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Ecuador se suma a la lista de gobiernos de izquierda ‘sospechosos’ en Latinoamérica

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Es difícil calcular cuántas veces se habrá proyectado la sombra de la duda sobre el resultado electoral de un país latinoamericano. Sobre todo si el vencedor representa a una opción política de izquierda. Ocurre en Venezuela, en Bolivia, en Uruguay, en Argentina, en Brasil y, por supuesto, en Ecuador. De hecho, cuestionar el triunfo de un candidato progresista en América Latina forma parte de la crónica negra ya no solo de las corrientes de opinión más neoliberales del continente americano sino también de un importante sector de la prensa española que desde hace algunos años ha desarrollado un instinto especulador con la verdad de los movimientos de izquierda con ambiciones de poder que brotan en nuestro entorno cercano. Hay muchos ejemplos pero el caso de Venezuela es el más insistente. En España es una cuestión de Estado y, por extensión, implica a aquellos líderes regionales que se animen a pedir en público un poco de respeto hacia el proceso político bolivariano.

Algo de eso le ha comenzado a suceder al nuevo presidente de Ecuador, Lenín Moreno, a quien el exiguo margen de su victoria sobre el banquero Guillermo Lasso, poco más de tres puntos porcentuales y 200.000 votos, le ha acarreado digerir el resultado entre acusaciones de fraude y brotes de violencia desmedida. En la calle 6 de Diciembre de Quito, el lugar donde se encuentra la sede central del Consejo Nacional Electoral ecuatoriano (CNE), cientos de simpatizantes de la opción conservadora derrotada clamaban contra un resultado que consideraban como la prueba de que Ecuador va camino de convertirse en otro Leviatán latinoamericano como ya lo es Venezuela. El propio Lasso apelaba en las redes sociales a la manipulación de actas electorales detectada por sus observadores para justificar una lucha destinada “a recuperar la libertad, la democracia y la prosperidad”, se supone que secuestrada por una década de “correísmo”. Suele decirse que, por mucho que se repita una mentira, esta no se convierte en verdad, pero parece claro que, si una consigna tan nítida como la del banquero guayaquileño se repite día y noche existe un serio riesgo de que acabe representando la realidad para mucha gente.

De manera que impugnando en esos términos el reconocimiento del triunfo de Lenín Moreno, la derecha oligárquica ecuatoriana parece decidida a transformar el país en un escenario bélico y las principales avenidas de sus ciudades, a tenor de lo visto la pasada noche por televisión, en una especie de Madison Square Garden en horario non stop. Buena parte de los españoles que migraron a Ecuador para sofocar el duro castigo infringido por la crisis financiera de 2008 comparten dos certezas sobre esta paradójica situación. La primera es que el país andino tiene una herida sin cerrar con su pasado reciente, el diabólico feriado bancario que entre 1999 y 2001 condenó al exilio a casi el 20% de la población y en el que Guillermo Lasso, como superministro de Economía y Energía del gobierno neoliberal de Jamil Mahuad, jugó un papel estelar.

La segunda certeza es que pese a las profundas desavenencias surgidas en el interior del movimiento de amplio espectro que en 2007 impulsó a Rafael Correa a la presidencia del país, la mayoría del pueblo ecuatoriano está prevenido ante determinados personajes como Lasso, capaces de envenenar con su presencia cualquier alternativa de cambio al modelo actualmente en vigor. Los datos están ahí: en 10 años de Revolución Ciudadana, la pobreza en Ecuador ha disminuido 13 puntos, la desigualdad 27, la economía ha crecido a un promedio anual del 3,9% y el paro es el más bajo de Latinoamérica. Además, las infraestructuras construidas durante este tiempo son la envidia de la región y la normalidad institucional está presente en casi todos los rincones del país.

También es cierto que varios acontecimientos ocurridos en los últimos años, como la liquidación de la iniciativa antiextractivista en la selva del Yasuní y los ásperos enfrentamientos mantenidos con algunas organizaciones sociales e indígenas que resultaron indispensables en el triunfo de Alianza País revitalizó a los sectores más conservadores del país convencidos de que, esta vez sí, contaban con la fuerza necesaria para retomar las riendas del poder del que fueron desterrados hace una década. Tanto es así que en un giro copernicano la izquierda ecuatoriana no “correísta” pidió el voto para el más genuino representante político del capital financiero que hay en el país. Una fórmula repetida por Lasso hasta el último día de su campaña: aperturismo económico y desregulación de los mercados, combate a muerte al déficit fiscal mediante la reducción del Estado y recortes de la protección social, congelación salarial y eliminación de impuestos. Es decir, neoliberalismo puro en un país que ya vivió ese modelo con resultados dramáticos. Todo un contrasentido inexplicable que puede acarrear consecuencias demoledoras para ese sector de la izquierda ecuatoriana que hace años que rompió relaciones con el Estado.

Decía García Márquez, hablando de las leyes del periodismo, que una gota de ficción contamina un océano de realidad. Pues bien, unos líderes iracundos y tan infantiles como su propia incapacidad para valorar el significado del voto nulo en respuesta crítica a la política oficial han estado a punto de destrozar un proceso donde aún existen ventanas abiertas para la profundización de la justicia social. Es verdad que en el periodo de cuatro años que ahora comienza, el nuevo presidente, Lenín Moreno, tiene todo por demostrar y que la comparación con Rafael Correa puede ser tremenda pero ya ha enviado mensajes comprometiéndose a rebajar la tensión que había brotado en los últimos años de mandato de su antecesor.

La izquierda crítica ecuatoriana tampoco puede ser tan ingenua y pensar hoy que Guillermo Lasso iba a aceptar su derrota como sueñan los personajes de las novelas de Luis Landero cuando son jóvenes y todavía conservan sus utopías en estado puro. La verdad es que el multimillonario guayaquileño ha hecho lo que la derecha local y regional exige a un personaje con su reputación y su dinero. Es decir: “Pedir a todos, pacíficamente, que sigamos en las afueras de nuestra delegación del CNE exigiendo transparencia” y “viajaré hoy a Quito para defender la voluntad de los ecuatorianos. Además, estaremos con la prensa internacional denunciando lo ocurrido”, según implora desde las redes sociales. De confirmarse su presencia en la capital, el caso podría acaparar estudios de investigación en un futuro no muy lejano como signo inequívoco de los nuevos tiempos: uno de los banqueros más poderosos de Ecuador cobijado dentro de una tienda de campaña para protestar por un presunto fraude electoral. A la vista de las expectativas creadas en las semanas previas a los comicios del domingo parece que la reacción de Lasso responde más a un intento burdo de encender a sus seguidores que a una forma heroica de defender la democracia. 

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Lenín Moreno gana las elecciones presidenciales en Ecuador entre acusaciones de fraude

El candidato Lenín Moreno I La Marea

El candidato de Alianza País, Lenín Moreno, se ha impuesto en las elecciones presidenciales celebradas en Ecuador, con una diferencia superior a dos puntos (51,12% frente al 48,,885) sobre el candidato del movimiento CREO, Guillermo Lasso. “Ecuador ha dado muestras al mundo de participación y democracia. Respetar los resultados es de respeto a cada ciudadana y ciudadano que acudió a las urnas de forma libre y democrática”, ha manifestado el presidente del Consejo Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo, tras anunciar la victoria del sucesor y candidato apoyado por el actual presidente, Rafael Correa.

Los resultados no han convencido al oficialismo, que ha denunciado manipulación por parte de las empresas demoscópicas. “No caigamos en provocaciones, actuemos en democracia y con respeto a las autoridades, pero firmes para defender la voluntad del pueblo frente a la pretensiones de un fraude que tiene por objetivo instalar un Gobierno que desde ya sería un Gobierno ilegítimo en el Ecuador”, ha asegurado Lasso, que ha informado de la situación al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro.

Según medios locales, cientos de partidarios de Lasso se han manifestado contra este resultado y protagonizado choques con la Policía este lunes en las proximidades de las oficinas del Consejo Nacional Electoral (CNE) en Guayaquil. También se han registrado protestas frente a las sedes de la CNE en Quito y Cuenca. Rafael Correa ha condenado los brotes de violencia. “¡Qué lástima! Brotes de violencia en Quito, Esmeraldas, Ibarra y Azogues. Lo que no logran en las urnas, quieren lograrlo por la fuerza”, ha publicado el presidente en su cuenta de Twitter. En mayo, Correa pondrá fin al frente de su mandato presidencial tras 10 años en el poder.

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