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¿Pasará en Venezuela lo que Chávez denunció en Libia?


Antes y durante la agresión internacional que la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) descargaron contra Libia, el presidente Hugo Chávez realizó distintas apreciaciones advirtiendo sobre las particularidades de ese proceso.
En una de sus intervenciones comentó la sorpresa de Muamar al-Gadaffi ante la traición de líderes que decían ser sus amigos, centró su reflexión tanto en la voracidad petrolera de Estados Unidos (5% de la población que consume el 20% de la producción mundial) como en la dictadura del dólar.

CONGELAMIENTO DE FONDOS Y MANIFESTANTES PACÍFICOS 

También hizo alusión al supuesto congelamiento de “las cuentas de Gadaffi”, señalando que en realidad se trataba de un saqueo a las cuentas de Libia, cercanas a los 200 mil millones de dólares, el equivalente a 4 años de producción de petróleo del país. Además del combustible fósil, las finanzas, la economía y los recursos naturales de Libia siempre fueron premios tentadores para los Estados Unidos y sus aliados.
Se preguntaba Chávez por el destino de las reservas internacionales libias afirmando que la motivación de fondo de la destrucción de ese país era el intento de reflotar, en pleno colapso, por parte del capitalismo. Tan evidente es tal afirmación que los fondos libios fueron “congelados” en las arcas de actores financieros como Goldman Sachs, Société Générale SA, Carlyle Group, JP Morgan Chase, Och-Ziff Capital Management Group y Lehman Brothers Holdings, casi todos responsables de la burbuja financiera de 2008.
En otra ocasión, ya convaleciente, el líder de la Revolución Bolivariana reflexionaba sobre el rol de la industria mediática mundial ante la guerra entonces desatada en el mismo país en el que se realizó una operación mediática centrada en convertir a grupos terroristas armados en “rebeldes” o “manifestantes”. Asimismo refirió cómo grupos ejerciendo el rol desestabilizador eran apoyados por un ciclo de información autoalimentada entre medios de difusión masiva y ONGs de derechos humanos para la construcción narrativa de un “Estado fallido”.
Los llamados “manifestantes pacíficos civiles” se convirtieron en excusa para la intervención militar; estaban armados, y cuando esto se hizo más que evidente, comenzaron a presentarse como “fuerzas rebeldes”. Es conocida, además, la campaña mediática que se desató contra Gadaffi, tildándolo de asesino por enfrentar las acciones de esos grupos mercenarios que se apoderaron de territorios enteros y fragmentaron el país.
Ante estos señalamientos, Chávez declaró con cautela para no convalidar el relato de los mismos que le acusaron de ordenar el asesinato de manifestantes en abril de 2002 durante el golpe de Estado encabezado por Washington, y se preguntó en cadena presidencial: “¿Quién condena a Estados Unidos por más de 1 millón de muertos inocentes en Irak, en Afganistán, en el mundo entero?”.

OBJETIVO: ÁFRICA

Además de señalar el interés por las reservas de petróleo y agua, el líder de la Revolución Bolivariana reseñó que el interés geopolítico en la destrucción de Libia tenía que ver con la tarea que estaba haciendo por la “unidad del África”, mediante el apoyo a los países más pobres de aquel continente. Si bien la apropiación de la riqueza financiera y material de Libia eran objetivos de la guerra de la OTAN en 2011, los objetivos más amplios de la guerra criminal eran parte de la lucha por controlar el resto del continente africano y su vasta riqueza.
Fundamental y estratégico era detener el proyecto y las ambiciones de Gadaffi de unificar el continente africano bajo el liderazgo de Libia, cuyo desarrollo y proyecto político significaban una barrera para la recolonización del continente africano. Solamente en el caso del agua: enormes multinacionales, entre las que se cuentan estadounidenses y francesas, perseguían privatizar su agua dulce y controlar el Sistema de Acuíferos de Arenisca de Nubia que apuntalaría el desarrollo de vecinos como Chad, Egipto y Sudán.
Para ejecutar su plan, Washington primero alentó un conflicto utilizando a los países alrededor de Libia para buscar un casus belli para la acción militar, mientras se ocupó de las necesidades logísticas de los grupos de oposición controlados por la CIA que lanzaron una campaña de sabotaje contra la economía, la infraestructura y el gobierno.
También se habla de cómo fueron infiltrados sectores del gobierno, seguridad e inteligencia de Libia, y se desempolvaron los objetivos imperialistas de Washington, Londres, París y Roma existentes desde la Segunda Guerra Mundial, que buscaban dividir a Libia en tres territorios coloniales.
Por otro lado, en este contexto es importante recordar que Chávez y Gadaffi fueron los artífices de la Cumbre América del Sur-África (ASA), cuya primera reunión se llevó a cabo en la Isla de Margarita durante el año 2010, uno antes de la invasión a Libia.

DIPLOMACIA DEL ESTADO PROFUNDO: MENTIRA Y TRAICIÓN

Hoy en día se sabe que las víctimas de aquellos sucesos fueron presentadas como los agresores en el conflicto mientras las fuerzas del Consejo de Transición, insufladas por mercenarios y combatientes extranjeros, torturaban, violaban y asesinaban a civiles y a los que se interponían en su camino con la ayuda de los bombardeos de la OTAN y el CCG.
Periodistas actuaron como informantes de objetivos y puntos de control, organizaciones de “derechos humanos” formaban parte de una red que justificaba la agresión propagando mentiras sobre los mercenarios, los supuestos ataques de aviones militares libios contra civiles y masacres de civiles cometidas por el “régimen” de Gadaffi, como se vio reflejado con el montaje de un ataque a la Plaza Verde de Trípoli, capital libia, por parte de la cadena qatarí Al Jazeera.
Dicha red de mentiras que se presentó en el Consejo de Derechos Humanos en la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, y luego se entregó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York, funcionó como base para la guerra contra Libia. Estas mentiras fueron aceptadas sin ninguna investigación iniciada por las Naciones Unidas ni por cualquier otro organismo internacional. Cualquier solicitud libia de equipos internacionales de investigación fue ignorada.
Fue a partir de este punto en adelante que la OTAN utilizó al Consejo de Seguridad de la ONU para lanzar su guerra de agresión contra Libia con el pretexto de proteger a los civiles y hacer cumplir una zona de exclusión aérea sobre el país árabe. Aunque no fue aceptado oficialmente por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la doctrina de la “Responsabilidad de Proteger” (R2P) se estaba mostrando como un nuevo paradigma para la intervención militar de la OTAN. Actores del llamado Estado profundo (Deep State) como Elliott Abrams, o el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC), se alinearon con otros “neocons” para reducir Libia a un protectorado africano débil y dividido.
Cabe destacar que, pocos años antes de su persecución y asesinato, Gadaffi había propiciado un acercamiento de Libia con los Estados Unidos y la Unión Europea, por lo que era impensable que Washington y cualquiera de sus aliados pudieran haberse estado preparando para derrocar al gobierno libio cuando los vínculos comerciales entre Libia y Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, Francia, España y Turquía (entonces aliada occidental) habían florecido desde 2003.
Analistas hablan del papel medular del líder libio en la disminución de la migración a través del Mediterráneo que tantas muertes ha cobrado desde 2012 a africanos que buscan el “sueño europeo”. En ese sentido, la labor de Gadaffi favorecía las exigencias migratorias de la Unión Europea hoy impactadas en todos sus sistemas sanitarios y educativos, entre otros, por el aluvión de inmigrantes africanos.

LO QUE CHÁVEZ VIO VENIR

Desde aquel contexto en el que veía venir agresiones del mismo estilo contra Venezuela, el Comandante Chávez precisó muchos de los eventos que hoy se han producido tanto en los últimos años como en los más recientes días. Resaltó en todo momento el rol de Venezuela en la unión de América Latina y el Caribe mediante espacios de coincidencia programática como la ALBA-TCP, u otros donde la confluencia es más amplia como Unasur y Celac.
sabia que la agresión de la en sentaría un precedente funesto. Advirtió del peligro de reconocer “gobiernos” paralelos. .

55 personas están hablando de esto

En este contexto, Chávez afirmó en un Consejo de Ministros que la conformación de un Consejo de Transición en Libia, reconocido por Estados Unidos y países de Europa, destruía las bases de Derecho Internacional. “Esto es muy peligroso, como se lo decía a otros presidentes, porque mañana podemos ser uno de nosotros”, enfatizaba en ese momento el Comandante.
Hoy ese presagio parece lo más real posible, y responde a un modelo de intervención, proyectado como en Libia, para destruir a un pivote de la integración regional como es Venezuela. Necesario como con Gadaffi, es que el chavismo caiga para que Estados Unidos pueda consolidar su intento de recolonizar el continente.
Responsable, por otro lado, es señalar las diferencias que existen entre ambos contextos y el equilibrio desfavorable a Estados Unidos en el terreno geopolítico global. Lo que no hace esta amenaza menos creíble, pero sí marca una distancia entre la posibilidad de concreción de este tipo de planes en Venezuela.

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¿Pasará en Venezuela lo que Chávez denunció en Libia?


Antes y durante la agresión internacional que la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) descargaron contra Libia, el presidente Hugo Chávez realizó distintas apreciaciones advirtiendo sobre las particularidades de ese proceso.
En una de sus intervenciones comentó la sorpresa de Muamar al-Gadaffi ante la traición de líderes que decían ser sus amigos, centró su reflexión tanto en la voracidad petrolera de Estados Unidos (5% de la población que consume el 20% de la producción mundial) como en la dictadura del dólar.

CONGELAMIENTO DE FONDOS Y MANIFESTANTES PACÍFICOS 

También hizo alusión al supuesto congelamiento de “las cuentas de Gadaffi”, señalando que en realidad se trataba de un saqueo a las cuentas de Libia, cercanas a los 200 mil millones de dólares, el equivalente a 4 años de producción de petróleo del país. Además del combustible fósil, las finanzas, la economía y los recursos naturales de Libia siempre fueron premios tentadores para los Estados Unidos y sus aliados.
Se preguntaba Chávez por el destino de las reservas internacionales libias afirmando que la motivación de fondo de la destrucción de ese país era el intento de reflotar, en pleno colapso, por parte del capitalismo. Tan evidente es tal afirmación que los fondos libios fueron “congelados” en las arcas de actores financieros como Goldman Sachs, Société Générale SA, Carlyle Group, JP Morgan Chase, Och-Ziff Capital Management Group y Lehman Brothers Holdings, casi todos responsables de la burbuja financiera de 2008.
En otra ocasión, ya convaleciente, el líder de la Revolución Bolivariana reflexionaba sobre el rol de la industria mediática mundial ante la guerra entonces desatada en el mismo país en el que se realizó una operación mediática centrada en convertir a grupos terroristas armados en “rebeldes” o “manifestantes”. Asimismo refirió cómo grupos ejerciendo el rol desestabilizador eran apoyados por un ciclo de información autoalimentada entre medios de difusión masiva y ONGs de derechos humanos para la construcción narrativa de un “Estado fallido”.
Los llamados “manifestantes pacíficos civiles” se convirtieron en excusa para la intervención militar; estaban armados, y cuando esto se hizo más que evidente, comenzaron a presentarse como “fuerzas rebeldes”. Es conocida, además, la campaña mediática que se desató contra Gadaffi, tildándolo de asesino por enfrentar las acciones de esos grupos mercenarios que se apoderaron de territorios enteros y fragmentaron el país.
Ante estos señalamientos, Chávez declaró con cautela para no convalidar el relato de los mismos que le acusaron de ordenar el asesinato de manifestantes en abril de 2002 durante el golpe de Estado encabezado por Washington, y se preguntó en cadena presidencial: “¿Quién condena a Estados Unidos por más de 1 millón de muertos inocentes en Irak, en Afganistán, en el mundo entero?”.

OBJETIVO: ÁFRICA

Además de señalar el interés por las reservas de petróleo y agua, el líder de la Revolución Bolivariana reseñó que el interés geopolítico en la destrucción de Libia tenía que ver con la tarea que estaba haciendo por la “unidad del África”, mediante el apoyo a los países más pobres de aquel continente. Si bien la apropiación de la riqueza financiera y material de Libia eran objetivos de la guerra de la OTAN en 2011, los objetivos más amplios de la guerra criminal eran parte de la lucha por controlar el resto del continente africano y su vasta riqueza.
Fundamental y estratégico era detener el proyecto y las ambiciones de Gadaffi de unificar el continente africano bajo el liderazgo de Libia, cuyo desarrollo y proyecto político significaban una barrera para la recolonización del continente africano. Solamente en el caso del agua: enormes multinacionales, entre las que se cuentan estadounidenses y francesas, perseguían privatizar su agua dulce y controlar el Sistema de Acuíferos de Arenisca de Nubia que apuntalaría el desarrollo de vecinos como Chad, Egipto y Sudán.
Para ejecutar su plan, Washington primero alentó un conflicto utilizando a los países alrededor de Libia para buscar un casus belli para la acción militar, mientras se ocupó de las necesidades logísticas de los grupos de oposición controlados por la CIA que lanzaron una campaña de sabotaje contra la economía, la infraestructura y el gobierno.
También se habla de cómo fueron infiltrados sectores del gobierno, seguridad e inteligencia de Libia, y se desempolvaron los objetivos imperialistas de Washington, Londres, París y Roma existentes desde la Segunda Guerra Mundial, que buscaban dividir a Libia en tres territorios coloniales.
Por otro lado, en este contexto es importante recordar que Chávez y Gadaffi fueron los artífices de la Cumbre América del Sur-África (ASA), cuya primera reunión se llevó a cabo en la Isla de Margarita durante el año 2010, uno antes de la invasión a Libia.

DIPLOMACIA DEL ESTADO PROFUNDO: MENTIRA Y TRAICIÓN

Hoy en día se sabe que las víctimas de aquellos sucesos fueron presentadas como los agresores en el conflicto mientras las fuerzas del Consejo de Transición, insufladas por mercenarios y combatientes extranjeros, torturaban, violaban y asesinaban a civiles y a los que se interponían en su camino con la ayuda de los bombardeos de la OTAN y el CCG.
Periodistas actuaron como informantes de objetivos y puntos de control, organizaciones de “derechos humanos” formaban parte de una red que justificaba la agresión propagando mentiras sobre los mercenarios, los supuestos ataques de aviones militares libios contra civiles y masacres de civiles cometidas por el “régimen” de Gadaffi, como se vio reflejado con el montaje de un ataque a la Plaza Verde de Trípoli, capital libia, por parte de la cadena qatarí Al Jazeera.
Dicha red de mentiras que se presentó en el Consejo de Derechos Humanos en la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, y luego se entregó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York, funcionó como base para la guerra contra Libia. Estas mentiras fueron aceptadas sin ninguna investigación iniciada por las Naciones Unidas ni por cualquier otro organismo internacional. Cualquier solicitud libia de equipos internacionales de investigación fue ignorada.
Fue a partir de este punto en adelante que la OTAN utilizó al Consejo de Seguridad de la ONU para lanzar su guerra de agresión contra Libia con el pretexto de proteger a los civiles y hacer cumplir una zona de exclusión aérea sobre el país árabe. Aunque no fue aceptado oficialmente por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la doctrina de la “Responsabilidad de Proteger” (R2P) se estaba mostrando como un nuevo paradigma para la intervención militar de la OTAN. Actores del llamado Estado profundo (Deep State) como Elliott Abrams, o el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC), se alinearon con otros “neocons” para reducir Libia a un protectorado africano débil y dividido.
Cabe destacar que, pocos años antes de su persecución y asesinato, Gadaffi había propiciado un acercamiento de Libia con los Estados Unidos y la Unión Europea, por lo que era impensable que Washington y cualquiera de sus aliados pudieran haberse estado preparando para derrocar al gobierno libio cuando los vínculos comerciales entre Libia y Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, Francia, España y Turquía (entonces aliada occidental) habían florecido desde 2003.
Analistas hablan del papel medular del líder libio en la disminución de la migración a través del Mediterráneo que tantas muertes ha cobrado desde 2012 a africanos que buscan el “sueño europeo”. En ese sentido, la labor de Gadaffi favorecía las exigencias migratorias de la Unión Europea hoy impactadas en todos sus sistemas sanitarios y educativos, entre otros, por el aluvión de inmigrantes africanos.

LO QUE CHÁVEZ VIO VENIR

Desde aquel contexto en el que veía venir agresiones del mismo estilo contra Venezuela, el Comandante Chávez precisó muchos de los eventos que hoy se han producido tanto en los últimos años como en los más recientes días. Resaltó en todo momento el rol de Venezuela en la unión de América Latina y el Caribe mediante espacios de coincidencia programática como la ALBA-TCP, u otros donde la confluencia es más amplia como Unasur y Celac.
sabia que la agresión de la en sentaría un precedente funesto. Advirtió del peligro de reconocer “gobiernos” paralelos. .

55 personas están hablando de esto

En este contexto, Chávez afirmó en un Consejo de Ministros que la conformación de un Consejo de Transición en Libia, reconocido por Estados Unidos y países de Europa, destruía las bases de Derecho Internacional. “Esto es muy peligroso, como se lo decía a otros presidentes, porque mañana podemos ser uno de nosotros”, enfatizaba en ese momento el Comandante.
Hoy ese presagio parece lo más real posible, y responde a un modelo de intervención, proyectado como en Libia, para destruir a un pivote de la integración regional como es Venezuela. Necesario como con Gadaffi, es que el chavismo caiga para que Estados Unidos pueda consolidar su intento de recolonizar el continente.
Responsable, por otro lado, es señalar las diferencias que existen entre ambos contextos y el equilibrio desfavorable a Estados Unidos en el terreno geopolítico global. Lo que no hace esta amenaza menos creíble, pero sí marca una distancia entre la posibilidad de concreción de este tipo de planes en Venezuela.

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¿Pasará en Venezuela lo que Chávez denunció en Libia?


Antes y durante la agresión internacional que la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) descargaron contra Libia, el presidente Hugo Chávez realizó distintas apreciaciones advirtiendo sobre las particularidades de ese proceso.
En una de sus intervenciones comentó la sorpresa de Muamar al-Gadaffi ante la traición de líderes que decían ser sus amigos, centró su reflexión tanto en la voracidad petrolera de Estados Unidos (5% de la población que consume el 20% de la producción mundial) como en la dictadura del dólar.

CONGELAMIENTO DE FONDOS Y MANIFESTANTES PACÍFICOS 

También hizo alusión al supuesto congelamiento de “las cuentas de Gadaffi”, señalando que en realidad se trataba de un saqueo a las cuentas de Libia, cercanas a los 200 mil millones de dólares, el equivalente a 4 años de producción de petróleo del país. Además del combustible fósil, las finanzas, la economía y los recursos naturales de Libia siempre fueron premios tentadores para los Estados Unidos y sus aliados.
Se preguntaba Chávez por el destino de las reservas internacionales libias afirmando que la motivación de fondo de la destrucción de ese país era el intento de reflotar, en pleno colapso, por parte del capitalismo. Tan evidente es tal afirmación que los fondos libios fueron “congelados” en las arcas de actores financieros como Goldman Sachs, Société Générale SA, Carlyle Group, JP Morgan Chase, Och-Ziff Capital Management Group y Lehman Brothers Holdings, casi todos responsables de la burbuja financiera de 2008.
En otra ocasión, ya convaleciente, el líder de la Revolución Bolivariana reflexionaba sobre el rol de la industria mediática mundial ante la guerra entonces desatada en el mismo país en el que se realizó una operación mediática centrada en convertir a grupos terroristas armados en “rebeldes” o “manifestantes”. Asimismo refirió cómo grupos ejerciendo el rol desestabilizador eran apoyados por un ciclo de información autoalimentada entre medios de difusión masiva y ONGs de derechos humanos para la construcción narrativa de un “Estado fallido”.
Los llamados “manifestantes pacíficos civiles” se convirtieron en excusa para la intervención militar; estaban armados, y cuando esto se hizo más que evidente, comenzaron a presentarse como “fuerzas rebeldes”. Es conocida, además, la campaña mediática que se desató contra Gadaffi, tildándolo de asesino por enfrentar las acciones de esos grupos mercenarios que se apoderaron de territorios enteros y fragmentaron el país.
Ante estos señalamientos, Chávez declaró con cautela para no convalidar el relato de los mismos que le acusaron de ordenar el asesinato de manifestantes en abril de 2002 durante el golpe de Estado encabezado por Washington, y se preguntó en cadena presidencial: “¿Quién condena a Estados Unidos por más de 1 millón de muertos inocentes en Irak, en Afganistán, en el mundo entero?”.

OBJETIVO: ÁFRICA

Además de señalar el interés por las reservas de petróleo y agua, el líder de la Revolución Bolivariana reseñó que el interés geopolítico en la destrucción de Libia tenía que ver con la tarea que estaba haciendo por la “unidad del África”, mediante el apoyo a los países más pobres de aquel continente. Si bien la apropiación de la riqueza financiera y material de Libia eran objetivos de la guerra de la OTAN en 2011, los objetivos más amplios de la guerra criminal eran parte de la lucha por controlar el resto del continente africano y su vasta riqueza.
Fundamental y estratégico era detener el proyecto y las ambiciones de Gadaffi de unificar el continente africano bajo el liderazgo de Libia, cuyo desarrollo y proyecto político significaban una barrera para la recolonización del continente africano. Solamente en el caso del agua: enormes multinacionales, entre las que se cuentan estadounidenses y francesas, perseguían privatizar su agua dulce y controlar el Sistema de Acuíferos de Arenisca de Nubia que apuntalaría el desarrollo de vecinos como Chad, Egipto y Sudán.
Para ejecutar su plan, Washington primero alentó un conflicto utilizando a los países alrededor de Libia para buscar un casus belli para la acción militar, mientras se ocupó de las necesidades logísticas de los grupos de oposición controlados por la CIA que lanzaron una campaña de sabotaje contra la economía, la infraestructura y el gobierno.
También se habla de cómo fueron infiltrados sectores del gobierno, seguridad e inteligencia de Libia, y se desempolvaron los objetivos imperialistas de Washington, Londres, París y Roma existentes desde la Segunda Guerra Mundial, que buscaban dividir a Libia en tres territorios coloniales.
Por otro lado, en este contexto es importante recordar que Chávez y Gadaffi fueron los artífices de la Cumbre América del Sur-África (ASA), cuya primera reunión se llevó a cabo en la Isla de Margarita durante el año 2010, uno antes de la invasión a Libia.

DIPLOMACIA DEL ESTADO PROFUNDO: MENTIRA Y TRAICIÓN

Hoy en día se sabe que las víctimas de aquellos sucesos fueron presentadas como los agresores en el conflicto mientras las fuerzas del Consejo de Transición, insufladas por mercenarios y combatientes extranjeros, torturaban, violaban y asesinaban a civiles y a los que se interponían en su camino con la ayuda de los bombardeos de la OTAN y el CCG.
Periodistas actuaron como informantes de objetivos y puntos de control, organizaciones de “derechos humanos” formaban parte de una red que justificaba la agresión propagando mentiras sobre los mercenarios, los supuestos ataques de aviones militares libios contra civiles y masacres de civiles cometidas por el “régimen” de Gadaffi, como se vio reflejado con el montaje de un ataque a la Plaza Verde de Trípoli, capital libia, por parte de la cadena qatarí Al Jazeera.
Dicha red de mentiras que se presentó en el Consejo de Derechos Humanos en la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, y luego se entregó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York, funcionó como base para la guerra contra Libia. Estas mentiras fueron aceptadas sin ninguna investigación iniciada por las Naciones Unidas ni por cualquier otro organismo internacional. Cualquier solicitud libia de equipos internacionales de investigación fue ignorada.
Fue a partir de este punto en adelante que la OTAN utilizó al Consejo de Seguridad de la ONU para lanzar su guerra de agresión contra Libia con el pretexto de proteger a los civiles y hacer cumplir una zona de exclusión aérea sobre el país árabe. Aunque no fue aceptado oficialmente por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la doctrina de la “Responsabilidad de Proteger” (R2P) se estaba mostrando como un nuevo paradigma para la intervención militar de la OTAN. Actores del llamado Estado profundo (Deep State) como Elliott Abrams, o el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC), se alinearon con otros “neocons” para reducir Libia a un protectorado africano débil y dividido.
Cabe destacar que, pocos años antes de su persecución y asesinato, Gadaffi había propiciado un acercamiento de Libia con los Estados Unidos y la Unión Europea, por lo que era impensable que Washington y cualquiera de sus aliados pudieran haberse estado preparando para derrocar al gobierno libio cuando los vínculos comerciales entre Libia y Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, Francia, España y Turquía (entonces aliada occidental) habían florecido desde 2003.
Analistas hablan del papel medular del líder libio en la disminución de la migración a través del Mediterráneo que tantas muertes ha cobrado desde 2012 a africanos que buscan el “sueño europeo”. En ese sentido, la labor de Gadaffi favorecía las exigencias migratorias de la Unión Europea hoy impactadas en todos sus sistemas sanitarios y educativos, entre otros, por el aluvión de inmigrantes africanos.

LO QUE CHÁVEZ VIO VENIR

Desde aquel contexto en el que veía venir agresiones del mismo estilo contra Venezuela, el Comandante Chávez precisó muchos de los eventos que hoy se han producido tanto en los últimos años como en los más recientes días. Resaltó en todo momento el rol de Venezuela en la unión de América Latina y el Caribe mediante espacios de coincidencia programática como la ALBA-TCP, u otros donde la confluencia es más amplia como Unasur y Celac.
sabia que la agresión de la en sentaría un precedente funesto. Advirtió del peligro de reconocer “gobiernos” paralelos. .

55 personas están hablando de esto

En este contexto, Chávez afirmó en un Consejo de Ministros que la conformación de un Consejo de Transición en Libia, reconocido por Estados Unidos y países de Europa, destruía las bases de Derecho Internacional. “Esto es muy peligroso, como se lo decía a otros presidentes, porque mañana podemos ser uno de nosotros”, enfatizaba en ese momento el Comandante.
Hoy ese presagio parece lo más real posible, y responde a un modelo de intervención, proyectado como en Libia, para destruir a un pivote de la integración regional como es Venezuela. Necesario como con Gadaffi, es que el chavismo caiga para que Estados Unidos pueda consolidar su intento de recolonizar el continente.
Responsable, por otro lado, es señalar las diferencias que existen entre ambos contextos y el equilibrio desfavorable a Estados Unidos en el terreno geopolítico global. Lo que no hace esta amenaza menos creíble, pero sí marca una distancia entre la posibilidad de concreción de este tipo de planes en Venezuela.

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La incoherente preocupación del PP por los derechos humanos en Venezuela

ANA ENCINAS DÍAZ* // La contribución más destacada de Percival Manglano a la gestión de la ciudad de Madrid este mes es una proposición para que el pleno del Ayuntamiento de Madrid exija a las autoridades venezolanas la “inmediata liberación de Leopoldo López, Antonio Ledezma y todos los demás presos políticos encarcelados en Venezuela”. Sin tener la más mínima intención de discurrir acerca de lo que el señor Manglano entiende por “presos políticos”, la aportación de este concejal del PP para los habitantes de Madrid en el mes de febrero remueve en quien firma este texto una mezcla de sensaciones que van desde el bochorno hasta las ganas de chanza.

Más allá del humor con el que se aborde este filón que el Partido Popular cree haber encontrado en Venezuela, lo cierto es que Percival Manglano nos trae un poco más de lo de siempre: un nuevo episodio de guerra cultural que, previsiblemente, tendrá poco recorrido pero que bien le vale para llevarse unos cuantos titulares y, con hilos bien movidos, arañar unos minutos en televisión. La cuestión es la siguiente: ¿Es el pleno del Ayuntamiento de Madrid el lugar desde el que hacer este tipo de reivindicaciones políticas? ¿Aceptaríamos que el Ayuntamiento de Caracas se posicionase sobre la imputación de todo el PP en la trama Gürtel? ¿Y si la alcaldesa de Maracaibo exigiese la inmediata entrada en prisión de Iñaki Urdangarín o Rodrigo Rato?

Volvamos a Madrid. Entre las atribuciones del pleno se encuentran la fiscalización y control del gobierno de la ciudad, la aprobación de ordenanzas y reglamentos municipales, la aprobación de presupuestos, los acuerdos de participación o la definición de la forma de gestión de los servicios públicos, entre otras funciones. Se le supone el espacio donde representantes de distintas sensibilidades políticas de la ciudad canalizan sus propuestas e inquietudes para debatirlas y, si hay mayoría, aprobarlas. Desde otra perspectiva, podemos considerar que el pleno es el lugar desde el que los grupos políticos que están fuera del gobierno pueden exponer sus ideas para mejorar la vida de quienes viven en esta ciudad, defenderlas y forzar que se lleven a cabo, independientemente de la tendencia política de quien ocupe el sillón de la alcaldía. Irremediablemente, tenemos que detenernos ante otra pregunta: ¿Cómo va a mejorar la vida de madrileñas y madrileños la aprobación o no de esta proposición?

Cubazuela del norte y otras batallas culturales que suenan a broma

La fijación de la derecha por Venezuela en general y contra las decisiones de su gobierno en particular no es nueva ni mucho menos está exenta de contradicciones. A pesar del apoyo explícito de Aznar al golpe de Estado de 2002 contra Chávez –en el que participaron Capriles y Leopoldo López–, su colega Morenés nos contaba en 2012 que veía en Chávez “un gran amigo” de España. La declaración se hacía con motivo de la visita a Caracas de una conocida empresa española que se dedica a la fabricación de material militar. También nos dijeron los observadores internacionales que asistieron a las últimas elecciones presidenciales en Venezuela (entre los que había parlamentarios del PP y del PSOE) lo siguiente: “Creemos que el resultado electoral es fiable por contrastable y porque asegura el ejercicio libre, secreto y universal del voto”.

No sirve, pues, escudarse en los derechos humanos para motivar el uso interesado que hace el PP de la situación política en Venezuela, a pesar de reconocerles su derecho a la preocupación por la política internacional. Tendría sentido, eso sí, si alargasen la vista y cuestionasen también las visitas y negocios del rey en Arabia Saudí, la situación del Sáhara o el avance de la extrema derecha en Europa. Tampoco sobraría que en su labor política se preocupasen por vulneraciones que se dan en nuestro país y de las que casi siempre han sido cómplices o ejecutores: baste hablar de la Ley Mordaza o de la valla y las concertinas de Melilla, por ejemplo. Quizá después de ver los resultados de su defensa de los derechos humanos en estos ámbitos podríamos tomar en serio su acción y alejar la sospecha de que esta campaña constante a favor de los opositores venezolanos en realidad está vinculada con algo que va más allá de una guerra cultural o de la defensa de los negocios de la familia Capriles en Madrid.

El objetivo tras este uso partidista de las instituciones es situar en la agenda pública un tema que, en esta ocasión, el PP quiere volver a colocar desde una perspectiva que nace sesgada y para ello se aprovecha del interés que en la prensa genera una sesión plenaria. Presión institucional y miedo mediático para trasladar un mensaje moralista que intenta ligar los intereses neoliberales y conservadores de determinada facción del PP con el interés de la población de Madrid. No es una práctica desconocida y el mismo grupo la ha utilizado con diferentes resultados. Consiguieron hace poco más de un año que el gobierno de Ahora Madrid denunciase a unos titiriteros que no habían cometido ningún delito y llevar ante los tribunales a un concejal por hacer unos chistes en Twitter, pero otras veces no fueron más allá de la parodia y del “no te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena”. ¿Por qué no valerse de las víctimas del terrorismo o de los propios hijos para poner contra las cuerdas a un gobierno de cambio? Al fin y al cabo, mejor que la gente en Madrid opine sobre las “desastrosas consecuencias” que tiene esto y no de la Ley de Gasto que Montoro impone a las cuentas municipales, ¿no?

*Ana Encinas Díaz es miembro de Ganemos Madrid.

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