You are here

Macron roza la mayoría absoluta en la primera ronda de las legislativas francesas

Emmanuel Macron, presidente de Francia I La Marea

“Un paisaje inédito”, según el diario Libération. Los candidatos de La República en Marcha (LRM), el partido liberal con pinceladas socialdemócratas del presidente Emmanuel Macron, han sido los más votados en la primera ronda de las elecciones legislativas francesas celebradas este domingo, obteniendo el 32,2% de los sufragios, según el sondeo Ipsos, realizado a pie de urna.

Apenas un mes después de ser elegido presidente, Macron vuelve a salir victorioso de unos comicios en los que la abstención marcó un nuevo récord histórico (en torno al 51,2%), más sonora entre los electores del partido de ultraderecha y de la formación de izquierdas La France Insoumise, según la misma medición. Habrá que esperar hasta el próximo domingo para conocer la composición definitiva de la Asamblea Nacional, equivalente al Congreso de los Diputados en España.

La primera ronda de las legislativas confirma la renovación en el sistema de partidos de Francia que comenzó en las presidenciales, cuando las dos formaciones que tradicionalmente ejercieron el poder (los conservadores de Les Républicains, antigua UMP, y los socialistas) quedaron fuera de la segunda vuelta presidencial. El segundo partido con más votos en esta ocasión es el conservador Les Républicains (21,5%), mientras que el Frente Nacional de Marine Le Pen queda en tercer lugar con el 14% de los sufragios. El partido izquierdista La France Insoumise, liderado por Jean-Luc Mélenchon, quedó en cuarta posición (11%) y se mantuvo por delante del Partido Socialista francés (10%), al igual que sucedió en las presidenciales de mayo.

A espera del recuento oficial, los primeros sondeos indican que la estrategia de comunicación de Macron durante su primer mes en la presidencia habría surtido efecto, con momentos clave como sus sutiles desplantes ante Donald Trump, sus reproches retóricos ante Vladimir Putin, o el nombramiento de un gabinete de gobierno con perfiles mixtos, y solo estaría empañada por la elevada abstención.

Según los datos de Ipsos, los resultados de esta primera ronda darían a la formación de Macron un total de entre 390 y 430 escaños, lo que pondría fin a la mayoría que gozan actualmente los diputados socialistas, que perderían casi el 90% de sus asientos en la cámara legislativa. Un partido obtiene mayoría absoluta en la Asamblea Nacional cuando consigue más de 314 diputados de los 577 que componen la cámara baja gala. Les Républicains optarían a entre 85 y 125 escaños y el Frente Nacional obtendría entre 3 y 10, por detrás de La France Insoumise (entre 12 y 21), a pesar de haber logrado una mayor proporción de votos.

El partido del exbanquero y ex ministro de Economía tuvo que elaborar su lista de candidatos a contrarreloj, lo que explica que la mitad de sus posibles diputados no haya ejercido aún un cargo electo. Independientemente de las oscilaciones que puedan producirse de aquí al próximo domingo, todo apunta a que la próxima Asamblea Nacional francesa será más joven y estará más sujeta al liderazgo de los cabezas de partido en lugar de a la tradicional estructura de las formaciones tradicionales que desde hace décadas ostentaron el poder político en Francia.

Francia es una república presidencialista en la que el jefe de gobierno (primer ministro) y el propio jefe de Estado (presidente) han de negociar con la Asamblea Nacional para sacar adelalante sus proyectos, reformas y leyes. Entre los nombres sorpresa de esta primera vuelta de las legislativas francesas también está el de François Ruffin, uno de los impulsores del movimiento indignado Nuit Debout, que logra pasar a segunda vuelta tras presentarse por su circunscripción, Amiens (norte del país). Tras las legislativas, cuyo resultado definitivo saldrá a la luz el próximo domingo en segunda vuelta, la próxima cita electoral en Francia tendrá lugar en septiembre de este año para designar la composición del Senado.

Más en lamarea.com

Read More

François Ruffin: “Un discurso populista de izquierdas puede servir para canalizar la cólera”

Concentración de la Nuit Debout en la Plaza de la República de París. Foto: Luna Gámez.

ENRIC BONET, PARÍS // De Michael Moore a Pablo Iglesias francés. Con su documental satírico ¡Gracias jefe!, que vieron más de 500.000 franceses en las salas de cine y que recibió el premio César (el equivalente de los Goya) al mejor documental, François Ruffin (Calais, 1975) fue uno de los principales impulsores del movimiento de los indignados Nuit Debout de la Plaza de la República en París. Este periodista militante, que dirige la revista Fakir, pretende canalizar ahora la cólera popular presentándose como candidato en Amiens (norte de Francia) en las elecciones legislativas francesas, cuya primera vuelta se celebrará este domingo y la segunda el 18 de junio.

Ruffin explica a La Marea las motivaciones principales de su candidatura. Bautizada como Picardie Debout, la “Picardía en Pie”, esta ha recibido el apoyo de los insumisos de Jean-Luc Mélenchon, los verdes y los comunistas franceses. Esta unión de la izquierda francesa, inexistente en el resto del país, espera que le sirva para ser elegido diputado en una circunscripción de la que es originario el presidente Emmanuel Macron y donde el Frente Nacional obtuvo el 28% de los sufragios en la primera vuelta de las presidenciales.

Usted participó el año pasado en la creación de Nuit Debout, un movimiento inspirado en el 15M español y que se mostró crítico con la política representativa. ¿Por qué ha decidido presentarse ahora como candidato a las legislativas?

Inicié el movimiento Nuit Debout y lo hice porque estaba en contra de la reforma laboral [del gobierno socialista de Manuel Valls]. Pero siempre he pensado que la lucha debe llevarse a cabo al mismo tiempo en la calle y las urnas. Mi modelo es el Frente Popular francés de 1936. Entonces, una victoria en las urnas dio lugar a un amplio movimiento popular. En el caso de Nuit Debout, vi rápidamente cuáles eran sus límites en términos de implantación popular. Nunca hubo Nuit Debout en localidades obreras como Flixecourt y el movimiento estuvo demasiado aislado en la Plaza de la República en París. ¿Cómo podemos volver a entusiasmar a la gente? Quizás las elecciones son un arma entre otras.

¿Por qué el movimiento de indignación Nuit Debout no consiguió implantarse en Francia? El 15M en España dio lugar a las mareas ciudadanas…

En España la situación económica era mucho más catastrófica que en Francia. En vuestro país alcanzasteis unos niveles de paro y una crisis inmobiliaria catastróficos. Las contrarreformas que se han llevado a cabo en Francia son como un puntito en comparación con las que se hicieron en España. Además, los países tienen historias distintas. En Francia las reivindicaciones sociales todavía pasan por los sindicatos. Cuando se produjo la reforma de las pensiones de Sarkozy, se produjeron manifestaciones gigantes en Francia. Cuando emergió Nuit Débout, defendí una convergencia entre el movimiento y los sindicatos.

Uno de sus mantras políticos es la lucha en contra de la indiferencia. ¿Cómo intenta hacerlo a través de su campaña en las elecciones legislativas?

Intento poner fantasía y energía en la política. Tenemos un gran equipo haciendo campaña. Hacemos proyecciones del documental Merci Patron! (¡Gracias Jefe!) en los salones de casas de particulares. Tenemos un camión que nos acompaña durante la campaña en el que hacemos crêpes. Pienso que es un estilo que funciona y hay un montón de gente que se ha revitalizado por lo que hacemos.

Además, queréis promover vuestra campaña a través de la cultura popular…

Yo formo parte de esta cultura popular, no me hace falta hacerlo ver. He estado en las puertas de las fábricas desde que tengo 18 años vendiendo mi diario Fakir. Juego a fútbol cada domingo con un equipo que hace una gira por los pueblos de la región. He comido como mínimo un millar de salchichas en las puertas de las fábricas. Podría hacer una guía gastronómica comparando las salchichas de las fábricas de Goodyear, Whirlpool…

En las últimas elecciones presidenciales, se produjo una fractura evidente entre las clases obreras que votaron mayoritariamente por el Frente Nacional y las clases medias, sobre todo aquellas con un nivel de estudios más elevado, que lo hicieron por Macron. ¿Cómo la izquierda puede volver a unir las clases medias y las clases populares?

Primero de todo, hay que reanudar el vínculo con las clases populares y mostrarles que hay otra voz distinta a la del Frente Nacional para expresar su cólera. Luego, debemos mostrarles a las clases medias y las obreras que existen unos intereses convergentes. Cuando los funcionarios, los profesores o los enfermeros lamentan los recortes del gasto público, estos son golpeados por el mismo mal que el mundo obrero. Así que debemos mostrarles que existen causas comunas como el rechazo a la Europa del librecambio y la austeridad. Pero es cierto que actualmente se produce una división social muy fuerte en Francia en función de las desigualdades educativas. Es decir, si uno dispone de un nivel de diploma suficientemente elevado para sentirse protegido ante la globalización.

Reivindica la necesidad de difundir un discurso populista. ¿Qué puede aportar el populismo de izquierdas?

Un discurso populista de izquierdas puede servir para canalizar la cólera. Conseguir que la rabia de la gente no se dirija hacia los refugiados o los asistidos, sino hacia aquellos que dirigen la sociedad. Puede servir para volver a politizar aquellas personas que se sienten abandonadas. En cualquier caso, aquellas personas que lo pasan mal siempre necesitan un adversario. Así que es mejor que les designemos un adversario justo.

El 37% de los electores de condición obrera apostó por el Frente Nacional en la primera vuelta de las presidenciales. ¿Por qué las clases populares francesas dirigen mayoritariamente su cólera hacia los inmigrantes?

El voto al FN no se debe sólo al racismo. Por desgracia, cuando la gente lo pasa mal en Francia, suele votar por Marine Le Pen. El FN ha sido durante mucho tiempo el partido más visible en el terreno contestatario del tablero político. Pero actualmente vemos como emerge la figura de Mélenchon.

Además, las élites económicas resultan menos visibles que los inmigrantes o los refugiados.

Tenemos la ventaja ahora de que Macron mostrará una cara política de estas élites. Pero es cierto que las élites económicas no son visibles. Ha habido unos 800 reportajes sobre el cierre de la fábrica de secadoras de Whirlpool en Amiens y en ninguno de ellos se ha hablado de Jeff Fettig, propietario de Whirlpool. Tampoco ninguno de ellos cita el fondo Vanguard Group, que es el máximo accionista de Whirlpool y Monsanto.

Para combatir la desindustrialización y las deslocalizaciones industriales defiende la necesidad de aplicar medidas proteccionistas. ¿Por qué?

El proteccionismo sirve en el plano industria, agrícola, pero es necesario sobre todo en el plano democrático. Cuando un país tiene un modelo de economía abierta, sólo puede aplicar políticas liberales. Porque si prefiere aplicar políticas de progreso social, de transformación ecológica o de justicia fiscal, terminarán diciéndole que este país no es suficientemente competitivo. La palabra competitividad la entendemos todo el tiempo. Así que debemos ponerla entre paréntesis. Las tasas fronterizas, las barreras aduaneras o las cuotas de importación resultan buenas herramientas para amortiguar esta exigencia de competitividad.

¿Pero no teme que este proteccionismo favorezca una guerra entre los pueblos?

No debemos decir que estamos en contra de Polonia, sino de las multinacionales que se instalan en Polonia para aprovecharse del dumping fiscal, medioambiental y social. Pero actualmente ya nos encontramos en una guerra económica. Hemos permitido que los trabajadores se confronten entre ellos. No es una guerra que se lleve a cabo con las armas, sino en las fábricas donde los obreros son abatidos.

¿Qué se puede hacer para que esta guerra económica resulte comprensible para las clases trabajadoras y las clases medias?

Las clases populares en Francia ya son hiperconscientes de esta guerra económica. Si miras todos los sondeos sobre el amor al libre comercio o a la UE, las respuestas de las clases trabajadoras siempre son negativas. El 90% de los obreros franceses votó que no en el referéndum sobre la Constitución europea en 2005. Fue un verdadero voto de clase. Pero en cambio los que no son conscientes de esta guerra económica son las clases superiores o los intelectuales. Pero por una simple razón: a ellos no les afecta.

Los sondeos pronostican que Macron obtendrá una holgada mayoría absoluta y que la oposición parlamentaria será muy heterogénea. ¿La verdadera oposición al programa neoliberal del joven presidente, como su reforma laboral, se encontrará en la calle?

No creo que durante los primeros meses del quinquenio de Macron haya una movilización social fuerte. Soy escéptico respecto a ello. El gobierno estará legitimado por su resultado en las urnas y esto amenaza con deslegitimar a la movilización social. Tras una victoria electoral, el poder no puede ser contestado. En la cabeza de la gente, este es legítimo y hay que darle su oportunidad. No tengo ninguna duda de que aprovechará este estado de gracia para aprobar su reforma laboral durante los primeros meses de su mandato.

Más en lamarea.com

Read More

Francia, el espejo donde se miran muchos países

ultraderecha La Marea

HUGO BUSSO* // Las elecciones en Francia marcan un punto importante de inflexión, tanto por su influencia política y filosófica en referencia al pasado, como en relación con el presente y futuro próximo de la UE. El contexto tiene su puntos en común con su amigo actual e histórico rival, la Gran Bretaña con su brexit y el también con quien los liberó del fascismo, los EEUU (ahora con su nuevo inquilino de la Casa Blanca, el polémico Trump). El resultado que tengan estas elecciones será decisivo para el futuro del país y los integrantes de la UE. Y muy especialmente, mostrará el estado del termómetro social, cultural y político que señala tendencias y desafíos en Europa.

Muchos investigadores americanos y europeos creen que la versión actual la ideología imperante, el neoliberalismo, engendra para las mayorías sociales desigualdades crecientes y sufrimientos constantes. La persistencia de estos antagonismos dentro del contexto del mundo occidental es un viraje hasta ahora paradójico. Porque los dos impulsores de la mundialización económica neoliberal, EEUU y Gran Bretaña, han hecho cambios y reajustes que van a contracorriente de lo que han generado y promovido previamente: apertura, libre mercado, multiculturalismo, democracia liberal.

Por lo tanto, las preguntas son una consecuencia inevitable, por la importancia de sus potenciales posibilidades, en el futuro próximo. ¿Por qué la mayoría de las islas británicas dieron el apoyo a la salida de la UE? ¿Cómo entender el acceso de Trump a pesar del no apoyo explícito de los medios de información, que se lo dieron a Hillary Clinton? ¿Es esto transferible a toda Europa como tendencia y señalamiento de lo que debemos esperar?,¿La democracia liberal sigue siendo compatible con la expresión hegemónica del capitalismo financiero sin que ponga en riesgo sus propios presupuestos morales del mérito y la libertad individual? ¿Estamos verdaderamente acorralados entre un neoliberalismo progresista financiero y el populismo reaccionario -que no es fascismo todavía-?

Lo cierto es que hay un síndrome de fatiga democrática, como sugiere el belga David van Reybrouck, que se ve en la baja participación democrática y el débil atractivo de atraer simpatizantes activos para la mayoría de los partidos tradicionales. La UE es un escenario donde coexisten en tensión las exigencias de las grandes empresas globales y los ciudadanos en cólera, por la situación existencial y política que se degrada cada vez más.

El primer reflejo de las élites, en particular de la extrema derecha, es buscar un responsable-cabeza de turco, como el terrorismo, los inmigrantes y la competencia económica desleal, para justificar su idea de inmunizar el territorio, dando crédito a sus ideas que cierran posibilidades y se endurecen bastante con las personas. Las emociones en Francia encajan con discursos y sentidos, que no dejan de ponerse en dudas por los sociólogos y politólogos más reconocidos. La tendencia que se normaliza parece ser similar a las reglas de juego de la mundialización financiera y económica: libre y rápida circulación de bienes y dinero, pero no de personas. Y sobre todo, con una separación y empobrecimiento social, que crece de modo alarmante.

Por otro lado, hay un fenómeno, visible en Inglaterra, EEUU y Francia, que está ligado a la fatiga democrática y que hay que sumarle el enfado de los perdedores de la mundialización, en el corazón geográfico que alberga también a sus beneficiarios directos. El progresismo neoliberal de Clinton-Macron se apoya en valores modernos, en la versión iluminista e ilustrada de la autonomía individual y, a la vez, promueve formas donde la hegemonía financiera es letal para las mayorías. Mientras que la versión política de Trump-Le Pen (presidente el primero, alternativa real de poder político en Francia con el 40% de apoyo en la segunda vuelta), de modo ambiguo y siempre pro-sistema capitalista, canalizan la cólera de quienes viven la humillación de perder trabajos por la deslocalización de empresas a destinos más baratos y la precarización laboral de los pocos asalariados cada vez peor pagos que restan en Occidente. Lo que han perdido trabajo y los beneficios, entonces, repudian profundamente en bloque tanto la mundialización financiera-económica hegemónica, como la versión de los valores de autonomía y respeto de la diversidad y las libertades.

Los inmigrantes, extranjeros y diferentes son las víctimas necesarias de este discurso, que es complementario y parte del mismo problema, que genera un sistema que no siente tener riesgos significativos para los desastres que genera. ¿La Francia Insumisa de Mélenchon, Occupy Wall Street en EEUU o las alternativas ecologistas tienen programas creíbles y deseables para generar nuevas mayorías? Así se desarrolla la lucha por la hegemonía, y los grandes medios de (des) información han tomado parte, por lo general, tanto por Clinton como por Macron… Igual en España por Rajoy y Rivera, en Argentina por Macri, y por la oposición política en Ecuador y en Venezuela. Las aguas se ponen turbias y comienza a soplar el viento… 

Para muchos críticos del pensamiento único neoliberal, como es el caso de la Francia Insumisa, el desafío tiene doble cara. El problema está en sobrepasar tanto al populismo reaccionario como al neo-liberalismo hegemónico. Si de lo que se trata es de canalizar el descontento pero no a versiones nacionalistas retrógradas, el ejemplo es Unidos Podemos en España. Este ha sabido atraerlo, al menos parcialmente, haciendo una alianza contra la financiarización capitalista neoliberal sin renunciar a los valores de emancipación clásicos de autonomía, igualdad y libertad individual, que deberá integrar un elemento clave y más explícito, de posibilidad real y creíble. La democratización de las instituciones como norma deberá apoyar la crítica social a la versión parasitaria de las finanzas, e integrar una versión responsable y ecológica a la depredación de la biodiversidad humana y no humana en curso, por el actual modo de producción y consumo. Todo está por hacerse, repensarse y mejorar. La oportunidad está abierta, al igual que la incertidumbre. 

*Hugo Busso es autor de Crítica a la modernidad eurocentrada, EUE, 2011. Formador y profesor universitario en Francia y España. Dr. en Filosofía, Univ. Paris 8 – UBA.

Más en lamarea.com

Read More

Votar a Macron es circunstancial; cambiar el sistema, la prioridad

Emmanuel Macron.

En la celebración de la segunda ronda de las elecciones presidenciales francesas, que tendrá lugar este domingo, una parte muy significativa de los votantes se encuentra, más que ante una elección democrática, ante una amenaza, un callejón sin salida. El argumento principal para votar a Emmanuel Macron no se basa en sus atributos como líder político ni en su programa electoral. O lo votáis a él o va a ganar la ultraderechista Marine Le Pen. Este es el dilema, esta es la trampa. Durante los últimos días, se ha redoblado la presión sobre los electores que hace dos semanas votaron a Francia Insumisa, liderada por el izquierdista Jean-Luc Mélenchon. Según la consulta realizada a los militantes y simpatizantes de la formación, el 36,12% votará en blanco o emitirán un voto nulo, un 29,05% se abstendrá y un 34,83% votará a Macron. Las grandes cabeceras internacionales ya tienen culpable en caso de una victoria de Le Pen: los miserables de Mélenchon.

Desde la prensa francesa e internacional y desde las formaciones políticas tradicionales, se hacen llamamientos al pragmatismo, a valorar los peligros de una presidencia en manos de la ultraderecha racista y xenófoba. Este debate tiene lugar en un contexto especialmente delicado en Francia, por la amenaza yihadista y el fracaso del proceso de inclusión social en los barrios empobrecidos de las grandes ciudades, habitados en su mayoría por sectores de la primera, segunda y tercera generación de migrantes llegados de antiguas colonias francesas. Dejar el poder presidencial en manos de la líder del Front National en tales circunstancias no parece deseable pero, por otra parte, ¿debe un ciudadano apoyar en las urnas a alguien a quién jamás votaría para evitar que alguien peor llegue a gobernar?

El debate, a mi entender, no es si Macron o Le Pen. Esta es una cuestión circunstancial y, ciertamente, parece que lo más sensato sería sumar papeletas para Macron para evitar una nueva victoria de la derecha nacionalista en la escena internacional, después de los éxitos de Trump en Estados Unidos y del Brexit impulsado por el UKIP en el Reino Unido. La cuestión que debemos plantearnos urgentemente es si el sistema democrático actual garantiza la libertad que se le presupone a los votantes a la hora de introducir el voto en la urna. ¿Es libre el que aprieta el gatillo cuando, a su vez, siente el cañón de su carcelero en la sien? ¿Es un acto libre votar a Macron para evitar al Front National?

El recurso del miedo es habitual en las campañas electorales. El concepto del voto útil es también una estrategia que los grandes partidos han sabido exprimir con éxito hasta hace relativamente poco, cuando el voto en Europa se ha fragmentado y este discurso ha perdido efectividad. En Estados Unidos, los que creían en Bernie Sanders debían apoyar a Clinton si no querían ver a Trump en la presidencia. En España, el PSOE ha explotado este argumento hasta la saciedad para presentarse como única alternativa al PP. En 2008, por ejemplo, uno de los eslóganes de campaña de José Luis Rodríguez Zapatero era “si tú no votas, ellos vuelven”, letras blancas, fondo rojo y, en negro, las figuras de Mariano Rajoy, Ángel Acebes y Eduardo Zaplana. O yo, que puede que no te guste, o ese al que tanto detestas. ¡Disfrutad de la fiesta de la democracia!

Aceptar el miedo y ser pragmático es un acto sumisión. En cambio, si dejamos de poner el foco en la cuestión circunstancial, en este caso, la votación del domingo en Francia, y centramos el debate en lo fundamental, el sistema, quizás el mal trago podría dar paso a cierta esperanza para que el modelo de elección-amenaza desaparezca de la normalidad política. ¿Existe alguna alternativa viable al sistema de elecciones y partidos actual con el fin de que nuestras democracias ganen legitimidad? David Van Reybrouck, intelectual belga nacido en Brujas en 1971, piensa que sí. En su hasta ahora obra de referencia, Contra las elecciones (Taurus, 2017), Van Reybrouck entiende que el modelo electoral es una de las distintas opciones para vertebrar un sistema democrático y que, de hecho, fue el modelo que impulsaron las élites europeas y norteamericanas a finales del siglo XVIII y el siglo XIX para otorgar derechos a la ciudadanía mediante el sufragio universal masculino reservándose los recursos necesarios para mantener el statu quo.

El autor describe la perversidad del sistema de forma clarividente. En una democracia basada en el sistema electoral existen partidos políticos controlados (o susceptibles de ser controlados) por las élites empresariales y los lobbies de poder. La opinión pública es controlada por grandes corporaciones mediática que operan bajo la influencia de las mismas élites y lobbies y, novedad del siglo XXI, por las conocidas como redes sociales, que él prefiere llamar redes comerciales. Además, apunta que el sistema democrático actual tiende hacia la dictadura de las elecciones, un concepto que forja para describir una realidad incontestable: importan más las próximas elecciones que las últimas. Es decir, los representantes públicos se encuentran en campaña permanente, algo que los aleja de sus responsabilidades y que perjudica el interés común, en lugar de centrarse en el cumplimiento estricto de sus deberes y de sus programas electorales.

La solución de Van Reybrouck puede parecer radical pero es una bocanada de aire fresco para todos aquellos que ante contiendas electorales como las de este domingo en Francia hayan perdido la esperanza. Basta de elecciones, hay que impulsar órganos públicos formados por representantes escogidos al azar, por sorteo. Se acabó la fatiga electoral de los ciudadanos, la capacidad de corrupción de las formaciones políticas, la facilidad de controlar los representantes públicos por parte de lobbies de todo tipo. Se acabaron las elecciones-amenaza, se acabó el miedo. Van Reybrouck defiende este tipo de democracia representativa combinada con el impulso de la democracia directa. No hay un modelo único, ni el cambio debe imponerse de golpe. Se trata de una forma revolucionaria, al menos hoy en día, de entender la democracia y sorprende que sus tesis no florezcan más a menudo en el discurso de aquellos sectores que desean regenerar el sistema democrático. Ante el deprimente espectáculo electoral Macron-Le Pen, Contra las elecciones es un buen antídoto. Votar a Macron es circunstancial, cambiar el sistema para que tales circunstancias no vuelvan a repetirse debe ser la prioridad.

Donación a La Marea

Más en lamarea.com

Read More

Francia: ¿hacia el fin de la historia o postergar su ruptura?

Francia encara la segunda ronda de las elecciones presidenciales con la obligación de decantarse entre dos opciones absolutamente antagónicas, desde luego, pero con la impostura como única norma política. De un lado, como describió Naomi Klein en No Logo sobre la actuación de Barack Obama en Estados Unidos, el intento de Emmanuel Macron por cambiar “la imagen de marca” del país con el único objetivo de resucitar el proyecto neoliberal cuando éste se encuentra plenamente desacreditado. De otro, el poder de las palabras de Marine Le Pen para camuflar una profunda tradición de autoritarismo reaccionario a través de renegar de las connotaciones ultras de su apellido y de las siglas del partido al que representa. La “excepción francesa”, esa manera en la que esta sociedad se diferencia de las dinámicas atlánticas que la rodean, se encuentra tan carcomida por la sedimentación del credo económico a nivel global que solo es consumible por un electorado ávido de nuevos envoltorios.

No ha pasado tanto tiempo desde que, en un intento por renovar el clima cultural en el país, Pierre Bourdieu sostuviera dos años después de los acontecimientos de mayo del 1968 que, en una estructura social dada, tanto la cultura dominada como la dominante deben sus características a la relación que mantienen entre sí. Como lo resumió Jeremy Ahearne, esta era la forma del sociólogo de criticar tanto el populismo como la alternativa oficial, a la que se refirió de forma irónica como “populicultural”: la dialéctica de las clases dominantes para legitimar y reproducir su posición cultivando “el pueblo” en un estado de podredumbre, es decir, “infestado de maleza”. Cabe preguntarse hoy cuáles son las malas hierbas que han crecido en Francia.

En un análisis cristalino del país, Perry Anderson concluyó en El Nuevo Viejo Mundo que “entre las masas, el neoliberalismo à la française no ha cuajado”. Tras una contundente recapitulación de nombres que se inician en 1983, cuando François Mitterrand culminó el giro decisivo del socialismo hacia la lógica de los mercados financieros, Anderson expresaba que el electorado francés ha rechazado consecutivamente todos los gobiernos que ha intentado administrarle dicha medicina. “Siete gobiernos en veinte años, con una duración media de tres años. Todos entregados, con mínimas variaciones, a políticas similares. Ninguno ha sido reelegido”, escribió en 2009. En este sentido, probablemente Emmanuel Macron ataje el desastre a corto plazo, pero el peligro es que no trate de amainar las corrientes de fondo nacionales, regionales y globales que asfixian a los franceses, sino que les imprima mayor fuerza.

Ahondar en la reforma laboral que el año pasado provocó el surgimiento de la Nuit Debout se sumará a los planes líquidos del muy posible futuro presidente de la República, expuestos sobre estas líneas, de crear un espacio digital privatizado bajo el dogma de la innovación dentro del cual los ciudadanos intenten asumir y afrontar los riesgos de la modernidad. Tampoco existe certeza alguna para pensar que hará lo más mínimo por revertir la integración negativa de la Unión Europea o los paquetes de desregulación que comenzaron con el Acta Única —y que se institucionalizaron cual camisa de fuerza económica en Maastricht apretando a la sociedad francesa—.

Por otro lado, Macron ha sido el único candidato que ha apoyado acuerdos de libre comercio como el CETA o el TTIP. Desde Bruselas, en lugar de corregir las negligencias del pasado que tratan de hacer vinculantes estos tratados internacionales, han doblado la apuesta tras el triunfo de Donald Trump: aumentar la retórica contra el populismo al tiempo que presenta la política comercial europea como venerable. A cinco días de la segunda vuelta, el candidato de En Marche! se vio obligado a matizar esta pirotecnia argumental y señalar que “el CETA ha sido diseñado al margen del proceso democrático”. Esperan meses de mucho fuego de artificio y marketing político, pero poco de ofrecer respuestas respecto a las brechas que erosionan a pasos agigantados las democracias modernas.

Sucede también que, a costa de sobrevivir en el presente, Francia ha acabado con los partidos tradicionales y con una de sus últimas mallas de sujeción a la hora de evitar a la extrema derecha en el futuro. Es más: el que fuera ministro de Economía de François Hollande, apoyado por el ala más dura del Partido Socialista francés, ha llamado “cambio” a la extracción desde fuera de todo resquicio de la esencia social de una formación que siempre ha servido de referencia para la socialdemocracia europea. Y una vez el capitalismo se ha desecho de este freno, el rodillo continuará. No sería de extrañar que, durante los próximos años, las élites mediáticas trataran de presentar a Emmanuel Macron con un marco lo suficientemente atractivo para que toda la sociedad francesa proyecte sobre en él sus deseos más profundos de renovación. Al mismo tiempo que hacen lo posible por mantener una zona lo suficientemente oscura para dejar fuera a los más radicales, es decir, a los insumisos apadrinados por Jean-Luc Melénchon. Acabar con “el mayor peligro para los mercados” será el siguiente paso inevitable, la ensoñación de que aún es posible establecer ese Fin de la Historia que predijo Francis Fukuyama.

Lo cierto es que, de tanto señalar que cualquier desafío al poder abriría la puerta a los totalitarismos, estos están al borde de alcanzar la cima del Elíseo. Cuando aquel 21 de abril de 2002 Jean-Marie Le Pen se impuso a Lionel Jospin y accedió por primera vez a la segunda ronda de una elecciones francesas, Jacques Chirac arrasó con una mayoría del 82% en la segunda vuelta. Entonces, el lema fue: “Mejor una República bananera que una Francia fascista”. Hoy la dicotomía es similar, pero la situación muy diferente. Si las estimaciones de las encuestas se cumplen, y así ha sucedido con la primera ronda, la ventaja con la que el enfant terrible se impondrá sobre Marine Le Pen será escasa y no superará los 20 puntos. Incuestionable es también que un millón de personas nuevas hayan votado al Frente Nacional con respecto a 2012.

No obstante, lo más ilustrativo de la deformación del rostro de la sociedad francesa tras décadas de liberalización comienza a entreverse en el estado de la llamada “Francia real”. Recientemente, Le Pen acudió a localidad francesa de Amiens para remontar en su campaña. El corresponsal de El País Marc Bassets lo plasmaba así: “Ella irrumpió como la protectora de la gente de la calle ante las fuerzas ciegas de la globalización. Él, como el exabanquero y exministro que carga con la imagen de hombre de la élite, más cómodo en los pasillos del poder que en el barro de los suburbios industriales”. Era un lugar particular, con una fábrica a punto de ser trasladado a Polonia, pero basta para poner de manifiesto que la división política presentada por el establishment, “sociedades abiertas o sociedades cerradas”, es tramposa. Al negar la verdadera conjetura moderna (lo popular y local contra lo global y tecnocrático), taponan una olla a punto de explotar. Mayor presión arroja el hecho de que, cooptar la idea de revolución a las fuerzas progresistas y atribuírsela a Macron, menosprecia el hartazgo contra las dinámicas que recorren las espina dorsal francesa. Lo señaló de forma acertada el editor de Verso David Broker: “Banqueros de inversión para la Revolución, fascistas para la República.”

Las corrientes a nivel mundial no son menos halagüeñas. En un libro publicado en francés en 2013, Costas Lapavitsas, Wolfgang Streeck, Stathis Kouvelakis y otros definieron a la Europa de hoy como “el enlace más débil” del capitalismo global. Diversos factores históricos y políticos contemporáneos lo corroboran. Con la salida del Reino Unido, el club de los veintisiete se encuentra cada vez más indefenso ante el desordenado tablero mundial. Asimismo, entre otros, Macron se enfrentará en Bruselas al reto de continuar con la integración europea en algunas de las áreas más delicadas, como la energía o la tecnologías de la información, para frenar el subdesarrollo en estas materias y la dependencia con EEUU. Cuatro de las cinco compañías que controlarán la mayoría de nuestros datos a través de sistemas de inteligencia artificial se encuentran en Palo Alto, la otra es China. En plena era digital, ni una sola de las 20 empresas más importantes de internet en cuanto a beneficios es europea. También los servicios digitales y financieros, o las telecomunicaciones, son áreas en las que el mercado único deberá completarse, y que además requieren de una política exterior en defensa y seguridad comunitaria. Hasta el momento, también en manos de los norteamericanos, que la lideran a través de la OTAN.

La incapacidad para gestionar el desborde nacionalista y reconstruirse internamente alerta con colocar progresivamente a Europa en el estado de un río cuyas veintisiete corrientes culturales y sociales debieran elegir en cuál de los dos océanos globales desembocan: China, un capitalismo de estado dirigido de manera autoritaria por un partido comunista, o Estados Unidos, donde las fuertes tensiones entre capitalismo y democracia ya son difíciles de disimular en un país gobernado por un magnate megalómano. Atrás parecen quedar los tiempos en los que Jean Monnet, banquero y gran arquitecto francés de la integración comunitaria, representaba a unas élites europeas legítimas con la fe puesta en un futuro en el que los europeos pudieran decidir sus propios asuntos. Pocas esperanzas existen de que el eje franco-alemán resurja cual fénix de sus cenizas en 2017 para redefinir el ideal de este milenio y mover verdaderamente el mundo hacia delante. El problema es que, de no hacerlo, tarde o temprano el Viejo Continente será el primero en pagar las consecuencias.

Ya en su época, los romanos fueron conscientes de que, cuando la República peligraba, el estado de excepción únicamente podía durar un breve tiempo. De lo contrario, las democracias se debilitarían y la puerta quedaría abierta a quienes las desafían. El progreso descontrolado, alabado desde finales del pasado siglo por los epígonos del neoliberalismo, ha colocado el batir de las alas de los demonios del nuevo mundo muy cerca de las capitales de Occidente. El ruido no puede ser más ensordecedor.

Más en lamarea.com

Read More

Francia rompe con el bipartidismo y elegirá entre Macron y Le Pen

Primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, celebradas el 23 de abril de 2017. MIGUEL EGEA

PARÍS // La primera vuelta de las elecciones francesas deja como vencedores a Marine Le Pen (23,2%) y Emmanuel Macron (23,04%) y, con el 75% del voto escrutado, en torno a las 23h. El tercer puesto es para François Fillon, con aproximadamente un 19.71%, seguido muy de cerca de Jean-Luc Mélenchon con el 18,79% y Benoît Hamon (5,97%). La participación ha alcanzado el 77,3% de los 47 millones de franceses llamados a votar. La presencia policial, con más de 60.000 policías y militares desplegados sobre el territorio, se ha dejado sentir alrededor de los colegios electorales, sobre todo en París. La incertidumbre sobre el resultado pesaba en el ambiente tras el cuasi empate a cuatro que se deducía de las últimas encuestas. Nadie se atrevía a pronosticar quién pasaría a segunda vuelta y solo podían cruzar los dedos para que fuera su candidato.

Muchos de los candidatos perdedores han expresado ya su voluntad de voto para la segunda vuelta apoyando a Emmanuel Macron, que cuenta a sus espaldas con una buena parte de la clase política. Desde el ex primer ministro Manuel Valls, que ya le expresó su apoyo hace unas semanas, hasta el actual primer ministro, Bernard Cazeneuve, que ha pedido el voto por él minutos después del anuncio de los resultados. Si se cumplen de nuevo los sondeos para la segunda vuelta será el próximo presidente de Francia.

Casi todos los analistas esperan una movilización de voto contra Le Pen en la segunda vuelta, como ya pasó cuando su padre pasó a la segunda vuelta contra Chirac en 2002. La última encuesta electoral publicada por el Instituto de Estudios Políticos sitúa a Emmanuel Macron con un 61% de votos frente a un 39% para Le Pen en la segunda vuelta. A nuestras preguntas sobre esta posibilidad casi todos los entrevistados dijeron inclinarse por votar a Macron para frenar a Le Pen, que al menos en París, parece la peor de las opciones para la gran mayoría.

Ambos candidatos se han dirigido a sus simpatizantes tras el anuncio de los resultados. El discurso de Marine ha sido breve y conciso, agradeciendo a sus electores “haber hecho la elección de la alternancia política, la verdadera, no esa que ha visto los gobiernos sucederse sin que nada cambiara”. También ha avisado de que esa alternancia no se dará con “el heredero de François Hollande y de su catastrófico quinquenio”, refiriéndose a la época de Macron como ministro socialista.

Macron, por su parte ha hablado como si ya fuera presidente, y ha incidido sobre la caída del bipartidismo: “En un año hemos cambiado el rostro de la vida política francesa”. Asimismo, ha hablado de “la voluntad de cambio del pueblo francés que ha conducido a apartar de sus responsabilidades a los dos partidos que nos han gobernado durante más de 30 años”. También ha defendido los valores europeos y se ha autoproclamado “el presidente de los patriotas frente a la amenaza de los nacionalistas”.

Estas elecciones han demostrado una ruptura con el tradicional bipartidismo francés entre el Partido Socialista y los Republicanos. El hundimiento del Partido Socialista tras el quinquenio de Hollande ha desplazado al electorado más a la izquierda a votar a Mélenchon, el candidato de la Francia Insumisa. Sin embargo, la división de candidaturas, a pesar de la cercanía ideológica con Benoît Hamon, ha supuesto que ninguno de los dos llegue a la segunda vuelta.

Por otra parte Fillon ha conseguido un resultado bastante alto teniendo en cuenta los escándalos de corrupción en los que se le ha implicado, pero insuficiente para alcanzar la presidencia. Los vencedores esta vez han sido por un lado la extrema derecha, cuyo discurso ha calado enormemente sobre una gran parte de la población, y del otro la tecnocracia, un experto de las finanzas que predica la puesta en marcha del país y la renovación de la política a través de la liberalización económica. En cualquier caso, ahora se abre una nueva campaña que durará dos semanas y que culminará el 7 de mayo con un nuevo inquilino en el Elíseo.

Las razones de los votantes

En una pequeña escuela situada en el 19º distrito de París, un barrio popular en el que tradicionalmente ha vencido el Partido Socialista, Christine, sindicalista de 40 años, explicaba sus razones para votar a Benoît Hamon: “es el que tiene el programa más social y realista, aunque desgraciadamente no creo que tengas posibilidades”. Estela, de 20 años y estudiante en Comercio, tomó su decisión hace tiempo. En su caso, ha votado a Emmanuel Macron “porque comparte sus ideas”. Phillipe, publicista de 54 años, también lo hecho ya que busca “algo nuevo de la política y para bloquear a la derecha de Fillon y Le Pen”. Denis, un poco más joven, no opina lo mismo, él lo ha votado para “mantener la continuidad de la política de Hollande” ya que no entiende “el paisaje apocalíptico que dibujan los medios de comunicación”.

Fedra, de 18 años y estudiante en arte vota por primera vez, y también lo hace por su madre a través de la procuración. Su voto es para Mélenchon. Lo mismo ocurre en su entorno, muchos de ellos por convencimiento pero otros tantos por el voto útil de la izquierda. Es el caso de Elías, que ha venido con su madre a votar; la ha conseguido convencer de cambiar el sentido de su voto. “Dudaba, quería votar a Hamon, pero al final he hecho caso a mi hijo”, contaba.

Roger, de 32 años, se ha decantado por Philippe Poutou, trabajador de la fábrica de Ford y candidato de los anticapitalistas. Poco después de hacerlo, bromeaba sobre sus nulas posibilidades de victoria, y a pesar de no haber  votado a Mélenchon le gustaría verle en la segunda vuelta. Finalmente, añade que su hermano, “que vota en un barrio popular, ha visto que las papeletas de voto de Macron eran las que antes se acababan”.

Más en lamarea.com

Read More

Dos semanas de ira en Francia tras la violación de Théo a manos de la policía

François Hollande, presidente de Francia, visita a Théo en el hospital el 7 de febrero. FOTO: PRESIDENCIA.

Una vez más los disturbios prenden en las periferias de Francia tras un caso de violencia policial que, de momento, permanece impune. En esta ocasión el detonante ha sido la violación sufrida por Théo (las autoridades no revelaron su apellido), francés de origen africano de 22 años hospitalizado de gravedad el pasado 2 de febrero por las heridas en el recto que le causó un policía con su porra reglamentaria durante un registro aleatorio en Aulnay-sous-Bois, distrito marginal de la periferia de París. La discriminación racial por parte de agentes franceses es ya un problema reconocido por el propio gobierno galo: un informe del Defensor de Derechos público revela que el 80% de los jóvenes negros y árabes han sido registrados, frente al 16% de jóvenes blancos.

Catorce días después de este episodio de violencia policial, los disturbios nocturnos ya se extienden a las periferias de Nanterre, Lille, Rouen, Argenteuil, Drancy y otras diez localidades francesas al grito de “la policía mata” y “justicia para Théo”. También ha habido enfrentamientos con la policía en lugares céntricos de París, como la que tuvo lugar en la noche de este miércoles en el distrito 18 de la capital francesa, informa Reuters.

El policía acusado de violación y los otros tres agentes imputados siguen en libertad a la espera del juicio, mientras que al menos 245 jóvenes han sido arrestados durante las protestas nocturnas que siguieron a la violación de Théo —al menos dos detenidos ya han sido condenados a seis meses de prisión—, según datos del Ministerio del Interior. Además, este martes las autoridades francesas abrieron una investigación preliminar para determinar si Mohamed K., joven y amigo de la víctima, también fue agredido por los mismos policías días antes de la violación de Théo, incluido Barba Roja, apodo con el que conocen en Ausnay-sous-Bois al agente acusado de violación. Mohamed asegura que no denunció los hechos “porque venía de encontrar trabajo y no podía arriesgarme a perderlo”, según recoge Le Nouvel Observateur, que además publica una foto del rostro amoratado del joven. Un grupo de abogados que presta apoyo a las familias de los detenidos ha puesto en marcha una campaña para recaudar fondos con los que sufragar la defensa de los detenidos.

Las manifestaciones en apoyo a Théo han relanzado el debate sobre los abusos policiales en plena campaña electoral. François Fillon, Benoît Hamon y Emmanuel Macron, candidatos presidenciales conservador, socialista y liberal respectivamente —este último favorito en las encuestas— proponen mejorar la educación de ciudadanos y policía y dotar de nuevos medios a los agentes, mientras que la ultraderechista Marine Le Pen pidió más mano dura y “crear 40.000 plazas suplementarias de prisión”. Mélenchon, candidato de la izquierda radical, lanzó las críticas más duras contra la policía y abogó por “rehabilitar la policía de proximidad” y penalizar de manera “estricta” estos abusos.

De poco sirvió que el presidente François Hollande visitara a Théo en el hospital —permanece bajo tutela médica tras ser operado y con varios golpes en el cráneo— para lanzar un mensaje conjunto llamando a la calma, pues 48 horas más tarde la Inspección General de la Policía Nacional afirmaba en su informe preliminar que la violación de Théo fue “un gesto accidental”. El gobierno francés también ha sido criticado por no recibir a las familias de las víctimas, incluida la de Théo, aunque sí se reunió con las organizaciones SOS Racismo, Le Cran (asociaciones negras) y LICRA (contra el racismo y el antisemitismo). Este martes, el diario L´Humanité informó que el jefe de estos cuatro agentes, el comisario Vincent Lafon, ya había sido suspendido por un escándalo de violencia policial que acabó con un detenido hospitalizado durante una semana y la destrucción de varias pruebas judiciales, entre ellas una grabación.

La actual ola de disturbios también está deteriorando la credibilidad en la prensa francesa. Una vez más, un amplio número de medios franceses dio el protagonismo a las imágenes de coches ardiendo y manifestantes insultando a los periodistas y lanzando piedras a la policía. Varios testigos presenciales, incluido el fotoperiodista Nnoman, asegura que una granada policial fue la que prendió fuego a un vehículo de la cadena de televisión RTL que apareció en las principales televisiones de Francia.

Durante varios días la prensa francesa informó de que la policía había salvado a una niña al sacarla de un coche en llamas, pero después se supo que quien rescató a la menor fue un manifestante. Tras 14 días de disturbios y protestas, la cobertura mediática de estas manifestaciones nocturnas no tiene la amplitud de los primeros días, pero las grabaciones que muchos manifestantes realizan cada noche con sus teléfonos dan cuenta de la tensión del ambiente y del amplio despliegue policial.

“La sociedad francesa tiene un curioso problema de amnesia colectiva, quizás voluntaria”, opina en el diario Libération el politólogo Thomas Guénolé, quien además destaca que pronto se cumplirán 40 años de las primeras revueltas de la periferia que ocurrieron en Vénissieux en los años 80. La última ola de protestas tras un caso de violencia policial tuvo lugar en julio de 2016 a raíz de la muerte de Adama Traoré durante un interrogatorio, aunque aquellos disturbios no tuvieron la gravedad de los que vivió el país en 2005, cuando los jóvenes Zyed y Bouna murieron electrocutados mientras huían de la policía.

Más en lamarea.com

Read More

Violencia en la ‘banlieue’, ¿combustible para la ultraderecha?

PARÍS // “Théo y Adama te recuerdan por qué corrían Zyed y Bouna”. Un tuit del cómico Waly Dia con casi 15.000 retuits condensa la realidad de las siempre convulsas relaciones entre la autoridad y los jóvenes de la banlieue, zonas sensibles del extrarradio francés.

Hace 11 años de la muerte de Zyed Benna y Bouna Traoré, dos chavales electrocutados al esconderse en una torre de alta tensión para huir de la policía, en un episodio que desencadenó una auténtica revuelta en estas ciudades periféricas con fuerte población migrante, castigadas por el paro y la desigualdad. Hace apenas seis meses, un chico fallecido en circunstancias poco claras, Adama Traoré, reavivaba el fantasma de la brutalidad policial. Y en la última semana, la agresión a Théo L., un joven negro presuntamente sodomizado por la policía con una porra durante su detención, ha terminado de calentar los suburbios franceses, una década después de los disturbios que sacudieron todo el país.

Pero a diferencia del caso de Adama Traoré, que tuvo una repercusión mediática relativamente discreta, lo ocurrido con Théo ha obligado a reaccionar a la clase política francesa y ha desatado de nuevo la polémica sobre los métodos empleados por las fuerzas del orden. Dos motivos probables que explican esta mayor visibilidad son, por un lado, que la violenta detención fue filmada por cámaras de seguridad. La otra causa es que el país se encuentra a menos de tres meses de las elecciones presidenciales.

El caso de Théo habría empezado durante un registro policial ordinario a varios jóvenes. Según testigos, uno de los agentes abofeteó a uno de ellos, menor, sin mediar provocación. Théo, amigo de este chico, se interpuso y acabó detenido, no sin antes sufrir una brutal paliza por parte de los policías, que incluyó la presunta sodomización con una porra extensible. Tras visionar los vídeos de vigilancia, la Inspección de Policía ha aludido a un “accidente”. Una explicación difícilmente creíble dada la herida de diez centímetros en el recto y el desgarro en el músculo del esfínter que presenta la víctima, producida por una porra empleada “en horizontal”, según una fuente cercana a la investigación citada por varios medios franceses.

Los candidatos, con la víctima
En un gesto poco habitual, los aspirantes al Elíseo, a excepción de la ultraderechista Marine Le Pen, se han posicionado del lado de la víctima. El conservador François Fillon aseguró que “si hay faltas, deben ser sancionadas” y el liberal Macron evocaba la “fuerza ilegítima del Estado”, mientras que el socialista Benoît Hamon condenó sin ambajes unos “actos inadmisibles” y el líder de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, exigió la “expulsión de torturadores de la policía”.

El presidente François Hollande visitó el martes por sorpresa al chico convaleciente en el hospital y le prometió que se haría justicia. Pero ese gesto voluntarista contrasta con la ausencia de medidas tomadas durante sus cinco años de mandato, pese a que durante la campaña de 2012 el entonces candidato se comprometió a luchar contra los controles policiales discriminatorios contra los jóvenes árabes y negros.

Tras el episodio ocurrido en Aulnay-Sous-Bois, los disturbios se han reproducido cada noche en esa localidad y otras del distrito 93, el departamento de Seine-Saint-Dennis, donde ya han sido detenidas más de una treintena de personas. Las imágenes de coches ardiendo y cócteles molotov lanzados contra la policía recordaban, si bien en una escala mucho menor, a los hechos acontecidos en 2005.

En aquella ocasión, el entonces presidente Nicolas Sarkozy denominó “gentuza” a los habitantes de la banlieue en su conjunto y prometió medidas contundentes.  Pero aunque el gobierno de Hollande no haya sido tan vehemente, su represiva política securitaria, escudada en la ya permanente amenaza terrorista, ha provocado el mismo sentimiento de ansiedad, miedo y rabia en estos barrios.

Como guinda en el contexto de tensión actual, la Asamblea Nacional francesa aprobó el miércoles un proyecto de ley de seguridad pública que aumenta las prerrogativas de los agentes a la hora de actuar en “legítima defensa” y endurece las penas por ofensa a la autoridad. La iniciativa legislativa responde a las protestas de la policía del pasado otoño, cuando los agentes se manifestaron durante varias jornadas por la inseguridad y falta de medios que, aseguraban, sufren los cuerpos de seguridad galos.

Marine Le Pen rentabilizó aquellas manifestaciones, y en esta ocasión ha sido la única que ha tomado partido por los agentes. “Considero inadmisible crucificar a policías antes siquiera de que haya empezado la investigación. Mi principio de base es apoyar a la policía y a los gendarmes”, dijo la líder del Frente Nacional.

Aunque el joven agredido llamó a la calma desde su cama en el hospital, la mecha de la indignación aún no se ha apagado. Los cuatro policías implicados se encuentran suspendidos de sus funciones y en libertad provisional con cargos —tres por violencia agravada y un cuarto por violación— pero la Fiscalía podría retirar esa acusación basándose en el supuesto carácter “accidental” de la penetración. Si esto ocurre, la sensación de impunidad policial podría espolear nuevas protestas.

Con el voto de izquierda en horas bajas tras una decepcionante legislatura de los socialistas y los escándalos acumulados por el candidato conservador François Fillon, no cabe duda de que un nuevo estallido de violencia en la banlieue sería inteligentemente aprovechado por Le Pen. La candidata del Frente Nacional, máxima baluarte del discurso identitario de la Francia blanca, no pasa por su mejor momento, pero pese a algunos reveses recientes (incluidas acusaciones idénticas a las que han derrumbado la popularidad de Fillon), se mantiene contra viento y marea en lo más alto de las encuestas electorales.

faldon_noticias

Más en lamarea.com

Read More

Así fue enero, según Dios Tuitero

Tendido eléctrico I La Marea

Recuerdo mi speech más famoso, aquel del Sermón de la Montaña, donde os regalé los oídos con las célebres Bienaventuranzas. Hoy siguen de moda.

“Bienaventurados los pobres”, afirmé, y dos mil años después la Tierra sigue llena de ellos. Aquí en España, sin ir más lejos, conocíamos hace unos días el dato de que las tres personas más ricas del país acumulaban la misma riqueza que el 30% más pobre de sus compatriotas. ¡Bienaventurado ese 30%!

“Bienaventurados los que tengan hambre y sed de justicia”, me atreví a decir, y todavía hoy los familiares de las víctimas del accidente del Yak-42 continúan esperando al menos una disculpa por parte del entonces ministro de Defensa, el inefable Federico Trillo, después de que recientemente un informe del Consejo de Estado haya dictaminado la responsabilidad de dicho ministerio en la tragedia.

“Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra”. Ante las injusticias, mejor callarse, no montar alboroto, que ya seréis felices en la otra vida, que para eso está. Si en plena ola de frío sube la factura de la luz vertiginosamente, no hay que preocuparse: os vais a una iglesia y me buscáis, que yo soy la luz del mundo.

“Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Así que enhorabuena al cantante de Def Con Dos, César Strawberry, por su flamante condena de prisión por unos cuantos tuits desafortunados, y también a la hasta hace poco anónima tuitera Cassandra, a la que la fiscalía pide nada menos que dos años y medio de cárcel por hacer unos chistes sobre Carrero Blanco.

“Bienaventurados los pobres de espíritu”, y aquí estáis muchos de enhorabuena, no hay nada más que consultar qué programas arrasan en los índices de audiencia en televisión o ver qué es lo que triunfa en el mundo de la música o la venta de libros. Seguís siendo un rebaño, mis corderos, y yo el buen pastor. El negocio está asegurado.

“Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa”. Eso dije, sí. Para compensar, poco después se fundó la Iglesia y los cristianos pasaron de ser perseguidos a perseguir a todo el mundo. Científicos, librepensadores, mujeres acusadas de brujería o adulterio, homosexuales, ateos… fueron y siguen siendo sus víctimas. En esto mi religión no tiene la exclusiva, la condena del diferente es patrimonio común de casi todos los credos. Y no solo de los credos. A pasos agigantados el miedo y el rechazo al extranjero, al de otra cultura, se abre camino en la política de las principales potencias. Al Brexit británico, principalmente motivado por el rechazo a la inmigración, se suma la victoria de Donald Trump, constructor de muros y atizador de odios. Y todo ello jurado sobre dos Biblias (¡qué mejor manual de xenofobia!) y con el “¡Dios bendiga a América!” a cada momento.

Pero no sólo es Trump, en Francia las encuestas vaticinan la victoria electoral en la primera vuelta de Marine Le Pen, así como en la tolerante y progresista Holanda de su homólogo de ultraderecha Geert Wilders.

Pues eso, “bienaventurados” séais. Y bienaventurados los poderosos, dichosos de contar con eso que alguien llamó una vez “opio del pueblo” y que tan bien ha servido y sirve a sus intereses.

Más en lamarea.com

Read More

Vergiat: “Hay que construir una nueva vía que devuelva la esperanza a la gente”

La eurodiputada Marie-Christine Vergiat. FOTO: Parlamento Europeo.

Versión ampliada de la entrevista publicada en La Marea 44, dedicada a las soluciones que ofrecen las izquierdas para frenar el neofascismo. A la venta aquí.

Plantear y enfrentarse a los debates más difíciles. Eso es lo primero que tiene que hacer la izquierda para plantar cara al auge del neofascismo y la extrema derecha en Europa, según Marie-Christine Vergiat, eurodiputada francesa del Front de Gauche, que pertenece al Grupo Confederal de la Izquierda Europea. “La izquierda debe partir de lo que le da sentido común: el rechazo a las políticas de austeridad, un verdadero reparto de las riquezas, más equitativa, el sentido de solidaridad, el respeto por los demás… Construir un nuevo proyecto político, una nueva vía que devuelva la esperanza a la gente, una nueva hegemonía cultural”, defiende esta política, cuya última intervención en el pleno del Parlamento Europeo se centró en la denuncia de la situación a la que se enfrentan los periodistas en Turquía.

Vivimos un periodo caracterizado por el aumento de las desigualdades y el desempleo, y con una creciente precarización del trabajo. ¿Por qué la izquierda no es capaz de canalizar el descontento en un contexto que parece ideal para sus postulados?

Es una buena pregunta. Creo que el principal problema reside en la división, tanto en la forma como en el fondo. La izquierda europea aún no digiere la caída del Muro de Berlín. Después del fracaso del comunismo de Estado, la izquierda europea debería haber sido capaz de proponer una “tercera vía”. Pero quienes pretendieron hacerlo, los socialdemócratas, se han convertido mayoritariamente al liberalismo económico.

¿Por qué la extrema derecha es cada vez más fuerte?

Es tanto consecuencia de las políticas neoliberales como del miedo que genera un mundo que está cambiando, que se trasforma a toda velocidad y en el que faltan respuestas, faltan alternativas de izquierda. Dichos partidos captan votos entre las clases populares pero un número creciente de mujeres y hombres de izquierda se refugia en la abstención. El fracaso de Hillary Clinton es una gran demostración de esto. A menudo se caricaturiza a los electores y partidos de extrema derecha.

¿Cree que esta visión elitista refuerza el rechazo de esos votantes hacia la izquierda?

Caricaturizar y diabolizar no sirve para nada, al contrario. Esto crea un sentimiento de victimización que refuerza la idea de asedio y la de fractura entre los ‘demagogos’, que supuestamente entienden a las clases populares y los demás. En Francia, el Frente Nacional ha matizado su discurso y hace lo necesario para parecer abierto en cuanto a las preocupaciones sociales, un poco como Donald Trump. Y esto funciona porque es un mensaje sencillo que parece dar soluciones fáciles en un mundo cada vez más complejo. Los dos principales partidos de Francia han dado un giro hacia la derecha en varios asuntos para, aparentemente, despertar más simpatía entre los electores que optan por la extrema derecha.

¿Qué piensa de esta estrategia?

Pienso que es mortífero para ellos. Al acercarse cada vez más a las tesis y las propuestas de la extrema derecha, lo que se consigue es fortalecer su legitimidad y la credibilidad de su discurso. Entonces, lejos de combatirla, se la refuerza. En Francia conocemos bien este fenómeno desde hace treinta años. En cada elección, se usa a la extrema derecha como espantapájaros pero, en vez de retroceder, ésta no deja de crecer.

¿Percibe la lucha contra el cambio climático como una oportunidad para redefinir el sistema y combatir las desigualdades sociales y económicas?

Claro que sí. Porque esto cuestiona muchas certidumbres aprendidas a la fuerza a través de un marketing publicitario sobre los modos de producción y de consumo. Obliga a cada ser humano a pensar en su lugar en el mundo, en lo que necesita y lo que no, en lo que podríamos producir más cerca y lo que no. Permite imaginar otras relaciones internacionales basadas en la cooperación y que tomen en cuenta las necesidades de cada uno y su impacto sobre el medio ambiente. Esto cuestiona todos los preceptos de la economía globalizada.

Más en lamarea.com

Read More