad innovadora, capaz de sostener tanto a los hogares de clase media y popular como a las pymes que se adapten a la Regla Verde. Todo ello en el marco de una Asamblea Constituyente, que redactará la Constitución de la VI República.

De facto, Hamon viene, deliberadamente o por desconocimiento, a restar espacio a Mélenchon, el líder que en 2012 había puesto los pelos de punta a Hollande en la primera vuelta. Y el socialista lo hace con un programa improvisado de último minuto destinado a captar clientelas electorales concretas  –para los jóvenes, legalización del cannabis; para las rentas bajas, promesa poco definida de una renta básica universal…– sin plan de financiación.

El PCF, que tuvo su propio proceso de elecciones internas, se encuentra ahora en posición de pivote o incluso de Celestina. Ha intentado acercarse a Hamon y al conjunto del ala izquierda del PS, pero apoya para las presidenciales a un Mélenchon que, efectivamente, sin la fuerza militante roja, no podría pegar tantos y tantos carteles ni organizar mítines con casi 100.000 personas como ocurrió en París hace unas semanas.

Al mismo tiempo, para las legislativas de mayo y junio, el PCF mantiene conversaciones con el PS de Hamon. Y, por el contrario, para esos comicios legislativos, anda camino de enfrentarse a la Francia Insumisa (FI) del propio Mélenchon.

Es una comedia de enredos. “Con ese novio / que tienes ahora / le das la lata al otro / y el tonto llora”, reza uno de los melenchones jiennenses.

Configuración imprevisible multiforme de la izquierda real que asusta a quienes tienen un único objetivo a piñón fijo: mantener a Francia, quinta potencia mundial, dentro del corsé de austeridad y prosiguiendo las inyecciones de ultraliberalismo en el modelo social francés, como ha ocurrido con Macron, Valls y Hollande. Una oligarquía que, por otra parte, ha promovido desde los medios una única alternativa a esa austeridad ultraliberal por dosis: la neofascista Marine Le Pen, que ha contado para su ascenso con la complicidad de los medios mainstream.

Frente a esa conminación calamitosa, Macron/Le Pen, Mélenchon formuló la otra salida: “Francia será el país que construirá la paz en toda circunstancia. Va a haber que hacerla, esta revolución ciudadana, si no queremos sufrir un golpe de Estado étnico, o un golpe de Estado financiero o, peor aún, los dos a la vez”.

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Mélenchon, el candidato sorpresa en Francia

Jean-Luc Mélenchon I La Marea

¿Y si Jean-Luc Mélenchon se colara en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia? Esta misma pregunta, formulada hace un mes, sonaría a chiste. Hoy ya no tanto. El candidato de Francia Insumisa (FI), la izquierda real francesa, se ha disparado en las últimos sondeos y se encarama como el tercer candidato con mayores opciones de superar la primera vuelta de los comicios presidenciales, por detrás de Marine Le Pen (Frente Nacional) y el liberal Emmanuel Macron.

En las últimas tres semanas, Mélenchon ha subido seis puntos en las encuestas, hasta situarse en el 18% y, pese a que la distancia con los principales favoritos es aún significativa (Le Pen y Macron empatan con el 24%), su discurso está tomando impulso con fuerza en los últimos días. De hecho, los estudios demoscópicos confirman que el líder izquierdista es, con diferencia, la gran revelación de todos los candidatos. Por detrás de Mélenchon en intención de voto, los sondeos sitúan al conservador François Fillon (17%) y al socialista Benoît Hamon (9%).

Mélenchon abandonó en 2008 el Partido Socialista al observar su deriva derechista y sus políticas de austeridad. Este pasado fin de semana, el veterano político de 65 años atacó al actual Gobierno de François Hollande, al afirmar que “hay que acabar con esa casta dorada de parásitos incapaces e inútiles”. “Se tiene que acabar la guerra contra los pobres”, proclamó con el tono entre indignado y acusatorio que le caracteriza. Mélenchon, que se definió como “el candidato de la paz”, criticó con fuerza lo que considera “una aprobación total” de Hollande y de la canciller alemana, Angela Merkel, del bombardeo de EEUU en Siria, informa Efe.

Lo cierto es que la capacidad de movilización de Mélenchon es incuestionable. Su programa electoral conjuga keynesianismo tradicional con fiscalidad innovadora, capaz de sostener tanto a los hogares de clase media como a las pymes. Más de 70.000 personas se congregaron el domingo en Marsella para seguir de cerca su mitin, en el que criticó a la Unión Europea por provocar “la miseria y la desesperación en España o en Grecia”, y obligar a muchos ciudadanos, principalmente jóvenes, a emigrar.

Hace una semana, el candidato de Francia Insumisa también fue el más convincente en el debate electoral televisado entre los 11 candidatos a las presidenciales. En la encuesta celebrada tras el debate, Mélenchon obtuvo el 25% del apoyo de los telespectadores, incluso por delante del favorito a suceder a Hollande en el Elíseo, Emmanuel Macron. El 23 de abril, fecha de la primera vuelta de las presidenciales, se verá si Francia Insumisa es capaz de dar la sorpresa y disputar a Le Pen o Macron la presidencia de la República.

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Dos semanas de ira en Francia tras la violación de Théo a manos de la policía

François Hollande, presidente de Francia, visita a Théo en el hospital el 7 de febrero. FOTO: PRESIDENCIA.

Una vez más los disturbios prenden en las periferias de Francia tras un caso de violencia policial que, de momento, permanece impune. En esta ocasión el detonante ha sido la violación sufrida por Théo (las autoridades no revelaron su apellido), francés de origen africano de 22 años hospitalizado de gravedad el pasado 2 de febrero por las heridas en el recto que le causó un policía con su porra reglamentaria durante un registro aleatorio en Aulnay-sous-Bois, distrito marginal de la periferia de París. La discriminación racial por parte de agentes franceses es ya un problema reconocido por el propio gobierno galo: un informe del Defensor de Derechos público revela que el 80% de los jóvenes negros y árabes han sido registrados, frente al 16% de jóvenes blancos.

Catorce días después de este episodio de violencia policial, los disturbios nocturnos ya se extienden a las periferias de Nanterre, Lille, Rouen, Argenteuil, Drancy y otras diez localidades francesas al grito de “la policía mata” y “justicia para Théo”. También ha habido enfrentamientos con la policía en lugares céntricos de París, como la que tuvo lugar en la noche de este miércoles en el distrito 18 de la capital francesa, informa Reuters.

El policía acusado de violación y los otros tres agentes imputados siguen en libertad a la espera del juicio, mientras que al menos 245 jóvenes han sido arrestados durante las protestas nocturnas que siguieron a la violación de Théo —al menos dos detenidos ya han sido condenados a seis meses de prisión—, según datos del Ministerio del Interior. Además, este martes las autoridades francesas abrieron una investigación preliminar para determinar si Mohamed K., joven y amigo de la víctima, también fue agredido por los mismos policías días antes de la violación de Théo, incluido Barba Roja, apodo con el que conocen en Ausnay-sous-Bois al agente acusado de violación. Mohamed asegura que no denunció los hechos “porque venía de encontrar trabajo y no podía arriesgarme a perderlo”, según recoge Le Nouvel Observateur, que además publica una foto del rostro amoratado del joven. Un grupo de abogados que presta apoyo a las familias de los detenidos ha puesto en marcha una campaña para recaudar fondos con los que sufragar la defensa de los detenidos.

Las manifestaciones en apoyo a Théo han relanzado el debate sobre los abusos policiales en plena campaña electoral. François Fillon, Benoît Hamon y Emmanuel Macron, candidatos presidenciales conservador, socialista y liberal respectivamente —este último favorito en las encuestas— proponen mejorar la educación de ciudadanos y policía y dotar de nuevos medios a los agentes, mientras que la ultraderechista Marine Le Pen pidió más mano dura y “crear 40.000 plazas suplementarias de prisión”. Mélenchon, candidato de la izquierda radical, lanzó las críticas más duras contra la policía y abogó por “rehabilitar la policía de proximidad” y penalizar de manera “estricta” estos abusos.

De poco sirvió que el presidente François Hollande visitara a Théo en el hospital —permanece bajo tutela médica tras ser operado y con varios golpes en el cráneo— para lanzar un mensaje conjunto llamando a la calma, pues 48 horas más tarde la Inspección General de la Policía Nacional afirmaba en su informe preliminar que la violación de Théo fue “un gesto accidental”. El gobierno francés también ha sido criticado por no recibir a las familias de las víctimas, incluida la de Théo, aunque sí se reunió con las organizaciones SOS Racismo, Le Cran (asociaciones negras) y LICRA (contra el racismo y el antisemitismo). Este martes, el diario L´Humanité informó que el jefe de estos cuatro agentes, el comisario Vincent Lafon, ya había sido suspendido por un escándalo de violencia policial que acabó con un detenido hospitalizado durante una semana y la destrucción de varias pruebas judiciales, entre ellas una grabación.

La actual ola de disturbios también está deteriorando la credibilidad en la prensa francesa. Una vez más, un amplio número de medios franceses dio el protagonismo a las imágenes de coches ardiendo y manifestantes insultando a los periodistas y lanzando piedras a la policía. Varios testigos presenciales, incluido el fotoperiodista Nnoman, asegura que una granada policial fue la que prendió fuego a un vehículo de la cadena de televisión RTL que apareció en las principales televisiones de Francia.

Durante varios días la prensa francesa informó de que la policía había salvado a una niña al sacarla de un coche en llamas, pero después se supo que quien rescató a la menor fue un manifestante. Tras 14 días de disturbios y protestas, la cobertura mediática de estas manifestaciones nocturnas no tiene la amplitud de los primeros días, pero las grabaciones que muchos manifestantes realizan cada noche con sus teléfonos dan cuenta de la tensión del ambiente y del amplio despliegue policial.

“La sociedad francesa tiene un curioso problema de amnesia colectiva, quizás voluntaria”, opina en el diario Libération el politólogo Thomas Guénolé, quien además destaca que pronto se cumplirán 40 años de las primeras revueltas de la periferia que ocurrieron en Vénissieux en los años 80. La última ola de protestas tras un caso de violencia policial tuvo lugar en julio de 2016 a raíz de la muerte de Adama Traoré durante un interrogatorio, aunque aquellos disturbios no tuvieron la gravedad de los que vivió el país en 2005, cuando los jóvenes Zyed y Bouna murieron electrocutados mientras huían de la policía.

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Nuevas incertidumbres en la campaña electoral francesa

Benoît Hamon, nuevo candidato del Partido Socialista francés a la presidencia.

Nueva partida en el póker de los comicios presidenciales en Francia: un diputado rebelde es desde este domingo el candidato al Elíseo del Partido Socialista; el favorito de las quinielas electorales, el conservador François Fillon (Les Républicains), pierde adeptos tras saberse que su mujer cobró medio millón de euros por unas labores de asesora que no desempeñó; la ultraderechista Marine Le Pen (Frente Nacional) también pierde impulso, pues presumía hasta la semana pasada de inspirar las medidas que aplica Donald Trump y que están generando rechazos de todo tipo a nivel global; y el liberal Emmanuel Macron suspira de alivio al verse en la tercera posición de unos sondeos que dejaron de tener puntería hace tiempo. La incertidumbre está servida.

Hasta hace apenas una semana, la baraja política francesa tenía tres cartas fuertes pero que no permitían formar ‘parejas’ ni ‘tríos’: la primera es de Marine Le Pen, una candidata de extrema derecha que mezcla un discurso nacionalista -cierre de fronteras, etcétera- con matices de clase a favor del obrero y una cuidada imagen de ciudadana de a pie, con la que logró atraer a millones de votantes hartos de la élite política de París. A diferencia de su padre, el opulento y desbocado Jean-Marie Le Pen, el discurso xenófobo y pasional de Marine es capaz de embaucar incluso a franceses de origen extranjero. Cada vez menos analistas se enrocan en afirmar que sería imposible ver a Le Pen en el Elíseo, a pesar de que se presenta como amiga e inspiradora de Trump.

El segundo naipe lo ostentaba François Fillon, un profesional del poder, conservador de toda la vida que mordió la mano de quien le dio de comer y lo aupó a lo más alto: el ex presidente Sarkozy. Los problemas del ex primer ministro Fillon para presentarse como un profundo conocedor del día a día de sus representados se agravaron después de saberse que su esposa percibió unos 500.000 euros desde 1998 por una labor de asistente parlamentaria que, aparentemente, no realizó. “Trabajaba siempre en la sombra”, justificó Fillon, acorralado incluso por gente de su partido, Les Républicains.

Macron, el centrista

La tercera carta era y es de por sí una sorpresa: Emmanuel Macron, el joven que hizo carrera en la banca Rostchild, al que el presidente Hollande nombró ministro de finanzas y que presume de haber formado parte del gobierno socialista sin estar afiliado a ese partido. Macron, que comparte con Albert Rivera su afán por situarse en el “centro”, cuenta con el apoyo de grandes empresarios -a través de su esposa, el líder de la patronal francesa financió su salto a la política- pero se presenta como un tecnócrata de izquierdas que predica la versión francesa del sueño americano -si trabajas duro, tu éxito está garantizado-.

Coincidiendo con los primeros días de la Nuit Debout, Macron lanzó un movimiento bautizado con sus siglas (En Marche) para no tener que enfrentarse en las urnas socialistas a Manuel Valls, hasta el mes pasado primer ministro y archienemigo de Macron de puertas para adentro. Precisamente, Valls perdió el pasado domingo las primarias socialistas frente al diputado rebelde Benoît Hamon.

Los socialistas franceses atraviesan una de las mayores crisis que jamás habían enfrentado y que hasta este fin de semana los situaba fuera de todas las quinielas electorales. El desgaste del gobierno y las divisiones internas a raíz de la polémica reforma laboral y otras medidas propias de un partido conservador y liberal -Hamon está entre los diputados rebeldes a esas medidas- lo situaron al borde del abismo.

Sin embargo, la victoria de este ex ministro de Educación “soñador utópico”, tal y como lo definían Valls y otros rivales internos, vuelve a situar al Partido Socialista galo como una opción válida y esperanzadora a ojos de muchos votantes de izquierda. El inesperado sucesor de Hollande para representar a los socialistas defiende una renta básica para jóvenes de entre 18 y 25 años, propone tasas a los robots para contrarrestar la desaparición de puestos de trabajo automatizados, quiere reducir la jornada laboral de 35 a 32 horas semanales, promete derogar la reforma laboral y aboga por abrir las fronteras a los refugiados, medidas inconcebibles para el actual ejecutivo socialista, incluido el ex primer ministro barcelonés Manuel Valls.

Posibles nuevas alianzas

Esta nueva partida de póker presidencial abre posibilidades hasta hace poco inconcebibles. Con un nuevo líder al frente, el Partido Socialista podría reconciliarse con el Partido Verde tras el sangrante divorcio protagonizado hace apenas dos años. Además, la sintonía ideológica de Hamon con el solitario candidato de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, podría forjar una nueva pareja de hecho que haga frente a la derecha moderada (Macron), la derecha tradicional (Fillon) y la extrema derecha (Le Pen).

Por si fuera poco, analistas destacados de la prensa gala coinciden en que Emmanuel Macron podría salir reforzado por el apoyo potencial de los simpatizantes de Manuel Valls, ahora huérfanos de candidato. Recordemos que Macron y Valls rivalizaban por el poder, no tanto por las ideas, y que mientras tanto Hamon tendrá que desplegar su mejor diplomacia para calmar las aguas en la formación socialista.

La historia no acaba ahí. En abril los franceses elegirán a su nuevo presidente, cara visible del poder ejecutivo y responsable de formar gobierno, pero solo dos meses después celebrarán elecciones legislativas.

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