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Marina Albiol dimite como portavoz pero no deja su escaño en el Parlamento Europeo

La eurodiputada de Izquierda Unida, Marina Albiol, ha presentado su dimisión como portavoz de la formación en el Parlamento Europeo este jueves, sin embargo, no ha dejado su escaño, por el que cada eurodiputado cobra 8.020 euros al mes antes de impuestos, más dietas, unos 4000 euros. La causa, según ella, ha sido la “falta de […]

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¿Por qué soy comunista?

Pintura de Dimitri Vrubel en el muro de Berlín que muestra al líder comunista Erich Honecker (RDA) besando a su homólogo soviético, Leónidas Breznev. Foto: Marta Nimeva N.

A raíz de la publicación de Por qué soy comunista (Península, 2017), de Alberto Garzón, preguntamos a seis personas relacionadas con el movimiento comunista acerca de qué tiene que aportar hoy en día el comunismo a epígrafes tan dispares como el municipalismo, el feminismo o la construcción europea.

Marina Albiol

Eurodiputada del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea

En el contexto europeo, donde la ultraderecha parece renacer de nuevo tras la crisis, ¿por qué cree que el comunismo no ha tenido un repunte similar? ¿Cuál piensa que puede ser el papel de las comunistas en el presente inmediato?

La extrema derecha está en auge porque siempre ha sido el plan B del sistema para situaciones de crisis de representatividad como la que vivimos. Son el aliado perfecto de las élites porque, aunque se presenten como alternativas al sistema, no cuestionan sus bases económicas y materiales, lo que las convierte en una apuesta muy cómoda para evitar que las clases populares encuentren en la izquierda la respuesta al modelo neoliberal que genera paro, pobreza y desigualdad.

Trump o Le Pen son cómodos a las élites y por eso los impulsan. Lo hacen de muchas maneras, pero sobre todo asumiendo las políticas que llevan en sus programas. Así, cuando la Unión Europea pone en marcha políticas racistas contra las personas migrantes y refugiadas –como el cierre y la externalización de fronteras, las deportaciones forzosas, o los CIE–, y los gobiernos estatales las aplican obedientemente, se da alas a la extrema derecha.

En este contexto, no debemos perder de vista dos cosas. Por un lado, que con la UE de Maastricht, del BCE, del euro y de la doctrina de la Europa fortaleza, no hay futuro para el pueblo europeo y los pueblos de Europa. Y por otro, que los y las comunistas podemos jugar un papel esencial en revertir esto y construir una alternativa junto a las organizaciones de izquierda anticapitalista, en base a la unidad y la movilización.


Maxi Nieto

Profesor en la Universidad Miguel Hernández

En un mundo de economía globalizada donde el capitalismo parece ser omnímodo e invencible, ¿tiene el comunismo alguna propuesta económica actualizada? ¿Se ha adaptado a las condiciones materiales de nuestro presente?

El comunismo en Marx es un proyecto de emancipación social consistente en el autogobierno ciudadano que se ejercería sobre la base del control consciente, racional y democrático de la producción. El dispositivo institucional para lograrlo es la planificación económica, que permite superar la anarquía de la producción capitalista y habilitar un control social del excedente, acabando así con la explotación del trabajo, todo lo cual ha de permitir orientar libre y democráticamente el desarrollo social.

Pero coordinar eficientemente una economía compleja, lo cual implica poder realizar un cálculo racional de costes, exige condiciones tecnológicas —además de políticas— muy concretas que en tiempos de la URSS no se daban. Sin embargo, el desarrollo científico-técnico actual (informática, big data, inteligencia artificial) permite por vez primera en la historia una genuina planificación eficiente y democrática de la economía basada en las ideas de Marx.

Funcionaría como un sistema distribuido, centralizado y descentralizado a la vez, con espacio para la experimentación empresarial y el trabajo independiente. Amazon o Wal Mart, con su gestión informatizada de insumos en tiempo real, prefiguran algunos de los mecanismos de ese modelo comunista viable y eficiente. Estas ideas se desarrollan en Ciber-comunismo. Planificación económica, computadoras y democracia (Cockshott y Nieto, Trotta, 2017).


Marga Ferré

Secretaria de elaboración política de IU

A 100 años de la Revolución, ¿qué queda del comunismo? ¿Qué es ser comunista hoy?

Haré una primera afirmación quizá provocadora: yo sería comunista aunque la revolución de octubre no hubiese ocurrido. Quiero decir que las ideas que inspiraron e inspiran el comunismo siguen siendo tan válidas como vivo está el capitalismo depredador y explotador que combaten.

Tras la caída del Muro, la tergiversación histórica se ha hecho ley hasta el punto de que es imposible imaginar un mundo no capitalista para la mayoría de la gente, es decir, nos cuesta imaginar un mundo sin explotados ni explotadores, sin clases sociales, sin competencia, sin mercado. La idea de que los seres humanos podemos construir una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales es tan poderosa y justa, que el capital necesita todo su enorme poder de seducción para intentar evitarla y convencernos de que no es posible soñar mundos fuera de los estrechos límites de su feroz tiranía económica.

Hoy, como en el siglo XIX, el trabajo es el centro de la explotación humana; cada vez más y es por eso que las ideas que desvelan esta aberración como antihumanas y que proponen un mundo justo e igualitario, tienen tanto o más sentido que en otras épocas de nuestra historia.


Esther López Barceló

Profesora de Historia

¿Qué pueden aportar los comunistas al municipalismo, a la política más cercana?

Las políticas municipales son una suerte de oportunidad para generar empoderamiento popular y garantizar que el colectivo pueda formar parte de la toma de decisiones. Las comunistas reivindicamos una sociedad en la que el bien común esté a disposición de las necesidades de la mayoría y, para ello, desde la política local, podemos conseguir participación directa de las vecinas y vecinos en cómo redistribuir los presupuestos, someter a escrutinio público la auditoría de la deuda, impulsar el tejido económico alternativo social y solidario… En definitiva, tenemos la posibilidad de subvertir el orden impuesto, ese que establece que lo económico no se puede someter a debate. Estoy por todo ello firmemente convencida de que nuestra visión, eminentemente marxista, es imprescindible para cooperar con otras en la construcción de ciudades democráticas, en el más profundo y bello –por qué no– sentido de la palabra.


Felipe Alcaraz

Escritor

¿Cuál cree que fue el papel del comunismo en la caída de la dictadura franquista, así como en la consolidación del llamado régimen del 78?

Vázquez Montalbán acuñó aquello de “correlación de debilidades”: el franquismo no podía retroceder, reinventándose, ni la oposición democrática podía ir más adelante. En todo caso, el santo no se cayó por el lado del PCE, que dio todo lo que tenía en la lucha por las libertades. Aquel empate lo resumió bien Marcos Ana, cuando dijo aquello de que él no había luchado por una democracia como esta. Quizás la explicación esté en el artículo determinado: se decía “el” partido, sin necesidad de añadir ningún otro término; artículo que habla de cierta soledad para alcanzar las alianzas necesarias para la ruptura. Alguien lo dijo ante los carteles del PSOE en 1977: 100 años de antigüedad y 40 de vacaciones. Y después la historia se complica: hay dos relatos de la transición, el dominante (unos pocos sabios diseñan una transición modélica) y el real: la lucha social por las libertades estuvo ahí, en las bases del PCE y de otros partidos “radicales”; en la modélica transición hubo más de 300 muertos, 190 de ellos a manos de franquistas “incontrolados”. Hoy la correlación ha alimentado continuidades, pero a la vez hay impulso para saber que hay mimbres para un proceso constituyente. En la C78 no cabemos ya todos.


Carmen G. Magdaleno

Responsable de comunicación en IU de Lugo

¿Cómo ve las relaciones entre el movimiento feminista y el comunista?

La subordinación de la mujer al hombre es una forma de dominación directamente relacionada con la explotación de clase. La sociedad patriarcal ahorra costes y favorece al modelo productivo capitalista: es una forma de organización muy rentable porque legitima que las mujeres, nada menos que la mitad de la población mundial, se ocupe sin remuneración del trabajo doméstico y los cuidados y que, además, reciba salarios (más) reducidos y contratos (aún más) precarios en el trabajo remunerado. Por lo tanto, el único modo efectivo de combatir esa alianza entre patriarcado y capitalismo es la unión entre comunismo y feminismo. Es decir, adoptar la perspectiva de género en la lucha de clases y la perspectiva de clase en la lucha contra el patriarcado. El objetivo de ambos movimientos es la emancipación y la igualdad de todos los seres humanos. Para cumplirlo hay que derribar las dos divisiones sociales que permiten a la élite explotar a la mayoría social trabajadora: la de clase y la de género. Por eso tengo claro que una persona comunista debe ser necesariamente feminista, y al revés.

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¿Qué es ser comunista hoy?

Concentración comunista. Foto: Marsel Minga.

Por qué soy comunista es el nuevo libro de Alberto Garzón, publicado por Península. Estoy convencido de que debió de existir un título similar en la América de los años cincuenta, salvo que ese trataría sobre las tribulaciones y el arrepentimiento de un buen ciudadano que cayó presa de la hidra roja.

El comunismo es uno de esos hechos históricos que, dependiendo del lugar y la fecha, tienen significados muy diversos. Asimismo, siendo una de las ideologías sobre las que más se ha escrito y pensado, es una de las más difíciles de definir. Hagan la prueba y organicen una reunión con cuatro o cinco comunistas, den pie a que hablen de su historia y al cabo de un rato tendrán un buen lío sobre la mesa.

La motivación del libro de Garzón, sin embargo, no es tan ambiciosa –y suicida– como pretender sentar las bases sobre lo que es el comunismo hoy. La obra está enfocada desde la necesidad de situar al marxismo (el sistema filosófico tras la hoz y el martillo) no como una curiosidad histórica acabada sino como un sistema de pensamiento vigente y válido para hacer política. Ya en la introducción la contraposición que se hace a lo especulativo del liberalismo y la lucha entre el mecanicismo en Marx contra su versión dialéctica así lo indican.

Por qué soy comunista es una crítica al sistema político y económico del capitalismo, no solo desde su vertiente ética, haciendo notar los desajustes que provoca en nuestra sociedad, sino haciendo patentes las contradicciones de un modelo organizativo ineficiente y poco democrático. Pero también intenta dar razones para despojar de autoridad a los cuidadores del museo, a esos sacerdotes que han transformado el marxismo en una herramienta mellada que se cita como un rabino haría con la Torah.

Se adivina que hay mucho del Garzón que conocemos en las páginas de la publicación, por su estilo divulgativo pero con contenido exigente. No es el texto más ligero que encontrarán en los anaqueles, pero sí una de las novedades que, además de los temas que trata, tiene la virtud de enseñar a pensar al lector en unas claves que no son las habituales. Ciencia, filosofía, clases sociales, Estado y una economía en crisis son los protagonistas que harán avanzar su argumento, uno pensado para hacer frente a las dudas que cualquier persona de izquierdas tiene a la hora de enfrentar el absurdo cotidiano.

Aprovechando la salida de libro pensamos en trasladar la misma pregunta que lo titula a diferentes personas que de una u otra forma tienen relación con el movimiento comunista. Pero luego caímos en la cuenta de que en la propia respuesta a por qué somos como somos, siempre se halla un matiz de complacencia: nadie habla mal de sí mismo, aunque sea en términos políticos. Por eso preferimos cuestionar qué tiene que aportar el comunismo hoy a epígrafes tan dispares como el municipalismo, el feminismo o la construcción europea.

Nuestras invitadas son Marina Albiol (1982), una de las diputadas del Parlamento Europeo que más combativas se ha mostrado frente al ascenso de la ultraderecha en el continente; Felipe Alcaraz (1943), histórico comunista, escritor y uno de los pocos parlamentarios que ha renunciado a su pensión vitalicia; Marga Ferré (1968), vinculada a la Fundación por la Europa de los Ciudadanos y secretaria de elaboración política de IU; Esther López Barceló (1983) es actualmente profesora, impulsora de iniciativas sobre memoria histórica y trabajó en el área de economía del Ayuntamiento de Madrid; Carmen G. Magdaleno (1986), responsable de comunicación en el grupo municipal de IU de Lugo, aunque también realiza un intenso trabajo de concienciación feminista en redes; por último, Maxi Nieto (1972), profesor en la Universidad Miguel Hernández de Elche y un original divulgador sobre las técnicas informáticas aplicadas a la economía planificada.

Pincha aquí para leer las siguientes entrevistas:

Marina Albiol, eurodiputada del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea.

Maxi Nieto, profesor en la Universidad Miguel Hernández.

Marga Ferré, secretaria de elaboración política de IU.

Esther López Barceló, profesora de Historia.

Felipe Alcaraz, escritor.

Carmen G. Magdaleno, responsable de comunicación en IU de Lugo.

 

 

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