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Siento que no me merezco este premio

Discurso leído tras recibir el Premio José María Portell a la Libertad de Expresión, que se otorga en recuerdo del periodista asesinado por ETA en junio de 1978 en Portugalete. Estaba casado con la periodista Carmen Torres Ripa*, madre de sus cinco hijos.

Querida Carmen: el día que asesinaron a tu marido, José María Portell, tenía 18 años. Estaba haciendo el servicio militar en Las Palmas cuando el teniente coronel que mandaba mi unidad y,  que sabía que yo quería estudiar periodismo, me dijo: “Acaban de asesinar a un periodista en Portugalete. Vas a escoger una profesión peligrosa al menos en el País Vasco”. Quién me iba a decir a mí que casi cuarenta años después de su vil y cobarde asesinato me iban a conceder un premio que lleva su nombre.

He pensado mucho en ti estos días. Llevo más de tres décadas viendo la muerte de cerca. He sido testigo de ejecuciones a muy pocos metros. He visto cómo se mira cuando se mata y, también, cómo se mira cuando se muere. Los verdugos siempre se escudan en excusas banales para justificar sus asesinatos porque “ningún crimen tiene fundamentos razonables”, como dijo hace más de 2.000 años el historiador romano Tito Livio.

Los asesinos de José María Portell tendrían que haber dado la cara, admitido su acto de cobardía y haber pedido perdón a ti y a tus hijos por el brutal descalabro que provocaron en vuestras vidas hace cerca de cuarenta años. Fueron cobardes cuando dispararon a bocajarro. Como fueron cobardes los que silenciaron el crimen, lo justificaron o lo celebraron. Los asesinos también fueron cobardes durante décadas por no aceptar la terrible injusticia que cometieron. Los asesinos son cobardes hoy al no admitir públicamente o, incluso, de forma privada, que aquel asesinato fue un acto inútil que produjo un dolor imperecedero en una familia.

Siento que no me merezco este premio, querida Carmen, porque no tengo las cualidades ni el coraje que tuvo tu marido. Lo he dicho muchas veces: nunca me implicaría en un conflicto que afectase a mi país. Me iría lo más lejos posible. Sería incapaz de intermediar o buscar compromisos para reducir el sufrimiento si supiera que me pueden matar por mi actitud. No solamente por cobardía. Sobre todo para evitar que mi familia sufriera como sufrió la tuya.

He conocido a lo largo de mi vida profesional a demasiados periodistas locales, a menudo olvidados, que han muerto por ejercer su trabajo en la línea más peligrosa de nuestra profesión, que sabían que iban a morir y, a pesar de ello, continuaron haciendo su trabajo. Como vocal de la organización Reporteros sin Fronteras recibo cada día informes actualizados de periodistas locales asesinados o perseguidos con nombres muchas veces difíciles de pronunciar y fáciles de olvidar.

Siento que no me merezco este premio, querida Carmen, cuando miro la lista de premiados en convocatorias pasadas. En 2008 el premio se le entregó a Elena Tregubova, una valiente periodista rusa que tuvo que exiliarse a Reino Unido para evitar que la mataran como ya habían hecho con más de 150 trabajadores de los medios de comunicación, entre ellos la muy conocida Anna Politkóvskaya. “No me quedaré en silencio porque, si lo hago, me matarán silenciosamente. El periodismo es mi única arma”, gritó Elena Tregubova con toda la fuerza de la razón cuando tuvo que abandonar su país.

En 2010 el ganador fue Terry Gould, símbolo de la “lucha por la libertad de expresión al hacer visible en el mundo entero el bello oficio del periodismo” y por “combatir la injusticia y dotar de voz e imagen a tantos periodistas dispuestos a dar sus vidas por contar la verdad” en países como Colombia, Rusia, Filipinas, Bangladesh e Irak. Hacer visible el bello oficio de periodismo, tan importante para la sociedad como la educación y sanidad, contra la voluntad de un minoritario pero poderoso grupúsculo de empresarios y directivos sin escrúpulos cuyos intereses mezquinos han dinamitado redacciones enteras en nuestro país. Empresarios y directivos solo interesados en salvaguardar sus prebendas, sus exquisitos bonos, sus demenciales ganancias aunque signifique expulsar del mercado laboral a miles de trabajadores. Se ha instrumentalizado la crisis económica para justificar la debacle generalizada en el periodismo español. Pero nunca olviden que en las chequeras de estos desfalcadores sin escrúpulos está también la clave para entender lo ocurrido en los últimos años y, sobre todo, para entender nuestra profunda crisis de identidad.

Siento que no me merezco este premio cuando pienso en los ganadores del tercer galardón en 2015,  el colectivo de periodistas mexicanos que por sus trabajos de investigación y denuncia han  sido víctimas de las organizaciones de narcotráfico; o del cuarto, el año pasado, que recayó en el colectivo de periodistas turcos por la persecución, la represión y los ataques sufridos tras el intento de golpe militar.

Colectivos de periodistas de dos países con índices de persecución y asesinatos execrables. En México han sido asesinados tantos periodistas como meses han transcurrido del año en curso. Ser periodista se ha convertido en uno de los oficios más sangrientos en México. En la Turquía actual no pasa una semana sin que se detenga o se juzgue a periodistas. Hace menos de un mes, al menos 48 periodistas, la mayoría de ellos encarcelados, comparecieron ante los tribunales en tres juicios diferentes. Reporteros Sin Fronteras condenó sin paliativos los cargos infundados por los que están siendo procesados ??y pidió la liberación inmediata de los detenidos.

El barómetro de Reporteros sin Fronteras, cuya sección española es presidido desde hace un mes por el gran periodista y gran amigo Alfonso Armada, es muy explícito. En lo que va de año han sido asesinados 49 periodistas, 7 internautas y 8 colaboradores de prensa y están encarcelados 177 periodistas, 123 internautas y 16 colaboradores. Y no es el peor año

Como ya te he dicho en varias ocasiones siento que no me merezco este galardón, querida Carmen, pero te aseguro que es un honor recibirlo y va a quedar encuadrado en la categoría de mis premios más queridos. Cuando tenga dudas sobre la viabilidad del periodismo, algo que me ocurre a menudo, y no por culpa de los periodistas que hacen su trabajo con decencia y valentía, pensaré en José María Portell, en su arrojo y su dignidad y concluiré que sigue valiendo la pena defender el oficio más bello del mundo.

Para concluir quiero felicitar a mis compañeros premiados, a Mariano Ferrer e Iñaki Iriarte por sus trayectorias profesionales, a  Mikel Iturralde por su blog Treneando, premiado en la  categoría de Periodismo Digital, a Euskal Herriko Bertsolari Txapelketa en la de Institución Social, a Ane Irazabal, en la categoría Periodistas Vascos. Querida Ane, me recuerdas mucho a mí cuando tenía tu edad, un torbellino al que nadie era capaz de poner freno. Estoy seguro de que si sigues trabajando alejada del poder mediático y de los poderes fácticos, tan acostumbrados a dirigir las informaciones, tendrás muchas alegrías en los próximos años. Es un honor formar parte de la lista de premiados junto a todos vosotros.

Muchas gracias al jurado, compuesto por representantes de diversos medios de comunicación de la Comunidad Autónoma Vasca, por haberme elegido. Muchas gracias a todas las personas presentes, muchas gracias, Carmen por recordarnos cada día quién fue José Maria Portell.

* Estas fueron las palabras que Carmen Torres Ripa dedicó a Gervasio Sánchez antes de la entrega del premio. 

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El padre de uno de los detenidos de Alsasua: “no pedimos impunidad, pedimos justicia”

Interior de una celda. Foto: Jorge González.

El proceso sigue abierto y pendiente de juicio, así que todo son supuestos. La instrucción del caso sostiene que el 15 de octubre de 2016 dos guardias civiles (un sargento y un teniente) que no estaban de servicio y sus respectivas parejas fueron agredidas durante una pelea en un bar de Alsasua, una pequeña localidad de Navarra. Uno de los agentes terminó con una fractura de tobillo y las otras tres personas sufrieron policontusiones y magulladuras de carácter leve. Un mes después de los hechos, fueron detenidas ocho personas. En total hay 11 imputados, entre ellos dos menores de edad.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional ha solicitado penas de 50 años de prisión por lesiones terroristas para seis de los detenidos; 62 para otro de ellos, al que suma la acusación de amenaza terrorista, y 12 para otro acusado, al que solo imputa este último delito. Las familias de los acusados y quienes les conocen no dan crédito a lo que está pasando. La Marea conversa con el padre de uno de los tres jóvenes que siguen detenidos horas después de la multitudinaria concentración de apoyo que tuvo lugar este viernes en Pamplona. Pide que no revelemos su nombre para no restar protagonismo a las familias de los demás acusados.

¿En qué momento del proceso se encuentran?

El día 4 de este mes salieron las peticiones de penas, que son estrambóticas. Piden 375 años para los ocho imputados, desde 62 años para el que más, hasta 12 y medio para el que menos. Estamos desencajados ante la desproporcionalidad con la que se ha tratado el tema desde el principio. Ahora estamos a la espera de juicio, se espera que sea en otoño.

¿Por qué están tardando tanto?

Nos están diciendo que las cosas suelen ir más lentas pero que en principio lo están acelerando. Aquí hay tres encarcelados. Se llegó a decir que fue un linchamiento de 20, 40 personas, pero después imputaron a 11 personas, entre ellas dos menores, y seguimos sin entender el tratamiento que se le ha dado a todo esto, una pelea de bar a altas horas de la madrugada.

¿Cómo están los detenidos?

Bueno, uno es hijo mío. Ellos en principio están en régimen FIES [Ficheros Internos de Especial Seguimiento], con tratamiento de terrorismo y las condiciones que ello requiere. Está todo intervenido, las comunicaciones, las cartas… Cuando vas a la visita en el auditorio, están encerrados con llave. En el caso de mi hijo estamos hablando de un chaval de 21 años al que se trata de terrorista. Es muy dura esta situación. Al principio estuvieron en la prisión de Soto del Real los tres, en módulos diferentes, pero hace poco más de un mes los trasladaron a cárceles diferentes de Madrid.

¿Qué ha cambiado en el pueblo desde que empezó todo esto?

Lo criminalizaron. Este es un pueblo muy dinámico, toda la vida ha venido gente de otras partes del estado, de Extremadura, de Castilla… Este es un pueblo variopinto que siempre ha recibido con los brazos abiertos a la gente, un pueblo que está totalmente unido. Han conseguido el efecto contrario de lo que querían. Estamos desbordados por el despliegue de solidaridad, se respira en la calle. Se creó una plataforma de apoyo a los detenidos, y ayer en Pamplona esta plataforma organizó una manifestación y llenó la Plaza del Castillo, que no es un trabajo fácil.

¿Cómo ha cambiado Alsasua desde aquella noche de octubre?

Esto lo han sacado de madre los medios de comunicación. Pensamos que esto puede estar orquestado desde antes. Una pelea de barrio, a las cinco de la mañana, con alcohol… Eso ha ocurrido en todas partes cada dos por tres. Hace poco hubo una en Lugo y otra en los sanfermines. Cuando en esos casos hay atentado contra la autoridad, se dirime en un juicio rápido, cuatro o seis meses de cárcel, la denuncia correspondiente y no va a más. En este caso le han dado todo el matiz político que han querido. Aquí cuando ETA dejó la actividad armada, se respiraba un clima normal, no había ese distanciamiento que han querido mostrar. Una de las novias de los guardias civiles llevaba 15 días en el pueblo y habló de Alsasua como si llevara toda la vida, poniendo en boca de gente del pueblo actividades que no se han dado ni en la época más difícil de Alsasua. Es terrible el tratamiento que se le ha dado este tema, las mentiras que se han vertido sobre el pueblo… Por ejemplo, aquí hay una carretera que divide el pueblo por la mitad. Muchos medios dijeron que uno de los márgenes, la parte del casco viejo, era la zona abertzale y la otra la nacional, cuando la realidad es que aquí en cualquier parte del pueblo se respira tranquilidad y normalidad. Es estrambótico.

¿Cómo ha enturbiado esto la percepción en el pueblo hacia los cuerpos de seguridad?

El temor está ahí. Han implicado a chavales por el hecho de estar ahí, y en este caso podría haber sido cualquiera que estuviera en el bar o fuera. Imagino que ahora levantarán el pie del acelerador en montajes de este tipo porque la gente no es tonta y se da cuenta de que esto está totalmente fuera de sitio, porque se les ha ido de las manos.

¿Alguien del entorno de la Guardia Civil se ha solidarizado con ustedes?

Sí. Mira, incluso el coronel jefe de la Guarda Civil en Navarra, cuando pasó toda esta vorágine a finales de noviembre, hizo una intervención pública que no trascendió a nivel nacional. Estamos hablando del coronel jefe de la Guardia Civil en Navarra. Dijo que Alsasua no es territorio hostil, que es un pueblo normal, con convivencia normal con la Guardia Civil.

El juez Baltasar Garzón, que ejerció en la misma Audiencia Nacional que ahora juzga este caso, volvió a repetir hace unos días que había una actuación desorbitada por parte de la Justicia. El fiscal Perlas pide en total 375 años de cárcel. En opinión de ustedes los familiares, ¿qué sería lo justo?

Nosotros no somos jueces. Lo primero que pedíamos era presunción de inocencia, que no la hubo en ningún momento. Desde el principio se criminalizó a los chavales. También pedimos que se haga una investigación real de los hechos, porque la instrucción de este caso se hizo basándose únicamente en el testimonio de los guardias civiles y sus compañeras. Pedimos justicia, proporcionalidad, que se juzgue esto en la verdadera medida de lo que fue. No pedimos impunidad. Estamos hablando de una pelea a las cinco de la mañana que acaba con un tobillo roto. Llegaron a decir que fue un linchamiento de 50 personas, pero si así hubiera sido, los habrían matado.

Los imputados son personas jóvenes sin antecedentes. ¿A qué se dedicaban? ¿Cómo les está afectando todo esto?

Imagínate. El mayor tiene 30 años, ese salía de trabajar y se asomó allí por casualidad. Le marcaron y ahora está imputado y podrían caerle 60 años encima. El resto son chavales, la menor tiene 17 años. Son estudiantes. Te puedo hablar de todos porque esto es un pueblo de 7.000 habitantes. Mi hijo es estudiante, aficionado al deporte, hacía una vida normal. No estaba metido en política, a pesar de lo que han dicho. Chavales normales, cada uno con su ideología, que están estudiando, haciendo vida normal. No les dan libertad porque, según el auto, son hijos de familias arraigadas, y el propio arraigo dicen que puede provocar que les facilitemos la huida. Antes eran los desarraigados los que podían huir en un caso así, pero en nuestro caso dicen que nosotros podríamos facilitar su huida. Es totalmente desproporcionado. Aquí la concentración de ayer fue tan multitudinaria porque la gente ve lo que está pasando. Por desgracia eso no se ve fuera, no trasciende más allá de los medios locales.

Muchos medios han difundido una versión caricaturizada de ustedes: familias sombrías, ultranacionalistas, del entorno de ETA… ¿Usted cómo responde a eso?

A mí me produce risa. Yo no soy ultranacionalista ni mucho menos. En el grupo hay gente de ideologías totalmente diferentes. Lo estamos llevando en grupo porque todo esto no es más que una pelea de barrio y no lo estamos politizando como lo han querido politizar ellos. Cada uno tiene su forma de pensar, pero eso no es un crimen. Otra cosa es que actúes de forma violenta. No hay nadie del grupo que sea una persona violenta, nadie ha estado nunca detenido… Que nos criminalicen así no es más que otra parte del relato que están generando sobre este tema.

¿Han recibido alguna amenaza?

No. Más allá de lo que se ha publicado en algunos medios, no hemos recibido amenazas personales.

¿Destacaría alguna muestra de solidaridad que le haya marcado de forma especial?

Las más cercanas. Todas esas muestras son muy importantes y las agradecemos todas. El 26 de noviembre a la primera manifestación que se hizo acudieron 20.000 personas. Imagínate 20.000 personas manifestándose en silencio en un pueblo de 7.000 habitantes. Vas por la calle y te están dando abrazos, el apoyo de decir “esto hay que desmontarlo, es una vergüenza”. La solidaridad de todo el mundo es muy importante, desde la más cercana hasta la que viene de Europa, pero ese apoyo cálido y cercano de un abrazo es el que te llega más.

¿A que se agarran en estos momentos para mantener la esperanza?

A la justicia. No pedimos otra cosa que justicia. Viendo cómo se están desarrollando las cosas, tenemos miedo, pánico. Estamos totalmente desamparados. Se ha establecido un relato totalmente diferente al real y no sabemos a qué obedece todo esto. El apoyo de la gente es lo que hace que podamos tirar para adelante y seguir luchando. Solo pedimos justicia.
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