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Descubrir lo que se sabe: un estudio sobre la desigualdad en los premios de poesía

De los 1.468 premios de poesía otorgados en España entre 1923 y 2016, solo 257 fueron entregados a mujeres. En todas las ediciones analizadas hubo hombres en los jurados, pero en 414 de ellas no hubo ninguna mujer. Y de las 1.060 plazas ocupadas por mujeres en los jurados en esos años, 162 (el 15,66%) lo fueron por secretarias sin voto. La única excepción encontrada ha sido la del Premio Tardor. Son algunas conclusiones recogidas en el informe Descubrir lo que se sabe (Estudio de género en 48 premios de poesía), publicado por Ediciones Tigres de Papel.

En el estudio han sido analizados 48 premios de poesía con una dotación igual o superior a 5.000 euros. 39 de ellos pertenecen a instituciones públicas y otros nueve a fundaciones públicas o privadas sin ánimo de lucro. Los datos serán presentados este jueves en la librería La Central de Callao de Madrid. En el acto participarán Nieves Álvarez, directora del informe, vicepresidenta de la asociación Genialogías y miembro del Team Europe de la Comisión Europea; Julieta Valero, coordinadora en la Fundación Centro de Poesía José Hierro, poeta y miembro de Genialogías; y la periodista Cristina Fallarás.

Con este estudio, la asociación Genialogías denuncia el incumplimiento de la Ley de Igualdad Efectiva en los premios públicos de poesía española, “una ley promulgada por el Gobierno de España en el año 2007 que obliga a las instituciones públicas a proponer jurados paritarios”.

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La mayoría de las abogadas se han sentido discriminadas en su carrera

El 57% de las abogadas se han sentido discriminadas a lo largo de su carrera; un 40%, de manera reiterada. Cobran de media un 20% menos que sus compañeros hombres –unos 450 euros menos al mes–, y opinan que hay comportamientos machistas en la Abogacía (dos de cada tres), aunque el 54% de los abogados encuestados considera que no. Un 4% de las abogadas reconoce que ha sufrido tocamientos durante su ejercicio profesional.

Estas son algunas conclusiones de la encuesta de Metroscopia para el Consejo General de la Abogacía, que se han presentado en el marco del IV Congreso de Derechos Humanos de la Abogacía celebrado en Madrid. Los resultados de esta primera encuesta sobre igualdad y perspectiva de género en el sector reflejan que la desigualdad se materializa en menosprecio por el trabajo de las mujeres, que además se sienten ignoradas o juzgadas por su físico. El 77% de las abogadas (tres de cada cuatro) consideran que no tener hijos ni familiares a quienes cuidar es un aspecto importante para lograr el éxito profesional. Y casi el 40% del total de abogadas aseguran haberse sentido menospreciadas, ya sea por su trabajo o por sus palabras, ignoradas y también juzgadas por su cuerpo o forma de vestir algunas o muchas veces. Una discriminación que viene de clientes y compañeros, más que de otros colectivos profesionales (jueces, policías, funcionarios).

Asimismo, el 58% de las abogadas –frente al 26% de los abogados– opinan que ellas afrontan más obstáculos. Uno de ellos, la brecha salarial. El 61% de los abogados varones creen que las retribuciones son más o menos iguales entre hombres y mujeres mientras que el 62% de las mujeres abogadas considera que son ellos los que más cobran. Según los datos del Consejo, el 63% de las letradas cobra por debajo de la media de ingresos de la profesión (1.750 euros), una realidad que afecta al 48% de los letrados hombres. Además, uno de cada diez hombres (10%) tiene unos ingresos superiores a los 5.000 euros mensuales y son el 8% quienes cobran menos de 1.000. En cambio, solo el 2% de las mujeres ingresa más de 5.000 euros y casi una de cada cinco (17%) está por debajo del mileurismo.

La presidenta del Consejo General de la Abogacía Española, Victoria Ortega, y el analista de Metroscopia y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Granada, Francisco Camas, destacaron en la presentación de estos datos que “la desigualdad la percibe quien la padece y las abogadas son quienes la padecen más”. La encuesta se han realizado entre 2.000 letrados y letradas. Tras la encuesta, se ha presentado la Guía práctica para la Abogacía: enfoque de género en la actuación letrada. El manual “llega diez años tarde” –el tiempo que hace que se promulgó la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres–, según recoge el prólogo.

En la actualidad, las abogadas representan el 44% de la profesión y los abogados, el 56% del total de ejercientes en España. Casi la mitad de las abogadas tienen menos de 40 años y solo una de cada cinco tiene más de 50. En cambio, entre los abogados, la cifra de jóvenes (entre 18 y 39 años) desciende hasta el 17% y la de mayores de 50 años asciende al 37%.

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Una Constitución con perspectiva de género

A ver quién la tiene más larga. La frase, tantas veces escuchada en torno al conflicto catalán, revela el exceso de testosterona que gobierna este país y que en su momento llevó incluso a la redacción de un artículo inconstitucional: el de la sucesión a la Corona. Charlamos con dos constitucionalistas y la directora del Centro de Estudios Andaluces sobre ello.

Ángela Figueruelo: “Les da miedo abrir la caja de los truenos”

Catedrática de la Universidad de Salamanca

Cuenta Ángela Figueruelo desde su despacho de la Facultad de Derecho de Salamanca que desde hace años siempre inicia de la misma forma el curso: las normas jurídicas responden a los problemas sociales, el problema siempre va por delante de la solución, y cuando las normas no resuelven los problemas hay que cambiarlas. “La Constitución es una buena norma, ha cumplido durante casi 40 años, pero la letra de la ley no ha evolucionado al ritmo de la sociedad”, afirma la profesora. Comenzando por las mujeres. “Entonces, el papel que ocupábamos en el espacio público era muy muy escaso, con todos los muy del mundo. Hemos avanzado pero no hemos llegado a la igualdad real y efectiva, y hay muchos cambios que deben ser reconocidos”.

¿Por ejemplo?

La Constitución está escrita en masculino y está pensada para toda la ciudadanía, pero para que ejerza el poder en las instituciones quienes lo habían tenido hasta entonces, los hombres.

¿Por dónde habría que empezar la reforma?

Tiene que redactarse teniendo en cuenta el lenguaje de género. Porque la palabra mujer creo que se cita dos veces. Sería una cuestión global que afectaría a todo el texto y no creo que fuera tan difícil encontrar un consenso. Es necesario introducir en el lenguaje constitucional la perspectiva de género y para ello la Constitución debe recoger en femenino aquellos términos que pueden ir en femenino.

¿Por qué se reformó el artículo 135 y cuesta tanto lo demás?

Las dos veces que se ha reformado ha sido por mandato de Europa. Si la Constitución no se reforma es porque nuestros representantes políticos no quieren. Nos merecemos políticos de más calidad y preparación. Hace falta mucha pedagogía. Les da miedo abrir la caja de los truenos. Dicen que hace falta el consenso del 78. Pero lo que habrá que hacer es buscarlo. La de EEUU tiene 200 años y la han cambiado tropecientas veces. Ocurre lo mismo con la ley electoral. No se quiere cambiar. Y a los ciudadanos no nos dejan tomar la iniciativa porque la Constitución no admite el procedimiento de reforma por ILP.


MERCEDES DE PABLOS: “Ignoramos en nombre de España a muchos españoles”

Directora del Centro de Estudios Andaluces

“Las comunidades tienen deudas históricas, las ciudadanas también. No concibo una reforma de la Constitución sin una comisión  paritaria… y ya te digo, si nos ponemos revanchistas, tal vez les dejemos asistir de oyentes”. Obviamente es una broma, pero Mercedes de Pablos no da bromas sin hilo. Hace cuatro años el Centro de Estudios Andaluces abrió un seminario permanente sobre federalismo y la conclusión fue clara: la Constitución había tocado techo.

¿Seguimos aferrados al 78?

Ese es un mantra falso, por una y otra parte. Los que fueron inmovilistas quieren convertir la Transición en la fórmula mágica que todo lo arregla. Se hizo lo que se pudo, mucho y con kilos de piedras atadas al pie para evitar la confrontación social desde la violencia. Así de claro. Para mí fue ejemplar, con todos los errores. ¿Hicieron sus deberes los que vinieron después? Hay un vacío que da vértigo: el reconocimiento de quienes habían sido víctimas y a quienes les debíamos los valores en cuyo nombre convivimos.

¿Cambiaremos?

De 40 años para abajo las encuestas lo dicen claro, todo está en cuestión: el sistema de representación democrática, el sistema jurídico, el mercado. Todo. Como creo que estamos en el mejor de los mundos posibles, hay que sentarse y defender lo prioritario. Porque mientras tenemos miedo a cambiar, el mundo está cambiando. ¿Dónde han ido a parar los derechos laborales, por ejemplo?

¿Qué España quiere usted?

La de la pluralidad y la igualdad. Un territorio vertebrado en pacto social y en derechos, la que quieran quienes la habitan. Crecí en el internacionalismo y cada vez que un emigrante muere en el Mediterráneo me dan ganas de quemar mi pasaporte. Me pasa cuando leo a Zweig. En nombre de España ignoramos a muchos españoles.

¿Qué pasará tras el 1-O?

No me gusta lo que ha pasado antes. Asistimos como espectadores, y víctimas, a una confrontación que podía haberse evitado si hubiéramos sido los Suárez que algunos mitifican. No me gusta el esencialismo, es catalán quien piensa como yo, es español quien piensa como yo. Con madurez social y política lograremos recomponernos; si no, la fractura social lo será también en nombre de las naciones y no de los derechos. Steiner dice que hay momentos lúcidos e idiotas en la historia de la humanidad. Ojalá esta vez, otra vez, seamos inteligentes. Por pura supervivencia.


JULIA SEVILLA: “Hay demasiada testosterona”

Presidenta honorífica de la Red Feminista de Derecho Constitucional

El desarrollo del Estado autonómico ha superado con creces el proyecto plasmado en el texto constitucional, pero no es lo único. “Hay aspectos que no se consideraron cuando la Constitución se aprobó, algunos ni se plantearon y otros han sufrido una evolución que está lejos de parecerse al propósito para el que fueron creados”. Por esa sencilla y contundente explicación hay que reformar la Constitución, reflexiona la profesora de la Universidad de Valencia Julia Sevilla, presidenta honorífica de la Red Feminista de Derecho Constitucional.

¿Hay demasiada testosterona en el conflicto sobre Cataluña?

Sí, claro, hay demasiada. Casi el 100% de los líderes de los partidos son hombres, que ocupan también la mayoría de las presidencias de las comunidades y las cúspides de casi todo. Y, sin embargo, en el debate sobre Cataluña también hay mujeres que hablan en nombre de sus partidos y con la misma o mayor destreza que los hombres. Pero, ¿quién tiene la última palabra y pone el punto final del debate? Los que ocupan esa cima. Y son “los” y no “las”. Y en casi todos los partidos, por dejar abierta la posibilidad, el liderazgo lo desempeña un hombre. Pero también los medios colaboran en ello, por una parte reafirmando lo que existe y, por otra, reforzando los roles que la sociedad asigna ¿tradicionalmente? a las mujeres.

¿Cualquier reforma de la Constitución debe pasar por una reforma con perspectiva de género? 

Indudablemente. Desde hace años las constitucionalistas, que defendemos la igualdad de mujeres y hombres, consideramos que es necesaria una reforma que reconozca la existencia, real, de dos sujetos constitucionales como lo han hecho las constituciones de algunos Estados europeos (Alemania, Italia, Portugal, Francia). Y, también, que se incorporen los derechos que se han reconocido en las leyes de igualdad y contra la violencia de género. Las últimas reformas estatutarias han desarrollado nuestra condición de sujetos de derecho que debería incorporar la Constitución. Es su lugar.

¿Por qué sigue vigente el artículo machista de la sucesión a la Corona?

La respuesta es obvia: porque no se ha reformado la Constitución. Y es tan posible como el resto de las propuestas que desde hace tiempo venimos haciendo la Red Feminista de Derecho Constitucional. Este artículo, de la sucesión a la Corona, unió a todas las diputadas y senadoras constituyentes que, unánimemente y por encima de las diferencias ideológicas, abandonaron el Pleno para expresar su disconformidad con él. Es más, se podría haber resuelto sin necesidad de vulnerar la propia Constitución, que prohíbe la discriminación por razón de sexo. Solo permaneció en el Pleno la diputada que defendió el voto en contra, Dolors Calvet. Además, pienso que existe un gran acuerdo sobre esta materia.

¿Cuándo se hablará de las madres de la Constitución? 

Ya es hora y lo fue cuando se impulsó desde la Vicepresidencia del Gobierno [María Teresa Fernández de la Vega] la recuperación de la labor que hicieron en el libro Las mujeres parlamentarias en la legislatura constituyente. Y que no fue poca pese a que solo eran 21 diputadas y seis senadoras. Pero, indudablemente, es necesario reivindicar la presencia y aportaciones de las mujeres en todos los campos, especialmente en las instituciones que representan a la ciudadanía.

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Cómo ser una mujer y tener que vivir como un hombre

No es la primera vez que Capitán Swing se aventura con el difícil género del ensayo, ni es la primera vez que lo hace con uno tratando un tema femenino que es, claro está, analizado desde el punto de vista feminista. Como tampoco es la primera vez, congratulémonos, que acierta en su elección. Y en esta ocasión lo ha hecho con un tema que, a priori, puede parecernos ajeno, el de los bacha posh, literalmente “vestida como un niño”, en Afganistán y quizás por eso es más interesante si cabe.

‘Las niñas clandestinas de Kabul. La vida oculta de las chicas afganas disfrazadas de muchacho’ (Jenny Nordberg, Capitán Swing) nos transporta, de la mano de los retratos de distintas familias también realizados por la periodista sueca Jenny Nordberg, a una parte de la reciente historia afgana con una primera frase tan triste como sobrecogedora: “Mi hermano es, en realidad, una niña”. A partir de ahí, se suceden las historias en las que el denominador común acaba siendo cómo se vive, si eres mujer, en una sociedad en la que “controlar y despreciar a las mujeres se convirtió en un reverso símbolo de virilidad”.

En Afganistán, con una cultura gobernada casi por completo por los hombres, el nacimiento de un hijo es motivo de celebración mientras que la llegada de una hija a menudo se lamenta como una desgracia; así pues, algunas niñas, para honrar a su familia, para ganar un poco de libertad, o para conseguir un dinero indispensable para que su familia coma, acaban travestidas en niños durante unos cuantos años. Una vez convertidas en niños, pueden cambiar el destino; ya sea ayudando económicamente a sus familias trabajando o colaborando en los negocios familiares, o yendo a la escuela hasta unas edades en las que a las niñas no les está permitido.

Nordberg ha entrevistado a numerosas familias que cuentan en su familia con una de sus niñas que, “al ser niño”, “disfruta” de un estatus privilegiado, pero al mismo tiempo peligroso ya que, si son descubiertas, pueden ser rechazadas por la sociedad, ya que una mujer en contacto con hombres no puede garantizar su pureza. Un libro en el que, además, la periodista realiza un recorrido no solo de cómo acaban decidiendo convertirse en niños, sino también de cómo lo viven sus familias, por qué se mantiene esta figura en la sociedad afgana y, lo más sorprendente de todo, cómo esta costumbre existe en numerosos países del mundo, aunque no sea siempre por motivos religiosos. En el ensayo, además, conocemos la situación de la mujer en Afganistán, de la homosexualidad o de las agresiones sexuales nunca denunciadas.

Las voces las ponen Mehran, Zahra, Shukria, Nader y muchas otras mujeres que de niñas fueron convertidas en niños y que, conforme cumplen años, no saben cómo encauzar su vida en el momento en que ya no tienen más remedio que retomar su feminidad.

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Luciana Peker: “Se condena a las mujeres que desean”

La periodista argentina Luciana Peker en España. Foto: Pablo Tosco / Oxfam Intermón.

La periodista Luciana Peker hace años que habla sobre lo que les pasa a las mujeres en Página/12, en la revista Anfibia y en muchos otros foros. Impulsora en Argentina del movimiento #NiUnaMenos, ha publicado La revolución de las mujeres, sobre los avances del movimiento de mujeres en su país durante los últimos 30 años. Estuvo en España para participar en un taller sobre cómo los medios narran las violencias contra las mujeres, dirigido por Magda Bandera, directora de La Marea, y organizado por Oxfam Intermón en el XVIII Congreso de Periodismo Digital de Huesca.

Como periodista especializada en género, ¿cómo cree que los medios deberían hablar sobre los feminicidios y los asesinatos de mujeres?

El periodismo que toca estos temas debe ser comprometido, respetuoso, y no poner jamás a las víctimas en riesgo, pero eso no quita que siga siendo periodismo: debe emocionar, sensibilizar, contar historias. Yo no creo en un periodismo aséptico y frío que sea totalmente inocuo (que lamentablemente es el que recomiendan muchos protocolos contra la violencia de género) y que pierda audiencia frente a los realitys y los programas basura que hacen puro morbo.

En su opinión, ¿las mujeres que han sufrido violencia machista deben salir en las noticias?

Creo que las protagonistas de esas noticias tienen que estar. Si ellas quieren contar su historia, hay que darles voz. Si pudieron salir adelante, si encontraron obstáculos, si la violencia deja huellas que no se borran. Contar todo eso con sensibilidad es imprescindible para que se produzca el terremoto necesario para erradicar (y evitar) la violencia de género. A mí, conocer a mujeres que han sido víctimas de violencia me ha cambiado la vida, es algo de lo que no te olvidas.

¿Qué le parece el tratamiento informativo de las agresiones sexuales a mujeres?

Creo que es el asunto que se cubre peor. La mujer asesinada no existe más, pero la que sobrevive siempre es condenada. Además, se usa a la mujer violada para disciplinar a las otras mujeres, muy especialmente a las más jóvenes, para darles miedo: que no viajen, que no salgan de noche, que no estudien, que no trabajen, que no se revelen frente a su novio, que no tengan citas con desconocidos, que no beban… Parece que cualquier cosa que hagan justifica una violación.

¿Por qué cree que se culpabiliza a las mujeres que han sido violadas?

Creo que se condena a las mujeres y a las jóvenes que desean. La condena es al deseo femenino. Los medios de comunicación siguen repitiendo las estigmatizaciones más básicas: cómo iba vestida la chica, por qué razón fue a la casa de él, si eran novios (como si eso justificara la agresión…). Para mí, otra forma de condenar a las mujeres “deseantes” son esas violaciones masivas que se están produciendo en muchas partes del mundo. A mí no me gusta que los medios muestren todo el tiempo a mujeres objeto, ultra sexualizadas, pero no soy moralista, me gustan las mujeres “deseantes” y quiero que los medios muestren un deseo legítimo de las mujeres. También quiero que se pueda desear a las mujeres, pero debe ser un deseo no vengativo.

¿Cómo se puede hacer un mejor tratamiento de las agresiones sexuales?

No sé si la solución pasa por instaurar protocolos muy rígidos, porque en la mayoría de los casos no se cumplen, pero sí por intentar generar conciencia y mayor empatía. Los medios tienen que proteger a las víctimas, hacer de escudo. Y no al revés.

¿Piensa que los medios deberían hablar más sobre las otras violencias que sufren las mujeres, y no solo de la violencia física?

Es obvio que los feminicidios y los asesinatos de mujeres son gravísimos y no se pueden minimizar, pero hay que mostrar todas las violencias. Por ejemplo, hablar de la diferencia salarial entre hombres y mujeres, que en Argentina ronda el 25%. O de la violencia contra la salud sexual y reproductiva, que se da, por ejemplo, cuando a una mujer no le quieren dar anticonceptivos. Para ello, el mejor motor son las historias de las mujeres. Contar lo que te explica aquella que puso una denuncia por acoso laboral, la que fue despedida por pedir reducción de jornada, la que es maltratada por estar embarazada, seguir lo que hacen las organizaciones de mujeres, recoger datos, ver qué pasa en otras partes del mundo para ver qué pasa en tu país o en tu región. Si escuchamos a las mujeres se abre un abanico infinito de temas.

En los últimos tiempos se observa mucha violencia hacia las mujeres que denuncian la violencia de género.

Este es un fenómeno que las mujeres que trabajamos contra la violencia de género no nos lo esperábamos. Hay un resurgimiento de la violencia machista muy exacerbado, especialmente hacia las mujeres lideresas o influyentes, como humoristas, opinadoras o periodistas. Hablo de los trolls en Internet, pero también de grupos que pueden amenazar por teléfono o llevar a cabo amenazas jurídicas. Gente que intenta controlar que la voz de las mujeres se expanda. No son iguales que hace 20 años atrás, estamos ante un neomachismo, que es mucho más peligroso.

¿Cómo se puede luchar contra estas agresiones?

Hay mujeres fuertes a las que no les importa o lo saben manejar, pero creo que no tenemos que pedir que las mujeres sean heroínas o que se blinden. Si pedimos eso, las que van a quedar van a ser muy pocas. Yo he sufrido muchas amenazas y lo he pasado mal. Además, me he sentido muy sola. Las condiciones laborales de los periodistas en Argentina no te protegen, ni los sindicatos o las leyes. Por eso, las mujeres periodistas o aquellas que tienen voz en medios y redes sociales necesitamos cuotas, ocupar más espacios, porque todavía luchamos contra el machismo clásico que nos quiere invisibilizar. Pero, además, necesitamos protección para poder avanzar frente a este neomachismo que nos quiere calladas.

¿Qué consecuencias tienen estas agresiones?

La verdad es que no son inocuas, pues no trabajamos igual, no publicamos igual, no llegamos igual. Implica altísimos costos profesionales y, por supuesto, personales, porque siempre tienes la sensación de estar poniendo en riesgo tu vida.

¿Cree que la gente es más consciente de las múltiples violencias que sufren las mujeres?

En Argentina tenemos una ley muy progresista para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, que nombra diferentes tipos de violencia, desde la física o psicológica hasta la mediática o institucional. Y eso es porque en mi país hay muchas mujeres en la política (un 30%). Es cierto que las leyes van por delante de la realidad, pero hay cada vez más conciencia de que las mujeres sufren muchas violencias y que eso está mal.

¿Cómo se ha logrado que haya más conciencia social?

Es a través de la escuela que el Estado puede frenar la violencia: evitar que las chicas sean víctima de violencia y que los chicos sean victimarios. A los 15 o 16 años puedes frenar paradigmas de machismo o que no se repitan secuencias de violencia que los chicos sufren en casa. Una vez cumplidos los 18, el Estado pierde esa oportunidad. En ese sentido, creo que la ley de educación sexual integral que tenemos es lo más parecido a una vacuna contra la violencia de género. Implica enseñar a respetar el cuerpo desde el jardín de infancia, siendo la manera más efectiva de prevenir los abusos sexuales. O hablar de la pubertad, la menstruación o los anticonceptivos desde primaria para prevenir las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos no buscados y los noviazgos violentos. Hoy, en Argentina, las más jóvenes son las que más pelean para que sus derechos se cumplan.

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