Delata a tu cerdo

cerdo

Después de que nos enteráramos de que el gigante del cine norteamericano Harvey Weinstein acosara sexualmente a decenas de mujeres, después de que supiéramos que la inmensa mayoría de ellas ha guardado silencio durante años, después de que varios directores, entre ellos Woody Allen, hayan alertado de que se puede desatar “una caza de brujas”, después de décadas durante las cuales los acosadores y violadores no hayan tenido nombre, aparece la campaña #balancetonporc.

O sea, “delata a tu cerdo”.

El uso de la palabra “cerdo” para identificar a los acosadores sexuales entronca con la actual popularización del término “putero”. Son palabras que las mujeres usaban/usábamos en la intimidad, y que sin embargo jamás habían saltado al lenguaje de los medios de comunicación o las organizaciones públicas. La causa no es que resultaran malsonantes u ofensivas, en general. La causa es que ofenden a los hombres, que por el momento siguen siendo los señores del lenguaje. Eso es sustancial. El lenguaje es sustancial.

Mientras se ha denunciado ya una y otra vez que son ellos quienes manejan y presiden el poder económico y financiero, la propiedad de la comunicación o los aparatos represivos, se ha pasado por alto algo tan evidente, tan básico, como su dominación sobre el lenguaje. Ellos dicen puta, pero jamás dirán putero. De eso se trata.

Somos lenguaje. Por eso resulta tan relevante el uso de la palabra cerdo en relación con los hombres que acosan, abusan o violan a las mujeres.

Y es cierto, son unos cerdos. Además de delincuentes, cerdos. Y hay que nombrarlos.

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