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En el Estados Unidos de Trump, tu privacidad está en venta

A menos que estés leyendo esta columna en un viejo y querido diario de papel, es probable que tu proveedor de servicios de Internet (ISP, por sus siglas en inglés) sepa lo que estás haciendo. Los ISP son la rampa de acceso a Internet; es a través de ellos que todos accedemos a navegar por la web. Establecen el precio y la velocidad de tu conexión, pero no tenían autorización legal para compartir o vender detalles sobre tu uso personal de Internet sin tu permiso… hasta ahora. Gracias a una resolución aprobada en el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos por estrecho margen, las protecciones de privacidad en Internet que habían sido implementadas por el gobierno de Obama serán eliminadas por completo.

Empresas como AT&T, Comcast y Verizon ahora pueden curiosear en la información personal de cualquier persona que se conecte a Internet en Estados Unidos, su historial de navegación, dónde y cuándo accede a Internet y qué hace cuando está conectado, y venderle esa información privada a quien esté dispuesto a pagar por ella. Se espera que el presidente Donald Trump, obsesionado con la invasión imaginaria a su propia privacidad (como indican los tuits en los que afirmó que el presidente Barack Obama había intervenido sus teléfonos durante la campaña presidencial), apruebe este proyecto de ley y despoje a cientos de millones de estadounidenses de su privacidad.

Laura Moy, subdirectora del Centro sobre Privacidad y Tecnología de la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown, expresó en una entrevista para Democracy Now!: “Los estadounidenses pagan por el servicio [de Internet]. No esperan que esa información se comparta o se utilice con otros propósitos, ni que se venda sin su permiso.

Moy continuó: “Sin duda, los estadounidenses necesitan conectarse a Internet en la era moderna actual. Se necesita acceder a Internet para buscar trabajo. Se necesita acceder a Internet para completar la educación. Se necesita acceder a Internet a menudo para comunicarse con el proveedor de salud o realizar transacciones bancarias”.

Todas estas comunicaciones y todo este este uso de Internet pueden realizarse desde la privacidad del hogar. Pero no pensemos que seguirá siendo un uso privado. La empresa proveedora de Internet puede recopilar todas tus búsquedas, intereses, qué películas miras en Internet, tu edad, peso, número de Seguro Social, estado de salud, problemas financieros. Si buscas un abogado para quiebra o un tratamiento para adicciones en Internet, tu proveedor del servicio de Internet puede agregarlo a tu perfil.

Laura Moy concluyó: “Queremos que la gente use Internet y lo vea como un espacio seguro para comunicarse con otras personas, expresar sus puntos de vista políticos, desempeñar sus actividades cotidianas importantes, y que lo haga sin temor de que la información que comparte con su proveedor de servicio de Internet se utilice para perjudicarla de algún modo”.

Bueno, eso sería lo deseable. Las normas de privacidad en Internet que se prevé eliminar ocupan 219 páginas, en las que se trabajó desde la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por su sigla en inglés) durante más de un año, con el apoyo de más de 275.000 comentarios de ciudadanos y grupos de defensa y promoción de la privacidad en Internet. Fueron publicadas en el Registro Federal el pasado mes de diciembre. La iniciativa de eliminarlas fue impulsada por Marsha Blackburn, congresista republicana de Tennessee, que preside el subcomité del Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes, que supervisa las actividades de la FCC. Como informó el portal de noticias Vocativ, durante sus 14 años en el Congreso, Blackburn ha recibido al menos 693.000 dólares en contribuciones de campaña por parte de empresas del sector y particulares de AT&T, Comcast, Verizon y otros miembros de la industria que se beneficiarían de este cambio normativo.

El socio de Blackburn en la avanzada para derogar las normas de privacidad en Internet es el nuevo comisionado de la FCC, Ajit Pai, que solía ocupar el cargo de asesor general asociado de Verizon. Pai fue uno de los dos republicanos designados para ocupar uno de los cinco cargos directivos de la FCC durante el segundo mandato de Obama, y fue ascendido a presidente de la FCC por el presidente Donald Trump. Según Los Angeles Times, Pai pronunció un discurso en diciembre del año pasado donde prometió “erradicar” otra victoria progresista, la neutralidad de Internet. Inmediatamente después de que la Cámara de Representantes votara a favor de revocar las normas de privacidad, Free Press, organización que aboga por la democratización de los medios de comunicación, publicó en un comunicado: “La lucha contra la privacidad en la banda ancha es el primer ataque del gobierno de Trump hacia el Internet abierto. Y ahora que tiene una victoria en sus manos, buscará obtener la siguiente”.

Es completamente chocante que Donald Trump, en medio de sus acusaciones de que su propia intimidad había sido invadida por escuchas telefónicas ilegales, vaya a convertir en ley el permiso para invadir, vender, comerciar y monetizar los detalles más íntimos y privados de cada estadounidense conectado a Internet. Esta ley constituye el hackeo por excelencia: permitirles a las empresas tomar toda nuestra información y venderla con fines de lucro.

En el Estados Unidos gobernado por Donald Trump, la información privada no es robada por hackers en la oscuridad de la noche. Se toma con autorización del gobierno. A menos que la gente se organice para luchar en contra de esta situación, las promesas de un Internet abierto desaparecerán.


© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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La ciberguerra electoral

Muchos internautas se llevaron una buena sorpresa el miércoles por la mañana al ver cómo desde las cuentas de famosos y algunos medios de comunicación alemanes en la red social Twitter se lanzaban mensajes de propaganda en turco. Bajo los hashtags “Nazialemania” y “Naziholanda” se decía “Nos vemos el 16 de abril”, el día del referéndum en Turquía en el que el presidente Recep Tayyip Erdogan aspira a convertir el país en un régimen presidencialista que le daría poderes casi autocráticos. Erdogan ha acusado a Alemania y a Holanda de “prácticas nazis” por prohibir que ministros turcos hiciesen campaña a favor del cambio constitucional en los países centroeuropeos. En esta ciberguerra, entre las cuentas hackeadas están las del futbolista español del Bayern de Múnich Javi Martínez, el extenista Boris Becker, el Borrusia Dortmund, Amnistía Internacional y el diario Die Welt.

Aunque el sabotaje resultó demasiado obvio como para causar estragos, se trata del enésimo fallo de seguridad en internet causado por hackers que persiguen intereses políticos. La preocupación por un posible ataque informático ha llevado a Holanda incluso a volver al recuento manual de las papeletas en las elecciones parlamentarias que se celebraron el miércoles. Temían que el gobierno ruso interviniera para trucar los resultados a favor del candidato islamófobo Geert Wilders. Los holandeses tomaron nota de lo que ocurrió en la campaña electoral en Estados Unidos, donde hackers rusos lograron intervenir la comunicación del Partido Demócrata, sembrando información que beneficiaba al republicano Donald Trump. Ahora el presidente de EEUU se ha convertido él mismo en víctima de los hackers. Primero, la filtración de las prácticas de ciberespionaje de la CIA y ahora la revelación de la declaración de la renta del multimillonario neoyorquino le han puesto en aprietos.

Mientras, en Francia y Alemania también hay temor de intervenciones externas no deseadas en sus respectivas elecciones este año. Allí los esfuerzos se centran en las ya famosas “fake news”, la proliferación de noticias inventadas, o por lo menos manipuladas, que pueden incidir en la decisión de voto de mucha gente. Es lo que ocurrió en EEUU, según algunos estudios. Después de negar la mayor en un primer momento, Facebook ha cambiado de opinión y se dispone a colaborar con medios independientes para detectar “fake news” en su red social y etiquetarlos. Los usuarios alemanes y franceses ya se topan con posts marcados por una banderita roja que remite a un artículo que contradice lo que están leyendo, por ejemplo que la violación de una mujer alemana por refugiados sirios en un determinado lugar nunca ocurrió.

Contrarrestar estas noticias falsas para desenmascararlas es un paso necesario e importante, pero no estoy muy seguro del alcance que pueda tener. Para los expertos en propaganda el objetivo no es tanto que la gente se crea su versión, sino sembrar la duda, confundir y así socavar la confianza en el relato de otras fuentes.

La cibergurrea electoral; Artículo publicado en El Heraldo (Colombia)

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La precaución y el ‘youtuber’

El youtuber ReSet I La Marea

La precaución es una excelente cualidad adaptativa, esa que nos anticipa los peligros para que podamos hacerlos frente. No es ningún sexto sentido sino tan sólo un análisis casi automático de las amenazas posibles basado en experiencias anteriores. En ocasiones nos negamos a ser precavidos porque la comodidad de lo que creemos estable se ha hecho fuerte en un mundo demasiado autosatisfactorio y a menudo estúpido, donde pensamos que podemos conjurar los problemas con cuadritos de frases motivacionales en tipografías variadas.

Ya es raro no ver cada mes a uno de esos anémicos emocionales llamados youtubers metido en la espiral de la polémica tras subir un vídeo donde ejecutan lo considerado por ellos como bromas. Raro sería que no hubieran visto al cara-anchoa, al niñato que daba galletas rellenas de pasta de dientes a un mendigo o al último gracioso que ha atacado con un spray urticante a un repartidor de pizzas. Raro será que en quince días no suceda otro caso similar donde, sin broma ni gracia, tenga lugar otra agresión moral o física grabada para ser distribuida en la plataforma de vídeos. Puede que el asunto nos parezca poco relevante o que lo despachamos con una ristra de adjetivos e insultos —merecidos— hacia los perpetradores. Puede incluso que nos conformemos con esa versión de columnista conservador que habla de que nunca nuestra moralidad estuvo tan por los suelos, en esa versión interesada en la que existe un supuesto progreso o modernidad que en esencia siempre es negativo porque atenta contra las tradiciones que son las que nos han mantenido a salvo.

El caso es que estos columnistas me recuerdan a esos propietarios de taberna mohosa que intoxican a medio barrio con una tortilla en mal estado y al final echan la culpa a cualquiera menos a ellos mismos, que son los que tenían los alimentos en condiciones deficientes sin importarles demasiado. Es curioso que para los conservadores cualquier síntoma evidente de degradación social siempre pertenece al ámbito individual y de la modernidad. Nunca, en todo caso, la relación será directa con su modelo de sociedad, el único, por otro lado, a considerar y existente. Una transposición, no sé si obvia o inteligente, de la mitología judeo-cristiana, donde Dios es responsable de todo lo virtuoso que ocurre en el mundo y el hombre, con su libre albedrío, el único causante de sus desgracias. La moralidad, para los conservadores, funciona de la misma forma que el Estado con la economía: mientras que obtienen beneficios con sus empresas no debe inmiscuirse, pero ahí debe estar siempre raudo al rescate con el dinero de todos cuando el negocio marcha mal.

El tipo que se dedica a agredir a los demás con una cámara en la mano a mí me parece una destilación bastante pura de criterios que definen bien nuestro estado de las cosas. No se trata de eximirles de lo que son, cretinos de primer orden cuando no delincuentes, sino de entender que su estupidez y su delito son consustanciales a los valores dominantes en nuestra sociedad. Para empezar chapotean gustosos en esa postura fanática que asume que el mero hecho de captar una imagen significa poder apropiarse del objeto, en este caso la persona, que posee su derecho. De ahí que el desconocido pase a ser una materia prima en la producción de sus aberraciones, carente del más elemental derecho no ya a la rectificación, sino a decidir si quiere formar parte de las mismas. Pocas veces se ha explicado, en aquellos extintos programas de bromas con cámara oculta y en cualquier otro, que quien aparece en televisión firma siempre un papel donde da el consentimiento para ceder su imagen.

Y aquí entraría el siguiente elemento, ya apuntado en la lucha por los derechos de autor, de cómo las empresas que prestan servicios en Internet parecen estar exentas de cumplir leyes que son de uso común por parte de todos. Con la invención del usuario se dio una paradoja exitosa, ya que millones de personas en todo el mundo, pensando que utilizaban gratis una serie de servicios estaban a su vez trabajando para determinadas compañías, bien cediéndoles sus datos, gustos y tendencias, bien creando contenidos para las mismas. Algo así como si los inventores del cinematógrafo hubieran cedido su sistema gratis a condición de que todos los derechos de explotación de las películas hechas en la historia fueran suyos. Además, y aquí viene lo relevante para el asunto, siempre sin hacerse responsables de los contenidos de sus redes o plataformas. De esta forma las compañías actúan tan sólo a posteriori de las denuncias de otros usuarios, siempre con arbitrariedad y opacidad, alegando una imposibilidad técnica que no parece tal cuando en YouTube se puede encontrar la violencia más explícita pero no hay un solo desnudo en toda su plataforma. Sea como fuere, la primera compañía de vídeo en streaming se pone de perfil ante el derecho a la imagen y la dignidad, así como el debate social nunca se acuerda de ella.

Por otro lado existe una especulación de lo tecnológico en términos de ascenso social. El hecho de poner como ejemplos de éxito a unas cuantas decenas de individuos que consiguen vivir de sus astracanadas en Internet es tendencia porque vale para justificar ese presunto emprendimiento frente a una juventud machacada laboralmente. El problema es que el invento da para lo que da y siempre es necesario ir un paso más allá para destacar entre los miles de aspirantes a vivir de esta fantasía. Es cierto que no todos los youtubers producen contenidos ofensivos, como también que hay una competición permanente para no quedarse atrás, con frecuentes enganchones entre ellos. Así, la simple broma entre amigos —que puede suceder tan sólo unas pocas veces— acaba traspasando por necesidad las fronteras del entorno y de lo razonable, teniendo que tirar de desconocidos y volviéndose más cruenta para resultar efectista y destacar entre los miles de competidores. La cultura del youtuber es cultura basura no por comparación con una serie de criterios elevados y estéticos de la cultura formal, sino porque es tremendamente autorreferencial y cerrada, no enlazando nunca a elementos de fuera de la misma, sino replicando sus propios esquemas llegando, tarde o temprano, a ese punto en que se cruzan las barreras. Y en eso es bastante deudora de la telebasura televisiva.

Por último, y este es quizá el punto más importante y ajeno al propio medio en que se produce, el youtuber refleja nuestro momento en la sociedad de clases y sus relaciones de dominación. No solo por la competitividad intrínseca a la que hacíamos referencia, sino en el propio contenido de sus producciones. Son habituales los comentarios machistas donde la mujer es tan solo un objeto seleccionable, siempre al servicio instantáneo de la sexualidad masculina, provocando incidentes como el de la pasada Feria del Libro de Madrid —interesante ver cómo el youtuber necesita legitimarse con el formato de libro físico— donde una serie de feministas tuvieron que explicar, en términos analógicos, a uno de estos individuos en qué se equivocaba. El clasismo, exarcebado, se refleja en cada una de las agresiones, siempre dirigidas a colectivos susceptibles de ser considerados inferiores en la escala social. Las supuestas bromas no son nunca contra figuras de autoridad como un policía o un juez, ni contra profesiones bien consideradas y remuneradas. Se atenta contra la dignidad del repartidor, no contra la de un banquero. Que quien se ríe de un sin techo, con un elemento tan doloroso y primario como la comida, se justifique diciendo que al menos le dio una buena limosna expresa con claridad la percepción de que, en último término, hasta los derechos más básicos pueden ser burlados previo pago.

Quizá el asunto en sí no tenga más recorrido, quizá en poco tiempo alguien defienda, como se hace en otros ámbitos, que la libertad de negocio está por encima de la dignidad de las personas, quizá alguien responda a una de estas agresiones y la cosa termine mal. La precaución nos dice que cuando en el ámbito del entretenimiento, pensado a menudo para ocultar las tensiones subyacentes, estas se empiezan a manifestar de forma clara es que tenemos un problema con nuestros valores, pero sobre todo con el aparato ideológico que los genera. Tómenselo como quieran, pero nunca dar al play fue menos inocente.

faldon_noticias

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“Es el deber del Gobierno anular la Ley de Conservación de Datos”

Graffiti de Banksy frente a una cámara de circuito cerrado.

Internet es testigo de una batalla silenciosa desde hace años. A un lado, intereses privados y partidistas representados por lobbies e incluso gobiernos; al otro, colectivos ciudadanos como Xnet, que desde 2008 lucha en favor de la democracia en la red. Entre los asuntos que están en juego hay temas cruciales para el futuro de la sociedad, como la libertad de expresión en Internet, la privacidad y neutralidad en la red o la protección legal de los alertadores o whistleblowers que filtran pruebas sobre casos de corrupción, evasión fiscal o abuso de poder por parte de gobiernos y corporaciones.

El año pasado los colectivos ciudadanos ganaron un importante pulso en el seno de la Unión Europea que se materializó en una sentencia del Tribunal de Justicia europeo que deja en la cuerda floja a, entre otras, la Ley española de Conservación de Datos, la misma que obliga a las operadoras a guardar información pormenorizada de la actividad de sus usuarios, desde las páginas que visitan hasta las personas con las que hablan.

Este miércoles Xnet entregó su Agenda Digital 2017 a los distintos grupos parlamentarios y al Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. En el documento, el colectivo marca una hoja de ruta en defensa de los derechos y libertades digitales y lanza varias propuestas para mejorar las posibilidades de aprender e innovar a través de Internet. Alfonso Sánchez, informático y químico miembro de Xnet, explica los principales desafíos presentes y futuros en defensa de los derechos en la red.

¿Cuáles son actualmente los temas prioritarios en el ámbito digital?

Los temas más urgentes son aquellos relacionados con enmendar legislaciones que ya existen. A nivel de España, lo más urgente es conseguir la nulidad de la Ley de Conservación de Datos, que ya fue tumbada por la Justicia europea. En España y otros países se hicieron los locos y mantuvieron esta ley, que es totalmente invasiva con la privacidad, hasta que por segunda vez, en 2016, el Tribunal de Justicia europeo volvió a pedir su anulación. También es importante vigilar que las normas que salieron adelante en favor de la neutralidad de Internet se pongan en práctica y no se permita que las telecos abusen. Otro tema clave es la transposición de la Directiva europea de Secretos Comerciales, que pone el secreto comercial por encima del derecho de la ciudadanía a conocer información de interés, y pone en peligro a periodistas y alertadores, para quienes pedimos protección.

¿Han recibido alguna respuesta por parte del Ministerio o de algún partido político tras la entrega de la agenda 2017?

De momento hemos recibido los acuses de recibo del Ministerio y de partidos como el PP y Ciudadanos. Estamos a la espera de que se reúnan con la sociedad civil y empecemos a trabajar estos temas. La ciudadanía sigue infrarrepresentada frente a los lobbies.

¿Esperan que este año haya avances significativos en algún área en concreto?

En realidad somos optimistas por varias razones. Por ejemplo, el tema de la privacidad y la conservación de datos es tan flagrante que no se sostiene. Hay que estar atentos para que el Gobierno cumpla con su deber, que es anular la Ley de Conservación de Datos. Si el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital hace su trabajo, esta batalla en principio no tendría que tener más dificultad. En lo que no somos tan optimistas es en la lucha que más va afectar a los derechos digitales a nivel europeo. El año pasado fue la neutralidad de la red, y este año la directiva sobre el derecho de autor de la Unión Europea, que es de 2001 y necesita actualizarse, solo que esta actualización en vez de aprovechar el potencial de Internet y hacerlo más abierto para que la gente pueda innovar y florezca la economía, lo que ha hecho es escuchar a los viejos lobbies, a las grandes empresas del copyright y las entidades de gestión, que ven cómo sus imperios se desmoronan y presionan para poner más restricciones al copyright y a Internet.

¿De qué manera afecta la Ley Mordaza a las libertades en el ámbito digital?

La Ley Mordaza criminaliza a la red con medidas que limitan la libertad de expresión en Internet, como la libertad para convocar una manifestación. También incluye acciones policiales a través de Internet que son impensables en la calle. La Ley de Enjuiciamiento Criminal incluye cosas como que un agente puede incitarte al delito para después acusarte, un sinsentido. Es muy importante defender la libertad de información y de expresión en internet, para que podamos ver casos de corrupción y organizarnos en las redes para actuar.

Hace poco una tuitera que bromeó con la muerte de Carrero Blanco fue sentenciada a una pena de cárcel. ¿Qué opina al respecto?

No conozco al detalle este caso y no soy abogado, pero sí puedo decirte que se deben aplicar normas constitucionales y respetar la libertad de expresión de esta chica, de la propia sátira política.

¿Cuál es su apuesta para regular los derechos de autor en el poroso mundo digital?

Potenciamos los nuevos modelos de difusión de la cultura, que además están triunfando y se están comiendo a instituciones que no han sabido innovar. Si el modelo de la SGAE no funciona, la culpa no es de la ciudadanía. Hay otros servicios, como la música en streaming o la televisión en Internet, que también están teniendo éxito porque han sabido aprovechar la tecnología. Respecto al copyright, hay que buscar un equilibrio entre la dictadura de los intermediarios, sociedades de derechos de autor, discográficas… Para que pongan en valor los derechos de la ciudadanía a acceder fácilmente a contenido de calidad y no pagar mil veces por el mismo contenido, y que los beneficios tengan mayor repercusión sobre los autores y artistas que los crean, y que no se queden solo en manos de los intermediarios que se dedican a hacer lobby legal.

¿Qué sucede con el canon por copia privada?

No es fácil de explicar porque es una auténtica aberración. Se trata de un canon, una tasa que paga la gente al comprar materiales capaces de copiar contenidos, desde una fotocopiadora hasta un CD o un disco duro. Se tiene en cuenta que pueden utilizar estos dispositivos para hacer copias de contenidos culturales y que eso supone un prejuicio para la industria cultural. Al pagar este canon, se da por sentado que vas a hacer copias aunque en realidad uses el CD para guardar los vídeos de tus vacaciones o utilices tu impresora para imprimir tu tesis doctoral. La Unión Europea ya ha llamado la atención al respecto en dos ocasiones. Pagas a la SGAE aunque no estés haciendo copias de ningún contenido con copyright. Pagamos todos por algo que apenas se hace, ¿quién copia hoy en día CDs?

Ustedes defienden el derecho a protección de los alertadores (whistleblowers) que filtran, por ejemplo, irregularidades fiscales o políticas. ¿Estamos más protegidos ahora que antes?

No se ha dado ningún paso legislativo en aras a proteger a los alertadores. Los países anglosajones llevan siglos teniendo leyes que protegen a quienes denuncian corrupción o abusos empresariales y políticos. Aquí en España no hay legislación a este respecto, y tampoco en la Unión Europea. Si en algo hemos avanzado, es en la consciencia de nuestra propia ciudadanía acerca de la importancia de la figura del alertador, del denunciante, para que estas personas sean protegidas. El otro gran avance se ha dado en las tecnologías, que ahora permiten filtrar información de manera totalmente anónima.

¿Qué países pueden servir de ejemplo por su red de Internet abierta, libre y competitiva?

En el tema de la neutralidad en la red, el modelo a seguir en la Unión Europea es Holanda, que antes de toda la lucha que se dio el año pasado ya protegía fuertemente la neutralidad de la red. A nivel global, hay casos como el de Chile, y también Estados Unidos, que al igual que la Unión Europea, tiene el marco para que sea fuerte pero habrá que legislar para que se desarrolle bien.

¿Hasta qué punto están vigilados los ciudadanos españoles? ¿Cree que se utilizan argumentos como la lucha antiterrorista para fortalecer aún más la vigilancia de los ciudadanos?

Totalmente. No sabemos hasta qué punto los ciudadanos están vigilados, porque esto solo se sabe cuando hay un “caso Snowden”. Lo que sí sabemos es que hay una ley vigente en España que obliga a las operadoras de Internet, como Telefónica, Vodafone u Orange, a guardar durante un año todos tus datos de conexión a la red, desde tu dirección IP hasta las páginas que visitas, tu historial de búsquedas o las personas con las que hablas.

¿Cuál es su postura frente a los bloqueadores de publicidad?

Nuestra postura no es blanco o negro. Por un lado defendemos firmemente que el usuario haga con su ancho de banda lo que quiera, y si no quiere ver publicidad, debe tener derecho a bloquearla, sobre todo cuando se le empuja a ello con el bombardeo publicitario, que llena Internet de anuncios invasivos, que rastrean tus preferencias y hasta tienen software dañino. Pero por otro lado también entendemos que es totalmente legítimo que una web que desarrolla contenidos pueda vivir de ello. Por tanto, pensamos que debería encontrarse una solución de consenso teniendo en cuenta que la mayoría de los usuarios de bloqueadores publicitarios los usan contra la publicidad invasiva, pero que si hay algún banner en la página, no es ningún problema. Hay que llegar a un punto medio en el que las web puedan ingresar por publicidad, como es legítimo, sin que los usuarios estén constantemente atacados por la publicidad. Es importante que estos límites no lo decidan los poderosos bloqueadores de publicidad, sino los legisladores y las agencias reguladoras de la competencia, para así evitar conflictos de intereses.

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El lado violeta de YouTube

Canal SpanisQueens

Hace poco, entrevistaba a Bolli, una reconocida creadora de contenidos que comenzó su carrera al estrellato en YouTube con el canal Todo el Monte es Orgasmo. Periodista de origen, siempre supo que estar en la Red suponía cargar con una responsabilidad sobre los hombros. Y es que, para ella, su finalidad no era romper las estadísticas del contador de visitas, sino ofrecer un contenido que aportarse un valor añadido al conjunto de la comunidad.

Sin pelos en la lengua, Bolli explicaba que YouTube estaba decayendo con los vídeos que algunos youtubers creaban. Tampoco le temblaba el pulso cuando señalaba directamente a los culpables, entre los que se encuentra Dalas (y del que ya había hablado en este otro artículo). Según ella, estos video-bloggers fomentan actos de bullying o machismo con su comportamiento, algo de lo que no pensaba ser partícipe. Estos hechos provocaron que, finalmente, se terminase marchando de lo que calificó como “una comunidad viciada”. Aunque Bolli dejó tras de sí un bonito cadáver, ella sigue estando presente, más fuerte que nunca, en otras muchas redes sociales.

Sin embargo, no todo son lamentaciones. La situación de decadencia en la que había entrado YouTube se presentaba como la oportunidad perfecta para Psico Woman. Detrás de este nuevo y peculiar personaje se encuentra el proyecto de Isabel Duque: psicóloga, sexóloga, terapeuta familiar y activista feminista capaz de hacer frente a cualquier cosa que se le ponga por delante.

Su salto a la red de vídeos vino motivado por las necesidades que, según ella, muestra la juventud actual. “Me asustaban todos los mensajes sexistas que los jóvenes recibían de sus youtubers preferidos y consideraba que había que hacer algo”, afirma Duque. Antes escribía en un blog (algo que dice echar de menos) pero ahora se ha puesto delante de las cámaras para hacer llegar su mensaje a más personas. “Me duele cuando veo vídeos que hacen apología de la violación y me escuece cuando venden una imagen de las feminazis totalmente alejada de las luchas feministas”, asegura.

Sus conocimientos se evidencian con cada publicación que comparte y la naturalidad que le caracteriza le permite abordar, sin tapujos, cualquiera de las inquietudes que sus seguidores le plantean. En uno de sus vídeos más visualizados, Me gusta ser una zorra, la psicóloga deja entrever que la educación de
género es algo que se impone desde pequeños, algo que ya había teorizado Albert Bandura cuando hablaba del aprendizaje por modelado y de la influencia de los medios en los individuos.

Uno de los muchos proyectos en los que la activista se encuentra actualmente inmersa se llama Qué veo en YouTube. Con este taller, que forma parte de un programa por la igualdad promovido por la Diputación de Granada, Isabel Duque establece dos vías para lograr sus objetivos. Por un lado, trata
de fomentar un pensamiento crítico que ayude a los adolescentes a cuestionarse el contenido que visualizan en Internet. Por otro, evita tener que lanzar un mensaje ofensivo en un entorno virtual donde la irascibilidad permanece latente. Ser autónoma y estar en varios trabajos a la vez le roba demasiado tiempo a Duque, y aunque todavía no avista en el horizonte el rumbo de su proyecto, reconoce que va a seguir con su activismo en la Red haciendo especial caso al feedback de los adolescentes.

Además de Psico Woman, en YouTube podemos encontrar otros personajes o espacios que comparten causas muy similares. Uno de ellos (entre los favoritos de Isabel Duque), es SpanishQueens. Este canal, cuya creación se remite al autor de este artículo, nació hace seis años con el objetivo de visibilizar al colectivo LGTB. La posibilidad de comunicarse con personas de diferentes territorios y con circunstancias muy diversas, era un aliciente para tender un puente y tratar de normalizar la situación en los entornos golpeados por la homofobia.

Su contenido es de lo más variopinto. Desde historia y literatura, hasta la deconstrucción de género, pasando por la salud sexual o las denuncias sociales. Con cada nuevo material publicado, sus creadores demuestran no poner límites a la imaginación. Quizás sea esa una de las razones por las que Flooxer haya decidido incorporarlo a su parrilla recientemente, o también por la que el canal ganó los Premios
Bitácoras en el año 2012 como “mejor videoblog”. En cualquier caso, la mejor manera de conocer la labor de sus integrantes es dejarse caer por su canal, que ya supera los 150.000 seguidores.

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