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En el amor como en la guerra: historias ocultas tras los grandes titulares

Este artículo está incluido en el especial amor #LaMarea50

Calais, 25 de octubre de 2016. Agentes de policía franceses comenzaron este lunes la última fase de la demolición del campamento de refugiados y emigrantes más grande de Europa, conocido como Jungla de Calais, al norte de Francia.

Algunos emigrantes prendieron fuego a sus chabolas cuando la policía y varias excavadoras irrumpieron en el lugar. Las más de 8.000 personas que habitan la zona, según datos del Ministerio del Interior francés, serán reubicadas en centros de acogida repartidos por toda la geografía francesa. Las autoridades calculan que hay al menos 600 menores en la Jungla de Calais.

En los últimos años miles de personas llegaron a Calais, la mayoría procedentes de Siria, Afganistán, Iraq, Sudán, Egipto, Etiopía, Eritrea e Irán. Su objetivo: pasar a Reino Unido.

«El último sueño que me queda»

Una de las más de 8.000 personas refugiadas desalojadas de “la Jungla” –así la bautizaron ellos– se llama Beshir. Llegó a Calais tras varios meses de viaje desde Kobane, una de las ciudades más castigadas por la guerra en Siria.

Beshir seguía despierto cuando la policía y las excavadoras irrumpieron junto con los primeros rayos de luz gris sobre el mar de plásticos de Calais. El insomnio fruto de los traumas de la guerra lo mantenía enfrascado en el mismo pensamiento: volver a encontrarse con Amira, su novia y la única persona que le quedaba en esta vida.

Amira partió nada más estallar la guerra y pudo instalarse en Londres. Beshir siguió trabajando en la tienda de su familia y escondiéndose para beber cerveza con sus amigos mientras veían fútbol europeo, sin creer que la guerra llegaría tan lejos. Hasta que se vio solo. Cuando toda su familia pereció bajo las bombas, Amira se erigió en la razón para emprender el viaje a Europa y atravesar el Canal de la Mancha rumbo a Inglaterra, uno de los destinos más difíciles. “Es el último sueño que me queda”, aseguró a este periodista.

Los refugiados huyen de la guerra, pero también se desplazan para reunirse con sus seres queridos. Beshir pasó seis meses en Calais intentando colarse en algún camión con destino a Dover. Igual que los demás refugiados, durante ese tiempo vivió en una barraca hecha con tablones, plásticos y mucha dignidad.

Una vez estuvo a punto de cruzar la frontera. Un español que por su parecido físico bien podría haber sido su hermano mellizo le regaló su DNI. Superó la aduana francesa, pero los británicos lo descubrieron al ver que no sabía rellenar un formulario de viaje. Tras varios días en el calabozo, la policía le ordenó regresar a la misma Jungla que ese lunes se apresuró en destruir. De aquel episodio solo queda un registro: la canción de agradecimiento que Beshir recitó a su gemelo español.

Semanas antes de la demolición final –la zona sur del campamento, corazón social de la Jungla, había sido destruida en marzo– Beshir cayó enfermo y pensó en solicitar asilo en Francia. Habría conseguido una cama y medicinas, pero habría tenido que renunciar a solicitar protección en Inglaterra. Cuando la duda y el dolor le asaltaban, buscaba imágenes de Amira en su teléfono.

Varias semanas después de que la policía desmantelara la Jungla de Calais, Beshir logró reencontrarse con su novia en Londres. Llegó a Inglaterra después de que los traficantes de personas lo ocultaran en un camión a cambio de una jugosa suma de dinero que consiguió gracias a otros refugiados. Amira ya tiene asilo político en suelo británico. Beshir aún no tiene confirmada esa oportunidad.

En el amor como en la guerra

Detrás de esta foto de Gervasio Sánchez hay varias historias de amor. Él es Adis Smajic y ella Naida Vreto. Ambos eran niños cuando estalló la guerra de los Balcanes. Gervasio conoció a Adis cuando este tenía 13 años y una mina bajo los escombros de Sarajevo le arrancó el brazo derecho y un ojo. Todos pensaron que no viviría, pero el amor y la dedicación de los médicos –y una treintena de operaciones– le salvaron la vida. Ahora Adis y Naida se aman y tienen un hijo.

“Utilizamos poco la palabra ‘amor’, a pesar de la fuerza que tiene”, dice el veterano fotógrafo de guerra, que desde 1996 viaja a Sarajevo para retratar la vida de Adis. “Conozco hasta cómo respira”, cuenta.

“La guerra deshumaniza, hace creer que si no matas al contrario, él te matará. Posiblemente eso sea el amor: prefiero que me mates antes que matarte”, opina. “Siento un gran amor por este oficio, distorsionado por culpa de un grupo de golfos”, remacha.

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Leticia Dolera: “Me gustaría que se hiciese el Don Juan cambiando el género”

Esta entrevista a Leticia Dolera está incluida en el especial amor de #LaMarea50

«A mí me gusta Crepúsculo, aunque es horrible y tiene un esquema de amor romántico tremendo», reconoce Leticia Dolera (Barcelona, 1981). La actriz, guionista y directora de cine tiene las contradicciones propias de alguien que ha iniciado un proceso de deconstrucción de los patrones impuestos socialmente. Bajo esa misma mirada crítica, hay películas que ya no soporta: «Pretty Woman me encantaba de pequeña; ahora no la puedo ver». En 2015, escribió, dirigió y protagonizó Requisitos para ser una persona normal, con la que cuestiona la imposición de ser feliz como una meta que se logra a través de una pareja, vida social, familiar, un trabajo, una casa y aficiones. Con esta comedia romántica, Dolera pone el foco sobre la diversidad, algo que siempre le ha interesado destacar. En su opinión, el cine ignora que hay diferentes formas de amores y afectos, ya que «el capital prefiere no arriesgar con relatos que se alejen de lo marcado culturalmente como universal y correcto». No obstante, también habla de la responsabilidad de quienes escriben y dirigen. «Los artistas estamos atravesados por una construcción patriarcal del amor. Para romper con eso, tenemos que hacer un esfuerzo consciente», apunta.

¿Qué influencia tiene el cine en la construcción social del amor?

El cine cala en nuestro imaginario. Desde las industrias culturales se genera ideología y se muestra una forma de cómo las personas se relacionan. Parece que, en este mundo, en el que hay tanta diversidad, solo existe una manera de amar y relacionarse: la de la pareja heterosexual. Lo que se escapa de ahí ya decimos que «está saliendo de la norma», cuando en realidad no tendría que haber una norma, pero el cine sigue siendo muy clásico en la construcción del amor. Está atravesado por una visión patriarcal, capitalista e individualista del amor y la forma de amar. Lo digo yo, que he hecho una comedia romántica, donde un chico y una chica tienen una historia de amor, además los dos son blancos…

Pero en Requisitos para ser una persona normal sí presenta otros amores.

Intenté romper con el estereotipo de la masculinidad. El cine ha establecido el personaje del macho alfa y yo quería acabar con eso. También con el tema de los celos, que muchas veces va implícito a las historias de amor que vemos y que da a entender que el amor es una propiedad privada. Cuando María de las Montañas, la protagonista, se va con otro, Borja, el personaje del chico, no le hace chantaje emocional. También quise mostrar una historia de amor, aunque sea secundaria, entre dos personas con discapacidad. Parece que al amor entre personas con discapacidad mental nos incomoda y nos asusta. Ellos también tienen deseos sexuales y amorosos y derecho a poder cumplirlos y disfrutarlos, pero en la construcción que hace el cine del amor se les deja de lado. La homosexualidad parece que sí está más presente pero todavía no hay una película mainstream de acción donde, por ejemplo, la heroína sea lesbiana y que la peli no vaya explícitamente de eso.

¿Hay poca visibilidad de las relaciones lésbicas en el cine?

Hay discriminación hacia el amor homosexual, y si se trata de mujeres todavía más. Pienso en películas como Bar Bahar o La Belle Saison, que son estupendas y en las que hay relaciones homosexuales entre mujeres, pero como no tienen esa visión hegemónica no se consideran mainstream y, por tanto, no se invierte el capital que se invertiría en otras películas y pasan a formar parte de los márgenes. Márgenes de mucha calidad, pero con una distribución menor. Hay cierta reticencia hacia todo lo que se salga del modelo hegemónico, que cala en nuestra subjetividad sin que nos demos cuenta. Claro que se puede amar libremente, pero los referentes que tenemos, como pasa con la publicidad, nos venden estilos de vida concretos.

Una de las condiciones de Requisitos para ser una persona normal es precisamente tener una pareja.

Sí. El mito de la media naranja. Pero no, yo soy una naranja entera y a lo mejor encuentro por el camino a otra y paseamos juntas y somos felices mientras dure. Pero desde los cuentos de Disney se construye la idea de que si no tienes pareja eres una fracasada. Por eso, no tener pareja es salirse de la norma. Igual que no ser heterosexual. Pero es que hay muchas otras formas de relacionarse y debemos mostrar esta diversidad.

¿Qué reflexiones saca de los papeles que ha interpretado?

En REC3, donde hago de Clara, la historia va de una boda, pero una en la que todo el mundo se convierte en zombi. Para mí es muy simbólico el momento en el que yo cojo una sierra mecánica y me rasgo el vestido. Es como que estoy rompiendo con todos esos lazos de tradición que arrastramos sin saber. Hay una crítica soterrada a todo lo que se construye alrededor de las bodas. En La Novia, mi personaje es la esposa de Leonardo: una mujer que quiere escapar. En Bodas de Sangre, Lorca retrató una sociedad que oprime a las mujeres y la protagonista de La Novia, interpretada por Inma Cuesta, rompe con el camino que le han marcado, que es patriarcal, católico, bajo la imposición de casarse con un hombre. Muchas veces, los estereotipos empiezan ya en los castings. En una historia de amor heterosexual se suele buscar que el chico sea más alto que la chica. Ahí ya estás marcando algo, que además tiene que ver con el poder: que los hombres tienen que estar por encima de las mujeres.

¿Hay obras clásicas de las que no le guste especialmente la construcción que se hace del amor?

El Don Juan. Me encantaría que se representase cambiando el género. Sería interesante romper con ese estereotipo de que los hombres tienen un deseo sexual activo y las mujeres son solo deseadas. De hecho, cuando una mujer es sexualmente activa se dice despectivamente que es una guarra y el adjetivo Don Juan se utiliza de manera positiva. Estaría bien meter al espectador en la experiencia de hacer ese viaje al revés y decirle ‘¿y ahora qué? ¿la vas a insultar?’.

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Teresa Rodríguez: “La política no existiría sin el amor”

Esta entrevista a Teresa Rodríguez está incluida en el especial amor de #LaMarea50

Nunca se ha definido como romántica. «De pequeña por intuición, de mayor por convicción». Y solo ha asociado el dolor con el amor cuando tenía 15 años y escuchaba Los 40 Principales. Para Teresa Rodríguez, coordinadora de Podemos Andalucía, el amor, como nombre y sin adjetivos, es uno de los motores principales de la acción individual y colectiva: «Un sentimiento de respeto, admiración, lealtad… a muchas personas con las que compartimos la vida, nuestras alegrías y penas, nuestras inquietudes y por las que luchamos cada día».

¿Cree que el amor romántico ha hecho mucho daño a las mujeres?

Yo diría que el amor romántico es la causa estructural principal de los asesinatos por violencia machista. Una relación que se basa en los celos, en el control, en la dependencia, en lo incondicional del sentimiento, en el sufrimiento, en pensar que no estamos completas si no es con una pareja… no es sana. Es una relación insana, enferma. Y hasta que no asumamos eso y le pongamos remedio, seguiremos lamentando asesinatos de mujeres, pero también mujeres que padecen de los nervios, que tienen depresiones constantes, que se sienten solas.

¿Por qué amamos?

¿Por qué respiramos?

¿Qué o quién le inspira amor cada día?

Muchas personas. Desde mi pareja y sus hijos a mi vecina que me desea que tenga fuerzas para seguir, o las amigas con las que he aprendido qué es el apoyo mutuo, o toda esa gente que sueña con un mundo mejor. O mi madre, que me sigue preguntando todos los días si he comido bien. «Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario» decía el Che Guevara. Yo creo que también hay que ser capaz de amar profundamente a personas a las que no conocemos y viven muy lejos. A quienes cruzan fronteras con sus hijas y sus hijos en un manojito huyendo de la guerra, a quienes resisten la apisonadora del poder corporativo en cualquier selva. También a los animales y al Planeta.

¿Cómo puede contribuir el amor a la política? 

La política no existiría sin el amor. El amor es político. En un mundo en el que la gente está presa del miedo y el odio, amarse es una forma de resistencia frente a la barbarie. Es el único remedio para luchar contra la soledad del individualismo, la única cura ante las enfermedades de transmisión social: homofobia, lesbofobia, transfobia, xenofobia y racismo, misoginia, machismo, clasismo, gordofobia, etc.

¿Por qué el amor aún no ha podido con la guerra? 

Porque los de arriba solo son capaces de amar su fortuna.

¿Su relación con José María González (Kichi) tiene alguna banda sonora en particular? 

Sí, y es una banda sonora muy flamenca. Un amor con mucho y buen compás, jajaja.

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El amor es un buen negocio

negocio amor

Tenemos casi todo lo imprescindible, solo nos falta el amor. Ese amor efímero, urgente, apasionado y fugaz que se guarda en Internet y que ha hecho del quererse, amarse, acompañarse, sentirse y follarse, entre otras fórmulas, un negocio que mueve millones. La Red lo pone en bandeja. Cambia el ritmo, cambian los códigos. Y, si no te mueves lo suficiente, no sales en la foto. El negocio del amor no acaba de tocar techo. Las estimaciones calculan que 49 millones de internautas europeos visitan webs de citas cada mes. En el trapicheo de webs y aplicaciones de dating (citas), fuentes del sector estiman que solo en Estados Unidos la facturación en 2016 alcanzó los 2.5oo millones de dólares. Aunque es difícil conocer la dimensión real de un mercado tan competitivo como opaco.

Tinder, Badoo, Meetic, Happn, Instagram y el chat de Apalabrados están entre las espacios de Internet más frecuentados para la buscar compañía. Para heterosexuales, homosexuales o bisexuales, para encontrar pareja estable o amantes, para todos los gustos y colores. Desde que el flirteo adquirió la forma cibernética, el ‘¿estudias o trabajas?’ se ha digitalizado y transformado en el ‘¿tienes Facebook o Instagram?’.

Álvaro tiene 41 años y dos hijos. No quiere ligar, solo hablar. Acaba de separarse y busca gente fuera de su círculo de amistades con quien compartir. A sus 30 años, María quiere encontrar pareja, pero hasta ahora lo más fácil ha sido hallar «un simple lío». Encontrar a alguien más definitivo, se queja, «es un poco como buscar una aguja en un pajar», aunque reconoce que salvo rara excepción siempre ha conocido gente interesante. Lo que menos le atrae de estas aplicaciones es la ausencia de magia: «Desaparece un poco la emoción del no se? si le gusto porque en el momento que se produce el match, muchas cartas se ponen sobre la mesa».

IAC, el propietario de Meetic y Tinder entre muchas otras, es el líder del mercado con siete marcas de citas online y un conglomerado de 20 empresas con 150 sellos y productos en medios de comunicación e Internet en más de 30 países. Tiene un 22% del pastel, con webs para mormones, jóvenes, latinos, maduros…

Entre estas aplicaciones, las hay que unen perfiles por proximidad geográfica como Tinder, Grinder, Lovoo o Twine; el cruising online de Hapnn, Street Machine; aquellas que buscan gente afín como Meetic Affinity, eDarling, Badoo e, incluso, versiones que dejan a los hombres en segundo plano como Adoptauntio.com.

Feliciano agradece su aparición porque le han puesto las cosas más fáciles a la hora de frecuentar chicas. Conoció a su exmujer y madre de su hijo en una aplicación y sigue encontrando con quien compartir su tiempo a la espera de que llegue una compañía más definitiva. Está inscrito en Hapnn y Tinder, las dos app mayoritarias entre los españoles y de una usabilidad más sencilla e inmediata. Tinder ha triplicado su base de usuarios en el último año. Su modelo triunfa. Ha sustituido los largos cuestionarios de personalidad por un vistazo superficial a una, dos, tres o cuatro fotos como máximo. Porque es así como dicen que se ha ligado siempre, con una primera mirada. Lo demás viene luego.

El despegue del dating online llegaría con Match, la primera web de citas, en 1995. Le seguirían Meetic, Badoo, eDarling… Casi todas se apoyan en algoritmos para buscar a la persona más compatible con los gustos de cada cual (otra cosa es que funcionen).  Las últimas en llegar al mercado, como la estadounidense OkCupid, también dejan las flechas del amor en manos de una fórmula matemática. Esta web cuenta con una de las mayores bases de datos sobre preferencias y conductas de pesca 2.0.

Belén se pasó de Tinder a Guapa. Allí conoció a Alejandra. Ambas transitaban un verano anodino en Madrid y buscaban con quien compartir planes. «Nos podíamos haber conocido en cualquier otro momento, pero aunque parezca un contrasentido ha sido más natural, un espacio más neutro y menos agresivo», confía Alejandra.

Desde febrero funciona en España la Escuela Neurocientífica del Amor. Los seminarios Love Sinapsis están impartidos por psicólogos y especialistas en biología y se basan en estudios que han demostrado que el amor es un algoritmo que puede enseñarse.

Pronto, la realidad virtual cambiará nuestras vidas como nunca habríamos imaginado. Desde que se democratizó Internet, la tecnología acorta las relaciones entre las máquinas y las personas. Primero fue la inteligencia artificial y ahora la llamada informática afectiva da un paso más allá. ¿Y si los robots empiezan a tener sentimientos? ¿Llegaremos a enamorarnos de nuestro sistema operativo como Joaquin Phoenix en la película Her?

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Elvira Sastre: “El amor puede salvar un mal día. ¿No es eso ya algo asombroso?

elvira sastre

Escritora, traductora y filóloga. Elvira Sastre (Segovia, 1992) escribió su primer poema a los 12 años. Hoy encabeza las listas de los libros de poesía más vendidos del país y prepara su primera novela con la editorial Seix Barral.

¿Qué es el amor para ti?

Un motor vital.

¿Quién o qué te inspira amor cada día?

Los detalles pequeños, la gente buena.

¿Por qué amamos?

Porque el sentimiento, ya sea el amor, el dolor, la rabia, es algo inherente al ser humano. Nos hace movernos, crecer, evolucionar.

¿Puede el amor salvar algo?

Puede salvar un mal día, ¿no es eso ya algo asombroso?

¿Cómo contribuye el amor a la poesía?

Le da motivos.

¿Y la poesía al amor?

La poesía utiliza un lenguaje intimista que pone nombre a las cosas que damos por hecho. El amor es una de estas cosas y la poesía le da la importancia que merece.

¿Por qué escribes poemas de amor?

Escribo poemas llenos de sentimientos porque están ahí conmigo y mi cuerpo y mi mente me pide que los escuche.

¿Existe amor en Twitter? 

Existe en todas partes.

¿Estás enamorada de algún poema en particular?

Conversación en la isla, de Benjamín Prado.

¿Te has enamorado de algún libro a primera vista?

La delicadeza, de Foenkinos, a primera lectura.

¿Qué no harías nunca por amor al arte?

Aprovecharme.

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El amor que nos venden las canciones

Decía Bernestein que “la música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido”. Quizás por esto, la mayor parte de las canciones que escuchamos a cualquier hora del día, ya sea en la radio, en la televisión o en nuestro tocadiscos, son canciones de amor, el más desconocido y difícil de definir y acotar de todos los sentimientos. Pero, ¿qué clase de amor es el que nos venden las canciones que escuchamos? En una época revolucionaria para el acto de amar, en el que por fin condiciones sexo-afectivas antes reprimidas o desconocidas se han visto representadas y expresadas, ¿qué clase de amor es el que “nos cantan” en la música pop? “Ama un solo día y el mundo habrá cambiado”, decía a su vez Robert Browning. Pero, ¿siguen las canciones de amor perpetuando el amor romántico “de toda la vida” o nos están ayudando a cambiar las cosas?

“El amor sigue siendo el gran tema del pop. Porque el pop sirve, dice Simon Frith, para dar sentido expresivo a nuestras emociones más banales. Sospecho que otras sexualidades no heteronormativas van generando sus propios temas, pero probablemente reproducen un esquema de amor romántico. Como excepción, pienso en las letras de apología lésbica de las Riot Girls, como Rebel girls de Bikini Kill”, responde Héctor Fouce, profesor de Musicología en la Universidad Complutense de Madrid y gran experto en la música popular contemporánea, con títulos como El futuro ya está aquí: Música pop y cambio cultural. Según Fouce, “somos producto de lo que vemos, oímos y vemos. Eso crea nuestro imaginario. Y es inconsciente. El sentido de la normalidad nos viene desde esas pequeñas unidades de sentido, como las canciones, más incluso que lo que nos enseñan en la escuela de forma consciente. Una canción puede no cambiar el mundo, pero 50 años de canciones repitiendo tópicos y modelos crean el sentido común en el que vivimos”.

La música crea significados en el llamado inconsciente colectivo. Por mucho que pensemos que las canciones que escuchamos en momentos de ocio, en los cuales no estamos atentos al contenido textual de un tema, esos “tópicos y modelos” de los que habla Fouce van formando nuestro universo simbólico: “A la música y al amor no le ponemos filtros, así que la información que nos llega por ese medio la damos por buena sin más. Encima, la música, hoy en día, está en todas partes y no podemos escapar a ella. En tiendas, bares, radio, televisión, en eventos deportivos o incluso en el coche que para a nuestro lado en un semáforo con la música a todo volumen, no podemos huir de ella”, responde Laura Viñuela, experta en música y feminismo y autora del análisis Musicología feminista y música popular: dos nuevos retos para la musicología.

“Por otro lado, la música apela directamente a nuestras emociones y aún carecemos de una educación emocional, ya seamos adolescentes o personas adultas. Es decir, la forma en que se construye el lenguaje musical amplifica y traduce la forma en que sentimos nuestras emociones, ya sean de alegría, de tristeza o de rabia, pero, especialmente, cómo nos sentimos cuando nos enamoramos. Y esto es importante tenerlo en cuenta porque la mayoría de las veces las canciones de amor no hablan tanto de amor como de enamoramiento, de esta etapa inicial en la que todas las emociones están a flor de piel y solo vemos lo bueno de la otra persona y no sabemos qué hacer con nosotros mismos”, continúa Viñuela.

Bajo este prisma, nos damos cuenta de que vivimos en una exposición a mensajes, lugares comunes, tópicos y símbolos que apelan directamente a nuestras emociones, hecho que no resulta gratuito: “Nuestra educación emocional es extremadamente limitada y generación tras generación se nos lanza a nuestra vida emocional amorosa sin ningún tipo de conocimiento o de herramientas o de educación para poder afrontar esta situación. ¿Dónde aprendemos entonces sobre el amor y qué hacer cuando nos enamoramos o cuando nos dejan o no nos corresponden? En la cultura popular, en las canciones, en las películas. La música ordena nuestros sentimientos y nos ofrece una vía de expresión de esos sentimientos. Entonces, no hemos de centrarnos solo en la letra, sino también la música que acompaña a esa letra para entender por qué las canciones son tan poderosas, por qué es tan importante el efecto que tienen en nuestra manera de entender y de comportarnos en lo referente al amor romántico”, comenta esta experta en música y feminismo.

Una exposición que resulta especialmente visible en el caso de los adolescentes con los que Viñuela trabaja en talleres donde desmontar los mitos del amor romántico que encontramos en la música: “En esta etapa de la vida es importantísima la educación emocional y, puesto que es escasa en los ámbitos de educación reglada, la música va a ser un referente en este sentido. Si lo que te dicen las canciones es que el amor solo es de una manera (“verdadero”, es decir, total, exclusivo, pasional, predestinado, inevitable, que no necesita palabras porque con una mirada nos entendemos y todos esos rollos), ese marco es donde vas a intentar encajar tu experiencia. Y es una pena que un medio tan poderoso como la música no sirva para ofrecer todo un abanico de posibilidades que, además, tendría mucho más sentido con las vivencias cotidianas de las personas”, comenta.

Y es que, a pesar de la introducción paulatina de otros géneros musicales en la industria musical española, el tipo de música más escuchado hoy sigue siendo el llamado pop, aunque fusionado ahora con nuevas corrientes cada vez más en boga, como el trap o el reggaeton (género bajo el que se esconde una generalización de todos los tipos de música latina). Un asunto complicado, el de definir qué es “lo más escuchado”. Casi un constructo que debemos ir desentrañando, dado que –sobre todo en esta época de piratería musical y escuchas en streaming– las cifras de “lo más vendido” no resultan representativas de lo que resulta más escuchado en términos generales. La plataforma sueca de música por streaming Spotify, con una incidencia de 100 millones de personas en España (30 millones en la versión Premium, un servicio de pago, según dijo la empresa a Reuters el pasado año 2016) es la única que parece ofrecer datos fiables por escucha, de entre los que hemos sacado las canciones más escuchadas en español de los últimos cinco años en los que La Marea ha estado activa (2013-2017). Eso sí, con tiento:

“Tenemos que tener en cuenta que esto de las canciones más escuchadas depende mucho de quién y cómo lo cuente. Que muchísima gente no utiliza Spotify y que quienes somos aún de comprarnos el disco, pues les damos muchas escuchas a las canciones pero no sumamos ahí. Y, de la misma forma, es importante el contexto y la forma en que se escucha la música: muchas escuchas de estas canciones se habrán hecho en grupo y de fiesta o, como música de fondo o de la que vas en el bus, y en cada caso cumplen una función distinta y se puede hacer un análisis diferente”, advierte Viñuela. Por fortuna, las cifras proporcionadas por Spotify en cuanto a “lo más escuchado” coinciden de pleno con las que la plataforma de productores de música Promusicae ofrece, salvando algunas diferencias: en 2015 nos encontramos con Bailando como la canción más descargada, mientras que Spotify nos muestra El Perdón, también de Enrique Iglesias, como la canción con mayor número de escuchas. Respecto al 2017, pese a no tener la cifra concreta de qué será lo más escuchado (aún quedan meses), parece que Despacito seguirá siendo la canción más descargada y escuchada, en contraste con el álbum más vendido por el momento (también según Promusicae), Lo niego todo de Joaquín Sabina.

Las canciones más escuchadas en castellano de 2013-2017

Las canciones más escuchadas en castellano de los últimos 5 años en España, según Spotify, son:

2017: “Despacito”, de Luis Fonsi feat Daddy Yankee.

Autores: Erika Ender, Luis Fonsi, Ramón Ayala.

Déjame sobrepasar tus zonas de peligro

Hasta provocar tus gritos

Y que olvides tu apellido”.

El narrador de la historia es un hombre que quiere mantener relaciones sexuales consentidas con una mujer y disfrutar de ella lo mejor posible. Hasta ahí, todo correcto. Tan solo nos encontramos con un pequeño escollo con las zonas de peligro y los gritos. Eso sí, dentro de la misma frase, el hombre pide permiso, (“déjame”), por lo que, si a ella le apetece… ¿Quiénes somos nosotros para juzgar las zonas de peligro de cada cual?

2016: “Duele el corazón”, de Enrique Iglesias.

Letra: Juan Luis Morera, Francisco Saldana, Enrique Iglesias, Patrick Ingunza, Hasibur Rahman, Servando Moriche Primera Mussett, Silverio Lozada.

Si te vas yo también me voy

Si me das yo también te doy

Mi amor

Bailamos hasta las diez

Hasta que duelan los pies

Con él te duele el corazón

Y conmigo te duelen los pies”.

En esta canción, el personaje principal (narrador) intenta convencer a una mujer de que acabe con esa relación aparentemente tóxica y se decante por otra que le haga bailar en lugar de sufrir. Eso sí, con consentimiento: “Si me das, yo también te doy”. En esta ocasión, la que tiene el poder sobre la posible relación es la mujer. Como dice Laura Viñuelas, “es difícil pillar a Enrique Iglesias en un renuncio, sus letras suelen partir de lo positivo y el optimismo”.

2015: “El perdón”, de Nicky Jam y Enrique Iglesias.

Letra: Theron Makiel Thomas, Timothy Jamahli Thomas, Nick Rivera Caminero, Enrique Iglesias, Christina Camilo Mena Moreno, Juan Medina Velez.

Es que yo sin ti y tú sin mí

dime quién puede ser feliz

esto no me gusta.

Dicen que uno no sabe lo que tiene

hasta que se pierde, pero

Vale la pena luchar por lo que uno quiere

Y hacer el intento

No quiero vivir así”.

Una canción de desamor, de nuevo con un triángulo amoroso: la mujer ha cambiado de relación y su antigua pareja intenta recuperarla apelando al perdón. A lo largo de la letra se repiten elementos inquietantes, como “sé que tu padre no aprobó esta relación” o “sé que el otro te parece mejor”. En palabras de Viñuela: “Tirando de lugares comunes y topicazos sobre el amor (el amante doliente, el amor loco, la contraposición entre el amor verdadero y el amor que te conviene, que es el que sostiene el mito de la atracción de las «chicas buenas» por los canallas, ya sabes, los que te ofrecen peligro, pasión, «su verdad»…). Seguimos con los mismos códigos de Romeo y Julieta”.

2014: “Propuesta indecente”, Romeo Santos.

Letra: Anthony Santos.

Si te falto el respeto

Y luego culpo al alcohol

Si levanto tu falda

¿Me darías el derecho

A medir tu sensatez?

Poner en juego tu cuerpo

Si te parece prudente

Esta propuesta indecente

A ver, a ver

Permíteme apreciar tu desnudez

Relájate

Que este Martini calmará tu timidez

Y una aventura es más divertida

Si huele a peligro”

En palabras de Viñuela: “¿Y la gente se echaba las manos a la cabeza con el pobre Maluma? Vamos, al lado de esta, «Cuatro babys» (canción con la que media España se llevó las manos a la cabeza durante el pasado 2016 por sus alusiones sexistas) parece una nana. No tengo palabras”. Toda una oda al sexo sin consentimiento.

2013: “Tu jardín con enanitos”, Melendi.

Letra: Ramón Melendi Espina.

Y hoy le pido a tu ángel de la guarda, que comparta

Que me de valor y arrojo en la batalla pa ganarla

Y es que yo no quiero pasar por tu vida como las modas

No se asuste señorita nadie le ha hablado de boda

Yo tan solo quiero ser las cuatro patas de tu cama

Tu perro todas las noches, tu tregua cada mañana”

Según Viñuela: “Pues ya ves… no tiene letra, tiene una compilación de «esto es el amor greatest hits».

¿Las únicas coincidencias entre ellas? Versar sobre el acto amoroso, participar de “lo popular” y estar compuestas e interpretadas por hombres que se dirigen a mujeres: “La gente le dedica mucho tiempo al amor, sobre todo las mujeres, porque es un parte absolutamente central en nuestra socialización femenina, y tienen miedo de que ‘pensar’ en el amor o sobre el amor les arruine la experiencia de ese sentimiento. Con la música pasa igual: es mucho más cómodo limitar la reflexión sobre la música a ‘a mí me llega’ y no darle más vueltas, porque así no te ves en la obligación de actuar o responsabilizarte de lo que escuchas”, comenta Viñuela.

Por supuesto, es imposible analizar el panorama de la canción de amor actual tan solo con cinco canciones. Sin embargo, si tuviéramos que hacerlo, podríamos decir que, a nivel textual, el panorama que se nos ofrece no pasa por un avance o cambio en el modo de vivir las relaciones sexo-afectivas. Laura Viñuela comenta: “Creo que se sigue perpetuando porque la idea de amor romántico de toda la vida nunca se ha cuestionado masivamente. Hay algunos ámbitos, académicos, educativos, feministas, que sí han trabajado sobre este asunto y lo siguen haciendo y alertando sobre los peligros de esa idea de amor, pero su alcance es aún muy pequeño. El amor romántico es algo que se considera “natural” e “inevitable” y por eso no se considera que haya que darle muchas vueltas. Es algo que sucede y ya está”.

En el caso de estos temas, que seguramente sean consumidos en grupo o en momentos de ocio (momentos en los que no estamos tan pendientes del texto en sí), la composición pasa por los lugares comunes del amor romántico e incluso caen (como en el caso de la canción de Romeo Santos) en plantear circunstancias violentas bajo el amparo de una situación romántica: “Esto tiene que ver con el placer que se deriva del enamoramiento y de la música y de los mitos que hay en torno a eso: consideramos que el placer es algo también natural y que, cuanto menos mediatizado esté (cuanto menos ‘pensado’, cuanto menos tenga que ver en ello lo racional), mayor será ese placer. Nos da la sensación de que, de otro modo, le estaríamos poniendo barreras. Pero no es así: ni el amor, ni la música, ni el placer nos llegan en estado salvaje y natural, ya han sido mediados por las ideas culturales que hay sobre ellos y lo que sucede cuando queremos afrontarlos sin pensar es que nos tragamos, sin filtro alguno, toda la ideología y las normas que llevan integradas. Por eso insisto tanto en que es fundamental aprender a escuchar con espíritu crítico la música y que eso no te va a restar placer a la hora de ponerte música ni de enamorarte sino que, al contrario, te va a proteger de dar por buenos determinados comportamientos o puntos de vista”, explica Viñuela.

Afortunadamente, estos cinco ejemplos no son el paradigma del pop mainstream en castellano, pudiendo encontrar otros temas que nos acercan a un panorama más real (o, al menos, igualitario): “Lo que sí veo, aunque muy tímidamente, en las letras de algunas canciones actuales, es algún intento de tamizar un poco algunas cosas del amor. Por ejemplo, en la canción de Manuel Carrasco “Yo quiero vivir”, que habla muy claramente de esta fase del enamoramiento, a pesar de que la mayor parte de la letra nos da el punto de vista de él (que es lo habitual, porque el discurso musical, como todos los otros, está mayoritariamente en manos masculinas y las mujeres solemos ser receptoras o inspiradoras de ese discurso), en algunos momentos ya dice “si tú quieres”, dándole a ella la posibilidad de tener algo de parte en esa decisión de “llevarte conmigo hacia Nunca Jamás”. Luego te suelta perlas como “estoy contigo, no quieras huir”, pero, al menos, en algún verso le da algún pequeño margen de acción a la chica”, comenta Viñuela.

“Otro ejemplo que se me ocurre es la canción de Malú, “Cenizas”, que habla del desamor en el clásico tono apocalíptico de sufrimiento total pero que tiene por ahí un verso que dice “sé muy bien que sola también puedo”, lo que me parece un mensaje muy positivo, porque a las mujeres se nos enseña que solas no podemos, que valemos menos, que si no hay un hombre a nuestro lado, aunque seamos un grupo de cinco, vamos por ahí ‘tan solitas’. Y hay otra cosa de esta letra que me gusta, que es cuando le dice ‘quiero que te vaya bien la vida’ a su ex. Esto no es la tónica habitual. Si tu pareja de deja, eso, en la ideología del amor romántico tradicional, además de un terrible sufrimiento, clama venganza (en muchos casos, sangrienta)”, concluye

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? El reggaeton: el género maldito

Resulta paradigmático que la playlist más escuchada (según también Spotify, “Baila Reggaeton”, con casi 5 millones de usuarios) y los videoclips más vistos de YouTube (como Me enamoré de Shakira, con casi 9 millones de visualizaciones en su primer día subido) pertenezcan a un género tan mal visto a nivel social como el de los ritmos latinos (agrupados frecuentemente bajo el género reggaeton, aunque pocos de ellos pertenezcan, en efecto, a este género). Asimismo, podemos encontrar entre los discos más vendidos del año fusiones pop-latino que beben de esta moda que ya dura casi una década (si consideramos el conocido Papi Chulo de Lorna (2002) como el primer himno radiado, televisado y escuchado a nivel masivo en España de género reggaeton.

“El sexismo existe en todos los géneros musicales porque la música no nace de la nada, sino que la crean y la escuchan personas que viven en este mundo y en esta sociedad y ambos son patriarcales, así que, a no ser que hagas una canción queriendo que sea feminista, pues lo normal es que te salga una canción machista (todavía hay mucha gente que cree que el feminismo es lo contrario del machismo y entonces no entienden esta afirmación, pero, bueno, siempre pueden ir a Google y leer un poco para entender a qué me refiero)”, comenta Viñuela.

“El reggaeton es un género denostado, en teoría, por el machismo de sus letras. Pero yo creo que, en realidad, lo que hay detrás de esta valoración es más bien racismo (“aquí vienen estos latinos que son tan machistas, no como nosotros, a pervertir con sus valores a nuestros jóvenes”), clasismo (“es una música que solo le gusta a la gente inculta, descerebrada, sin conocimientos musicales ni buen gusto, es música de barrio, de pobres) y también moralina sexual, por el tipo de baile sexualizado que lo acompaña, el famoso perreo. Si lo piensas, es el mismo escándalo que se armó entre las familias americanas de clase media cuando Elvis se puso a mover la pelvis allá por los años 50 o lo mismo que pasaba en la zona de empleados de Dirty Dancing, cuando la protagonista (buena, pura, blanca, virgen, ingenua) se iba con la sandía a echarle un ojo a Patrick Swayze, que no hacía otra cosa que perrear con su compañera de baile al ritmo de, ¡oh, cielos!, música negra”, afirma la experta. 

“No quiero decir con esto que el reggaeton no sea sexista, ni mucho menos” –matiza–, “sino que, aunque sea más explícito, no es más sexista que otros géneros musicales. Y lo de explícito habría que verlo, porque no hay que rascar mucho para encontrar letras espantosamente machistas en la música en español y en inglés de bandas tan reverenciadas como los Beatles, por ejemplo”, concluye.

Música = ficción. Más semiótica

¿Debemos creer entonces que a Romeo Santos le gusta el sexo sin consentimiento, o que la visión de Enrique Iglesias del amor pasa por una serie de lugares comunes? El análisis textual de un tema no implica la participación del autor en el mismo. Como explica Héctor Fouce: “El problema es que una canciones es un producto comunicativo extraordinariamente complejo con apariencia simple. La canción parece ser la expresión directa de alguien, pero ese alguien puede ser un personaje, como lo era Bowie en sus diferentes reencarnaciones (en literatura Pessoa podría ser similar). Parece que la canción es como un diario, pero en realidad es más como una novela, con una diferencia entre autor y narrador”. De este modo, entramos en una dicotomía autor versus personaje: “Eso se nota a veces cuando los compositores son hombres y cantan mujeres. Mecano es paradigmático, Me colé en una fiesta dice ‘Mucha niña mona pero ninguna sola’… Cantado por Ana Torroja. Y no es, obviamente, un himno lésbico. La leemos como una historia hetero a pesar de la contradicción entre cantante y personajes. Y al revés, yo puedo crear un personaje asesino que cante historias y yo ser un aburrido funcionario en un ministerio”, explica Fouce.

El amor tóxico en la música pop

“Siempre que nos hablen del amor en relación con la muerte o la violencia, de ahí hay que huir rápidamente”, explica Viñuela. “Que amar no implica sufrir es algo que tenemos que meternos en la cabeza cuanto antes. Si te quiero tengo que estar feliz de quererte, y nada de eso de que me duele el amor. Otra cosa peligrosísima es lo de los celos: los celos no son una muestra de amor, son una muestra de la inseguridad de quien los sufre y son problema suyo. No hay nada que podamos hacer para evitar que alguien celoso tenga celos, porque no depende de nuestro comportamiento sino de su propia identidad. Así que no podemos admitir canciones que refuercen esto. Y, por último, nada de canciones de desamor apocalípticas, de “me dejaste y se me acabó la vida”. Hacen falta muchas más canciones de gente sola y de todo lo que hay en la vida después de una ruptura (una que me encanta es Gloria, de Nosoträsh) y de que el amor de pareja es solo un parte de nuestra existencia, pero no su centro. Seríamos mucho más felices si las música nos enseñara y nos ayudara a vivir la vida como personas completas, con un camino propio que, a veces, podemos compartir con alguien… o no”, concluye.

El amor cool es amor sano

La psicóloga y coach feminista Carolina Aguirrezabal (directora de la plataforma El Islote de Caro, sobre psicología positiva) lleva años formando a adultos en los que ella define como Amor Cool, título del taller que imparte con el fin de desmontar las anclas heteropatriarcales que nos llevan a relaciones tóxicas o parasitarias. “A través de la socialización diferenciada se nos enseña a ‘amar’ de diferente forma a mujeres y a hombres. Desde pequeños/as recibimos mensajes que condicionan la manera en la que nos relacionamos, así como no se nos muestran modelos de vínculos sanos que nos alejen de las relaciones tóxicas. A través de múltiples vías (películas, publicidad, música, televisión, familia, iguales, comunidad educativa…) se condiciona tanto nuestra percepción como nuestra manera de relacionarnos con el mundo exterior. Es crucial deconstruir estas formas insanas de vincularnos trabajando de manera positiva las relaciones sanas”, comenta.

En este proceso, los objetivos fijados son de apariencia sencilla pero cumplimiento arduo: “Favorecer la toma de conciencia sobre la socialización diferenciada. Potenciar la detección de los mensajes tóxicos que recibimos.  Deconstruir los mitos del amor romántico. Desarrollar la actitud crítica hacia los modelos funcionales de relación que nos muestran. Fomentar las relaciones sanas”. El inicio de un camino para “para querer y querernos bien”. Casi nada. 

Más cifras: lo más vendido en España en castellano (2013-2017)

(Cifras de Promusicae).

2013: Tanto, Pablo Alborán. (9 discos de platino).

2014: Terral, Pablo Alborán (triple platino).

2015: Sirope, Alejandro Sanz (5 discos de platino)

2016: Quítate las gafas, Melendi (53.500 copias vendidas).

2017: Lo niego todo, Joaquín Sabina (por el momento).

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Amor. Tres lecciones desaprendidas

Habiendo crecido bajo el mito del amor romántico, todos tenemos expectativas acerca de las relaciones que no pueden sobrevivir al test de la realidad: mi pareja me tiene que querer a mí, y solo a mí, para toda la vida; el amor todo lo puede, cuando dos personas se quieren todo es posible; una relación ha de ser para siempre, cualquier otra cosa es un fracaso y una pérdida de tiempo; hay una persona que nos complementa, sin la cual estaremos vacíos, etc. Una parte minúscula pero imprescindible de abrazar el feminismo como hombre es enfrentarse a estas ideas.

Primero de todo, no es verdad que no se pueda querer a más de una persona. Entender esto no quiere decir que a uno no le quede más remedio que abrazar el poliamor (porque un mero concepto no puede deshacer años de imposiciones), pero sí que hay que eliminar el tabú de hablar libremente de estos sentimientos en la relación, y evitar sentirnos menospreciados si es nuestra pareja quien desarrolla esos sentimientos.

Segundo, y versionando a Bertolt Brecht, el triunfo del amor solo puede ser el triunfo de los que aman. Lo único que puede el amor es lo que puedan las personas que trabajan por él, las relaciones sanas no surgen sin más, porque los mensajes con los que crecemos no lo son.

Y para acabar: una relación solo tiene sentido si la decisión de continuar juntos se toma de la forma más libre posible. Hablando de mi experiencia personal, abrazar esta idea (en apariencia simple) ha supuesto cambios importantes en mi forma de mantener relaciones, como no entrometerme cuando he notado que mi pareja estaba desarrollando sentimientos hacia otras personas; en su lugar, me he mantenido al margen (tampoco diré que ha sido fácil).

La consecuencia puede suponer la ruptura de la relación, pero es posible aprender a no vivirlo como un fracaso, sino como un triunfo: ella puede decidir estar con quien realmente quiera y yo continuar con mi vida o a solas o abierto a otras relaciones donde el amor sea mutuo. Entender que una relación no es un fin en sí mismo sino un medio para la felicidad de ambos conlleva aceptar que la decisión de seguir juntos ha de ser libre e informada, y eso pasa por no impedir que la otra persona pueda conocer a alguien con quien pueda encajar mejor.

Fiesta del amor: 50 números de La Marea

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#LaMarea50: Especial Amor

Especial amor - La Marea número 50

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Para celebrar el número 50 de la revista La Marea teníamos claro que había que hacer algo especial. Y escogimos un tema que nunca antes habíamos tratado en profundidad: el amor. El asunto parece más propio de la prensa del corazón que de una publicación como esta, que suele informar sobre asuntos menos etéreos, como las empresas del Ibex35 o la clase política. Pero pensamos que merece atención.

En estas páginas hemos intentado reflejar un amplio abanico de expresiones amorosas entre personas de todo tipo y también por algunas causas, como el republicanismo o los animales. Pero sobre todo hemos querido dejar constancia de nuestra historia de amor. Porque la de La Marea, sin duda, lo es. Cuando un grupo de trabajadores y lectores comenzamos este proyecto hace cinco años, nos movían sobre todo la devoción por el periodismo y las ganas de contribuir a que esta sociedad disponga de información plural, rigurosa y honesta. Las personas que hacemos La Marea y quienes la leéis un mes tras otro compartimos los principios éticos que son la guía de este medio.

No nos casamos con nadie, pero nuestro compromiso es indiscutible. Por ello, con el número 50 celebramos nuestras bodas de oro (laicas). Quienes lleváis tiempo con La Marea sabéis que nos esforzamos para no defraudaros. Hoy volvemos a arriesgarnos con este monográfico para mantener la chispa que alimenta el amor por el buen periodismo que nos une. Dicho esto, os damos las gracias por ayudarnos a llegar a  los 50. Os queremos.

¿Qué es el amor? ¿Por qué nos enamoramos? ¿Por qué seguimos cayendo en los mitos del amor romántico? ¿Qué es el poliamor? ¿Es el amor un gran negocio? Exploramos un amplio abanico de expresiones amorosas, tanto entre personas como a causas como el republicanismo, el antiespecismo y, por supuesto, el periodismo. Para hablar de todo ello contamos con entrevistas y análisis de personalidades de diversos ámbitos: Leticia Dolera, Iñaki Gabilondo, Teresa Rodríguez, James Rhodes, Camela, Nacho Vegas, Cristina Fallarás, Luna Miguel, Juan Torres, Laura Casielles, Bob Pop…

Barbijaputa nos ofrece una guía feminista para ligar, Javier Gallego publica un poema inédito e Isaac Rosa nos trae este mes un sugerente relato titulado La seducción.

¿Qué nos venden las canciones de amor? ¿Y las películas? ¿Podemos superar los finales felices? De todo ello también nos ocupamos largo y tendido. Y de cómo escribir historias de amor a través de Modern Love, la sección especial de The New York Times. En la sección Herstory hablamos de orgasmos, visiones y música en el convento de Hildegarda de Bingen.

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