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La crisis dispara la pobreza infantil en España

Pobreza en un hogar de Valencia. I LA MAREA

MADRID // Vicente tiene 43 años y tres hijos, es viudo y no tiene trabajo desde hace 10 años. Recibe en total 300 euros de ayuda al mes, con los que no puede cubrir todos los gastos de su familia. Tiene una hipoteca y un acuerdo con el banco para paralizar el pago durante cuatro años. El acuerdo vence en un año y teme perder la casa porque no podrá pagar las mensualidades. “Cuando no tengo nada, en el quiosco me fían los materiales escolares y los voy pagando poco a poco. En el colegio también me ayudan, me pagan las excursiones de los niños y el comedor. Se pasa mal, no sé qué hacer, a veces voy a vender pañuelos, pero la policía me dice que no puedo. No lo entiendo, porque yo no pido dinero, solo pido la voluntad. No sé cómo lo hago… a veces hago pequeños trabajos y gano unos 30€ y con ellos compro lo básico para que coman los niños: yogures, pan y fiambre. Cuando llegan las vacaciones me cuesta mucho más, pero a veces el ayuntamiento me ayuda con la comida”, explica.

Su caso es un buen ejemplo del drama de la pobreza en España, uno de los países de la Unión Europea con más desigualdad. En España, las personas más ricas ganan siete veces más que las más pobres (la media europea es de 5,2). Pero la desigualdad afecta con especial crudeza a los niños: los menores de edad con menos recursos se han empobrecido cinco veces más durante la crisis que los más ricos (un 32% y un 6% respectivamente). Y entre 2008 y 2015, el número de niños en situación de pobreza severa aumentó en 424.000. Son algunas de los datos que recoge el informe Desheredados, que ha presentado este martes la ONG Save the Children.

En las sociedades más desiguales, el éxito de los niños está condicionado por la herencia económica y social de los padres. “En España, un niño que nace en un hogar pobre está condenado de por vida a serlo. El Estado no permite que los niños tengan las mismas oportunidades, al contrario, les pone zancadillas a los que peor están. Ni las políticas públicas de protección social ni el sistema fiscal están diseñados para reducir la desigualdad y acabar con la pobreza”, afirma Andrés Conde, director general de Save the Children.

Precisamente una de las funciones del sistema tributario es redistribuir la riqueza, pero en España los impuestos tienen limitaciones para reducir la desigualdad porque proporcionalmente gravan más a las personas más pobres en relación con las más ricas. La población más pobre dedica un 28,2% de sus ingresos a pagar impuesto. Solo el 10% más rico paga más. El resto de la población paga proporcionalmente menos.

Víctimas del abandono escolar

Tampoco el sistema educativo es capaz de recudir las desigualdades. Aunque la escolarización es universal, la financiación y calidad de los servicios educativos favorecen más a unos alumnos que a otros. La consecuencia es que casi la mitad de los niños de familias más pobres (el 43%) acaba abandonando prematuramente sus estudios, denuncia el informe.

Mi padre está en el paro porque la fábrica cerró. Mi madre está en casa buscando trabajo. Si mis padres dicen ‘no’ sé que es por algún motivo. Mis padres quieren que seamos felices, si dicen ‘no’ es porque no tienen dinero”, explica Ana, una niña de 12 años de Vitoria.

La desigualdad está directamente ligada con el empleo. El trabajo de los padres juega un papel fundamental en el desarrollo de los niños, ya que es la principal fuente de ingresos, especialmente en el caso de las rentas más bajas, que son más vulnerables al desempleo y la precarización. La destrucción de empleo durante la crisis ha afectado de forma desproporcionada a las familias más pobres y con hijos en nuestro país. España es el país donde más ha aumentado durante la crisis el número de niños que viven en hogares donde nadie trabaja, hasta llegar a los 800.000 menores. Pero tener un trabajo tampoco es una garantía para salir de la pobreza: la tasa de hogares pobres con hijos en los que algún miembro trabaja en España es de las más altas de Europa.

Si la economía no genera empleo suficiente para todos o este no es de calidad, los hogares solo pueden salir de la pobreza a través de la protección social, pero en el caso de España la inversión es muy escasa y no se distribuye de forma equitativa. Apenas el 33,6% de los niños pobres tienen acceso a la única prestación dirigida a mejorar su situación, prosigue el informe de Save the Children.

Las familias más pobres destinan la mayoría de sus recursos a los gastos de la vivienda, pero la renta de los hogares más desfavorecidos ha caído a un ritmo mucho mayor que los alquileres o las hipotecas y gastos como la luz o el gas han subido considerablemente. En nuestro país, la mitad de los niños más pobres viven en hogares que destinan más del 40% de sus recursos a los gastos del hogar. Lo que les queda mensualmente a las familias más pobres por hijo, descontando los gastos de la casa, ha pasado de 233 euros en 2008 a 130 en 2015.

El drama de la pobreza energética

Uno de los gastos de la casa que las familias con menos recursos se ven obligadas a recortar son los energéticos, que además durante la crisis han aumentado un 70% y que impiden a casi uno de cada tres hogares con hijos mantener la casa a una temperatura adecuada.

La desigualdad también tiene consecuencias en la salud de los niños. Los menores más pobres tienen peores condiciones y hábitos de vida y un acceso limitado a servicios sanitarios que no cubre del todo el Estado, como el oculista, el dentista o el logopeda. Por ejemplo, los niños más pobres sufren más obesidad infantil que los más ricos (un 33% y 23%, respectivamente), un problema directamente relacionado con el sedentarismo y la mala alimentación, que se da mucho más cuantos menos recursos tiene el niño.

Save the Children exige como medida más urgente que se mejore la prestación actual por hijo a cargo, tanto en cobertura como en cuantía, para todos los niños que viven por debajo del umbral de la pobreza de los 25€ mensuales hasta 100€. Además, la ONG, entre otras medidas, pide que se pongan en marcha políticas y planes públicos de fomento al alquiler de forma equitativa; que se proteja por ley a las familias con niños frente a los desahucios; políticas de prevención y promoción de la salud infantil, que cubran por completo el coste de prótesis, audífonos y gafas para niños en el Sistema Nacional de Salud o que se proteja a los niños que viven en hogares donde todos sus miembros están en paro a través de, por ejemplo, una prestación por maternidad no contributiva.

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¿Cómo explicar a los niños la realidad de mujeres y hombres?

Ilustración del libro 'Las mujeres y los hombres' I La Marea

Las mujeres y los hombres
Libros para mañana
Idea y texto de Equipo Plantel, Media Vaca, 2016

Las mujeres y los hombres arranca con un texto de los editores en el que se lee: “Este libro forma parte de una serie de cuatro títulos pensada para los lectores más jóvenes que fue publicada entre los años 1977 y 1978 por la editorial barcelonesa La Gaya Ciencia. En aquel momento hacía solamente un par de años que había muerto el dictador Franco y el país vivía una etapa —la Transición— que traería los primeros cambios democráticos”.  Y concluye: “La colección original se llamaba Libros para Mañana, y así se sigue llamando esta nueva versión. Si podemos leer lo que dice el libro sin que nos cause muchísima extrañeza es porque, al parecer, ese mañana todavía no es hoy”.

Y es ese “mañana todavía no es hoy” el que me hizo seguir leyendo. ¿De verdad un libro sobre mujeres y hombres, dirigido a un público infantil, escrito a finales de los 70, sigue vigente? Yo, ingenua, pensaba que no: que sí hemos aprendido, madurado, crecido, educado a nuestros niños con otros parámetros… qué se yo… Pues no. Cuarenta años después de su publicación, para mi sorpresa, Media Vaca reedita la colección Libros para Mañana y siguen funcionando igual que cuando el país vivía en plena Transición. No nos queda nada…

Pero contentémonos. Por fin existe un libro, más o menos, político, dirigido a los pequeños de la casa. Por fin un libro, más o menos, reivindicativo, pensado para hablarles a los niños sin tratarlos como tontos. Por fin un libro —una colección, en realidad, Libros para Mañana—, gracias al que podemos hablar con nuestros hijos de temas que parecen dirigidos a los adultos: democracia, dictadura, clases sociales, hombres y mujeres… Quizás es por falta de libros dirigidos a los niños —tratando temas que no solo son de adultos, y a fuerza de tratar a los niños como tontos y dirigirnos a los adultos como niños—, que estos textos siguen vigentes en su totalidad, porque no hemos crecido mucho intelectualmente en nuestro país.

En esos pequeños volúmenes solo se ha insertado, en las páginas finales, una breve nota actualizando la información cuando a los editores les ha parecido necesario. Cómo tocar unos textos que nos asombran con frases del tipo: “En todas las dictaduras está prohibido pensar. Sólo se puede pensar lo que el dictador quiere que se pueda pensar”. O: “Las mujeres parecen más débiles que los hombres, pero no es verdad”.

La colección consta de cuatro títulos: Las mujeres y los hombres, Cómo puede ser la democracia, Así es la dictadura y Hay clases sociales. Cuatro temas fundamentales que había que tratar en 1978 para explicar a los niños y niñas de aquella generación los cambios que vivía el país donde les había tocado nacer y que, todavía hoy, nos sirven para que nuestros niños los entiendan. Los textos son los mismos que entonces, solo han variado los ilustradores: Marta Pina, Mikel Casal, Joan Negrescolor y Luci Gutiérrez.

¿A quién no le apetece leer junto a sus hijos una amena lección de historia de la mano de nuestros abuelos?

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