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OTAN: se bombardeó Yugoslavia “para proteger a los civiles”

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha afirmado que la organización bombardeó la antigua Yugoslavia en 1999 “para proteger a los civiles y detener el régimen” de su entonces presidente, Slobodan Milosevic. Durante una reunión con estudiantes de la Universidad de Belgrado (Serbia), Stoltenberg respondió a cuestiones referentes al bombardeo y sobre la …

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Periodista que denunció corrupción en la UE es violada y asesinada

La periodista búlgara Victoria Marinova, productora de TVN, realizaba una investigación sobre un grave caso de corrupción con fondos de la Unión Europea y tras ser asesinada el pasado fin de semana en Ruse, en el norte del país balcánico, los grupos anticorrupción y los Diputados del Parlamento Europeo piden una investigación en profundidad. El …

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Nuevas infraestructuras de gas deficitarias con dinero público a costa del clima

Planta de ciclo combinado en Fawley (sur de Inglaterra). Foto: Gillian Thomas / CC BY 2.0.

Samuel Martín-Sosa Rodríguez // En noviembre de 2017 la Comisión Europea presentó la lista de Proyectos de Interés Común de interconexión energética entre países de la Unión Europea, una serie de infraestructuras que recibirán financiación pública comunitaria y se beneficiarán de una tramitación agilizada -por ejemplo, trámites de Evaluación de Impacto Ambiental simplificados-. Aunque en principio esta lista debe de estar integrada principalmente por obras de interconexiones eléctricas, en la lista de la Comisión se pueden encontrar hasta 95 proyectos de gas, incluyendo grandes gasoductos y nuevas terminales para importar gas natural licuado por barco.

La apuesta europea por el gas es evidente. Desde 2014 el mecanismo financiero ‘Conectar Europa’ ha dedicado más de 1.000 millones de euros a financiar infraestructuras de gas (el doble que a planes de conexión eléctrica). Algunos de los proyectos planteados en la nueva lista son absolutamente faraónicos. Destaca el Corredor Meridional del Gas, una tubería de 3.500 kilómetros que pretende traer gas desde Azerbaiyán hasta Italia, vía Turquía, y que ha estado inmersa en polémicas de corrupción. Este proyecto de 34.000 millones de euros pretende beneficiarse de préstamos de instituciones financieras europeas. El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo ya dio luz verde a partidas económicas para financiar los tramos caucásico y turco, y ahora el Banco Europeo de Inversiones está por decidir si concede 2.000 millones de euros para el tramo transadriático. La empresa española Enagás tiene participación en el proyecto. Enagás también está detrás de los dos proyectos españoles que integran la lista -el MidCat, que duplicará la capacidad de interconexión con Francia, y la tercera interconexión con Portugal-.

La primera pregunta que debemos hacernos es: ¿necesitamos estas infraestructuras? La demanda europea de gas cayó un 20% entre 2010 y 2016. Diversos estudios muestran cómo el sistema gasista europeo actual es robusto y resiliente, capaz de hacer frente, solo introduciendo algunos cambios menores, a nuevas situaciones de estrés como las que se vivieron hace unos años a raíz del conflicto entre Ucrania y Rusia. Uno de estos estudios, encargado por la propia Comisión Europea, señala precisamente que los gasoductos españoles mencionados tendrían escaso o nulo flujo de gas.

El sistema gasista español ya está de por sí bastante sobredimensionado. Somos el cuarto país del mundo en capacidad de regasificación (plantas que transforman el gas líquido -licuado- que se transporta en buques), y sin embargo estas terminales funcionan a menos del 40% de su capacidad. Tenemos un amplio parque de centrales de gas de ciclo combinado que están la mayor parte del tiempo paradas. Las proyecciones de consumo pre-crisis fueron exageradamente optimistas en nuestro país y nuestro sistema nacional gasista retribuye esas inversiones aunque la infraestructura no se utilice. Eso, sumado a indemnizaciones como la del almacén Castor, ha generado un déficit del sistema que pagamos -y que pagaremos durante las próximas décadas- los usuarios en la factura del gas. En este contexto parece suicida generar nuevas infraestructuras deficitarias con dinero público.

La segunda pregunta que debemos hacernos es: ¿es el gas la energía que necesitamos en un contexto de crisis climática? El gas es un combustible fósil y por tanto debe permanecer en su mayoría bajo tierra, como el petróleo o el carbón, de acuerdo con lo planteado por la ciencia para cumplir con los objetivos de París. A pesar de la retórica del Comisario Arias Cañete, que pretende presentar al gas como un combustible relativamente limpio, su huella climática es muy significativa si se consideran las fugas de metano, como muestra de forma creciente la evidencia científica. Según un reciente estudio del Tyndall Centre for Climate Change, Europa no debe construir una sola infraestructura de gas más si quiere tener posibilidades de cumplir con el objetivo global de no superar un aumento de temperatura de 2ºC a final de siglo.

La tercera y última pregunta que nos surge es: si no necesitamos más gas, y además el gas es enemigo del clima, ¿porqué se toman estas decisiones en la política energética europea? Incomprensiblemente la normativa europea establece que un organismo denominado ENTSO-G es el encargado de hacer la planificación de las infraestructuras de gas necesarias para satisfacer la demanda. La demanda futura también la estima este organismo, a pesar de que año tras año la tosca realidad se empeña en demostrar que sus previsiones estaban sobrestimadas. ENTSO-G es la coalición europea de operadores de transporte de gas: operadores como la española Enagás. Es decir, este organismo está integrado por las mismas empresas que luego son las encargadas de construir, con el dinero de todos los ciudadanos europeos, las infraestructuras que ellas mismas han determinado que son necesarias.

Esto se llama ‘poner al zorro a cuidar de las gallinas’. Se trata de una muestra del enorme poder que tiene la industria fósil en las decisiones sobre política energética. Una política que debería estar sujeta a criterios ambientales y de bien común. El Parlamento Europeo, que debe regirse por estos valores, tiene en los próximos días una oportunidad única de votar en contra de esta lista de Proyectos de Interés Común. Porque visto lo visto, el gas no es de interés común.

El viernes 26 de enero Ecologistas en Acción y el ODG organizan la mesa redonda ‘¿Qué papel debe jugar el gas natural en el modelo energético?’ en el Ateneo de Madrid.

Samuel Martín-Sosa Rodríguez es responsable de Internacional de Ecologistas en Acción.

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El Parlamento Europeo fija en el 35% el objetivo de renovables para 2030

Molinos de viento en Tarifa. Foto: Hernán Piñera / CC BY-SA 2.0.

Este miércoles el Parlamento Europeo fijó en un 35% el mínimo de energías renovables en el mix energético para 2030. Esta será la posición negociadora de la Eurocámara ante la Comisión Europea y el Consejo Europeo para el establecimiento de la Directiva Europea de Energía. El Consejo ya había fijado sus ambiciones en el 27% hace un mes, en una decisión que sorprendió y decepcionó a grupos progresistas y ecologistas de todo el continente.

Además de la posición en cuanto al mix energético, el Europarlamento ha fijado en un 12% el porcentaje de energías renovables que deberán estar presentes en el sector del transporte para finales de la década que viene. El Parlamento Europeo también ha mostrado su rechazo frontal al conocido como ‘impuesto al sol’.

Una vez sea aprobada la directiva, cuyas negociaciones pueden comenzar inmediatamente, los estados miembros deberán fijar sus propios límites de emisiones, que serán supervisados desde Europa. Para 2022, el 90% de las estaciones de servicio en las principales carreteras europeas deben contar con cargadores para vehículos eléctricos.

Entre las decisiones del Parlamento Europeo se ha incluído también la prohibición del uso de aceite de palma en biocombustibles a partir de 2021. Además, se ha cortado la opción de aumentar la proporción de biocombustibles procedentes de cultivos que puedan servir de alimento, fijándose el límite en niveles de 2017 (alrededor de un 7%).

Sabor agridulce

Los eurodiputados ecologistas han celebrado la decisión de la Eurocámara. Michele Rivasi, representante de los verdes franceses, afirmó en una nota de prensa que el acuerdo es “histórico y consistente con los compromisos climáticos de la UE”, explicando que si la política finalmente va en la línea marcada por el parlamento, “ayudará a desarrollar una auténtica independencia energética, crear puestos de trabajo y asegurar las inversiones”.

Sin embargo, el eurodiputado de Podemos, Xabier Benito, que se ha abstenido en las tres votaciones, ha criticado que el acuerdo no es suficientemente ambicioso. “Había margen para hacer más y mejor”, argumentó Benito a través de su canal de Telegram, lamentando que los límites máximos no vayan más allá de lo que actualmente “indica la tendencia del mercado”. No obstante, el representante de la formación morada ha celebrado la decisión del parlamento europeo en cuanto al autoconsumo. “Es una tarjeta roja al gobierno de España”, afirmó.

José Blanco, eurodiputado socialista, celebró el “amplio consenso” alcanzado por la cámara y argumentó que la descarbonización puede ser un motor de “competitividad, actividad económica y empleo”.

En una nota de prensa, la organización ecologista WWF se mostró satisfecha con la decisión de la Eurocámara en cuanto a eficiencia energética y autoconsumo, pero consideró que los eurodiputados no cumplieron respecto al límite de biomasa. La ONG criticó que el parlamento no haya tenido en cuenta las advertencias de más de 800 científicos, que habían pedido que dejara de subvencionarse la quema de restos de madera para la producción de energía. Alex Mason, directivo de políticas de la oficina de WWF en Europa, definió la propuesta como “escandalosa” y avisó a las empresas de que “la inversión en biomasa conlleva un alto riesgo”, ya que “ignora la ciencia y pone en peligro el cumplimiento de nuestros objetivos climáticos”.

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