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Carlos Prieto: “El referéndum debe plantearse en términos de clase”

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Militante de los movimientos sociales europeos y editor de la edición española de la revista New Left Review, entre muchas otras cosas, Carlos Prieto del Campo aborda sin complejos la cuestión del referéndum catalán. “Celebrar una consulta de este tipo es de un calado mucho más amplio que una simple discusión política entre élites enfrentadas entre sí por controlar sus respectivos aparatos estatales”, argumenta.

¿Apoya el referéndum planteado en Cataluña para el próximo 1-O?

Si hubiera un referéndum debería ser totalmente distinto al planteado para el 1-0, que en mi opinión no resiste un análisis jurídico ni político ni de mínimas garantías técnicas para que se celebre con coherencia. Si no hay consenso mínimo para celebrar algo tan importante como un referéndum, la consulta del 1-0 caerá por su propio peso como un castillo de naipes. Si eso ocurre, el Govern convoca elecciones y revalida una mayoría a favor de reconsiderar la situación de Cataluña en el Estado español, la única salida coherente sería celebrar un referéndum pactado con todas las garantías. Y en ese caso creo que la opción más razonable sería que esa consulta fuera vinculante para ambas partes, cuyo resultado, fuera cual fuera, cerrara el debate durante un tiempo razonable para dar estabilidad social, política, económica y hasta cultural al conjunto del Estado.

Entiendo, entonces, que sí es partidario de un referéndum pactado y consensuado entre los distintos actores políticos. ¿Es así?

Sí, como indicaba. Sería de desear que esa hipotética consulta se planteara no solo en términos de soberanía girando únicamente en torno a la secesión o no de Cataluña, sino que se abordara como un debate político del modelo de organización estatal en un horizonte de poder constituyente a gran escala en el conjunto del Estado. Si en el hipotético referéndum no se dejara margen para jugar con la plasticidad de la organización de la forma del Estado español, se quedarían muchas cosas en el tintero y produciría un escenario de difícil gestión pobre en cuanto a la potencia del mismo para desbaratar los planes de las élites dominantes españolas y catalanas.

El Gobierno argumenta que, hoy por hoy, un referéndum de esas características es imposible llevarlo a cabo porque la unidad de España es indivisible y, además, no se ajusta a la Constitución. ¿Qué opina?

Que el referéndum no se ajusta a la Constitución y que carece de consistencia jurídica lo ha reconocido hasta el Letrado Mayor del Parlament. Pero debe quedar claro que un referéndum no debería ser entendido solo como una cuestión de soberanías. De lo que se trata en realidad es de cómo se integran políticamente unidades socioeconómicas de clase, que por definición va a ser transnacional, en el sentido de que hoy si Cataluña quiere estar dentro de la UE va a estar sometida a una restricción de la soberanía igual que experimentan Francia, Italia, Rumanía, España o Alemania, si nos retrotraemos a todo el proceso desde Maastricht hasta nuestros días. Desde una concepción orgánica del nacionalismo, se puede argumentar que el procés es la cristalización de ese proceso plurisecular que arrancó en 1711. Eso no resiste el más mínimo análisis histórico ni el más mínimo análisis en términos de lucha de clases y de antagonismo secular contra las clases dominantes catalanas y españolas, y en la actualidad de enfrentamiento contra las relaciones de poder impuestas por la gestión neoliberal, no de la economía española o catalana, sino del conjunto de la UE, que es el escenario de acción política natural de los movimientos antisistémicos.

Hay que tener mucho cuidado en plantear el referéndum no como un choque de soberanías ni de esencias nacionales sino como una discusión estratégica sobre cómo se inserta la economía o la formación social catalana o española en este entorno que está ya muy transnacionalizado, que en buena parte ya es muy postnacional o multinacional avant la lettre y que realmente está operando con criterios de restricción fortísima de la soberanía, como se ha visto durante la crisis. Hay que leer el proceso no cómo algo estrictamente construido en torno al concepto de soberanía, sino en torno a la batería de conceptos políticos antagonistas modernos: en términos de clase, de producción de un nuevo bloque social, de un nuevo bloque histórico.

Pese a lo enconado de las posturas, ¿cree que puede haber algún resquicio para el entendimiento?

Tendría que producirse un cambio importante en la política española y catalana. Si la constelación de fuerzas en Cataluña fueran solo PDeCAT-ERC-CUP, habría pocas posibilidades de que la cosa se desbloqueara, estando el PP en el Gobierno nacional. Si realmente Catalunya en Comú-Podemos introducen otro tipo de variables y de debate que no se plantee solo en términos de soberanía cerrada, sí podría crearse el espacio para que ese referéndum se insertara en ese proyecto de poder constituyente que redefiniera la naturaleza del Estado; una fórmula en la cual fuera mucho más simple crear alternativas políticas para romper con el modelo de gestión neoliberal y, por lo tanto, modificar las posibilidades de transformación de la forma Estado española y el cálculo de las élites políticas catalanas conservadoras, que lideran el proceso actual.

¿Por qué esa falta de voluntad del PP de no hacer nada?

La falta de movilidad y respuesta por parte de unos y la falta de inteligencia política por parte de otros ha llevado a esta situación de bloqueo. El PP no se mueve porque piensa que en las condiciones actuales cualquier tipo de disgregación del Estado español es una merma absoluta de la potencia del Estado, y no quiere bajo ningún concepto que eso se plantee como escenario. Por otra parte, una secesión unilateral tendría tal repercusión socioeconómica que el PP se muestra muy cauto, al igual que el PSOE y Podemos y Catalunya en Comú. La inmovilidad del PP responde a una estrategia que ellos no saben gestionar en términos originales porque tienen una concepción soberanista y decimonónica del Estado y el PP y el Govern son los garantes del statu quo neoliberal de la UE.

Un inmovilismo que ha convenido a las dos partes…

Exacto, porque ambas élites quieren controlar el aparato del Estado respectivo como horizonte máximo de acción política. Ambos bloques usan un concepto fuerte de soberanía en el momento mismo en que su crisis de representatividad es más alta y sus procesos de depredación del sistema público más escandalosos. Además, ambas partes han demostrado una absoluta incapacidad de plantear un proceso político en clave realmente constituyente con un contenido muy fuerte de clase, una política que quiera hacer tábula rasa con las antiguallas que son los Estados-nación tal como están concebidos actualmente, con la tremenda presión que la gobernanza neoliberal de la UE y los mercados financieros imponen. Eso a ambos bloques ni se les pasa por la cabeza, mientras que Podemos-Catalunya en Comú empieza a girar un poco en esa línea.

La complejidad de lo que supone romper, crear, constituir una nueva forma política es algo que tiene mucha mayor plasticidad en términos de clase, de proceso constituyente antagonista, antisistémico, revolucionario, que una vagatela de enfrentamientos entre soberanías podridas desde hace varias décadas, y que desde la crisis han manifestado su miseria de manera absoluta: desde expulsar a inmigrantes hasta retirarles la tarjeta sanitaria, provocar desahucios… Ante lo cual ni el gobierno catalán ni el español han movido un dedo.

¿Se imagina una España sin Cataluña?

Mi reivindicación del nacionalismo español es igual a cero. Políticamente sí es posible una España sin Cataluña y una Cataluña sin España, aunque a mí me parece que eso es poco interesante. Lo que me interesa es analizar el problema desde un punto de vista estricto de clase: analizar los equilibrios sociales, políticos y culturales que pueden dar lugar a producción de bloques históricos que hagan posible romper la actual gobernanza neoliberal y el actual modelo de durísima segmentación que el capitalismo está imponiendo global y regionalmente. A mí me da igual una España rota que una España reconvertida, pero sí quiero que las fuerzas de trabajo, los grupos subalternos, las grandes mayorías puedan dar un salto político que les beneficie en términos de igualdad y justicia radicales y de democratización integral de la vida social. Si eso no se consigue, realmente no sé si merece la pena el esfuerzo. La perversión del debate es que el único horizonte de constitución política es el nacional y el soberanista.

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“El referéndum es necesario para saber en qué punto nos encontramos”

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Anna Moner (Vila-real, Castellón, 1967) es licenciada en Historia del Arte, artista y escritora. Ha expuesto obras en varias ciudades españolas y francesas. En su faceta de escritora ha recibido varios premios por relatos cortos y fue galardonada con el Premio Enric Valor de la Diputación de Alicante en 2010 con su primera novela Les mans de la deixebla, publicada por Bromera. En 2015 publicó su segunda novela, El retorn de l’Hongarès. Moner es favorable a un referéndum en el que voten los catalanes entendiendo la consulta como una herramienta para desencallar un conflicto que se ve abocado a un “callejón sin salida”.  «Hay que ver, analizar y tener datos reales y fiables encima de la mesa y a partir de ahí saber cómo se puede avanzar», defiende.

¿Por qué está a favor de un referéndum en Cataluña?

Los referéndums son una opción adecuada para conocer la opinión de la sociedad respecto a cualquier tipo de cuestión relevante. Más todavía cuando no se trata, como en un caso como este, ni de una frivolidad ni de la tozudez de un grupo de radicales, etc., como se repite cada día por parte del Gobierno español, de cargos políticos y de muchos medios de comunicación. Estamos ante una herramienta que puede servir para dar solución a un problema que se arrastra desde hace demasiado tiempo. Hay mucha gente, sobre todo quienes no están de acuerdo con el referéndum, que asegura que la expectativa de independencia genera y generará una gran frustración, pero honestamente creo que la frustración ya estaba ahí desde hace mucho y cada vez está cuajando más. Arranca sobre todo desde la sentencia del Constitucional que tumbó el Estatuto de Autonomía del año 2006.

Creo que desde el momento en el que se empieza a tomar conciencia desde Cataluña de que el Estado español siempre se negará a contemplar, valorar y respetar las necesidades reales que tienen y se ven abocados a buscar otras alternativas. No es un movimiento que arranque de las élites políticas, sino que es un movimiento popular, ideológicamente y generacionalmente transversal. Eso se ve en las movilizaciones que se han producido. Si una cosa así se ignora y no se tiene en cuenta a la hora de valorar el problema, cualquier análisis que se haga siempre será erróneo. Eso al final siempre beneficia a quienes tienen la voluntad de tergiversar y alargar inútilmente una situación que lo único que puede hacer es pudrirse y cronificarse y no llegar a ningún lugar.

En esencia, estamos hablando de ir a votar. En el punto en el que nos encontramos, creo que la única manera de conocer la opinión de la sociedad catalana pasa por el referéndum. Hay un 70% de los catalanes que está a favor simplemente de ir a votar, y eso no se comenta. Puede salir que sí o que no. Deberíamos plantearnos por qué, si está tan claro que va a salir que no, algunos no quieren saber el resultado.

¿Está claro que ganaría el ‘no’?

No, yo tengo todas las dudas. Realmente no se sabe lo que va a pasar, pero el referéndum es necesario por eso mismo. Necesitamos saber en qué punto nos encontramos, porque si no llegaremos a un extremo en el que el problema va a continuar. Lo único que se va a hacer es aumentar cada día esa relación enfermiza que hay, que se acabará cronificando, perdurando en el tiempo. No sabemos muy bien qué va a ocurrir a continuación, por eso hay que ver, analizar y tener datos reales y fiables encima de la mesa y a partir de ahí saber cómo se puede avanzar. Evidentemente está la cuestión de la legalidad, pero creo que es una manera de huir de la realidad por parte del Gobierno español, porque cuando les ha interesado se ha hecho un cambio exprés de la Constitución. Por otro lado, está el menosprecio que se respira en el ambiente en general del resto del Estado hacia Cataluña y a todo lo que suena a catalán. Y eso, evidentemente, no ayuda a resolver el problema.

¿Es el 1-O la mejor forma de abordarlo?

Ahí está la cuestión de las garantías, pero es que volvemos a lo mismo, en este sentido siempre estamos dando las mismas vueltas. Si las garantías las tiene que dar el Estado difícilmente se va a convocar. Exactamente no sé qué espera el Gobierno que pase al día siguiente del 1-O en el caso de que impidan la celebración. ¿Esperan que todo se olvide y que todo siga como si no hubiera pasado nada? Es que pienso que más tarde o más temprano, con o sin garantías, se tiene que solucionar de alguna manera. Pero tiene que ser la gente votando la que tiene que decir qué piensa de la cuestión. Es someter la voluntad de un alto porcentaje de ciudadanos a la decisión del Estado de decidir que la cuestión es inamovible e inmutable y que eso tiene que perdurar.

¿Pero ve que es un buen momento la convocatoria del 1-O o hay todavía tiempo para dialogar? 

Creo que quienes lo han convocado lo han meditado mucho. Y hablar o dialogar más… Es que el diálogo no ha existido nunca. Sería volver al punto de partida previo al Estatuto y está claro que desde Cataluña no van a entrar otra vez en ese juego. Creo que es una situación mala para todos, que se alarga demasiado en el tiempo. Para todos, tanto para quienes están a favor como para quienes están en contra. Cuando se toman decisiones de esa envergadura, porque son decisiones que suponen un riesgo importante para la gente que las lleva hacia delante. ¿Cómo se tienen que enfocar? Cuando se entra en ese juego, se tiene que ser firme. Solo hace falta ver todo lo que pasa alrededor del proceso, la manipulación, las presiones… Si no se soluciona, el problema será cada vez más grande y complicado. Y había que decidir un momento para convocarlo antes de que el conflicto y la tensión se hicieran más insoportables. Hay que saber hacia dónde quieren ir los ciudadanos.

¿Cómo cree que debería plantearse el referéndum?

Lo ideal y lo deseable sería que se llevara a cabo de manera legal, con todas las garantías, y que el resultado fuera vinculante. Pero la negativa del Estado a poner todos los mecanismos necesarios para que esto sea así y el intento de impedir la celebración por todos los medios a su alcance va a hacer imposible que se plantee de esta manera. En este escenario, con una herida tan profunda, pase lo que pase el 1-O, el día después o semanas después o meses después, el Estado tendrá que pactar alguna propuesta con las fuerzas independentistas para dar una solución a la demanda social existente en Cataluña. En caso contrario, nos encontraremos en la misma situación otra vez y puede que indefinidamente. Y no creo que eso sea lo mejor para nadie.

¿Pero ve perspectiva de algún tipo de entendimiento o acercamiento? 

¿En qué dirección? Hacia atrás no puede ser. El menosprecio por todo lo que es catalán y lo que suena a catalán es muy grave y evidente. Sin el respeto y la valoración de las otras culturas que forman parte del Estado es muy difícil. Así solo se puede llegar a un callejón sin salida. Para ver hacia dónde queremos ir es necesario cambiar los marcos legales necesarios para que se pueda consultar y conocer la voluntad de los ciudadanos directamente.

¿Y deberían votar todos los españoles?

Creo que eso es una falacia. No. De todas formas, el resultado de una votación en la que pudieran participar todos los españoles tampoco está tan claro, puede que nos sorprendiera más de lo que ahora creemos. Pero creo que no toca, los que tienen que decidir son los catalanes. A partir de la consulta, ya se verá si es vinculante o no, dependiendo del resultado, de los porcentajes de participación… A partir de ahí ya pasarán otras cosas. Primero hay que ver qué ocurre ese día.

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Víctor Arrogante: “Envidiaría una República catalana”

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Es como si viviera en una biblioteca. En su pequeño piso de Madrid, el mismo en el que nació hace 68 años, los cientos de libros que forran las paredes contrastan con el ordenador que ocupa el centro de la sala principal. En casa de Víctor Arrogante (“sí, ese es mi apellido”), Trotsky, Lincoln, Vázquez Montalbán y Muñoz Molina comparten balda. La bandera tricolor republicana y la europea comparten asta. Tras consagrar su vida a la enseñanza, ahora es un analista político capaz de combinar su profundo conocimiento de la historia con su visión mundana y cercana de la realidad que vivimos.

¿Por qué está a favor del referéndum de Cataluña?

En realidad, estoy a favor del derecho a decidir de los pueblos, por tanto, entiendo que el referéndum es un derecho que se le debe conceder a un colectivo o a un pueblo sea por la independencia o por otra razón.

¿Habría excepciones?

En principio siempre se puede poner condiciones, como que emane del pueblo y que haya relación con la historia, con la conformación social y política del colectivo… A priori no negaría el derecho a decidir, pero universalmente habría que tenerlo en cuenta.

¿Hay algo que le llame la atención de los catalanes?

Siempre he entendido que los catalanes son un pueblo avanzado, democrático, moderno, que está mucho más puesto en relación con Europa que el resto de los españoles.

En general, ¿cómo se percibe desde España a Cataluña?

Creo que en general se la percibe mal, como con envidia por el desarrollo que los catalanes han tenido siempre, incluso dentro del régimen franquista. También podríamos entender que hay prepotencia en Cataluña.

¿Se podría desbloquear la situación con una medida distinta?

Podría haber otras fórmulas si hubiera voluntad política. El Gobierno español, encabezado por el señor Rajoy, no tiene voluntad política sino que quiere implantar el modelo franquista de España. En ese modelo no encaja una nación como la catalana, indistintamente de que lo que quieran sea establecer una república.

¿Por qué cree que el sentimiento nacionalista es más fuerte ahora?

Está por ver cuántos son verdaderamente los que defienden el posicionamiento soberanista. Creo que ha habido un incremento del soberanismo precisamente porque cuanta más política reaccionaria hay en Madrid, más política de avance soberanista hay en Cataluña. Es un tema totalmente proporcional a la política reaccionaria de Madrid. Tiene que ver con la cultura de los 40 años franquistas que todavía llevamos en el ADN.

¿Podría existir España sin Cataluña?

Yo creo que sí, perfectamente.

En España y en Cataluña hay sectores que se demonizan mutuamente. Sin embargo, los problemas de un albañil catalán y de uno de Madrid son prácticamente los mismos. ¿Cómo interpreta esa dinámica?

Cataluña ha estado gobernada por la derecha nacionalista catalana, Pujol y todos los demás, y la política económica que han tenido es la típica de la derecha capitalista. Ese choque, que seguramente es más cultural que otra cosa, es provocado. Creo que hay mucho postureo político, se incita a la gente. Estos días estamos viendo esa posición de España contra el Gobierno catalán en relación con la gestión de los atentados. Desde Cataluña los políticos también tratan de echar la culpa a España. Hay un postureo que ya es histórico en España.

Imagine que se proclama la República catalana. Como republicano, ¿usted sentiría envidia?

Sí, y en ese momento yo volvería a reivindicar la Tercera República española, que es algo que hago siempre que puedo. Sería lamentable que hubiese una república en Cataluña y que no fuéramos capaces de conseguirla en España.

¿Se imagina que hubiera una federación de repúblicas ibéricas?

No creo que vaya a ver algo así, pero me encantaría.

¿A usted qué le gustaría que pasara?

Me gustaría que se celebrara el referéndum, que tuviera una participación que le diera legitimidad democrática, y que el gobierno de España reconociera la voluntad del pueblo catalán.

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Laberinto emocional y dos grandes dudas ante el 1-0

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El conocimiento neurocientífico actual da cada vez más protagonismo a las emociones en nuestra participación en el mundo y en la modulación de nuestras cogniciones, nuestros pensamientos. Por ejemplo, según la hipótesis del marcador somático del neurocientífico António Damasio, ganador del Príncipe de Asturias, nuestros recuerdos emocionales son básicos en nuestras tomas de decisiones. Dichos recuerdos nos guiarían de forma inconsciente en qué opciones son más y menos adecuadas ante una determinada decisión a tomar.

Asimismo, desde la psicología social, hace ya décadas que se ha venido estudiando los mecanismos por los que las personas tendemos a intentar integrarnos y ser fieles al grupo con el que nos identificamos y a diferenciarnos de los grupos a los que creemos no pertenecer.

El periodismo y la política actual y las redes sociales parecen haberlo entendido muy bien y, a mi juicio, lo están potenciando en general. Gran parte de los mensajes de las personas y de las personas periodistas respecto al 1-0 así lo muestran.

Quiero compartir mi gran laberinto emocional con todo lo que está pasando respecto al conflicto Catalunya-España. Me da la sensación de que comparto muchas de las emociones que estoy sintiendo respecto a este tema con muchas otras personas, aunque no las solamos expresar.

Siento muchas emociones.

Siento mucho cariño y amor a mi gente, mayoritariamente independentistas y soberanistas de izquierdas en Barcelona y alrededores y de más variado arco político en otras partes del Estado.

Siento envidia y admiración por la fuerza, por la capacidad de aglutinar y de crear ilusiones y de generación de argumentos, y por la acción pacífica, inclusiva y masiva del movimiento independentista catalán.

Siento tristeza porque el mayor ciclo de movilizaciones ciudadanas que yo conozco desde que nací se asocie con un tema nacional y de ruptura y no por otros problemas que considero más acuciantes para la humanidad, como la crisis ambiental.

Siento mucha rabia hacia los nacionalistas españoles que nos gobiernan ante la negativa de permitir un referéndum de autodeterminación de Catalunya con garantías, en aras de unos supuestos principios democráticos y legales que con frecuencia violan, así como por la gestión puramente legalista y cortoplacista de un problema social y político de largo recorrido. También siento rabia hacia ellos por el hecho de que nieguen la crisis sistémica que persiste en España (política, económica, judicial…) y que se nieguen a emprender una regeneración social, política y económica.

Siento esperanza al percibir interés genuino por muchas personas de España para conocer las motivaciones del independentismo y/o su apoyo a un referéndum con garantías como solución al conflicto.

Siento miedo ante las manifestaciones masivas de sentimiento nacional y ante la tendencia humana a la sinécdoque, a considerar la parte como el todo (Catalunya quiere la independencia, España no tiene remedio, los musulmanes son terroristas, los occidentales son degenerados…).

Siento tristeza ante la falta de empatía de muchos españoles al no querer ver que la mayoría de catalanes consideramos Catalunya un sujeto político soberano y por parte de muchos catalanes que no parecen recordar que la mayoría de españoles consideran España como un sujeto político soberano.

Siento rabia por las manifestaciones de odio hacia otras identidades nacionales u orígenes (anticatalanismo, antiespañolismo, antiandalucismo…), por el anti-islamismo, por el machismo y por bajezas parecidas y tan frecuentes.

Siento cariño hacia mis amistades catalanas, al sentir muestras de anticatalanismo, como hacia mis amistades andaluzas, al sentir manifestaciones anti-andaluzas.

Siento gran tristeza ante cualquier acto de violencia aquí, allá o acullá, que venga justificado por cualquier bandera, religión o ideología.

Siento alegría por la reacción de la mayoría de la población de Catalunya posterior a los recientes atentados en repudio de la violencia y a favor de la convivencia y el respeto.

Siento miedo ante la presión que estoy sintiendo por definirme en el blanco o en el negro, cuando lo que siento tiene muchos más colores y a que esta presión derive en “linchamiento” hacia quienes manifestamos matices y dudas.

Siento tristeza y rabia ante el esperpento que se vivió en el Parlament català los pasados miércoles y jueves.

Siento agradecimiento por la empatía que estoy recibiendo de amistades y familiares ante mi vivencia de este proceso.

Siento alivio al recordar, desde una perspectiva histórica, la disminución en los niveles de violencia con la consolidación de los estados-nación (ver por ejemplo el libro Sapiens: de animales a dioses, de Yuval Noah Harari).

Siento esperanza al leer en la Llei de transitorietat que habría un proceso participativo para elaborar la constitución catalana en un contexto de mayoría social de centro izquierda en Catalunya.

Siento decepción al leer en la Llei de transitorietat que ésta no avanza en derechos sociales más allá de la Constitución e spañola, al leer que, según dicha ley, los residentes en la actualidad en Catalunya sin nacionalidad española lo tendrían difícil para adquirir la nacionalidad catalana y al ver la falta de independencia política del poder judicial que emana dicha ley.

Siento mucho miedo ante la escalada de tensión que se está manifestando en el conflicto sociopolítico Catalunya-España.

Por esto, no siento alegría al ver la ilusión de gran parte de mis amistades independentistas ante la Diada y ante el 1-O.

Ante todo este laberinto emocional, me surgen dos grandes dudas. La primera es que el 1-0 haya un referéndum con un mínimo de legitimidad que ayude a resolver el actual conflicto. La segunda, qué hacer, si hay referéndum/movilización, como ciudadano catalán (no votar, votar Sí, votar en blanco o No; encuentro emociones y argumentos para todas las opciones); los acontecimientos venideros me ayudarán a decidirme.

* Jordi Ortiz Gil es socio cooperativista de La Marea y neuropsicólogo.

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Charo González: “No puedo entender que se tenga tanto miedo a unas urnas”

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Pese a haber vivido en México desde 2004 hasta 2016, el Estatut catalán y el procés han estado tan presentes en la vida de Charo González Arias como en el resto de la ciudadanía española y catalana en el último periodo. “Allí se lee mucho la prensa española y como esta ha presentado la cuestión independentista con un fervor inusitado, dedicando portadas y portadas, la gente nos preguntaba continuamente a los españoles por lo que estaba pasando. Gastábamos bromas sobre el Estatut porque parecía el monotema”, cuenta con su habitual buen humor y sarcasmo.

Reconocida en Asturias por su trabajo como abogada del movimiento de insumisos ante el servicio militar obligatorio –fue la letrada del filósofo y sociólogo César Rendueles, cuyos padres se autoinculparon en el juicio–, también consiguió llevar ante los tribunales a funcionarios de la prisión de Villabona por abusos a los presos o al entonces alcalde de Oviedo y actual delegado del Gobierno, Gabino de Lorenzo, por malversación de fondos públicos. Tras años litigando casos vinculados también con la violencia machista, el ecologismo y las políticas de extranjería, decidió aparcar la toga y dedicarse a la docencia. A ella lleva dedicada desde 2004, cuando empezó a impartir clases de derechos humanos, sociología jurídica y antropología, entre otras disciplinas, en la mexicana Universidad Autónoma de Querétaro. En este nuevo curso se incorpora como docente a la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo.

¿Qué opinión tiene sobre el procés independentista y sobre el referéndum anunciado para el 1 de octubre?

Desde las posturas autollamadas democráticas siempre se ha planteado que los pueblos con aspiraciones independentistas tenían que seguir las vías institucionales. Lo que me sorprende es ese doble estándar por el que cuando parte del pueblo catalán decide seguir esta vía pautada en el marco constitucional, se les echen encima llamándoles de todo. Si fuese un juego entre niños de cinco años, dirían que les están haciendo trampas al cambiar las reglas en medio del juego. Es de una incoherencia escandalosa. No puedo entender que se tenga tanto miedo a unas urnas, a pedir la opinión de la gente. Pero a título personal, soy internacionalista, ciudadana del mundo y no considero que la solución pase por crear más fronteras. Todo lo contrario.

En la medida de mis posibilidades trato de derribar las fronteras políticas, administrativas y discursivas que está creando esta Europa fortaleza. Pero creo que hay procesos –más que políticos, culturales– que llevan a un pueblo a querer decidir su forma de organización. Y es incuestionable que tienen ese derecho, como se aprobó en 1966 por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el consecuente derecho de los pueblos a la autodeterminación. Sin embargo, yo creo que lo que hay que hacer es crear alianzas entre los pueblos, no más segregaciones territoriales, más pasaportes, visados y todo lo que conlleva crear un nuevo Estado. Pero claro, mi vía es totalmente ingenua.

¿Cuál es esa vía?

Territorios y pueblos sin Estados, con fronteras porosas o las que marque la orografía del paisaje. Las fronteras son jerárquicas siempre, nunca son inocentes. Las fronteras son para cerrarse a las personas y abrirse a los capitales. Y como creo que todas las personas somos iguales no puedo defender una herramienta de estratificación social. Además hay un artículo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que, desde 1948, reconoce el derecho de todas las personas a circular libremente y decidir el lugar donde queremos residir. Y levantar más fronteras supone poner más trabas a la movilidad, a la trashumancia, al nomadismo. Sé que es utópico, pero no descabellado. Eso sí, como asturiana me es absolutamente indiferente lo que decidan en Cataluña y solo me queda respetarlo siguiendo lo que recordaba Foucault: la indignidad de hablar en nombre de los otros. No puedo hablar en nombre de su gente o de la de Azerbaiyán.

Como jurista, ¿considera que se está gestionando correctamente el referéndum para que tenga legitimidad?

Son decisiones políticas y, a veces, el derecho no da soluciones a problemáticas de tanta envergadura como esta. No es una locura que se les haya ocurrido de un día para otro, llevan muchos años con esta ansias independentistas. Pero también creo que desde Cataluña están echando un pulso al Estado español, forzando para ver hasta dónde pueden mover las fichas de ajedrez para que el escenario político avance. Porque llevamos mucho tiempo en una situación de estancamiento. Y entiendo que estos señores de la política catalana –y digo señores, con toda la intención– lo tendrán todo bien calculado. Algo van a ganar, eso es seguro.

¿Por qué dice “señores” con toda la intención?

Tal y como lo están vendiendo los medios de comunicación parece una cuestión de puro macho alfa, de paisanos de la vieja política, de los de siempre. Y estoy hablando de los dos lados. Pero me pregunto: ¿será esto lo más importante que tenemos entre manos? A mí me preocupan más las violencias machistas, la pobreza, la cuestión migratoria… Pero al final los catalanes han conseguido que su tema esté entre los primeros de la agenda política.

De celebrarse el referéndum, ¿quiénes cree que deberían poder votar?

Toda persona que reside en un territorio debería tener derecho a votar y participar en las decisiones que van a afectarle. No pondría más requisito que ese. Pero no va a ser así. A las personas que no tengan permiso de residencia no se lo van a permitir porque no se les reconoce la ciudadanía, tampoco a las personas que estén viviendo allí de manera temporal… Eso es lo que me preocupa de los nacionalismos: la búsqueda de linajes, de cuántas generaciones pasadas tienes, cuántos apellidos catalanes… Y eso, además de darme pereza, es muy peligroso.

¿Habla de esta cuestión con sus amistades catalanas?

No, lo evito porque aprecio mucho su amistad y se me hace muy complicado… Me parece una cuestión que solo les atañe a ellas y prefiero no tocarlo porque creo que en Cataluña el tema es bastante controvertido.

¿Ha percibido un cambio en la sociedad española con respecto a Cataluña a raíz del crecimiento del independentismo?

Hay una parte de la sociedad española que es muy conservadora, de derechas y que defiende otro tipo de nacionalismo, el español, el del España: una, grande y libre. Y que a estas alturas es profundamente catalanófoba. Pero las posturas muy polarizadas también generan oposición por el otro lado, por lo que entiendo que hay otra España que habrá entendido el proceso independentista que lleva años trazándose. El problema es que esta polarización está dejando sin espacio a las posturas más ambiguas y eso nunca es bueno. Falta diálogo y no veo la manera en la que puedan sentarse para consensuar un procedimiento porque, por una parte están los que dicen que van a seguir adelante sin matices, y por otra los que les llaman delincuentes y terroristas por querer poner unas urnas. Es ridículo y así están consiguiendo que los que defienden este proceso de autodeterminación sean vistos por mucha gente como víctimas, lo que les reporta más apoyo.

¿A quiénes benefician estos nacionalismos?

En el lado catalán, a quienes llegasen a gobernar ese hipotético nuevo Estado y a las oligarquías económicas. Y en el español, a los que están aprovechando este globo sonda para argumentar su ideario de ese patriotismo viejo y conocido. A los políticos les beneficia tener un enemigo –al que dibujan como perturbador y terrorífico–, frente al que definirse y presentarse como los salvadores, imbuidos de un halo de bonhomía. Por eso, todo esto les está viniendo muy bien.

¿Le preocupa cómo pueda acabar este enfrentamiento?

No, lo que me preocupa es que dentro de diez años sigamos hablando de esta cuestión como algo irresoluble. Porque hay tantas cuestiones que atender, como el aumento de la pobreza, la cuestión medioambiental, el machismo, la educación, la cuestión migratoria…

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Charo González: “No puedo entender que se tenga tanto miedo a unas urnas”

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Pese a haber vivido en México desde 2004 hasta 2016, el Estatut catalán y el procés han estado tan presentes en la vida de Charo González Arias como en el resto de la ciudadanía española y catalana en el último periodo. “Allí se lee mucho la prensa española y como esta ha presentado la cuestión independentista con un fervor inusitado, dedicando portadas y portadas, la gente nos preguntaba continuamente a los españoles por lo que estaba pasando. Gastábamos bromas sobre el Estatut porque parecía el monotema”, cuenta con su habitual buen humor y sarcasmo.

Reconocida en Asturias por su trabajo como abogada del movimiento de insumisos ante el servicio militar obligatorio –fue la letrada del filósofo y sociólogo César Rendueles, cuyos padres se autoinculparon en el juicio–, también consiguió llevar ante los tribunales a funcionarios de la prisión de Villabona por abusos a los presos o al entonces alcalde de Oviedo y actual delegado del Gobierno, Gabino de Lorenzo, por malversación de fondos públicos. Tras años litigando casos vinculados también con la violencia machista, el ecologismo y las políticas de extranjería, decidió aparcar la toga y dedicarse a la docencia. A ella lleva dedicada desde 2004, cuando empezó a impartir clases de derechos humanos, sociología jurídica y antropología, entre otras disciplinas, en la mexicana Universidad Autónoma de Querétaro. En este nuevo curso se incorpora como docente a la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo.

¿Qué opinión tiene sobre el procés independentista y sobre el referéndum anunciado para el 1 de octubre?

Desde las posturas autollamadas democráticas siempre se ha planteado que los pueblos con aspiraciones independentistas tenían que seguir las vías institucionales. Lo que me sorprende es ese doble estándar por el que cuando parte del pueblo catalán decide seguir esta vía pautada en el marco constitucional, se les echen encima llamándoles de todo. Si fuese un juego entre niños de cinco años, dirían que les están haciendo trampas al cambiar las reglas en medio del juego. Es de una incoherencia escandalosa. No puedo entender que se tenga tanto miedo a unas urnas, a pedir la opinión de la gente. Pero a título personal, soy internacionalista, ciudadana del mundo y no considero que la solución pase por crear más fronteras. Todo lo contrario.

En la medida de mis posibilidades trato de derribar las fronteras políticas, administrativas y discursivas que está creando esta Europa fortaleza. Pero creo que hay procesos –más que políticos, culturales– que llevan a un pueblo a querer decidir su forma de organización. Y es incuestionable que tienen ese derecho, como se aprobó en 1966 por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el consecuente derecho de los pueblos a la autodeterminación. Sin embargo, yo creo que lo que hay que hacer es crear alianzas entre los pueblos, no más segregaciones territoriales, más pasaportes, visados y todo lo que conlleva crear un nuevo Estado. Pero claro, mi vía es totalmente ingenua.

¿Cuál es esa vía?

Territorios y pueblos sin Estados, con fronteras porosas o las que marque la orografía del paisaje. Las fronteras son jerárquicas siempre, nunca son inocentes. Las fronteras son para cerrarse a las personas y abrirse a los capitales. Y como creo que todas las personas somos iguales no puedo defender una herramienta de estratificación social. Además hay un artículo en la Declaración Universal de los Derechos Humanos que, desde 1948, reconoce el derecho de todas las personas a circular libremente y decidir el lugar donde queremos residir. Y levantar más fronteras supone poner más trabas a la movilidad, a la trashumancia, al nomadismo. Sé que es utópico, pero no descabellado. Eso sí, como asturiana me es absolutamente indiferente lo que decidan en Cataluña y solo me queda respetarlo siguiendo lo que recordaba Foucault: la indignidad de hablar en nombre de los otros. No puedo hablar en nombre de su gente o de la de Azerbaiyán.

Como jurista, ¿considera que se está gestionando correctamente el referéndum para que tenga legitimidad?

Son decisiones políticas y, a veces, el derecho no da soluciones a problemáticas de tanta envergadura como esta. No es una locura que se les haya ocurrido de un día para otro, llevan muchos años con esta ansias independentistas. Pero también creo que desde Cataluña están echando un pulso al Estado español, forzando para ver hasta dónde pueden mover las fichas de ajedrez para que el escenario político avance. Porque llevamos mucho tiempo en una situación de estancamiento. Y entiendo que estos señores de la política catalana –y digo señores, con toda la intención– lo tendrán todo bien calculado. Algo van a ganar, eso es seguro.

¿Por qué dice “señores” con toda la intención?

Tal y como lo están vendiendo los medios de comunicación parece una cuestión de puro macho alfa, de paisanos de la vieja política, de los de siempre. Y estoy hablando de los dos lados. Pero me pregunto: ¿será esto lo más importante que tenemos entre manos? A mí me preocupan más las violencias machistas, la pobreza, la cuestión migratoria… Pero al final los catalanes han conseguido que su tema esté entre los primeros de la agenda política.

De celebrarse el referéndum, ¿quiénes cree que deberían poder votar?

Toda persona que reside en un territorio debería tener derecho a votar y participar en las decisiones que van a afectarle. No pondría más requisito que ese. Pero no va a ser así. A las personas que no tengan permiso de residencia no se lo van a permitir porque no se les reconoce la ciudadanía, tampoco a las personas que estén viviendo allí de manera temporal… Eso es lo que me preocupa de los nacionalismos: la búsqueda de linajes, de cuántas generaciones pasadas tienes, cuántos apellidos catalanes… Y eso, además de darme pereza, es muy peligroso.

¿Habla de esta cuestión con sus amistades catalanas?

No, lo evito porque aprecio mucho su amistad y se me hace muy complicado… Me parece una cuestión que solo les atañe a ellas y prefiero no tocarlo porque creo que en Cataluña el tema es bastante controvertido.

¿Ha percibido un cambio en la sociedad española con respecto a Cataluña a raíz del crecimiento del independentismo?

Hay una parte de la sociedad española que es muy conservadora, de derechas y que defiende otro tipo de nacionalismo, el español, el del España: una, grande y libre. Y que a estas alturas es profundamente catalanófoba. Pero las posturas muy polarizadas también generan oposición por el otro lado, por lo que entiendo que hay otra España que habrá entendido el proceso independentista que lleva años trazándose. El problema es que esta polarización está dejando sin espacio a las posturas más ambiguas y eso nunca es bueno. Falta diálogo y no veo la manera en la que puedan sentarse para consensuar un procedimiento porque, por una parte están los que dicen que van a seguir adelante sin matices, y por otra los que les llaman delincuentes y terroristas por querer poner unas urnas. Es ridículo y así están consiguiendo que los que defienden este proceso de autodeterminación sean vistos por mucha gente como víctimas, lo que les reporta más apoyo.

¿A quiénes benefician estos nacionalismos?

En el lado catalán, a quienes llegasen a gobernar ese hipotético nuevo Estado y a las oligarquías económicas. Y en el español, a los que están aprovechando este globo sonda para argumentar su ideario de ese patriotismo viejo y conocido. A los políticos les beneficia tener un enemigo –al que dibujan como perturbador y terrorífico–, frente al que definirse y presentarse como los salvadores, imbuidos de un halo de bonhomía. Por eso, todo esto les está viniendo muy bien.

¿Le preocupa cómo pueda acabar este enfrentamiento?

No, lo que me preocupa es que dentro de diez años sigamos hablando de esta cuestión como algo irresoluble. Porque hay tantas cuestiones que atender, como el aumento de la pobreza, la cuestión medioambiental, el machismo, la educación, la cuestión migratoria…

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#Yotambién: Ya es hora de que nos pregunten algo

CLAUDIA SAUMELL CASTELLÓ* // Estoy a favor del referéndum catalán porque ya es hora de que nos pregunten algo. Porque el Estado español no tiene una única nacionalidad. Porque nos están oyendo, pero no nos escuchan. Aunque personalmente no comparta la secesión, sí creo moral y legítima la voluntad de un pueblo de elegir su futuro. No la comparto, principalmente, por los sectores conservadores catalanes que sí la apoyan, lo que me hace dudar en algunos aspectos. Pero cualquier cuestión que incomode a las cúpulas del poder central, siempre merece ser escuchada.

Lo que más me entristece es el rumbo disparatado que han tomado las opiniones ciudadanas. No es justo que solo podamos dividirnos entre los que sí quieren y entre los que no quieren la ruptura. Nos estamos pisando entre nosotros, alimentando un odio irracional que tiene difícil solución. ¿Eso es democracia? ¿Esta es la hermandad que desean los de arriba entre ciudadanos?

Nos encontramos en un punto en el que ni una votación, ni una prohibición de votación van a solucionar nada. La presa, los políticos y los ciudadanos debemos renunciar al argumento fácil. Pero claro, de sobra conocemos la trayectoria de ciertos partidos para saber que sus discursos no van a variar. No les hagamos el juego, no dejemos que creen un enemigo imaginario llamado Cataluña.

Demostrémosles lo que realmente significa esa palabra de la que tanto alardean. Demostrémosles lo que significa democracia.

*Claudia Saumell Castelló es estudiante de Periodismo.

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Cataluña cóncava

“No estamos viviendo un momento trágico. La tragedia tiene su dignidad”, decía Xavier García Albiol para traer al pleno, sin darse cuenta porque Salamanca no le ha prestado inteligencia, a uno de los grandes de la literatura patria. Ramón María del Valle Inclán definía el esperpento como ese sentido trágico de la vida española que asomaba con una estética deformada. El escritor gallego estaría orgulloso de lo vivido ayer en el Parlament de Cataluña durante la aprobación de la ley del referéndum.

Los independentistas siempre han tenido un relato poderoso. La defensa del derecho a la autodeterminación con una impecable movilización pacífica que solo buscaba expresar sus postulados en una votación democrática era difícilmente rebatible. Imbatible. Pero la pelea por la legitimidad hoy la han perdido al situarse en el mismo lugar de soberbia antidemocrática que otorga ejercer la mayoría absoluta con desprecio a las minorías representadas por la oposición.

Expresar como argumento que han tenido que saltarse la ley porque no les han dejado otra opción desde el Estado español puede servir para cerrar filas y autojustificar su abuso de poder, pero no es defendible para unos dirigentes que deben ceñirse de forma escrupulosa a la ley y los procedimientos. La desobediencia civil es un derecho de la ciudadanía para defenderse de leyes injustas, pero no es un concepto al que acogerse desde el Govern y la mayoría absoluta del Parlament.

Combatir la intolerancia y la cerrazón que durante años han sufrido por parte de las mayorías del Estado con la misma arrogancia aplastante de la que huyen les pone en una posición indefendible desde el punto de vista democrático. No se pueden aplastar los derechos de las minorías de los diputados del Parlament apelando a que no les dejan otra salida. La actitud de Carme Forcadell y de la mayoría parlamentaria de la que disfruta Junts Pel Sí no puede justificar pasar por encima de los procedimientos parlamentarios, jurídicos y legales.

No es tolerable pedir a la oposición que despache las enmiendas a una ley que afecta a la soberanía propia y ajena en dos horas mientras se está realizando la sesión de control al Govern. No si quieren dotarse de legitimidad para la creación de un nuevo Estado que deje atrás las malas prácticas de aquel del que se quieren separar.

El búnker unionista de PP, PSOE y C’s, y algunas aportaciones de CSQP, se ha atrincherado en su apreciación del reglamento para hacer un ejercicio de filibusterismo que transmitiera de manera bufa que aprobar la ley del referéndum era una especie de golpe de Estado. La utilización de palabras gruesas para ocultar el rechazo sistemático a las aspiraciones de una amplia población de Cataluña no es más que una muestra más de lo que ha incrementado el sentimiento independentista. La legitimidad perdida por los independentistas no ha sido recogida por la oposición unionista que, con un ejercicio ultranacionalista incluido de banderas en los escaños, ha abandonado el pleno sin ejercer su derecho al voto proporcionando a la ciudadanía el último bochorno.

El pleno de la ruptura, al menos, sí que lo ha sido del grupo parlamentario Catalunya Sí Que Es Pot. La formación sufrió una implosión en directo en medio del debate cuando Joan Giner pidió a Carme Forcadell compartir la intervención de su portavoz, Lluís Rabell. La reclamación fue ignorada por su propio compañero entre voces del parlamentario de su mismo grupo, Joan Josep Nuet. La escenificación de la ruptura se produjo cuando el grupo parlamentario se fue del pleno en el momento en el que su portavoz comenzó la intervención. La atomización de la izquierda no podía faltar en un debate en el que se establecen los términos de una separación.

En un debate tan polarizado y enconado, ambas posiciones se creen en posesión de la razón y afirman que se conculcan sus derechos. La una y la otra tienen fundamento en sus reclamaciones y protestas. Y como a Karl Marx casi siempre pertenece el patrimonio de la razón también aquí aporta la solución: “Entre dos derechos iguales decide la fuerza”. Pero ojo, que la fuerza no solo se entiende por el uso de la violencia, sino también por la pertinaz resistencia a las embestidas del que más poder tiene. Y de esto sobradas muestras ha dado el independentismo. “Catalunya ha de acabar, y muy pronto, por separarse del todo del Reino de España (…). Justo es, pues, que España pierda ahora Catalunya. Y la perderá, no me cabe duda de que la perderá”, le decía Miguel de Unamuno a Manuel Azaña en una carta fechada en 1918. Han pasado casi 100 años y parece claro que dentro de otros 100 esta frase seguirá estando de plena actualidad.

El conflicto catalán se ha convertido en un enorme hombre de paja construido con mentiras, manipulaciones y adaptaciones de la realidad que permiten encajar la visión particular de cada uno en su propio puzzle. Una representación semántica de los caníbales de Dalí en la que el retrato del adversario no es más que una caricaturización grotesca de los presupuestos ajenos para no tener que argumentar ni contraponer ideas. Los espejos cóncavos de la calle del gato han adquirido forma de televisión, de editorial impreso o de teatralización parlamentaria. Y qué feos salimos todos.

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Nelly Palacios: “Me parece bien la independencia pero no como la están llevando”

Nelly llega a recinto de Can Batlló de Barcelona en pleno verano barcelonés. En el aula de Audiovisuals de Can Batlló la esperamos para hablar, una vez más, con ella sobre su interesante actividad por la paz en Colombia y por la búsqueda de su identidad. Nelly se define como colombo-catalana y tras poco más de 20 años en Cataluña, su integración es total y su perfecto catalán es tan compatible como su acento cachaco (centro de Colombia). En la charla, nos cuenta cómo ve el procés català, cómo le influye y que tan cerca lo tiene en su propia casa pero también como firme defensa por el derecho de los pueblos. Nelly ve complicada una independencia para Cataluña, no la ve ni muy cerca ni que sea tan fácil como la pintan JuntsxSí y la CUP.

No oculta su emoción por su tierra natal, Colombia, y siempre la ha tenido muy presente, pese a los miles de kilómetros y los años. Tanto es así, que fue una de las fundadoras de Colòmbia en Pau y desde Barcelona participaba en actividades y actos en apoyo a los Diálogos de Paz entre el Gobierno colombiano y las FARC. “Me siento muy satisfecha con los acuerdos pero tras lo duro que fueron los resultados del referéndum”, sostiene, Nelly confía que en unos años empiece a notarse el gran avance que supone el final de la guerra interna colombiana, de momento con el grupo armado más grande, las FARC (ya constituido como partido político).

Su identificación y compromiso con la vida política y su formación viene desde su juventud, cuando hizo el cambio de chip después de que sus primos de las JUCO (Juventud Comunista de Colombia) no regresaran con vida de unas jornadas. Nelly se considera feminista y férrea defensora de los Derechos Humanos y de los Pueblos, así como una pacifista, aunque tuvo la oferta, en algún momento de su vida, de coger las armas.

En el aspecto más personal destaca su lucha por su identidad y, asegura, que nadie la hará entrar de nuevo al armario. Esta socióloga y politóloga tiene una voz y un aspecto fuerte que contrasta con la ternura que desprende su profunda mirada y su potente risa. Una mujer que luchó y lucha por salir adelante y por construir otro mundo, desde las calles de Barcelona y la mitad de su corazón en Colombia.

Escucha la entrevista: Entrevista en Podcast de La Torna.

* Jorge A. Trujillo es socio cooperativista de La Marea.

 

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Claves de las normas que regulan el referéndum

Parlament de Catalunya. Foto: Job Vermeulen.

El Diario Oficial de la Generalitat de Catalunya (DOGC) ha publicado en las últimas horas las normas que ponen en marcha el referendum del 1 de octubre. Ayer, tras la votación en el Parlament (con la ausencia de los diputados de PSC, PP y Ciudadanos) se aprobó la Ley del referéndum de autodeterminación, que apareció publicada en el DOGC. El DOGC de hoy trae dos decretos que desarrollan esa ley: el de la convocatoria para el día 1 de octubre, firmado por todos los miembros del Govern, y el de las normas complementarias, que da detalles sobre cómo será, sobre el papel, la jornada electoral.

La ley marca las bases: la pregunta (¿voleu que catalunya sigui un esttat independient en forma de república? – ¿Quiere que Cataluña sea un estado independiente en forma de república?), las consecuencias de la votación, la estructura de la campaña y de la jornada y la creación de la Sindicatura Electoral de Catalunya, formada por cinco vocales elegidos por mayoría en el Parlament, con mayoría de juristas, pero también algún politólogos si sale elegido, que es el organismo encargado de supervisar todo el proceso.

No establece mínimos de participación para que la votación sea vinculante. Si hay más síes que noes, el resultado “implica la independencia de Catalunya”. Si hay más noes que síes, se convocarán elecciones autonómicas.

Ni la ley ni el decreto de normas complementarias marcan cuál será la fuente de datos del censo, pero el decreto establece que su elaboración será competencia de la Generalitat y que se utilizarán los datos cerrados a 30 de marzo de este año. La distribución por mesas se hará pública dentro de los diez días anteriores a la votación. Serán de un mínimo de 500 y un máximo de 2.000 electores cada una. La ley establece que los ayuntamientos «ponen a disposición» de la Generalitat, para la convocatoria, los locales que habitualmente se usan en las citas electorales.

El sorteo para elegir a los presidentes y vocales de cada mesa se realizará entre los dos y los siete días posteriores a la convocatoria. Como todos los plazos se entienden en días naturales y a partir del día siguiente a su publicación en el DOGC, sería entre el próximo domingo y el viernes.

Campaña electoral

poco después como anexo al boletín diario. poden expressar o mostrar suport a una opció sempre que respectin els principis al·ludits i que es tracti l’opció oposada de manera equitativa i raonable

En cap cas una organització, col·lectiu o ciutadà espanyol podrà sol·licitar l’acreditació com a membre d’una missió d’observació electoral ni com a visitant internacional.

Artículo de Eva Belmonte publicado originalmente en El BOE nuestro de cada día.

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