You are here

Misa de 12 en la mezquita

La mezquita de Córdoba, tras la celebración de la misa de 12.

Puedes comprar #LaMarea53 en kioscos y en nuestra tienda online. Suscripciones anuales desde 22,50 euros.

Los domingos a las doce, en medio de un estruendo de campanas, la mezquita-catedral de Córdoba se cierra al uso recreativo, turístico y cultural y se abre en exclusiva como templo. Como templo católico. Guardias de seguridad bloquean la entrada a los turistas y solo dejan paso a quienes manifiestan su intención de asistir a la misa. “Fotos no, fotos no, por favor”, imponen. Suenan unas notas de órgano. La puesta en escena es espectacular, solemne, antigua, ritual. Unas 300 personas esperan en silencio. En primera fila, una monja. Atrás, el coro, compuesto por diez mujeres y cinco hombres. Entran siete clérigos a paso lento. La luz cae sólida, como mantequilla, por cuatro ventanales. Rodean una vidriera que representa a la, así llamada, virgen María. El incienso dibuja humo a contraluz. Cierra la comitiva un hombre maduro, con gafas, lleva una mitra blanca con una franja verde, una casulla a juego. Son espléndidos sus ropajes, solemnes, antiguos, rituales. Se acerca a un trono blanco. De pie, rodeado de su séquito, dice:

“En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. (…) La paz esté con vosotros. (…) Hasta setenta veces siete, nos dice Jesús en el Evangelio, tenemos que estar dispuestos a perdonar a nuestros hermanos porque dios nos perdona siempre. Setenta veces siete. Mil veces, por eso le pedimos perdón, que él es rico en misericordia”.

Es el Obispo de Córdoba, Demetrio Fernández González, quien así habla. Se sienta, al terminar, en el trono blanco. Hay poder aquí.

Hay un poder que permite a la Iglesia Católica hacer uso de la Mezquita-Catedral, su denominación oficial, como le parece oportuno. “Es un lugar sagrado. Durante su visita, guarde el debido respeto, observe las instrucciones del personal al cuidado del mismo y cumpla con las (…) normas y recomendaciones. Le recordamos que el recinto tiene como objeto principal ser un templo católico (…). Por tanto, su uso queda restringido al culto religioso católico, así como a la visita turística y cultural. Le agradecemos su colaboración”. Así lo exponen en la web mezquita-catedraldecordoba.es.

En el año 2006, la Iglesia registró por 30 euros la mezquita-catedral como su propiedad. En el año 1946, por una reforma franquista de la ley hipotecaria, se le reconoció a la Iglesia la misma autoridad para inmatricular (inscribir un bien por primera vez en el registro de la propiedad) que a cualquier administración pública. Hasta 1998 estaban excluidos los lugares de culto, pero una reforma del gobierno Aznar en aquel año abrió la puerta para su inscripción. Durante años, hasta 2015, cuando el gabinete del PP modificó al fin la ley hipotecaria para impedir esta práctica, la Iglesia puso a su nombre miles y miles de bienes inmuebles simplemente enviando a un representante del arzobispado a comparecer en el registro con un papel que decía que eso era suyo.

La Iglesia ha inmatriculado, según se estima, unos 40.000 bienes en este tiempo. También bienes no religiosos: plazas, calles, locales comerciales, cocheras, pisos, cementerios, murallas. Nadie, fuera de la jerarquía católica, sabe aún cuáles ni cuántos son exactamente.

Pagar en metálico y sin factura

No se trata solo de un asunto nominal, de piel, de creencias, de relaciones entre un Estado aconfesional y una religión, sino que tiene también consecuencias económicas. “La Iglesia es un paraíso fiscal dentro del Estado porque no declara ni tributa. Puede y debe haber exenciones, pero lo grave es que ni siquiera declaran”, afirma Antonio Manuel Rodríguez Ramos, profesor de Derecho Civil en la Universidad de Córdoba.

“En la mezquita-catedral de Córdoba no puedes pagar con tarjeta ni te dan recibo. Deme factura que la voy a desgravar. No te la doy. Tienes que pagar en metálico y sin factura”, denuncia Rodríguez Ramos. “En consecuencia, ¿no es eso dinero negro? ¿A dónde van los millones y millones de euros que no declaran?”, se pregunta el profesor. “Nadie lo sabe. Si tiene 1,5 millones de visitantes al año, a diez euros la entrada, son 15 millones de euros que no tributan ni declaran. Si lo multiplicamos por todos los templos católicos del país, ¿de cuánto dinero estamos hablando?”, remacha.

Evangelio según San Mateo 18, 21-35. El obispo, en su homilía, diserta sobre el perdón y las deudas. 70 veces 7. A su criado, “aquel dueño, compadecido de él, le perdonó esa gran deuda, pero él al salir de allí se encontró con el compañero que le debía como el sueldo de un mes más o menos. Y le dijo: ‘O me lo pagas o te llevo a la cárcel’. Cuando se enteró el dueño de que este criado, que había sido tratado con compasión y misericordia, trataba él de otra manera a su compañero, lo mandó llamar. ‘¿De manera que has sido perdonado abundantemente y no eres tú capaz de perdonar las minucias de cada día?’. Termina la parábola diciendo: lo mismo hará mi padre con vosotros si no perdonáis de corazón a mi hermano, a vuestro hermano. Tan importante es este mensaje que Jesús lo ha introducido en el padrenuestro: ‘Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’”.

Como en Portugal

La Alhambra es bien público, se fiscalizan sus cuentas, pero las cuentas de la jerarquía católica, no. Generan una enorme competencia desleal con nuestros servicios públicos, entran en competencia directa con lo público. En el resto de Europa, la Iglesia declara y tributa, los bienes pertenecen al Estado, no a la Iglesia. Las catedrales de Portugal pertenecen al Estado portugués, así lo reconoció el Vaticano en un pacto con el Estado, que se ocupa de su mantenimiento. Me cuesta entender por qué se reconoce eso para Portugal y no para España”, afirma Rodríguez Ramos.

¿Existe alguna solución? ¿Cómo se impugnan las inscripciones en el registro? ¿Una a una? “La Iglesia ha invertido la carga de la prueba. Pero se van ganando pleitos. Que se abra un comisión en el Congreso –propone el profesor– para buscar una solución, no uno a uno. Antes tenemos que conocer exactamente la magnitud del expolio. Siempre hemos buscado una vía jurídica, ¿por qué no el precedente portugués, reconocer que son bienes de extraordinario valor? Y que se respete el uso religioso, por supuesto. Aquí nadie cuestiona ese uso ni nadie cuestiona el uso de la catedral de Lisboa, de París. Esa podría ser una solución”. El cepillo, esa tradición tan católica, no falla en la misa de 12. Una mujer pasa el cesto. Hay varios billetes de diez, de cinco y monedas de dos, de un euro, de cincuenta, de veinte, de diez, de cinco céntimos.

El cierre es solemne, antiguo, ritual. Suena el órgano en el corazón de la mezquita, allí donde toda la arquitectura, la iconografía es católica. Dice el obispo: “Jesucristo nos manda perdonar hasta 70 veces 7. Siempre (…). Mirándole, nos damos cuenta de que dios nos perdona continuamente. Que tengáis todos un buen domingo. Podéis ir en paz”.

Se escucha un estruendo de campanas en el patio de los naranjos, bajo el sol. Es la una de la tarde.

Donación a La Marea

Más en lamarea.com

Read More

Los bulos de la casilla de la Iglesia

La Iglesia hace campaña cada año para que los contribuyentes marquen su casilla.

Cuando un contribuyente marca la casilla de la Iglesia en su declaración de la Renta no se está rascando el bolsillo para pagar un 0,7% más y así ayudar a la milenaria institución religiosa. Lo que ocurre –el diablo está en los matices– es que todos los 0,7% católicos son detraídos del montante total, aportado por cristianos, ateos, musulmanes, judíos, agnósticos o todo lo contrario. En 2015, por ejemplo, fueron casi 250 millones de euros, por decisión de poco menos de un 35% de los contribuyentes. Esos detalles no se conocerán si se atiende únicamente a la publicidad eclesial –lanzada estos días con motivo de la campaña de la Renta 2016–, que se limita a insistir en que la asignación “dependerá en exclusiva de lo que los contribuyentes decidan al marcar libremente”, ignorando que no hay decisión posible para los que no quieren que una parte de lo recaudado por el Estado vaya a una institución religiosa privada cuya jerarquía defiende postulados políticos conservadores.

La propaganda de la Iglesia para promover las equis católicas insiste también en su “labor social” cuando la realidad es que ese dinero público se destina en su mayoría al sostenimiento de diócesis y parroquias. Además de la campaña Por Tantos de la Conferencia Episcopal Española (CEE), también la memoria anual para justificar el destino de los fondos facilita la persistencia de estos equívocos. El resto lo hace la opacidad permitida por las autoridades responsables del control del dinero público, que como colofón benefician a la Iglesia con un régimen fiscal propio de una ONG.

De lo que recauda estos días el Estado para la institución eclesiástica no sabremos casi nada hasta que, en 2018, ésta presente una memoria sin detallar en el Ministerio de Justicia y cuelgue una vistosa presentación en el apartado de “transparencia” de la página web de la CEE. Entonces, si se repite el esquema de la memoria del ejercicio de 2014 –última publicada–, podremos consultar un dossier plagado de autobombo de actividades que en realidad reciben solo una parte menor del dinero recaudado. Únicamente al observar con detalle la memoria –con el sello de la auditora PriceWaterhouseCoopers, cuya sede en Madrid ha sido registrada por el caso de la supuesta financiación ilegal del PP de Madrid– se comprueba que de los 249,3 millones recibidos por la campaña de la Renta de 2014, la Iglesia destinó 199,7 al “envío a las diócesis para la realización de sus actividades”. Es decir, más del 80% de la recaudación se dedica a sostener la institución, en lo que se incluye el coste puro y duro de las nóminas. Más de 16 millones fueron a pagar la Seguridad Social del clero, otros 4,7 millones se dedicaron para pagar a los obispos y a “funcionamiento [de la] Conferencia Episcopal”. Así es el grado de detalle de la memoria: mínimo. La CEE consigna más de un millón a “actividades pastorales nacionales”, epígrafe en el que podrían caber desde financiación para 13 TV hasta campañas contra la “ideología de género”. No se sabe con detalle. El Gobierno no fiscaliza las memorias. Es decir, no pide a la Iglesia que pruebe la verdad del contenido. El Tribunal de Cuentas, responsable del control del sector público, tampoco lo hace.

“La memoria que presenta la Iglesia no es una contabilidad. Es un papel imposible de comprobar en el que, además, se presenta como una unidad y no como lo que es en realidad, un marasmo de congregaciones, fundaciones y empresas”, lamenta Juan José Picó, uno de los impulsores de la campaña de Europa Laica contra la equis en la casilla eclesial. A juicio de Picó, lo más grave es que por la forma en que la institución religiosa presenta su memoria –en la que mezcla una página con los datos resumidos con decenas de folios dedicados a explicar su labor social–, “uno puede pensar que al marcar su casilla ayuda a los comedores sociales, y no es así“.

La casilla solidaria

¿Cuánto recibe Cáritas, el buque insignia de la obra social de la Iglesia? De lo recaudado vía renta en 2014, fueron poco más de seis millones de los 249,3 totales, un 2,4%. Aquí también hay truco. Tanto Cáritas como Manos Unidas, Mensajeros por la Paz y el resto de organizaciones caritativas de la Iglesia se financian a través de la otra casilla, la de fines sociales, con lo que las vías de recaudación eclesiales vía IRPF son dos: una, la casilla católica; otra, la casilla solidaria. La CEE vuelca su campaña en la primera, pero en realidad la segunda también le sirve. La campaña de la casilla social se hace por sí sola con la extendida opinión de que es el contraplano de la casilla de la Iglesia y sirve para financiar –en vez de al clero– a las ONG. Lo que ocurre es que decenas de esas ONG están vinculadas a la Iglesia.

Este modelo está anclado en el acuerdo alcanzado por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y la CEE en 2006, que sustituyó a la aportación por la vía presupuestaria. Según el discurso de la Iglesia, así se consigue una aportación por IRPF únicamente por la “voluntad libre” de los católicos, con lo que la institución avanza o incluso cumple su compromiso de autofinanciación. Esto es otro bulo. No sólo por las innumerables vías de ingreso o incentivo público que mantiene (Europa Laica, que contabiliza desde las aportaciones a la educación concertada hasta los sueldos de los capellanes castrenses, cuantifica el total en más de 11.000 millones al año), sino también porque en su vía de financiación oficial más ligada a la voluntad de los católicos, la aportación la realizan finalmente todos los contribuyentes.

La contrapartida de las concesiones de Zapatero fue el fin de la exención del IVA de las compras de la Iglesia, subrayado en el acuerdo como una “renuncia” de los obispos. Pero lo cierto es que el régimen fiscal del que disfruta continúa siendo muy ventajoso. El impuesto de sociedades se extiende a la mayoría de sus actividades. Tampoco paga transmisiones, ni sucesiones, ni donaciones, ni actividades económicas. La Iglesia, la mayor propietaria inmobiliaria privada de España, no paga el IBI de sus inmuebles ni siquiera en el caso de que no los utilice para fines sociales o pastorales, sino que –por ejemplo– los ponga en alquiler. Los beneficios se extienden hasta las expresiones más modestas de la economía eclesial: del cepillo de la Iglesia a los dulces monacales, por señalar dos clásicos.

La Mezquita-Catedral de Córdoba es un ejemplo emblemático de beneficios fiscales y falta de transparencia. Las entradas están exentas de IVA –¡lo que darían por algo así otras actividades culturales!–. En 2016 este monumento batió su récord de asistencia con más de 1,6 millones de visitas, con el acceso a ocho euros en visita normal (diez euros, desde enero). ¿Qué consideración tienen estos ingresos? Según fiscalistas consultados, depende de la interpretación. En la memoria presentada por la Diócesis es imposible ubicar este dinero. Lo que sí está claro es que no tributa por el impuesto de sociedades, aunque sí se declara, según la CEE, que incide en que el cobro no se realiza en ningún templo en horario de culto y en que esta exención es compartida con otras confesiones y asociaciones en virtud de la ley de Mecenazgo de 2002.

Esta norma ha permitido a la Iglesia argumentar que no tiene unos privilegios anclados en los acuerdos entre el Estado y la Santa Sede de 1979 –que consagran su posición privilegiada en la educación, el Ejército y la simbología oficial–, sino unos derechos en pie de igualdad consagrados en una norma del siglo XXI. El problema es que ninguna otra organización con sus exenciones tiene una mínima parte del volumen de patrimonio y el grado de complejidad jurídica y económica de la Iglesia. También es exclusiva de esta institución la inmatriculación de miles de bienes, motor de un fuerte incremento de su ya de por sí formidable cartera inmobiliaria.

“Cuando la Iglesia recibe dinero del Estado, nadie comprueba a qué lo dedica. Si lo gana empresarialmente, por ejemplo con entradas, no tiene que pagar impuestos por dedicarse en teoría a los mismos fines que las ONG. Es un círculo vicioso”, afirma el abogado Claudio Rodríguez, especialista en fiscalidad, que recuerda que al no ser de iure una empresa, la Iglesia no tiene obligación de presentar sus cuentas en el Registro Mercantil. No obstante, de facto sí actúa en múltiples actividades como una empresa. Como ahora, cuando está pidiendo a los católicos que pongan la cruz –el logo de la empresa, de hecho– donde es debido.

Donación a La Marea

Más en lamarea.com

Read More