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Gracias a Lenin, el ruso es conocido mundialmente

Por Maxim Sevchenko, traducido por N.G.

Lenin ha sido, y es, el mejor ruso.
… Creo que Lenin siempre está en primera fila. Debido a que sus evaluaciones, su modelo de comportamiento, en esta o aquella situación política, se convirtió en un tópico. De hecho, enseñó dos cosas: escuchar el fermento real del tiempo y elegir de este fermento un significado racional.  
Y por el esfuerzo de su voluntad y su mente, este fermento para transformar el tiempo se convirtió en una sustancia activa y real para una persona, encontrando su sentido. 
Lenin creía que sólo una persona formada, una persona que conoce la metodología de entender lo que está sucediendo, es capaz de hacer algo. Esto es, de hecho, lo que Lenin intentó a través de su comprensión de la injusticia, para superar la alienación del hombre por el entorno impuesto en el planeta; y que conociendo esta injusticia principal, que tiende a afianzarse en una visión unipolar, intenta imponerse en los individuos, que no podemos hacer nada más en la vida.  
Lenin no lo formuló de esa manera, por supuesto, como lo haría como un filósofo, que aquí nuestra vida terminará sí no hacemos algo. Pero con todo, lo que sinceramente creyó es que la energía humana creativa, la acumulación de factores sociales, los recursos intelectuales son capaces de superar el espacio y el tiempo, para vencer a la muerte, para hacer que la vida humana sea totalmente significativa.  
Que cuando una persona desarrolla toda una creatividad histórica de energía, va a funcionar, sabiendo que mañana será mejor que hoy, que la siguiente generación vivirá mejor que actualmente (partiendo que desde la miseria puede elevarse a la forma más alta de pensamiento), que la vida humana adquirirá la mayor significación.  Resultado de imagen de Lenin
 La victoria está en la unión
Esta es una idea rusa. Lenin era una persona absolutamente rusa. Formuló, acumuló significados rusos. Y, en mi opinión, Rusia es impensable sin Lenin, esta mentalidad es incomprensible sin Lenin, y Lenin descubrió este significado del carácter de Rusia para el resto de la humanidad.

Una vez más, cito la frase preferida de Mayakovsky: “Aprendería ruso sólo por lo que Lenin estaba hablando con nosotros.” Pero así sucedió.  
Dostoievski puede ser traducido al inglés, francés y estudiado en francés. Tolstoy, Chejov, incluso Pushkin, pero Lenin … Para entender a Lenin, millones de personas realmente aprendieron ruso. Llegaron a nuestro país y tomaron posesión de los significados de sus palabras, tanto de América Latina, India, China, con acentos árabes … la lengua rusa para comprender a Lenin, se extendió mundialmente. 
Esto es un prodigio increíble. Fue con Lenin, que Rusia convirtió su historia en la vanguardia del avance social para el resto de la humanidad, cambió la historia mundial.   
Este trascendental hecho, fue gracias a la revolución rusa, que no ocurrió debido a Lenin, pero que triunfó gracias a Lenin (porque la revolución comenzó en febrero, y no en octubre), ya que Rusia se liberó del lastre de la opresión, que aparece y desaparece en todas las historias humanas de las naciones y los pueblos. 
Sólo unas pocas civilizaciones imprimieron en la historia un significado especial: judía, romana, griega, árabe, etc. Y la rusa está entre ellas. No hay una gran lista de pueblos que imprimieron su sello para toda la humanidad.  
Gracias a Lenin, los rusos son importantes para toda la humanidad.
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Gracias a Lenin, el ruso es conocido mundialmente

Por Maxim Sevchenko, traducido por N.G.

Lenin ha sido, y es, el mejor ruso.
… Creo que Lenin siempre está en primera fila. Debido a que sus evaluaciones, su modelo de comportamiento, en esta o aquella situación política, se convirtió en un tópico. De hecho, enseñó dos cosas: escuchar el fermento real del tiempo y elegir de este fermento un significado racional.  
Y por el esfuerzo de su voluntad y su mente, este fermento para transformar el tiempo se convirtió en una sustancia activa y real para una persona, encontrando su sentido. 
Lenin creía que sólo una persona formada, una persona que conoce la metodología de entender lo que está sucediendo, es capaz de hacer algo. Esto es, de hecho, lo que Lenin intentó a través de su comprensión de la injusticia, para superar la alienación del hombre por el entorno impuesto en el planeta; y que conociendo esta injusticia principal, que tiende a afianzarse en una visión unipolar, intenta imponerse en los individuos, que no podemos hacer nada más en la vida.  
Lenin no lo formuló de esa manera, por supuesto, como lo haría como un filósofo, que aquí nuestra vida terminará sí no hacemos algo. Pero con todo, lo que sinceramente creyó es que la energía humana creativa, la acumulación de factores sociales, los recursos intelectuales son capaces de superar el espacio y el tiempo, para vencer a la muerte, para hacer que la vida humana sea totalmente significativa.  
Que cuando una persona desarrolla toda una creatividad histórica de energía, va a funcionar, sabiendo que mañana será mejor que hoy, que la siguiente generación vivirá mejor que actualmente (partiendo que desde la miseria puede elevarse a la forma más alta de pensamiento), que la vida humana adquirirá la mayor significación.  Resultado de imagen de Lenin
 La victoria está en la unión
Esta es una idea rusa. Lenin era una persona absolutamente rusa. Formuló, acumuló significados rusos. Y, en mi opinión, Rusia es impensable sin Lenin, esta mentalidad es incomprensible sin Lenin, y Lenin descubrió este significado del carácter de Rusia para el resto de la humanidad.

Una vez más, cito la frase preferida de Mayakovsky: “Aprendería ruso sólo por lo que Lenin estaba hablando con nosotros.” Pero así sucedió.  
Dostoievski puede ser traducido al inglés, francés y estudiado en francés. Tolstoy, Chejov, incluso Pushkin, pero Lenin … Para entender a Lenin, millones de personas realmente aprendieron ruso. Llegaron a nuestro país y tomaron posesión de los significados de sus palabras, tanto de América Latina, India, China, con acentos árabes … la lengua rusa para comprender a Lenin, se extendió mundialmente. 
Esto es un prodigio increíble. Fue con Lenin, que Rusia convirtió su historia en la vanguardia del avance social para el resto de la humanidad, cambió la historia mundial.   
Este trascendental hecho, fue gracias a la revolución rusa, que no ocurrió debido a Lenin, pero que triunfó gracias a Lenin (porque la revolución comenzó en febrero, y no en octubre), ya que Rusia se liberó del lastre de la opresión, que aparece y desaparece en todas las historias humanas de las naciones y los pueblos. 
Sólo unas pocas civilizaciones imprimieron en la historia un significado especial: judía, romana, griega, árabe, etc. Y la rusa está entre ellas. No hay una gran lista de pueblos que imprimieron su sello para toda la humanidad.  
Gracias a Lenin, los rusos son importantes para toda la humanidad.
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Lenin por trillas, un homenaje flamenco a 1917

1917 es la cerveza que este miércoles vendían en la entrada del Teatro Duque de Sevilla. ¡Es la fecha de la revolución rusa!, dirán los más avezados. El tiempo dice que es el año del que han pasado cien años. Y lo que anoche, sobre el escenario de ese mismo teatro, dijeron el cante de Manuel Romero y la guitarra de Eduardo Rebollar es que 1917 es flamenco. La cooperativa Atrapasueños ha editado un disco homenaje a la fecha centenaria donde igual suena un poema de Brecht por tango, que unos versos de Shelley por peteneras que una letra de Moreno Galván por soleá. “Las efemérides sirven para que uno se reconozca y entienda el momento histórico que vive. Es muy complicado meter a Mayakosvki por marianas, es muy complicado meter a Lenin por trillas. Esto es 1917, que cada uno haga lo que quiera”, avisa Joaquín Recio, alma de la cooperativa, momentos antes de dar paso al concierto.

Estrechad vuestras filas / levantaos como uno solo / al encuentro de la roja / libertad / Para una vida nueva / iremos a la muerte / ya brillará la aurora / de la libertad / marchad obreros marchad”.

“Nos van a llevar a todos a la cárcel”, arranca Manuel, el Cotorro, heredado de su abuelo, más acostumbrado a cantar atrás que con chelo y pajarita delante. Acaba de versionar a Lenin por trillas. “Yo escuché hablar de él en mi casa, de chico. Me he criado en eso, con el Sindicato de Obreros del Campo. He estado en ocupaciones, en manifestaciones. Lo he vivido. Conocí muy bien a Diamantino García. Para mí ser de izquierdas es ser solidario, apoyar las causas que son justas y que nadie apoya, luchar por un mundo mejor, no mucho más”, cuenta a La Marea un par de horas antes, durante el ensayo. Está nervioso.

A la percusión, Roberto Jaén; a las palmas, Tamara Lucio. “Fuiste espíritu y aliento / desde las minas de Asturias / hasta el Quinto Regimiento”, dice el segundo tema de la noche, por soleá, dedicado a Pasionaria. “Ay pueblo hambriento sin cosecha / cuándo se alzará el fantasma / gobernante de sanguijuela / príncipes que son escoria / leyes más duras que cruentas / ay cuándo se alzará el fantasma / que venga pronto / que venga a iluminar con sus luces / esta época tan negra”, continúa la tercera, por petenera. “Esta es de Shelley, si lo he pronunciado bien. Cada vez nos estamos metiendo más en faena, eh”, prosigue Manuel, criado en un pueblo de jornaleros, Pedrera, cantaor desde los diez años.

“Los textos tienen fuerza. A veces pensaba que unir estos poemas con el flamenco no tenía sentido, pero al fin y al cabo el flamenco nace del pueblo y la revolución rusa también. La Bernarda de Utrera decía que hasta la guía telefónica se puede hacer por el flamenco”, explica. “Vente tú pa Rusia / yo te conseguiré el pasaporte”, canta ahora por mariana a Mayakosvki, como si fuera “un gitano de la Plaza Roja”. “Y ahora, por serrana, un poema de uno de Vietnam. La pareja de la guardia civil está ya en la puerta”, bromea. “Los pájaros cansados buscan en el bosque abrigo y una nube solitaria en el cielo se ha perdío”, rezan los Poemas desde la prisión de Ho Chi Minh.

No es cuestión -añade Manuel- de que toda la música tenga que ser reivindicativa -“porque entonces no acabaríamos con la pérdida de derechos que vivimos y muchas letras del disco siguen estando de actualidad”- pero sí echa en falta más cantaores con el compromiso de Chato de las Ventas, de la Niña de los Peines, de Manuel Gerena… “A los que luego el señor Franco machacó”, recuerda.

La guitarra de Pedro Barragán quiere más. La de Rebollar levantó el corazón de más de uno hace rato. ¡Ámonos Rebollasvki!, gritan desde el público. “Mientras haya explotación / hay que luchar contra ella / mientras tú existas tienes / que luchar contra ella”, clama el estribillo de Arriba, versos de la tierra, una mezcla de Bertolt Brecht y Javier Egea.

En el disco han participado, entre otros, Juan Pinilla, Felipe Alcaraz, Salvador Távora -que pone voz a un poema de Lorca- y Aitana Alberti -que pone voz a Marcos Ana-. “No intentamos levantar las masas, simplemente recordar un hecho histórico”, concluye el Cotorro ante un auditorio a los pies de lo que acababan de escuchar. “Se ha hecho corto. Todavía no ha venío la Policía ni ”, se despide el cantaor de 1917, grabado en Sevilla en 2017.

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“Para los anarquistas rusos, el bolchevismo se había convertido en la contrarrevolución”

El historiador Julián Vadillo I La Marea

Numerosos libros se publican (o reeditan) este año, cuando se celebra el primer centenario de la Revolución rusa. Pero pocos tratan el papel que tuvo el anarquismo en la caída del zar y el ascenso de los bolcheviques al poder. Julián Vadillo Muñoz (Madrid, 1981) lo hace en el libro Por el pan, la tierra y la libertad: El anarquismo en la Revolución rusa que edita Volapük Ediciones. El autor, como explica en la introducción, intenta “analizar el anarquismo ruso en su justa medida” y “descifrar qué fue realmente” ya que la eterna “derrota ha conllevado el ostracismo” de los anarquistas. Julián Vadillo recibe a La Marea en la librería libertaria La Malatesta de Madrid.

¿Qué papel tuvieron los anarquistas en la Revolución rusa?
Su papel va creciendo con el paso de los meses. La Revolución de Febrero sorprende al anarquismo cuando la mayoría de sus integrantes está todavía en el exilio. La caída del zar y la proclamación de la república hace que muchos retornen, y los grupos diseminados del anarquismo que se habían mantenido entre 1906 y 1917 se vuelven a reestructurar. Durante ese período surgen medios de comunicación y grupos anarquistas, convirtiendo el anarquismo en un elemento a tener en cuenta aunque va a la zaga de otras organizaciones que sí se habían mantenido más estructuradas como los mencheviques, los bolcheviques y los socialistas revolucionarios. Lo que se pone en liza entre las organizaciones revolucionarias tras la Revolución de Octubre de 1917 es el modelo revolucionario del Partido Bolchevique frente a otro modelo que plantea el anarquismo.

¿Entonces, en la Revolución de Febrero no participaron los anarquistas?
Sí participaron de las movilizaciones aunque solo los pequeños grupos que habían quedado en San Petersburgo, Moscú… pero la Revolución de Febrero no responde a una ideología concreta. Es la propia Revolución y los meses posteriores lo que hace que personas como Volin, Gregori Petrovich Maximov, Piort Archinov… vuelvan a Rusia, y que Néstor Majnó salga de prisión gracias a la amnistía por la proclamación de la república. De esta forma tienen la posibilidad de reestructurar las organizaciones anarquistas rusas.

Afirma que la muerte de Piotr Kropotkin en febrero de 1921, cuatro años después de la Revolución rusa, “fue la muerte del anarquismo ruso”. ¿Acabó la revolución con el anarquismo?
La muerte de Kropotkin significa metafóricamente la muerte del anarquismo: la manifestación por su muerte fue la última gran movilización del anarquismo ruso en el interior. A partir de ese momento los anarquistas rusos se tienen que exiliar, están en las prisiones, en los campos de concentración o directamente han muerto por la guerra civil entre 1917 y 1921. El anarquismo participa y es protagonista de la revolución pero la revolución engulle a muchos de sus protagonistas. Para los anarquistas, en un determinado momento, el bolchevismo no era la revolución sino que se había convertido en la contrarrevolución. La contribución de sangre que tiene el anarquismo respecto a la revolución es muy grande.

Algunos historiadores conservadores como Richard Pipes opinan que la Revolución de Octubre fue un golpe de Estado. ¿Fue una revolución, un golpe de Estado, ambas cosas o ninguna?
No creo que fuese un golpe de Estado sino un proceso revolucionario con una base social muy amplia. Un golpe de Estado conlleva que una minoría tome el poder frente a la mayoría. Es cierto que hay un Gobierno provisional que cae en detrimento de un grupo político concreto —que son los bolcheviques— pero para que hubiese sido un golpe de Estado, ese Gobierno provisional debería haber tenido bases sociales que lo sustentasen. En octubre de 1917, está completamente desacreditado. Hay una dualidad de poder, y los sóviets no están con el Gobierno provisional sino frente a él. Son los sóviets, en los que no solo participan los bolcheviques sino también los anarquistas, los socialistas revolucionarios, los mencheviques… los que están dinamizando el poder. El problema viene porque algunos dirigentes bolcheviques utilizaron la palabra “golpe” para referirse a lo sucedido en octubre de 1917 y eso ha servido para sacar conclusiones, que a mi entender, no se corresponde con los sucesos. Lo que sí existe tras octubre de 1917 es un golpe de mano por parte de los bolchevique que, de manera paulatina, van aplastando a sus rivales políticos hasta exterminarlos del mapa político ya sea físicamente o políticamente.

Al modelo económico denominado por los bolcheviques “comunismo de guerra”, aplicado durante la guerra civil, los anarquistas lo llamaron “capitalismo de Estado”. ¿En qué se diferenciaba la propuesta económica de los anarquistas y la que pusieron en marcha los bolcheviques?
Los bolcheviques, cuando llegan al poder, hacen un plan de nacionalización de la economía. Las fábricas y los campos pasan a ser controlados por el Estado, y éste cede la gestión directa a los trabajadores. Pero es el Estado quien controla el poder económico. Los anarquistas no están de acuerdo con ese modelo porque no creen que el Estado deba controlar nada sino que tiene que desaparecer, y han de ser directamente los productores los que se hagan con el control económico de las fábricas y de los campos. Para ellos, los sóviets son el eje central de la revolución, son los organismos de gestión directa de los trabajadores de la producción. Esa es la gran diferencia. Al acabar la guerra civil, los anarquistas y los socialistas revolucionarios denuncian la imposición de un modelo económico que se aleja del espíritu revolucionario de 1917 y plantean que o se retoma el modelo del poder de los soviets, o acabarán engullidos por la dictadura de un solo partido.

Tras el comunismo de guerra y la Nueva Política Económica, según el discurso oficial soviético, se alcanzó el “socialismo real”. ¿Realmente la URSS fue un modelo socialista?
Se le podría llamar socialismo de Estado aunque es una estatalización de la economía. Incluso la Nueva Política Económica que surge en 1921, que es una mezcla entre el socialismo y el libre mercado, desaparece completamente y los planes quinquenales sirven para la industrialización de la Unión Soviética que, finalmente, se convertirá en una de las potencias industriales del mundo. En ese sentido Stalin sí que tiene éxito pero ¿a qué precio? A partir de 1927, cuando Trotsky es defenestrado, ocurre una transición de una dictadura de partido único a una dictadura unipersonal de Stalin. En 1937, del Comité Central del Partido Bolchevique de 1917 absolutamente todos sus miembros han sido eliminados por Stalin excepto Lenin, que muere en 1924, y Trotsky, que ha huido pero será ejecutado en 1940, con la acusación de ser contrarrevolucionario.

Cuenta en el libro que en 1905 la facción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia intentó “controlar el sóviet” al considerarlo un elemento rival pero, al alcanzar el poder, se autodenominaron soviéticos. ¿Qué eran y en qué se convirtieron los soviets?
La historia de los sóviets es la parte más interesante de la Revolución rusa y una de las más desconocidas. Se conoce como la Revolución soviética pero el sentido que le dan a los sóviets las diversas opciones políticas es diferente. El sóviet nace en febrero de 1905, como cuenta Volin en La revolución desconocida. El Partido Social-Revolucionario es el que impulsa el sóviet, que surge como un organismo obrero que pretende controlar la producción e intentar un modelo económico distinto. No depende de ningún partido ni de ninguna organización. En los años que median entre 1905 y 1908 los bolcheviques no ven a los sóviets como unos aliados sino como unos rivales. Es a partir de esas fechas cuando Lenin, ya en el exilio, ve posible acercar el Partido Bolchevique a los sóviets para intentar medrar dentro. El concepto de sóviet va cambiando. Para los anarquistas y los socialistas revolucionarios de izquierda, los sóviets deben mantenerse como son desde el origen: organismos obreros que intentan controlar la política, la economía y la sociedad sin una correa de transmisión partidista, a disposición de los propios trabajadores. En cambio, los bolcheviques consideran a los sóviets, como a los sindicatos, partes integrantes de su propio partido.

Observo un cierto paralelismo entre los anarquistas ucranianos de Néstor Majnó y los anarquistas españoles en 1936-1937. ¿Qué similitudes y diferencias hubo entre la majnovchina y la Revolución española?
Lo que se produce en España es una lucha de poder por el control del movimiento obrero, entre el PCE y la CNT. Lo que sucede en Ucrania es similar a la situación en España de 1936 porque la influencia del majnovismo y del anarquismo en el movimiento obrero es muy importante. El Partido Bolchevique lo intenta laminar y finalmente Majnó es vencido por la fuerzas de las armas del Ejército Rojo. Majnó intentó pactar con los bolcheviques desde el primer momento en varias ocasiones. Llegaron a tres acuerdos y todos acabaron de la misma manera: ruptura del pacto y represión contra las unidades majnovistas. En uno de esos acuerdos, Majnó intentó que el gobierno de Moscú reconociese la zona libre de Ucrania donde tenía influencia. Majnó conformó un movimiento muy fuerte en Ucrania, y toda la zona este del país estuvo bajo su influencia. Se desarrolló un proceso muy similar al de las colectividades de Aragón y de Cataluña, donde son los sóviets de esa zona los que tienen un control sobre la producción.

Pero pese a ser Majnó anarquista nunca formó parte de la Confederación de Organizaciones Anarquistas Nabat.
Los majnovistas son en esencia anarquistas: Majnó es anarquista, Archinov es anarquista… pero el majnovismo como tal es un movimiento de las masas laboriosas, como ellos mismos dicen. Anatol Gorelik, en El anarquismo en la Revolución rusa, dice que el majnovismo no es anarquista sino que tiene elementos que los une a los anarquistas, y los anarquistas ven en el majnovismo una opción importante para el desarrollo de sus ideas. Aparte está la Confederación Anarquista Nabat, la organización de los anarquistas ucranianos, en la que no está Majnó pero hay una confluencia. Aunque el majnovismo como tal no se defina como anarquista sí es antiautoritario, horizontal, autogestionario y tiene muchos puntos en común con el anarquismo.

La base naval de Kronstadt, “el orgullo y la gloria de la revolución”, según Trotsky, se levantó en marzo de 1921 y fue reprimida por el Ejército Rojo. ¿Se puede considerar un episodio anarquista la revuelta de Kronstadt?
En Kronstadt siempre existió un espíritu anarquista muy importante y fueron los anarquistas los que dinamizaron el soviet de Kronstadt. Efim Yarchuk, uno de los más importantes anarquistas de Kronstadt, es el máximo defensor de la independencia de los sóviets frente a los partidos, y ese fue el espírutu de Kronstadt hasta marzo de 1921. Pero no fue una revuelta anarquista como tal porque no son solo anarquistas los que están en Kronstadt. También hay socialistas revolucionarios y bolcheviques que no están de acuerdo con lo que hacen sus compañeros en el gobierno. Es una revuelta de la izquierda.

¿Cuáles eran las demandas de los marinos de Kronstadt?
Entre las reivindicaciones de Kronstadt están la libertad de prensa, libertad de elección de los soviets, libertad para los anarquistas, libertad para los socialistas revolucionarios y que se vuelva otra vez al espíritu revolucionario de 1917. Hay quien dice que en Kronstadt estaban los contrarrevolucionarios y los mencheviques pero entre las reivindicaciones de Kronstadt no aparece en ningún momento la apertura de la Asamblea Constituyente, que era la gran petición de los mencheviques, ni mucho menos la vuelta al zarismo. Lo que plantea Kronstadt es debatir con los bolchevique la dictadura de un partido o sóviets libres. Mientras los periódicos bolcheviques y Trotsky dicen que los contrarrevolucionarios están detrás, Lenin tiene claro que lo que está pasando en Kronstadt es una revuelta de la izquierda. Y Lenin ve que o se aplasta la sublevación de Kronstadt o puede vencer al Partido Bolchevique, porque es una opción para los trabajadores.

Resulta curioso que Trotsky, quien reprimió la revolución majnochina y la revuelta de Kronstadt, ha pasado a la historia como un ídolo para cierta izquierda revolucionaria antiestalinista.
Trotsky es uno de los grandes ideólogos militares que tiene el Partido Bolchevique y es quien lidera la represión contra los majnovistas. Son las grandes glorias de la revolución como Zinoviev y Mijail Tujachevsky quienes también reprimen de forma virulenta la revuelta de Kronstadt. Incluso la Oposición Obrera dentro del Partido Bolchevique que representaba Aleksandra Kolontái se opone a la revuelta de Kronstadt y considera a los alzados desviacionistas pequeñoburgueses y anarquistas. Trotsky es el represor de Kronstadt pero luego tiene la mala suerte de que pierde la carrera por el poder con Stalin y se tiene que exiliar, y ahí encuentra simpatías en la izquierda. Pero para el anarquismo la imagen de Trotsky es muy negativa porque ha sido su represor. De la misma forma que Lenin no se atrevía a criticar demasiado a los marinos de Kronstadt porque eran “el orgullo y la gloria de la Revolución”, Trotsky en los periódicos sí atizaba a los anarquistas, al majnovismo y a los kronstadianos. En ese sentido, Trotsky es más agresivo que el propio Lenin.

¿Cuál fue la postura de los anarquistas españoles respecto a a la Revolución rusa?
Tras estallar la revolución en 1917, los anarquistas españoles la apoyan. En el Congreso de la CNT de Sants (Barcelona) de 1918 y el Congreso de la Comedia de 1919 hay una disposición de apoyo a la Revolución rusa y la inclusión de forma provisional del sindicato en las estructuras de la III Internacional y en la Internacional Sindical Roja. La CNT decidió ingresar en el Profintern pero mandó delegados al congreso de 1921 en Rusia para ver cómo se estaba desarrollando la revolución. Ángel Pestaña y Gaston Leval, que acudieron a aquel congreso en representación de la CNT, emitieron un informe negativo de lo que sucedía en Rusia al ver que se estaba encarcelando a anarquistas. Al volver a España, Pestaña y Leval afirman que la Revolución rusa no tiene nada que ver con el comunismo que los anarquistas están intentando implantar y tras recibir los informes, la CNT abandona la Internacional Sindical Roja. En 1922 se unirá a la renacida Asociación Internacional de los Trabajadores.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de la Revolución rusa?
Es el acontecimiento más importante del siglo XX, sin ninguna duda, porque marcará un antes y un después en la Historia de la humanidad de la Edad Contemporánea. No se entiende nada sin la Revolución rusa. En un momento histórico complicado como era 1917, en medio de una guerra mundial que estaba desangrando a Europa, hubo un país y una clase obrera que cambiaron el curso de la Historia. Todo se puede cambiar y nada es inamovible.

¿Qué queda del anarquismo hoy en día en Rusia?
Existen organizaciones anarquistas en Rusia, sobre todo en los grandes núcleos como Moscú y San Petersburgo, pero no son muy numerosas. A nivel histórico se recuerda parte del anarquismo aunque está eclipsado por el triunfo de los bolcheviques. En las librerías rusas existen libros sobre el anarquismo, aunque la deformación que se muestra es evidente. La historia del anarquismo ruso está todavía por investigar y por escribirse.

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Recuerdos de Stalin sobre Lenin

Por Oleg K.

Conferencia pronunciada por Stalin, en la Academia del Ejército Rojo “Mijaíl Frunze”, el 28 de Enero de 1924.

Camaradas: 
Me comunicaron que habíais organizado una velada dedicada a la memoria de Lenin y que yo era uno de los oradores que habían sido invitados. Considero que no es preciso hacer una exposición sistematizada de las actividades de Lenin. Creo preferible circunscribirme a una serie de hechos que hagan resaltar ciertas particularidades de Lenin como hombre y como político. Quizá no habrá relación interna entre estos hechos, pero esto no puede tener una importancia decisiva para quien quiera formarse una idea general acerca de Lenin. En todo caso, no tengo apenas, en este momento, la posibilidad de daros más de lo que acabo de prometeros.

El aguila de las montañas
Conocía a Lenin por primera vez en 1903. Por cierto, este conocimiento no fue personal, sino por correspondencia. Pero dejó en mí una impresión indeleble que no se ha borrado en todo el tiempo que llevo actuando en el Partido. Me encontraba entonces en Siberia, deportado. Al conocer la actuación revolucionaria de Lenin en los últimos años del siglo XIX y, sobre todo, después de 1901, después de la publicación de “Iskra”, me convencí de que teníamos en Lenin un hombre extraordinario. No era entonces a mis ojos un simple jefe del Partido; era un verdadero creador, porque sólo el comprendía la naturaleza misma y las necesidades urgentes de nuestro Partido. Cuando lo comparaba con los otros jefes de nuestro Partido, me parecía siempre que los compañeros de lucha de Lenin -Plejánov, Mártov, Axelrod y otros -estaban a cien codos por debajo de él; que Lenin, en comparación con ellos, no era simplemente uno de los dirigentes, sino un jefe de tipo superior, un águila de las montañas, sin miedo en la lucha y llevando tenazmente el Partido hacia adelante, por el camino aún inexplorado del movimiento revolucionario ruso. Esta impresión había acabado por penetrar tan hondamente en mi alma, que sentí la necesidad de escribir a este respecto a un íntimo amigo mío, emigrado en el extranjero, pidiéndole su opinión.

Al cabo de algún tiempo, cuando ya estaba deportado en Siberia -era a fines de 1903-, recibió una contestación entusiasta de mi amigo, así como una carta sencilla, pero profunda, escrita por Lenin, a quien mi amigo había enseñado mi propia carta. La esquela de Lenin era relativamente corta, pero contenía una crítica audaz y valiente de las actividades prácticas de nuestro Partido, así como un exposición magníficamente clara y concisa de todo el plan de trabajo del Partido para un porvenir próximo. Sólo Lenin sabía escribir sobre las cuestiones más complejas con tanta sencillez y claridad, concisión y audacia, que sus frases parecían no que hablaban, sino que disparaban. Esta pequeña carta, sencilla y audaz, me convenció más todavía de que teníamos en Lenin el águila de las montañas de nuestro Partido.

No puedo perdonarme el haber quemado aquella carta de Lenin, así como muchas otras, siguiendo la costumbre de viejo militante en la ilegalidad.
De aquel momento datan mis relaciones con Lenin.


La modestia
Me encontré por primera vez con Lenin en diciembre de 1905, en la Conferencia bolchevique de Tammerfors (Finlandia). Esperaba ver al águila de nuestro Partido, al gran hombre, grande no sólo desde el punto de vista político, sino también , si queréis, desde el punto de vista físico, porque me presentaba a Lenin como un gigante de apostura imponente y majestuosa. Muy grande fue mi decepción cuando vi a un hombre completamente sencillo, de estatura menos que mediana, y que no se diferenciaban en nada, absolutamente en nada, de los demás mortales…

Es costumbre que un “gran hombre” debe llegar tarde a las reuniones, mientras los asistentes esperan su aparición con el corazón anhelante; que, cuando va a aparecer el gran hombre, los miembros de la reunión avisen: ¡Tss…, silencio, ya viene!

Me parecía que esta ceremonial no era superfluo, que se imponía, que inspiraba respeto. Muy grande fue mi decepción cuando supe que Lenin había llegado a la reunión antes que los delegados y que, retirado en un rincón, proseguía, sin afectación alguna, la más corriente de las conversaciones con los delegados más sencillos de la Conferencia. No niego que esto me pareció entonces cierta violación de algunas normas imprescindibles.

Sólo más tarde comprendí a esta sencillez y esta modestia de Lenin, este deseo de pasar inadvertido, o, en todo caso, de no llamar la atención, de no subrayar su alta posición, eran rasgos que constituían uno de los lados más fuertes de Lenin, como nuevo jefe de las nuevas masas, de las masas sencillas y corrientes de las capas más “bajas” y profundas de la Humanidad.

 Resultado de imagen de Fotos de Lenin y Stalin
 
La fuerza de la lógica
Magníficos fueron los dos discursos que Lenin pronunció en esta Conferencia: sobre los problemas del momento y sobre la cuestión agraria. Por desgracia, no han sido conservados. Fueron unos discursos inspirados, que encendieron en clamoroso entusiasmo a toda la Conferencia. La extraordinaria fuerza de convicción, la sencillez y la claridad de los argumentos, las frases breves e inteligibles para todos, la falta de afectación, de gestos teatrales y de frases efectistas, dichas para producir imprevisión; todo ellos distinguía favorablemente los discursos de Lenin de los discursos de los oradores “parlamentarios” corrientes.

Pero no fue este aspecto de los discursos de Lenin lo que me cautivó entonces, sino la fuerza invencible de su lógica, que no poco secamente, pero en cambio a fondo se adueña del auditorio, lo electriza poco a poco y después lo cautiva, como suele decirse, sin reservas. Recuerdo que muchos de los delegados decían: La lógica en los discursos de Lenin es como tentáculos poderosos que le atenazan a uno por todos los lados y de los que no hay modo de librarse; hay que rendirse o sufrir un fracaso completo.

Creo que esta particularidad de los discursos de Lenin es el aspecto más fuerte de su arte oratorio.



Sin lloriqueos
Encontré a Lenin por segunda vez en 1906, en Estocolmo en el Congreso de nuestro Partido. Se sabe que en este Congreso los bolcheviques quedaron en minoría y sufrieron una derrota. Por vez primera vi a Lenin en el papel de derrotado. No se parecía en un ápice a esos jefes que, después de una derrota, lloriquean y pierden el ánimo.

Al contrario, la derrota hizo a Lenin centuplicara su energía, impulsando a sus partidarios hacia los nuevos combates, hacia la victoria futura. Hablo de la derrota de Lenin. Pero ¿cuál era su derrota? Había que ver a los adversarios de Lenin, a los vencedores del Congreso de Estocolmo, a Plejánov, Axelrod, Mártov y los demás: no parecían, ni mucho menos, verdaderos vencedores, porque Lenin, con su crítica implacable del menchevismo, no les dejó, como se suele decir, ni un hueso sano.

Me acuerdo de cómo nosotros, delegados bolcheviques, apretándonos en torno suyo, mirábamos a Lenin y le pedíamos que nos aconsejara. En los discursos de algunos delegados se revelaba el cansancio, el desánimo. Me acuerdo de cómo Lenin, contestando a aquellos discursos, murmuró entre dientes y en tono mordaz: “No lloriqueéis, camaradas, venceremos sin duda ninguna, porque tenemos razón”. El odio a los intelectuales llorones, la fe en las fuerzas propias, la fe en la victoria; de todo esto nos hablaba entonces Lenin. Se advertía que la derrota de los bolcheviques era pasajera, que los bolcheviques habían de vencer en su porvenir muy próximo.

“No lloriquear en caso de derrota”. Es precisamente este aspecto particular de la actividad de Lenin lo que le permitió agrupar en torno suyo un ejército afecto hasta el final de la causa, y lleno de fe en sus propias fuerzas.

Sin presunción
En el Congreso siguiente, en 1907, en Londres, fueron los bolcheviques quienes obtuvieron la victoria. Vi entonces por primera vez a Lenin en el papel de Vencedor. Generalmente, la victoria embriaga a cierta clase de jefes, les llena de vanidad, los hace presuntuosos. En la mayoría de tales casos, se ponen a cantar victoria y a descansar sobre sus laureles. Pero Lenin no se parecía en un ápice a esta clase de jefes.

Al contrario, era precisamente después de la victoria cuando mantenía una vigilancia particular y permanecía en guardia. Recuerdo que Lenin repetía entonces con insistencia a los delegados: Primero, no dejarse embriagar por la victoria, ni tampoco envanecerse de ella; segundo, consolidar el éxito obtenido; tercero, acabar con el enemigo, porque solamente está vencido, pero todavía no aniquilado”. Se burlaba mordazmente de los delegados que afirmaban ligeramente que “se había acabado para siempre con los mencheviques”. No le resultaba difícil demostrar que los mencheviques tenían todavía raíces en el movimiento obrero y que había que combatirles con habilidad, evitando sobreestimar las fuerzas propias y, sobre todo, menospreciar las del enemigo.

“No envanecerse con la victoria”. Es precisamente este rasgo particular del camarada Lenin el que le permitía valorar con lucidez las fuerzas del enemigo y asegurar al Partido contra cualquier sorpresa.


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Fidelidad a los principios
Los jefes de un partido no pueden dejar de valorar la opinión de la mayoría de su partido. La mayoría es una fuerza con la cual un jefe no puede dejar de contar. Lenin lo comprendía tan bien como cualquier otro dirigente del Partido. Pero Lenin nunca fue prisionero de la mayoría de los intereses momentáneos del Partido si chocaban con los intereses fundamentales del proletariado.

En tales casos, Lenin, sin vacilar, se ponía al lado de los principios en contra de la mayoría del Partido. Más aún, no temía en casos semejantes intervenir literalmente solo contra todos, estimando, como decía a menudo, que “una política de principios es la única política certera”.

Los dos hechos siguientes son particularmente característicos a este respecto:

Primer hecho: Era durante el período de 1909 a 1911, cuando el Partido, deshecho por la contrarrevolución, estaba en plena descomposición. Era el período en que nadie tenía fe en el Partido, en que no sólo los intelectuales, sino en parte los obreros, desertaban en masa del Partido; período en que se rechazaba toda actividad clandestina, período del liquidacionismo y del desmoronamiento. No sólo los mencheviques, sino también los bolcheviques, estaban divididos entonces en una serie de fracciones y de corrientes distintas, desvinculadas en su mayoría del movimiento obrero. Se sabe que es precisamente en aquel período cuando nació la idea de liquidarse enteramente las actividades clandestinas del Partido, de organizar a los obreros en un partido legal, liberal, stolypiniano. Lenin fue entonces el único que no se dejó ganar por el contagio y que mantuvo en alto la bandera del Partido, reuniendo, con una paciencia asombrosa, con un tesón sin precedentes, las fuerzas del partido dispersas y deshechas, combatiendo en el interior del movimiento obrero todas las tendencias hostiles al Partido, defendiendo el principio del Partido con un valor extraordinario y una perseverancia increíble.

Es sabio que, más tarde, Lenin salió vencedor de aquella lucha por el mantenimiento del principio del Partido.

Segundo hecho: Era en el período de 1914 a 1917, en plena guerra imperialista, en el momento en que todos los partidos socialdemócratas y socialistas, o caso todos, llevados por el delirio patriotero general, se había puesto al servicio del imperialismo de sus respectivos países. Era el período en que la II Internacional inclinaba sus banderas ante el capital, en que incluso hombres como Plejánov, Kautski, Guesde, etc., no resistieron a la oleada de chovinismo. Lenin fue entonces el único hombre, o casi el único, que emprendió decididamente la lucha contra el socialchovinismo y el socialpacifismo, puso al desnudo la traición de los Guesde y de los Kautski y estigmatizó la indecisión de los “revolucionarios” que nadaban entre dos aguas. Lenin comprendía que sólo le seguía una insignificante minoría, pero para él aquello no tenía una importancia decisiva, porque sabía que la única política certera, de cara al porvenir, era la del internacionalismo consecuente; porque sabía que la política de principios era la única política acertada.

Se sabe que en aquella lucha por una nueva Internacional, Lenin resultó también vencedor.
“Una política de principios es la única política certera”. Tal era precisamente la fórmula con ayuda de la cual Lenin tomaba por asalto las nuevas posiciones “inexpugnables”, ganando para el Marxismo a los mejores elementos del proletariado.

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La fe en las masas
Los teóricos y los jefes de partidos que conocen la historia de los pueblos y que han estudiado detalladamente, desde el principio hasta el final, la de las revoluciones, a veces, padecen una enfermedad indecorosa. Esta enfermedad es el temor a las masas, a la falta de fe en el poder creador de las masas lo que, a veces, origina en los jefes cierto aristocratismo con respecto a las masas poco iniciadas en la historia de las revoluciones, pero llamada a destruir lo viejo y a construir lo nuevo. El temor de que los elementos se desencadenan, de que las masas “puedan demoler demasiado”, el deseo de representar el papel de ayas, esforzándose en instruir a las masas por medio de libro, pero sin el deseo de instruirse cerca de estas masas, éste es el fondo de tal aristocratismo.

Lenin era todo lo contrario de semejantes jefes. No conozco a ningún revolucionario que haya tenido una fe tan profunda como Lenin en las fuerzas creadoras del proletariado y en el acierto revolucionario de su instinto de clase; no conozco a ningún revolucionario que haya sabido, como Lenin, flagelar tan implacablemente a los críticos ultrapedantes del “caos de la revolución” y de la “bacanal de los actos espontáneos de las masas”. Recuerdo cómo, durante una conversación, Lenin replicó sarcásticamente a un camarada que había dicho que “después de la revolución debía establecerse un orden normal”: “Es una desgracia que los que desean ser revolucionarios olviden que el orden más normal en la historia es el de la revolución”.

De aquí su desdén hacia todos los que se comportaban de una manera altiva con las masas e intentaban instruirlas por medio de libros. Es por esto por lo que Lenin repetía incansablemente que había que aprender de las masas, comprender el sentido de sus acciones, estudiar atentamente la experiencia práctica de su lucha.

La fe en las fuerzas creadoras de las masas: tal es el aspecto particular de las actividades de Lenin, que le daba las posibilidades de comprender la significación del movimiento espontáneo de las masas y de orientarlo por el cauce de la revolución proletaria.

El genio de la revolución
Lenin había nacido para la revolución. Fue realmente el genio de las explosiones revolucionarias y el gran maestro en el arte de dirigir las revoluciones. Nunca se sentía tan a gusto, tan feliz, como en la época de las conmociones revolucionarias.

Pero no quiero decir con ello, en modo alguno, que Lenin aprobara en la misma medida tal conmoción revolucionaria, ni que se pronunciara siempre y en cualquier circunstancia a favor de las explosiones revolucionarias. De ningún modo. Quiero decir solamente que nunca la perspicacia de Lenin se manifestaba con tanta plenitud, con tanta precisión, como en los momentos de explosiones revolucionarias. En los días de virajes revolucionarios florecía literalmente, adquiría el don de la doble vista, adivinaba con anticipación el movimiento de las clases y los zigzags probables de la revolución como si los leyese en la palma de la mano. Con razón se decía en el Partido: “Ilich sabe nadar en las oleadas de la revolución como el pez en el agua”.

De aquí la claridad “asombrosa” de las consignas tácticas de Lenin y la audacia “vertiginosa” de sus planes revolucionarios.

Dos hechos particularmente característicos y que subrayan aquella peculiaridad de Lenin me vienen ahora a la memoria.

Primer hecho: Era la víspera de la Revolución de Octubre, cuando millones de obreros, campesinos y soldados, empujados por la crisis en la retaguardia y en el frente, exigían la paz y la libertad; cuando los generales y la burguesía preparaban la instauración de una dictadura militar, con objeto de llevar la guerra “hasta el final”; cuando Kerenski intentaba hundir al Partido Bolchevique en la ilegalidad y lo había conseguido en parte; cuando los ejércitos, todavía poderosos y disciplinados, de la coalición austro-alemana se erguía frente a nuestros ejércitos cansados y en estado de descomposición, y los “socialistas” de la Europa occidental según manteniendo tranquilamente el bloque con sus gobiernos, con objeto de proseguir “la guerra hasta la victoria completa”…

¿Qué significaba desencadenar una insurrección en aquel momento? Desencadenar una insurrección en tales condiciones, era arriesgarlo todo. Pero Lenin no temía arriesgarlo, porque sabía y veía con su mirada clarividente que la insurrección en Rusia pondría en pie a las masas agotadas de Occidente, que la insurrección en Rusia transformaría la guerra imperialista en guerra civil, que de esta insurrección nacería la República de los Soviets, que la República de los Soviets serviría de baluarte al movimiento revolucionario en el mundo entero.

Se sabe que aquella previsión revolucionaria de Lenin se cumplió luego con una precisión sin par.

Segundo hecho: Era en los primeros días que siguieron a la Revolución de Octubre, cuando el Consejo de Comisarios del Pueblo intentaba obligar al general rebelde Dujonin, generalísimo de los ejércitos rusos, a suspender las hostilidades y entablar negociaciones con los alemanes con vistas a un armisticio. Recuerdo cómo Lenin, Krilenko (el futuro jefe supremo) y yo nos fuimos al Estado Mayor Central de Petrogrado para ponernos en comunicación con Dujonin por cable directo. Era un momento angustioso. Dujonin y el Gran Cuartel General se habían negado categóricamente a cumplir la orden del Consejo de Comisarios del Pueblo. El cuadro de mando del ejército se encontraba enteramente en manos del Gran Cuartel General,. En cuanto a los soldados, se ignoraba lo que diría aquel ejército de doce millones de hombres sometidos a las llamadas organizaciones del ejército, que eran hostiles al Poder de los Soviets. En Petrogrado mismo, como se sabe, se incubaba entonces la insurrección de los alumnos de las escuelas de guerra. Además, Ketenski avanzaba en tren de guerra sobre Petrogrado. Recuerdo que, después de un momento de silencio junto al aparato, el rostro de Lenin se iluminó de no sé qué luz extraordinaria. Se veía que Lenin había tomado ya una decisión. “Vamos a la emisora de radio, dijo Lenin, nos presentará un buen servicio; destituiremos, por orden especial, al general Dujonin; en su lugar nombraremos al camarada Krilenko jefe supremo y nos dirigiremos a los soldaos por encima de los mandos, exhortándoles a aislar a los generales, a cesar las hostilidades, a entrar en contacto con los soldados austroalemanes y a tomar la causa de la paz en manos propias”.

Era un “salto en lo desconocido”. Pero Lenin no tenía miedo a aquel “salto”; al contrario, se anticipaba a él, porque sabía quem ejército quería la paz y que la conquistaría barriendo todos los obstáculos puestos en su camino, porque sabía que aquel medio de establecer la paz tendría repercusión sobre los soldados austroalemanes y reavivaría el deseo de paz en todos los frentes sin excepción.

Es sabido que también aquella previsión revolucionaria de Lenin se cumplió más tarde con plena exactitud.

Una perspicacia genial, una facultad de comprensión, de adivinar rápidamente el sentido profundo de los acontecimientos inminentes; tales eran precisamente las cualidades propias de Lenin que le permitían elaborar una estrategia certera y una línea de conducta clara en los virajes del movimiento revolucionario.

Fuente:
“Pravda”. Traducción Rosario Bruno.

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Discurso de Stalin al fallecimiento del camarada Lenin

Discurso del camarada Stalin, pronunciado en el 2º Congreso de los Soviets de la URSS, tras el fallecimiento del camarada Lenin.
26 de Enero de 1924.
CAMARADAS:
 
Nosotros, los comunistas, somos hombres de un temple especial. Estamos hechos de una trama especial. Somos los que forman el ejército del gran estratega proletario, el ejército del camarada Lenin. No hay nada más alto que el honor se pertenecer a este ejército. No hay nada superior al título de miembro del Partido, cuyo fundador y jefe es el camarada Lenin.
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No es dado a todos ser miembros de tal Partido. Los hijos de  la clase obrera, los hijos de la miseria y de la lucha, los que sufren las privaciones más duras y realizan los esfuerzos más heroicos, éstos son los que, ante todo, deben ser miembros de este Partido. Es por esto por lo que el Partido de los leninistas, el Partido de los comunistas se llama el Partido de la clase obrera.

AL DEJARNOS, EL CAMARADA LENIN NOS LEGO EL DEBER DE MANTENER EN ALTO Y CONSERVAR  EN TODA SU PUREZA EL GRAN TITULO DE MIEMBRO DEL PARTIDO. 
 
¡TE JURAMOS, CAMARADA LENIN, QUE EJECUTAREMOS CON HONOR ESTE MANDATO!
 
Durante 25 años, el camarada Lenin educó a nuestro Partido e hizo de él el Partido obrero más sólido y mejor templado del mundo. Los golpes del zarismo y de sus pretorianos, la rabia furiosa de la burguesía y de los terratenientes, los asaltos amados de Kolchak y de Denikin, la intervención armada de Inglaterra y de Francia, las mentiras y las calumnias de la prensa burguesa y de sus innumerables órganos, todos a lo largo de un cuarto de siglo. Pero nuestro Partido seguía erguido como una roca, rechazando los golpes innumerables de sus enemigos y llevando a la clase obrera adelante, hacia la victoria. Es en combates duros en los que nuestro Partido forjó la unidad y la cohesión de sus filas. Y gracias a esa unidad y a esa cohesión consiguió vencer a los enemigos de la clase obrera.

AL DEJARNOS, EL CAMARADA LENIN NOS LEGO EL DEBER DE VELAR POR LA UNIDAD DE NUESTRO PARTIDO COMO POR LAS NIÑAS DE NUESTROS OJOS. 
 
¡TE JURAMOS, CAMARADA LENIN, QUE EJECUTAREMOS CON HONOR TAMBIÉN ESTE MANDATO!
 
El destino de la clase obrera es penoso, insoportable. Pesados y crueles son los sufrimientos de los trabajadores. Esclavos y amos, siervos y señores, campesinos y terratenientes, obreros y capitalistas, oprimidos y opresores; es así como estaba constituido el mundo durante siglos, y así como sigue todavía hoy en la enorme mayoría de los países. Decenas y centenas de veces, los trabajadores intentan, en el curso de los siglos, librase de la dominación de sus opresores y hacerse dueños de sus destinos. Pero cada vez, vencidos y humillados, tuvieron que batirse en retirada y guardar en el fondo del corazón la humillación y la ofensa, la desesperación y la ira; levantar los ojos hacia el cielo desconocido donde esperaban encontrar la salvación. Las cadenas de la esclavitud quedaban enteras  eran reemplazadas por otras, igualmente pesadas y humillantes. Es solamente en nuestro país donde las masas trabajadoras oprimidas y aplastadas consiguieron librarse de la dominación de los terratenientes y de los capitalistas y reemplazarla por la de los obreros y los campesinos, Vosotros sabeís, camaradas, y el mundo entero lo reconoce hoy, que aquella lucha gigantesca fue dirigida por el camarada Lenin y su Partido. 
 
La grandeza de Lenin consiste, ante todo, en haber mostrado concretamente a las masas oprimidas del mundo entero, al crear la República de los Soviets, que la esperanza en la salvación no está perdida, que la dominación de los terratenientes y de los capitalistas no es eterna, que el reino del trabajo puede ser creado por los esfuerzos de los mismos trabajadores u que es preciso instituirlo en la tierra y no en el cielo. Con esto, encendió el ánimo de los trabajadores y de los campesinos del mundo entero con la esperanza de la liberación. Es lo que explica que el nombre de Lenin se haya convertido en el nombre más querido de las masas trabajadoras y explotadas.

AL DEJARNOS, EL CAMARADA LENIN, NOS LEGÓ EL DEBER DE CONSERVAR Y FORTALECER LA DICTADURA DEL PROLETARIADO. 
 
¡TE JURAMOS, CAMARADA LENIN, QUE NO ESCATIMAREMOS ESFUERZOS PARA EJECUTAR CON HONOR TAMBIÉN ESTE MANDATO!
 
La dictadura del proletariado se ha creado en nuestro país sobre la base de la alianza de los obreros y campesinos. Es la base primera y fundamental de la República de los Soviets. Los obreros y los campesinos no hubieran podido vencer a los capitalistas y a los terratenientes sin esa alianza. Los obreros no hubieran podido vencer a los capitalistas, sino hubieran podido vencer a los terratenientes, si no hubieran sido dirigidos por los obreros. Toda la historia de la guerra civil en nuestro país lo atestigua. Pero la lucha por el fortalecimiento de de la República de los Soviets está lejos de haber terminado, sino que solamente ha adoptado una forma nueva. Antes, la alianza de los obreros y de los campesinos consistía en una alianza militar, porque iba dirigida contra Kolchak y Denikin. Ahora, la alianza de los obreros y de los campesinos debe tomar la forma de una colaboración económica entre la ciudad y el campo, entre obreros y campesinos, porque esta alianza va dirigida contra el mercader y el kulak, porque tiene como finalidad el abastecimiento mutuo de los campesinos y de los obreros en todo lo que les es preciso. Vosotros sabeís que nadie como el camarada Lenin persiguió esta tarea con todo tesón.

AL DEJARNOS, EL CAMARADA LENIN NOS LEGO EL DEBER DE AFIANZAR CON TODAS NUESTRAS FUERZAS LA ALIANZA DE LOS OBREROS Y CAMPESINOS. 
 
¡TE JURAMOS, CAMARADA LENIN, QUE EJECUTAREMOS CON HONOR IGUALMENTE ESTE MANDATO!


La según da base de la República de los Soviets es la alianza de los trabajadores de las diferentes nacionalidades que componen nuestro país. Rusos y ucranianos, bashkirios y bielorusos, georgianos y azerbaiyanos, armenios y daguestanes, tártaros y kirguizes, uzbecos y turcomanos, todos interesados por igual en el reforzamiento de la dictadura del proletariado. Es que no sólo la dictadura del proletariado libera a estos pueblos de sus cadenas y de su yugo, sino que también ellos, con su devoción absoluta a la República de los Soviets y su fidelidad abnegada por ella, la protege contra las maquinaciones e intentonas de los enemigo de la clase obrera. Por esto es por lo que el camarada Lenin nos hablaba insistentemente de la necesidad de una alianza voluntaria y libre entre los pueblos de nuestro país, de la necesidad de su colaboración fraternal dentro del marco de la Unión Soviética.

AL DEJARNOS, EL CAMARADA LENIN NOS LEGÓ EL DEBER DE REFORZAR Y DESARROLLAR LA UNIÓN DE LAS REPÚBLICAS SOVIÉTICAS. 
 
¡TE JURAMOS, CAMARADA LENIN, QUE EJECUTAREMOS CON HONOR TAMBIÉN ESTE MANDATO!

La tercera base de la dictadura del proletariado es nuestro Ejército Rojo, es nuestra Flota Roja. Más de una vez nos repitió Lenin que la tregua que hemos arrancado a los Estados capitalistas puede ser de corta duración. Lenin no indicó repetidas veces que el fortalecimiento del Ejército Rojo y su perfeccionamiento constituyen una de las tareas esenciales de nuestro Partido. Los acontecimientos relacionados con el ultimatun de Curzon y la crisis en Alemania ha confirmado una vez más que Lenin, como siempre, tenía razón. Juremos, pues, camaradas, que no escatimaremos esfuerzos para fortalecer nuestro Ejército Rojo y nuestra flota Roja.
 
Nuestro país se yergue como una formidable roca en medio del océano de los Estados burgueses. Oleada tras oleada caen sobre él y amenazan sumergirle y arrasarlo. Pero la roca permanece inquebrantable. ¿En qué reside su fuerza? No solamente en que nuestro país descansa sobre la alianza de los obreros y de los campesinos en que encarna la alianza de libres nacionalidades y está defendido por el brazo poderoso del Ejército Rojo y de la Flota Roja. La fuerza de nuestro país, su potencia , su solidez residen en la profunda simpatía y en el apoyo inquebrantable que encuentra en el corazón de los obreros y campesinos del mundo entero. Los obreros y campesinos de todo el mundo quieren mantener la República de los Soviets, como flecha lanzada por la mano segura del camarada Lenin en el campo enemigo, como base de su esperanza en liberarse de la opresión y de la explotación, como faro fiel que les indica el camino de la liberación. Quieren mantenerla u no permitirán a los terratenientes y a los capitalistas que la destruyan. En esto es donde reside nuestra fuerza. Es esta la fuerza de los trabajadores de todos los países. Es esta también la debilidad de la burguesía del mundo entero.
 
Nunca consideró Lenin a la República de los Soviets como una finalidad en sí. Siempre consideró como un eslabón indispensable para reforzar el movimiento revolucionario en los países de Occidente y de Oriente, como un eslabón indispensable para facilitar la victoria de los trabajadores del mundo entero sobre el capital. Lenin sabía que sólo tal concepción era acertada, no solamente desde el punto de vista internacional, sino también desde el punto de vista del mantenimiento de la República de los Soviets misma. Lenin sabía que éste era el único medio de encender el ánimo de los trabajadores del mundo entero para las batallas decisivas por su liberación. Es por esto por lo que Lenin, el jefe más genial entre los jefes geniales del proletariado, sentó, el día siguiente mismo de la instauración de la dictadura del proletariado, las bases de la Internacional de los obreros. Es por esto por lo que no se cansaba de ensanchar y de reforzar la unión de los trabajadores del mundo entero, la Internacional Comunista.
 
Habeís visto, durante estos últimos días, la peregrinación de decenas y centenas de millones de trabajadores que vivieron as saludar los restos mortales de Lenin. Dentro de algún tiempo, vereís la peregrinación, ante su tumba, de representaciones de millones de trabajadores. Podeís estar seguros de que, después de estos representantes de millones de trabajadores, vendrán luego de todos los rincones del globo, representantes de decenas y centenas de millones de hombres, para atestiguar que Lenin fue el jefe no sólo del proletariado ruso, no sólo de los obreros europeos, no sólo de los trabajadores de las colonias de Oriente, sino de toda la Humanidad trabajadora del Globo.

AL DEJARNOS, EL CAMARADA LENIN NOS LEGO EL DEBER DE PERMANECER FIELES A LOS PRINCIPIOS DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA 
 
¡TE JURAMOS, CAMARADA LENIN, QUE NO REGATEAREMOS NUESTRA VIDA PARA FORTALECER Y EXTENDER LA UNIÓN DE LOS TRABAJADORES DEL MUNDO ENTERO, LA INTERNACIONAL COMUNISTA!
 
Fuente:
“Pravda”
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Las ideas de Lenin en el arte proletario

Por La Unión de Oficiales de la Unión Soviética.
 
Uno de los monumentos más inusuales dedicados a Vladimir Ilich Ulianov “Lenin”, se encuentra en la localidad de Vohzneshenie, que se extiende a ambos lados del río Svir en Podporozhye, provincia de Leningrado. 
El monumento tiene 2,5 metros de altura, desde el busto, sobre los volúmenes inmortales de “El Capital” y las obras propias de Lenin.
La escultura fue realizada en los primeros días del poder soviético, por los obreros del Soviet de los talleres del astillero de Vohzneshenie.
Refleja, la fuerza de las ideas y su culminación práctica. Su plasmación por el proletariado que camina hacia el futuro, por una sociedad que marcha hacia el comunismo.
El conjunto escultórico fue remodelado en los años 60.

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