“Menos AVE y más cercanías y regionales”

Trenes del AVE.

El AVE llega este martes a Castellón. Lo hará 11 años más tarde de lo prometido -la fecha inicial para el tramo desde Valencia era 2007, inmediatamente antes de que estallara la crisis- y lo hará, también, a medias: hasta 2022 no se completarán las obras de la segunda vía de ancho internacional. Mientras tanto, los trenes circularán por la misma plataforma que los de mercancías, los cercanías y los diversos trenes rápidos, lo que en boca de los expertos augura no pocos problemas e impedirá que los trenes superen los 220 km/h, muy lejos de los 350 que alcanzan en otros tramos.

Los retrasos y los sucesivos problemas de la infraestructura no han hecho sino encender aún más los ánimos de los que se han opuesto al proyecto desde el principio. Entre ellos, diversos movimientos sociales y sindicatos, que denuncian que el AVE no sólo no es necesario, sino que lejos de vertebrar, ahonda en las carencias de los ciudadanos en materia de transporte. Entre los convocantes, la plataforma de defensa del ferrocarril junto a la CGT, Iaio Flautes, Acció Ecologista Agrò, Ecologistas en acción, València en Bici, Asociación por el Medio Ambiente y contra el cambio climático y un largo etcétera.

Para Juan Ramón Ferrandis, de CGT, el AVE es una infraestructura “totalmente innecesaria que solo beneficia a una pequeña parte de la población”. El sindicato denuncia lo que se considera “un despilfarro encaminado al ‘postureo’ político que van a pagar los trenes de cercanías, media distancia y mercancías”. Y señala los datos: “El 96,2% de los usuarios y usuarias utilizan el ferrocarril convencional, frente al 3,8% que utiliza AVE y Larga Distancia (LD), pero las inversiones son inversamente proporcionales: el 71% va destinado al AVE y solo el 29% al ferrocarril convencional”, explica.

En opinión del portavoz de CGT, el AVE “fomenta un modelo de vida y sociedad donde se acrecentan las diferencias sociales, impulsando la masificación en las grandes ciudades en detrimento de la vida rural y de las poblaciones pequeñas, desvertebrando comarcas enteras que ven pasar el AVE mientras les quitan el tren convencional”. El AVE es un medio de transporte “devorador de recursos, que nos obliga a depender de la energía nuclear, consumiendo mucha más que el tren convencional, destrozando ecosistemas en la construcción de las obras faraónicas que se necesitan para alcanzar las velocidades a las que circulan”.

Una factura costosa

Los convocantes de la protesta no sólo esgrimen motivos sociales o medioambientales para oponerse al AVE. También ponen sobre la mesa argumentos de índole económica. ”Nunca llegaremos a amortizar las infraestructuras ya realizadas, y que han costado al erario público 93.000 millones de euros. Un solo kilómetro de línea de alta velocidad cuesta entre 18 y 50 millones de euros, según la orografía. Somos el segundo país del mundo en kilómetros de líneas AVE y el que tiene una ocupación más escasa, a muchísima distancia en kilómetros y ocupación del resto de países, que solo invierten en alta velocidad cuando es estrictamente necesario. Si no lo impedimos, cuando finalice el plan de infraestructuras habrá una doble red ferroviaria prácticamente paralela a la actual, con 10.000 km de líneas AVE que no servirán ni para mercancías, ni para regionales, ni para cercanías, y que nos habrá costado unos 300.000 millones de euros, una cantidad desorbitada que nos hipotecara el futuro. Sólo el mantenimiento de esta línea costara 1500 millones de euros anuales”.

Si toda esa inversión redundara en un ahorro de tiempo, quizá algunos pensarían que merece la pena. Pero Ferrandis recuerda que, en este caso, ni siquiera es así. “La llegada del AVE a Castellón no va a significar ningún avance, ya que en términos prácticos el AVE va a tardar 6 minutos más de lo que tardan ahora los Talgo y Euromed, y va a realizar un servicio que ya estaba cubierto por los Alvia y los Intercity, con unos tiempos de viaje mas racionales y con una calidad comparable”.

A modo de conclusión, los convocantes exigen “la apertura del necesario debate social que nos hurtaron en su momento.  Un debate en el que estén representados todos los actores: usuarios y usuarias, colectivos ciudadanos, ciclistas, ecologistas, sindicatos alternativos, trabajadoras del sector y un amplio abanico de movimientos sociales. Y un debate que nos debería llevar a decidir cuál es el modelo de ferrocarril que queremos para los próximos decenios. Nnos impusieron un modelo liberalizado encaminado a la privatización: ahora es el momento de revertirlo y luchar por un transporte y un futuro social y sostenible”.

 

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