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Antonio Manuel: “Entre democracia y silencio, elijo democracia”

Antonio Manuel junto a la Mezquita. Foto: Madero Cubero.

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Posiblemente este no sea el referéndum, pero entre democracia y silencio yo elijo democracia. La frase es de Antonio Manuel, alguien a quien se conoce al margen de sus apellidos, una de esas personas a quienes su inabarcable actividad les anticipa. Podríamos hablar del músico que componía melodías pop, del escritor, poeta y ensayista, del activista inmerso en frentes de agitación cultural. Quedamos con él en una terraza cerca de la facultad de Derecho de Córdoba, donde también imparte clases. Ya sentados en la mesa solo pide un vaso de agua, se expresa con tranquilidad pero con convicción, con sobriedad precisa. Vamos a conversar con él sobre Cataluña, desde los ojos de un andaluz que mira atento a una tierra que conoce y aprecia, tanto por vínculos familiares como profesionales.

Antonio Manuel es, además, presidente de la Federación de Ateneos de Andalucía, lo que le ha dado la oportunidad de estar en contacto con el ateneísmo catalán en unos espacios que se reivindican, desde el siglo XIX, como lugares de independencia, cultura y libertad. Lo que ocurre ahora ya ocurrió al menos por dos veces, nos dice recordando que la presente situación catalana viene de alguna parte. Ya hubo una primera transición aunque siempre se nos olvida, continúa, al proclamarse la Segunda República, en la que no se resolvieron los problemas relacionados con la diversidad de los pueblos del Estado por un temor ancestral que nos pesa como una losa. En la segunda transición de finales de los setenta, la mayoría tenía claro que cualquier reivindicación de diversidad en un país donde se había impuesto el pensamiento único pasaba por superar dos males, dictadura y centralismo, concluye el profesor.

Mientras que Antonio Manuel comenta que el virus que no nos abandona consiste en que la noción de españolidad se circunscribe a rezar de rodillas y hablar un solo idioma, las campanas de una iglesia cercana marcan la mitad de la mañana, haciendo casi inaudible nuestra conversación. España es una noción de nociones donde siempre se han enfrentado, como en el movimiento de sístole y diástole, dos propuestas, la de diversidad frente a la del exterminio al diferente, nos explica marcando la importancia de la idea. La primera gran victoria de la homogeneidad fue confesional, a partir de 1492; la segunda, cultural e identitaria con la llegada de los Borbones. Este proyecto de uniformidad toma una nueva encarnación a partir del segundo gobierno de Aznar, opina, donde se agitaron corrientes políticas muy primarias.

El gobierno Zapatero fue una reacción a esta situación premeditada para reactivar el nacionalcatolicismo, prosigue, al tocar aspectos fundamentales para este proyecto como la idea cerrada de familia, la cuestión de la memoria histórica o la dimensión territorial. En ese momento se produce de nuevo una polarización que tuvo su momento álgido en el cierre autonómico por el Tribunal Constitucional, donde se situaron piezas de forma clandestina para convertir al máximo órgano jurídico en un legislador negativo. La amputación de la reforma territorial, no solo catalana, fue la aplicación del modelo de Aznar, del plan histórico de uniformidad. La separación entre Cataluña y España se empieza a hacer más patente desde aquella situación, también por la incapacidad de la izquierda de afrontar su responsabilidad histórica con un Estado inclusivo, critica.

Tenemos que romper con la posición cómoda del espectador frente a eso llamado choque de trenes, como pueblo que es alma del territorio pero que parece ajeno al conflicto presentado, nos aclara Antonio Manuel. La solución de la derecha en España ha sido el no, la falta de plan, por tanto parece legítimo que los catalanes busquen una salida, sin que esto sea impedimento para que tengamos que estar de acuerdo con este plan en concreto. El referéndum catalán, considera, ha sido presentado como un problema de orden público, cuando realmente es una cuestión de salud pública.

La responsabilidad de la izquierda

Somos muchos, afirma el profesor cordobés, los que intuimos que la salida debe venir de la apertura de un nuevo proceso constituyente que desemboque en un verdadero Estado federal. Apunta, eso sí, que federar no es federalizar, que federar es nacer, el momento en que distintos Estados dan lugar a uno nuevo. Si a finales de los setenta diferentes procesos de autonomía como el andaluz reflejaron la muerte de la estructura franquista, ahora de lo que se trata es de los estertores del modelo territorial vigente. Sin embargo, prosigue, la estelada ha quedado solo como la portadora de demandas nacionales, de un Estado frío, ausente del conflicto social. A juicio de Antonio Manuel la izquierda independentista no ha sabido dar enganche a las cuestiones social y nacional. Los Comunes y Podemos, al estar clavados en la reivindicación social, por su parte, tampoco han podido dar con el enlace al elemento identitario.

Cataluña es esencialmente diversa, por mucho que se insista en lo contrario, por eso el referéndum es una solución de orden público para dar salida a muchas de estas personas que se han quedado en tierra de nadie entre la tensión social y nacional.

Las palabras enferman, lo que nos convierte en sus víctimas, y a mí me encantaría encontrar una para definir nuestra situación, dice Antonio Manuel. El empoderamiento del elemento identitario uniformador español no solo afecta a Cataluña, sino que entierra definitivamente la época de la explosión de libertades que muchos vivimos, explica. No es el conflicto o el problema catalán, es el de todos. La resolución al conflicto territorial es la resolución a esa tensión entre el proyecto del nacionalcatolicismo y el de la diversidad de los pueblos.

Defender el sentido común en un Estado democrático es defender una solución demócrata y plural, conocer la realidad catalana, acabar con la condición de español como idea de vía única. Esto es una oportunidad para la izquierda, que debería ser más valiente y no anteponer lo electoral a lo ideológico. Es urgente, acaba insistiendo Antonio Manuel, que la izquierda se entienda y apueste por un modelo federal y un proceso constituyente.

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Juan Ramón Rallo: “La nación es un instrumento para defender la libertad”

Esta entrevista forma parte de la serie #Yotambién quiero un referéndum para Cataluña. Puedes comprar #LaMarea52 en kioscos y en nuestra tienda online. Suscripciones anuales desde 22,50 euros.

Sus comentarios en Twitter a favor de la celebración de un referéndum en Cataluña han sorprendido (e indignado) a muchos de sus seguidores, que le han tildado de “anarquista”, “absurdo” y “enloquecido”. El economista, profesor y colaborador en distintos medios de comunicación Juan Ramón Rallo (Castellón, 1984), que se define como liberal convencido, explica a La Marea a través de un cuestionario por qué defiende que los catalanes puedan manifestarse en las urnas.

¿Por qué apoya que se celebre un referéndum en Cataluña?

No estoy a favor de este referéndum [del 1-O] en Cataluña porque no cumple elementales condiciones para su validez democrática. Es un referéndum organizado por una parte de los catalanes sin las suficientes garantías como para que la opinión y participación de otras partes de la sociedad queden reflejadas. Pero sí estoy totalmente a favor de que se celebre un referéndum, suficientemente reglado y garantista, para plantear la secesión de cualquier grupo de ciudadanos del Estado español. La libertad de asociación y desasociación (también política) es un derecho básico de cualquier persona.

¿Qué cree que debería hacer el Estado español en la situación actual?

El referéndum actual no tiene validez dentro de la arquitectura institucional en la que se enmarcan los catalanes y, por tanto, no debería reconocérsele eficacia alguna. Ahora bien, lo que es un completo disparate es que utilicemos el arbitrario marco legal actual como excusa para impedir sine die la celebración de un referéndum. Si la Constitución no permite un referéndum de separación política, lo que debemos hacer es enmendarla inmediatamente para permitirlo (y, por los mismos motivos, una eventual Constitución catalana tampoco debería impedir referéndums de intrasecesión política). Yo no apuesto por la rebelión y la ruptura institucional unilateral, pero tampoco por el cercenamiento de derechos básicos como el de separación política. Es lamentable que la única vía que actualmente se contemple para el ejercicio de ese derecho sea la rebelión y la insurrección: si eso es así, es que nuestro marco institucional está muy mal estructurado.

¿Y por qué ocurre?

Echo en falta argumentos buenos sobre por qué no debería cambiarse la Constitución para permitir el ejercicio de esa libertad. Si la Constitución prohibiera la libertad de prensa, habría que enmendarla para permitirla: no creo que nadie se acogiera al texto constitucional para mantener ese statu quoliberticida. Sobre que la nación española es indivisible: si verdaderamente lo fuera, no haría falta que la Constitución prohibiera su división. Lo indivisible, por definición, no puede dividirse y, por tanto, no hace falta ninguna ley que lo imponga. Bromas aparte, cuando se dice que la nación española es indivisible, lo que en realidad se está diciendo es: ‘la nación española es divisible pero no quiero yo que se divida’.

Por lo mismo, un católico (o un musulmán) podría decir: ‘mi religión es la correcta y no quiero que tú profeses una fe distinta (o ninguna fe)’. Yo no debería poder imponerte mis preferencias sobre cómo me gustaría que vivieras tu vida: eso es la esencia de la libertad… la tolerancia hacia los proyectos de vida ajenos. Y parte fundamental del proyecto de vida de una persona es decidir qué comunidades políticas integra. Una Constitución que se precie de defender la libertad, pues, no puede reprimir ese derecho: tampoco en nombre de la unidad de la nación española (o la unidad de la nación catalana, que esto también vale para los nacionalistas catalanes). La nación es, en el mejor de los casos, un instrumento para defender la libertad: no un tótem al que deba rendirle culto la libertad individual.

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