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“No se ha actuado para eliminar las causas de la desigualdad”

La economista Carmen Castro García publica 'Políticas para la igualdad'. REMEDIOS MÁLVAREZ

MADRID // Las llamadas “políticas familiares” han promovido la igualdad de género en Europa. Sin embargo, alcanzarla de pleno es todavía una quimera. Bajo esta premisa, Carmen Castro García, activista feminista y economista especializada en políticas europeas de género y en sistemas de permisos por nacimiento, publica Políticas para la igualdad (Catarata). El libro, que se presenta este viernes en Madrid en la Casa del Libro (Fuencarral, 119), señala y repasa las políticas europeas que sostienen la desigualdad de género.

En Políticas para la igualdad habla de una “ceguera de género” en las políticas tanto europeas como españolas. ¿Qué quiere decir?

Me refiero a que no tienen en cuenta que el género es una determinante esencial de cómo impactan los proyectos y políticas públicas en las persistentes posiciones sociales de desigualdad de mujeres y hombres.

¿Qué consecuencias tiene esto?

En la cotidianidad percibimos algunos de sus efectos sobre las condiciones de vida, sobre todo tras los recortes presupuestarios en el sector público y en áreas especialmente sensibles para la igualdad de género. Los recortes en la provisión de cuidados, la destrucción de empleo público o de las prestaciones familiares están provocando una mayor intensidad de carga de trabajo no remunerado en las mujeres.

¿El trabajo de cuidados no remunerado se contempla en la política institucional?

Habría que diferenciar lo que se está haciendo desde diferentes instituciones. Por ejemplo, desde algunos ayuntamientos del cambio se empieza a tomar en cuenta la necesidad de abordar de manera explícita la provisión de los cuidados. Barcelona y Madrid lideran las tímidas iniciativas que se van emprendiendo. Sin embargo, desde el Gobierno, los Presupuestos Generales del Estado hablan por sí solos de cómo no se contempla la atención a la dependencia y el cuidado de menores desde la responsabilidad pública. Cuando el silencio y el ninguneo es la estrategia institucional respecto al trabajo de cuidados, cabe preguntarse quién se espera que los realice y a cambio de qué, porque alguien tendrá que dedicarle tiempo, capacidad y energía. Las necesidades de cuidado no se resuelven por sí solas, y no, no existen manos invisibles que las atiendan ni varitas mágicas con las que se puedan resolver; atender estas necesidades de las personas requiere de la asignación de recursos suficientes para que puedan ser provistas en condiciones dignas.

Si la división sexual del trabajo genera desigualdad de género y un diferente acceso de mujeres y hombres al mercado laboral, ¿qué medidas políticas se deben tomar al respecto?

Cada vez es más evidente la urgencia de alejarnos de las versiones ‘modernizadas’ de división sexual-social del trabajo implícitas en el escenario neoliberal de pluriempleo precario. Sostengo que necesitamos rediseñar gran parte de las políticas públicas para dotarlas de potencialidad de género transformativa, es decir, de la capacidad de incidir y transformar las normas sociales que reproducen el sistema de género y las desigualdades estructurales. No vale el game over; hay que darle un buen revolcón al sistema, poniendo los cuidados al ciclo de vida, los derechos humanos y la sostenibilidad en el corazón de la agenda política y económica. Necesitamos políticas redistributivas de tiempos, trabajos y riqueza que nos permitan avanzar en equidad, con medidas como la reducción de la jornada laboral máxima, la restitución de los servicios públicos, la creación de empleo digno asociado al cuidado interpersonal y de los ecosistemas, el reparto equitativo de los usos del tiempo, permisos de cuidados intransferibles y bien remunerados, rentas mínimas vitales para vidas vivibles tras la jubilación que superen la absoluta precariedad de las pensiones no contributivas, políticas fiscales basadas en la progresividad y equidad que faciliten desmontar las trampas patriarcales que persisten.

¿España y Europa hacen políticas anti igualdad?

Sí. La beligerancia de las políticas neoliberales desde 2007 ha provocado un aumento de la desigualdad en algo más de un 15% y un mayor sector de población bajo el umbral de pobreza; esta fragmentación social se adereza con el convencimiento de una supuesta falsa neutralidad que da cobertura a la misoginia institucional que impregna la agenda política actual. El escenario es el de la precarización general de las condiciones de vida y ante ello urge un giro radical para restituir y avanzar en la necesaria profundización democrática, asumiendo que previamente tendríamos que abordar la democratización de las familias y la redistribución equitativa de los recursos económicos, sociales y de tiempos de vida.

¿En qué punto está el mainstreaming o enfoque integral de género en las políticas europeas que se comprometió a aplicar la Unión Europea?

No soplan vientos favorables para la igualdad de género desde las instituciones europeas. La tendencia más acusada es la de ir diluyendo el compromiso con la igualdad y para ello se sigue utilizando la crisis como excusa. La aplicación de un enfoque integral de género se diluye en discursos de transversalidad carentes de recursos para llevarla a la práctica. Sin embargo, podría ser diferente, claro que para hacer efectivos los cambios que requiere diseñar y aplicar políticas responsables con la igualdad de género, hace falta un giro político hacia una democratización real.

¿Por qué, tal y como demuestran cada mes los datos del paro, hay una menor recuperación e incluso un estancamiento de las mujeres dentro del mercado laboral, así como son ellas quienes sufren peores condiciones laborales?

Porque no se ha actuado para eliminar las causas de la desigualdad. Por ejemplo, respecto al mercado laboral, la falta de corresponsabilidad en los trabajos no remunerados de cuidados provoca que la maternidad sea un factor de penalización sobre el empleo de las mujeres. Sabemos, por los estudios comparados a nivel europeo, que medidas como la equiparación de los permisos por nacimiento
—maternidad, paternidad, parentales— que propone la PPIINA para hacerlos iguales, intransferibles y plenamente remunerados, tendría un efecto multiplicador importante en la dilución de la división sexual del trabajo y favorecería un reparto más igualitario de tiempos y trabajos; sin embargo, el Gobierno español ha vetado, coincidiendo con el 8 de marzo, la posibilidad de tramitar el debate parlamentario de la proposición de ley presentada por Unidos Podemos-EnComú Podem-En Marea.

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Mujeres de más de 40 países se unen este 8 de marzo en un Paro Internacional

Contra los feminicidios, por un aborto legal y gratuito, contra el discurso de la llamada “ideología de género”, para protestar contra las políticas de Donald Trump, para denunciar la brecha salarial entre hombres y mujeres o para poner de manifiesto el impacto que tiene sobre las mujeres el sistema neoliberal. Estos son solo algunos de los motivos por los que 46 países de todo el mundo se han sumado a un Paro Internacional de Mujeres este 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres.

El colectivo argentino Ni Una Menos lanzó esta convocatoria después de que miles de mujeres marcharan en varias ciudades de Estados Unidos contra el presidente Trump y a favor de los derechos de las mujeres y las personas LGTBI, el pasado 21 de enero. En un comunicado de llamamiento a secundar el paro, Ni Una Menos declaraba sus motivos. Entre ellos, “que el capital explota nuestras economías precarias, que los Estados criminalizan nuestros movimientos migratorios, que cobramos menos que los varones, que los trabajos de cuidados no están remunerados y suman, al menos, tres horas más a nuestras jornadas laborales y que estas violencias económicas aumentan nuestra vulnerabilidad”.

En España: un paro de media hora y manifestaciones

Bajo el lema “Juntas y fuertes: feministas siempre”, el colectivo Feminismos Madrid, que incluye a la comisión del 8 de marzo del Movimiento Feminista de la ciudad, convoca #NosotrasParamosMadrid, que se desarrollará en tres ámbitos. En primer lugar, habrá un paro de cuidados y consumo: “Seré el día entero, y supone parar en las casas y el cuidado a personas mayores y a niños para hacer visible que este trabajo recae sobre las mujeres en un 90%”, explica la organización. El colectivo también hace un llamamiento a reducir en la medida de lo posible el consumo.

Otro paro, en el empleo y los estudios, tendrá lugar entre las 12 y las 12.30 horas. Para Feminismos Madrid, será un idóneo momento para “salir a las puertas de nuestros trabajos y denunciar nuestra situación, la brecha salarial y el empobrecimiento de las mujeres”. Además de simbólica, esta idea de parar media hora “busca generar un espacio y un tiempo para que las mujeres se unan, se encuentren y hablen de los motivos que nos llevan aquí”. Ya por la tarde, a las 19.00 horas, comenzará una manifestación que partirá desde la fuente de Cibeles hasta la plaza de España.

Sobre el aspecto legal de la huelga, las convocantes recuerdan que “el paro ha sido convocado oficialmente en España, por lo que tenemos derecho a realizarlo en el trabajo con su correspondiente descuento proporcional en todos los conceptos de la nómina”. “Si trabajas en otro turno, también puedes realizar un paro de media hora”, afirman.

Las manifestaciones se multiplicarán por todo el territorio y recorrerán ciudades como Zaragoza, Alicante, Murcia, Bilbao, Gijón, Ourense o León. En Barcelona, además del paro, la manifestación partirá de la Plaça Universitat a las 19 horas bajo la pancarta “La revolución imparable de las mujeres”.

Islandia, Argentina o Polonia: algunos referentes

“Si mi vida no importa, produzcan sin mí” fue el lema que, el pasado 18 de octubre, sacó a miles de mujeres de Argentina contra las violencias machistas. La protesta se replicó en otros países de Latinoamérica y se convirtió en uno de los referentes que inspiran el Paro Internacional que tendrá lugar este miércoles.

Hasta entonces, uno de los casos más paradigmáticos había sido la huelga de mujeres que se celebró en Islandia el 24 de octubre de 1975, cuando el 90% de su población femenina se negó a trabajar tanto dentro como fuera de casa. Su reivindicación principal eran sus bajos salarios y el escaso reconocimiento de las tareas de cuidados.

Mientras, en Polonia, el “Lunes Negro” que tuvo lugar el 3 de octubre del año pasado, llevó a miles de mujeres a parar en sus tareas y marchar contra la iniciativa popular del Parlamento que pretendía prohibir el aborto. Como consecuencia de la movilización, el Gobierno rectificó y declinó aprobar la reforma.

“Este 8 de marzo ya no habrá flores para nosotras. Habrá paro y movilización”, explican desde Ni Una Menos. Y prosiguen su relato. “Desde Tailandia hasta Chile. Desde Polonia a Corea del Sur, de Argentina a Puerto Rico, desde los territorios mayas hasta los mapuches, en muchas lenguas, con las modalidades que imprime cada coyuntura, con los reclamos y exigencias que elaboramos en cada rincón, las asambleas fueron sucediéndose en el verano del sur y en el invierno del norte, desafiando la idea de lo posible, apropiándonos de la herramienta del paro porque nuestras demandas son urgentes. Porque la violencia machista no se detiene y día a día nos obliga al duelo por las víctimas de feminicidios mientras la inacción del Estado nos deja a todas desprotegidas”.

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