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Retrato del ‘millenial’ español: lee más, sale menos y se interesa por política

El joven promedio español desconfía de la Iglesia, el Parlamento, la Corona y los sindicatos, según un informe del Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, perteneciente a la Fundación SM. El estudio, que se propone conocer y analizar la realidad de los jóvenes españoles entre los 15 y los 24 años, de la llamada generación millenial, es el noveno que realiza este organismo desde 1982.

Política

Aunque los jóvenes principalmente se ubican en el centro del espectro político (4,82, donde 1 es la extrema izquierda y 10 la extrema derecha), el 22% se sitúa en la extrema izquierda o extrema derecha, aumentando el número de jóvenes que radicaliza su posición ideológica. El porcentaje de jóvenes que se define en la extrema izquierda pasó del 11% en 2010 al 15% en 2016. La ideología juvenil se ha ido derechizando paulatinamente a lo largo de la última década, siendo el promedio ideológico de un 4,77 en 2010 frente a un 4,56 en 1999.

El interés de los jóvenes por saber de política y participar en ella ha aumentado respecto al dato precedente. Este mayor interés convive con una creciente desafección hacia los políticos. Un 77% de los jóvenes opina que las figuras políticas buscan antes sus propios intereses o los de su partido que el bien de los ciudadanos, una opinión que se ha incrementado en más de cinco puntos porcentuales en seis años.

Para los jóvenes de 2016 hay menos nivel democrático y libertad de expresión que para la juventud de 1989. Los que responden haber participado en discusiones políticas pasaron de un 20% en 2010 a un 32% en 2016, así como los que siguen frecuentemente la información política en los diferentes medios (de un 26% a un 37% en el mismo periodo).

Mientras la religión y la política son los aspectos menos importantes de la vida para los jóvenes entrevistados, la salud, la familia, el trabajo y los amigos y conocidos son los más importantes. Las instituciones que generan más confianza en la juventud son las organizaciones de voluntariado, la policía, el sistema de enseñanza y las Fuerzas Armadas. El trabajo, cuya importancia se desplomó durante la crisis económica, se ha recuperado hasta alcanzar los niveles previos a la crisis.

Ocio

Consumistas, rebeldes, demasiado preocupados por su imagen y egoístas. Así se autodenominan los jóvenes actuales, que registraron la mayor proporción de toda la serie histórica en estas definiciones, sin diferencia entre géneros. Frente al estereotipo de los millenials que divulgan señores como Antonio Navalón, las preferencias de ocio y tiempo libre de los futuros adultos son salir con amigos, escuchar música, ver televisión e ir al cine. Los jóvenes actuales leen más que los de unas décadas atrás: en 1989 el 45% de los jóvenes afirmaba leer libros, una proporción que en 2016 alcanza el 68%. El rango de edad de 15 a 17 años es el que más lee de la juventud española. La práctica deportiva y la escucha de radio también se han disparado respecto a la llamada generación X.

El 84% de los jóvenes que respondió en 1999 afirmaba salir todos los fines de semana o asiduamente. Ahora solo asiente el 58%, mientras que un 10,9% asegura no salir nunca, el mayor porcentaje de esta serie histórica. El hábito de leer prensa, ya sea en formato papel o digital, ha disminuido paulatinamente en los jóvenes desde 1984: el 77% de los jóvenes actuales la lee con poca regularidad o nunca.

Menos religiosos

Solo el 40% de los entrevistados se considera católico, menos de la mitad de los jóvenes que lo hacían en 1994. Los ateos representan el 24%, más del triple que hace 23 años, y los agnósticos el 14%, el doble proporcionalmente que en 2005. La creencia en el dios católico es mayor en la franja de 15 a 17 años que en la de 18 a 20 y de 21 a 24.

La encuesta se realizó en diciembre de 2016 sobre una muestra de 1.250 jóvenes que respondieron en entrevistas personales. La Fundación SM fue creada en 1977 por la Compañía de María y el informe es obra de Juan María González-Anleo Sánchez, doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, y José Antonio López-Ruiz, profesor e investigador en la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Pontificia de Comillas.

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Aquí un ‘millennial’ con “una sola idea”

Estudiantes en la UAM I La Marea

Dice Antonio Navalón, en un bochornoso artículo publicado este lunes en El País: “Me encantaría conocer una sola idea millennial que no fuera un filtro de Instagram o una aplicación para el teléfono móvil”. Sirva el presente artículo como respuesta a una pregunta que solo puede tener origen en la ignorancia del que ha olvidado que hay vida e inteligencia más allá de su cortijo.

Podría ponerme a su altura y concluir que este tipo de textos son cosas de la edad, pero lo cierto es que no. Muchas personas de su edad (nació en 1952) entienden que cada generación llega al mundo con unos condicionantes que trascienden la capacidad de elección de la misma y que, además, son el resultado de la acción o inacción de generaciones anteriores. Aquí un millennial con “una sola idea” y unas cuantas más. Un millennial sin Instagram, por cierto, algo que, irónicamente, el autor sí usa para promocionarse: “Sígueme en #Instagram como antonio_navalon”, se puede leer en su cuenta de Twitter.

¿Por dónde empezar, Antonio? Quizás por desmontar la idea de homogeneidad que deseas transmitir en tu texto. Dices que los millennials son estos jóvenes nacidos entre 1980 y 2000. Una persona nacida a principios de los 80 y otra nacida a finales de los 90, si nos fijamos en su perfil tecnológico, que es el ámbito en el que centras tu crítica, nada tienen que ver.

La brocha gorda es uno de los principales problemas del periodismo de hoy y tu artículo es un clarísimo ejemplo. Internet llegó a mi casa cuando tenía 19 años, y soy del 86. Los que nacieron antes que yo aún se entretenían con los prehistóricos Spectrum. En general, los hijos de los 80 crecimos con el walkman como tecnología punta del momento y llegamos a la adolescencia con móviles que parecían zapatos para enviar mensajes de texto, llamar a nuestros padres o jugar a la serpiente. Nada que ver con los nacidos a finales de los 90, que desde pequeños han mamado de la conexión a Internet y de la revolución tecnológica que se popularizó durante la primera década de este siglo.

Resumiendo, la infancia de un treintañero como yo y la de un chaval que acaba de llegar a su mayoría de edad no se parecen lo suficiente como para que nos reconozcamos mutuamente como miembros de una misma generación. En tu análisis, el millennial es un individuo sin arraigo a contexto social o económico alguno, es caricaturizado como una especie de robot de producción global, falto de sensibilidad humana y de interés por las ideas del pasado, del presente y del futuro. Prosigues con un ataque feroz e inaceptable, según el cual “no existe constancia de que ellos hayan nacido y crecido con los valores del civismo y la responsabilidad”. Nos reprochas que tengamos “todos los derechos, pero ninguna obligación”.

¿A qué derecho te refieres, Antonio? ¿Al derecho a una vivienda? ¿Al derecho a un trabajo y un sueldo digno? ¿Al derecho a una educación para todos? ¿Al derecho a participar en la toma de decisiones que condicionan nuestro futuro? ¿Al derecho a la libertad de expresión? ¿Al derecho a un medio ambiente saludable? ¿Al derecho a un mundo sin guerras?

Vivimos en sociedades en las que cada vez es más difícil acceder a un alquiler digno, en las que el trabajo precario es la norma, en las que acceder a la universidad es un privilegio, en las que la democracia se basa en votar una vez cada cuatro años a uno de los dos o tres líderes que otros han escogido, en las que los medios con más audiencia están controlados por la banca, en las que la contaminación asfixia nuestras ciudades y pulmones, y en las que el miedo a una futura guerra nuclear es un rumor constante. ¿A eso le llamas tener todos los derechos?

Ante la situación descrita, si alguna cosa elaboramos son ideas. El presupuesto no nos llega para mucho más. No voy a caer en el mismo error que cometes, haciendo, en este caso, una defensa generalizada a un sector de la población tan heterogéneo. Nuestra lucha, además, no es puramente generacional, que también, sino que muchos de los movimientos sociales e ideológicos de los que formamos parte son intergeneracionales. Preguntas por “una sola idea” millennial. Pues bien, la principal: queremos y vamos a luchar por un mundo mejor. 

No nos queda otra, es puro instinto de supervivencia. Pero no de boquita, como en los 80 y los 90. No queremos el mundo mejor de Thatcher y Reagan y su revolución neoliberal que tuvo lugar cuando yo aprendía a hablar y que ha marcado nuestra vida irremediablemente: nací en Barcelona y ahora tengo que vivir y trabajar en Reykjavík gracias a las ocurrencias y la pasividad de generaciones anteriores. Nuestra idea, y ten por hecho que habrá excepciones, es lo colectivo. En nuestras manos está arreglar lo heredado. ¿Te parece poca obligación?

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