El amor es un buen negocio

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Tenemos casi todo lo imprescindible, solo nos falta el amor. Ese amor efímero, urgente, apasionado y fugaz que se guarda en Internet y que ha hecho del quererse, amarse, acompañarse, sentirse y follarse, entre otras fórmulas, un negocio que mueve millones. La Red lo pone en bandeja. Cambia el ritmo, cambian los códigos. Y, si no te mueves lo suficiente, no sales en la foto. El negocio del amor no acaba de tocar techo. Las estimaciones calculan que 49 millones de internautas europeos visitan webs de citas cada mes. En el trapicheo de webs y aplicaciones de dating (citas), fuentes del sector estiman que solo en Estados Unidos la facturación en 2016 alcanzó los 2.5oo millones de dólares. Aunque es difícil conocer la dimensión real de un mercado tan competitivo como opaco.

Tinder, Badoo, Meetic, Happn, Instagram y el chat de Apalabrados están entre las espacios de Internet más frecuentados para la buscar compañía. Para heterosexuales, homosexuales o bisexuales, para encontrar pareja estable o amantes, para todos los gustos y colores. Desde que el flirteo adquirió la forma cibernética, el ‘¿estudias o trabajas?’ se ha digitalizado y transformado en el ‘¿tienes Facebook o Instagram?’.

Álvaro tiene 41 años y dos hijos. No quiere ligar, solo hablar. Acaba de separarse y busca gente fuera de su círculo de amistades con quien compartir. A sus 30 años, María quiere encontrar pareja, pero hasta ahora lo más fácil ha sido hallar “un simple lío”. Encontrar a alguien más definitivo, se queja, “es un poco como buscar una aguja en un pajar”, aunque reconoce que salvo rara excepción siempre ha conocido gente interesante. Lo que menos le atrae de estas aplicaciones es la ausencia de magia: “Desaparece un poco la emoción del no se? si le gusto porque en el momento que se produce el match, muchas cartas se ponen sobre la mesa”.

IAC, el propietario de Meetic y Tinder entre muchas otras, es el líder del mercado con siete marcas de citas online y un conglomerado de 20 empresas con 150 sellos y productos en medios de comunicación e Internet en más de 30 países. Tiene un 22% del pastel, con webs para mormones, jóvenes, latinos, maduros…

Entre estas aplicaciones, las hay que unen perfiles por proximidad geográfica como Tinder, Grinder, Lovoo o Twine; el cruising online de Hapnn, Street Machine; aquellas que buscan gente afín como Meetic Affinity, eDarling, Badoo e, incluso, versiones que dejan a los hombres en segundo plano como Adoptauntio.com.

Feliciano agradece su aparición porque le han puesto las cosas más fáciles a la hora de frecuentar chicas. Conoció a su exmujer y madre de su hijo en una aplicación y sigue encontrando con quien compartir su tiempo a la espera de que llegue una compañía más definitiva. Está inscrito en Hapnn y Tinder, las dos app mayoritarias entre los españoles y de una usabilidad más sencilla e inmediata. Tinder ha triplicado su base de usuarios en el último año. Su modelo triunfa. Ha sustituido los largos cuestionarios de personalidad por un vistazo superficial a una, dos, tres o cuatro fotos como máximo. Porque es así como dicen que se ha ligado siempre, con una primera mirada. Lo demás viene luego.

El despegue del dating online llegaría con Match, la primera web de citas, en 1995. Le seguirían Meetic, Badoo, eDarling… Casi todas se apoyan en algoritmos para buscar a la persona más compatible con los gustos de cada cual (otra cosa es que funcionen).  Las últimas en llegar al mercado, como la estadounidense OkCupid, también dejan las flechas del amor en manos de una fórmula matemática. Esta web cuenta con una de las mayores bases de datos sobre preferencias y conductas de pesca 2.0.

Belén se pasó de Tinder a Guapa. Allí conoció a Alejandra. Ambas transitaban un verano anodino en Madrid y buscaban con quien compartir planes. “Nos podíamos haber conocido en cualquier otro momento, pero aunque parezca un contrasentido ha sido más natural, un espacio más neutro y menos agresivo”, confía Alejandra.

Desde febrero funciona en España la Escuela Neurocientífica del Amor. Los seminarios Love Sinapsis están impartidos por psicólogos y especialistas en biología y se basan en estudios que han demostrado que el amor es un algoritmo que puede enseñarse.

Pronto, la realidad virtual cambiará nuestras vidas como nunca habríamos imaginado. Desde que se democratizó Internet, la tecnología acorta las relaciones entre las máquinas y las personas. Primero fue la inteligencia artificial y ahora la llamada informática afectiva da un paso más allá. ¿Y si los robots empiezan a tener sentimientos? ¿Llegaremos a enamorarnos de nuestro sistema operativo como Joaquin Phoenix en la película Her?

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