La paciencia de los ciudadanos

Congreso

Resulta curioso cómo se pasa de la comedia a la tragedia y viceversa. Ayer ardían las calles, como quien dice. Hoy los diputados juegan como niños en un cumpleaños triste a patearse por los dulces que han caído de la piñata rota, mientras la niña Cifuentes reparte banderitas rojigualdas entre los de la esquina de los matoncillos. La base de la política, que es el cinismo, se parece demasiado a los ejercicios de crueldad infantil en el patio de un colegio. Pero ni el cinismo ni la crueldad son propias de los ciudadanos en general, de esos que creyeron, de los que sufren, de los feroces ni de los taxistas. Según algunos que dicen saber, a ellos les son propias la tosquedad y los cuernos. No lo creo. Más bien un tirar hacia delante contando las moneditas de siempre. Y si es posible, leer.

Esa idea que intenta convencernos de que cuanto más tosca sea la mentira política, más predicamento, esa idea podrida… Es sencillamente paciencia. Lo de los ciudadanos es, por el momento, sencillamente paciencia ante los dulces, la piñata, el cinismo y esa forma infantil de crueldad que es la frivolidad en política.

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