David G. Aristegui: “No hay que exigirnos factura, sino darnos de alta en el Régimen Especial de Artistas”

La entrevista a David G. Aristegui forma parte del dossier Sindicatos para el siglo XXI, que puedes descargar por 1,90 euros o adquirir en kioscos por 4,50

David García Aristegui es miembro de la Unión Estatal de Sindicatos de Músicos, Intérpretes y Compositoras. Entre sus múltiples consideraciones, destaca un aspecto que generalmente pasa desapercibido: un acompañamiento a las personas que quieran afiliarse y no tengan familiares o amigos que hayan militado en organizaciones de este tipo.

¿Por qué se ha creado el sindicato?

Las y los músicos llevamos 30 años de retraso respecto a la Unión de Actores y Actrices. Era necesario un sindicato que defendiera los derechos de las personas que trabajan como intérpretes en la industria musical. Lo raro es lo que pasa aquí, en todos los países de nuestro entorno como Reino Unido o Francia, o en el resto del mundo, hay sindicatos de músicos con una larga tradición asociativa.

¿Por qué los sindicatos mayoritarios no han defendido a determinados sectores como el vuestro?

La responsabilidad hay que repartirla. Es cierto que en los sindicatos, y esto es muy grave, no saben lo que es el Régimen Especial de Artistas o el Convenio colectivo estatal del personal de salas de fiesta, baile y discotecas, de acuerdo. Pero las y los trabajadores del sector musical no se han caracterizado precisamente por su capacidad para afiliarse y trabajar desde sindicatos, y mira que hay para elegir: mayoritarios, anarcosindicalistas, independentistas etc. Así las cosas, la vía que hemos visto para movilizar ha sido crear un sindicato de sector, aunque hay gente organizándose desde CNT y CGT, otros compañeros tienen doble militancia con sindicatos como CCOO, COBAS o COS.

¿Por qué existe la percepción de que determinados trabajos, sobre todo los relacionados con el arte, son gratis?

Que la creación deba ser sostenida únicamente por rentistas y amateurs es una postura legítima, ojo, y que por supuesto NO comparto. Pero me gustaría que quien piense eso lo expusiera claramente y no hiciera argumentaciones extrañas hablando de cultura libre o pidiendo la Renta Básica. Para mucha gente parece ser que solo hay un trabajo ‘de verdad’ con un mono azul y una llave inglesa fálica en la mano. No es así. Siempre insistimos en nuestros textos con el lema “música es trabajo”.

¿Cuáles son las principales quejas y reivindicaciones que planteáis?

Que se trate a los trabajadores del sector musical como lo que son, trabajadores. Nos han convertido por obra y gracia de las cooperativas para facturar como Musicat, Mus21 o Articat en un sector de falsos autónomos. Cuando se nos contrate no hay que exigirnos factura, hay que darnos de alta en el Régimen Especial de Artistas, que para eso está, y que se cumpla el Convenio colectivo estatal del personal de salas de fiesta, baile y discotecas. También queremos mejorar en temas como salud laboral, el accidente de Supersubmarina dio un aviso serio al respecto. Además de como intérpretes, desde el sindicato contemplamos reivindicaciones de los músicos como autores/as: se piden reformas en la LPI para que la SGAE no sea una entidad al servicio de los intereses de las editoriales musicales.

¿Por qué ha aumentado la precariedad en los últimos tiempos en el sector?

Por las reformas laborales, por la llamada crisis y, sobre todo, por la falta de organización de la clase trabajadora en sindicatos.

¿Crees que cada sector necesita su sindicato? ¿O podría funcionar mejor con sindicatos grandes potentes a la hora de las negociaciones?

Eso es algo que no se puede saber de antemano. Hay conflictos que se han llevado de manera excepcional desde sindicatos de clase como el de las subcontratas de Movistar (donde tuvo un papel fundamental COBAS) o el de las falsas cooperativas cárnicas de Osona (donde está la COS). Pero las Kellys, el Sindicato de Manteros o los nuevos sindicatos de músicos han preferido organizarse por fuera de los sindicatos clásicos. Lo importante es el apoyo mutuo en todas las luchas y en todos los sectores. El mismo apoyo y cariño que han recibido los estibadores tienen que tenerlo el resto de luchas.

En líneas generales, ¿cómo tendría que ser un sindicato del siglo XXI y qué no deberían hacer?

Los sindicatos no son conscientes de que tienen un funcionamiento, formal e informal, muy complejo para alguien que se afilia y que no tiene familiares o amigos que hayan militado en organizaciones de este tipo. El acompañamiento a la nueva militancia es algo que no se hace y sería fundamental. También hay que facilitar que la gente se sume y trabaje en estas organizaciones: locales en los barrios, abiertos a los movimientos sociales de la zona, accesibles para personas con diversidad funcional y con espacios específicos para niñas y niños. Sin todo esto seguirá la misma situación: sindicatos con presencia solo en ciertos sectores, con una afiliación muy envejecida y con una abrumadora mayoría de hombres.

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