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Robaron (presuntamente) perteneciendo al Partido Popular

Cuando Francisco Granados robaba (presuntamente), lo suyo no se llamaba Púnica, eso vino después. Lo suyo se llamaba PP y él era nada más y nada menos que consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid presidida por Esperanza Aguirre.

Cuando Francisco Correa robaba (presuntamente), lo suyo no se llamaba Gürtel, eso vino después. Lo suyo se llamaba PP y él era quien, tras reinar en la boda de la hija del presidente Aznar, manejaba millones de euros propiedad de los ciudadanos y los repartía entre políticos del PP.

Cuando Luis Bárcenas robaba (presuntamente), lo suyo no se llamaba caso Bárcenas ni Gürtel, eso vino después. Lo suyo se llamaba PP y él era quien repartía dinero negro entre altos cargos del partido, dinero procedente de todos los ciudadanos. Entre otras lindezas.

Cuando Ignacio González robaba (presuntamente), lo suyo no se llamaba Lezo, eso vino después. Lo suyo se llamaba PP y él era el presidente de la Comunidad de Madrid, además de secretario general del partido allí.

Cuando los miembros del Partido Popular arrugan la nariz y reniegan de, entre otros, los anteriores señores, tratan de vender la idea de que entre sus robos (presuntos) y el partido no hay ninguna conexión. La forma que tienen los medios de comunicación de representar los casos de corrupción, haciendo suyo el nombre que los investigadores les dieron, contribuye a marcar distancias con el partido al que pertenecían cuando cometieron sus tropelías. Pero no. Granados, Correa, Bárcenas o González –por ser breve— no robaron (presuntamente) mientras pertenecían a la Púnica, Gürtel o Lezo. Robaron (presuntamente) perteneciendo y representando al Partido Popular.

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Gürteliana

Pablo Crespo (izquierda) y Francisco Correa, en el banquillo de los acusados de la trama Gürtel. POOL

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“Yo estaba trabajando con la mujer de Paco [Francisco Correa], y luego conocí a Paco más profundamente y empezamos a trabajar en Majadahonda. En ese momento, yo pensé que alguien que había estado en la boda del presidente [Aznar], que era amigo del presidente, que todo el mundo se lo rifaba como amigo y como todo… pues jamás pensé que podía ser una persona corrupta”. Al teléfono, José Luis Peñas recuerda el arranque de todo. Él fue el primer denunciante, el que puso en marcha la Gürtel.

A estas alturas, justo diez años después de que, en noviembre de 2007, arrancara el proceso, la Gürtel viene a ser tan popular como La Lola de España. Nadie necesita muchas más explicaciones para saber lo básico: que el Partido Popular utilizó el dinero público de forma fraudulenta. ¿Para qué? Eso es algo más borroso. Para financiar elecciones cuyos resultados ya sabemos dudosos, para untar a miembros de la dirección del partido, para repartir sobres con dinero negro, para premiar a empresarios amigos, para corromper a presidentes/as autonómicos o alcaldes y alcaldesas… Se podría escribir un abecedario: A de Aznar, B de Bárcenas, C de Correa, e incluso darle dos vueltas.

Corría diciembre de 2005, y Peñas, a la sazón concejal del PP en el ayuntamiento de la localidad madrileña de Majadahonda, estaba a punto de enterarse de algo que iba a cambiar la política española. O al menos, la imagen que los españoles tienen de lo que significa la corrupción. “Empezamos a tener más confianza Paco [Correa] y yo”, continúa, y jadea porque ha respondido a la llamada en mitad de una ruta en bicicleta con su esposa.

“En diciembre de 2005, él estaba viviendo en un hotel porque se había ido de su casa. Estábamos allí juntos y le llamó Martín Vasco, concejal de Arganda del Rey. Tuvieron una conversación larga con el teléfono en manos libres. En esa conversación fue la primera vez que oí… Bueno, Benjamín [Martín Vasco] le dijo a Correa que si no le daban sus 300 kilos, nada de nada… En ese momento, uno, por muy pueril que sea, se da cuenta de que ahí hay un lío importante. Y te digo la verdad, lo pensé mucho esa noche con mi mujer, porque yo soy funcionario y lo más fácil habría sido quitarme de en medio, teníamos que tomar una decisión, pero tenemos hijos, sabía que iba a afectar de una manera clara al resto de nuestras vidas… Ella no lo dudó en ningún momento y me dijo que ya sabía lo que íbamos a hacer. Tras una noche intranquilo me dije: voy a hacerlo, voy a denunciar, pero lo que no puedo hacer es ir mañana a comisaría y decir, ‘es que hay unos tíos muy malos aquí’. Esa misma noche me vino a la cabeza que tenía una memoria USB antigua que usaba básicamente para oír música…”.

Aquel 15 de diciembre de 2005, siempre según su versión, José Luis Peñas decidió no solo denunciar, sino tomarse el tiempo necesario “para que nadie echara atrás esa acusación”. Nada menos que 80 horas de conversaciones grabadas en aquella USB. “Entonces decidí, juntamente con mi mujer, que íbamos a cambiar nuestra vida. Lo que no sabíamos es que íbamos a cambiar también muchas cosas en el país”.

Dos años después de ese momento, en 2007, se presentó con sus documentos ante la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía. Y poco después, a la Fiscalía. “Fue una de las tres decisiones más importantes de mi vida… si no la más importante”, resopla. “Y me siento muy orgulloso por haber logrado sentar al Partido Popular en el banquillo, que se haya descubierto cómo se ha dopado durante años y años y años, y cómo ha ganado de manera ilegal e ilegítima elecciones. Ese es el gran logro. Haberle visto la cara al verdadero PP”.

Grandes logros

La abogada Lara Carrasco, presidenta de Lucha Contra la Corrupción (Corruptil) y una de las primeras profesionales implicadas en la denuncia, suele asegurar que la Gürtel es “un milagro”. Afirma: “Somos un gran país capaz de hacer cosas como esta”.

No resulta demasiado frecuente oír alabanzas a la llamada Operación Gürtel, muesca negra en el saqueo de lo común, de lo público y de la idea democrática de lo político. Sin embargo, aquellos que han hecho posible el proceso ofrecen una visión positiva. Yendo hasta el momento más feroz, aquel 26 de julio de 2017, cuando Mariano Rajoy Brey se sentó ante el tribunal para declarar como testigo en la causa.

El responsable de que el presidente del Gobierno de España se sentara ante los magistrados que juzgan la Gürtel y, de paso, ante decenas de periodistas internacionales, es Mariano Benítez de Lugo, al frente de la Asociación de Abogados Demócratas por Europa (ADADE). El mismo letrado que el 28 de junio de 2013 recibió una amenaza de Luis Bárcenas por mandarlo a la cárcel. “El socialista me va a encontrar”, desafió entonces el extesorero del Partido Popular. Hoy, Benítez de Lugo se cuenta entre los que celebran la Gürtel. “Ha puesto muy de manifiesto una trama de corrupción que podía no haber sido desvelada”.

A falta solo de los informes finales y de la sentencia, que previsiblemente llegará a finales de la primavera de 2018, el abogado no puede sino sentirse satisfecho. Valgan los jalones de su satisfacción para dibujar uno de los posibles retratos positivos de la Gürtel.

La satisfacción

Para empezar a enumerar méritos, Benítez de Lugo rinde un homenaje al juez Baltasar Garzón, condenado en 2012 por prevaricación y apartado del ejercicio judicial. “El primer mérito en la Gürtel hay que atribuirlo al juez Garzón”, asegura, “que rápidamente tomó conciencia del caso y ordenó una serie de registros que supusieron la obtención de importantísima documentación de cara a la estructuración del caso”.

En segundo lugar está Bárcenas. ADADE consiguió que se revocara el sobreseimiento sobre el extesorero y, por lo tanto, en 2009, el caso no terminara sin pena ni gloria. Algo más de tres años después, el 27 de junio de 2013, Benítez de Lugo pidió prisión para Bárcenas, a lo que se sumó la Fiscalía. Sin ese paso, resulta difícil pensar que en julio de 2013 el propio extesorero reconociera la autoría de los llamados Papeles de Bárcenas. “Yo pido su cárcel y se adhiere el Ministerio Fiscal”, explica el letrado. “Entonces, él cambia de abogado y quiere declarar y el 10 de julio, cuando había dicho que los papeles eran fotocopias que no eran suyos, reconoce la autoría”. En esos papeles figuraban las entregas de dinero en efectivo a toda la plana mayor del Partido Popular.

Después llegaron la aceptación de la exministra Ana Mato y el PP “como beneficiarios a título lucrativo de los delitos de otros”. Y, por fin, la petición con éxito de la declaración del presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, como testigo pese a las negativas por parte del juez instructor.

Decepciones, ruina y dolor

Si bien aquellos que han hecho posible la Gürtel celebran los resultados y, más allá de eso, la existencia misma de los juicios que han puesto en evidencia la corrupción existente en diversos gobiernos del PP, nacionales y autonómicos, también ha habido decepciones.

“La reciente negativa del careo ha sido una gran decepción”, manifiesta Mariano Benítez de Lugo. “Si hay una persona, como es Bárcenas, que dice que ha entregado dinero en efectivo, en concreto y entre otros, a Mariano Rajoy, y este, cuando yo le pregunto, lo niega, lo lógico, y así está previsto en la ley, es que se confronten ambas personas para que el tribunal decida cuál de los dos considera que tiene una versión más fiable. Ese es el objetivo del careo”. Sin embargo, el presidente del tribunal consiguió que dicho careo no tuviera lugar y dejó la participación de Rajoy en la de un mero testigo.

Por su parte, el denunciante José Luis Peñas considera que “ha habido grandes líneas rojas”. Explica: “Llevo mucho tiempo denunciándolas. A los investigadores se les impusieron grandes líneas rojas que no podían traspasar, y desde luego a las fiscales”. Y se pregunta: “¿Por qué no ha declarado José María Aznar? ¿Por qué no se ha imputado a gran cantidad de dirigentes del PP que sí están en las cuentas? ¿Por qué a Francisco Álvarez Cascos no se le interpeló después de que Correa declarara que Cascos le había dado la cuenta de Aena? En este país las cuentas públicas no se dan, se ganan por concurso. Ese es el gran fallo, un fallo político hecho de líneas rojas…”.

Sin embargo, no solo han existido decepciones, sino altísimos costes para las vidas de aquellos que han denunciado y, por lo tanto, hecho posible que esta causa que ahora termina haya sido posible. El caso más sangrante es el de Ana Garrido.

Siendo Garrido funcionaria del Ayuntamiento de Boadilla del Monte, en enero de 2009 denunció una trama de corrupción que acabó manchando al PP en todo el territorio español. Así lo recuerda: “Yo conocía la corrupción que ocurría en mi ayuntamiento. Cuando empecé a hacer una labor de investigación antes de denunciar, pensaba que afectaba solo a Boadilla del Monte. A medida que fui avanzando esta investigación, en la que me ayudaron compañeros aportando expedientes, a medida que fui cruzando empresas… También había nombres conocidos que no han sido imputados, por ejemplo, exministros de la época de Aznar como Acebes y Michavila, que yo no me imaginaba al principio lo que suponía. Cuando denuncié ya sí vi que era algo muy gordo que afectaba, sobre todo, a alcaldes de otros municipios y a empresarios importantes, pero nunca llegué a imaginar que era una trama de corrupción de un partido entero y a nivel nacional”.

A partir de entonces, empezó una cacería contra ella, como denunciante, que incluye incluso amenazas de muerte. Al teléfono, valora si ha valido la pena: “Qué pregunta más difícil. Para mí, no, en el sentido de que me han arruinado la vida. Antes de denunciar era una persona con una vida profesionalmente estable, feliz, me encantaba mi trabajo, no podía pedir más. Ahora no tengo tiempo para salir de la miseria, a día de hoy todavía me paso el tiempo de juicio en juicio… A nadie le compensa pasar por esto porque no hay nada que lo pague”.

Sin embargo, Garrido asegura que volvería a hacerlo. “En mi cabeza no cabe hacer otra cosa: o entras en la rueda o denuncias. Yo tenía una responsabilidad profesional como técnica municipal”. Sin embargo, puntualiza: “Volvería a denunciar, sí, pero lo haría porque no tengo hijos”.

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Se han quitado las máscaras

Francisco Correa I La Marea

A la fiscal Concepción Sabadell no le cabe ninguna duda: la Gürtel suponía un “sistema” organizado por políticos y gobernantes del Partido Popular para robar fondos públicos, o sea de todos. “Se han confirmado los indicios y se han comprobado los hechos con una abrumadora y contundente prueba”, ha afirmado Sabadell. “Esquilmaron arcas públicas”, ha añadido.  Y más: “Fue un modo de vida duradero de esta organización constituida para delinquir”.

La noticia ha pasado casi desapercibida, cuando no ha sido descaradamente omitida, en la mayoría de los medios de comunicación españoles. Después de diez años de Gürtel, cuando por fin llega el momento de las conclusiones, demoledoras conclusiones, tenemos la información tan cubierta de banderas que no se ve nada más.

Hay quien ve en asuntos como este una de las razones por las que no se ha querido dar solución al asunto catalán. Sostienen que a los corruptos, sobre todo al PP y la antigua CiU, les ha venido muy bien el jaleo. Sea intencionado o no, no cabe duda de que, efectivamente, la bandera tapa. Sin embargo, me interesa más algo menos obvio, algo que también ha quedado en evidencia, ligado al cinismo político.

Durante muchos años, al menos los que van desde los primeros 80 hasta el 15-M, nos hemos ido acostumbrando a ver el ejercicio de la política como una cadena de actos de cinismo. Sabíamos que el político decía A, pensaba B y hacía C, para que el medio de comunicación de turno publicara Z. No es cierto que nos engañaran. Había un pacto implícito donde todos sabíamos que el otro sabía: que Fraga era franquista, como Gallardón y toda la panda, que miembros del gobierno de Felipe González organizaron los GAL, que Jordi Pujol y sus secuaces acumulaban dinero en el extranjero sin contemplaciones, que entre todos se opusieron a juzgar a los criminales de la dictadura, que gran parte de la judicatura roza la extrema derecha, que los jefes tocan a las chicas, y los políticos, y los directores, y los curas, etc.

Después, con el 15-M, parecía que a ese cinismo se le había abierto una brecha y que era posible ejercer la política con franqueza y honestamente. Parecía, y quién sabe… Pero lo más interesante ha llegado ahora, con el Procés y su espectacular –de espectáculo– final. Ese pacto tácito por el que los partidos políticos vendían una moto y nosotros/as la comprábamos y aquí no ha pasado nada, se ha roto. No es que ahora denunciemos sus artimañas y tejemanejes. No es que ellos hayan dejado de ponerlos en práctica. Sencillamente, nuestros gobernantes han dejado de disimular, de inventar una realidad y aplicar otra, se han quitado la máscara y observan, seguramente con cierta estupefacción, que no pasa nada de nada. Ahora pueden decir las barbaridades que piensan, llegar a los acuerdos más vergonzosos, sonreír antes sus propias propuestas de ignorancia, y la población hace lo mismo que cuando fingía no saber: nada.

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Cinco historias más allá de la (posible) independencia de Cataluña

Luis Bárcenas, extesorero del PP e inculpado por corrupción en la trama Gürtel | La Marea

Te resumimos cinco noticias que quizá te hayas perdido estos días, más allá de las relacionadas con la posible declaración unilaterial de independencia en el Parlament de Cataluña.

1. Anticorrupción pide la condena del PP por lucrarse con la trama Gürtel

La Fiscalía mantiene su petición de 125 años y un mes de prisión para el presunto líder de la trama Gürtel, Francisco Correa, después de un año de juicio. El Ministerio Público sí ha rebajado las acusaciones por delitos fiscales para el extesorero del PP Luis Bárcenas y para el exconsejero de Madrid Alberto López Viejo. En sus conclusiones, la fiscal pide que el Partido Popular y la exministra Ana Mato sean condenados por lucrarse con la organización corrupta. En ambos casos, solicita la condena como partícipes lucrativos.

2. Adif propone adelantar las obras de soterramiento del AVE en Murcia

Después de casi un mes de movilizaciones vecinales en Murcia para exigir a la administración que no construya un muro que divida en dos la capital mientras duran las obras del tren de alta velocidad, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) ha propuesto adelantar las obras de soterramiento. Adif ha propuesto a la Plataforma Pro Soterramiento que forme parte de la comisión social de seguimiento. La entidad ha aceptado la invitación.

3. Miles de personas reclaman unas pensiones dignas

Miles de personas han reclamado en las últimas horas Madrid unas pensiones dignas. Hasta 80.000 pensionistas, según los sindicatos, han recorrido España desde el 30 de septiembre para pedir que se garantice el futuro de las pensiones y se mantenga el poder adquisitivo de los pensionistas. Los secretarios generales de CC OO y UGT, Unai Sordo y Pepe Álvarez, han pedido al Gobierno que eleve el gasto en pensiones en España acercándolo al nivel de otros países europeos para garantizar así un sistema público fuerte y sostenible.

4. El Estado puede perder casi 4.000 millones de euros con el rescate de las autopistas

El Tribunal de Cuentas (TC) estima en 3.718 millones de euros el “riesgo máximo” para el Estado por el rescate de las autopistas de peaje en quiebra, tras avisar de la falta de información sobre esta contingencia en su informe de fiscalización de la Cuenta General del Estado de 2015. El presidente del TC, Ramón Álvarez de Miranda, ha explicado que dicha estimación no implica que los 3.718 millones se vayan a traducir en una “pérdida cierta” para el Estado, pero ha insistido en que las cuentas estatales deben incluir información sobre las contingencias más significativas.

5. Austria no acogerá refugiados si la ultraderecha gana las legislativas del domingo

La formación ultraderechista Partido de la Libertad de Austria (FPO) ha adelantado que si se impone en las próximas elecciones legislativas del domingo, el nuevo Gobierno trabajará para unirse al Grupo de Visegrado formado por Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia, que se opone al establecimiento de cuotas obligatorias de refugiados. Los jefes de Gobierno del Grupo de Visegrado abogan por la “solidaridad” europea para hacer frente a la crisis de refugiados, pero tachan de “inaceptable” el establecimiento de cuotas de acogida.

 

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“Mi responsabilidad es gobernar y no voy a abdicar de ella”

Mariano Rajoy, durante su investidura como presidente el 29 de octubre de 2016. Foto: CONGRESO.ES

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, continúa sin dar explicaciones sobre la trama de corrupción Gürtel tras su declaración como testigo en la Audiencia Nacional. En un pleno extraordinario en el Congreso de los Diputados a petición de la oposición, Rajoy ha hablado de los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils, de la situación en Cataluña y de la recuperación económica, las tres preocupaciones principales a las que, desde su punto de vista, debe hacer frente: “Mi responsabilidad es gobernar y no voy a abdicar de ella”, ha zanjado.

Rajoy inició su intervención a las nueve de la mañana. Veinte minutos después seguía explicando a la Cámara, con un tono condescendiente, a modo de lección, las herramientas que debe usar para retirarle la confianza. “La responsabilidad política en España se exige con una moción de censura”, retó a la oposición tras recordar la iniciativa de Unidos Podemos el pasado junio, que no prosperó.

Sin mencionar el motivo por el que había sido llamado a comparecer, Rajoy enumeró una lista de reformas con las que supuestamente se está combatiendo la corrupción. “Contra la corrupción son más efectivas las reformas que los reproches. Nosotros hemos hecho reformas sin que nadie nos lo pidiera”, ha afirmado.

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¿Qué pasa por la mente de un corrupto?

“Me he llevado de todo, dinero y caja y comisiones. Era un yonqui del dinero, casi todo el mundo está en movidas”. La frase, pronunciada en mayo del año pasado por Marcos Benavent, exgerente de la empresa de la Diputación de Valencia Imelsa, dio la vuelta a España tanto como su renovado look y su supuesta conversión a la religión de la placidez, el yoga y la comida ecológica. Desde la operación Malaya hasta el más reciente caso Nóos o la trama Gürtel, la corrupción ha sentado en el banquillo a personalidades como el yerno del rey, el tesorero de un partido de gobierno, poderosos empresarios, políticos, reconocidos abogados, afamados artistas, futbolistas, banqueros… Todos son acusados de robar y algunos ya han sido condenados. ¿Pero qué pasa por la cabeza de una persona rica para querer defraudar? ¿Qué pasa por su mente?

“Lo mismo que por la mente de cualquier delincuente antes de cometer un delito. Es decir, los delincuentes toman la decisión de delinquir (agredir a un desconocido para robarle o defraudar a Hacienda) porque deciden hacerlo y esto es lo que sucede en su mente”, resume el profesor de Psicología en la Universidad de Barcelona Antonio Andrés Pueyo. El experto basa esa decisión en cinco razones. Primero, la oportunidad: muchos delincuentes de cuello blanco están en lugares de poder donde pueden realizar esos delitos. Segundo, la necesidad: muchas veces estas personas, ricas en algún momento, tienen necesidades de dinero o poder o control para continuar con su estatus o para cubrir sus necesidades, que pueden ser totalmente superfluas o no. Tercero, las predisposiciones personales: actitudes y creencias narcisistas, egoístas, de impunidad… Cuarto, los estados emocionales alterados, como el consumo de drogas, alcohol, estados afectivos alterados. Y por último, la ecuación coste / beneficio: valoran lo que pueden ganar y perder… “Muchas veces, con su sentimiento de invulnerabilidad, sólo ven beneficios y ningún coste a su conducta”, concluye el profesor. Durante mucho tiempo, por ejemplo, la Corona y la política fueron ámbitos intocables. Todo ello -añade el especialista-, contribuye a mantener la reiteración delictiva si los primeros delitos pasan desapercibidos y aumentan su sensación de impunidad.

En ocasiones, incluso, los defraudadores no sólo no reciben reproche social, sino que salen reforzados. “La corrupción no es exclusiva de la especie humana (se han evidenciado conductas corruptas en chimpancés, abejas y hormigas). Entre los seres humanos, tampoco es exclusiva del poder político (aunque la hay) ni de los empresarios prebendarios (aunque los hay) sino también de la sociedad que a su medida, la ejerce o, al menos, tolera”, escribe el neurólogo y neurocientífico Fernando Manes en un artículo en El País. “No hay seres humanos corruptos sino una sociedad corrupta […] Todos los países tienen corrupción y seres humanos corruptos. La diferencia, en parte, radica en cuán tolerada es la corrupción en esa sociedad”, prosigue. Dos ejemplos: el expresidente del Sevilla José María del Nido, condenado a siete años de prisión por malversación y prevaricación, no dejó el club hasta que la sentencia fue confirmada por el Supremo. “Mientras el Sevilla meta goles… a mí me da igual”, llegaron a decir seguidores del equipo de fútbol en aquel tiempo. E Isabel Pantoja, condenada a dos años por blanqueo de capitales, ha sido vitoreada por sus fans en conciertos e incluso a las puertas del juzgado. El catedrático de Derecho Penal y director del Instituto de Criminología de Sevilla, Borja Mapelli incide en que el problema está enraizado en la propia sociedad, “que enseña que el triunfo, el éxito, está asociado al dinero”.

Según el psiquiatra José Carlos Fuertes, el hecho de defraudar conlleva en algunas personas una sensación de placer y de cierto “morbo”, al creerse el “defraudador superior al ‘omnipotente Estado’ siendo capaz de engañarle”. Por eso, afirma, son muy necesarios siempre la existencia de mecanismos sociales de freno y de control. El psiquiatra descarta que la corrupción o la avaricia tengan, por el momento, una correlación conocida con las estructuras neuronales: “Pero es muy probable que en un futuro no lejano se pueda objetivar la existencia de un mal funcionamiento de sistemas neuronales que expliquen algunos de estos comportamientos”. Lo que sí falla en las personas corruptas, según Fuertes, son los mecanismos de autocontrol: “Unos sujetos tienen una moral mucho mas estricta y basta con el hecho de que una cosa esté mal para no hacerla. Por el contrario, hay individuos que tienen una moral mucho más laxa y dan al fraude o al engaño una lectura positiva, llegando a justificar lo que hacen e incluso a verlo como algo que demuestra su inteligencia y astucia”.

Una investigación publicada en Frontiers in Behavioural Neuroscience recoge un experimento en el que se simuló una subasta. A los participantes se les daba la posibilidad de sobornar al subastador para obtener beneficios. Las primeras veces, podían sobornar libremente. Pero cuando el perdedor podía exigir inspeccionar la operación, la situación cambiaba: tanto subastadores como sobornadores eran menos corruptos cuando sabían que podían ser observados.

De todos los colores en las black 

Como el resto de delincuentes, explica el profesor Pueyo, son esencialmente personas heterogéneas: “Los hay con la autoestima baja y con la autoestima alta, los hay más sociables y menos, mas hábiles socialmente o menos. Es decir, no tienen un arquetipo único. Sólo hay que pensar en los que utilizaban las tarjetas black”. Como sostiene el colectivo 15MpaRato, que logró abrir el caso Bankia, “todos los partidos políticos -todos-, todos los sindicatos mayoritarios -todos-, la mayoría de la entidades institucionales desde la patronal a la casa real pasando por instituciones deportivas o medios de comunicación, todos han sido partícipes”. La Fiscalía pide penas de hasta seis años por gastar de forma irregular 12 millones de euros de Caja Madrid.

Sí pueden diferenciar a unos delincuentes de otros los llamados factores de riesgo que se usan en Criminología y que hacen que una persona que los posee o a la que influyen pueda delinquir o reincidir. Pueyo los agrupa en cuatro grandes tipos: actitudes antisociales (creencias de que lo que hago es correcto y la ley está equivocada, consideraciones egoístas e interesadas sin medir las consecuencias para los otros); historia de vulneración de normas (personas con antecedentes de conductas ilegales, amorales, etc…); patrones de personalidad antisocial (narcisistas, psicopatías, trastornos límite de personalidad, bajo autocontrol, impulsividad, etc…); y colegas o amigos (asociados) antisociales (bandas criminales, otros delincuentes, etc…).

“Todo ello hace que sea difícil encontrar una razón médica, como alguna enfermedad mental, que justifique este complejo y perseverante en el tiempo repertorio conductual en que consiste la corrupción, el fraude, el engaño, la manipulación de otros, etc…”, insiste el profesor de la Universidad de Barcelona.

Ni siquiera en el caso de los reincidentes, como Mario Conde, se trata de una enfermedad: “Podríamos hablar de un estilo de vida, de un patrón de personalidad antisocial y también, por qué no, de un trastorno de personalidad. En la psicopatología criminal y en referencia a sujetos como el mencionado se les denomina ‘psicópatas integrados’ o ‘serpientes con traje’, como llama Robert Hare, el mejor experto mundial en psicopatía, a los delincuentes de cuello blanco y análogos que no cometen delitos de sangre o que pertenecen al mundo de la exclusión social…”, explica Pueyo.

El psiquiatra José Carlos Fuertes lo corrobora: “Lo que hay son personalidades anómalas, tóxicas o desequilibradas, pero no son enfermos en el sentido que la psiquiatría entiende hoy. La avaricia no es una enfermedad ni un trastorno mental. Como mucho, es una conducta inadecuada cuya base puede estar en un trastorno de la personalidad. La ambición es una conducta consustancial con la condición humana. Y tampoco tiene por qué ser de entrada un comportamiento negativo. Puede ser motivadora de la acción. Lo que sí es enfermizo es la ambición sin límites, cuando se convierte en una obsesión y conduce a saltarse las normas y a defraudar”.

En el caso de personas de origen humilde y, tras amasar una fortuna, deciden defraudar, como artistas o futbolistas, el psiquiatra sostiene que puede haber un cierto “revanchismo” al haber tenido privaciones y dificultades en la infancia, lo que aumenta su ambición en la vida adulta: “Su autoestima está en función de lo que tienen, no de lo que son”. Para el psicólogo, sin embargo, el origen no está reñido con compartir actitudes, motivaciones, deseos… y no considera que haya sensación de revancha: “Se produce por las mismas razones que los demás casos”, concluye.

¿Incide más la corrupción entre los hombres? Desde el punto de vista de Pueyo, los delitos, en general y especialmente los violentos, son más propios de hombres que de mujeres… “Es todavía un interrogante por resolver la razón última de esta diferencia que también se mantiene en los delitos de cuello blanco”. Fuertes apunta a la discriminación: “No es que sea más propia la corrupción en el hombre que en la mujer, es que la mayoría de puestos de poder están ocupados por el hombre. No se puede afirmar que exista ‘el gen masculino’ de la corrupción”.

Lo que sí ponen en evidencia la mayoría de los implicados es la relación estrecha entre poder y corrupción. “Sólo tienen una barrera que los separa: la ley, la moral y la ética. El cumplimiento por parte de los poderosos de las normas y las leyes. Pero el individuo humano puede elegir entre hacerlo y no hacerlo. Los delincuentes, cuando son penalmente responsables, eligen no respetar la ley”, afirma el profesor de Psicología. Para el psiquiatra Fuertes, lo que asocia la mente con el poder es la consecución de cualquier objetivo que se desee: “Y de ahí a las prácticas inadecuadas, inmorales o ilegales el paso no es muy grande. Pero debe quedar claro que no siempre el poder tiene indefectiblemente que ir asociado a la corrupción”.

Este artículo fue publicado el 1 de octubre de 2016.

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Primera condena de prisión para los cabecillas de la trama Gürtel

Francisco Correa I La Marea

VALENCIA // El Tribunal  Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV) ha condenado a 13 años de prisión a Francisco Correa y Pablo Crespo, los cabecillas de la trama Gürtel, por las irregularidades en la contratación del expositor de la Generalitat en la feria de turismo Fitur. Los magistrados también han condenado a 12 años y tres meses de prisión a Álvaro Pérez el Bigotes, y a Milagrosa Pérez, exconsellera de Turismo del Gobierno de Francisco Camps (PP), a quien han impuesto 9 años de cárcel.

En la sentencia, de 558 páginas y que se ha hecho pública este viernes, se condena a 11 de los 13 acusados —muchos de ellos, exaltos cargos de la Generalitat— por delitos de asociación ilícita, prevaricación, tráfico de influencias, malversación, falsedad y cohecho, y se determina que el grupo liderado por Correa se creó ex profeso para manipular concursos públicos y lucrarse aplicando márgenes desproporcionados, duplicando partidas y facturando gastos inexistentes.

Los jueces concluyen que, entre 2005 y 2009, la Conselleria de Turismo alteró los criterios de adjudicación de los contratos y benefició irregularmente a las empresas de Francisco Correa, a las que facilitó información privilegiada.

El Tribunal considera probado que los acusados crearon una trama empresarial para obtener contratos de la Generalitat en diversas ferias de turismo (fundamentalmente en las ediciones de Fitur entre 2005 y 2009) tras realizar distintas actuaciones encaminadas a manipular, alterar e influir a su favor en la tramitación de los procedimientos administrativos de adjudicación de tales trabajos, informa Efe.

La sala entiende que el grupo de empresas de Correa era una organización empresarial creada ex profeso para manipular concursos públicos y participar activamente en el cambio de las condiciones exigidas a los adjudicatarios. También que las mercantiles de Correa carecían de medios personales y materiales para ejecutar esos trabajos, motivo por el que los subcontrataban con terceros. De esta forma obtenían un enriquecimiento irregular al lucrarse aplicando unos márgenes desproporcionados, duplicando partidas o facturando gastos inexistentes.

Tales importes eran admitidos por la Administración autonómica (Agencia Valenciana de Turismo, Conselleria de Turismo, Conselleria de Territorio y vivienda y Conselleria de Infraestructuras y Transporte), que “no solo no llevó un control efectivo de los pagos sino que alteró los criterios de adjudicación de los contratos y benefició irregularmente a las empresas del Grupo Correa”.

Estas mercantiles, según recoge la sentencia redactada por el magistrado Juan Climent, tenían información privilegiada: conocían por anticipado las condiciones de unos contratos públicos que, en algunos casos, se modificaban a su conveniencia.

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